2. ...no es una buena idea.

De nuevo el silencio.

Ya lo había dicho.

Se sostuvieron la mirada por unos largos segundos. La tensión se respiraba en el ambiente. Satoshi no decía nada, pero Yasuchika sabía que lo había oído. Finalmente, como toda reacción, el Morinozuka se dio media vuelta e inclinando la cabeza hacia un lado volvió a forigarse el oído por si le habían quedado restos de agua dentro. Después se giró otra vez hacia Yasuchika quien lo seguía mirando con tanta intensidad que daban ganas de arrearle... Bien fuerte.

-Bien... -habló Satoshi con una sonrisa demasiado forzada. -¿Decías algo sobre mi?

-Que... estoy enamorado de ti. -repitió él. Se escuchó lejano. Como si fuera otro el que hubiera pronunciado esto y no él mismo.

Iba completamente en serio.

-Ya veo... -sonrió el otro nuevamente. Sus dedos se crisparon con fuerza en torno a la toalla en su cintura. Era lo más cercano que tenía entre manos; la agarró con fuerza... Después, con un velocísimo movimiento, la usó para golpearle a su primo en toda la cabeza. Le habrían saltado las gafas de haberlas llevado puestas. -¡De eso ni hablar! -le gritó totalmente ido, mientras seguía pegándole con toda su alma. -¡Deja de flipar pepinos¡Poco hombre¡¿Qué tontería es esa, EH¡Degenerado!

-¡Pero no me pegues! -exclamó Yasuchika algo dolido, mientras el otro lo perseguía por todo el vestuario y cambiaba la toalla por el shinai. -Estoy hablando completamente en serio, Satoshi...

-¡Te he dicho que NO!¡Y un hombre aguanta cualquier golpe que le venga encima! -le espetó, propinándole esta vez uno bien fuerte con el extremo del shinai. -¡Recupera tu hombría, Yasuchika!

-¡Eso no tiene nada que ver! -se defendió (verbalmente), mientras se protegía la cabeza con los brazos. -¡Sí ya soy un hombre!

-¡Nada de eso¡Un hombre de verdad no va por ahí diciendo que está enamorado de cualquier chico¡Eso es una enfermedad!

-¡Pero no es cualquiera¡Sólo eres tú!

-¡Ni hablar! -arremetió, con un último mamporro que lo dejó aturdido en el suelo, cerca de la puerta a las duchas.

Satoshi se detuvo a respirar algo sofocado, más por la noticia que por el ejercicio (le ha pegado como nunca lo había hecho). Se quedó parado por unos momentos contemplando al desvalido de su primo. Solo entonces se fijó en que había tirado la toalla por algún sitio del vestuario para coger el shinai y ahora estaba desnudo. Y Yasuchika lo miraba...a él o a algún punto perdido en el infinito. (Es lo segundo).

-¡Y ponte las gafas de una vez, maldita sea! -le soltó, propinándole un punta pie en la cabeza y dándose media vuelta para cambiarse o vestirse con algo.

-¡¿Qué¿Ahora quieres que me ponga las gafas? -consiguió decir, poniéndose también de pie a duras pernas. -Tú si que estás enfermo.

-¡Eso es ahora¡AHORA! Después no hace falta. ¿O te crees que no me he dado cuenta de que te has aprovechado de la situación, eh¡Claro! Justo no te las pones cuando te vas a meter a la ducha conmigo!

-¡Tú eres tonto¿Me has visto alguna vez ducharme con gafas?

-¡¿Qué¿Me estás diciendo que todo esto ya viene de mucho antes? -ahogó horrorizado, abrochándose ya los pantalones con una inusitada prisa.

-¡Claro que no!

-... Debí haberme fijado... -siguió Satoshi a lo suyo, llevándose una mano a la frente. Acabándose de dar cuenta de algo tan obvio. - No era muy normal que tú fueras el único que se quedara duchándose conmigo en los vestuarios del capitán...

-Satoshi, yo soy el capitán del club¡Tú eres el que se viene conmigo!

-...ni siquiera después de las clases de gimnasia se ducha con el resto... Siempre lo hace conmigo... -hablaba para si mismo.

-El resto no se quiere duchar contigo porque les das miedo cuando imitas a Mufasa y a Agumon digievolucionando... Y créeme, les comprendo.

-... Claro, soy tan atractivo e irresistible que lo he estado tentando sin darme cuenta...

-¡¿Pero qué estás diciendo?!

-¡¿Cómo he podido dejar que sucediera algo así?! -comenzó a clamar al cielo. - No me puedo perdonar como Morinozuka que algo así haya ocurrido... ¡Sé que la culpa no es solo tuya Yasuchika¡Yo te tenté como la manzana! -se giró repentinamente, sacudiéndolo por los hombros.

-¿Qué manzana?

Le pegó un capón (que no viene a cuento) haciéndolo callar para poder explicarse.

-¡No te preocupes Yasuchika¡Lo superaremos juntos!

- ¿Qué... Qué quieres decir con eso? -inquirió asustándose con lo que se le hubiera podido pasar al otro por la cabeza. Ese hombre era lunáticamente imprevisible. Estaba seguro de que fuera lo que fuera, él no estaría de acuerdo. Desde luego no se imaginaba algo así:

- Sé que estas cosas son pasajeras. Estás enfermo después de todo, a pesar de lo que haya dicho la enfermera. ¡Pero no te preocupes! No es algo que no pueda corregirse si se trata con los debidos métodos. -le garantizó muy serio. Yasuchika simplemente se asustó. -¡Recuperaremos tu hombría¡Iremos a buscarla a dónde quiera que la hayas perdido! Volverás a ir por el camino correcto gracias a mi y no permitiré por nada del mundo que vuelvas a descarriarte. ¡Lo juro por el obi de mi abuela!

-Satoshi, ese obi está roto.

-¡No blasfemes! -le pegó una vez más. -Y deja de mirarme con esa cara. Desde ahora eres mi paciente, y un paciente debe de poner de su parte si quiere curarse. Harás todo lo que el doctor te mande.

-Satoshi, tu no eres ningún médico y menos el mío. Además, me parece que no has entendido nada. -habló con relativa paciencia. -No estoy enfermo. Estar enamorado de una persona no es una enfermedad (Pero si lo estás de Satoshi ya es otro cantar, eh?) Deberías... ¡No sé! Pero desde luego darme una paliza no es un remedio ni es nada.

-¡Negación¡No admites tu enfermedad y eso es malo¡Muy malo! -se alarmó el otro. - Estás peor de lo que creía. ¡Empezaremos tu tratamiento intensivo ahora mismo! -y sin ninguna ceremonia lo agarró del brazo y lo arrastró fuera de los vestuarios, casi a medio vestir; con la ropa descolocada.

-¿Pero qué haces chiflado¿A dónde me llevas? - iba protestando el otro, que no podía oponerse a la fuerza con la que tiraba de él, ni a la cabezonería del chico. -¡Suéltame al menos¡Sé caminar por mi mismo!

Satoshi no contestó entonces, ni le obedeció. Caminaba encenegado, a grandes zancadas por el pasillo, con Yasuchika en una mano y el shinai en la otra. Las personas con las que se iban cruzando se apartaban inmediatamente, sintiendo su aura devastadora (la tiene). Y todo eso a Yasuchika le daba mucho miedo. Conocía bien a su primo y sabía que su cerebro estaba maquinando algo a toda velocidad, mientras lo remolcaba por medio instituto. Lo único que podía hacer en esos instantes era esperar a que se detuvieran y suplicar a algún tipo de divinidad que tuviera piedad con él... Si es que eso era posible.

Finalmente ese momento llegó. Satoshi detuvo su marcha frente a unas escaleras, que daban a un ala del edificio en el que las salas estaban destinadas casi exclusivamente a puntos de reunión entre estudiantes y sedes de distintos clubes.

-¿Se puede saber por qué me has traído hasta aquí? -le soltó Yasuchika, bastante irritado con las reacciones del Morinozuka.

Él se lo quedó mirando pensativo por unos segundos sin decir nada, con los labios fruncidos y una mano en la barbilla. (Ni si quiera él sabe que hacen ahí... A tirado a andar y ahí han llegado.)

- No es normal que te gusten los hombres¿Lo sabías? -le dijo solamente, lo que provocó que el chaval comenzará a desesperarse. Afortunadamente (o no) también añadió: - He estado pensando arduamente a qué se debe esa falta de hombría. Eres un Haninozuka, te gustan los deportes y se te dan bien, no te dan asco los bichos, aborreces el color rosa, te gusta el solomillo poco hecho, haces demasiado ruido cuando comes fideos, rompes los calcetines cuando no te cortas las uñas de los pies, borras con el dedo cuando no tienes goma a mano o miga de pan, humm..todavía no te afeitas... -la gota en el rostro de Yasuchika era cada vez más grande...¿Se podían tener más ganas de matarlo? -Pero estás en el club de karate y el de judo. Todo eso es muy varonil... Es algo que cualquier hombre sabe apreciar y no te hace dudar acerca de... ¡Por dios Yasuchika¡Cada vez que lo pienso me pongo malo!

¡El caso es encontrar algo que hace que seas menos hombre de lo poco hombre que ya eres!

-¿Cómo que poco hombre? -protestó. - Y me lo dice alguien que se paseó con diademas con flores y horquillitas de corazones, durante una semana entera por el instituto.

- ¡Oye¡Eso es varonil si lo llevo yo! -se quejó ofendido. -Y otro ejemplo es Mitsukuni.

-¡Sí claro!

-¡Es un Host! Sólo tienes que fijarte en eso. ¿Te crees que tendría clientas si no fuera tan masculino?

-¿Masculino¡Ni me lo nombres!¡Ni a él ni a ese deshonroso club!

-¡Ajá¡Y es eso exactamente lo que te falta! - exclamó de golpe teniendo una genuina y definitiva idea. Una muy peligrosa y nada agradable para Yasuchika.

-¿Qué...? Espera, espera... Si estás pensando en algo en el que esté implicado mi hermano o el club de Host, o ambas cosas...

-¡Chicas¡Yasuchika son las chicas! -gritó contentísimo de haber dado con ello. -Para que no te gusten los hombres han de gustarte las chicas. ¡Y nunca te ha gustado ninguna en serio¿Cómo no he podido darme cuenta antes? Necesitas entablar conversación con una sílfide, femenina y sofisticada, salir con ella, casarte y procrear...

-... Estás fatal.

-¡Ven! -le dijo volviéndole a coger del brazo, descendiendo por las escaleras a trompicones. -Si nuestros pasos nos han guiado hasta aquí, ha sido gracias a mi perspicacia e intuición. Te llevaré a ver a las que son las chicas más hermosas, admiradas y bien proporcionadas de toda la secundaria. ¡Y no es por que yo lo diga! Todo el mundo lo hace. Además puedo garantizarte que la ropa interior que tienen es preciosa. Ningún hombre puede resistirse a sus encantos. Caerás como lo hizo la tripulación de Ulises ante las sirenas... Así que ya te estás quitando las gafas para verlas mejor.

-¡¿Pero qué dices?! -se escandalizó el otro. Esa idea era para echarse a temblar. Se sentía mareado y tenía el estómago revuelto.

¿Satoshi se lo llevaba a ver chicas¿A espiarlas como un vulgar obseso¿Y qué era eso de que le "garantizaba"¿Es que él ya lo había hecho alguna vez?

-Satoshi deja de decir estupideces. Esa es sin duda una de tus peores ideas. Además, no pienso hacerlo. No me servirá de nada. Tu no lo comprendes... El que salía como respuesta a todas esas cuestiones eras tú. -empezó a atolondrarse, mientras era arrastrado sin piedad.

-¡Bobadas! -le espetó sin dejarle explicarse.

Y así, mientras seguían avanzado con paso decidido, Yasuchika comenzaba a sentirse cada vez más mareado y más enfermo. Notaba un sabor amargo en la garganta que le llegaba al estómago, envenenándolo. Un fuerte olor a esencia de trementina, aguarrás y pinturas al óleo denotaban que se acercaban al taller de arte. El odiaba ese sitio. Nunca le había gustado ese hedor gasificado en el ambiente (prefería el pegamento). Y se preguntó si el que Satoshi lo condujera a aquel sitio formaba parte de la peculiar tortura. Cuando el chico se detuvo frente a las dos enormes puertas del Club de arte, corroboró la sospecha...

¿Pero por qué lo llevaba allí¿No había dicho algo completamente diferente¿No quería llevarlo a espiar chicas? El alivio lo asaltó por unos instantes, porque no se imaginaba a si mismo siendo obligado a mirar a un puñado de niñas en ropa interior. La idea era repulsiva e irrespetuosa... Entonces regresó a él un pavor indescriptible, puesto que conocía a Satoshi y jamás se pondría a hacer algo como aquello, ni lo violentaría de tales formas. Incluso si se trataba de un caso como el presente, en el que pretendía.. Euhmm.. ¿ayudarlo? Por muchas hormonas alteradas que hubiera de por medio, habían sido educados para saber comportarse y respetar a las damas. La palabra mirón no se ajustaba a ninguno de los dos.

Y ahí entraba el papel del club de arte y su afán por pintar "al natural". Lo sabía de primera mano, ya que su hermana se quejaba de las poses difíciles de las modelos; de que tenían el culo raro y las tetas de plástico cuando la silicona era algo que ya no se llevaba; menos si es para algo "al natural" (palabras textuales de Kurumi) y a ver cuando les ponían delante a un hombre de verdad. Satoshi había sido muy perspicaz.

Y el chico entró. Y él fue detrás.

Un sudor frío comenzó a recorrer su espalda. Nunca había visto a una mujer ajena a la familia, completamente desnuda y en directo. Y no quería hacerlo. Menos de ese modo (más razones para detestar el club de arte). Sabía que si dirigía sus ojos hacia el entablamento del pequeño escenario situado en el aula, podría ver a una modelo de curvas sinuosas en alguna pose "artística", tal y como su madre la trajo al mundo. Los estudiantes de arte las veían como meros objetos con su grado de complejidad dibujística, pero Satoshi quería que lo hiciera de otra forma.

Él no.

Lo único que deseaba era que su primo llegara a comprenderle, explicarle qué le había llevado a deducir que era el amor de su vida, poder marcharse a su casa y en el caso de que el pasado pudiera cambiarse, no haber leído jamás la revista de su hermana.

Sin embargo, cuando inevitablemente fijó su vista en el escenario, no encontró otra cosa si no un bodegón compuesto por un juego de té. La tetera era enorme, eso sí, pero ni rastro de cualquier modelo, hombre o mujer.

Parpadeó confuso.

El Morinozuka entonces lo tomó por los hombros y mirándole directamente le habló muy serio; de todo corazón:

-Yasuchika, yo te he traído hasta aquí. He sido quien te ha mostrado la puerta, pero eres tú el que debe cruzarla.

El chico intentó girar la cara para no tener que fijarse en esos ojos de chalado que ponía el otro. Cuando Satoshi hablaba en tono peliculero daba mucha grima. Una mueca de prolongada circunstancia estaba presente en el rostro del Haninozuka. No obstante, Satoshi no le permitió escaquearse y le obligó a no deshacer el contacto visual.

-Ahora todo depende de ti... ¡Sé que puedes hacerlo!

-¿...Qué hacemos en el club de arte...?

Antes de recibir la verdadera contestación, un mamporro cayó sobre su cabeza.

-¡Chicas, Yasuchika¡Chicas¿Ya te has olvidado? Tu enfermedad es muy preocupante... ¡Deja de pensar en mi! Cualquier otro estudiante habría estado emocionado con la idea y tú pierdes todo el interés. - bramó, desesperado ante el caso perdido que tenía delante. Luego volvió a punzarle repetidas veces con el extremo del shinai. -¡Chicas! Hermosas damiselas de sonrisa y mirada angelical... ¡Las dos chicas más bellas de toda secundaria alta!

Y como si hubiera estado esperando el momento propicio para presentar una sensacional obra teatral, su dedo índice señaló en una estudiada dirección hacia dos personas: Su prima Meiko, hermana de Satoshi y la suya propia: Kurumi Haninozuka. Ambas ante sus caballetes, dibujando la tetera. Las dos eran miembros de aquel pestilente Club.

Satoshi sonrió orgulloso y Kurumi que se percató de que ambos estaban allí, en el momento en el que escuchó la última y escandalosa frase del chico, corrió entusiasmada a saludarle.

-¡Satoshi¡Oh¿De verdad piensas eso? -inquirió despidiendo una incontable cantidad de corazoncitos. - ¿Somos las dos chicas más bellas de toda secundaria?

-¡Claro que sí¡Y no sólo lo pienso yo! Todo el mundo lo hace.

Por otro lado, a Yasuchika se le fue el alma al suelo. Si el alma fuera algo que tuviera una materia consistente, habría sonado muy muy fuerte al estamparse contra él. Con un sonido seco. Pesada como una mole de varias toneladas.

Se llevó una mano a la frente y se la frotó, intentando no perder los papeles... Ahora también tenía jaqueca.

Recapituló: Primero Satoshi le pegaba una paliza y le llamaba enfermo por haberle dicho que estaba enamorado de él. Luego se lo llevaba a espiar chicas... Bien. No, no está bien. Pero¿Esas chicas eran su hermana menor y su prima¿De verdad esperaba que afloraran en él sus instintos más viriles al verlas¡Precisamente ellas¿Y eso no era acaso una enfermedad de lo más incestuosa¿Es que Satoshi no se daba cuenta?¡Era su hermana!

-Por cierto Satoshi, -prosiguió Kurumi, ignorando completamente a Yasuchika que estaba entrando en una fase un tanto cataclísmica. - ¿Qué es lo que estáis haciendo aquí¿Quieres que te dibuje? Tengo las sanguinas, tizas y carboncillos así que puedo hacerte un retrato chachi-molón. ¡Como el de Titanic!

-Hoy nos toca bodegón con óleos. -le dijo Meiko, nada más oírla.

-¡Jopeta Meiko! Que la tetera es horrorosa.

Su prima chasqueó la lengua.

-Pues verás, -comenzó el chico con una reluciente sonrisa. Volvió a coger a Yasuchika por los hombros como si fuera un pelele y lo empujó hacia las dos. - Es que Yasuchika quiere hablar con vosotras. -y le guiñó el ojo mientras con la mano en la que no llevaba el shinai, alzaba un pulgar en una pose de lo más optimista

Lo fulminó instantáneamente con la mirada queriéndolo matar ahí mismo. Estaba loco.

-¿Qué es lo que quieres? -le preguntó Kurumi bastante borde, poniendo los brazos en jarras. -¿No podías esperarte hasta llegar a casa¿Tanto te urge? Mira que eres pesado.

Meiko por otra parte esperó paciente a lo que fuera que tuviera que contarles. Pero Yasuchika no les dijo nada. En lugar de eso se giró hacia Satoshi y cogiéndolo por el brazo, se lo llevó un poco a parte para hablar con él. Las dos chicas parpadearon totalmente perdidas.

-¿Pero qué haces¡Conmigo no tienes que hablar¡Es con ellas! -exclamó el Morinozuka indignado. -A mi ya me has dicho todo lo que tenías por ahí guardado¡Y si hay algo más, no quiero saberlo!

-¡Cállate¿Cómo se te ocurre traerme aquí por ellas pedazo de burro¡Qué son de la familia!

-¿Y qué? También yo soy tu primo y no te has cortado en absoluto. Si fueras todo lo macho que deberías ser, sabrías que Kurumi es la primera en la lista de popularidad entre los chicos de secundaria. Tiene unas tetas bonitas.

-¿¡Pero qué dices ahora cerebro de anémona?! - en este caso fue él quién le pegó un capón a Satoshi (bien merecido). -Nosotros no debemos fijarnos en esas cosas. ¡El que está enfermo eres tú!

-¡Negación, negación y más negación! Deberías agradecérmelo y no haces más que reprocharme todo lo que estoy haciendo por ti.

-Ponerme enfermo, eso es lo único que haces.

-¡Es una buena solución! El fallo es tu falta de cooperación, Yasuchika. Además, tu opinión de poco-hombre no cuenta.

-¿Qué¿Buena solución¿Cooperación¿Pero tú piensas antes de hablar o hacer las cosas¡No es normal venir aquí para fijarse en si Meiko y Kurumi tienen unos pechos bonitos¡Si hasta es menos descabellada la idea de espiar al club de animadoras en ropa interior, o acudir al club de arte para ver a una modelo posar desnuda! -gritó enfurecido.

El silencio se hizo por completo.

Estas dos últimas frases las había dicho demasiado fuerte...

Satoshi lo miraba con ojos desorbitados. Una expresión muy parecida había aparecido en los rostros de las dos chicas, que afortunadamente eran las otras únicas personas en el aula que le habían escuchado.

Todo se paralizó. El silencio se estaba alargando demasiado.

-Ya-su-chi-ka... -comenzó Kurumi apretando los puños. -¡Eres un cochino! -le gritó pegándole una buena patada en todo el estómago. -¡Cerdo¡Pervertido¡Más quemado y salido que el pico de una plancha de viaje!¡Enfermo!¡Reprimido sexual!

Meiko solamente negó con la cabeza y dejó a la chica hacer. Aún no se creía lo que acababa de oír. Estaba procesando la información.

-¡No¡Kurumi no es lo que crees! Satoshi...

-¡Has venido para verme las tetas! -siguió chillando como una banshee enloquecida, comenzando a arrojarle ahora todo lo que pillaban sus manos. Volaron desde gomas, pinceles y tubos con pintura, hasta caballetes con sus lienzos, taburetes y mesas. Todo contra su hermano; lanzado con una precisión y fuerza escalofriante. Tal y como cabía esperar de una Haninozuka colérica. La tetera gorda del bodegón pasó rozándole peligrosamente el lóbulo de la oreja. -¡Fuera de mi vista depravado¡Y como por dormir contigo me quede embarazada te mataré¡Haz el favor de controlarlo Satoshi, idiota!¡Si hace falta cástralo! -se quedó gritando la niña, mientras los otros dos no tenían otra que hacer mas que salir por patas de ahí. Una tormenta de muebles voladores se estrellaba a sus espaldas con estrépito.

Después de una intensiva huida, en la que llegaron hasta prácticamente el extremo opuesto de ése recinto, se sentaron en el suelo apoyados en la pared del pasillo con sobrealiento.

Satoshi negó con la cabeza.

-Tu hermana tiene razón. -le aseguró acalorado. - Eso debe ser porque eres un reprimido sexual.

-¿Qué¡Si la culpa de que casi me mate es tuya!

-Yasuchika, la continencia es mala. Aunque en tu caso prefiero ser un poco egoísta.

-¿Pero de qué estás hablando? No fantaseo contigo si es lo que crees.

-Ya... - musitó escéptico. Suspiró. - Tal vez después de todo no haya sido tan buena idea. No has sabido aprovecharla.

-¡Claro que no ha sido buena idea! Te lo dije antes. Es de las peores que has tenido en tu vida.

-Kurumi es demasiado agresiva. -siguió pensando el otro en voz alta, ignorando bastante a Yasuchika. -Necesitaremos mujeres un poco más maduras, sofisticadas y femeninas. Aunque no sean tan guapas como Kurumi o Meiko, hemos de encontrar a quienes de verdad entiendan de esencia masculina.

Yasuchika no dijo nada. Sabía que sería inútil protestar y tan solo lo miró en completo desacuerdo.

-¡Sé a dónde debemos ir a buscarlas! Es el único lugar, desde luego. Estoy seguro de que se alegrarán de verte. Y tu y yo tenemos pase VIP.

-No quiero ir. -terminó el chico, sin ni siquiera saber a dónde quería llevarlo. -No me interesa en absoluto hablar con ninguna chica. Eso no cambiará nada.

Satoshi ya había dejado muy claro anteriormente que la opinión de su primo no contaba. Por lo tanto, esta vez Yasuchika tampoco pudo hacerle nada al respecto. Sin darse a penas cuenta, ambos aparecieron ante otro de los lugares más detestados por el chico. Satoshi parecía todo un guía turístico organizándole un tour privado de sus sitios más odiados en el Ouran. Y aquel sin duda se llevaba la palma.

Ahora se encontraban en el recinto de bachillerato, así que por mucho ímpetu que poseyera Satoshi, fue cortés y llamó a la puerta antes de entrar de lleno en el mismísimo Olimpo y el Dios Hermes saliera a recibirles sin mucho entusiasmo...

-Lo lamento, pero eso es imposible. -fue la respuesta que le dio Kyôya, una vez Satoshi hubo lanzado su idea bomba, contra el vicepresidente de ese club.

Afortunadamente para Yasuchika, el encantador "Eros" estaba muy ocupado engullendo una desmedida cantidad de lacasitos que colmaban una gigantesca copa de cristal (sí, se los bebe), y no salió a recibirle. Al igual que el resto de los Host los ignoraron en cierta medida. Dada la fama que tenían de entrar en el Club y dejarlo siempre patas arriba, no era de extrañar que prefirieran tenerlos prudentemente apartados cerca de la entrada, y Kyôya se encargara de echarlos delicadamente.

Si no iban a hablar con sus hermanos, podrían esperar a abrirse la cabeza en el dojo de su casa.

-Vayámonos Satoshi. -repetía inútilmente el menor de los Haninozuka, una y otra vez. Se sentía terriblemente avergonzado de tener que aguantar a su primo al lado. Incluso más que aquella semana en la que se puso un montón de cachivaches kawaiis en la cabeza. Pero es que lo que acababa de pedirle a Ôtori era además de estúpido, deshonroso.

Kyôya lo miraba casi compasivo, queriendo que Satoshi lo obedeciera por una vez en su vida. Pero éste no se había quedado conforme.

-¿Por qué no puede ser? -arremetió una vez más. -No estamos pidiendo nada malo ni imposible.

-Esto es un club de Host, Satoshi-kun. Y las clientas son eso: clientas. -habló con paciencia. - No puedo hacer que ellas atiendan a Yasuchika. No son unas hostest. Los que trabajamos aquí somos nosotros.

-Pero es que si sois hombres no sirve de nada. -protestó. - Necesitamos que sean chicas. Con que pueda atenderle una me conformo. Seguro que a cualquier clienta de Mitsukuni no le importaría hacerlo.

-No puede ser. -volvió a negarse Kyôya. - Pero si lo que quieres es una chica no te preocupes. - y con una sonrisa más que perversa y oscura, ante cualquier posibilidad de ganar clientela no importa cómo, se volvió hacia Haruhi y la llamó para que acudiera.

La pobre que estaba más que harta de tener que cargar con una apretada armadura, un yelmo y un búho auténtico que no dejaba de ulularle al oído. Maldecía entre dientes a Tamaki por esa idea tan... Tamaki (ella no es Harry Potter para tener que soportar un bicho así), avanzó hacia su senpai y los otros dos chicos con marcada pesadez.

-Hoy Haruhi-kun va de Atenea, toda una diosa ¿Verdad que casi parece una mujer? -les explicó el chico sin dejar de sonreír.

Ella lo fulminó con la mirada al instante. Sus ojos decían claramente un "Será porque soy una mujer."

-Yasuchika-kun no notará la diferencia, te lo garantizo. -prosiguió, dejando a Haruhi anonadada. La estaba vendiendo como si fuera un cacharro multifunciones de mercadillo (solo les falta regatear). - Y si no os motiva esta ropa, Tamaki le había preparado una túnica para que interpretara a Afrodita que no quiso llevar. Pero la tenemos guardada. Le pondremos peluca, le maquillarán y le convertiremos en la diosa del amor. Será como si estuvierais ante una chica.

-¡Me niego! -gritaron Haruhi y Yasuchika al mismo tiempo.

-No me pienso vestir con eso Kyôya-senpai. Bastante tengo con interpretar a Atenea. -le aseguró Haruhi, mientras el búho agitaba sus alas frenético y se pasaba de un hombro a otro. Pero él le dirigió una mirada en la que se leía "si es para ganar clientes me da igual lo que pienses".

-No. -se opuso también Satoshi, negándose en rotundo para alivio de los dos. -No puede ser un chico y menos travestido. Lo que Yasuchika necesita es una fémina auténtica.

Kyôya suspiró resignado. Aquella era la situación más improbable que le había tocado solucionar en el club. ¿Pedir que las clientas se conviertan en anfitrionas¿Qué es lo que tenían esos dos chavales en la cabeza?

-En ese caso me temo que no podrá ser.-concluyó.

-Vayámonos Satoshi. -le pidió una vez más Yasuchika, tirando de él como un niño pequeño. Pero éste no se movió. El fracaso de su segunda idea lo había dejado conmocionado. Ahora por mucho que discurriera no le venía nada a la mente. Se había quedado en blanco. ¿De dónde iba a sacar más recursos? (Recursos chicas).

-¿Podemos hacer algo más por vosotros? - se atrevió a preguntar Kyôya, deseando en realidad que salieran de su club de una vez por todas. Pero como Satoshi no hacía ademán de irse, se veía obligado a decirles disimuladamente que lo hicieran sin perder la compostura.

-No. -contestó rápidamente Yasuchika. Pero sobre sus palabras Satoshi también habló:

-Dos vasos de leche. -articuló como un robot.

-¿Qué? -inquirió Yasuchika perplejo. -¿Cómo que dos vasos de leche?

-¡Sí¡Dos vasos de leche! Venimos del club de arte y sé que te afecta mucho el olor. -le gritó a su primo, como si se hubiera tenido que dar cuenta de ello y fuera un inconsciente por no haberlo pedido él mismo. Luego se giró hacia Kyôya. -¿O es que también es mucho pedir?

-Haruhi, tráeles lo que piden. -le ordenó sin más, retirándose además a cumplir con sus propias obligaciones y dejándole el muerto a la chica (Muerto ese par de locos).

Ella no tardó en acudir con una bandeja cargando una botella de leche fresca y dos vasos de cristal. Se las sirvió y Yasuchika se bebió la suya de un solo trago para poder irse de allí lo más rápido posible.

-Y ahora nos vamos. -volvió a decirle a su primo. Pero él degustaba aquel líquido como si jamás lo hubiera probado.

-¿Es leche de cabra, a que sí? -le preguntó a Haruhi muy contento.

-Pues... No lo sé.

-Es leche de cabra seguro.

-¿Y eso que más dará¡Vayámonos ya!

-No seas impaciente, Yasuchika. Espérate a que termine. Si bebo deprisa podría atragantarme.

El chico se llevó la mano a la frente y resopló desesperado. Cuando Satoshi quería era capaz de injerir cualquier cosa, no importara que, como lo hacían los hipopótamos de colores en el juego del traga bolas. ¡Y con la misma rapidez y voracidad!

Desvío su mirada por el resto del club, ignorando por supuestísimo a su hermano, sus primos, dioses y resto de mortales. Recayó finalmente en un estante con merchandising. Reconoció entre un montón de chorradas varias, la misma revista que tenía su hermana.

No pudo evitarlo. Se incorporó y avanzó hacia allí para cogerla. Desde la pequeña mesita donde había estado sentado, Satoshi y Haruhi lo observaban con curiosidad.

-¿Puedo tomarla prestada un rato? -le preguntó a Haruhi, cuando volvió hacia allí. -No quiero comprarla. La traeré de vuelta.

-Pues...-comenzó la chica. Pero Satoshi que leyó el nombre de la revista "Wonderful Woman" en la portada, la interrumpió escupiendo toda la leche que llevaba en la boca en esos instantes, regándola a ella y al búho que ululó asustado.

-¡Ni hablar! -le dijo estrellándole el vaso (al menos ya vacío) sobre la cabeza de Yasuchika, que obviamente se rompió (tanto el vaso como la cabeza). Haruhi que aún no se había logrado a acostumbrar a esas reacciones tan agresivas se quedó patitiesa, mirándolos con una mueca de espanto. -¿Una revista de chicas¡Eso si que no¡Suéltala ahora mismo!

Yasuchika no le hizo caso, y aprovechando el lapso temporal en el que Satoshi se armaba con el shinai, él se escabulló por la puerta del club, revista incluida.

-¡Yasuchika¡Vuelve aquí ahora mismo y trae eso!¡Recupera tu hombría!

Lo persiguió poco tiempo por el pasillo hasta que dejaron un poco atrás el bullicio del Host Club. Lo que le detuvo fue esa puñetera revista abierta de par en par frente a él. Su primo la sujetaba con los brazos extendidos.

-¡Léela¡Lee esto de aquí! -le ordenó bastante enfadado.

Podría haber ignorado sus palabras y darle fuertemente una vez más. Pero lo cierto es que su tono de voz le hizo fijar la vista en ella y leer el encabezado con letras enormes de color de rosa, adornadas con florituras y chorreras.

-"Maybe my love"-pronunció en voz alta; sin ningún tipo de emoción.

-"¿Sabías que existe una probabilidad del ochenta y nueve por ciento de que el amor de tu vida sea una persona tan cercana a ti, que ya os conocéis desde hace tiempo?" -continúo Yasuchika, que ya se sabía todo lo que ponía de memoria aunque sólo lo hubiera leído una vez. Satoshi lo miró confundido y asustado. ¿Le pegaba? -¡Kurumi tiene esta revista¡Apareció entre mis cosas e hice el test por puro aburrimiento! -le explicó gritándole. -¡No me digas que estoy enfermo, ni me vuelvas a llevar arrastrado a ver a ninguna chica sin haberlo leído antes!

Le quitó la revista de las manos y sin decir una palabra le obedeció. Ambos echaron a caminar por los desiertos pasillos del edificio de bachillerato, mientras Satoshi leía cada palabra del test muy concentrado. Cuando terminó la cerró y se la devolvió a Yasuchika.

-¿Y bien? -preguntó el Haninozuka esperando a que dijera algo al respecto.

-¿Cómo que "y bien"? Dímelo tú.

-Cada vez que terminaba una de las cuestiones me salías tú como respuesta. ¿Lo comprendes ahora?

Satoshi exhaló un largo suspiro afrontando la realidad (otro loco del Ouran que hace caso a esas revistas).

-Puede que ese sea tu caso, pero al mío no se ajusta ni por confusión. Además, es una revista para chicas. No creo que funcione a no ser de que seas una chica¿No?

-Satoshi, eran TODAS y cada una de las contestaciones. No puedes llegar y tratar de cambiar eso pegándome a conciencia, o llevándome por ahí a buscar chicas. El test lo dice muy claro... Una persona cercana a ti que te conoce desde hace tiempo. ¡No es cualquier bobalicona que va al Club de Hosts a que Mitsukuni le eche las migas de los bizcochos encima¡Eres tú!

-¡Ni hablar! -volvió Satoshi a sus trece. -¿Cómo puedes estar tan seguro de que te gusto sólo por lo que pone en un papel? Estoy de acuerdo en que cada una de las frases es poderosa y fantástica como lo eran las habichuelas mágicas.

-Satoshi, deja de desvariar. No es ningún cuento es una revista...

-Una en la que te ayuda a encontrar a tu príncipe de cuento de hadas¿no? Todo el mundo sabe el tipo de cuentos que adoran las damas del Ouran... Oh -enmudeció. - ¡No puede ser! -se escandalizó de golpe, poniéndose muy pálido.

-¿Y ahora qué?

- Sé cómo romper el maleficio...-cayó en la cuenta, hablando tembloroso.

-¿Qué maleficio? -inquirió el otro, cada vez más y más irritado.

-¡Tu enfermedad Yasuchika¡Es la única solución! Por eso las chicas no han funcionado, por que se trata de un cuento de hadas... -antes de que Yasuchika pudiera replicar otra vez ante semejante incoherencia, Satoshi lo agarró por los hombros con fuerza y clavó sus ojos en los suyos con decisión. - Yasuchika, tienes que besarme.

-¡¿Qué?!-se horrorizó asqueado.

Volvió el silencio.

Satoshi asintió lentamente. Se lo decía completamente en serio. -¡Ni hablar¡Eso si que no¡Es la peor estupidez con diferencia de las que has hecho a lo largo de la tarde¡Y no han sido precisamente pocas!

-¿Te crees que a mi me hace gracia? -le pegó un capón. - Si te lo digo es porque es la única y definitiva solución. Confía en mi. Si lo haces sabrás si te gusto o no. Si te gustan los hombres o no. Es como el primer beso de amor y vivieron felices para siempre... ¡Si no hay amor no pasa nada!

-¡Es una majadería Satoshi!¡Estás loco¡Como una regadera!

-¿Pero por qué te pones así¿No me has estado diciendo antes que estás enamorado de mi? Si lo estuvieras no te importaría hacerlo. Es más¡Te gustaría poder hacerlo!

Yasuchika se quedó sin habla.

No sabía qué decir para debatirle aquello. Tenía razón. Si estuviera enamorado de él no le importaría besarle¿no? Sería lo más normal. Y sin embargo el hecho de pensarlo; imaginarse a si mismo haciéndolo le provocaban nauseas. ¿Entonces no estaba enamorado de él a pesar de lo que dijera el test?

-Tal vez... Tengas razón. -dijo con un hilo de voz. - Es posible de que ésa sea la única manera de saberlo...

- Un solo beso. - le advirtió Satoshi muy serio. Yasuchika asintió conforme y decidido, mientras su conciencia le repetía una y otra vez que todo era una locura y su estómago se contraía oponiéndose a todo aquello. -Y ni se te ocurra aprovecharte de la situación y meterme mano.

-¡¿Pero qué dices loco?! Voy a tener más que suficiente con besarte, sólo me faltaría tener que tocarte.

Entonces Satoshi se inclinó un poquito y aguardó a que el otro se decidiera. Yasuchika lo miró con bastante desconfianza, arrepintiéndose de antemano de lo que iba a hacer, pero optó por hacerle frente a la situación y no pensar en ello. Así que después de un suspiro de resignación, se acercó y sin ningún tipo de ceremonia buscó sus labios, haciendo presión con los suyos. No podía separarse de él y dejarlo todo en un choque forzado, por muy en tensión que se notara y le repudiara todo aquello. Era la única manera de averiguarlo. Satoshi también se dio cuenta de esto y trató de avivar el contacto inútilmente. Después de humedecerse un poco los labios, se separaron con una mueca de disgusto.

Ambos realizaron un repetitivo gesto negativo con la cabeza sin dejar de mirarse.

-Besas horriblemente mal, que lo sepas. -sentenció Satoshi asqueado. - No puedo creer que mi primer beso haya sido tan rancio.

-¡Cállate! Tú tampoco es que te hayas lucido. -le espetó el otro, limpiándose las babas de los labios con la manga. -¡Y además fue idea tuya¡Valiente memez! Obra de Morinozuka Satoshi y no otro...

-Ya claro, me lo dice alguien que se me declaró en la ducha, porque le hizo caso a un test de una revista para niñas. -rió con sorna, muestra del alivio que sentía al saber que Yasuchika seguía siendo el mismo.- A mi me parece que estás mal de la cabeza.

Yasuchika apretó con fuerza la aberración que tenía entre manos, arrugando todas sus páginas.

-Que esto no salga de aquí. -le advirtió amenazante.

-¡Vaya¿Me lo dices en serio? Tenía intención de contárselo todo a Kurumi, seguro que está muy interesada en saberlo después de todo lo que te oyó decir... -cogió el shinai y le arreó en la cabeza. -¡Estúpido¿Te crees que me ha gustado o qué¡Esto no ha existido!

El chico paró los golpes escudándose con la revista, cada vez más maltrecha.

-¡Deja de pegarme de una vez idiota! Al menos ha servido para algo. -Satoshi se apartó e intercambiaron una mirada de alivio y agradecimiento. -Voy a devolver esto antes de que me hagan pagarlo. Con una en casa ya tenemos más que suficiente. -le dijo alzando el churro de revista que tenía en la mano.

El Morinozuka asintió.

-Iré a recoger las cosas.

-Y nos vamos a casa. -concluyó Yasuchika, que estaba más que harto de aquel día tan intenso. Necesitaba descansar y borrarlo de la historia de su existencia.

Avanzó apresurado hacia la sede del mal (el host club otra vez, sí), mucho más animado que cualquier otra vez que hubiera acudido allí. Mucho más que hacía escasos diez minutos. Se habían disipado todas sus dudas. Satoshi tenía razón: no eran mas que palabras en un trozo de papel. A él nunca le había gustado Satoshi y mucho menos los hombres. Puede que no tuviera interés por ninguna chica, pero estaba en una etapa de su vida en la que lo que de verdad le gustaba era practicar karate y conseguir buenos resultados en el instituto. Y a Satoshi lo quería sí... Como siempre lo había hecho.

Se coló en el interior de la tercera sala de música sin hacer a penas ruido, para que no le vieran ni tener que ver a nadie (Hani), y dejó la revista junto a todas las demás apiladas al lado del merchandising. La única persona que se fijó en que había entrado fue un chico que llevaba un búho adormilado en un hombro.

-La he devuelto a su sitio. Gracias. -le dijo a Haruhi, sin mirar, dispuesto a salir por la puerta tan rápido como había entrado. Pero...

-Espera, -lo detuvo aquel chico y él se volvió, expectante. Entonces ocurrió algo que Yasuchika solo pudo definir como muy raro.

Se le acercó con los ojos entornados y alargando la mano le meció el pelo. Yasuchika se notó el corazón acelerado en el pecho por alguna razón que no le gustó, cada vez poniéndose más nervioso mientras un chico con un casco y un búho le tocaba la cabeza como si lo desparasitara... Hasta que su mano se retiró. - Tenías un cristal. -sonrió con sencillez.

-Ah... Vale. -articulo a duras penas, mientras un calor sofocante se concentraba en sus mejillas, que permaneció allí hasta después de abandonar el club y cerrar la puerta.

El corazón todavía le palpitaba con fuerza.

Negó con la cabeza haciendo a un lado todos esos pensamientos.

...Estaba en una etapa de su vida en la que lo que de verdad le gustaba era practicar karate y conseguir buenos resultados en el instituto. Por eso iría a su casa, y una vez allí, solo, haría los deberes y entrenaría. Necesitaba descansar y borrar aquel día de la historia de su existencia...

Tal y como había dicho Satoshi...

Fin.


Me voy de vacaciones mañana y lo he terminado muy orgullosa con el resultado. Así que adoptando mi faceta oculta de la familia Hitachiin, me da igual lo que penséis sobre él. Os dejo con las palabras de mi gemela asimétrica... ¿Naleeh is Ishtar-kun & Yellow is Green? Maybe, maybe...

Postfacio de Ishtarkun: Si has llegado hasta aquí, lo más probable es que estés asqueado,a. Porque no se parece para nada a otros fics que se han colgado, y en los que aparecían estos dos. ¿Pero en serio pensabas que Satoshi iba a estar encantado con los sentimientos de Yasuchika? Admítelo: ese tipo de relación entre ambos estaba destinada al fracaso. Lo que ha ocurrido es lo más probable, y por tanto, lo más real. A pesar de que todavía Panini no ha publicado el séptimo tomo de Ouran Host Club en España (lo que les valió un email amenazador de mi parte - ni me han contestado) mucha gente ha tenido acceso a ese capítulo de introducción de los personajes, así, que, si después de ver cómo trata habitualmente Satoshi a Yasuchika ( Yasuchika: Con golpes. Sin discriminación ) sigues pensando que el patrón que siguen el resto de los argumentos Satoshi-Yasuchika son más veraces, con el debido respeto, no tienes discernimiento (y que conste que no quiero faltar al respeto a nadie. Esto ya no forma parte del capítulo, puedes dejar de leerlo cuando quieras). Es por este tipo de cosas que existen unas maravillosas siglas conocidas como OOC (Out Of Character).

Admito que no soy romántica, sobre todo cuando implica de alguna forma a Tamaki ( fans de Tamaki, no os ofendáis, en realidad le tengo cariño). Pero este beso es fantástico¿a que sí? Es tan … profundo. Es místico, ha constituido una unión espiritual muy fuerte. El sacrificio de Satoshi, al dejarse besar por Yasuchika ,cuando la idea va en contra de sus propios instintos, es la esencia de los Morinozuka al grado máximo (y aún así ¿cuántos habrá de la familia dispuestos a hacerlo por su Haninozuka particular, eh? Preguntadle al padre de Takashi a ver si él lo haría). El vínculo formado entre ellos dos, es algo que sobrepasa los límites del tiempo y de la tradición. Algo antiguo, oscuro, preservado sólo a medias, portado únicamente por aquellos que mostraban el carácter necesario, entre los más valientes de ambas familias. Con un sentido muy distinto del concepto del feudalismo tal y como se interpreta en nuestros días. Ese beso que "no ha existido nunca" ha unido sus almas - teniendo en cuenta que ha quedado demostrado que no sienten ningún tipo de atracción, física o psicológica, por el otro- más allá del concepto de lo tangible y lo intangible. El acto de entregar lo más valioso a otro, sin esperar nada a cambio. No se trata de fuerza, de violencia o de técnica. Tampoco es espiritualidad propiamente dicha. Es un tipo de alianza en que se funden los límites de lo individual.

Ishtar Von Diego

Se admite de todo en los reviews.