Capítulo 2 – ¿Por qué no tengo un hermano?
Estaba acostado bajo un árbol, con los ojos cerrados, escuchando el suave sonido de las hojas empujadas por la suave briza, esperando a que Haru se dignara a salir de la alberca. Un par de gotas aterrizaron en su rostro, sonrió, sintió un suave beso sobre sus labios y luego el peso de su amante sobre su estómago. Respondió a los besos con cariño, lo rodeó con los brazos y atrajo más a él. Abrió los ojos y lo miró, Haru sonrojado miró a otro lado antes de decir "¡Papá! ¡Ya es tarde!". Makoto despertó sobresaltado y se encontró con su hija sentada sobre él moviéndolo por los hombros lo mejor que podía.
-Papi, ya es tarde –dijo mientras bajaba apresurada de la cama. Makoto la observó, su cabello estaba chorreando y en la alfombra se veían las huellitas de sus pies mojados, el uniforme mal acomodado estaba un poco mojado también.
-Taichi, te he dicho que te seques bien cuando te bañes –se estiró, la niña hizo un puchero.- Sé que te gusta el agua pero… tienes que moderarte –Taichi suspiró y corrió de regreso a su cuarto.
Miró la hora, realmente se le había hecho tarde. Se apresuró a cambiarse con lo primero que vio y corrió a la cocina a preparar los hot cakes que le había prometido, a la vez que preparaba el obento para el lunch. Escuchó a Taichi llamándole desde su cuarto, dejó todo a medio hacer y se apresuró a ayudarle con el cabello, a enderezarle las calcetas y guardar los materiales para la escuela.
-Papi… huele quemado –dijo Tai al salir de su cuarto. Makoto corrió de vuelta a la cocina y se encontró con un par de hot cakes incendiándose. Pronto extinguió el fuego y miró a la puerta al escucharla reír, la acompañó. Desayunaron lo no se había quemado y luego fue a dejarla a la escuela. -¿Vendrás por mí? –preguntó antes de bajar del auto.
-Probablemente –besó su frente.- Qué tengas un buen día –sonrió.
-Tú también, salva muchos gatitos –escuchó que alguien gritó su nombre, giró y vio a Yuina agitando su mano en un saludo, ella sonrió y corrió hasta él sin siquiera despedirse de su papá. –Yu-chan.
-Tai-kun –sonrió y corrió al interior de la escuela, seguido por ella. Iban en grados diferentes pero aun así se juntaban cada que podían, solían jugar un rato y luego esperar en las escaleras a Kou. Ese día, ella llegó más tarde de lo normal.
La campana estaba sonando ya cuando la patrulla de Rin se apareció y de ella bajó una pequeña niña de ocho años, alta, de complexión frágil, largo cabello marrón, ojos rojos, bonita y con una sonrisa tierna. Miró a sus amigos y saludó tímida antes de ser abrazada por Yu y recibir una sonrisa de Tai.
–Se las encargo –dijo Rin sonriente antes de irse.
-Kou-chan, te extrañamos ayer –dijo Yuina. Ella se sonrojó un poco.
-Tenía fiebre.
-¿No será que necesitas comer más pescado? –dijo pensativa, Taichi. Un profesor les gritó desde la puerta que debían entrar. Tai y Kou fueron al mismo salón tras despedirse de Yu.
Makoto tuvo un día tranquilo y no paraba de pensar en lo que había quedado con su niña, preguntándose qué podría decirle. Estuvo mirando el cielo desde el techo de la estación mientras acariciaba el pelaje de un viejo gato blanco. –Haru… -sonrió nostálgico. Su celular sonó en cierto momento y el mensaje en él le hizo sonreír como tonto enamorado. Decidió que dejaría que Taichi escogiera lo que quería saber.
-Taichi, ya no oíste la noticia de anoche –dijo Yuina mientras comían el almuerzo, miró a Kou.- Taichi se quedó dormida –rió al notar su mirada de reproche.- Mis papás adoptarán otro niño.
Kou sonrió y aplaudió.- Más niños con quien jugar –rió un poco.
-Son muchos niños…-susurró Tai-kun.- ¿No te cansas de tantos hermanos?
-No –sonrió.- Siempre hay con quien jugar.
Taichi y Kou se miraron y rieron, ellas siempre habían sido hijas únicas, no tenían a nadie más que a ellas mismas y los niños de la familia Ryugazaki-Hazuki para jugar. Taichi les contó del trato que había hecho con Makoto, les pareció divertida la idea y la vieron como una oportunidad para enterarse de cosas ellos también. Sacaron una libreta y anotaron algunas de las cosas que le daban curiosidad, la usarían de intermediaria y ella a veces les contaría lo que su papá había dicho.
Solían esperar a que sus padres se desocuparan para que pasaran por ellos, por lo que pasaban cerca de una hora en el jardín de la escuela jugando o viendo a Adah entrenando en el equipo de soccer de la escuela. Ese día, al salir, fueron por un helado. Yu y Tai se retaron a una competencia y corrieron hasta la tienda, a pesar de todo siempre le ganaba ella por poco. Kou lograba correr unos cuantos metros antes de sentirse muy agitada por lo que solía alcanzarlos después. Cuando llegaba ellos ya tenían lista su golosina favorita.
-¡Yu! –exclamó Adah al verlos comiendo en el pasto, se sentó junto a ellos, estaba todavía sonrojada por el ejercicio.- No le digas a Rei…-susurró mirando el pasto, los tres la vieron con curiosidad.- Le pegué a dos niños del equipo.
-¿Por qué lo hiciste? –preguntó Kou sorprendida.
-¿Qué te hicieron? –preguntó seria Taichi.
-¿Quieres que los golpeé de nuevo? –preguntó Yuina.
Adah los miró, rió y luego frunció el ceño.- Dijeron que… -se quedó pensando, se veía un poco confundida.- Nuestra familia es una… blasfemia… blamemia… -se perdió en su confusión un rato.- No sé qué es pero era malo…
Los tres se miraron, solo Yuina conocía el significado de esa palabra, aunque no la comprendía bien. Antes de poder decir nada los niños a quienes Adah golpeó se acercaron a tomar revancha sin importarles que no estuviera sola. Le gritaron un par de malas palabras y uno de ellos terminó en el suelo al recibir un fuerte puñetazo del hermano mayor. Patadas y golpes los rodearon de pronto, eran dos contra uno. Adah quería separarlos, Kou la apartaba y Taichi había corrido a otro lado. Entre los dos niños lograron tirar a Yuina e iban a patearlo cuando una escoba golpeó fuerte a uno tirándolo sobre el otro. Taichi los miró seria, tomando con firmeza su arma improvisada para luego golpearlos apartándolos de sus amigo, entonces se fueron. Yuina le sonrió agradecido antes de abrazar a su hermana quien estaba preocupada y con los ojos llorosos. Kou suspiró aliviada.
Entonces llegó Rei a recogerlos y miró sorprendido a su hijo.- ¡Yuina! ¿Cómo te hiciste esto? –le levantó el rostro examinándole el moretón que le cubría la mejilla. –Ya verán los padres de los niños que te hicieron esto… -se levantó los lentes y su expresión adquirió seriedad.-Nadie se mete con mis hijos.
-Ganamos –dijo sonriente Yu.- Tai-kun nos salvó –rió, ella se sonrojó un poco.
-¿Se pelearon? –preguntó Makoto que en ese momento llegaba acompañado con Rin. Miró a su hija quien se encogió de hombros con el rostro totalmente inexpresivo. Kou abrazó a su padre.
-Tendrás que explicarme en casa –dijo serio Rei, miró a Adah.- Hija… -le limpió un par de lágrimas y la abrazó. Yareni que estaba parado a su lado empezó a llorar al verla con los ojos húmedos y Britt que tomaba su mano le copió. Todos se despidieron y se fueron a sus respectivos hogares.
Taichi le contó lo que sucedió a Makoto mientras él preparaba la cena. Le felicitó por ser una niña valiente pero la regañó por no haber acudido a un profesor, ella no le hizo mucho caso. Cenaron en la sala mientras veían juntos algunos animes, a ella le gustaban mucho y la hacían reír; él era feliz viéndola feliz.
Temprano fue enviada a dormir y tras lavarse los dientes se sentó a esperar en la cama a su papá. Makoto entró a arroparla y notó que no tenía ninguna intención de dormir. –Lo que prometiste ayer –dijo con una sonrisa, luego le dio un cepillo.
-No me voy a librar ¿verdad? –preguntó resignado mientras cepillaba su cabello, ella negó.- Bien, ¿qué quieres saber?
Taichi permaneció en silencio unos segundos, luego lo miró.- ¿Por qué no tengo un hermano? –agachó la mirada un poco triste. –Yuina tiene muchos.
Makoto la observó un poco sorprendido, pensando en qué responderle. –Verás… fue complicado que tú llegaras a nosotros… Algún día te explicaré cómo es que te tuvimos pero no hoy… Pero te contaré sobre una vez que tratamos de adoptar y por qué no se pudo.
Taichi se acomodó y se tapó las piernas, mirándolo con curiosidad. Makoto se sentó a su lado, dejando el cepillo sobre el buró y empezó su relato:
-Cuando tenías unos meses de edad, hubo unos problemas legales en el país que afectaban solamente a las parejas homosexuales; no querían que nosotros tuviéramos hijos –sonrió un poco al ver el rostro de confusión de su hija. – Te lo explicaré después. La cuestión es… que te apartaron de nosotros por un mes, Haru estuvo muy preocupado y nunca lo había visto tan irritable.
Había días en los que realmente se preguntaba si debíamos dejarte ir o deberíamos seguir peleando por ti, aunque muchas veces se preguntaba todo esto en silencio, no me decía nada pero una vez que lo conoces es fácil saber lo que piensa sin decir palabras… Hubo una ocasión en la que nos dijeron que no podrías jamás volver a ser nuestra hija y esa ha sido la única vez en la que he visto a Haru tan deprimido que ni bañarse quería, ni siquiera porque llené la tina como le gusta.
Cuando por fin estuviste con nosotros de vuelta y se nos prometió que no tendríamos más líos, por fin Haru regresó a ser como siempre. Le gustaba pararse junto a tu cuna a mirarte, bañarte, prepararte papillas que cuidaba mucho y sus ojos brillaron hermosos la primera vez que te vio intentar nadar. Entonces Nagisa y Rei estaba buscando la adopción de Adah. Pensamos que tal vez sería buena idea conseguirte un hermanito, para que no jugaras siempre sola.
Te preguntamos si te gustaba la idea y todo lo que hiciste fue salpicar agua en la cara de Haru mientras reías. Fuimos a un par de orfanatos, vimos a los niños y buscamos buenas opciones. Un niño llamó nuestra atención e iniciamos los trámites pero tuvimos problemas. Otra vez nos estaban poniendo obstáculos… y Haru tuvo miedo de que la situación empeorara y te llevaran lejos. Tuve que hablar con él seriamente y aunque se molestó conmigo por rendirme, al final renunciamos a la idea de seguir intentándolo –sonrió a su niña que lo veía entristecida, beso su mejilla.- Eres el mejor regalo que hemos tenido y ni todo el agua del planeta habría servido para que Haru se recuperara si te hubiéramos perdido, a los dos se nos habría roto el corazón.
Taichi lo abrazó, hundiendo su rostro en el hombro de su padre. –La gente es tonta… son los mejores papás del mundo –susurró, preguntándose cuál era el problema con la gente, sus papás se querían como cualquier otra pareja en el mundo. Makoto la abrazó con cariño, la acostó y besó su frente.
-Ahora a dormir, pequeña Tai-kun –sonrió, ella hizo un puchero.
Aseó un poco la casa antes de acostarse. Su teléfono sonó y contestó adormilado, sonrió al reconocer la voz. –Te extrañamos mucho los dos –dijo tras un suspiro. –Taichi dijo que somos los mejores padres del mundo –sus ojos se llenaron de pequeñas lágrimas que borró rápido. –Cuando vuelvas te cuento por qué –permaneció en silencio un rato, escuchándolo. –Todavía faltan unos días para que vuelvas… Me estoy impacientando –rió y permaneció callado otro rato. –También te amo –dijo sonriente. –Hasta mañana.
Tras colgar miró el anillo en su dedo anular, sonrió; ya sabía qué le contaría a la noche siguiente a su hija.
¡Hola gente! Gracias por sus reviews =)
Espero les haya gustado este capítulo, un poco… triste, creo… pero el próximo será más feliz (espero xD)
¡Gracias por leer! Trataré de actualizar rápido w
