Parte I: Negación

Capítulo 1

Punto de vista de Mulder (PVM)

"Estoy bien".

Ahí están, esas dos palabras tan simples como poderosas. Las he oído salir tantas veces de los labios de mi compañera que su significado, de alguna manera, se ha desprendido de ellas y el tiempo ha borrado cualquier rastro de sentido. Como si alguna vez hubieran significado realmente lo que deberían, de todas maneras. Porque la verdad es que Scully no está bien, de la misma manera en que no estaba bien ninguna de las incontables veces en que he recibido esa misma respuesta por su parte a lo largo de los años. No, definitivamente no está bien y el nudo creciente en su garganta no hace más que confirmar mis miedos más profundos. Porque, ¿cómo podría acaso estar bien cuando ha enterrado a su hija hace menos de 72 horas? ¿Quién, en su sano juicio, puede enfrentarse a una tragedia de tal magnitud, el destino antinatural de ver a tu propia hija morir? No está para nada bien y no puedo hacer más que asentir con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra. Porque no tengo ni idea de lo que decir, no sé qué puede ser dicho en estas circunstancias para hacerla sentir un poco mejor, desconozco las palabras exactas para secar esas lágrimas perpetuas que se asoman a sus eternos ojos azules cada vez que el recuerdo de Emily cruza por su mente. Así que asiento estúpidamente, impotente, como si no hubiera nada más que pudiera hacer en esta situación, y es que, de hecho, no lo hay.

Hay un dicho de Confucio que mi madre solía contarme cuando era pequeño y que dice así: "Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, entonces no lo digas". Nunca he llegado a entender el significado de estas palabras puesto que, para mí, uno nunca debería permanecer en silencio, no importa qué dolorosa o inconveniente verdad estés a punto de revelar. Y, si pienso en mi propia madre, tengo que decir que esa es una interesante selección de palabras, teniendo en cuenta que vienen de la boca de una mujer que no ha hecho nada más que permanecer en silencio desde que mi hermana desapareció (ahora entiendo por qué nunca más volvió a mencionar a Confucio). Pero, en este momento, mientras permanezco de pie al lado de mi compañera en el tanatorio viéndola elegir entre distintos tipos de lápidas, mientras miro a su indescifrable rostro con mi inevitable expresión de miedo, creo que no podría estar más de acuerdo con el filósofo chino. "Estoy bien", pronuncia cuando se percata de que la miro con preocupación después de que el dependiente del tanatorio la pregunte si quiere la lápida con o sin foto de Emily. Asiento silenciosamente, siguiendo el consejo de Confucio, pero me las apaño para cogerla de la mano antes de que conteste "Sin foto, por favor" y permanezco a su lado durante todo el proceso, dibujando pequeños círculos con mi pulgar sobre la pequeña y delicada palma de su mano.

Punto de vista de Scully (PVS)

"Llévame a casa".

Mi voz sonó más débil lo que había esperado, casi un mero suspiro. Mulder buscó mis ojos con la preocupación dibujada en su rostro, pero fue lo suficientemente inteligente para no realizar la misma pregunta obvia otra vez. Porque así como yo siempre respondo con aquellas dos palabras una y otra vez – Estoy bien, claro que lo estoy, por qué no lo iba a estar, considerando que acabo de perder a mi hija, ya sabes -, estoy realmente cansada de recibir siempre la misma pregunta, a veces vocalizada y a veces tácita, a veces con sus palabas pero la mayoría de las veces, con sus ojos. No puedo evitar responder siempre tan cínicamente, de la misma manera en que Mulder no puede evitar preguntarme, no puede evitar preocuparse por mí. Y aunque sé que le vuelve loco oírme mentir continuamente, no puedo hacerlo mejor, no sé hacerlo mejor, porque de ninguna manera voy a responder con sinceridad, no hay posibilidad de derribar el muro que he estado construyendo con tanto esfuerzo durante los últimos cinco años y dejarle entrar, entrar en este aterrado corazón que no puede soportar nada de esto ya más, que está a punto de romperse en pedazos del todo y para siempre. Así que por eso siempre le ofrezco la respuesta segura, la controlada, porque si tuviera alguna idea de que esta actitud es solo una fachada, si supiese lo cerca que estoy de colapsar, le faltaría tiempo para salir corriendo al despacho de Skinner y solicitar mi traspaso con efecto inmediato. Pero en vez de eso, le ofrezco mi versión serena, mi versión fría, la Scully consistente y templada a la que está acostumbrado, aquella que nunca se derrumba, no importa qué ocurra, aquella que siempre permanece de pie con sus tacones puestos y su impecable melena preparada para el siguiente asalto. Esa es la Scully en la que me he convertido, esa es la Scully que he creado para él, y dudo que fuese capaz de enfrentarse a la verdadera.

Y, así, Mulder no añade nada más allá de asentir con la cabeza, colocando su mano al final de mi espalda mientras salimos del tanatorio.

PVM

El silencio que se ha instalado entre nosotros es tan grande que casi puedo sentirlo sobre nuestras cabezas, presionándonos como una masa de aire caliente. Scully no ha dicho ni una sola palabra desde que entró en el coche hace diez minutos, justo antes de esconderse automáticamente detrás de ese muro de frialdad que suele usar para enviar el mensaje de que todo está bien, borrando cualquier rastro del devastador momento al que se acaba de enfrentar en el tanatorio. Ha permanecido quieta los últimos diez minutos, su boca cerrada y sus ojos perdidos en algún punto de la autopista hacia Georgetown. Estoy buscando qué decir, pero no soy capaz de encontrar algo que no suene demasiado superficial para las circunstancias. Sin embargo, mientras nos acercamos cada vez más a su vecindario en el tráfico fluido de esta tarde de sábado, me doy cuenta de que es tan solo una cuestión de minutos hasta que lleguemos a su calle y la pierda para el resto del día. Y ese aterrador pensamiento consigue expulsar palabras de mi boca antes de ser consciente de ellas.

"¿Quieres que te lleve a casa o te apetece que vayamos a cualquier otro lugar?"

Scully me mira confusa, como si acabase de llegar de una lejana distancia y mis palabras le sonasen borrosas. Permanece en silencio unos segundos, hasta que vuelve a la realidad y procesa mi petición.

"Creo que… prefiero ir a casa, por favor". Responde, mirándome con aquellos dos ojos de una claridad imposible. "Tan solo necesito estar sola".

Me esperaba esas palabras incluso antes de que las pronunciase, pero no puedo evitar el dolor momentáneo que se clava en mi pecho con su respuesta, con su deseo de estar sola. Y por mucho que intento sonreír y permanecer ilegible, Scully me conoce demasiado bien para pretender que no se ha percatado de lo mucho que me ha dolido su respuesta.

"Lo siento, Mulder. No pretendía ser grosera". Mi compañera se disculpa, bajando la mirada al suelo del coche. "Pero no me siento con ganas de hacer nada más ahora mismo".

"Está bien, Scully, lo entiendo. No tienes por qué disculparte. Te llevaré a casa para que puedas descansar como es debido". Intento sonar ameno y positivo, esperando que esta vez se lo crea.

Pero, por supuesto, ella no se lo cree.

"Ya sé que solo intentas ayudarme, Mulder, y de veras que lo aprecio". La mirada en sus ojos muestra un gran agradecimiento mientras habla. "Pero ha sido un día muy difícil y tengo ganas de irme a la cama". Y, entonces, añade estas últimas palabras, que me pillan completamente desprevenido debido a la espontaneidad: "Pero quizás quieres acompañarme a casa a tomar un té antes de que me eche a dormir y dé el día por terminado".

Porque mi compañera puede ser muchas cosas, pero espontánea definitivamente no es una de ellas.

Antes de que me eche a dormir y dé el día por terminado. Oh, sí, puede leer entre líneas, entre esa apropiada selección de palabras que ha usado, remarcando que es hora de irse a la cama. Scully está intentando despedirse de mí pero no tiene el corazón para denegarme una despedida elegante antes de irse. Y por mucho que sé que solo está intentando compensarme por su comportamiento ausente de los últimos días y que espera que rechace su oferta de una manera educada, el simple hecho de pensar que voy a dejar a esta mujer sola, sola con sus recuerdos y sola con su sufrimiento, me parte el corazón en pedazos. Así que no puedo más que aceptar su oferta, a pesar de que sé que únicamente ha sido mera cortesía.

"Te acepto ese té, gracias". Scully está tan sorprendida con mi respuesta como yo hace segundos con su ofrecimiento, pero se las apaña para esconder la decepción en algún lugar de su maravilloso y complejo cerebro, y para mostrarme una pequeña y artificial sonrisa.

PVS

Cuando ya pensaba que había tenido suficiente tensión para todo el día, me doy cuenta de que aún puedo soportar un poco más mientras esperamos a que el ascensor llegue a mi planta. Hemos permanecido de pie, cada uno lo más lejos posible del otro, al menos todo lo posible que permite el espacio tan reducido del ascensor de mi edificio. Somos tan conscientes del poco espacio que hay entre nosotros como de las muchas verdades calladas que nos separan, muchas más que cualquier distancia física. Siento la mirada de Mulder de reojo, pero cuando encuentro el coraje de corresponderla, el ascensor ya ha llegado a mi planta y Mulder abre la puerta con rapidez, tan ansioso como se encuentra por un poco más de espacio. Después, sujeta la puerta del ascensor para mí, ofreciéndome una sonrisa impecable.

"Después de ti", pronuncia como el perfecto caballero que puede ser a veces, esperando a que salga del ascensor y enfile el pasillo en dirección a mi casa.

Le devuelvo la sonrisa y salgo del ascensor. Noto que él me sigue mientras busco las llaves en mi bolso, poniendo su mano al final de mi espalda. De nuevo.

La primera vez que le conocí, odié este gesto tan refinado pero en cierta manera machista, como si necesitase ayuda para caminar o, peor aún, como si necesitase la mano de un hombre dirigiendo mi camino. Pero, con el paso del tiempo, este gesto de cortesía acabó convirtiéndose en un viejo hábito entre nosotros y yo aprendí con sorpresa que en realidad era un gesto que me encantaba, un gesto que habla de la profunda y genuina ternura que Mulder siente por mí, y del gran cuidado con el que me trata. El hecho de tener la completa atención de Mulder depositada en mí en las peores horas de mi vida, las cuales estaba segura de estar atravesando en ese mismo momento, me hacía sentir un poquito más aliviada.

Y, sin embargo, solamente un poquito.

Mientras entro en mi casa, contesto a su cortesía con más cortesía.

"Ponte cómodo", le digo señalando al sofá con la cabeza, mientras me dirijo hacia la cocina. "Estaré de vuelta en unos minutos."

Me lleva menos de cinco minutos preparar dos tazas de té verde – mi favorito-, y me doy cuenta de que disfruto con ese pequeño rato alejada de él. Cuando regreso de la cocina con una bandeja en mis manos encuentro a Mulder sentado en un extremo del sofá, con sus manos en los bolsillos y su chaqueta de cuero cuidosamente doblada detrás de mi sofá, algo que es totalmente atípico en él. Por más que me encanta su look casual de fin de semana, puedo sentir su incomodidad, su manera de compensar el nerviosismo por medio de los pequeños detalles. Me mira en cuanto entro en su campo visual y rápidamente se levanta para ayudarme a colocar la bandeja en la mesita de la sala. Sé que intenta mostrarse calmado, pero le conozco demasiado bien para saber que lo último que siente es calma. Intento reprimir un suspiro de fatiga. Si no conociese a este hombre tan bien, algunas cosas serían más simples con él algunas veces.

Bueno, pero solo algunas cosas. Y solo algunas veces.

"Té verde, por supuesto", bromea. "Mi favorito". Le he hablado a Mulder miles de veces de los beneficios naturales del té verde, lo cual se toma tan en serio como todas las otras veces en que intento hacer que lleve un estilo de vida saludable. Eso quiere decir, infructuosamente, claro. Le muestro una pequeña sonrisa y compongo una expresión ofendida, algo que en nuestro lenguaje privado significa que le doy el visto bueno para que bromee con mi estilo de vida sano, algo que encuentra (extrañamente) divertido. Estaba esperando a que continuase con la broma, añadiendo algo así como "Scully, qué bien sabes que a los hombres se nos conquista por medio de la comida, ¿eh?", ya que sé cuánto odia los tés en general, pero simplemente me devuelve la mirada con una cálida sonrisa mientras añade dos cucharillas de azúcar al té. Creo que piensa que no es el momento de hacer bromas y, por mucho que aprecie su precaución, creo que en realidad me vendría bien un poco de humor, particularmente después de tanto drama como he tenido últimamente. Y es que soy todo menos una reina del drama.

"Está rico, gracias". Mulder bebe dos sorbos más de té antes de volver a posar la taza en la mesa. Después, deja al silencio correr unos segundos mientras yo bebo mi té. Cuando vuelve a hablar, lo hace en un tono de voz bajito: "Yo también he pasado por eso. Sé cuánto duele".

Le miro atentamente sin abrir la boca, pues no tengo ni idea de lo que me está hablando. Mi rostro de incomprensión invita a Mulder a explicarse un poco mejor.

"Me refiero al tanatorio. Yo estuve allí con tu madre, hace tres años, cuando desapareciste". Asiento con la cabeza pero sigo sin decir nada, no muy segura de a dónde quiere ir a parar. "Ella me pidió que la acompañase, igual que has hecho tú hoy".

"Suena a algo que ella haría, sí". Contesto, esta vez esbozando una sonrisa. "Siempre ha confiado en ti para tomar cualquier decisión que me afecte". Hago una pausa y le miro directamente a los ojos, porque sé lo importante que son para él mis siguientes palabras: "Le gustaste desde el principio".

"Sí, lo sé. Solo Dios sabe por qué". Mulder muestra una sonrisa infantil, mezcla de alegría y de cierta vergüenza, como si no mereciese su apreciación.

Se me ocurren muchas razones por las que sí que la merece, pero decido dejarle continuar para averiguar a dónde va a llevarnos esta conversación.

"Tu madre me ayudó mucho. Me llevó un tiempo darme cuenta, pero siempre encontró una forma de hacer que no me derrumbase pese a la gravedad de la situación. Ella… ella irradia paz, y eso me ayudó a enfrentarme a tu desaparición".

Y es en ese momento cuando, de repente, me doy cuenta de a dónde quiere ir realmente.

"Mulder, no. Por favor". Intento cortar su sugerencia incluso antes de que la pronuncie.

"Scully…" Mulder alarga la última sílaba de mi nombre, inseguro de cómo proceder. "No deberías estar sola ahora mismo. Estás pasando por mucho. Quizás quedarte con tu madre unos días no es tan mala idea…"

"Mulder, de verdad, estoy…". Siento su mano en mi hombro antes de ser consciente de lo que estoy a punto de decir. Me mira con una expresión dura en sus ojos, y sacude la cabeza.

"No. Por favor." Me dice, casi me ruega. Intento evitar el dolor en sus ojos dejando que la última palabra muera en mis labios. Estoy bien…

Esta vez es él quien reprime un suspiro, solo que este es un suspiro de frustración. El silencio vuelve momentáneamente, ninguno de los dos capaz de hablar de nuevo, sintiendo el espacio entre nosotros haciéndose más grande mientras los dedos de Mulder se resbalan desde mi hombro hasta el sofá.

Y entonces dice lo que ha querido decir desde el comienzo, sus manos temblorosas y sus ojos fijos en la mesa, incapaz de mirar a los míos.

"Entonces, tal vez… Tal vez puedo quedarme aquí contigo un par de días… O te puedes venir tú a mi apartamento, si lo prefieres…"

Siento cómo mi corazón da un vuelco y soy momentáneamente incapaz de responder, de encontrar las palabras en mi boca. Intento mantenerme calmada, controlar la pequeña revolución que está ocurriendo dentro de mí, ignorar las mariposas en mi estómago. Mulder me mira con la vergüenza asomada a sus ojos, claramente malinterpretando mi silencio.

"Lo siento, no estaba implicando que tú y yo… no estaba dando por hecho nada. Me refería a tu sofá, claro." Puedo notar cómo se sonroja mientras habla y me pregunto cuánto de ruborizada está mi propia cara.

"Mulder, aprecio tu preocupación, de veras que lo hago". Intento mostrarle una sonrisa tierna. Lo último que quiero que piense es que soy desconsiderada, así que uso el tono de voz más suave que puedo para rechazar su oferta. "Pero realmente necesito estar sola ahora mismo".

"De acuerdo." No insiste más con ese asunto, consciente de la inutilidad de hacerlo, pero que intenta usar una estrategia diferente, una que de alguna manera, me enfada aún más. "Pero por qué no te tomas unos días libres en el trabajo, haz un viaje o simplemente date tiempo hasta que te encuentres mejor… Seguro que puedo sobrevivir un par de semanas sin ti". Añade esta última frase con una sonrisa tímida, intentando endulzar su sugerencia, aunque ambos sabemos que no resistiría ni una semana sin mí.

Es la hora de usar esas otras dos palabras que son las favoritas en la lista de Mulder de "Scullysmos", justo debajo de Estoy bien.

"Necesito trabajar, Mulder".

Esta vez no trata de reprimir el suspiro.

"No, Scully, necesitas descansar y cuidarte…"

Empiezo a cansarme de su excesiva preocupación.

"Mulder, de verdad, solo quiero volver al trabajo y continuar con mi vida lo antes…"

"Scully, por favor, tómate tu tiempo…". Ya ni siquiera me está escuchando, frustrado con mis constantes negativas.

"Mulder, de verdad, ¡estoy bien!". No las digo a propósito, las palabras simplemente salen de mí sin procesarlas antes de pronunciarlas, antes de gritarlas.

Solo le lleva medio segundo responderme, con sus ojos llenos de dolor y la furia dominando su voz al gritar:

"¡Qué puñetas, Scully!"

Sé que se arrepiento de su comentario al instante, pues es inusual que pierda los buenos modales conmigo, que falte al respeto a esta relación igual, casi sagrada, que tenemos. Si mal no recuerdo, es la segunda vez que le oigo utilizar esa palabra conmigo, después de la vez en que estaba a punto de descubrir que él era indirectamente responsable de mi cáncer.

"Lo siento…". Me dice, con la culpa cruzando desesperadamente por sus ojos.

Pero por mucho que sé que realmente lo siente, no puedo hacer nada por ayudarle, por ayudarnos.

"Mulder, creo que deberías irte."

"Scully, por favor…"

Siento una fatiga infinita, el cansancio de un día, de tres días que han sido mentalmente exhaustos para mí.

"Mulder, por favor. Vete."

Mi voz suena más fuerte de lo que pretendo, dejándole sin más opción que obedecer.

"Sí, creo que debería irme".

Mulder coge la chaqueta de cuero del sofá y se aleja hacia la puerta. Pero antes de salir se gira hacia mí y añade, su voz casi un mero susurro:

"De veras que lo siento".

Y entonces se va, dejándome sola con un silencio insoportable y con mi abrumador duelo, sola como he pedido, sola como he exigido, con el corazón roto por segunda vez en el día.

CONTINÚA EN EL CAPÍTULO 2 DE LA PARTE I