¡Dedicatorias! :3

Este segundo capítulo de Diez años va dedicado a mi amiga InuDango, o Kantoku, como suelo llamarla x) Al igual que yo, es una roleplayer que suele hacer de Endou, y me pidió que fuera ésta la historia que continuase primero de las 3 que tengo ya empezadas. Además, ¡es mi mejor crítica! :''D

¡Espero que este capítulo te guste tanto como el primero, Inu! A los demás, ¡disfrutad con el primer encuentro del joven Mamoru con el nuevo antagonista de Inazuma Eleven Go! No hay mucho más que decir, así que voy a evitar extenderme mucho.

¡Comencemos!


¡Capítulo 2!

¡Plantándole cara al Fifth Sector! ¡Aparece Ishido, el Seitei!

Un mechón azulado caía sobre su cara mientras esbozaba una pequeña sonrisa que me heló la sangre. Se me quedó mirando, entre sorprendido y expectante. Esa maquiavélica expresión no desapareció de su cara ni cuando comenzó a juguetear con los bucles de su pelo.

Hola, Mamoru –dijo aquel hombre, con un tono de voz que me puso la carne de gallina–. No esperaba verte por aquí, pero, de algún modo, no me extraña. Siempre te las apañas para estorbar.

Tenía que ser él. Pero estaba muy asustado en aquel momento como para pensar con claridad.

¿Q-quién eres…? ¿Y cómo sabes mi nombre? –titubeé, dando un paso hacia atrás. Aquel ente irradiaba un aura de oscura maldad similar a la de Kageyama en los tiempos en los que dirigía el Teikoku.

El famoso Mamoru Endou –comenzó, recalcando de un modo peculiar la palabra "famoso"–. Portero y capitán del mejor equipo juvenil de Japón, líbero en el once que derrotó a la Academia Aliea, y considerado por muchos como el mejor guardameta de su generación tras ganar el FFI junto a su equipo, el Inazuma Japan. Lo raro sería no conocerte. Y más aún conociendo mi puesto. –concluyó. Todo su discurso denotaba un tono burlón.

E-entonces, ¿tú eres… el Seitei? –alcancé a decir, casi tartamudeando. Su fría sonrisa se intensificó.

Vaya, vaya. Pero qué chico más listo y bien informado tenemos aquí~… En efecto. Mi nombre es Shuuji Ishido, Seitei y director principal del Fifth Sector.

Me estremecí. Era él. El hombre de quien tenía que alejarme. El tirano del fútbol al que me habían ordenado evitar a toda costa. Un hombre del que debía huir sin pensármelo dos veces.

Aquél a quien debía parar los pies.


Traté de controlar mi voz y devolverla a su tono normal. Apreté los puños y los dientes. ¡Yo creo que hasta gruñí como un perro furioso!

T-tú… –rugí mientras fruncía el ceño.

¿Tienes algo que decirme, pequeño? –el líder del Fifth Sector levantó una ceja, burlándose de mí.

Tragué saliva.

¡Seitei! –grité, señalándole–. ¡Deja en paz el fútbol que tanto amamos o te las tendrás que ver conm-uhmmn!

Alguien me había agarrado por detrás y me había tapado la boca.

¡Cierra el pico, Endou-chi!


¡Do-san! ¿De dónde había salido…?

Y tú, Shuuji, si tienes algo que decir, ¡dímelo a mí personalmente!

Mira tú por dónde. ¿A quién tenemos aquí? ¿No es conmovedora esta escena? Parecéis padre e hijo. Y disculpa, Endou, pero, técnicamente, te lo estaba diciendo a ti.

¡No intentes liarme!

Do-san gritaba enfadado. El Seitei sonreía. Yo me estaba volviendo del mismo color que los mechones de Ishido porque mi yo adulto aún no me había soltado la boca y no podía respirar.

Aquel malvado hombre me miró fijamente.

Únete a mí, Mamoru –me propuso el dictador mientras me tendía su mano–. ¿No te gustaría controlar el mundo del fútbol? Seguro que tu abuelo se sentiría orgulloso de verte en un cargo tan importante.

Do-san me soltó. Le devolví el vistazo a Ishido, intercambiando miradas con mi yo adulto de cuándo en cuándo. Veía miedo en sus ojos cada vez que me miraba.

Do-san temía por mi respuesta.


Vacilé. No porque me lo estuviera pensando, sino por el miedo de Do-san a que lo hiciera.

No podía creérmelo.

¡Jamás apoyaré una causa como ésa, Seitei! –le grité–. ¡No tienes ningún derecho a amañar los partidos y limitar el potencial de los jugadores en tu propio beneficio!

No espero que un niño entienda mis motivos –replicó el tirano–, pero te ofrezco la posibilidad de tener el poder sobre todo. Lo sabrás todo sobre tus rivales. Podrás conocer sus debilidades y usarlas en su contra. ¿No te gusta la idea de poder enfrentarte a alguien con la certeza de poder vencerle?

¡Para nada! La gracia del fútbol está en que sea divertido, en encontrarse jugadores fuertes y en pensar cómo vas a superarles para obtener tú la victoria. ¡Alguien como tú que no puede entender eso no merece poseer el control sobre el fútbol!

Do-san me apretó contra sí.

Calma, Mamoru. Ya lo he intentado antes, y no sirve de nada tratar de razonar con él… por ahora. Debemos demostrar nuestras convicciones con actos.

D-do-san…

Ishido rió.

Hazle caso a tus mayores, pequeño. No voy a cambiar de idea así como así; no me arrepiento de nada. Si queréis cambiar las cosas, será mejor que os esforcéis en el Holy Road.

El Seitei desapareció en la penumbra tras formular estas palabras.


¡Ay! ¡Cada vez que recuerdo el capón que me dio Do-san cuando salimos de allí y se calmó el ambiente, me empieza a dar vueltas la cabeza!

¿A qué ha venido eso? –le pregunté. Él suspiró irritado.

¿No te dije que huyeras de él, Endou-chi? –se agachó hasta mi nivel y me miró directamente a los ojos, resoplando suavemente mientras me daba pequeños empujones en la frente con los dedos.

Pero, se me apareció de repente y… y… ¡no sabía quién era!

La culpa era suya. ¡Ni siquiera me lo había descrito!

Menos mal que estaba cerca… Debes andar con más cuidado. ¡Ahora peligramos ambos!

Gruñí enfurruñado.

…Tienes razón. Perdona, Do-san.

Mi yo adulto me revolvió el pelo cariñosamente.

Está bien. Después de todo, soy quien mejor te conoce y debí haber supuesto algo así, ¿no crees? –Do-san me ofreció una de esas brillantes sonrisas de las que siempre me habla todo el mundo. No es por fardar, ¡pero resulta bastante espectacular vista de cerca!

Le devolví la sonrisa y pactamos dejar esos temas a un lado por el momento. ¿Recordáis que os conté que sólo se me habían ocurrido dos maneras de enfrentarme al Fifth Sector? Bueno, pues el primer método, enfrentarme al tal Seitei cara a cara, tenía pinta de no haber funcionado demasiado bien. Era el momento de poner en práctica la segunda opción.

El método B.


¡Repasemos la lección! Mamoru se encuentra con el malvado Seitei, decidido a enfrentarse a él. Sin embargo, Do-san, su alter ego adulto, consigue sacarle de un posible embrollo causado por la gran bocaza del niño. Ishido desaparece en las sombras, dejando aún demasiadas incógnitas sin respuesta.

¿Quién es ese extraño hombre del mechón celeste? ¿A qué se refería con Holy Road? ¿Y cuál es el famoso "método B" de Endou-chi? ¡Las respuestas, en los próximos capítulos!