Titulo: Cuidado con quien te metes
Autora: Orihime No Miko
Pareja (s): UlquiHime / IchiHime / ByaHime / Otros
Protagonista: Orihime
(D) Los personajes pertenecen a Tite Kubo, creador del Anime/Manga Bleach.
Aclaraciones importantes:
Este fanfic, mostrara, tal ves, lo que una chica de veinti-tantos años en la vida real pasa con respecto al amor. Conociendo distintos tipos de hombres, encontrando diferentes defectos en ellos, separándose, reencontrándose, tratando de seguir con su vida de la forma más digna que pueda y de paso... encontrar el amor verdadero si es que existe. Los temas principales de cada capitulo serán: Las amantes, las mentiras, los tipos de hombres, el alcohol, los celos y muchos más, que puede interesarles conocer. Tal ves me demore un poco en actualizar los capítulos, pero no se preocupen ya que igualmente lo terminaré. Espero le den una oportunidad a mi narración y a mi historia y espero recibir sus puntos de vista en cada capitulo.
Disfruten la lectura.
~Capítulo 1~
La otra
Sabía que estaba mal, no era el lugar, ni el momento, ni la persona, ni la situación, pero... y ¿Qué? Se sentía bien, realmente bien.
Le ardía el pecho como nunca antes en su vida y el aire se le escapaba hasta por los poros de la piel. Su pecho subía y bajaba chocando sin pudor contra el torso musculoso y masculino frente a ella.
-¡Ah!—soltó un gemido ahogado contra la oreja del hombre en cuanto se sintió invadida por su dedo.
Era un simple dedo, largo y grueso que le calaba muy profundo, entrando y saliendo de su cavidad con maestría, mientras la apegaba a él tomándola desesperadamente por la cintura. El mentón le reposaba contra el hombro del sujeto, y su mejilla contra su cuello, su boca entreabierta se situaba a unos centímetros de él, dejándolo escuchar claramente todos sus suspiros y gemidos y alaridos de placer.
Él, mantenía sus labios contra el cuello cremoso de su víctima, rosándolo con sus labios con todo el derecho del mundo. A veces pasaba la punta su lengua desde la base hacia arriba, y sentía como los dedos y las uña de la mujer se le clavaban en la ropa y lo acercaban aun más.
Recién habían pasado cinco minutos y ya sentía como su miembro se erguía contra su ropa interior.
Ingreso un segundo dedo, y sin mucha demora agrego otro más al interior de la chica. Los introducía en ella lo más que se le permitía, haciendo que ella misma separa las piernas para poder tener un mejor contacto con su mano.
Era deliciosa, él lo sabía.
Orihime arqueo su espalda rosando con sus pezones la delgada camisa azul de este, provocando que él exhalara aire caliente por la nariz encontrar de su cuello, que abría jurado le dejo alguna quemadura de menor grado por la intensidad.
La chica lo sintió besar el borde de su escote con lentitud y ella aprovecho de tirar un poco su cabello revuelto para agregar una pisca de agresividad al asunto. Él, al sentirse jalado por las pequeñas manos femeninas la empotro sin cuidado contra la pared y se apretó contra ella para sentir el calor que sus enormes atributos contenían.
Era el baño un hotel en el cual supuestamente se celebrara el aniversario de una boda. Pero pocos les importaba, había pasado tiempo desde que se había sentido por última vez, entre los viajes, el trabajo y el estudio no tenían demasiado tiempo disponible, así que en cuanto se encontraron de casualidad en un pasillo, sensualmente vestidos y solos, uf. Ni siquiera se había dando cuenta cuando ya estaban encerrados en el pequeño cubículo del lavado.
El chico sintió las contracciones de su amante sobre sus dedos, dejándolos casi inmóvil en su lugar. Le dio unas cuantas envestidas más rápidas que las anteriores y la sintió correrse sobre su mano.
Inoue soltó un grito de placer al verse en la cima y seguidamente oculto su rostro contra el pecho de su cómplice. Pego su mejilla a su pecho y escucho el latir de su corazón, casi tan desenfrenado como el suyo.
-Eres grandiosa—le susurro él succionando el líquido de sus dedos, paseando su larga lengua por cada lugar mojado.—Extrañaba esto—
Ella no atino ni a hablar, trataba de respirar con normalidad antes de poder articular siquiera una frase coherente. Subió su mano lentamente por el muslo masculino y fue entonces cuando supo que todo había acabado.
-Tu celular esta vibrando—le susurro la chica tratando de incorporarse apoyando su espalda contra la pared.
-Rayos—dijo el malhumorado, al tiempo que se agachaba y separaba con una de sus manos las piernas de la mujer, sorprendiéndola.
-Debes contestas—le reclamo la chica, tratando de evadir el acto.
-Lo sé—aseguro y contesto el celular con su mano izquierda, mientras que con la derecha apretaba los muslos de la pelirroja y adentraba su rostro entre sus piernas.—¿Hola? ¿Quién habla?—
-¿Cómo que hola? ¿En donde estar?— hasta Orihime, quien estaba de pie a una distancia considerable, pudo escucha la voz femenina del otro lado del comunicador.
-Me estoy refrescando, sabes que me estresan este tipo de cosas—le comento lamiendo las piernas de la chica y de paso, su intimidad corriendo su ropa interior a un lado.
-¿Qué es ese ruido?—pregunto la fémina curiosa.
-Es…—observo a Orihime y como se tapaba la boca con ambas manos para no delatar sonidos extraños—Lo que estoy bebiendo, mi amor—le explico tratando de dejar lo mas prolijo posible su trabajito.
-Ah… está bien, ven al comedor Nii-San acaba de llegar. Te espero—
-Está bien, ya voy—le comento y colgó al mismo tiempo que terminaba su labor.-Hay que irnos mi amor—le susurro a Orihime contra sus propios labios. Luego de ello, la beso introduciendo su lengua y obligándola a seguirle el ritmo. La chica comenzaba a calentarse y enredar sus dedos en su cabello nuevamente cuando él, de improviso rompió el contacto tomando las pequeñas y delicadas muñecas entre sus grandes manos.
-Me es suficiente con una erección sin atender Orihime—le comento y la chica por inercia llevo la vista a sus pantalones.
-Lo siento—le dijo apenada, ni siquiera lo había notado.
-Está bien, siempre pasa cuando estoy contigo—le sonrió divertido.
Sin soltar sus muñecas asomo la cabeza fuera del cubículo del baño de hombres y se percato de que no había nadie, suspiro aliviado, por eso justamente eligió el baño más alejado de la ceremonia.
-Vamos—le hablo bajito encaminándose juntos hacia la salida.
Observo desinteresadamente si había alguien por los alrededores, y al notar que no alumbraba ni un alma, la soltó y se acomodo la corbata algo arrugada.
-Fue un placer verte de nuevo, Inoue—le comento el chico como si aquí no hubiera pasado nada y ella, al entender la señal le siguió el juego.
-Lo mismo digo, Kurosaki-kun—le sonrió la chica de ojos grises y se percato de que unos metros más allá venían unos invitados en grupo así que prosiguió—¿Y Kuchiki-San en donde esta?—
-El el salón principal ¿Sabes donde es?—pregunto el chico de forma amable.
-No lo sé, llegue hace un rato y ando un poco perdida—
-Entonces ¿Te acompaño? Voy hacia allá—le comento el chico extendiendo su brazo, el cual la chica tomo gustosa.
-Ichigo, Rukia te está buscando—le comento Renji, el que precisamente se veía desde lejos unos segundos antes.
-Si lo sé, me llamo al celular hace unos minutos—le informo para que se quedara tranquilo.
En eso, el pelinegro observo a la hermosa mujer oculta por la anatomía de su eterno rival.
-¿Inoue? No te había visto por aquí—dijo él y descaradamente la observo de pies a cabeza, si la hubiera visto antes lo más seguro es que se acordaría detalladamente de ella. El gesto muy poco disimulado irrito un poco a Ichigo, volviendo su expresión muy seria. Sabía que en ese vestido rojo de tirantes hasta por sobre las rodillas la chica se veía maravillosa, no necesitaba que alguien más se lo recordara.
-Es que llegue hace poco—contesto avergonzadamente la chica.
-¡Oh! Es por eso entonces. Te ves hermosa—piropeo con un brillo curioso en sus ojos, que el pelinaranja noto claramente como una señal peligrosa.
-Em…sí, Inoue apresurémonos—dijo cortando con apuro el ambiente. Se despidieron de Renji fugazmente y comenzaron a caminar.
-Ten cuidado—le comento el Kurosaki.
-¿Con qué?—pregunto desconcertada siguiéndole el paso.
-Con Renji, Kukaku, Byakuya, Hisagi y con cualquier otro hombre—
-¿Por qué, Kurosaki-kun?—
-No me gusta nada como te miran. Tú me perteneces Orihime, no te atrevas a mirar a nadie más—le aclaro posesivamente—¿Entendiste?—
-Sí—hablo con vergüenza antes de ingresar al inmenso salón en el cual a la distancia se encontraban los Kuchiki, todos muy bien vestidos.
Ichigo se separo un poco de ella y comenzó a apresurar el paso hacia la pelinegra, a la cual al estar a su lado beso efímeramente.
-Te tardaste—le dijo la chica un poco molesta y luego comenzó a saborear sus labios con las cejas casi unidas—Tienes un sabor raro en los labios—
-Sí, es por lo que tomé—le comento sonriente.
Orihime casi se cae de espalda al darse cuenta de que sus fluidos fueron compartidos, indirectamente, con su amiga.
-Inoue Orihime. Hace mucho que no te veía—hablo Byakuya a un costado de su persona.
-Lo mismo digo Kuchiki-Sama—
-Llámame Byakuya, por favor. No necesitas ser tan forma—le pidió tomando su mano y besándola delicadamente sobre los nudillos.
Ichigo conversaba con Rukia sobre los invitados y la comida, pero incluso con ella ahí, tenía la mirada estratégica para notar perfectamente todos los movimientos de su amante. Quien era coqueteada por el hermano mayor de su esposa, el que sin muchos esfuerzos hacia sonrojar a Orihime todo el tiempo con comentarios de alabanza y cumplidos.
Como siempre esa mujer nunca escuchaba sus consejos.
La fiesta semi-formal termino pasadas las cinco de la mañana, en donde todos o la mayoría habían tomado una que otra copita de más, porque claro, la celebración de un segundo año de aniversario de boda no era para menos.
Comenzaron a irse en grupos. Algunos, los con más dinero eran escoltados por choferes particulares y autos del año hasta sus casas, y otros se agrupaban en un vehículo particular en donde el conductor en turno se encargaría de llevarlos a cada uno a su casa.
Orihime, quien fue amablemente acompañada por el Kuchiki más importante de todos se termino yendo de la fiesta con su mejor amiga Matsumoto Rangiku. La cual había venido sola ya que Gin, su novio desde la secundaria, estaba en un viaje de negocios en Francia junto con Aizen y Touzen.
Las dos hermosas mujeres se despidieron de los anfitriones y se marcharon al estacionamiento subterráneo. Orihime seria quien conduciría esta vez, ya que Ran ni siquiera podía caminar en línea recta a su costado.
La rubia desactivo la alarma del auto y le entrego las llaves a la pelirroja, quien la ayudo a sentarse cómodamente en el lado del copiloto y le coloco el cinturón de seguridad. Orihime cerró la puerta y se dio la vuelta para sentar como chofer, colocarse el cinturón adecuadamente y arrancar al auto hacia la salida.
Habían pasado unos cuantos semáforos en dirección al departamento cuando Rangiku sin previo aviso comento algo que tomo desprevenida a Inoue.
-Te acostaste con Ichigo cuando llegamos ¿Verdad? Por eso desapareciste un rato—le pregunto la mujer tratando de mantener la cabeza en una buena posición.
Orihime la miro de reojo y luego observo el camino a través del parabrisas.
-Sí—respondió con sinceridad. No le serbia de nada mentir.
-¿Cuántas veces te he dicho que no lo hagas?—
-No lo sé, pero lo haces cada vez que hablamos este tema—se encogió de hombros mientras pasaba un cambio.
-¿No te preocupa ser "la otra"?—le pregunto incrédula la mujer semiinconsciente.
Los ojos grises se entrecerraron al mismo tiempo que pisaba el acelerador. Lo tenía muy claro, no tenían que restregárselo en la cara pasa saberlo.
Era la otra, esa maldita, esa canalla, esa perra… esa era ella, ese era su papel en la vida de Kurosaki. No le era tan fácil asumirlo en voz alta, pero en su mente tenia bien clara la situación que enfrentaba.
-Claro que sí—
-¿Entonces por qué sigues con esto?—le pregunto la mujer tomándose la cabeza entre las manos, se estaba mareando por el movimiento del auto.
¿Por qué? Que fácil pregunta, por que se había esforzado por hacer este papel a la perfección.
-No lo sé—le mintió. Jamás le diría algo así, jamás reconocería nada abiertamente, no podía, era demasiada la vergüenza como para hacerlo.
Era un manual, ella misma había hecho su propio manual para ser la "amante perfecta", para ser la otra y ser la mejor.
Y la primera regla a seguir con todo esto era una de las mas importante—"Jamás alegar"—
No podía quejarse, aunque fue en un principio culpa de los dos, debía admitir que ella también lo quería así. No le importaba nada. Había amado a Ichigo casi toda su vida y si ese era el precio que tenía que pagar por ese sentimiento, lo haría.
No podía reclamarle nada al pelinaranja, si quiera seguir estando latente en su vida debía decirle a todo que sí, ya que… alegar era un tabú en su papel, eso le correspondía a Rukia. La oficial tiene derecho a alegar, no la censurada.
Había madurado siendo la amante de un hombre casado, ahora sabía mentir y bien, sabía sonreír a la perfección aunque se estuviera muriendo, sabia fingir un orgasmo en el momento adecuado también. Ahora era una mujer fuerte y decidida, sabía perfectamente para donde iban las cosas y además, bueno, descubrió que su amado Ichigo no era tan impresionante como ella había soñado. Era un hombre y como todos tiene sus virtudes muy escondidas y sus defectos muy marcados. Su amor por "kurosaki-kun" había empezado a morir unas semanas después de que se dio cuenta de que él podía engañar a Rukia a pesar de estar, según sus propias palabras: enamorado.
Eso significaba que no era tan buen hombre como ella creía, si pudo caer así de fácil, entonces no era tan grandioso como había esperado.
En este momento solo estaba con él por un capricho, por un sueño frustrado que llenaba de esta forma para tranquilizar a su corazón y su tan largo amor no correspondido.
Solo basto con hablarle con un tono sexy y un poco tonto y mostrarse tan ingenua como siempre. Y fue entonces cuando Kurosaki mostro que como hombre tenía sus sentidos primarios a flor de piel.
Con el tiempo, había descubierto que con ese tono de voz y la cara de cordero degollado serbia para todo con ese hombre. Y por si alguna vez, se equivocaba en algo o hacia algo indebido, para él el sexo con ella lo arreglaba todo.
Observo a Rangiku a su lado, hace rato ya que no seguía el hilo de la conversación. La encontró durmiendo hacia adelante detenida solamente por el cinturón. Sonrió al verla así, y con cuidado cuando se detuvo en un disco pare, la acomodo lo mejor que pudo.
Su segunda regla era—"Jamás llamar por teléfono"—
Esa era difícil de cumplir, ella a pesar de ya no estar tan loca por Ichigo, no podía negar que ama su voz grave, sobre todo si se dirigía a ella y de paso decía su nombre. Sí, podía llamar una o dos veces a la semana, pero no siempre, ya que sería sospechoso, además de que Ichigo no es bueno para hablar por celular, eso levantaría sospechas en los más meticulosos. Así que refería reprimirse esas ganar de.
¿Y cómo sabía que era buena y que lo hacía mejor que nadie?
Porque cada vez que Ichigo termina un orgasmo ahogando su nombre de princesa en un grito, él le decía al oído—Rukia jamás haría esto—
Solo con escuchar eso sentía como todo ese trabajo y esa perfección era recompensada con gloria y majestad.
Ser amante era estresante, agotador y un poco molesto en ocasiones. Tenía que dejar volar su imaginación para que la cosa funcionara, debía ser muy creativa, muy jugar a la hora de escabullirse y tener sexo placentero.
Estaba segura de que se había vuelto una mescla entre Candy Candy y Showoman .
Se identifico con el portero de su edificio y estaciono su auto en el lugar más apartados de todos, por si acaso… para no chocar con nadie.
Se bajo del auto y dando la vuelta despertó lo mas suavemente que pudo a una noqueada Matsumoto, la cual al abrir los ojos entendió que habían llegado y como pudo, trató de bajar del auto. Orihime hizo equilibrio entre sostener a su amiga para no caer al piso y cerrar las puertas del auto y poner las alarmas.
A paso lento se acercaron a la entrada y sin mirar a nadie se encaminaron al elevador, el cual debido a la hora las esperaba justo en la primera planta. Al ingresar la pelirroja presiono con su índice el botón de su piso y espero unos segundos.
Matsumoto al ser más grande y pesada que ella casi las hace caer al piso si no fuera porque rápidamente se sostuvo de la pared. Para buscar las llaves y abrir la puerta, apoyo a su amiga en la pared y giro el chapín una vez, ingreso, predio la luz y al volver no vio a Matsumoto en donde la había dejado, sino que la encontró sentada con la espalda contra la pared, roncando.
Alzo una ceja algo sorprendida y sin más remedio la tomo de un brazo y la arrastro hacia adentro.
Le saco el vestido de la fiesta y le puso uno de sus pijamas de verano, la acostó en la cama y haciendo el mismo proceso con ella mismo se acostó con ella.
Sintió como la de ojos azules la tomaba por la cintura y con dificultad para conjugar palabras dijo "Gin".
Genial, lo que le faltaba, más encima la confundían con la persona que más miedo le daba en todo el mundo. Esa sonrisa zorruna era muy difícil de olvidar después de ser vista por primera vez.
Suspiro, y entre la oscuridad trato de ver a la rubia quien ocultaba su rostro contra su espalda.
No sabía lo que Matsumoto sentía, ella amaba a Gin por sobre todas las cosas y no verlo durante tanto tiempo…, debía de tener efectos segundarios, eso era seguro.
Al observar y rememorar la felicidad de su amiga, con una relación estable y con un novio considerado, le dio un poco de envidia.
Ella se convirtió en la mejor amiga de Ichigo después de que Tatsuki se mudara de la cuidad por el trabajo de sus padres y hace casi ocho meses su amante.
Rodo los ojos y vio el techo que era tenuemente iluminado por la luz de la luna que se colocaba por la ventana.
A veces ser la otra no le gustaba por una simple razón: Odiaba que Ichigo comiera doble. A pesar de que el hombre le aseguraba hasta con sangre de que con su esposa no pasaba nada desde hace un buen rato, no estaba cien por ciento convencida. ¿Cómo podía confiar en el siendo su amante? Ella vive en carne propia como le miente descaradamente a la pelinegra con ella a menos de un metro. A veces sinceramente creía que no se lo merecía. Lo quería mucho, pero realmente no sabía hasta a donde podía llegar su descaro.
No podíamos decir que la Kuchiki era su "mejor amiga" o algo parecido. Era una conocida, que consiguió hace unos tres años cuando Ichigo la presento como su compañera de trabajo en una fiesta. Han entablado conversación un par de veces y es una buena chica, es decente, decidida y muy apropiada. Cuando le entraba el beneficio de la duda sobre su rol, le entraba la culpa también.
Ella sabía que por amor, compañía, cariño, comprensión, sexo uno se podría meter con lo que este más próximo a su alcance, lo sabía. Pero ¿Hasta dónde podría durar esta farsa? Ella también quería tener una relación estable, poder tener citas, salir, divertirse sin andar a escondidas por ahí. Ella también merecía ser feliz.
¿Y si se daba una oportunidad? Tantos meses con Ichigo como compañía la estaban empezando a superar.
Fue entonces cuando recordó que Kuchiki Byakuya le había entrego una tarjeta de presentación, con sus datos y números telefónicos, acompañados de la frase "Si necesitas algo, no dudes en contactarme". Pero… ¿Sería mucho para Rukia si además de meterse con su amado esposo, de paso se metía con su adorado hermano?
Aunque no tenia como saberlo ya que su secreta relación con Ichigo sería lo único que ambos se llevaría a la tumba.
Lo metido unos minutos antes de caer dormida, la única conclusión que obtuvo en ese momento fue… terminar todo con su antiguo amor. A pesar de que se arrepentía de no haberle dicho que lo amaba en su momento ya no podía hacerlo, porque la regla más importante como amante es:
—"Por ningún motivo decir, ni esbozar la frase: …Te Amo"—
Próximo capitulo: Las mentiras.
Gracias por leer
Orihime No Miko
