Esta historia fue publicada Originalmente por: Lupe the Punky Hedgehog (anteriormente Linli-chan) Sin embargo ella no pudo seguir más con este proyecto y le pedí me diera el honor de proseguirla y aquí esta.

Cuatro

Por: Tania

Idea original de: Linli-chan

"Los ángeles y los demonios existen, solo hay que aprender a obsérvalos" "¿Y si no puedo? ¿Cómo hago?" "Cierra tus ojos, concéntrate y cuenta hasta tres" "¿Y si… llego hasta cuatro?"…

Capitulo II:

"Pactante"

Las calles solitarias de Tokio por la noche eran el mejor escenario para ver morir. Su caminar era lento, seguro, imponente. Bajo aquel abrigo de piel tan negro como su cabello que caía deliberadamente por su espalda, llevaba las armas necesarias para luchar, las manos dentro de sus bolsillos indicaban fría tranquilidad.

–Excelente, porque este trabajo es mucho más peligroso que todos los demás – le informo mientras se reclinaba en su sillón

–Habla ya, no tengo tu tiempo – Gruñó el híbrido con desinterés

–Parece que tenemos el caso de un pactante – se detuvo mientras abría una carpeta con una variedad de papeles – Y no uno cualquiera –continuó – Con la apariencia de un simple hombre, se ha encargado de causarles problemas a los mortales…

– ¿Con que de eso se trata? ¿Resolver problemas de los humanos será mi tarea ahora? – Reclamó aunque sin perder ese dejo de desinterés en su habla

–Aun no me dejas terminar – Bufó Sesshomaru molesto por ser interrumpido –Este pactante también se a encargado de asesinar a gran cantidad de criaturas sobrenaturales, ángeles, demonios y hasta vampiros – se detuvo dando énfasis a esta ultima especie mencionada refiriéndose a Inuyasha

–Lastima que yo sea un híbrido – aclaro defendiéndose con ironía –al igual que tu, Sesshomaru – argumentó sabiendo que a este le molestaba bastante que la gente le llamara de esa forma

El caminante continuó su trayecto, tenía la referencia para buscar al pactante, no era un lugar muy lejos y quería terminar pronto, no deseaba alargar nada, nunca le gustó.

Ya entrada la noche el edificio residencia de su objetivo estaba frente suyo, nueve pisos lo conformaban, pero en ninguno se encontraba el sujeto, pues su paradero era bajo tierra, en un club secreto como muchos se albergaba en la penumbra.

Avanzó por el estacionamiento del lugar hasta el ascensor… nueve pisos se vislumbraban en el marcador, pero no había más abajo. Se adentro sabiendo que el estacionamiento era el primer piso oprimió el botón que no indicaba ningún numero. Nadie jamás lo oprimía, nadie que no pudiera verlo por supuesto.

El ascensor se había detenido bruscamente pero sin lograr inmutarlo, las puertas se abrieron lentamente más de lo habitual según el híbrido, dejando ver en el acto un pasillo plateado por el aluminio que recubría las paredes y que daba un toque un tanto sofisticado y moderno a tan inmundo lugar. Camino entonces siempre con las manos dentro de sus bolsillos del pantalón, sereno pero algo molesto por el bullicio que se comenzaba a colar desde el interior.

Justo en la entrada estaba una mujer, bastante elegante, pero con exuberantes vestimentas que excluían la imaginación en su totalidad, unos tacones altos que delineaban sus piernas delgadas y unos dedos delgados con unas uñas largas dándole un toque macabro… Inuyasha no necesitaba pensar en esa criatura de aspecto seductor como una mujer, sabía a la perfección que en un recinto de demonios y criaturas oscuras, solo estas habría. La mujer le miro con deseo, era visiblemente más alta que el por aquellos tacones de unos diez centímetros, pero el no parecía tener intenciones de saciar bajos instintos así que ella se limitó a mostrarle una carta al reverso. Quien imaginaría una bella mujer de aspecto frágil se encontraría resguardando la puerta de un lugar exclusivo, pero solo los que podían entrar, los que podían saber que la cara de esa carta era un tres de diamantes podrían saber que aquella criatura que por fémina se hacia pasar no era más que una poderosa criatura maligna capaz de arrancar la cabeza a alguien con tan solo una garra, no muy lejana de imaginar de sus uñas largas.

Con su respuesta inmediata después de contar hasta tres le fue concedido el pase de admisión

Buscó con la mirada la imagen de la fotografía que le fue mostraba, unos ojos chicos pero brillantes tan rojos como la pura sangre y cabellos ondulados, demasiado, casi rizado de un largo pronunciado hasta media espalda tal vez recogido en una cola alta. Nada, no lo halló.

Esa noche el caminante falló en su misión, pero seguiría buscándole, todavía había más formas de hacerlo y el no conocía la derrota solo la postergación, aun podía usarla a "ella"

Así por fin pudo al pequeño edificio de unos cuatro pisos como máximo, allí estaba quien le llevaría a su objetivo sin duda.

–Vive con una mujer, seguramente podría llegar a el si consigues la cooperación de ella. No tengo ninguna fotografía, pero estoy seguro que no te costara trabajo reconocerla, Musuo es bastante peculiar con su trato.

Recordó entonces las palabras de Sesshomaru, el nombre del pactante: Musuo.

Observó con detenimiento la puerta como analizando el interior, esperando tal vez un asalto por sorpresa o algún imprevisto con demonios, sin embargo toco sin miedos aguardando resultados. Nadie abrió pero supuso que alguien había dentro y que bien sabía que el estaba allí pues noto un ligero movimiento en la puerta como si se recargasen. No dudó en nuevamente volver a tocar, después de haber analizado bien quien estaba allí adentro era un humano puesto la esencia no era poderosa ni maligna.

Asomando medio rostro abrió entonces con visible temor la puerta desde adentro. Observó con detenimiento la figura sombría por las vestimentas y el destello dorado de unos ojos fríos que la miraban

– ¡¿Tu?! – Inquirió con visible sorpresa dejándose abrir por completo la puerta…

Continuara…

Bueno, aquí esta 'Cuatro' ahora la escritora soy yo, espero poder llevar esta historia por buen camino y disculpen la molestia

Sin más, hasta el próximo capitulo

Ya nÁ!