Aclaración: Los personajes pertenecen a CLAMP.

La Promesa

Capítulo 1: Distancia y recuerdos

Sakura estaba en el terminal de buses de Tokio, se dirigía al bus con destino a Osaka, que saldría a las siete en punto. Se le había ocurrido ir a Osaka, puesto que estaba lo suficientemente lejos de Tokio. Quería poner tanta tierra como pudiese, entre Syaoran y ella. Muy tarde se había dado cuenta, de que la esencia de aquel muchacho de catorce años que recordaba, ya no existía.

Apuró el paso. Llevaba a Misame en brazos, puesto que se había quedado dormida en el taxi. La niña lucía mucho mejor, ya estaba de alta en el hospital. Aunque dos veces al año debería someterse a análisis para indicar que el cáncer no había regresado. Tragó grueso, esperaba en Dios, tener suerte en su nueva vida y poder costear aquellos análisis de su hija. Se detuvo un par de veces, para acomodar a la niña e intentar llevar la maleta, aunque era un tanto complicado.

Con increíble habilidad, se hizo con el boleto que llevaba en el bolsillo de su chaqueta. Miró la información donde decía el andén que le correspondía, era el andén dieciocho. Leyó los carteles y se abrió paso entre los pasajeros, en dirección al andén. Observó la cara de las personas que pululaban por el lugar, algunos tenían cara de cansancio, otros mostraban felicidad por encontrarse con sus seres queridos y algunos una indiferencia que le recordaba el semblante de él.

—¡Basta Sakura! —se regañó a sí misma. Provocando que unas personas la observaran con recelo.

Se sonrojó un poco, algo que no había cambiado en ella pese a los años. Cada vez que se avergonzaba sus mejillas la delataban ruborizándose furiosamente. Sus vivaces ojos verdes lucieron nerviosos, enmarcados en su rostro que poseía una tez clara y le daban un aspecto más juvenil aún. Tenía una figura de buen ver, sus curvas no eran demasiado sinuosas, pero el tamaño de sus pechos y su trasero eran armónicos para su delgada figura. Su cabello iba agarrado en un coleta y era de color castaño claro, tan claro que a la luz del sol se veía de color dorado.

Caminó todavía más apurada y notó que las manitas de Miu —como la llamaba cariñosamente—, le rodearon el cuello.

—Te amo, mami —susurró la pequeña aún somnolienta, haciendo que Sakura se olvidara de los demás y se centrara en ella.

—Yo también, cariño —afirmó la mujer—. Sigue durmiendo, mami te cuidará.

Pese a la poca edad que tenía Miu, pareció entender perfectamente las palabras de su madre, pues se acomodó en su cuello y siguió durmiendo apretando un poco más el abrazo.

Sakura suspiró enternecida, siguió caminando hasta que divisó un cartel que tenía el número dieciocho, el autobús que salía a las siete estaba ahí, en gloria y majestad. La mujer pidió a divina providencia, que ese enorme vehículo fuera el que la llevará a una vida feliz junto a su hija. Al llegar el auxiliar del bus le ayudó a acomodar su equipaje en el maletero de la máquina, ella sólo se quedó con el bolso de maternidad que siempre llevaba con mudas de ropa para Misame, pañales y un termo con leche para que la niña no pasara hambre; así como también, sus documentos personales y lo que tenía de dinero.

Subió al bus con gran esfuerzo, los escalones eran más altos que un autobús de ciudad y tener a Misame en brazos no hacía que sus movimientos fuesen lo más agiles del mundo. Buscó su asiento y se acomodó como mejor pudo, agradecía el hecho de haber encontrado un boleto que diera a la ventana, sería un viaje largo.

Acurrucó a Misame de mejor manera, el rostro apacible de la niña era su consuelo. Sonrió al pensar que tenía a su hija sana entre sus brazos, los meses pasados había sentido que la vida se le iba. Si no hubiese sido por el tratamiento que Syaoran pagó quizás…

—No pienses estupideces —dijo en voz alta.

Sí, tenía la mala costumbre de regañarse a sí misma en voz alta. La gente que la rodeaba cuando este tipo de eventos ocurría, la miraba raro y se alejaba de ella, creyendo que estaba loca, borracha o drogada. Aunque a Sakura ya poco le importaban las miradas indiscretas de los demás, estaba tan acostumbrada a enfrentarse a miradas reprobatorias, que no dejaba que la afectaran más que un par de segundos.

Claro, a ojos de la sociedad era mal visto que una chica de diecinueve años tuviese una hija que tenía tres. Pero eso ya no importaba, desde ese momento ella no buscaría la aprobación de nadie más, bastaba con tener el amor de Misame. La niña era una dulzura y ella sabía que el amor que sentía por la pequeña no conocía límites. Misame era lo más importante en su vida, y mientras ella sonriera no había nada que temer.

Cerró los ojos e inspiró profundamente, estaba cansada. La noche anterior casi no había dormido.

¿Qué por qué?

Había tenido que pagar su parte del trato con Syaoran Li. Un trato denigrante, si se quiere. Pero que ella volvería hacer si las condiciones fuesen las mismas. Se había entregado a aquel hombre, al cual amaba desde hace años. El cual prometió amarla siempre, también. Pero hay juramentos que a veces no prosperan. Volvió a suspirar y suprimió el deseo de echarse a llorar, debía ser fuerte y lo sería porque Misame no merecía una madre débil. Quería que esa promesa, al menos, se cumpliera a cabalidad. Sería todo lo que Misame necesitara.

—Cumpliré mi promesa, Rika —Suspiró y llevó su mano a la cadena que siempre llevaba en el pecho, apretándola con firmeza—. Seré una buena madre para Miu.

Echó la cabeza hacia atrás, y las imágenes de Syaoran besándola, desnudándola; la inundaron de golpe. ¿En qué momento las cosas se habían podrido de esa manera?

Cuando se habían conocido, alrededor de siete años atrás, todo era tan diferente. Ella había sabido ver más allá de sus caras enojadas y su eterno ceño fruncido. Ella había conocido al verdadero Syaoran, detrás de todas esas paredes que lo protegían:

Cuando Sakura había cumplió doce años, llegó de intercambió un compañero a su clase. Desde un comienzo se había sentido intimidada por la ferocidad que veía en la mirada de aquel muchacho.

Sakura había volcado toda su atención a ese joven. Tenía casi siempre su ceño fruncido y casi no hablaba con nadie. Sin darse cuenta, fue preguntándose cosas sobre él. Pero prácticamente ninguna de esas preguntas podían ser respondidas. Sabía que su nombre era Syaoran Li, que había venido desde China, nada más. Claro, también sabía que era un estudiante destacado, especialmente en matemática. Asignatura en la cual ella siempre tenía problemas.

Un día de invierno, llovía copiosamente. Sakura decidió regresar caminando a casa y no con sus típicos patines. A lo lejos divisó aquella melena desordenada que caracterizaba a aquel niño que tanto llamaba su atención, Syaoran caminaba de manera errática y sin paraguas. La niña arqueó una ceja y decidió apurar el paso para alcanzarlo. Cuando faltaban unos cuantos metros, el chico se fue hacia un lado, se afirmó de la pared y fue cayendo como en cámara lenta. Sakura soltó un gritillo agudo y corrió para ayudar a su compañero.

—¡Li! ¿Estás bien? —preguntó casi gritando, al momento en que se agachaba a su lado y cubría a ambos con la sombrilla que llevaba.

—Chillas demasiado —soltó el chico quejumbrosamente, sin responder nada más. La muchacha infló ligeramente las mejillas y se sonrojó. Luego meneó la cabeza y posó el dorso de su mano en la frente de Syaoran.

—¡Li, estás ardiendo! —gritó nuevamente—. Te llevaré a tu casa.

—No te preocupes, Kinomoto —exigió el niño—. No necesito que nadie me ayude —profirió tratando de incorporarse, pero un nuevo mareo lo llevó de visita al suelo, nuevamente.

—¡Tonterias! —exclamó la muchacha —. Todas las personas necesitamos ayuda, alguna vez. Déjame ayudarte —pidió con una sonrisa.

—¿Por qué? —cuestionó Syaoran—. ¿Por qué quieres ayudarme? Si fuera al revés, yo no te ayudaría —soltó con veneno.

—Eso no es cierto —sonrió la niña como si supiera un secreto que nadie más conociera—, me ayudarías porque eres un niño de buenos sentimientos —soltó—. Y por eso, seremos amigos.

Syaoran la miró directamente a los ojos, y por primera vez se dio cuenta que ella los tenía de color verde. Un verde precioso, a juicio de él.

Sakura pasó su brazo por la espalda de Syaoran, y obligó a que éste se apoyara en ella. Con escuetas indicaciones del niño, pudieron llegar al departamento donde vivía. No había nadie.

—¿Vives solo? —preguntó la niña.

—No, vivo con Wei —respondió lacónicamente.

—¿Y no está? ¿Quién es Wei? ¿Tu papá? —insistió la niña, Syaoran soltó un bufido.

—Kinomoto, agradezco que me trajeras a casa. Pero debes irte —mandó.

—No, primero te haré un sopa y te daré algo para bajarte esa fiebre —comentó la jovencita—, así que vete a cambiar por algo seco y recuéstate. Yo ya estaré allí.

Syaoran abrió ligeramente la boca, esa niña era del todo molesta y ni siquiera se inmutaba con sus palabras pesadas y su sarcasmo. Aburrido, y rogando porque ella se fuera lo más pronto posible, rodó lo ojos y se encaminó a su habitación. En menos de media hora, su compañera le trajo una bandeja con una sopa de buen aspecto, un vaso con agua y dos analgésicos.

—Espero que te guste —sonrió la chica y notó que se había puesto colorado su rostro.

—Gracias —dijo el muchacho a regañadientes ¿Cuándo se supone que se marcharía?

—¡Oh por Dios! —exclamó la muchacha de repente—. Es muy tarde y tengo que hacer la cena. Li, debo irme. ¡Recupérate pronto! —gritó antes de perderse por la puerta.

Syaoran quedó boquiabierto, esa niña era todo un caso.

Al día siguiente se sentía mejor. Wei había llegado un poco después que Kinomoto se fuera de su casa. Le había contado a su mayordomo todo lo vivido con su compañera y Wei le había aconsejado que le diera las gracias nuevamente, ya que es lo que debiese hacer un caballero. Syaoran se prometió a si mismo seguir los consejos del anciano Wei, ya que era alguien a quien él admiraba.

Sin embargo, ella no fue ese día.

De boca de una de sus compañeras había escuchado que Sakura había amanecido enferma, algo se oprimió en su interior ¿Ella estaba enferma? ¿Acaso era su culpa? Recordó que ella estaba mojada cuando fue a dejarle la sopa. Él ni siquiera le había ofrecido una toalla con la cual secarse y ella tampoco la había pedido. Ni modo, ella era la única culpable de estar enferma. Se repitió muchas veces, pero su interior seguía incómodo ante aquella situación.

Cuando ella reapareció a clases una semana después, no mencionó nada. Sólo le sonreía de la misma manera que lo había hecho cuando lo había ayudado. El muchacho pese a no quererlo fue estando pendiente de ella, se fijaba en como ella hablaba con todo el mundo, la forma amable que tenía para pedir las cosas, las sonrisas que parecían que en su rostro eran inagotables. Muchas de las veces que la observaba ella lo miraba también, como presintiendo que estaba siendo admirada por él; cuando sus miradas se cruzaban ella le sonreía y el descubrió muy tarde que su sonrisa le gustaba y le avergonzaba al mismo tiempo, porque solía enrojecerse cuando ella lo miraba.

Con el pasar de los meses, sus lazos se fueron afianzando. Syaoran compartía mucho con Sakura y con el grupo de niños y niñas que se juntaban con ella. Syaoran terminó siendo uno más y por primera vez en su vida, sentía que había encontrado su lugar.

Como es típico, las primeras parejas del salón comenzaron a aparecer y tal como si se tratase de una epidemia poco a poco, todos sus amigos se fueron emparejando. Sakura y Syaoran eran los únicos que no tenían pareja en su grupo de amigos, motivo por el cual siempre terminaban sentándose juntos en el cine, en las cafeterías y en cualquier actividad que al grupo se le ocurriera hacer. Ninguno de los dos se oponía, de hecho a ambos les gustaba la situación.

Cuando Sakura cumplió catorce años, le celebraron su cumpleaños con una gran fiesta sorpresa de parte de sus amigos y familiares, en la mansión de la amiga más cercana a Sakura, Tomoyo Daidouji. El encargado de distraerla ese día había sido Syaoran, habían ido a un parque de diversiones. Sakura parecía tan feliz que al muchacho se le oprimía el corazón, con naturalidad ella le tomaba la mano y lo abrazaba, eso se había venido dando hace un par de semanas. Era una especie de pacto tácito, se tomaban de las manos y acariciaban cuando estaban solos. Pero aún así no eran novios.

Syaoran estaba decidido, desde hace mucho tiempo que quería a Sakura y durante esa noche le pediría que fuera su novia.

La cara de Sakura, ante la sorpresa había sido épica y se había reído con todos sus seres queridos. Estaba bailando una música estrambótica cuando Syaoran la tomó del brazo y le preguntó:

—¿Puedo hablar contigo?

Sakura se limitó a asentir y se dejó guiar por entre la gente que estaba en la fiesta, salieron al patio. Se alejaron un poco del ruido hasta que llegaron a una fuente que tenía un querubín en la cima.

—¿Qué ocurre, Syaoran?

—Sakura, yo…—se detuvo y tragó grueso, era tan endemoniadamente difícil confesarse—, quiero decir tú…

—¿Te sientes bien? —preguntó ella preocupada.

—Sí —contestó y se atrevió a coger las manos de ella—, quiero decirte que tú…Tú eres muy especial para mí —concluyó y sintió sus mejillas arder.

Sakura también se sonrojó y sintió que sus manos tiritaban, debido a sus nervios.

—Syaoran —murmuró en voz baja y se atrevió a mirarlo directamente a los ojos—. Tú también eres muy especial para mí —confesó nerviosamente y una risita salió de su boca debido a lo mismo.

El muchacho la atrajo hacia su cuerpo y la estrechó en un abrazo fuerte y delicado, a la misma vez. La chica correspondió y trepó sus manos por la fuerte espalda masculina. Se separó levemente y se atrevió a decirle eso que llevaba demasiado tiempo callando.

—Te quiero, Syaoran.

El joven sonrió, de esas sonrisas que eran exclusivamente para Sakura.

—¿Quieres ser mi novia? —preguntó seguro de que obtendría una respuesta positiva, pero eso no influía en disminuir su timidez.

—Claro que sí —sonrió la muchacha y sus mejillas seguían teñidas de un rojo carmín.

Durante los meses venideros, Sakura había sido realmente feliz. Se enfadaba cuando la gente decía que el primer amor jamás es el último, porque ella sentía que Syaoran era el hombre de su vida. Que lo amaría por siempre. Y sabía que él sentía lo mismo.

Aunque últimamente notaba que Syaoran estaba extraño, cada vez que estaban solos, la observaba con una anormal mirada. Ella decidió que le daría tiempo, mientras se mostraba paciente y preocupada de cada cosa que le pasaba.

Habían quedado de juntarse el domingo, para una cita. Syaoran seguía comportándose raro y ella sentía que la congoja inundaba sus días. Definitivamente, debería preguntarle qué ocurría, porque si era algo grave ella quería apoyarlo.

Quedaron de juntarse a las nueve de la mañana en el parque que solían inundar los niños, tenía un gran resbaladilla con forma de un rey pingüino, motivo por el cual aquel parque era conocido como el 'parque pingüino'.

Syaoran estaba esperándola, cuando ella llegó corriendo al lugar. Pesé a todos sus esfuerzos había llegado diez minutos atrasada. Vestía un vestido verde agua, con grandes holanes que se mecían cuando ella corría al encuentro de su novio.

—Lo siento, Syaoran. ¿Estás esperando hace mucho? —preguntó la muchacha.

—No —respondió escuetamente. Sakura sabía que Syaoran era la puntualidad hecha persona y siempre llegaba con diez minutos de anticipación a cualquier lugar.

—Lo siento —admitió ella, avergonzada.

—Sakura —murmuró el muchacho y tomó su rostro entre sus brazos. Depositó un beso casto, de esos que se permitía muy de vez en cuando. Sólo cuando se sentía demasiado desolado. Ella correspondió y abrazó al muchacho con fuerza. Sabía que algo pasaba.

—¿Qué pasa, cariño?

Syaoran la apretujó un poco más, desesperado.

—Debo volver a Hong Kong —confesó.

Sakura lo miró y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.

—¿Cuándo? —se limitó a preguntar, aguantando los sentimientos de desdicha que la invadían. Rompió el abrazo y se mantuvo cabizbaja esperando la respuesta que no querría oír jamás.

—En tres días —admitió con amargura—. Intenté convencer a mi madre de quedarme a vivir aquí, pero se ha negado.

—Lo sabes desde antes, ¿verdad? —cuestionó.

—Sí, pero no quería decírtelo, porque sabía que te pondrías triste —Sakura lo miró y notó que él también estaba sufriendo, se lanzó a sus brazos y se fundieron en otro abrazo, quizás el más significativo que se habían dado alguna vez.

—Te esperaré —soltó de pronto—. Te esperaré siempre, Syaoran.

—Sakura…

Pasaron aquellos días, más rápido de lo que ninguno hubiese querido. Sakura lo fue a despedir al aeropuerto, intentó no llorar y ser fuerte. Pero pesé a todos sus esfuerzos había terminado llorando en los brazos de su novio.

—Prométeme que me esperarás —pidió Syaoran, esforzándose por hacerse el fuerte.

—Te lo juro, jamás habrá nadie más.

—Seguiremos en contacto, lo prometo —se acercó a ella, e importándole muy poco que el hermano de ella lo estuviese acribillando con la mirada, la besó—. Prometo que para mí tampoco existirá otra chica que no seas tú —murmuró solemnemente, a escasos milímetros de su boca.

Ella sonrió entre sus lágrimas y pensó que no era un 'adiós' si no sólo un 'hasta pronto'.

Pero cuando habían vuelto a verse no fue en los mejores términos, ella tenía una mala reputación, por ser madre soltera. Sabía que eso aunado a no poder contarle sobre el verdadero origen de Misame, llevaron a que Syaoran la despreciara.


N/A: Hola lectores, ¿cómo están?

Yo les traigo el primer capítulo de esta historia, como pudieron notar, las letras en cursiva indican un retroceso en el tiempo, fue la única forma en que se me ocurrió ponerlo, sin recurrir a esos molestos carteles de flashback, aunque debo reconocer que en el pasado los usaba, he leído que no son lo correcto, así que los he omitido.

Sobre el capítulo, creo que en los primeros habrá esta mezcla de tiempos, ya que es necesario saber el contexto que llevaron a Sak y Syao a este trato. Pero me pareció más atractivo ir mezclando hechos del 'presente' y el 'pasado'. ¿Qué creen uds?

En el Próximo veremos la reacción de Syaoran, ¿Hará algo? ¿Se arrepentirá? Hay muchas preguntas por responder. Espero seguir contando con su lectura y comentarios.

Sin más, agradecer a: Anglica, Azucena45, mari ciccone .7, Vanesa41, Elfenixenlasllamas, saraygarcia08, Lunabsc, sak Li y amapola.

Gracias por sus comentarios, este capítulo es para uds.

Les dejó un abrazo.

Y ya saben cualquier sugerencia, preguntas, consejo, crítica: aquí abajito.