Ciao.
Lo deuda es prometido(?) Digo, lo prometido es deuda~.
Se podría decir que este es el final. -Inserte música dramática aquí(?).- Pero no~ -Inserte disco rayado(?).- Después de este cápitulo haré un pequeño "epilogo". c: ...¿Así se dice?(?) xD
Ya que~
Enjoy it!
Ajustando su abrigo, Kirkland salió de su casa, dispuesto a ir a el departamento de correo. Comenzó a prestar atención a su alrededor, solo con el fin de no pensar en sus problemas y arrepentirse de su actual decisión.
Pero si intuición no falló, algo inesperado estaba por pasar, y es que no esperaba que la figura que a lo lejos venía corriendo hacia él fuera el mismo japones del cual quería dehacerse.
Uno de sus ojos eran ocultados por una espesa venda, al igual que parte de la poca piel que se lograba ver a travez de la ropa color azul marino que cubría su cuerpo. Y su rostro, su rostro. Aún poseía algunas manchas de sangre, y estaba pálido. Pálido.
Ese no era Kiku.
No, si era, solo estaba destruído.
El británico arrugó la carta entre sus manos al verlo, lo sabía, verlo en ese estado no iba a ser buena idea. Por su parte, el japonés estaba apoyando sus manos contra sus rodillas, intentando recuperar la respiración que perdió en la carrera desde el aeropuerto hasta ahí.
-K-kiku…-Soltó un suave susurro, sorprendido. Sinceramente no esperaba que el nipón fuera hasta su casa.
El nombrado enderezó su postura, ya recuperado de la pérdida de aliento. –Q-quería venir a disculparme con usted.- Susurró mientras juntaba ambas manos contra su pecho, había corrido demasiado, aún sentía como su corazón saltaba en su pecho.
Las parpados ingleses subieron y bajado rápidamente, en modo de confusión. ¿Él? ¿Él quería disculparse? ¡Pero si él era quien debía hacerlo! Esto simplemente no tenía lógica.
Honda, al ver la cara de estupefacción del rubio, optó por proseguir con sus palabras. –E-etto. Quiero disculparme por no haber estado de su lado. –Se miró a sí mismo por unos minutos, haciendo una mueca de desagrado. –Está más que claro que tomé el bando equivocado.- Soltó una risilla suave, dirigiendo su mirada casi sin brillo hacia el inglés. –Siento que le he traicionado de cierta manera, por eso, venía a disculparme.-
Arthur comenzó a balbucear algunas palabras, no pudiendo decir nada concreto. No podía creerlo, no se le hacía real que el japonés estuviera ahí, como si nada, disculpándose. Disculpándose.
Por lo visto no le tenía rencor. ¿Debía alegrarse o no?
Arrugó más fuerte la carta entre sus manos, procediendo a extenderla bruscamente frente a Kiku. El japonés tomó la carta, la abrió y comenzó a leerla pacientemente. Al terminar, solo una cosa se podía ver en su rostro, confusión.
Pero luego, algo que fue completamente extraño y nuevo para el inglés sucedió.
Kiku comenzó a reír.
No como siempre lo hacía, esa risa apenas audible acompañada de esa frágil sonrisa. No, ahora reía con ganas, como si le hubieran contado el mejor chiste en toda su vida.
Pasó un largo lapsus de tiempo en el que el japonés reía a carcajadas y el británico se limitaba a verlo de reojo, algo molesto. ¿Acaso se burlaba de él? Finalmente la risa cesó cuando el azabache comenzó a sentir presión en su estómago.
-No sea i-idiota, Arthur-san.-Pronunció apenas. Nuevamente el aire se iba de sus pulmones, eso casi lo hace reír de nuevo. –Usted no es responsable de todo lo que pasó, lo somos todos, no se sienta culpable.- Una ligera sonrisa se pintó en los labios del nipón, lo que hizo sorprender aún más al británico.
-E-entiendo, p-pero…-Rascó su nuca con nerviosismo, no encontraba las palabras para expresar lo que sentía, no tenía nada concreto que decir.-Y-yo…-
-No le tengo miedo, tampoco lo odio.-Respondió el japonés, casi leyendo los pensamientos ajenos. El rubio se sobresaltó, apenas notando que un sonrojo fuerte se apoderó de sus mejillas. –Usted es muy buena persona como para odiarle. Además, es casi el único amigo que tengo, independiente de lo demás, usted es muy preciado para mi.- Terminó, suspirando aliviado. A penas notó el débil sonrojo que se posó en sus mejillas.
Arthur no lograba encontrar palabras para responder, balbuceaba y balbuceaba y nada. Optó por algo simple, atrajo desde la cintura al japonés y lo estrecho contra sus brazos, no muy fuerte, ya que sabía de sobra lo dañado que estaba el cuerpo que sostenía.
Y ahora el sorprendido era el japonés, no se esperaba que su amigo le abrazara de esa forma, sabiendo que él no era muy tolerante a los abrazos. Luego de un rato de estar rígido como una piedra, decidió rodear con sus brazos la espalda del rubio y corresponder al abrazo, soltando unas suaves palmadas para el inglés, que sin darse cuenta había comenzado a llorar.
¿Y la carta?
La carta estaba siendo arrugada aún, pero esta vez, entre una de las manos del destinatario.
...:D(?)
