NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS Y WILLIAM JOYCE, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO

¡Hola! ¡Wow! ¡Tres comentarios! no saben lo felices que me hacen =D

Quería aprovechar para decirles que aparecerán, con faceta humana, todos los demás Guardianes, pero a su ritmo. De hecho, aquí aparecerá Norte. Las cosas se desarrollarán de forma lenta en un principio, para que no se me desesperen ;)

Comentarios:

shadamy1510: ¡No sabes cómo me halaga que me consideres tu autora favorita! para mí son palabras importantes. Me emociona que te haya gustado ésta historia y que la estés siguiendo ¡Ojalá te guste este capítulo!

Fanatica1Asoaso: ¡Qué bueno que te guste el fic por ahora! Sobre Abecedary, me fui directamente con la O porque en el español son demasiado contadas las letras que empiezan con Ñ.

Rosary-Stefanys-Strigidae'31: ¡Hola! que bueno que te guste mi historia. Gracias por aclararme el misterio del nombre dela hermana de Jack, sé que no se ha dicho absolutamente nada por parte de los productores sobre ella; algunos le llaman Pippa, otros Rosie incluso Emma. Estoy tan acostumbrada a leer "Pippa" que emergió el nombre casi por sí solo al escribir; espero este error lo puedas tolerar ¡Mil gracias por leer y comentar!

¡Disfruten!


Capitulo 2

La Escuela

.

.

Sonó el despertador.

Tooth se removió entre las sábanas con un poco de cansancio. Levantarse a las seis de la mañana en invierno era un verdadero fastidio, la sensación de frío que te envuelve al quitarte las sábanas era horrible. Tooth se reacomodó y encontró un hueco caliente del colchón donde dormitó más rato ¿Qué eran cinco minutos más?

Los golpes en la puerta, nada esperados, la despertaron de forma abrupta. Tooth se levantó rápido de la cama y se puso una bata sobre el pijama. La casa de Tooth era pequeña, tenía un solo piso, una pequeña cocina con comedor, el recibidor y dos cuartos. La dentista caminó a la entrada y miró por la ventana, preocupada que hubiera ocurrido una emergencia con su familia o algo por el estilo.

Tocaron otra vez la puerta, pudo ver a través del cristal un saco rojo con bordados de lana cafés cubriendo una figura robusta. Extrañada pero más relajada, Tooth abrió la puerta.

—¿Norte?

El hombre asintió y saludó con su sonrisa.

El Señor Nicolás, apodado por sus amigos "Norte", era el vecino de Tooth desde que ella tenía memoria. El hombre tendría unos cincuenta años, barba larga y de color blanca brillante y los ojos azules más cálidos que ella jamás hubiera visto. Era originario de Rusia, y a pesar de haber vivido en los Estados Unidos desde hace más de treinta años seguía conservando su acento natal.

—¿Qué le trae a mi casa a estas horas?—preguntó curiosa y alarmada. A pesar de que Norte tuviera una gran salud, seguía estando en las primeras etapas de la tercera edad.

¡Y eran las seis veinte de la mañana!

—Lamento molestarte Tooth—se disculpó Norte—Pero quisiera pedirte un inmenso favor.

—Adelante.

Fue cuando apareció de entre el largo abrigo rojo dos pequeñas figuritas. Uno era un niño, visiblemente el mayor, de cabello castaño y mirada curiosa. La otra era una niña rubia de ojos chispeantes. Ambos cubiertos con chaquetas, gorros y bufandas, tan abrigados que sus mejillas estaban rojas.

—¿Te acuerdas de mis nietos, Jamie y Sophie?—Norte removió cariñosamente unos mechones del cabello rubio y la niña se encogió sonriendo

—¿Cómo olvidarlos?—Tooth los miró con una sonrisa.

Aunque los dos hermanos vivían en casa de sus padres, solían pasarse la tarde con su abuelo. Norte, con su edad, era increíblemente paciente con los niños y le encantaban los juegos. De vez en cuando Tooth se les unía.

Jamie era uno de esos niños que para sus diez años exploraba de más. Se la pasaba merodeando las veredas cercanas del bosque que rodeaba el pueblo. Leía siempre sobre cuentos y criaturas fantásticas, pues tenía una espléndida imaginación. Eso hacía que fuera paciente, dedicado y un gran compañero de juegos de su hermanita Sophie, que apenas iba a cumplir los cinco años. Era una escena conmovedora ver cómo Jamie se hacía cargo de su hermana con tanto cariño, llevándola de la mano y jugando a su lado. Eran bien educados y Tooth les tenía bastante cariño.

—Mi hija ha tenido que salir de viaje con mi yerno y debo cuidarlos por una semana—Tooth escuchaba atenta su explicación—Me han llamado de la fábrica hace unos minutos y necesito ir inmediatamente ¿Puedes llevarlos a la escuela? Yo los recogeré más tarde.

—Claro que puedo—Tooth miró a Norte—¿Entran a las ocho?

—Sí—Norte le dio las dos mochilas a los niños y también dos loncheras—De verdad, muchas gracias por el favor que me haces. Espero que no se repita.

—Por favor, somos amigos—y era cierto—Ya sabes que cuenta conmigo siempre que quieras.

Norte se inclinó para ver mejor a sus nietos.

—Jamie, Sophie, la señorita Tooth los va a llevar a la escuela y yo los recogeré en la tarde. Pórtense bien ¿De acuerdo?

—¿Y me llevarás a jugar en tu trabajo?—la carita de Sofía se iluminó.

—Claro que sí—respondió riendo.

—¡Hurra!

Jamie agarró de la mano a su hermanita para que no se cayera. Los dos se movían torpemente con tantas telas encima.

—Bien, te los encargo—Norte se puso de pie—Parece que va a nevar más tarde, en la mochila le dejé un abrigo más por si les da frío. Si pasa algo tienes mi celular ¿verdad?

—Claro que sí.—Tooth rodó los ojos.—Ya vete que los cuidaré bien.

—Gracias. Adiós cariño.

—¡Adiós abuelito!—gritaron los dos niños.

Jamie y Sophie entraron rápidamente a la cálida casa. Tooth se abrazó a sí misma, el viento estaba gélido. Ya en el interior de la casa ambos niños se quitaron las enormes chaquetas, y pudieron moverse con más facilidad.

—Me alegra mucho verlos otra vez—les dijo Tooth con una sonrisa, algo más despabilada.—Ya no me visitan tan a menudo…

—Mamá nos ha metido a clases de piano—replicó Jamie con fastidio—Ocupamos casi toda la tarde ¡es aburrido! ¿Verdad Sophie?

—¡Mucho, mucho!—decía la niña con ahínco.

—Bueno, al menos aprenden algo nuevo—les dijo con una sonrisa—Es todavía muy temprano ¿Ya desayunaron?

—Nop.

—Pues bien ¿Qué les preparo?

—¡Dulces!—gritó Sophie, elevando sus manitas.

Tooth se echó a reír.

-o-

Tooth se subió a su pequeño auto. Era un día bastante frío, por lo que la calefacción estaba al máximo. Jamie y Sophie iban en los asientos traseros, con los cinturones bien puestos. Al ser las siete y media de la mañana el llegar tarde era imposible.

Se estacionó a media cuadra porque no había lugares más cercanos. Tras ponerle el pequeño abrigo y una gorra que cubría perfectamente la cabecita de Sophie, Tooth la llevó cargando hacia la escuela. Jamie caminaba a su lado bien abrigado y cargando su mochila, se veía adorable con las mejillas completamente sonrojadas por el viento frío. Sophie se acurrucaba en el pecho de Tooth buscando más calor. Además del viento gélido caía aguanieve del cielo completamente gris, tanto que ni un solo rayo de sol se filtraba por las nubes. Era horrible.

Todos los padres estaban dejando a sus hijos dentro de la escuela. Tooth entró por la enorme puerta que guiaba a un ancho pasillo atestado de padres y bultitos andantes que eran los niños. En el interior de la escuela hacía más calor y ambos niños pudieron quitarse las chaquetas, pero Tooth insistió en que conservaran las bufandas.

—Muy bien ¿En qué salón están?—preguntó Tooth. Ella no había entrado a la escuela desde que era una niña, y eso tiempo atrás. Las cosas estaban cambiadas dentro de las instalaciones.

—Yo voy en el segundo piso—le sonrió Jamie—Pero debemos dejar a Sophie en el preescolar con su maestra ¿Quieres que yo la lleve?

—Yo te acompaño.

Sophie parecía estar dormitando en sus brazos. Para guiarla mejor Jamie agarró a Tooth de la mano mientras caminaban dando la vuelta en otro pasillo.

—¿Doctora?

A Tooth esa voz se le hizo conocida. Ella se detuvo y Jamie igual, mientras Sophie comenzaba a despertar. Volteó rápidamente buscando al niño que le había hablado. Vio a Pippa, cubierta con una chaqueta rosada enorme y una bufanda, de pie sosteniendo una mochila y viéndola con curiosidad.

—¡Hola!—la saludó. Sophie se removió inquieta en sus brazos—¿Cómo estás? ¿Aquí estudias?—le dijo, calmando a Sophie.

—Sí—asintió Pippa—Hola—saludó a Jamie.

Tooth recordó que ambos niños tenían la misma edad. Jamie había estudiado en la Primaria de Burguess desde que tenía seis años y nunca había visto a esa niña antes.

—Hola—le devolvió el saludo—Me llamo Jamie ¿Y tú?

—Yo me llamo Pippa—repuso.

—¿Eres nueva, verdad?

—Sí—dijo con algo de timidez—Eres el primero en hablarme, gracias por eso.

—No hay de qué. Si quieres puedo presentarte a mis demás amigos.

—¡Claro! Sería divertido.

A Tooth le enterneció mucho la rápida amistad entre los dos niños. Sophie ya despierta miraba a su hermano y a la niña que no conocía.

—Pippa, ya me dieron el mapa y…

Tooth vio a Jack que caminaba hacia ella con la mirada en unas hojas de papel. Vestía un poco más serio, con pantalón de tela y un abrigo negro. Aún así la bufanda de mil colores le daba un aire algo informal a su expresión juguetona.

—¡Mira Jack, es la doctora Toothiana!—dijo Pippa, señalándola.

Tooth frunció el ceño.

—Dime solo Tooth.

Jack despegó la mirada del papel y la vio cargando a la pequeña rubia y con una mochila al hombro.

—Ah, doctora—saludó sonriendo—No pensé verla aquí.

—Mucho gusto Jack.

—¿Tiene hijos?—señalo a Sophie—Se ve muy… joven. No me tome a mal la expresión.

Jack sonaba sinceramente sorprendido. La sola insinuación de hijos ruborizó por completo a Tooth, quien se apresuró a desmentirlo.

—No, no. Es una niña que estoy cuidando ¿Verdad Sophie?—le dijo, dejando a Sophie en el suelo.

—Mi mami es más bonita.

Aunque inocente, ese comentario fue hiriente.

—Sophie, esas cosas no se dicen—le reprendió suavemente Jamie.

De cualquier forma, Jack ya se estaba carcajeando.

—Deberé conocer a tu madre—dijo por lo bajo a Sophie—Y dime Sophie ¿Qué edad tienes?

—Cuatro y medio—le mostró cuatro deditos.

—Ah, así que estás en preescolar.

—¡Sí!

—Muy bien, yo también tengo que ir a preescolar ¿Me podrías señalar el camino?

La forma en que Jack hablaba era como si le pidiera el camino a un Palacio o a un tesoro.

—Claro—se puso a saltar emocionada.

—Genial, ya tengo una hermosa princesa como escolta.

Jack se puso de pie, hasta ese momento Tooth no había notado la mochila rosa que llevaba en el hombro. Se la quitó para dársela a Pippa, así como una hoja llena de diagramas.

—Mira Pippa, este es el mapa. Me dijeron que cuarto año está en este salón—le señaló—¿Puedes llegar sola o hacemos carreras?—agregó sonriendo.

—No es necesario—dijo Jamie—Yo puedo llevarla, estoy en cuarto año.

—Ah ¿Tú serás el caballero que escoltará a mi linda princesita?

Jack no lo hacía sonar como un reclamo. Más bien, como si fuera un juego.

—Y llegará sana y salva, la protegeré de todos los dragones lo prometo.

—Así me gusta.—Jack colocó su mano sobre la cabeza de Jamie, desacomodando un poco el gorro.—Cualquier cosa que pase solo me buscas ¿de acuerdo?—dijo mirando directamente a Pippa.

—De acuerdo.

—Cuídate y no olvides divertirte al máximo.

—¡Lo haré!

Pippa caminó al lado de Jamie, ambos hablando amenamente y subiendo unos escalones al fondo. Sophie, que había estado muy quieta, agarró la mano de Jack y comenzó a tirar de ella.

—¡Vamos, vamos!

—Claro princesa, vamos ¿Me dices por dónde?

—Por aquí.

Tooth estaba impresionada. Jack acababa de conocer a los niños y ya le tenían toda la confianza del mundo. Caminó en silencio con ellos viendo la manera cómica en que Jack hablaba con Sophie. Por la seriedad que le daban al tema nadie pensaría que charlaban de dónde vivían los Ponnys.

—Aquí es—señaló Sophie.

El preescolar era un salón enorme lleno de juguetes, colores y claro, niños. Una señora de fácil cuarenta años estaba supervisando a las criaturas que entraban y salían. Para ser a primera hora de la mañana, la cara de fastidio que tenía le daba la impresión que estaba terminando el turno matutino.

—Ah, la niña Bennet—miró a Sophie casi con desprecio—Ya era hora ¿Y ustedes quiénes son?

¿Esa malhumorada daba clases a los niños pequeños? Tooth se sintió indignada.

—Soy su vecina y amiga—se presentó con orgullo—La he traído en lugar de su abuelo.

—¿No es usted la doctora esa de los dientes?

—Dentista.

—Si, como sea.

Sophie entró al salón corriendo para seguir a otras niñas y empezar a jugar.

—¿Trae a su novio para convencerlo de tener hijos?—señaló a Jack.

—¿Qué?—Tooth estaba roja de vergüenza.

Jack solamente sacó un legajo crema y se lo dio.

—En realidad soy el nuevo maestro—dijo—Señora Lourdes ya puede irse si lo desea.

La maestra no lo pensó dos veces. Solo miró el legajo un poco, verificó la firma del director y agarró la bolsa.

—Suerte con estos demonios.—le dijo al salir.

—Qué carismática—Jack rodó los ojos y le echó un vistazo a los pequeños. Todos estaban jugando en el salón, el sonido de las risas y gritos inundaba el aula.

—¿Eres maestro?—dijo Tooth asombrada.

—Sí. Parece que Sophie será mi alumna.

En el fondo a Tooth eso le pareció bien. La manera en que Jack había tratado a los dos niños Bennet fue admirable.

El timbre sonó haciendo que unos niños corrieran y otros gritaran. Los padres fueron retirándose.

—Pues bien, creo que esa es mi señal de empezar—Jack juntó ambas manos, imitando la pose de esos científicos malvados cuando iniciar su plan diabólico—Nos veremos después doctora.

—Dígame solo Tooth—se cruzó de brazos—Por favor.

—Claro Toothiana.

La expresión de su rostro le decía que solo hablaba así para fastidiarla.

—¡Jack!

Pero el muchacho cerró la puerta para que ningún niño saliera, despidiéndose con la mano y una sonrisa torcida.

Bueno, ya eran las ocho de la mañana. Tenía que ir a abrir su consultorio, la primera cita era un cuarto antes de las nueve. Pero la curiosidad le picaba, así que se quedó un rato viendo a través de la enorme ventana.

Jack entró y aplaudió un poco, como quien se une a sus juegos. Los niños inmediatamente notaron al hombre nuevo y la ausencia de la amargada esa que los cuidaba antes. Jack comenzó a hablar, aunque Tooth no escuchaba nada seguro estaba presentándose. Miró casi boquiabierta cómo los niños le prestaban atención y se iban sentando según sus instrucciones, luego repentinamente los pequeños gritaron y salieron corriendo mientras Jack los perseguía.

Era como ver a un niño grande jugando con niños pequeños.

—¿Qué tendrá ese Jack Frost?—pensó Tooth en voz alta.

Miró el reloj, se le estaba haciendo tarde. Dedicó una última visión a Jack Frost y después de eso, se fue a trabajar. Parecía que Sophie tendría un buen día.


Bueno, eso es todo por ahora ¿Qué les ha parecido?

¡Mil gracias por leer!

chao!