-Esta noche cenaremos con un diplomático importante-aceptó el té que le ofrecía-. No estaría de más que fuera… -le dio un sorbo, perdido en sus pensamientos, como buscando la palabra adecuada- encantadora.

La repasó de arriba abajo, con sutileza, aprobando la falda de tubo negra y su camisa blanca. Se detuvo un poco más en los zapatos. Sabía que le encantarían esos stilettos.

-¿Señor?-alzó la ceja, medio entretenida medio indignada, sin saber cómo interpretar aquello. Como si no fuera encantadora y profesional siempre. Mycroft dejó la taza en la mesilla, junto a los papeles que tenía delante, y alzó la mano, con la palma hacia arriba, esperando algo.

-Mejor evitar la tentación-se limitó a decir.

Anthea chasqueó la lengua con disgusto, pasándole su BlackBerry.

-Lo mejor para evitarla es caer en ella.

Mycroft sonrió, alzando las cejas con interés. Había cierto trasfondo en sus palabras, connotaciones para las que no tenía tiempo en ese momento, pero que prometían una charla interesante.

-Vamos, Anthea, estaré al otro lado de la mesa. Utilice el Morse.

Esta vez fue Anthea la que lo miró de arriba abajo, divertida. Había sido idea suya, luego no podría quejarse cuando notara cómo su pie le retransmitía mensajes por debajo de la mesa.

Aunque seguramente él se esperara un tamborilear de dedos sobre la superficie del mantel, con disimulo, cerca del plato. Se apartó el pelo hacia un lado, dejando a la vista parte del hombro y la clavícula y conteniendo la sonrisa.

Su reacción no iba a tener precio.

OoOoO

N/A: me encantan, sencillamente. Yo también creo que es de las pocas personas que puede impresionar a los hermanos Holmes. Estoy haciendo de tripas corazón, esperando a la siguiente temporada, porque me gustaría escribir algo sobre Anthea y la madre de Sherlock y Mycroft... a ver qué sale.

En fin, espero que este, aunque sea cortito, también haya gustado.