Holas a tods los que siguen la historia! Adivinen... un NUEVO CAP! yay^^ Debo confesar que este es el capitulo que mas me ha costado lograr en toda mi corta carrera como escritora en Fanfiction. Por lo general solo me tomo 1 día o 1 1/2. pero este me ha tomado 4 dias! tiempo record, xDDD a la tardanza, claro esta. Pues por que me ha tomado tanto? sencillo, he tenido que investigar muchísimo sobre las geishas por que no quiero defraudar a nadie. Me he leído como 6 ensayos, y he entrado a cuanta pagina de geishas había en Google, xDD Pero aqui esta, y confieso que me gusta, y mucho este cap!

Agradecimientos:

{#}Red Crayon Princess - Por ser la primera en dejar review, tienes el privilegio de escoger un tema que quieras que hable en el próximo cap, ya sea ulquihime xtreme, ginXmat, o lo que quieras! Gracias por tus comentarios, y tu lectura^^

{#}Ambar/ Emo Romantica - Gracias por tu gran critica, no sabes lo feliz que me hizo leerte^^ Y si, yo también me imagino a la Hime como una geisha!

{#}Sabaku No Kendra - Mil gracias por tus comentarios. Me alegro mucho que te haya gustado, espero que este cap también te guste!

{#}Misari - *muere por tus aplaudos* xDD gracias, mil gracias, sobre todo por informarme del ritual, por que no habia leido del, y lo busque y efectivamente. Aqui se habla un poco mas del. Mil gracias por tu aclaración!

{#}Lila-chan - Tú eres una de mis lectoras mas fieles, cada tontería que escribo, la lees y me dejas review. Es por eso que igual a Red Crayon Princess, tienes el privilegio de pedirme un oneshoot de la pareja de Bleach que gustes, que sera exclusivamente dedicado para ti :) Mil gracias por siempre leerme y dejarme tu opinion!

{#}Yuuki1801- Gracias por tu review! Yo no se mucho de las geishas, pero ahora que he investigado, he descubierto lo hermoso que es ser una de ellas! Gracias por leerme^^

{#}Eldacifer27- La imagen de la que hablas de Rusky es en la que me inspiro! Esa imagen es hermosa, demasiado hermosa! Gracias por tu review y leerme .

{#}Yagami Vongola- Gracias por tu review! Si, me imagino a Ulqui defendiendo a la Hime, pero siendo él, sin mostrar sus sentimientos! Gracias por leerme^^

{#}D'Ziel- Gracias! no sabes lo feliz que me haces^^ Espero que te guste el cap!

{#}Temainalumi-chan- Bienvenida nuevamente! No sabes como me alegro que te guste mi fic! Gracias por tu review y por leerme^^

{#}Anita-anasakura- Gracias por tu review! Que bien que te guste, es muy kyaaaaaa, xDD Espero que este cap te guste, y me dejes tu opinión! Gracias por leerme^^

OMG! 11 reviews con un solo cap! Me siento muy, pero muy feliz! Gracias a todos aquellos que me colocaron en follow y que no comentaron! Me alegra que les guste el fic, y espero que me dejen reviews para saber sus opiniones!

{#}Mayra de Facebook- Muchas gracias por todos tus comentarios! No sabes lo feliz que me hacen! Espero que te guste el cap!

Disclaimer:

Killerqueen-Presento a mi nuevo ayudante {ya que despedí a Aizen-sama, xDD} Shiro-kun!

Toushiro- Capitan Hitsugaya!

Killerqueen- Como sea! Anuncia el disclaimer, Shiro-kun

Toushiro- *Rodea los ojos* Bleach es propiedad de Tite Kubo-sama, Shonen Jump y de la Pierrot. Killerqueen-sempai no tiene nada que ver con ellos, por que sino... *lee el guion* No dire eso!

Killerqueen- Hazlo o llamo a Momo y a Karin, Shiro-kun!

Toushiro- *traga seco* sino yo, Toushiro Hitsugaya... me dejaría violar por todas mis fanáticas. Me ofrezco por un review, si quieres violarme, un review a killerqueen.

Killerqueen- Gracias, Shiro-kun!

Toushiro- Renuncio!

Killerqueen- mmm, no, hasta que no cumplas con lo que dijiste, no puedes. buahahahaha Chicas, review es igual a violación de Toushiro, ya lo saben! xDDD

CAP II:

Una suave música de flauta invadía el pequeño salón de madera y bambú. Tras las cortinas se podía apreciar la figura delgada de una mujer, danzando, mientras que unas niñas tocaban la flauta. El delicado cuerpo de Orihime se movía al son de la música, sin perder ni un solo ápice de elegancia. Sus dedos largos y finos seguían el ritmo de la suave música, sosteniendo unos abanicos cerrados. Sus piernas se juntaban, mientras que sus pies se colocaban en puntillas. Ante esto, con toda la naturalidad y elegancia que se pueda obtener, Orihime abrió ambos abanicos rojos, ocultando su rostro tras el del lado derecho. Dio una suave vuelta, siempre manteniendo los abanicos frente a ella. Unió ambos abanicos, formando uno solo, para luego hacer varios símbolos con sus manos. Dando una vuelta se percato de la figura de Rangiku. Orihime se detuvo, y guardo lentamente sus abanicos.

—Cada vez mejoras más, Orihime-chan. Tomaste una buena decisión en escoger el baile. — Inoue sonrió, para luego hacer una leve reverencia. Era todo un orgullo para ella el recibir tales palabras de su maestra.

—Arigato, Matsumoto-sama. — agradeció. Las pequeñas minarai habían detenido la música al ver a Matsumoto frente a la puerta. Las dos niñas se colocaron de pie e hicieron una reverencia a las dos mujeres, para luego retirarse del salón, dejando a ambas mujeres solas.

—Orihime, ya eres casi una geisha. En el evento de hace dos noches, si no hubiera sido por aquel odioso hombre, tu hubieras podido conseguir a tu danna*. — Orihime aparto su mirada avergonzada. Aun no podía olvidar aquel vulgar hombre que le había estado insinuando si era una prostituta. Lo único bueno de todo era que había podido encontrarse con aquel extraño hombre… Ulquiorra. No solo le era atrayente ese hombre por haberla salvado dos veces, sino por esa melancólica mirada, y aquellas extrañas cicatrices

—Yo lo lamento mucho, Matusmoto-sama. Prometo que en el…— Rangiku coloco una mano sobre el hombro de Orihime, para sonreírle de forma maternal.

—No fue tu culpa, Hime-chan. Casi siempre corremos el riesgo de encontrarnos con hombres como ese. Pero no es nuestra culpa. — la chica sonrió tristemente. —Ahora bien, ya hemos recibido varias ofertas para tu ritual de Misuage*.— hubo un incomodo silencio entre ambas mujeres. Orihime cambio su mirada, no es que ella no supera que debía ser desvirginada, sino que tenía miedo de ello. Ella recordó lo que había visto y escuchado hacia bastante tiempo atrás.

Aun era una shikomi, y tenia muchísimos deberes que realizar. Entre ellos estaba el barrer el jardín trasero del okiya a diario por todas las hojas que yacían en el suelo. Al ser primavera, las hojas de sakura hacían una alfombra de hojas rosadas sobre el jardín, y a pesar de que para Orihime era una maravilla ver esa alfombra natural, debía barrerla.

Comenzaba a anochecer, cuando la niña escucho los sollozos de una de sus compañeras, solo que esta era una maiko, o hasta esos momentos. No era que ella hubiera deseado conocer o entrometerse en la vida de otras, pero los sollozos de la muchacha eran de dolor y eso le preocupo. Era bastante raro que una maiko o una geisha lloraran, y mucho menos de esa forma. Sigilosamente se acerco al salón, donde encontró a su mentora, Rangiku-sama, junto a otra jovencita. La chica de cabello negro se abrazaba a Rangiku, mientras sollozaba con fuerza y decía algunas que otras frases inentendibles para Orihime.

Tiempo después supo cual era la causa de los sollozos. El ritual del misuage. Para ser una geisha es necesario pasar por el doloroso ritual y conseguir un danna. Hasta ese momento, Inoue no había conseguido a alguna geisha que no estuviera traumada ante tal experiencia. Conocía que debía irse al menos por siete días con un danna, y al séptimo, seria desvirginada. No sería como una noche especial como la mayoría de las mujeres tienen, sino una donde solo se rompería el himen, sin tener ningún otro contacto con el hombre.

—Hai— respondió al fin Orihime, luego de un minuto de silencio, recordando todo lo que había conocido sobre tal ritual. Estaba cien por ciento segura de que ella se traumatizaría, tal y como sus compañeras.

—Orihime-chan, sé que no es muy placentero hablar sobre esto, pero tú naciste para ser una geisha, de hecho ya eres una, pero solo te falta esto… no quiero que temas. — comento Matsumoto. Orihime compuso una leve sonrisa, para luego asentir. Si su mentora deseaba que ella fuera positiva, así seria.

Sin duda alguna, cuando Matsumoto decía que había muchísimas propuestas para ser el danna de Orihime… la mujer no mentía. De todo Japón habían enviado propuestas muy generosas por la chica, y era de esperarse. Orihime tenía como mentora a una de las mejores geishas de Japón, Matsumoto Rangiku, y al conocer tantos clientes importantes, le abría las puertas a Orihime, para que construyera una carrera igual a su mentora.

Entre todas las peticiones, había regalos e invitaciones. Hermosos kimonos de sedad, bordados a mano por las mejores costureras de Japón, invitaciones para viajar a Norteamérica, y obis bordado con oro. De todas las geishas del okiya, Orihime era la más cotizada, ninguna de sus compañeras había recibido tantos obsequios.

Entre los regalos, le sorprendió mucho una flor de loto. Sus pétalos eran blancos, mientras que en las puntas de este un ligero tono rosado emanaba. Era un regalo sencillo, pero hermoso, demasiado hermoso. Orihime amaba las flores de loto, pero eran tan raras de conseguir en Japón debido que no eran provenientes del país, sino de Rusia o China, incluso en América. Por lo visto el hombre que se la había enviado la había conseguido en algún viaje y de alguna manera conocía el gusto de la chica por tales flores. Tomo la pequeña y delicada planta entre sus manos y la observo con interés y curiosidad. ¿Cómo algo tan pequeño podía ser tan hermoso? Aunque el resto de los obsequios eran maravillosos, a la chica le atraía mas lo sencillo, entiéndase la flor de loto.

Sus amigas geishas observaban con ciertos celos los obsequios, a los que una muy bondadosa Orihime prometió compartir con todas, excepto una sola cosa… aquella linda flor. Las mujeres observaron con cierta burla a Orihime. ¿Por qué gustarle una flor, cuando tiene miles de obsequios? Nadie la podía entender.

Aunque ella podía quedarse con los obsequios, la ultima en decidir quién sería el danna de Orihime era Matsumoto. La mujer había estado casi una semana entre negociación y negociación, sin comentarle nada al respecto a su joven aprendiz. La joven de cabello naranja solo rogaba con que no fuera un hombre malvado. Inoue no era precisamente la mujer más centrada en la tierra, su carácter iluso y soñador la hacían estar siempre perdida en su interior, es por eso que ya se había imaginado todo un cuento digno de ser relatado.

Se veía a sí misma como una princesa, con un hermoso vestido perlado, capturada por un malvado rey, encerrándola en una torre gigante, sin puertas algunas. La tristeza la invadía, por que debía ser la compañera de ese hombre malvado. Pero no todo estaba perdido, un valiente guerrero en una armadura de plata llegaba a rescatarla, pero aquí era donde cambiaban las cosas.

Anteriormente, cuando era una adolescente, su caballero era un hombre de cabello brillante y naranja, cuyos ojos chocolate brillaban al solo contacto con el sol. Su sonrisa le provocaba un suspiro, mientras que sus palabras de "Yo te protegeré" la hacían flotar.

Eso había cambiado, ahora su guerrero no era un caballero de armadura de plata, sino un samurái, cuyos cabellos eran negros como la noche. Sus ojos brillaban como dos esmeraldas finamente incrustadas, mientras que dos finas cicatrices bajaban por sus mejillas, como si fueran lagrimas. Él no gritaba "Yo te protegeré", pero aun así lo cumplía sin pesar alguno. Él no le decía cosas bonitas a su oído, pero su triste mirada le comunicaba que se sentía cómodo a su lado y que ella era su todo. Él no era un príncipe común, a penas mostraba sentimientos, apenas le había dirigido la palabra, incluso él podía ser el carcelero de su historia, pero no lo era, él era su príncipe, su samurái, su salvador por que para ella, él era perfecto.

—Apuesto lo que sea a que está soñando despierta— fueron las risas de varias jóvenes al ver a una Orihime embobada, observando la flor de loto. Sus mejillas se tiñeron de rojo carmín, para luego ocultar su rostro tras su cabello naranja. —Ay Orihime, nunca cambias— fueron las palabras de una compañera. ¿A quién le hacía daño el que ella fuera tan… aireada? A nadie, entonces, ¿Por qué mofarse de sus pensamientos, si eran de ella? Desde que había perdido a sus padres, y luego a su hermano, Orihime soñaba con tener una familia, tal y como Kurosaki-kun y Kuckiki-san tenían. ¿Por qué ella no tenía una? ¿Acaso Dios estaba enojado con ella?

Lloraba en las noches, siendo consolada por Rangiku, que siempre la regañaba diciendo: "¿Acaso yo no soy como tu madre? ¿Acaso todas estas niñas no son como tus hermanas? Dios no te ha castigado, y tampoco está enojado contigo, simplemente este es el lugar al que perteneces." Pertenecer, una palabra tan llena y al mismo tiempo tan vacía de significado para ella. ¿Acaso ella no había pertenecido a una familia? ¿Por qué se la había rebatado?

—Rangiku-sama te está buscando, Orihime-chan. — llamo una jovencita de cabello negro, para luego irse corriendo al jardín. Con cuidado, Orihime se coloco de pie y se dirigió al salón de su mentora, quien estaba sentada en el suelo, con sus manos sobre la mesa, aferrando una taza de té. A su lado había otra taza, la que Orihime supuso era para ella.

—Adelante, Orihime-chan. Ya te he servido tú te. — Matsumoto señalo la taza, pero con cierta nostalgia en su mirada. Acababa de encontrarse por segunda vez a su antiguo y más grande amor, Gin. Lo odiaba, lo amaba… él era bueno, él era malo… lo deseaba, lo despreciaba… la hacía sentir viva, al mismo tiempo la mataba… Todo era tan extraño con aquel hombre de cabello blanco. Desde su sonrisa, hasta sus intenciones, pero no sabía por qué, cada vez que lo veía, el parecía decirle la verdad. ¿Él la amaba, o solo había jugado con ella? Ella vivía ante la ignorancia de ello.

—Arigato, Matsumoto-sama— Orihime hizo una reverencia, para luego tomar asiento al lado de Matsumoto. La chica de cabello naranja conocía muy bien a su mentora, como para percatarse de la falta de brillo en sus ojos azules. —Le ocurre algo, Matsumoto-sama, ¿cierto?— no necesitaba cuestionarlo, ella lo conocía muy bien. Aunque nunca había escuchado hablar abiertamente sobre el gran amor de Matsumoto, sabia pequeños detalles, tales como el color de su cabello, el que según Rangiku, parecía nieve.

Ante el cuestionamiento de su futura sucesora, Rangiku solo logro embozar una melancólica sonrisa. Que mas podía hacer, había visto al hombre que más amaba, pero que al mismo tiempo odiaba, Gin Ichimaru. Él la había abandonado como a un animal, sin ni siquiera despedirse… y aun así le juraba que la amaba. ¿Quién pensaba que era ella? Ella tenía orgullo y amor propio, él no miro atrás por ella, ni siquiera un simple adiós, y ahora aparecía tratando de conseguir lo que había abandonado en el pasado. "Maldito idiota" Lanzo una largo suspiro, para luego ladear su cabeza.

—Ahh, Orihime-chan. Son cosas de la vida que te hacen crecer y valorarte. Nunca creas en la promesa de un hombre… lo digo por experiencia. — comento la mujer, llevando la taza de té a sus labios y tomando un ligero sorbo. Orihime la inmito, pensando en las palabras de su maestra.

—Matsumoto-sama… ¿Usted se ha encontrado nuevamente con aquel hombre… Ichimaru-sama?— inquirió la chica con cierto temor. Estaba indagando en un tema "prohibido" para Rangiku y en ese momento no sabía como ella podía reaccionar.

—Para mi desgracia, si. Pero no es por eso que te he mandado a llamar, Orihime-chan. Como ya te había comentado hace una semana, he estado en distintas negociaciones acerca de tú futuro danna. No ha sido nada fácil, demasiados hombres importantes dando el todo por el todo por mi pequeña florecilla— Orihime bajo la cabeza avergonzada. —Deja la modestia, Hime-chan. Si quieres ser una gran geisha, deberás darte tú puesto. — la reprendió Rangiku con cierta severidad. —Pero entre todos, ya escogí al que sería tu danna ideal. Es un soldado de gran elite en Japón, y en nuestra negociación se ha ofrecido a ser tu danna permanente— Matsumoto en esos instantes se encontraba un poco más alegre.

— ¿Danna permanente?— pregunto confundida Orihime. Sabía muy bien lo que era un danna, por lo general eran temporales, pero permanentes… eso era algo confuso.

—Significa que ese hombre te otorgara todo lo que tu desees, por que será tu deber atenderlo primero a él, antes de todos. —Orihime embozo un "O" en sus labios, mientras asentía. Eso no se lo esperaba. —Suertuda, ¿sabes cuantas de las chicas de aquí desearían eso? Todas las geishas buscamos eso, Hime-chan, lamentablemente no todas corremos con la suerte.— lamento Rangiku, sin darse cuenta que habia hecho sentir triste a la chica.

—Lo lamento mucho, Rangiku-sama. Si le hace sentir mejor, yo renunciare a ese danna.— dijo Orihime. Hubo un breve minuto de silencio, que fue quebrado por un fuerte golpe. Matsumoto le habia dado un zape en la cabeza a Orihime, que se quejo con un "Auch".

— ¿A caso estas demente, Orihime-chan? ¿Cómo que vas a renunciar a tú danna? Eres la geisha mas tonta que he visto en mi vida. Si no te "avispas" terminaras en un burdel de quinta categoría.— las pupilas de Orihime se dilataron. ¿En un burdel? No, no, ella no podía volverse una prostituta. Jamas. —Pequeña, el mundo artístico de las geishas es muy competitivo. Si no das lo mejor de ti, y buscar ser mejor en todo… terminaras en la calle. — Rangiku suspiro, para luego colocarse de pie.

Orihime asintió levemente. Ella debía cambiar un poco su forma de ser, debía ser un poco más "egoísta" y pensar en ella, no en todo momento en los demás. El dilema estaba en si sería capaz de hacerlo. —Matsumoto-sama, ¿Quién es el hombre?— pregunto lentamente, colocándose de pie.

—Ahh, pues tú dana será…— un grito de ayuda provino de afuera del salón. Las dos mujeres salieron de este corriendo, recorriendo el okiya y abriendo las puertas de este. Una de las geishas, Senna, llevaba entre sus brazos a una niña inconsciente. La pequeña de cabello negro hervía en fiebre. Orihime tomo a la niña en brazos y corrió junto a Senna y a Matsumoto a su habitación, acostando a la pequeña, que no debía tener más de 10 años, sobre la cama.

—Senna-san, trae agua tibia y algunos paños limpios. — Orihime conocía todo sobre el curar heridas y enfermos, y por experiencia sabia que la niña tenía un resfriado mal atendido. Le recordaba a ella en el momento de ser salvada por su maestra Rangiku.

—Hai— Senna, una geisha de cabello negro y de ojos marrones, corrió hacia las cocinas del okiya.

—Creo que es un resfriado, Matsumoto-sama. — le informo a Rangiku, quien estaba sentada a un lado de la cama. La niña comenzó a abrir sus ojos, dejando al descubierto unos ojos negros muy bonitos. —Hola pequeña, ¿Cómo te llamas?— pregunto Orihime, buscando que la niña se mantuviera despierta.

—M-momo… Hi-hinamori— la pequeña comenzó a toser. Senna llego con los utensilios y Orihime los tomó, mojando los paños en el agua tibia, para luego colocarlos en la cabeza de la pequeña.

—Preparare un jarabe. Senna-chan, puedes irte a dormir, debes estar cansada por tú cita. — Senna asintió y sin decir nada más, se fue de la habitación, junto a Rangiku. Orihime continuaba colocando los paños tibios en la cabeza de Momo.

— ¿Dónde están tus padres, pequeña?— pregunto Orihime, para así poder encontrarlos y llevarla a su hogar en cuanto estuviera recuperada.

—Ellos… murieron. — Orihime sintió una gran lastima por la pequeña. —Por favor, señorita geisha, déjeme quedarme aquí, no tengo ningún otro sitio a donde ir, y tengo miedo. — lloro la niña para luego comenzar a toser. Por supuesto que la dejaría quedarse, hablaría con Matsumoto, y si era necesario rogarle, ella se quedaría con la niña. Quizás ella podría ser en un futuro su aprendiz. Matsumoto entro a la habitación, y le dio una cucharada de un jarabe a la pequeña. Luego de varios minutos, la fiebre bajo y la pequeña parecía estar mejorando. Ambas mujeres salieron de la habitación.

—Esto se me parece al día en que te encontré, Orihime-chan. El día en que te vi allí tirada y toda mojada, supe que serias mi aprendiz. — comento Rangiku. Orihime sonrio al recordar el suceso que había cambiado su vida.

—Matsumoto-sama, ¿puede quedarse la niña? Esta sola, sus padres han muerto y…—

— ¿Y has encontrado en ella una futura aprendiz?— Orihime asintió. Matsumoto sonrió y ladeo la cabeza. —Ese corazón tan grande tuyo es el que atrae a todos, incluyendo a los nihilistas como tú futuro danna. — argumento la mujer, riendo.

— ¿Nihilista? ¿Qué es eso?— pregunto Orihime confundida. ¿Eso era malo o bueno? Esperaba que no fuera malo, porque aparentemente su danna era uno de ellos.

—Despreocúpate Orihime-chan, tendrás 7 días para preguntarle a Ulquiorra-sama— rio la mujer para luego cruzar el jardín sin decir alguna palabra.

¿Ulquiorra-sama? ¿Ulquiorra-sama? ¿ULQUIORRA-SAMA? Orihime estaba hiperventilando. Su dana… el hombre que tendría que arrebatarle su virginidad era… Ulquiorra-sama. Sus mejillas se volvieron sumamente rojas, mientras que su corazón latía a mil por hora. Si alguna vez se había dudado sobre el amor de Dios hacia a ella, ahora lo negaba rotundamente. "Ulquiorra-sama…. Ulquiorra-sama..." repetía una y otra vez mentalmente. Sus pensamientos y cabeza habían colapsado, ahora solo pensaba en el hombre de cabello negro y de dos extrañas cicatrices. "Mi danna es Ulquiorra-sama"


Review? Espero que me dejen sus opiniones, y a las dos chicas ganadoras, Red Crayon & Lila-chan sus pedidos. Nos vemos luego!

~Killerqueen~