Como ya he terminado de escribir el longfic Cabezotas y necesito algo para desahogarme y no asesinar a determinadas personas (de ésas cuyo mayor objetivo en la vida es fastidiar la existencia de los demás), he empezado con esto. Son viñetas de la tercera generación sin más orden que el que a mí me apetezca.
En fin. Paso a lo importante, que también es lo más obvio: pocos personajes de aquí me pertenecen, y cuando llegue a ellos ya lo diré por si hay dudas. Son de J. K. Rowling. Para más información, consultar Wikipedia o similares. Si el FBI no las cierra antes, claro.
Aviso que la primera viñeta (aunque en realidad es muy cortito, pero bueno) es un poquito triste.
Ted Remus Lupin: O el instinto de los bebés
No son sus compañeros de lucha los primeros en descubrir la muerte de Nimphadora y Remus.
Es su hijo, aunque está a muchos kilómetros del lugar donde se encuentran sus papás, la primera persona en darse cuenta de que el hombre de pelo canoso que le da besos en la panza y la mujer con pelo rosa que juega a cambiar la forma de su cara ya no están con él. Que lo han abandonado.
Andrómeda, que no puede dormir por los nervios, es la segunda en saberlo gracias a su nieto. Porque no es normal que Teddy Lupin esté durmiendo plácidamente, con una sonrisa en su rostro de pocas semanas con sus mechones azules cayéndole graciosamente sobre la frente, y de repente su carita se arrugue, su pelo se vuelva gris y empiece a llorar como si le estuviesen quitando un pedazo de su alma.
Andrómeda coge al bebé e intenta calmarlo, pero lo único que consigue es reducir su llanto a violentos sollozos. Teddy agita los brazos, pero no se aferra a la mano que le ofrece su abuela, sino que busca otros dedos que ya nunca podrá agarrar.
Y entonces, justo cuando parece que va a quedarse dormido de nuevo y su pelo recupera algo de color, sucede de nuevo. Teddy chilla, llora y patalea, y nada de lo que le dice su abuela logra tranquilizarlo.
Y Andrómeda comprende. Que no es Teddy el único que ha perdido a dos personas esa noche. Y, tras años obligándose a ser fuerte, abraza a su nieto con fuerza, y llora con él, llora por él, por la madre que jamás lo arropará, por el padre que ya no podrá enseñarle a volar en escoba, por el abuelo que nunca le concederá sus caprichos porque ni siquiera llegó a conocerlo.
Es por eso que, cuando, a la salida del sol, un compungido Arthur Weasley le explica lo ocurrido, no se rompe. Porque ya está demasiado rota por dentro.
Y Teddy con ella.
Notas de la autora: Dije que era triste.
Si he de ser sincera, nunca me había parado a pensar mucho en Teddy ni en sus padres, porque la muerte de Fred siempre ha acaparado mi atención sobre todas las cosas. A lo mejor por eso, en el fondo, también le tengo un pelín de manía a Vic. Pero últimamente he abierto más la mente para abarcarlo a él, porque si te paras a pensarlo tiene que ser un chaval encantador.
Se agradecen reviews :)
