Nota aclaratoria: Los personajes no me pertenecen ... sólo las locuritas de la historia ;)
EL RELICARIO
Una lluvia torrencial azotaba la cuidad desde hacía una semana. Estaban aislados. No había manera de ir prácticamente a ningún lado y se encontraban en un toque de queda hasta nuevo aviso.
Cuando Albert tomó el automóvil para salir, no sólo fue Candy o la Tía Elroy las que intentaron hacerlo entrar en razón, el mismísimo George que apoyaba en todo a su pupilo decidió contrariarlo esta vez. Pero nada de lo que hicieron o dijeron surtió efecto y sin decir más abandonó la mansión.
Ese clima no era normal para esas fechas. La lluvia continua y el azote del viento era algo que jamás se había presentado en el mes de Octubre. El cielo parecía hechizado y la tierra rugía bajo la implacable furia de los elementos.
Candy estaba sentada frente al ventanal que daba al portal de las rosas.
-Parece que esto no terminará nunca.
Eran ya dos días con lluvia ininterrumpida. Las inundaciones se reportaban por varios lados de la ciudad y las rosas hacía días se habían deshojado por la impresionante fuerza de la tormenta.
Una noche hacía dos días, la mansión Andrew se había visto interrumpida con la llegada de dos figuras. Una bastante conocida por todos los habitantes, correspondía al patriarca de los Andrew, pero la otra, llena de misterio, asustó a quienes le vieron pasar.
Había pasado dos días desde que ese misterioso hombre apareciera en la mansión con una entrega urgente para Albert. Habría sido imposible no reparar en él debido a su elevada estatura y penetrante mirada.
Sólo llegar y ambos caminaron directamente con rumbo al despacho del patriarca de los Andrew. Sus pasos eran rápidos, taladrando con sus pisadas el silencio que momentáneamente se había instalado en la mansión. Las pocas personas del servicio que los vieron no podían apartar la mirada de él, sintiendo en el ambiente una energía pesada que aceleraba el corazón y les llenaba de escalofrío la columna vertebral. Había algo en ese hombre que captaba las miradas y te hacía temblar.
De un portazo se acabó el hechizo y pasaron horas sin que supieran lo que sucedía detrás de la puerta. Por la cara de ambos al salir, Candy pudo deducir que no era nada bueno.
Ese día, no pudo resistir más su curiosidad y aprovechando la ausencia del patriarca, entró a hurtadillas en el despacho.
Albert era un hombre sumamente meticuloso y ordenado, así que cualquier cosa fuera de lugar sería lo que buscaba. El problema era que por más que buscó y rebuscó no encontró la misteriosa caja que le habían entregado. Era obvio que Albert la había puesto en un lugar seguro pero … ¿dónde?
-Tiene que estar por aquí … Albert no lo ha sacado de su oficina.
Candy sabía que la mansión tenía algunos pasadizos secretos, después de todo era una construcción antigua y los corredizos que conectaban varias habitaciones eran comunes, pero estaba segura que ninguna daba al despacho del patriarca … bueno … eso creía.
Movió todo lo que encontró a mano. Sacó libros, movió palancas, tocó paredes, abrió cajones, revisó atrás de los cuadros y finalmente rendida decidió sentarse en el sofá para ver el fuego de la chimenea arder y rumiar su frustración al menos cómodamente.
Estaba observando atentamente la chimenea cuando vió que la flama comenzaba a moverse de una manera extraña. Puso atención y pensó que a lo mejor era su imaginación. Desvió la mirada un poco y entonces sucedió: La flama se elevó violentamente y la hizo dar un grito. Después como por arte de magia se apagó dejándola en una semioscuridad.
-¿Qué rayos fue eso? - se preguntó sorprendida y subiendo de un salto al sofá acurrucándose en uno de los almohadones. El corazón le latía violentamente y un escalofrío la había recorrido de pies a cabeza. A menos que estuviera enloqueciendo, el fuego no se comportaba así normalmente. ¿Qué había pasado?
Aún seguía temblando y mirando fijamente donde antes estuviera la llama, cuando poco a poco fue distinguiendo un pequeño brillo que sobresalía de entre las cenizas.
Venciendo el miedo, se levantó del asiento y se acercó lentamente para ver de dónde procedía el brillo. La luna se colaba por la ventana en ese momento y la ayudaba a guiar sus pasos entre la semioscuridad del despacho. Cuando estuvo frente a la chimenea pudo verlo. Era un delicado relicario en forma de rosa que brillaba de una manera increíble. Realmente parecía hecho de un rayo de luna.
-¡Qué hermoso! - no pudo menos que exclamar al agacharse e intentar tocarlo. En el justo momento en que hizo eso, una corriente eléctrica la recorrió de pies a cabeza y se abrió la puerta violentamente dando paso a Albert Andrew.
-¿Qué hiciste Candy? - fue la inmediata pregunta del rubio al ver a la chica sosteniendo la rosa.
-Albert … lo siento – contestó con el rostro encendido y las manos temblorosas – estaba sentada frente a la chimenea y entonces el fuego hizo cosas raras ... se apagó y apareció esto – añadió enseñándole el relicario.
Albert tenía los ojos completemante entornados. La vio parada ahí, frente a la chimenea, con la rosa en las manos y en menos de tres zancadas ya estaba junto a ella tomando la joya con extrema delicadeza. Lo vio varias veces, se talló los ojos para comprobar que no era un sueño y justo en ese momento soltó una carcajada y volteó a ver a Candy con incredulidad.
-Todos estos años … todo este tiempo buscando a la persona que los pudiera despertar y estabas aquí … en mi propia casa … prácticamente frente a mí y no lo supe ver.
-¿Qué? - exlamó Candy sin entender una sola palabra de lo que había dicho – ¿de qué hablas? ¿A quién hay que despertar? ¿Te sientes bien Albert?
-¡Me siento mejor que nunca! – dijo sonriendo de alivio y despejando con una mano el cabello que caía por su frente – ahora tenemos esperanza.
Candy lo volteó a ver frunciendo el seño. ¿De qué rayos hablaba?
-¿Esperanza de qué? Albert … no entiendo nada de lo que dices … ¿Tomaste algo? ¿Te sientes mal?
El rubio sonrió.
-Candy … eras tú … siempre fuiste tú – dijo con una tremenda sonrisa.
-Me estás asustando … ¿qué tienes?
-Ven conmigo Candy … tengo muchas cosas que decirte.
La tomó del brazo y la hizo tomar asiento frente a la chimenea.
-Candy – dijo de manera solemne - durante muchos años he estado buscando a una persona – la miró de lleno en el rostro y leyó claramente su preocupación - mi misión era encontrarla y protegerla contra lo que amenazaba con destruirla.
-¿Destruirla? - murmuró la chica con la voz temblorosa y el pulso acelerado. Si Albert no estaba contándole un cuento de misterio, significaba que su amigo se había vuelto loco de remate.
-Por ahora no me entiendes, pero ya lo comprenderás cuando termine mi relato – explicó viendo la duda en la cara de la muchacha – Como te decía, muchos años de mi vida los dediqué a viajar sin descanso, ayudando en lo que podía y buscando a una persona en particular. Mis viajes me llevaron a conocerte en casa de los Leagan Candy, también me llevaron a Africa y a Europa.
Claro que Candy recordaba todo eso … era imposible olvidar parte de su propia historia, lo que no entendía es qué tenía que ver todo eso con las repentinas alucinaciones de Albert.
-Como recordarás, hubo un tiempo en que perdí la memoria y que gracias a tí logré recuperar – hizo una pequeña pausa y tomó la mano de la chica – durante ese tiempo olvidé por completo mi misión y eso casi le cuesta al mundo su existencia.
Candy se soltó. Volteó a verlo con una cara de espanto que bastante le costó al rubio contener una carcajada.
-Tranquila … no estoy loco ni he tomado nada … sólo estoy tratando de explicarte el por qué de ese relicario que tienes en la mano.
-Es tuyo ¿no?
-No Candy … es tuyo.
-¡Pero estaba en la chimenea! - replicó.
-No Candy, en la chimenea no había nada. Si hubiera sido así … las personas del servicio lo hubieran encontrado.
-Albert, si quieres jugarme una broma y asustarme … lo estás logrando. ¿Te estás volviendo loco? - preguntó con la boca seca. Realmente le preocupaba la salud mental de su amigo.
-No Candy … simplemente no puedo creer que te encontré.
-Albert … ¿de qué hablas? ¿Cómo que me encontraste? Pues si siempre he vivido aquí …
-Sí, pero no sabía quién eras.
A este punto Candy ya estaba realmente espantada.
-Creo que tú y yo tenemos que ir al hospital … no sé si la amnesia te está regresando o es un episodio de algún efecto secundario.
Albert soltó una carcajada.
-No es ni una cosa ni la otra querida Candy. Es simplemente que ahora que has desatado la lucha entre el bien y el mal vas a necesitar mi ayuda porque yo soy tu protector.
Confirmado. Albert estaba delirando. Se puso en pie para salir del despacho, pero el rubio retuvo su brazo.
-Si no me crees … déjame mostrártelo.
Acto seguido puso su mano derecha sobre la frente de la chica y enseguida se desvaneció.
Continuará ...
Hola candyamigas ... aqui me tienen con una nueva historia para comenzar a festejar el halloween. Ahora sera una mezcla de misterio, romance y a ver que mas se me ocurre. Espero que les guste y me hagan llegar sus comentarios. Acepto sugerencias, tomatazos, lo que sea su voluntad porque a penas he escrito este capitulo y estoy pensando por donde irme en la historia .. y pues una lluvia de ideas nunca viene mal jejeje! Les mando un beso enorme preciosas y por aqui nos leemos espero mas seguido ...
Con mucho cari;o ... Scarleth ;)
p.d. Que viva mi principe de la Colinaaaaaaaaaaa! es lo maaaaximo! (hoy anduve inspirada y pues tenia que aprovechar jejeje!)
