Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de Masashi Kishimoto

...

~oOo~

...

El lobo y la luna

.

.

.

Si yo antes tenía miedo ahora sentía pavor.

Cuando eres solo un niño, no te das cuenta de lo que realmente sientes hasta que creces.

Cuando eres un niño solo te sonrojas o esperas a que el enamoramiento o atracción se te pase.

Pero...

¿Cómo saber si es amor?

¿Cómo saber si no es algo pasajero?

...

Kiba-kun La pequeña niña de lacios cabellos me veía con una sonrisa. Cargaba con un pequeño conejo en sus brazos y me lo tendió en un día cualquiera en la academia—. Te gustan los animales ¿verdad?

Gruñí, más que nada porque había interrumpido mi hora de juego con Akamaru. No me gustaba que los demás se acercasen sólo para obtener un poco de atención con los animales. ¿Qué me creían? ¿Un experto?

Sí, pero yo cuido perros, niña. Renegué un poco enojado por su interrupción—. No conejitas...

P-Pero está herido...

Aquella vez observé la pata trasera del animal, estaba ligeramente manchada de rojo y tenía la impresión de que si alguien no la trataba rápido podría generarle una dolorosa infección.

Limitándome en ese entonces en suspirar, miré a Hinata como si yo hubiera sido el que había lastimado al conejo. Tal vez la palabra correcta sería que la miré con "culpabilidad".

Técnicamente, ella era un conejo diminuto e inocente para mis ojos.

Está bien...

Aún lograba recordar el cómo me había convencido con tanta facilidad. No tardé más de cinco minutos y ya estaba vendando al pobre animal esperando que no se atreviera a lanzarme ninguna mordida puesto que yo sólo sabía atender a los perros. No podía ser tan diferente a un conejo...

Sin embargo, de soslayo lograba observar a Hinata cohibida con mi trabajo. En sus ojos había cierta curiosidad como si lo que estuviera viendo fuera la cosa más magnifica de todas. Pero, ¿qué tenía de especial un conejo? Es un animal cualquiera. ¿O a caso es que ella nunca había tenido uno?

En ese momento, creo que llegué a preguntarme si alguna vez ella tuvo una mascota por la cual preocuparse cuando se enferma.

¿D-Dónde aprendiste a vendar? preguntó, inerte y curiosa sin despegar su vista de la pata del animal. Yo creo que en ese entonces carraspeé y respondí con nerviosismo pero fingiendo indiferencia.

Mi madre y mi hermana se encargan del cuidado de los animales en la aldea contesté en automático mientras terminaba con aquel sencillo trabajo—. Solo sé unas cuantas cosas...

¿Y t-tu a eso te quieres dedicar...?

¿Hm? Tal vez alcé una ceja o dos, pero recuerdo que mi respuesta fue alegre seguido de mi sonrisa—. Claro respondí alzando la barbilla con confianza mientras realizaba un nudo con la venda—. Pero antes me encargaré de ser Hokage.

Si bien Hinata ladeó o no la cabeza, en ese entonces sólo recordaba que me hizo una pregunta:

¿T-Tú quieres ser Hokage?

Primero voy a ser Hokage y haré un día oficial del perro en Konoha. Terminé de vendar al animal pero seguí hablando un poco más con Hinata en lo que acariciaba el lomo de la criatura—. Creo que los perros no son consentidos como nosotros. Así que yo me encargaré de dar un día oficial del perro para que sean tratados por igual, ¿No te parece genial?

Oh... su-suena bonito...

Con cuidado y tratando de no lastimarlo, le tendí el conejo. Le expliqué algunas cosas para su cuidado como el no dejar de tratarlo, observar el avance de su herida y sobre todo en darle algunas hiervas para curarlo de alguna posible infección. No sé como pude decirle eso, pero creo que me consideraba yo mismo un experto... Y si me entendió o no, era su problema, pero aquella dulce sonrisa que me regaló como agradecimiento fue suficiente paga para sentir que había hecho un buen trabajo.

¡Gracias, Kiba-kun!

Akamaru ladró y yo me limité a despedirme a lo lejos con un simple ademán de manos cuando un familiar de ella llegó para recogerla de la escuela.

En ese entonces no sentía que me gustase o algo parecido. Parecía que yo sólo me sonrojaba al estar con ella porque de alguna manera la consideraba un animal indefenso al que me gustaría cuidar. Sin embargo, muy en el fondo sabía que eso era una mentira, pero trataba de ignorarlo.

Yo era sólo un niño. Inmaduro, consentido, arrogante y gruñón, pero seguía siendo un niño. ¿Qué me iban a importar ese tipo de pensamientos? En realidad nada. Pero, ¿qué hay del hoy y el ahora? ¿Me arrepiento de no haber aceptado antes lo que sentía para dejarlo salir, y así tal vez sólo tal vezconseguir una oportunidad para obtener el corazón de Hinata? Quizás. A lo mejor hubiese logrado y vencido a Naruto en algo que nadie lo podría vencer. Tal vez si lo hubiese aceptado y gritado a los cuatro vientos yo hubiese sido el vencedor, pero las cosas no son así. ¿Saben por qué?

Porque no importa lo que yo piense. Hinata al final es la que decide, y sabía de antemano que su brújula no apuntaba hacia mi.

...

—¡KIBAAA!

Aquella mañana había implorado a algún ser supremo de este mundo que me dejara dormir por una maldita vez en la semana. Después de todo, estamos hablando de mi familia... la más salvaje de todos los clanes de la aldea.

—¡Agh! ¡¿Es en serio?! —pregunté a los cuatro vientos después de tomar mi almohada con pereza y usarla para cubrir mis oídos —. ¡Déjenme dormir!

Escuché pasos pesados viniendo en mi dirección y estaba seguro de que se trataba de mi madre, puesto que es la única loca en mi casa capaz de aventar la puerta de una patada y aventarme el desayuno.

Cuando abrió, Akamaru gimió de miedo y una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo.

—Tienes hasta LA CUENTA DE TRES para salir de esa cama. —dijo furiosa sintiendo su amenazante mirada—. Uno...

—¡Ay, mamá!

—Dos...

—¡Ya voy, ya voy! —aventando la almohada al suelo me enderecé con irritación rascándome una nalga—. Que insistente eres, vieja...

—¡¿A quién le dices vieja?!

A la primera oportunidad tomé mis cosas antes de que el desayuno se estrellara en mi cara, pasando por debajo de ella con los pantalones del día anterior, una camisa cualquiera y mi chaqueta. Tan pronto pasé por su lado, corrí lo más rápido posible sin prestarle mucha atención a sus gritos. No tienen ni una mínima idea de lo que es enfrentarse a mi mamá y huir con el rabo entre las patas, sobre todo cuando no acotas una orden directa de su parte que, por lo general termina en darme un sin fin de golpes, regaños y maltrato por no querer ayudarle.

—Wow... —Hana se quitó del medio del camino cuando yo, su hermano menor, corría seguido de Akamaru huyendo despavorido de mi propia madre y a su vez intentando ponerme los pantalones para no salir a la calle desnudo—. ¿Otra vez?

—¡HANA! —Tsume —mi madre— alcanzó a llegar hacia ella cuando yo ya estaba a varios metros más lejos dejando la puerta abierta. Puede ser que estaba junto a ella, o a lo mejor seguía gritando en el pasillo que conectaba a mi habitación, pero estaba seguro en que le había visto, porque cuando giré la cabeza la vi caminar en su dirección—. ¡¿Qué tanto estás observando?! ¡Dile a tu hermano que vuelva!

Yo no me había detenido ni un instante para poder hacer los deberes. Apenas había llegado a un lugar cómodo fuera de la casa comencé a acomodar mi ropa y uniforme que, de forma riesgoza, me había colocado a medio camino para no ser un exhibicionista.

—Se las arreglarán sin mi. —Trepé con cuidado sobre mi compañero y comenzamos a andar hacia la aldea tan pronto como cantaba un gallo. Estábamos castigados y no tendremos misiones en toda la semana. Así que eso meritaba una reunión de equipo. Entrenaríamos juntos aunque eso significaba más tiempo con el raro de Shino... pero valía la pena por ella. Después de todo, de no ser por Hinata este equipo hubiese sido un fracaso, y lo que menos podía hacer era agradecerle de forma indirecta ayudándole en todo lo que pudiera.

...

Hinata atacaba mi costado con su puño suave. Por pocos centímetros y hubiera podido darme de no ser porque logré esquivarlo. Desvié su ataque saltando hacia atrás preparándome en el suelo para tomar impulso y después arremeter también, pero antes de continuar me limité a sonreír con orgullo mientras pensaba en alguna estrategia.

—Je, je... eso es Hinata, ¡ahora, defensa! —Mirando a Akamaru, éste se transformó en mi cuando comprendió lo que quería hacer. Si bien estábamos entrenando, pero por ahora era nuestro turno de contraatacar—. Gatsūga no jutsu*

Observé a Hinata preparando su posición defensiva. Y Akamaru y yo, en un remolino, avanzamos hacia ella dispuestos a herirla para observar su nivel defensivo. Sabíamos que siendo ella sería pan comido. Si Hinata en algo destacaba, era en la defensa cuerpo a cuerpo.

Hakkeshō Kaiten* —girando en 360°, su ataque de ocho tigramas fue una rotación absoluta que nos impidió a mi y a mi amigo a penetrarla de tal forma en que pudiésemos bajar su defensa. En cuanto ambos no pudimos seguir arremeter contra ella, salimos disparados por los aires cayendo al suelo con estrépito más Akamaru apenas logró caer de pie con algunos raspones. Por otro lado, yo caí sobre mi hombro izquierdo golpeando las raíces de un viejo árbol.

—¡Kiba-kun! —Hinata deshizo su defensa llevando ambas manos a sus labios dispuesta a acercarse de no ser porque me levanté primero con una sonrisa para disimular mi dolor muscular—. ¿Te encuentras bien?

Asintiendo, llevé mi brazo derecho al hombro izquierdo y comencé a moverlo. Sentía molestia, más no la necesaria para provocar un esguince pero era evidente que aquel golpe me provocaría un enorme hematoma. Tal vez después de entrenar podría revisarla y, en todo caso de ser algo más grave iría al hospital, pero lo dudo...

—Eh, Hinata-chan —bajando el brazo, rasqué mi nuca con mi brazo derecho para parecer lo más normal posible pese al dolor—. Se ve que has estado entrenando con tu primo el alagan...

—¿Eh? —Un leve sonrojo apareció en sus mejillas, más su sonrisa tierna hizo aparición suavizando su preocupación—. ¡A-no...! Sí...

Volteando en cuanto escuchamos la caída de alguien cerca nuestro, ambos observamos a Shino, quien había estado en un árbol todo este tiempo analizando nuestra batalla para al final —como siempre— darnos nuestros puntos buenos y malos según su criterio.

—Fue buena defensa. —Admitió mi compañero sin tanto tacto hacia Hinata, más después de referirse a ella, se giró para verme directo con el ceño fruncido—. Pero a tu ataque, Kiba, le hace falta más fuerza.

—¿Ja? —Llevé ambas manos a mis caderas alzando ambas cejas sintiéndome ofendido—. ¿Y quién dice que tus ataques son mejores? ¿Eh? ¿Quién te nombró el líder? Solo yo puedo decir si lo hago mejor.

—Mis ataques no son propiamente de corta distancia. —Por lo menos dijo algo creíble...—. Pero tengo mejores estrategias que las tuyas.

Retiro lo dicho.

—¡¿EH?! —si no estoy lo suficiente estupefacto, ahora mismo lo miraba como si fuese un estúpido cualquiera mientras lo apuntaba con un dedo—. ¡REPITELO DE NUEVO, IMBÉCIL!

—¡C-Chicos! —No me sorprendió el que Hinata intentara intervenir, tratando de mantener paz en el grupo como lo hacía siempre que nosotros iniciábamos una discusión, pero, ¡Por dios! ¡Más le vale decir que yo no tengo la culpa! Shino siempre es el que empieza—. S-Somos un equipo... no hay que pelear. Yo creo que lo hiciste bien, Kiba...

—¿Ves? —Señalé a Hinata sintiendo la victoria—. Ella sabe lo que dice. Hice un buen ataque.

—Tu forma terca de ver la falla de tus avances sólo hace que nos quites más tiempo para entrenar. —El cuatro ojos cruzó sus brazos y mantuvo su mirada seria. Era esa típica y tonta mirada de "te reprenderé, quieras o no"—. Hinata ha mejorado más que tú en las ultimas semanas. No sé lo que te ha estado sucediendo, pero sólo nos has estado atrasando y tu falta de compromiso provoca que en nuestras misiones solo consigamos fracaso.

—¡¿ESTÁS DICIENDO QUE YO SOY EL DEL PROBLEMA?! —Sin dudar di un paso al frente dispuesto a golpearlo, me estaba saliendo de los estribos...—. ¡¿QUIÉN DICE QUE YO SOY EL DEL PROBLEMA?! ¡¿EH?! ¡POR LO QUE HE VISTO TU TAMPOCO HAS HECHO NADA!

—¿Estás retándome para demostrar mis avances en lucha?

—¡ES UN HECHO!

—Muy bien.

—¡C-Chicos...!

Hinata no tuvo la oportunidad de detenernos. Porque antes de que lo hiciera Shino y yo ya nos habíamos transportado a otro lugar dentro del área para evitar a propósito su intervención. Tal vez no estábamos tan lejos, pero sí lo suficiente para que ella tardara en llegar a nosotros en aproximádamente cinco minutos.

Eso me daban cinco gloriosos minutos para partirle a Shino la cresta para que acepte quien es el mejor, ¡Ja!

—¡Estoy harto de que siempre me eches la culpa! —grité al tiempo en que lanzaba un papel bomba antes de esconderme detrás de un árbol y sacar un Kunai—. Siempre estás, "Es que tú, es que tú" ¡Ja! ¡¿Pero qué hay de ti?! Tú eres perfecto, ¿verdad? ¡Jamás te podemos decir nada!

Olfateando el aire, detecté el aroma de Shino cerca, y alzando la cabeza observé una jauría de gusanos paralizantes que estaban cayendo con el objetivo de aterrizar en mi cabeza o zonas despejadas como cuello o manos. Pero saltando a tiempo al suelo, aventé mi kunai con otro papel bomba incrustado obligando a Shino en salir de su escondite entre las ramas de aquel enorme árbol si no quería terminar con una buena quemadura de tercer grado.

—Tus distracciones son un precio caro, Kiba —dijo éste cayendo al suelo al otro extremo de donde me encontraba. Su porte era seguro, serio, y alzando una mano logró atraer una jauría de insectos que poco a poco comenzaron a revolotear al rededor nuestro—. No sé porque piensas demasiado. No eres así.

—¿Y qué te importa si me detengo a pensar? —pregunté casi a gritos analizando mi situación sobre cómo salir de ésta. Tenía insectos a mi al rededor, y sólo observé a Shino dar pasos atrás encerrándome en aquel vórtice lleno de estúpidos insectos—. No te importa.

—Kiba. —No podía verle. Sabía que estaba e alguna parte pero sus insectos no me permitían el paso a nada. Inclusive cerraron cualquier paso de luz. Me tenían rodeado.

Estaba acorralado.

—¡Akamaru!

—Kiba. —Volví a escuchar su voz siendo más insistente. Akamaru se había quedado atrás con Hinata, y no había forma en que pudiera hacer algo al respecto—. Solo han pasado dos semanas desde tu comportamiento y todo ha ido demasiado mal.

—¡Akamaru!

Escuchaba el zumbido de las abejas y el olfato comenzaba a fallar. Algunos de esos insectos comenzaban a desprender toxinas apestosas confundiendo mi olfato y ya no sabía como actuar.

—No tengo la culpa de tener compañeros incompetentes —hable entre nervioso y desesperado. ¡No había salida, no la había! ¡¿Qué mierda iba a hacer?!

—Nosotros no tenemos la culpa. Tú la tienes.

—Da igual —repliqué llevando ambas manos a mis oídos en cuanto el zumbido de aquellas cosas aumentó confundiendo mis sentidos.

—Nunca hablas así de nosotros.

—¡Dije que da igual!

—¡Kiba!

Los insectos se dispersaron dejando el paso de toda luz en aquella temible oscuridad permitiéndome abrir los ojos.

Shino se encontraba en frente apuntándome con un Kunai situado en mi cuello. Su semblante estaba fruncido, sin siquiera verle bien todo el rostro podía saber y detectar que en parte se sentía decepcionado. Tal vez severo. No lo sé, no lo sabía y no quería averiguarlo. Tan sólo quería que esto acabara, quería golpearlo, quería reprenderle en toda su maldita cara el que yo gané y el que él no tenía la razón.

Pero incluso yo no puedo darme el lujo de negar lo que es cierto.

—Te acorralé con tanta facilidad que das pena. —Su tono de voz se había endurecido y su posición parecía más recta y firme como si fuese a dar una reprimenda a un niño pequeño—. El Kiba que yo conozco hubiera buscado alternativas. Hubiera pensado como lo habría hecho un verdadero líder de equipo. ¿Quién eres tú, entonces? ¿Qué le sucedió a mi compañero?

Mantuve los ojos abiertos por mucho tiempo y desvié la mirada al suelo. No podía verlo de frente, pero tampoco quería hablar. Yo tan sólo tenía miedo...

Miedo a decir la verdad.

—Apenas son dos semanas desde que llegó él de nuevo y te comportas como un verdadero idiota. —Shino bajó el Kunai hasta situar su brazo a un lado de su cuerpo, y yo me limité a seguir con la mirada gacha indispuesto a alzarla—. Naruto es tu amigo, pero yo sé porqué eres así.

—¿En serio? —Alzando la barbilla, esta vez mirando a Shino de frente sin miedo enderecé mi espalda e inflé el pecho arrugando mi frente y cerrando los ojos—. ¡¿Qué rayos puedes saber sobre lo que he estado pensando?! ¡¿Tú, de entre todos, cómo puedes comprender mi maldito sentir?!

—Siempre pensé que considerabas a Naruto como un fiel amigo y rival porque en los exámenes lo dijiste —dijo éste ablandando la voz, pero su semblante seguía igual y supongo que sus ojos fijos en mi pese a que no puedo verlos debajo de sus lentes—. Pero aquella vez en los exámenes Chunin... parecía que lo habías dicho porque él te había vencido en algo mucho más a fondo e importante que eso.

Impotente y enfadado, apreté los dientes pensando en una buena frase para dejar el tema de un lado y callarlo de una buena vez. No quería escuchar, no quería seguir oyendo ni una sola palabra. Tan sólo quería huir, ir a casa.

Tan sólo deseaba en que dejara las cosas tal y como estaban.

—Pero ahora que lo pienso mejor... —prosiguió Shino sin ablandar por nada su tono de voz—. Creo que aquella vez lo consideraste como tal porque te había derrotado... dos veces.

Liberando tensión en mi porte y ablandando la fuerza que usé al apretar mis dientes, observé poco a poco el cómo los recuerdos vinieron a mi del examen Chunin sin siquiera pensarlo dos veces. Estaba yo, dispuesto a vencer con toda la confianza del mundo con mejores técnicas físicas de taijutsu y ninjutsu que ese inepto, pero fui vencido de la forma más patética, y en su momento no importó.

Tan sólo lo vi cuando estuve en camilla, él había regresado con los demás victorioso y ella estaba feliz, y preocupada, pero sin importar cuanto recordara, desde siempre él ha estado en primer lugar en todo...

De sólo sentir la rabia de aquel momento, gruñí por la impotencia al darme cuenta que en realidad tenía razón. No podía, pero quería culpar a Shino por ser el estúpido que me hizo ver todo eso en el peor momento. Le miré como la peor escoria que hubiera podido encontrarme en el camino, aunque muy en el fondo sabía que todo ese show y aquel embrollo lo hizo por mi bien.

—¡Chicos! —El grito de Hinata se escuchó viniendo de un árbol seguida de Akamaru quien a su vez ladraba preocupado.

Shino miró a aquella dirección y yo sólo moví los ojos en dirección contraria a mi compañera de equipo.

—Si tienes asuntos privados que resolver... —prosiguió Shino como si quisiera darle fin a la conversación—, resuelvelos por tu cuenta, pero no involucres esa parte de tu vida en la misión.

En cuanto miré a mi compañero a la cara éste ya había girado casi por completo para darme la espalda. Noté como guardaba de nuevo su kunai en su bolsa de herramientas, y su expresión parecía más relajada a comparación de hace unos segundos.

—Y además... —Escuchándolo detener su andar en la ultima oración, supongo que para pensar o darle énfasis a sus palabras, lo miré por el rabillo del ojo en la espera de su último comentario sobre el tema, más la respuesta no fue inmediata y él siguió caminando—. Bueno, no importa.

Bufando, alcé mi vista para observar a Hinata nos observó a Shino y a mi, confundida puesto que ella no había entendido qué fue lo que había pasado, y no la culparía. Por lo tanto, yo me limité en tomar una postura menos tensa y más relajada que antes llevando mis brazos al cuello para seguir a mi compañero a la salida del área de entrenamiento.

—Kiba, ¿está todo bien? —preguntó mi compañera cuando pasé a su lado, más sin mirarla bufé con falso desinterés mientras ella y Akamaru me miraban con curiosidad y confusión.

—Seh. —Fue mi más vaga respuesta. En realidad no quería hablar del tema, pero conociendo a Hinata era probable el que seguirá preocupada sino le doy un poco más de detalles—. Tranquila, me dio una paliza.

Odiaba a Shino por varias razones pero en esta ocasión debía admitir que tenía razón y me había vencido en todo sentido.

No había estado feliz en ningún instante desde que Naruto había vuelto de entrenar con aquel Sannin. Ni mucho menos de saber que él se había vuelvo mucho más fuerte que yo, y no estaba para nada contento de saber que Hinata Hyuga volvía a tener aquel espíritu lleno de fe y esperanza de que el Uzumaki la notara incluso después de casi tres años.

Era como pelear con un espíritu. No importaba cuanto lo intentara, él terminaría ganándome. Es por eso que trataba de no pelear porque era imposible. Además, no importa lo que yo piense, no es como si mi opinión fuera a cambiar algo de lo que Hinata siente...


.

Dos años después

.

A pesar de las circunstancias catastróficas que habíamos pasado, aún no me podía creer que ya habían pasado exactamente dos malditos años desde ese incidente.

El invierno incluso se había vuelto más crudo que antes. Más insólito e insoportable. Lo único que me agradaba de esta época del año era que los paisajes eran más hermosos que antes, y el olfato era más efectivo gracias a la concentración de olores pero tampoco es como si me gustase olerle los traseros sudados de toda la gente...

¿Pero saben qué es más insoportable? Naruto. Sí, el idiota de Naruto y sus desesperantes seguidoras...

—¡Naruto-kun! —gritó una ciudadana cualquiera intentando llamar su atención cerca de nuestra ubicación—. ¿Nos tomamos una foto?

—¿Eh? —Y el idiota, en la tienda de Ichiraku, lo vi llevando una mano a su cabello para rascarse la cabeza puesto que para él todo eso era una molestia porque no sabía decir no. Es facil saber eso cuando te llevas con él—. ¡Ah, sí, sí...! Claro...

Era absurdo y ridículo. Incluso en Ichiraku él tenía que posar. Shino y yo tratábamos de tener una comida tranquila fuera del área de la barra por las mesas para evitar el tumulto de gente que entraba sólo para sentarse a un lado del héroe de la aldea. Por eso comer afuera era mejor, pero al parecer esa estrategia no fue suficiente. ¿Qué seguía? ¿Pedir las cosas para llevar? A este grado ningún lugar será seguro en esta puta aldea...

Lo único que me quedaba era en fulminar a mi amigo con la mirada. No es que tenga celos de su fama y su gran potencial como Shinobi de la aldea ni nada por el estilo. No. Le miro con cara de pocos amigos porque, puede tener casi todo pero lo más importante nunca lo tomaba en cuenta el muy estúpido...

—Hey. —Shino llamó mi atención hablando en voz baja sacándome de mis propias nubes de tormenta e ira para regresar al mundo ideal—. Se te está enfriando.

Girándome bajando el brazo del respaldo de la silla, miré mi plato y resoplé ya que tenía razón. Volví a tomar mis palillos y seguí devorando mi cena del día recordando que, a diferencia de adentro, el frío era más fuerte en la parte de afuera de la tienda. Y no quería que mi delicioso ramen se congelara.

—No entiendo porque la gente puede llegar a ser tan hipócrita... —comenté totalmente asqueado de ver tantas admiradoras concentradas en un maldito punto geográfico.

—¿Lo dices por ti? —preguntó mi compañero, y quiero suponer que eso fue sarcasmo...

—Antes lo trataban como una mierda, y ahora lo consideran como un héroe. —Especifiqué señalando a Naruto con los palillos, retomando mi cena comiendo a grandes bocados.

—Deberías estar feliz —dijo mi amigo con desinterés mientras él comía de una forma más tranquila y decente.

—Lo estoy porque es mi amigo, pero hasta él es un idiota —respondí con la boca llena golpeando con un puño nuestra mesa—. A veces, incluso siendo el héroe de la aldea y la gran guerra, puede llegar a ser demasiado estúpido.

—¿Hm? ¿De qué tanto hablan, datteba-yo? —Naruto había parecido a un lado de nosotros con una sonrisa en el rostro mientras cargaba unos cuantos regalos. Tenía una chaqueta oscura y una bufanda verde en su cuello además de que mostraba su tonta sonrisa amable que ponía desde que eramos pequeños—. ¿No estaban hablando de mi, cierto?

Bufando de por medio porque ya no podíamos retractarnos de lo que habíamos dicho, sonreí de forma cínica pensando de que tal vez esta pudiese ser una oportunidad para desquitarme un poco de todo aquello que no he querido decirle. No lo sé. Desahogarse de vez en cuando no le hace mal a nadie...

—Sí. Hablábamos de ti y tu poca inteligencia de cabeza de chorlito...

—¡Hey! Lo dice el que tiene cerebro de perro...

Carcajeándome, comí otro bocado de ramen señalándole otro asiento en nuestra mesa para que pudiera sentarse con nosotros. Podrá ser un estúpido, pero sin importar nada Naruto seguía siendo a su vez mi amigo.

—¿Te ha ido bien últimamente, Naruto? —pregunté para iniciar conversación.

—Pues... —Observé por el rabillo del ojo a mi amigo Uzumaki, y a juzgar por su mirada, había algo que no quería explicar...— algo...

Tan sólo lo miramos unos segundos sin preocupación, tanto Shino como yo retomamos nuestro labor en devorar la comida que quedaba de nuestro tazón.

Yo me limité a hacer una pequeña mueca antes de levantar la vista para observar a Shino del otro lado de la mesa. Sabía que él no diría nada puesto que el único que sería capaz de por lo menos averiguar el molestar de Naruto era nadie más que mi persona (a menos que seas Sakura). Así que, suspirando con pesadez, miré a Naruto con una ceja levantada recargando ambos codos sobre la mesa.

—¿Y cómo van las cosas con Hinata? —pregunté esta vez cambiando de tema. Tal vez eso sea lo mejor—. ¿Has hablado con ella?

Naruto alzó ambas cejas y ladeó la cabeza como si con esas preguntas lo hubiese tomado desprevenido. ¿Es que a caso no ha salido últimamente con ella? Yo no lo sé puesto que Shino y yo acabábamos de regresar de una misión en Kirigakure. Pensé que por lo menos en aquellos últimos seis meses Hinata pudo acercarse a Naruto en nuestra ausencia, pero a juzgar por su mirada no tenía que contestarme para saber la respuesta.

—¿Hinata? —preguntó el idiota en voz alta como si apenas la conociera...—. ¿Qué tiene Hinata?

—¡Naruto-kun! —varias chicas gritaban su nombre en otra dirección, y girándome para verlas por arriba de los hombros, observé a varias sosteniendo algunos regalos en sus manos y otras chicas cámaras fotográficas—. ¿Puedes venir, por favor?

—Lo siento, chicos. —Levantándose de su asiento, nos sonrió decaído como si no quisiera ir hacia allá pero tenía que hacerlo—. Espero verlos más al rato...

No nos vería más al rato, era seguro. Tan sólo lo vi alejarse hasta situarse frente a esas desconocidas para recibir regalos sin quedar mal frente a la gente.

Todos sabíamos que él no quería negarse para no parecer una mala persona... pero tanto Shino como yo sabíamos que, justamente en este tipo de festividades, era cuando Naruto sufría más por la soledad que por la compañía de cualquier persona.

No era necesario preguntarle para saberlo. Lo entendíamos cuando lo veíamos a la cara...

...

—Con permiso. —Adentrándome a la residencia Hyuga acompañado de un sirviente, me indicó que espere en un pequeño jardín de la residencia mientras buscaba a su princesa sabiendo que probablemente podría morir de frío e hipotermia.

Sin embargo, no esperé a que regresara. Tan sólo seguí el camino gracias a mi olfato para averiguar la habitación de su estadía caminando por el mismo jardín hasta llegar a las puertas abiertas de una cámara con una luz apenas visible gracias a la noche donde se reflejaba la silueta de una mujer sentada en una mesa tejiendo como lo haría una abuela.

—¿Hinata-chan?

Me había acercado con cuidado temiendo que pudiera haberme equivocado e interrumpido a alguien más confundiendo su olfato con el de su padre o su hermana. Aunque aquella sensación de inseguridad se esfumó cuando pude ver a aquella chica de ojos perlas tejiendo con mucha destreza y rapidez una bufanda del color rojo como la sangre.

—Hola, Kiba.

Su saludo había sido muy seco, incluso frío y distante. Solo habían pasado dos años y el cambio en ella había sido demasiado notorio. No era de sorprenderse... hablamos de una persona que había estado enamorada desde niña de alguien que nunca le notó o quiso corresponderle, y si antes tenía dificultades, ahora con la gente que Naruto tenía alrededor ella no podía hacer nada.

Pensé que aquella actitud cambiaría cuando le aconsejé que se acercara a Naruto cuando nos fuimos Shino y yo de misión... pero, en vez de eso, pareciera que ella había hecho caso omiso encerrándose en esta habitación para hacer lo que las demás niñas hacen. Hacer un regalo a mano y entregárselo a la persona que esperan que les corresponda.

O eso supongo que para eso era la bufanda que tanto estaba tejiendo con devoción.

—¿Te ayudo? —pregunté en voz alta esperanzado de poder hacer algo. Me sentía inútil a su lado de pie sólo viéndola tejer, y yo de bobo viéndola moviendo sus delicadas manos sin hacer nada.

Aunque al final terminé por hacer reír a la mujer de cabello azulado. Quiero decir, ¿en qué podría ayudar yo? No sé hacer estas cosas de ancianitas y ella lo sabía, pero había hecho un buen intento al preguntar...

—Puedes servirme un poco de té. —Sugirió ella, a lo mejor pensando que esa sería la mejor ayuda que yo podría ofrecer.

Y no me negué, al contrario, estaba feliz de solo servir té y no hacer cosas de mujeres.

—Aquí tienes. —Me acerqué para tomar asiento en la mesita de noche cuando terminé de prepararlo pocos minutos después. Tomando la tetera con cuidado, serví en una pequeña tasa para ella y otra para mi para darme calor. Observé con curiosidad el cómo Hinata lo tomó entre sus manos y bebió gustosa de él depositándolo sobre la mesa. Entonces le miré los ojos. Tenía bolsas debajo de éstos como si hubiese estado haciendo la bufanda día y noche sin cansancio. Parecía cansada, agotada, y a juzgar por la bufanda tal vez esté en este estado porque no había pasado mucho tiempo tejiendo después de todo. Al fin y al cabo, no creo que haya durado más de una semana tejiendo.

—Kiba-kun. —Con el nombrar de mi nombre llamó mi atención.

—¿Sí?

—¿Necesitabas algo? —preguntó como si se estuviese dando cuenta sobre el porqué había decidido visitarla.

—En realidad... —sin excusa, me encogí de hombros tomando otro sorbo del té antes de responder carraspeando un poco la garganta—, no.

—Entonces... —Viéndola levantar la vista, ladeó la cabeza inerte en sus pensamientos, tal vez para sacar sus conclusiones—. ¿A qué se debe tu visita?

—Quería verte —confesé mostrando falso desinterés.

—¿A mi?

—¿Pues para qué crees que vine? —Bufé mostrando una sonrisa para ocultar mis nervios. Aunque eso era algo que ya me salía tan natural que no tenía porque poner tanto esfuerzo—. Eres mi amiga y no necesito preguntarte si estás bien para saberlo.

—Estoy bien, Kiba. Gracias por preocuparte.

—¿Eso es para Naruto? —pregunté señalando con la mirada la bonita bufanda que ella estaba haciendo.

—¿Eh? —Con timidez ella sostuvo el objeto como aquella vez que había sujetado al conejo. Temerosa y con ganas de seguir ayudando—. S-Sí...

Bajando mi vista hacia sus manos, noté imperfecciones que antes no había y eso eran algunos callos. Tenía zonas enrojecidas y unas pocas ampollas, pero no creo que eso se deba a por la tarea de la bufanda...

Y por instinto, acerqué más mi silla dejando mi tasa de té sobre la mesa frente a ella. Tomé sus manos con delicadeza obligándola a que dejase su tarea de tejer por un momento para sentirla. Estaban frías y rasposas, como las de una mujer que ha estado trabajando tanto y con esfuerzo. Mi primera reacción fue preocuparme. Suspirando con fuerza cerré los ojos acariciando sus manos con suavidad antes de levantar la mirada para centrar mis ojos en los de ella.

—Deberías descansar.

—P-Pero yo...

—Estás helada, Hinata. —Suspiré cerrando los ojos y sonriendo con ligero esfuerzo—. Tómate un respiro y continuas después.

—Necesito terminarlo hoy...

—Y yo necesito que descanses. —No fue lo que dije lo que me puso ligeramente rojo de las mejillas. Fue el tono que utilicé. Como lo haría un hermano que estuviese preocupado pero bien sabía yo que no era así. Me sentía... mal por verla sufrir de ese modo. Tan sólo quería el que ella dejase de esforzarse demasiado, sobre todo en una persona que no le ha prestado atención en mucho tiempo. Pero eso no depende de mi—. Por favor.

Le miré fijamente sin soltarla. Sentía sus ojos pesados y fijos en mi, mirándome con suplica para que la dejara continuar en una labor que parecía que no tenía fin. Con solo ver aquella mirada sentía demasiados celos, celos de Naruto al no notar todo lo que ella estaba haciendo. Ella podría contagiarse de un resfriado, pulmonía o coger una hipotermia y seguiría haciendo aquella bufanda sobre su cama para él como lo haría una buena esposa cuando su marido tiene frío.

Sentía que él, por mucho que nunca hubiera tenido algo como padres que pudieran darle aquel cariño incondicional, sabía que él no lograría apreciar lo que tenía enfrente. Sobre todo porque durante muchos años él sólo veía lo único que le servía para ayudarlo a alcanzar sus sueños y aspiraciones.

Y eso me daba rabia.

—¿Por qué una bufanda? —Me animé a preguntar en un tono más alegre. Quizás hablar de eso la relajaría y la mantendría en otra cosa en vez de tejer.

—¿Eh? —El sonrojo dominó su cara y bajó la mirada con rapidez. Aquel gesto era tan típico de Hinata... era de las únicas cosas que agradecía que no hubieran cambiado y que no cambien nunca.

—Vamos, soy tu amigo Hinata. —La incité acercando mi rostro hacia el de ella como si esperara a que me contara un secreto que no se lo había dicho ni a su hermana—. No se lo diré a nadie... aunque Sakura yo lo sepa.

Estupefacta, la vi alzar la mirada para enfrentarse a la mía, la cual contenía una sonrisa de victoria puesto que yo, desde hace mucho, ya sabía sobre aquel pequeño secreto gracias a Ino y Kurenai.

—¿C-Cómo sabes que Sakura y yo...?

—Por el amor de dios, Hinata. —Suspiré rodando los ojos como si fuera un estúpido—. Desde que se acercó el festival estuviste todo el tiempo con ella, ¿a caso crees que no tengo oídos ni ojos en la aldea incluso en mi ausencia? —soltando una de sus manos, golpee con un dedo su pequeña frente como niña pequeña—. No seas tonta, Hinata...

Aunque estaba seguro el que toda aquella alianza y amistad se debía a porque ambas estaban resignadas con sus respectivas y futuras parejas platónicas...

—¿Y bien? —alcé una ceja, un poco más impaciente que antes porque Hinata no soltaba la sopa—. ¿Me vas a decir?

La sentí titubear mientras seguía sosteniendo sus manos. Ella giró la vista hacia el jardín, indispuesta a mirarme ya que había conseguido ponerla nerviosa. O eso suponía...

—Y-Yo... —Su respiración era pesada, pero en cuanto se relajó me contó la historia. En un principio fue con timidez, pero aquello se fue perdiendo cuando comenzó a sentirse segura y feliz de que yo le prestara toda mi atención. Escuché cada detalle por muy aburrida que fuera la razón del porqué quería tejerle la bufanda a Naruto. No negaré en que reí cuando contó el cómo Naruto intentó salvarla usando el jutsu de clones de sombra cuando en ese entonces era pésimo en el ninjutsu, así que el que haya invocado a dos pequeños clones suyos era bastante creíble para mi.

Sin embargo, mientras oía la historia de "Naruto el héroe" sobre cómo ayudó a Hinata a dejar de que la molestaran me hizo ver y pensar que, a pesar de toda la seriedad y sentimientos contenidos por parte de Hinata ella seguía queriéndolo muy en el fondo con la misma intensidad con la que lo quería cuando era una niña.

Ella aun tenía esperanza de ser correspondida, aunque ahora la llama era mucho más pequeña cuando la juzgabas por lo que expresaba por fuera.

En todo momento sonreí aunque la historia fuera de lo más cursi y empalagosa. Lo único que me mantenía despierto era cada una de las expresiones de Hinata cuando relataba una historia que consideraba parte vital de su vida.

A veces me daba rabia el sólo pensar que Naruto la tenía para él pero no quería tomarla. Ahora diría que no la desea porque hace dos años ella se sacrificó para salvarlo en la pelea de Pain confesando lo que sentía y el estúpido no lo tomó mucho en cuenta.

Pero ahora toda esa rabia y toda esa ira fue remplaza por la tristeza, porque, por más en que yo esté cerca de ella, jamás lograré que me mirase de esa forma o que ella hablara así de mi como si yo fuera su luz más brillante y el reflector de su esperanza.

Aunque por el contrario, yo siempre la miré como un lobo que aullaba a la luna.

Una hermosa figura en el cielo... pero inalcanzable para mi.

...

Cuando salí de la residencia la noche se había vuelto más negra y el frío había aumentado de forma drástica. Akamaru esperaba en la entrada gracias a que no lo dejaron pasar ya que no permitían mascotas debido a una o que otra desgracia por nuestra culpa, pero eso era otra historia.

—Estoy bien, amigo. —Respondí con una sonrisa cuando él se levanto del suelo para correr hacia mi ladrando algo que interpreté como una pregunta sobre cómo me había ido al hablar con ella. Pero sin prestarle mucha atención, observé a su espalda la silueta de alguien caminando en mi dirección acompañado de un humo inconfundible del cigarro, y cuando aquella persona estuvo cerca de nuestra posición alzó la cabeza, ya que parecía que miraba hacia el piso, tan sólo para observarnos. Era inconfundible esa expresión. Aquel semblante aburrido o desinteresado cuando Shikamaru miraba a alguien que no era de su común interés.

—¿Kiba? —preguntó alzando una ceja y arqueando una sonrisa.

—¿Cabeza de piña? —pregunté haciendo lo mismo, observando el cómo humo salía de sus fosas nasales con cierta asquerosidad.

—¿No es un poco tarde para estar visitando a alguien en la residencia Hyuga? —cuestionó tomando su cigarro para soplar el tóxico humo por su boca.

—¿Y ahora tú eres mi mamá? —indagué conteniendo lo que parecía ser una carcajada.

—Eso sería problemático...

Riendo al unisono, ambos nos acercamos saludándonos con un choque de puños. Tan pronto como dejados de reír, me atreví a iniciar una normal conversación antes de acompañarlo en su caminata:

—¿Cómo estás, amigo?

—Cansado. —Pareció admitir soltando un suspiro—. Odio estas fiestas.

—Ya somos dos.

—¿Venías por Hinata? —Mirándole a los ojos encontré curiosidad. Sin embargo, me encogí de hombros sin querer explicarle del todo la situación, limitándome a contestar de la forma más vaga posible.

—Quería hablar con ella.

Shikamaru asintió mientras retomábamos nuestro andar por la aldea. Luego de lo que pareció una eternidad, caló un poco del cigarro y sopló al cielo dejando aquel olor asqueroso en el aire, y después de toser un poco él fue el primero en hablar:

—¿Naruto?

—Am...—rascando mi nuca, entrecerré los ojos restándole importancia—. No...

—¿Entonces para que demonios fuiste a molestarla? —Sentí la mirada de Shikamaru sobre mi, y siendo que esa sería la primera vez en la que yo hablaría con alguien sobre mi, consideré un poco en tal vez contarle mi historia.

—¿De verdad quieres saber? —pregunté dejando escapar una risa nerviosa.

—En realidad no... —confesó mi amigo y sentí que me habían dado un golpe duro en los testículos. Vaya... supongo que al final terminaré por tragarme el cuento para mi solo.

—Bien. —Sonreí con desgana en un intento de disimular mi decepción—. ¿Y tú de donde vienes? ¿Estás tristón porque en este tipo de festividades no tienes a Temari?

—No soy el único que está solo en estas festividades... —inquirió mirándome con ambas cejas levantadas.

—Tengo a Akamaru —dije con desinterés y una falsa sonrisa.

—Pero por lo menos la persona que me espera es humano.

Retiro lo dicho. Eso sí fue un puto dolor de culo y en los testículos.

Fail.

—Bien, tú ganas. —Me rendí alzando ambas manos para brindarle la victoria—. Soy un perro solitario, ya entendí.

—¿Fuiste a declararle amor eterno a la princesa Hyuga?

—No —respondí ocultando mis manos en los bolsillos de mi chaqueta.

—Entonces si no es por Naruto ni eso tampoco... ¿a qué rayos fuiste a molestarla? —volvió a preguntar, y luego dice que no tiene interés...—. ¿La querías ver desnuda o algo por el estilo? Viniendo de ti no me sorprendería en lo absoluto...

—Pensaba que no te interesaba —susurré, más no tardé en regalarle al escuchar aquel ultimo comentario que me hizo abrir los ojos como platos—. ¡Y claro que no! No soy un pervertido, ¡¿Por quién rayos me tomas, estúpido?!

—Oe, oe, tranquilo, viejo. —Tomando el cigarro entre sus dedos para calar por ultima vez el contenido, detuvo su andar, y lo observé tirando el cigarro al piso aplastándolo con la planta del zapato, y soplando a su vez para girarse a verme con aspecto aburrido ocultando sus manos en los bolsillos de su chaqueta del uniforme shinobi—. En realidad no me interesan tus razones. Pero no tengo nada mejor que hacer, así que espero que valga la pena lo que vayas a contarme.

Estupefacto, alcé ambas cejas interrogativo. ¿No pensará en serio en que le cuente la historia, o sí?

—¿Quién dijo que pensaba contarte? —pregunté, curioso, ya que pensé que no quería que le dijera absolutamente nada de la historia que hay entrelazada.

—¿Tienes sentimientos por la princesa Hyuga?

Aquella pregunta me tomó desprevenido.

—¿Qué? —interrogué casi en un grito dando un paso atrás mientras sentía como poco a poco mis mejillas se encendían—. ¡N-NO! ¡Por supuesto que no!

—Ok. —Rodando los ojos, llevó una mano a su frente para masajearla. ¿Qué estará pensando? ¡¿Por qué se toma su tiempo?!—. Parece ser que esta noche será más larga de lo que creí... —suspiró—. Bien, ¿por dónde empezamos?

—¿Por qué tanto interés? —rendido, sabía que no iba a poder quitarme a Shikamaru de encima ya que él, en cierto modo, es mucho más listo que yo. Pero tampoco creo que él tenga el poder o la inteligencia suficiente para poder ayudarme en algo que llevo pensando desde hace casi diez años.

—Mi madre está como fiera en casa y eres la mejor distracción que me he encontrado hasta ahora. —Admitió el Nara metiendo sus manos en la chaqueta del uniforme para sacar lo que parecía ser otro cigarro y el encendedor del difunto Asuma Sensei—. Así que, si escupes la sopa me será más fácil ayudarte, y veré qué puedo hacer. Sólo espero que no sea muy problemático...

No sabía si agradecer o maldecir, pero en cierta forma estaba feliz.

Por primera vez, podría hablar seriamente sobre lo que me he estado guardando con alguien... aunque esa persona sea Shikamaru.


1. Gatsūga no jutsu: Colmillo sobre colmillo

2. Hakkeshō Kaiten: Rotación celestial de los ocho trigrámas