Capítulo II
Rika llegó al hotel tres días antes de la boda. Sacudió su vibrante abrigo bordó de los restos de la leve nevada del atardecer y se vio al espejo de la recepción: estaba algo ojerosa y desalineada... Similar a la foto que le habían tomado con ese castaño fastidioso... Ese fabuloso castaño fastidioso. No pudo evitar sonreir. Y luego dejar caer dos o tres lágrimas; luchar sola contra el cáncer, tan lejos de todo, familia incluída, fue muy duro. Pero ya estaba bien, y quizás fuera por él. Se le iluminó el rostro con esa idea y tras firmar recoger la llave de su habitación siguió caminando, con paso decidido, tal como lo venía haciendo desde hacía tanto.
Antes de llegar a la puerta encontró a la radiante Juri esperándola en el pasillo.
-¡Rika!
La pelirroja sonrió ampliamente y abrazó a su llorosa amiga.
-Sí, Juri, sé cuánto me extrañaste...-le susurró risueña.
-Disculpa, Rika, es que...
-Entiendo, no te preocupes. Por un momento yo también pensé que no lograría estar presente... Pero te lo prometí, y aquí me ves, ¿eh? ¡Estoy más viva que nunca, y feliz por ello!
Juri sonrió y la miró en silencio. Sólo ella y Zoe sabían realmente las dimensiones de la situación, ya que Rika no había querido la lástima ni la compasión de nadie. Muchas otras personas hubieran elegido no pelear, mientras su amiga dio todo en esa guerra: su fuerza, su coraje... y su orgullo... Todo la había hecho cambiar. Al fin salió vencedora, y tenía todo su respeto.
-¡Que te estoy hablando, Juri!
-Oh, sí... Lo siento... ¿Me decías algo?
-Oye, le escribí unas líneas a Ryo y jamás me contestó. ¡Quién se ha creído el muy desgraciado!
-¡Tranquila, amiga! Ese Ryo... con todo el rollo del trabajo vive en la Luna.
Rika bajó la cabeza y no dijo nada. Juri percibió un dejo de decepción, e inmediatamente tuvo una idea:
-Bueno, yo no le he dicho nada tampoco. ¿Por qué no le damos una sorpresa?
-¡NO!- replicó con firmeza la chica Nonaka -mejor que se haga a la idea y se comporte...
La futura novia calló. Cuando a su amiga se le metía algo en la cabeza, era inútil intentar hacerla cambiar de opinión.
"¡Conque eras tú! ¡De verdad eras tú!"
Las dos chicas en el pasillo voltearon a ver. En ese instante Zoe salía corriendo de su habitación a abrazar a su amiga.
-¡Rikaaa! Me alegra tanto verte bien, aquí... ¡Amiga, estás bellísima! Tu cabello, tu piel... ¡Estoy feliz!
-Créeme que yo también, Zoe... ¡Te extrañé!
-¡Es un sueño! Y bien... ¿dónde vas a quedarte?
-Esta noche aquí. Mañana visitaré a mi familia.
-¡Qué bien!- intervino Juri- Oigan, ¿por qué no vamos a tomar un café?
-Suena bien- respondió la pelirroja- sólo déjame ir a mi habitación y ordenar mi equipaje...
-Ya lo harás luego, ahora deja todo en mi habitación y vámonos- exigió Zoe, a lo que Rika no puedo negarse.
Salieron del hotel y al llegar a la calle nevaba otra vez. Rika debió subir a buscar su abrigo. En ese instante, Takato doblaba la esquina junto a un esperanzado Ryo quien, tras saludar a sus amigas rápidamente, siguió caminando. ¡Qué tonto! Imaginar que Rika estaría ahí... En lugar de gastar tiempo fantaseando, mejor se apuraba o Izumi destruiría sus planos. Estúpida la niña, pero sus métodos de manipulación muy convincentes. Sería más cuidadoso la próxima vez.
Cuando Rika bajó, Takato casi se desmaya de la emoción.
-¡Qué gusto verte, Rika! Nunca imaginé que vendrías... Es más, acabo de enterarme de que Juri te eligió como madrina... ¡Qué mejor elección! Pero jovencita, ¡no vuelvas a dejarnos así! ¿Puedo abrazarte?
Rika abrió los brazos para recibir a su amigo, cuya voz se había quebrado un poco. Tras un cálido abrazo, Takato volvió al lado de su amada y le pasó un brazo por los hombros.
-Oye, Ryo tenía la esperanza de verte pero ninguno de los dos hubiera imaginado que estabas aquí...-comentó el novio como al pasar.
La pelirroja palideció.
-¿Ryo quiere verme...?
Zoe la miró incrédula.
-¿Cómo preguntas eso? ¿Qué no es evidente? ¡Si hasta pasó por aquí, y no precisamente a saludar...! Si hubieras visto su cara al irse...
La chica Nonaka cada vez se sorprendía más. La rubia sacudió la cabeza.
-Ustedes dos son imposibles. ¡Pónganse de acuerdo de una vez por todas! ¿Vamos?
-Yo ya debo irme, chicas. ¡Nos vemos!- Tras besar suavemente los labios de Juri, Takato se fue. Ella se le quedó mirando, algo atontada, mientras él desaparecía entre la blanca bruma.
-Realmente se ven muy felices... Me alegra mucho... Fue genial seguir toda esta historia desde que éramos pequeños...-comentó Rika casi para sí.
Zoe suspiró. Juri, al volver en sí, le pasó un brazo por encima de los hombros y le dijo con voz dulce:
-Bueno, tú te sumaste después, pero también eres parte de la historia. Y además... así como nos ves, así éramos cuando pequeños.
La blonda casi se horrorizó. Todas rieron y caminaron hasta un taxi que las llevara a la cafetería. El mismo lugar donde Ryo intentaba -infructuosamente- quitarse de encima a la tonta de Izumi.
-Oye Ryu...-comenzó Izumi con vocecita de niña mimada. El castaño se sintió estallar. Se recostó en la silla y se pasó una mano por el cabello. Ella siguió: -...¡me encanta el lugar que elegiste!
-No lo elegí yo, Izumi- repuso él. "Tampoco a ti..."
-¡Ay, es cierto!... ¿A poco tengo buen gusto? Bueno, eso se nota sólo con verte a ti, amoshituu...- ella se acercó y le acarició la mano, y él, ante esto y sin notarlo, derramó su café ya frío sobre el vestido de su acompañante.
-¡Mira lo que hiciste!- lloriqueó Izumi. E inmediatamente volvió a esbozar esa sonrisa vacía e ingenua de siempre. Totalmente lo opuesto a Rika, pensó él. Izumi era atractiva, con sus grandes ojos grises y su ondulado cabello negro pero... su gata salvaje era especial. Estaba tan ensimismado con estos pensamientos que no notó que su "cita" había ido al baño. Esperen... ¿fue al baño? ¡Por fin! Ryo tomó la bolsa que contenía los preciados planos y salió corriendo del lugar... tras pagar la cuenta, como todo un caballero, por supuesto...
-Allí es- indicó Juri a las chicas. Rika se detuvo.
-Ustedes sigan. Voy a hacer una llamada y ya las veré adentro.
-¡Como quieras!- asintió Zoe- ¡Cuidate!
La muchacha abandonó el grupo. Tenía que avisarle a su familia que había llegado bien.
Mientras tanto, las demás casi se caen de espalda por culpa de un loco que dobló corriendo histéricamente la esquina. No fue sino hasta después de la última blasfemia que notaron que era amigo suyo.
-¡Por Dios, Ryo! ¿Qué pasa contigo?- preguntó Zoe, aún algo molesta.
-Lo siento, muchachas- se disculpó él, con esa sonrisa capaz de derretir los grandes hielos del Ártico -es que por fin pude librarme de la pesada de Izumi y no quiero que me encuentre... ¡Imagínense! ¡Si la honorable muchacha, por no llamarla de otro modo menos decente, me había robado seis meses de trabajo! Era más fácil decirle que sí que volverlo a hacer en menos de una semana... Debo entregarlo el viernes... ¿Se lo imaginan?
Las chicas rieron.
-Bueno, pero ya cálmate, Ryo... ¡Al menos ya lo recuperaste!- exclamó Juri tratando de tranquilizar a su amigo.
-¡Pero a qué precio...! Me queda la esperanza de que tras este trabajo me asciendan y me cambien de departamento... En fin, mejor me voy antes de que se de cuenta... ¡Nos vemos!
Al irse el muchacho, ellas apretaron el paso hacia el local, no fuera que Rika ya hubiese llegado.
Apenas terminaron de acomodarse en sus sillas apareció la chica pelirroja. Ellas sonreían de forma cómplice.
-¿Y a ustedes qué les pasa?- preguntó la recién llegada tras ordenar un café y galletas de chocolate.
-Nada... ¡Ah!, no lo dijo pero sé que te manda un gran beso...- soltó Juri, antes de tomar un sorbo de cappuccino.
-¿Quién?
-¡Ryo! ¿Qué no es obvio?
Rika sintió que se desvanecía, pero no. ¡Se lo había perdido otra vez!
Zoe ya no se contuvo.
-Honestamente, amiga... ¿Qué pasa contigo y con Ryo?
Y ella, que se lo veía venir, apuró un trago del café más amargo de su vida y suspiró, con la vista perdida en la taza.
-Realmente no lo sé...
Hubo un silencio incómodo. Zoe iba a agregar algo cuando Rika tomó la palabra nuevamente:
-...y a la vez es como si lo tuviera muy claro. Es posible que no estuviera aquí si no fuera por él, ¿saben? A lo mejor ni siquiera estaría viva. Él siempre me cuidó y me obligó a seguir adelante, siempre, aunque yo no quisiera, aunque lo tratara mal, cada vez peor... No sé, probablemente sentí que se lo debía...- levantó la vista, mirando sin mirarlas realmente, y forzó una sonrisa triste -Ustedes sabían que esto iba a pasar, que sólo era cuestión de tiempo. Y por supuesto, yo soy la última en darme cuenta...
Juri y Zoe se acercaron a su amiga que ahora lloraba en silencio con la cabeza entre sus manos. Tenían muy claro cuánto significaba todo eso para ella, tan fría y dura antes y ahora así, abierta, vulnerable, casi expuesta. Con el alma desnuda ante la nieve. Si algo sabían era cuándo llegaba el momento de callar.
