Narra Arthur
Hace unos días este hombre llegó a nuestro hogar.
Su nombre es Alfred F. Jones y nació en Estados Unidos, pero hace unos años que vive en Inglaterra. Él es mucho más alto que yo, de cabellos rubios y con un mechón anti-gravitacional que sobresale sobre su cabeza, tiene unas lagunas azules debajo de unos lentes y un cuerpo que a simple vista parecer estar bien trabajado, y además en su rostro tiene una gran sonrisa que parece nunca desaparecer. Al parecer tiene 30 años, mamá nunca nos lo dijo, pero no aparenta ni más ni menos que eso.
Nuestro primer saludo fue con un simple apretón de manos, la diferencia entre nuestras palmas era enorme, la de él era mucho más grande que la mía.
- Soy Alfred, tu padrastro, es un gusto conocerte y espero que nos llevemos bien - Dijo con esa gran sonrisa en su rostro, yo sólo asentí con un leve rubor en mis mejillas.
- Soy Arthur - Dije simplemente sonriendo.
Al principio, nuestra relación fue normal, ambos hablábamos y nos conocíamos de a poco, y con el tiempo aprendí muchas cosas sobre él. Luego, nuestros acercamientos se volvieron más constantes, nuestras charlas eran cada vez más largas, salíamos a lugares en familia o a veces solos mucho más seguido, pasábamos más tiempo juntos del que se puedan imaginar. Mamá estaba tan contenta de que nos lleváramos bien.
Pero un día, pude notar algo diferente en él, su mirada en mí era muy diferente a cuando nos habíamos conocidos y cada vez que hablábamos a solas su tono de voz era diferente, lo sentí mucho más cercano sobre mí. Sabía que a él le gustaba abrazar a las personas, pero últimamente lo hacía muy a menudo y a veces hasta me susurraba cosas que no podía entender.
Durante las cenas, él estaba en constante mirándome, lo cual me ponía nervioso y hasta me ahogaba con la comida o simplemente tartamudeaba cada vez que intentaba decir algo, él al ver eso simplemente reía y volvía a mirarme de la misma forma.
Hasta que un día, mamá había ido a trabajar y mi hermana se encontraba en casa de una de sus amigas, así que ambos nos quedamos solos. Él se hallaba en la oficina que trabajaba, mamá se la había asignado cuando el llego, y yo estaba en mi cuarto jugando videojuegos.
1 hora pasó, y ya me había aburrido, así que me dije ¿Por qué no invitar a Alfred a jugar si a él le encantan los videojuegos? De esta manera, me dirigí hasta su oficina y golpeé la puerta, esperé unos segundos hasta que él salió y al verme sonrió.
- ¿Qué sucede? - preguntó mientras se apoyaba en el marco de esta.
- ¿Estas ocupado? - pregunte y él negó - ¿Quieres jugar videojuegos? - él asintió y ambos nos dirigimos hasta mi cuarto. Nos sentamos en el suelo y cuando iba a elegir el juego le pregunte cual, ya que estaba indeciso. Él solo me dijo:
- El que tú quieras.
Cuando empezó el juego, sentí una extraña la atmosfera entre los dos, él estaba demasiado cerca de mí y pude notar que no prestaba atención a la pantalla, sino que su miraba siempre estaba sobre mí.
Al girar mi cabeza para verlo, sentí su fría mano sobre mi rostro y un escalofrío recorrió por todo mi cuerpo. Él se acercó aún más a mí y me abrazó, comenzó a besar mi cabeza y susurro inentendibles cosas para mí, yo solo me quede estático aun tomando uno de los mandos de la consola. Hasta que por una de las frases que él dijo, el mando cayó al suelo y un fuerte sonrojo invadió mis mejillas.
Él se alejó de mí y dijo - Te ves muy lindo sonrojado - sonrió. Tenía sus manos sobre mis hombros y comenzó a acariciarlos lentamente dándome cortos espasmos. De a poco las subió hasta llegar a mi rostro, y pasó uno de sus dedos por encima mis labios, que mientras los miraba se relamía los suyos al mismo tiempo. De pronto, pude sentir como él fue acercándose a mí, yo no sabía ni cómo reaccionar así solo me quedé quieto esperando a lo que pudiera suceder, hasta que el poso sus labios sobre los míos, al principio era un beso algo torpe en donde él tomó todo el control, ya que yo no tenía ninguna experiencia. Si, él se había robado mi primer beso.
No sé como pero, de un momento a otro ambos estábamos acostados en la cama sin una que otra prenda puesta, él estaba sobre mi cuello besándolo y mordiéndolo, y yo sólo lanzaba pequeños suspiros seguidos de algún quejido cuando dejaba alguna marca en aquella zona, mientras tomaba con algo de fuerza las mantas.
En un momento él se alejó, y se quitó la camisa que traía puesta. Pude notar los músculos bien formados que tenía en sus brazos y no pude evitar morderme el labio inferior al verlos. También se quitó sus pantalones, e hizo lo mismo en mí. Cuando ambos estuvimos de la misma forma, él volvió a besarme, pero ahora fue más pasional que la primera vez infiltrando su lengua sobre mi cavidad bucal, y con una de sus manos fue descendiendo lentamente por mi pecho hasta llegar a mi hombría, su tacto sobre la fina prenda me quito leves suspiros durante el beso, y de pronto el coló su mano tomando mi miembro, lance un sonoro gemido ante su repentina acción y él me callo intensificando el beso.
Luego, él detuvo el beso y me pido que me girará, recostándome sobre la cama, y subiera mis caderas, trague en seco por tal pedido y el miedo se apoderó de mí, mi respiración se tornó agitada y el al darse cuenta de esto se acercó a mi oído, y susurro:
- Arthur, eres virgen ¿No? - yo rápidamente asentí mientras me sonrojaba - Tranquilo, todo estar a bien - dijo dándome un corto beso en la mejilla.
Al volver al mismo lugar de antes, sentí una de sus manos sobre mis glúteos mientras los masajeaba lentamente, mi respiración se había calmado un poco y mi corazón ya no palpitaba tan fuertemente, hasta que sentí que uno de sus dedos paso por mi entrada haciéndome estremecer completamente. Y de pronto inserto uno en ella, lance un pequeño quejido al sentirlo y unas lágrimas se deslizaron por mis mejillas.
- ¡Quítalo! - dije elevando el tono de voz.
- ¿Duele? - preguntó con preocupación, yo asentí rápidamente, realmente dolía - Lo siento, si no hago esto te dolerá peor.
Yo intente tranquilizarme, pero al sentir el segundo dígito tuve que morder la almohada para no gritar, si esto dolía no quería ni imaginar cuando pasara "eso". Y cuando inserto el tercero, logró tocar algo dentro de mí que me hizo gritar, pero no de dolor sino más bien de placer, pude escuchar como él lanzaba una pequeña risa.
- Creo que ya estás listo - dijo segundos más tarde sacando los dedos y quitándose la última prenda que le cubría, y al ver su miembro solo mordí mi labio, posicionó la punta de este y fue entrando lentamente, yo mantenía cerrados mis ojos y apretaba las mantas fuertemente. Mis ojos se llenaron de lágrimas hasta que él se detuvo, al parecer ya había entrado completamente.
- ¿Listo? - pregunto tomando mis caderas, yo negué - Tranquilo, yo intentaré que no duela - dijo acariciándome.
El aguardo unos momentos hasta que yo di la señal - Esta bien, puedes moverte - dije y el dio la primera estocada, yo lancé un gemido tomando con más fuerzas las mantas, dio otra nuevamente y comenzó un vaivén de lentas penetraciones. De mi boca se escucha salir gemidos, algunos gritos y palabras inentendibles.
De pronto el giro mi cuerpo sin salir de mí y coloco mis piernas sobre sus hombros, y comenzó a hacer las estocadas aún más rápidas, coloque una de mi mano en mi boca para que mis fuertes gemidos no se escucharan, pero él con una de sus manos la quitó.
- No ocultes tu voz, quiero escucharte - dijo mientras tomaba mis muñecas y me sonreía. Yo solo asentí y él volvió a retomar el vaivén. Lance un sonoro gemido y arquee mi espalda cuando Alfred había encontrado ese punto nuevamente, el al ver esto dirigió las estocadas ahí sacándome gemidos junto con gritos de placer, él se acercó a mí y me beso para callarme.
Comencé a dar pequeños gritos durante el beso al sentir algo que se aproximaba en mi abdomen, Alfred aumento la velocidad, y yo arquee nuevamente mi espalda cortando el beso mientras lanzaba un gemido mucho más alto y un líquido salía de mi miembro ensuciándonos a ambos. Segundos después el termino llenando mi interior.
Más tarde, Alfred estaba sentado sobre cama mientras fumaba un cigarro en la ventana, él ya tenía los pantalones puestos y yo aún estaba acostado sobre la cama cubriéndome con las mantas. Miraba su perfil y podría decir que tenía un perfil bastante atractivo. De pronto giró su cabeza y me miró sonriendo. Vio el reloj que estaba sobre la mesa de luz y se paró rápidamente tomando sus prendas.
- Tu madre vendrá en cualquier momento, tendrías que cambiarte - dijo volviéndose a colocarse su traje. Iba a salir de la habitación, pero lo detuve tomándolo uno de sus brazos.
- ¿Qué significó esto? - él me miró algo sorprendido y se acercó besando mi cabeza.
- Significa lo que tiene que significar - sonrío - Pero no se lo digas a nadie, es nuestro pequeño secreto.
