Pronto el capítulo tres, que es la conclusión de esta historia.

Ojalá disfruten la lectura.


SIN RESTRICCIONES

CAPÍTULO 2

Dos semanas después, Kuga pasaba la noche en el antro Fukka, estaba sentada en una mesa del segundo piso, en compañía de Takeda, y de un grupo de chicas, que por uno u otro motivo, le aburrían. Si no les corría de inmediato de su mesa, era porque suponía que su mejor amigo le había puesto el ojo a alguna, o algunas, conociéndolo.

Una se le insinuó, su rostro mostró una mueca de rechazo que rozaba en el repudio, la mujer no estaba mal, pero no era de su tipo, y cuando algo no le gustaba, no se molestaba en disimularlo.

Se paró de la mesa para ir al sanitario, cuando regresó, solo estaba Takeda. Alzó una ceja. -¿Qué ha sucedido?-. Retomó asiento, tomando una de las cervezas que él pidió en su ausencia.

-Te vi aburrida con ellas-. Brindaron. A su manera, eso había sido parte de un código que existía entre ellos: Primero lo amigos y después las mujeres. -Significa que no valían la pena-.

Pidió que le trajeran algo de comer a su mesa, lo que sea, solo para estar echándose algo al estómago mientras bebía a sus anchas. -¿Te fías de mis intereses?-. Dijo a modo de burla. Muy a menudo, él se guiaba por lo que ella decía o pensaba.

-Pues aprendí de ti, así que, ¿tú que crees?-. Él bebía rápido y a grandes tragos, terminándose sus cervezas de golpe, Natsuki procuraba hacerlo más lento, disfrutando de lo que le estaba bajando por la garganta, para no ser un embudo de alcohol como su amigo.

Por casualidad, volteó hacía el primer piso, encontrándose con una mirada carmín, que al igual que ella, había visto en esa dirección por mera coincidencia. Sus labios formaron una sonrisa con aires de complicidad, creyó que la castaña se limitaría a devolverle la sonrisa, para acto seguido, seguir en lo suyo, creyó mal.

Shizuru se encaminó al segundo piso.

-Vaya Kuga-. Takeda sí que había visto la expresión de hambre en los ojos esmeralda, estaba ahí de manera explícita, ansiaba acostarse con ella, lo ansiaba con tanto deseo que le creía capaz de tirarla ahí mismo, sobre la mesa, para hacerla suya. -¿Una nueva conquista? ¿Candidata a amante?-. Para ellos, si solo se acostaban una vez con las chicas, no era más que un polvo, les denominaban amantes cuando les llevaban a la cama con frecuencia.

Negó con la cabeza, sabía lo que pensaba Takeda. -No es una presa-. En ese momento no le veía, pero sabía que Shizuru iba subiendo las escaleras. -A ella no se le puede atrapar-. Le había quedado claro aquella noche. -Mírala bien, y dime, ¿qué ves?-.

Cuando la castaña se dejó ver entre la multitud, él le observó con atención, cayó en cuenta de inmediato. -Es una igual-. Natsuki asintió.

-Una mujeriega de primera, como tú y yo-. Soltó una carcajada.

Dios los hacía y ellos se juntaban.

O quizá eran creación de Lucifer.

Un minuto después, Shizuru llegó hasta ellos, la oji verde le invitó a sentarse, aceptó gustosa. Se presentó con Takeda, a él le cayó bien enseguida, sus personalidades desvergonzadas combinaban sin problemas, al menos, para pasar un rato juntos, aunque sabían que el punto en común ahí, era Kuga.

Pidieron una botella de tequila, Natsuki y Takeda iban a hacer una pequeña competencia, para sorpresa del chico, Shizuru quiso entrar al juego.

Los tres bebieron los shot como si fueran agua, uno tras otro. -Comienzo a creer que no habrá ganador-. Echó su brazo sobre los hombros de Kuga. -¡Porque ni Fujino ni tú ceden al maldito alcohol!-. Le fue obvio que ese par de mujeres podrían beber tanto o más que él mismo, su resistencia daba miedo.

-Juego de niños-. Contestó la oji verde, mantuvo la mirada fija en los ojos carmines. Que la castaña les siguiera la corriente le hacía querer saber un poco más sobre ella, era agradable tenerle en su mesa, en plan camarada.

-Sería vergonzoso embriagarse con un poquito de tequila-. Su voz transmitió una burla a los otros dos, entendieron el sarcasmo, sabían que no había sido un poco. -Yo pago la siguiente botella-. Su sonrisa causó la de Natsuki.

Takeda golpeó la mesa. -¡Nat, me agrada esta chica!-. La castaña amplió su sonrisa, definitivamente estar ahí con Natsuki y su amigo era mucho mejor que vagar por el antro en busca de una chica, al menos, aquella noche.

Les trajeron la botella.

Y alzaron sus vasos para brindar.

-¡Por las mujeres hermosas!-. Dijo Takeda.

Shizuru y Natsuki se dieron una mirada. -¡Por el buen sexo!-. Gritaron ambas.

Las carcajadas de los tres se fundieron con la música del lugar.

Entonces, una mano, que no era de ellos, golpeó la mesa con fuerza. -¡JODIDA CABRONA!-. La mujer en cuestión expiraba un enojo que era palpable para el pequeño grupo.

Divertida, Kuga miró a Fujino. -¿Te habla a ti o a mí?-. Tomó otro trago antes de que volvieran a golpear la mesa, los cacahuates que tenían ahí se desperdigaron.

-¡FUJINO HIJA DE PUTA!-. Gritó con gran rabia.

-Creo que a ti-. Su sarcasmo relajo el ambiente, aunque a decir verdad, Fujino había permanecido tranquila pese a que la fémina frente a ella parecía estar por saltarle encima.

-Seas quien seas, estoy segura de que te dije que solo jugaba-. Se encogió de hombros.

-¿¡ACASO NO SIENTES NADA!? ¡MALDITA INSENSIBLE! -. Hubo un tercer golpe, Takeda mejor sostuvo la botella, habría sido una lastima que se rompiera, igual que el ego de esa chica. Había visto escenas similares, con la diferencia de que el objeto del reclamo era Natsuki. -¡ME COGISTE Y DESAPARECISTE!-. Sí, algo así pasaba a veces con su amiga.

Nadie le prestaba atención a los gritos, en primer lugar porque la música los disimulaba, en segundo, porque esas escenas eran muy comunes en el antro Fukka.

-No, no siento nada-. Se llevó a la boca una de las botanas que no habían salido volando. -Pero si has quedado inconforme conmigo, te recomiendo a Kuga.-. La nombrada alzó la mano, dando a entender que era ella, iba a seguirle el juego a Fujino, fuese cual fuese. -100% Recomendable, seguro que lo gozas, pero…

-Yo tampoco tengo sentimientos-. Completó Natsuki, su expresión se veía entre egocéntrica y sarcástica. -Tómalo o déjalo, preciosa-. Le guiñó un ojo, obviamente, en una burla más que evidente, que fue otro golpe para la autoestima de la aludida.

Apretó los puños. -¡SON LO PEOR!-. Y se fue de ahí, no sin antes darle un último golpe a la mesa. En el fondo, no tenía el valor suficiente para plantarle frente a Shizuru, menos aún en compañía de esa otra mujer, que a su parecer, también parecía una perra, pero una que imponía demasiado y que parecía capaz de darle un buen golpe de ser necesario.

Ellos siguieron en lo suyo, como si no hubiera pasado nada, cuando se acabaron la botella, Takeda ya mostraba indicios de estar borracho, pero muy poco, casi nada, según su auto veredicto, les dijo que él ya se iba a su departamento, aunque quizá si estaba más ebrio de lo que creía, pues olvido que…

-¡Mierda!-. Kuga cayó en cuenta poco después de que se quedaran solas. -Venía con él-.

-Ara, que coincidencia, pensaba que te vinieras conmigo esta noche-. La forma en que le miraba era una invitación al paraíso.

-En hora buena Takeda me ha abandonado-. Y ella no era nadie para negarse a disfrutarlo.

Salieron del lugar, caminaron media cuadra y encontraron el auto de la castaña, Natsuki silbó. -Tienes buen gusto-. Y dinero, pensó, pero se lo guardó para ella. Las cuentas bancarias no eran tan impresionantes cuando tú también tenías una llena a tope. -Ya quiero ver como manejas-. Abrió la puerta del copiloto.

-¿Usas cinturón?-. Preguntó con una sonrisa.

-¿Debería?-.

-Lo dejo a tu elección-. Giró la llave, el motor rugió con un poderoso estruendo.

-Confiaré en tus habilidades-. No le intimidaba desconocer dichas habilidades, ni el hecho de que habían bebido bastante.

Esa noche se fueron a otro hotel, donde también les reconocieron, aun se regían por el principio de no llevar conquistas a casa, aunque en el fondo, sabían que lo harían tarde o temprano. Esa segunda vez, tampoco hubo intercambio de números telefónicos. Al terminar, Natsuki pidió un taxi y Shizuru se fue con una última frase.

-¿Seguiré sabiendo donde encontrarte?-.

-Quien sabe, quizá te encuentre yo a ti-. Era una broma, las dos lo sabían, ninguna era del tipo stalker y ellas no tenían más que sus nombres, se guiaban por la regla de: Si es mío, lo tendré sin complicaciones.

Si volvían a encontrarse, lo gozarían.

De lo contrario, no iban a lamentarse.


Su tercer encuentro tuvo lugar al cabo de una semana, pero no fue en Fukka. Shizuru iba caminando por una banqueta, con dirección a un restaurante, su reloj marcaba que aún tenía 10 minutos para llegar, así que no tenía prisa alguna.

Desde un local que ya había pasado, salió una persona que parecía no tener el mejor humor de todos, maldecía mentalmente, y decía una que otra palabrota entre dientes. Cuando alzó la cabeza, vio una cabellera que reconoció de inmediato. Su mal humor se disipó mágicamente.

Echó a andar tras ella, daba pasos más largos y no demoró en alcanzarla.

-¿Shizuru?-. Habría tocado su hombro, pero mejor no lo hizo, aunque estaba prácticamente segura de que sí era ella, no tenía ganas de terminar recibiendo una bofetada, porque con la tarde del asco que había tenido, y su humor de mierda, probablemente le habría regresado el golpe, pero en forma de puñetazo.

-Ara-. Se detuvo enseguida, esa voz era inconfundible.

-Te gusta mucho esa palabra, ¿verdad?-. Le sonrió.

Se acercaron para saludarse, Shizuru le besó en la comisura derecha, tentándole, acción bien recibida. -¿Interrumpo algo o estás libre?-. Kuga le veía con deseo.

En realidad, iba camino a una cita, sin embargo, no tuvo que pensarlo ni un poco para decidirse, a sabiendas de que difícilmente encontraría mejor sexo que el que le ofrecía Natsuki. Vio su reloj por última vez, faltaban cinco minutos, la chica en cuestión tendría que hacerse a la idea de que pasarían horas, y aun así, no llegaría al encuentro.

-Estoy libre-.

Terminaron en el hotel más cercano, otro que también conocían como la palma de su mano.

Además del punto de encuentro, lo que hizo diferente a esa tercera ocasión, fue que ese día sí se dieron sus números telefónicos, porque coincidieron en que se querían de amantes, pues, ¿Qué más podrían pedir? Tenían buen sexo, sin compromisos, sin límites, con disponibilidad cada vez que querían hacerlo, era como un regalo bajado del cielo.

Comenzaron a frecuentarse más seguido de lo que esperaban, solo que no solo para sexo, también se juntaban para salir de juerga, les divertía en exceso el hecho de que podían competir entre sí por quien era más mujeriega, les encantaba jugar con las mujeres, e incluso sonreían cuando algunas iban a reclamarles. Fueron pasando por todos los centros nocturnos donde creyeron que podrían seguir su juego.

Además de amantes…

Se habían convertido en mejores amigas.

Y eso era lo más peligroso del asunto, para aquellos que les rodeaban, ya que mientras ellas estuvieran cómodas, no les importaba lo que pudieran provocarle al resto.


Seis meses después de haberse conocido, ambas iban saliendo de uno de los antros que frecuentaban, se reían de algo que había dicho la oji verde. -Fujino-. Giraron en dirección a la voz, era un chico alto, que quizá no era el más musculoso del mundo, pero si tenía unos cuantos músculos remarcados a través de su playera. -Así que sí eres tú-. En sus ojos relució un rencor desmedido, eso desconcertó a la castaña, nunca le había hecho nada a ningún hombre, y no tenía la costumbre de meterse con casadas, al menos no conscientemente.

-¿Quién eres?-. Dijo con voz segura, no iba a venir un don nadie a meterle miedo. -Olvídalo, mejor dime, ¿para que me buscas?-. Le vio con cierto matiz burlón. -Estoy segura de que a ti no te he tocado un solo cabello-. Los hombres jamás fueron lo suyo, se supo homosexual desde el inicio.

Él apretó los puños con rabia, incluso se le remarcaba la vena del cuello. -¡DESHONRASTE A MI HERMANA!-. Temblaba por la ira contenida. -¡ELLA NO QUERÍA…

En ese punto, Shizuru no pudo contener una carcajada. -Ahhh no campeón-. Su mirada atravesó al chico cual daga. -No sé que te habrá dicho, pero yo no le obligué a nada-. Shizuru Fujino era muchas cosas, entre ellas mujeriega, pervertida, y cínica, pero no una abusadora, para nada, ella solo se metía con aquellas que querían meterse con ella.

Si cambiaban de opinión después, ese ya no era problema suyo.

-¡HIJA DE PUTA!-. Dio dos pasos hacia ella.

Natsuki ya conocía lo suficiente a Shizuru para saber que no era ninguna violadora, por más caliente que pudiera estar, si llegaban a decirle un no, cosa que no negaban había sucedido, no insistía, punto final.

No le encontraba sentido a jugar si la otra persona no quería hacerlo.

Si no era consentido, el sexo le resultaba insípido.

La oji verde le dedicó una profunda mirada al chico. -Chico, ya la escuchaste-. También dio dos pasos, dándole a entender que no le amedrentaba ni un poco. -Dice que no obligó a tu hermana a nada-.

Eso le hizo explotar. -¿¡Vas a intervenir por ella!?-. Señaló con desprecio a la castaña, le era inconcebible que alguien apoyara a personas de ese tipo. -Ohhh ya entiendo-. Frunció el ceño, indignado. -Seguramente a ti también te lleno la cabeza de mierda, para llevarte a la cama-.

Shizuru negó con la cabeza. ¿Ella, embaucar a Kuga? Vaya, no creía que nadie fuese capaz de tal cosa, ni siquiera ella. Por lo que sabía, Natsuki jamás había sido un ser del cual pudiesen aprovecharse, era como si hubiera nacido curtida para ese mundo de excesos.

Lo miró con pena ajena. -Deberías volver a casa-. Para ella, esa era una escena sin importancia, ni siquiera sabía quien era la hermana del susodicho.

Para efectos de la situación, la oji verde dejo salir una pequeña risa. -No sabes lo que dices, hombre-. La otra le hizo una seña para que se marcharan, iba a seguirle. -Saludos a tu hermana-. Sonrió con sorna.

Él se abalanzó en su dirección. -¡ERES UNA PERRA, FUJINO!-. Preso de su furia, dejo ir un puñetazo, directo a la cara de Shizuru, esta se echó hacia atrás, pero de todos modos, aunque no lo hubiera hecho el golpe no le habría llegado, la mano de Natsuki estaba entre su rostro y el puño del chico.

-¡NO TE METAS!-. Vociferó él. -¡ES UNA MALDITA PERRA!-.

-Si ella es una perra-. Se encogió de hombros. -Yo también lo soy-. Su sonrisa golpeó duró contra el ego del otro, aunque le dolió más el rodillazo que le metió en el abdomen.

Cayó al suelo, esa mujer, cuyos ojos verdes le parecían repentinamente frívolos, tenía mucha más fuerza de la que aparentaba. Tosió y escupió. -Esto… no es… asunto tuyo-. Le había dado justo en el diafragma.

-Te metes con Fujino-. Le miró desde arriba, con toda la soberbia de la cual era poseedora. -Te metes con Kuga-.

-Ara, ¿así que tenías un lado caballeroso?-. Era obvio que lo decía en broma, la oji verde le sonrió en respuesta, consciente de que más que un caballero, se había visto como una bravucona. -¿Y si mejor nos vamos a cenar ya?-. Habían salido del antro precisamente porque tenían hambre.

-Vámonos-. Metió las manos a los bolsillos de su chaqueta.

Desde el suelo, él comprendió que tanto para la mirada rubí como para la esmeralda, no era absolutamente nada, ni siquiera un mal chiste. Con rabia, les observó marcharse, sin intentar nada, sospechaba que esa mujer con chaqueta de cuero podría derrotarle sin complicaciones.

Maldijo a Fujino, pero maldijo aun más a Kuga por estar de su parte.


-Así que metiste las manos al fuego por Fujino-. Comentó Takeda, divertido por la idea. Era difícil imaginarse a su mejor amiga en plan guardaespaldas. -¿Desde cuando te arriesgas por una amante?-.

Subió los pies a la mesita del centro, aun sabiendo que él detestaba eso, Takeda los bajó de un manotazo, y ella volvió a subirlos. -¿Por una amante? Nunca, ni en esta vida ni en la siguiente-. Le pidió con la mano que le pasara la caja de pizza, pese a que ya estaba fría. -Pero Shizuru no es…

-Natsuki, sé que se han acostada tantas veces que ya perdieron la cuenta-.

-No me dejaste terminar-. Le aventó la caja, ya vacía. -Shizuru no es una simple amante, es mi compañera de juerga, se ha convertido en mi mejor amiga-. Dio un mordisco a su comida. -Por una amante, jamás me arriesgaría, por una amiga, lo haría sin pensarlo-.

-Tienen una relación bastante rara-.

-Lo que hace funcionar esta relación, es precisamente, no ponerle restricciones-. Si Shizuru estaba a gusto y ella también, ¿Para que buscarle explicaciones? Su interacción se basaba en pasarla bien, no necesitaban más.

¿Amor? Ninguna de las dos lo anhelaba o quería, ni lo había sentido nunca.

¿Celos? No, no buscaban monopolizar a la otra, que cada una hiciera lo que le viniera en gana.


Ya avanzada la noche, Natsuki y Shizuru pasaban unos últimos minutos en aquella mesa, la castaña ya sabía con quien se iría, Natsuki aun se decidía entre dos chicas, pero una de ellas le daba mala espina a Shizuru. Sonreía y reía con las demás, sin apartar la vista de esa mujer que conforme pasaban los segundos, le parecía más sospechosa, para su infortunio, Kuga se decidió por esa.

No eran celos, para nada, se lo repitió mentalmente antes de abrir la boca. Temía que Natsuki se enojara por lo que iba a decirle, cuando esta se puso de pie para irse, Shizuru también lo hizo y le tocó el brazo para llamar su atención, con una sonrisa la oji verde volteó a verle, esperando una de las usuales bromas de su amiga, la castaña se acercó a su oído para decirle todo lo contrario a un chiste.

-Natsuki, tengo un mal presentimiento, no te vayas con ella-. Procuró que su voz sonase seria pero no mandona, quería que entendiera que era un consejo y no una orden, o haría exactamente lo contrario.

Los ojos esmeralda le contemplaron asombrados, era la primera vez que algo así pasaba, ¿Shizuru pidiéndole que no fuese con una mujer? ¿Qué significaba eso? ¿Era tan solo otro de sus juegos? Lo meditó, esa expresión le dejaba claro que ahí no había broma alguna. Quizá…

Su cara de asombro fue reemplazada por una expresión neutral, y luego le sonrió con cinismo, con ese gesto, la castaña dio por hecho que no le haría caso, y que probablemente, hasta ahí había llegado su amistad. Pensó que tal vez debió mantener la boca cerrada, pero lo dicho, dicho estaba.

Shizuru se equivocó, sí, pero en la interpretación de la actitud de Natsuki, esa sonrisa cínica no era para ella, era para la otra chica, la oji verde se giró hacia ella. -Cambio de planes, no iré contigo-. La noticia no le cayó bien a la susodicha.

Había notado como la castaña se paraba para decirle algo, y que después de eso, repentinamente Kuga cambió de opinión. -¿No te han dado permiso?-. Dijo con sarcasmo, no logró ninguna reacción por parte de Natsuki, eso le causó una mayor molestia. Le echó una mirada de repudio a la castaña. -¿Acaso tu novia te ajustó la correa?-. Escupió las palabras. -Creía que la gran Kuga hacía lo que le venía en gana-.

Eso sí que le pareció gracioso a la oji verde. -Precisamente porque hago lo que me viene en gana, puedo cambiar de opinión cuando quiera-. Su soberbia salió a flote con gran esplendor. -Ella no es mi novia, pero sabes-. Shizuru previó por donde iba la cosa y se acercó, contenta de ser su cómplice. -Prefiero pasar la noche con Fujino, que contigo-. Natsuki le besó, con tal vehemencia que dejo claro que lo suyo si era pasión y no una mera actuación para callarle la boca. Después miró despectivamente a quien le veía con reproche. -Tendrás que buscar a otra, ya vete-. Podía ser realmente cruel cuando quería, y en ese momento, quería serlo.

Cuando la chica se fue, Kuga le dio las gracias a Fujino, con la firme creencia de que le había cuidado la espalda, cuando evidentemente, la castaña sí había visto un peligro que ella hubo pasado por alto. -No te entretengo más-. Iba a despedirse de Shizuru, consciente de que su amiga ya había elegido acompañante.

Entonces Shizuru se levantó de la mesa para ir a la barra donde estaba la chica con la que había quedado, le dio una sonrisa coqueta y le dijo que se la debía para la próxima, no hubo reacciones negativas, esa mujer si entendía que ahí no existía nada seguro. Regresó a la mesa justo cuando Kuga estaba por irse. -Voy contigo-.

Alzó una ceja. -¿Y la chica?-. Una pequeña sonrisa nació en su rostro.

-Prefiero pasar la noche con Kuga, que con ella-. Dijo en una parodia del anterior comentario de Natsuki. -Al menos claro, que hoy no quieras hacerlo conmigo-.

-La suposición ofende-. Le tomó del brazo. -Vámonos-.

Al salir al estacionamiento, Shizuru alcanzó a ver de reojo a la chica que le había dado mala espina, estaba cerca de la puerta, perdida en su propio mundo, a punto de inyectarse algo en el brazo, ahí entendió el mal presentimiento, negó con la cabeza. Ella y Natsuki eran unas bebedoras excepcionales, pero no fumaban ni se metían ninguna porquería para drogadictos, irónicamente, eso les parecía patético. Vio a la aludida poniéndose violenta poco antes de que abandonaran el lugar en la motocicleta de Kuga, y supo que hizo lo correcto.

Shizuru no quería arriesgar a Natsuki, y Natsuki le agradecía el gesto a Shizuru.

Detalles así reforzaron su amistad.

Adquirieron más confianza entre sí.

Después de todo, les encantaba ser cómplices la una de la otra.

Esa noche, para el desconcierto de Shizuru, no fueron a un hotel, Natsuki condujo en una dirección desconocida, y en un semáforo en rojo, no pudo evitar bromear con el asunto. -¿Acaso me estás secuestrando?-. Le respondieron con una discreta risa.

Con el cambio de semáforo, siguieron su camino, transcurridos cinco minutos, llegaron a un edificio departamental, en la entrada del estacionamiento pararon para hablar con el guardia. -Señorita Kuga-. El señorita casi provocó la risa de Shizuru. -¿Una acompañante?-. No era por ser metiche, parte de su trabajo consistía en saber quien entraba y quien salía del edificio.

Natsuki entendía la mueca de confusión, jamás llevaba a nadie ahí, a excepción de un par de personas. -Es mi mejor amiga-. Le indicó a Shizuru que se quitara el casco, su belleza impactó al guardia, este dudó con mucha razón que tal mujer fuese solo una amiga de la oji verde, el como se abrazaba a la cintura de esta era muy comprometedor. -Es la señorita Fujino, si un día le ves llegar, déjala pasar-. Sonrió ampliamente, segura de que el guardia no podría olvidar el rostro de Shizuru.

-Sí, señorita Kuga-.

Natsuki fue hasta su sitio en el estacionamiento, luego se dirigieron al ascensor.

-Ara, señorita Kuga-.

-A decir verdad, se me salió una carcajada la primera vez que lo escuché-.

Bajaron en el octavo piso, ya en su puerta, Natsuki abrió no solo su departamento, sino que también otra parte de su vida, dándole paso a Shizuru.

Le invitaba a que le conociera más.

La castaña se sintió enormemente halagada con dicha acción, entendía que el que Natsuki le llevará ahí tenía más significado del percibido a primera vista. Paseó la mirada por el lugar, los colores predominantes eran el negro y diversos tonos de azul, en la sala había un solo sofá, frente a una gigantesca pantalla, que a su vez estaba conectada a un sistema de sonido impresionante.

-¿A qué se debe el cambio de planes?-. Cuestionó, mientras caminaban por la sala, rumbo al que suponía, era el dormitorio de Natsuki. -Siempre hemos ido a hoteles-. Llevaban ocho meses con esa rutina.

-Tú eres la excepción-. Su sonrisa tenía el doble de la seducción acostumbrada. -Si alguien es digna de entrar a mi dormitorio, esa eres tú, Shizuru-. Intencionalmente, habló con una remarcada egolatría, sabiendo que eso le hacía gracia.

-Ara, alguien tiene complejo de diosa-. Sabía que esa era una exageración de su ego, pero en efecto, le gustaba ver la personificación de la arrogancia en Kuga, era una característica tan suya, que sin ella, simplemente no sería Natsuki.

Entraron a la habitación.

-La diosa del sexo-. Siguió bromeando.

-Ten un poco de modestia-. Por supuesto, no quería que la tuviera.

-Como si la necesitara-. Desde que tenía memoria, había sido una chica arrogante y narcisista, con plena confianza en sí misma. Ese era gran parte de su atractivo.

Su dormitorio era amplio, con paredes azul oscuro, del lado derecho había un gran ventanal oculto tras unas cortinas negras, del lado izquierdo dos puertas, una de esas daba al cuarto de baño, y la otra al armario. En el centro había una cama king size, con sabanas negras.

Todo el lugar tenía el aroma de Natsuki fuertemente impregnado, era de esperar, siendo su dormitorio, pero no solo era eso, podía sentirlo en el ambiente.

-Soy la primera en entrar aquí-. No era una pregunta, estaba afirmándolo.

-Sí, ¿te molesta?-. Le miró con un atisbo de preocupación, consideró que quizá había cometido un error al llevarle ahí, tal vez para Shizuru eso fuese una clase de compromiso que no deseaba adquirir. -Podemos marcharnos, si gustas-.

-Quedémonos-. El beso fue tan repentino, que por poco Kuga no lo corresponde, sintió las manos de Shizuru en su cintura. -Me excita la idea de hacerlo en tu cama-. Rápida, le quitó la chaqueta y la camisa. -La cama que es prohibida para todas, menos para mí-.

Natsuki emitió esa mezcla tan suya, de gruñido con gemido. -Demuéstrame porque te concedí ese privilegio-. Volvieron a confirmar que ambas eran la una para la otra, la mejor opción a la hora del sexo.

No necesitaban más.