Derecho de Autor:

Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

SINOPSIS:

Oyes al doctor decir eso que no imaginabas que diría. Te preguntas qué hiciste mal… Y ahora, estás ahí, sintiendo el agua calar en tu cuerpo… Ése eres tú.

Aclaración:

La narración es, esencialmente, en primera persona. Mientras escribía, me tenté en narrar una escena final, la misma es en tercera persona.

Holograma

Diario 2

¿FuturO?

"La luz se apaga… y la oscuridad va cubriendo uno a uno los rincones. Esa oscuridad que te acosa, esa oscuridad que quiere tragarme, esa oscuridad que quiere ahogar mi voz... Mis pies van a caminar aunque al final no haya salida"

Tenía las pastillas que me procuró el doctor en las manos. Agité el frasquito que las contenía. Giré la tapa de éste, la desenrosque y volví a cerrarla. Agité el medicamento infinidad de veces. Amagué con tirarlo a la mierda, pero no lo hice. No sé porqué no lo hice… Como si algo me obligara a conservarlo conmigo… Tal vez… interiormente, mantenía la estúpida Esperanza de Salvarme. Creía que unas pastillitas de cuarta me mantendrían con vida.

Seguí caminando hasta la estación. Cuando abordé el metro, me sumergí en la alegría ajena. Todos reían, todos hablaban, todos cantaban y yo, en contraste, iba hundiéndome en mi asiento. Había un inmenso sufrimiento que amenazaba con salir de mi boca. Sin embargo, toda mi desesperación fue aplacada, intenté actuar de modo natural, aunque, dentro de mí, existía un dolor disfrazado. Oía a las personas conversar de trivialidades, con esas palabras tan comunes para los que no tienen una fecha para despedirse… viven, disfrutaban y sueñan. Me iba desconectando de cada sensación. El mundo seguía girando, sin detenerse y yo caía en un pozo sin salida.

―En las vacaciones nos iremos a la playa. Nyaaaaa ¡Muero porque estos meses pasen rápido! ―exclamó excitada una chica.

Ella sonría y reía de manera suelta. Al escucharla pensé en la relatividad de las vidas. Las realidades son diversas, yo me aferro al presente y la mayoría (ahora) se aventura en imaginar el mañana… Ella veía unas futuras vacaciones, sintiendo el rugido de las olas.

― ¡Yo también! ―chilló su amiga, sonriendo con mucho más ánimo.

En cambio, yo desearía que nunca sea mañana. Lo fingía bien, pero me aterraba la idea de que sea Mañana. Podía fingir que estaba bien, pero… por dentro…

Yo sabía que iba a morir, porque…

Estaba condenado a la muerte.

"Me voy a morir" Todo el viaje de regreso a casa, estuvo cargado de esta angustia. Si ahora me duermo, ¿me despertaré? ¿Qué pasa si no despierto? ¿Alguien se acordara de mí? ¿Qué pasará cuando muera? ¿Cómo les digo a mamá y papá? ¿Realmente tengo que contar la feliz noticia que recibí del médico? ¿Cómo logro que mamá no lloré? ¿Cómo le digo a papá que ya no podrá decidir sobre mí? ¿Qué pasará con mis amigos? ¿Mi hermano pensará en mí? ¿Itachi me recordará como algo más que su tonto hermano menor? ¿Mi hermano mantendrá mi existencia en su mente? Si yo no estoy… ¿Seguiré siendo su hermano menor?

¿Qué pasara cuándo no esté?

Mis amigos.

Mis compañeros.

Mis padres…

Y mi hermano mayor.

¿Estoy en la obligación de compartir que pronto no estaré en sus vidas?

Todo era un mar de inquietudes. No tenía ninguna respuesta, solamente era ahogado por esa asfixiante Realidad.

Al fin, cuando estuviera en casa, esos pensamientos de angustia cesarían. Iba a dormir y en mis sueños toda la zozobra se iría. "Sí, sería así" Me convencí mil veces hasta creérmelo.

Así fue. Sin encender la luz de mi habitación me tiré pesadamente en la cama, mi piel chocó con la aspereza de unos papeles. Me incorporé y tanteé en la oscuridad, y en eso las luces se encendieron.

― ¿Nii-san?

Giré la cabeza hacia la puerta y allí estaban papá y mamá. Ellos parecían alegres, si bien era difícil decirlo, papá tenía la boca curvada y se refregaba las manos. Con el dedo señaló la cama, quería que yo mirara. Me fijé y vi unos papeles esparcidos en mi cama, debían ser más de treinta volantes de publicidad o algo así.

― ¿Qué es esto? ―pregunté sin comprender del todo esa felicidad de papá.

―Son unos folletines de algunas universidades ―se acercó y miró satisfecho su trabajo. Por lo que veo él fue quien los puso en mi cama. Excelente.

―Ya veo ―contesté.

―Creo que ya es hora de ir pensando en el futuro, Sasuke. Esta vez no voy a equivocarme. Haremos las cosas bien, esta vez haremos las cosas bien ―remarcó vehemente Fugaku más para sí mismo que para mamá y yo.

Así que es eso. Itachi, que era la promesa de mi padre, había decidido seguir un camino diferente al que papá ideó. Mi hermano mayor empezó sus estudios en ingeniería informática, pero no los terminó. Uno creería que eso lo llevó a la ruina, o que esto lo hacía un ignorante. No es así, mi hermano abandonó la universidad para dedicarse de lleno a un proyecto en conjunto con sus amigos. En casa nadie sabía de ello, ni yo… Ni si quiera yo. Itachi pudo decirme… Yo hubiera guardado su secreto. Él tenía que saber… que conmigo era distinto, yo estaría con él… No lo hizo, hasta el día de hoy es algo que me impide retomar mi confianza hacia él. Tampoco es que importe mucho -¿o lo es?-. ¿Qué estaba diciendo antes? El proyecto de vida de Itachi Uchiha. Bien, la noche que Itachi le contó a papá de sus ideas y le pidió prestado dinero, él dijo: "Vas a esperar a que muera, porque en lo que viva no vas a ver una moneda". Para la suerte de mi hermano, el tío Madara le dio el préstamo y ese día papá dejó de hablarle a Madara. Un tiempo después, Itachi me confesó que sólo había cursado tres materias en la universidad, y que no habría ingresado, si hubiera tenido el dinero que necesitaba. Papá estaba algo decepcionado por la decisión de Itachi. Si bien el enojo se le pasó, cuando mi hermano comenzó a ganarse su propio dinero, aún seguía contrariado. Estaba dolido y parecía estar de luto por la muerte de un ser querido: la muerte de sus sueños. Desde ese día, papá se centró un poco más en mí. Si antes debía evitar los errores, ahora los errores estaban prohibidos para mí.

Las horas de estudios se alargaron, los modos y las formas se iniciaron mucho más rigurosos. Papá se volcó por completo hacía mí, llegando al punto de que el supiera lo que me gustaba. Solo escucha música clásica, mi mejor pareja eran los libros, el colegio era un campo de batalla, no podías confiar en nadie, los compañeros estaban para ser utilizados, no existe eso del mejor amigo, ajedrez y tenis son los deportes de los campeones… Estas eran algunas de las enseñanzas de papá. Fui aceptando las cosas como me sucedían y no me opuse nada. A partir de ese día, mi vida pasó a ser, decididamente, un programa, diagrama, cronograma…

Un perfecto Holograma.

Sin embargo, ya antes de tener conciencia, sabía que nací siendo un Holograma.

―Ingeniería es una buena alternativa, aunque relaciones exteriores, ¿no estaría mal, no? También tenemos administración de empresas… arquitectura… ―enumeró mamá, tan entusiasmada como papá.

Así que… esto es mi Futuro, papá…

Yo soy tu segunda oportunidad para "hacer las cosas bien".

Yo soy lo que él llamaba "Proyecto a largo plazo"… Más yo lo era… ya no lo soy…

―Mikoto, no hacía falta traer todos esos papeluchos. Sólo necesitamos esto ―comentó mi padre, en su mano mantenía el programa de Ingeniería de la Universidad de Tokyo―. Mi hijo estará en la Facultad de Ingeniería.

―Es hora de prepararse para el examen de admisión, Sasuke, confiamos en que vas a dar lo mejor de ti ―me alentó mi madre. Para ella lo que contaba era el esfuerzo, en cambio mi padre...

― ¡MIKOTO! ¿Cómo dices eso? ¡Sasuke va a aprobar ese éxamen y con honores! ¡No vuelvas a hablar de ese modo! Sasuke va a graduarse y yo voy vivir para verlo.

Si lo dudaba, esa demostración de papá fue rotunda y no daba pie a imaginar una cosa distinta.

Los escuché hablar de todas las carreras, todo acerca del futuro, de El supuesto Futuro ¿Mi futuro? ¿Qué me gustaría estudiar si habría un futuro para mí? Cerré mis ojos, por un momento quise soñar. Tenía una larga lista de profesiones, podía verme defendiendo a las personas (abogado), construyendo algunos logotipos en la computadora (diseño gráfico), participando de un importante descubrimiento de una ciudad perdida (arqueólogo), salvando vidas (médico)… diagnosticando una enfermedad terminal, todo se hacía negro ¿Por qué quiero imaginar lo que no sucederá? "¿Qué quieres estudiar, Sasuke Uchiha?" Esta pregunta ya no importa, pero de no tener esta marca sobre mi espalda, tampoco estaríamos hablando de mi futuro, sino del futuro de "El muñeco de Uchiha Fugaku".

―Cualquier cosa que digas estará bien, papá ―le respondí sumisamente. Él sonrió extasiado―. Siempre estará bien.

A mi alrededor los colores vividos se descoloran, la opacidad se va filtrando y se chupa a la esperanza. Cada célula se va oxidando. No hay tiempo para planear una vida que se acaba. No habrá una segunda chance, ¿no es así de arbitraria la existencia de las personas? A nadie le interesa que no haya disfrutado el momento en que nací, a la muerte no le interesa que sea corta la edad a la que viene a buscarme. La oportunidad de aferrarme a lo que me queda, supone ahora la única y última lucha para ser lo que quiero ser… Es hora de tomar lo que me queda de vida:

―Suena bien, esto de adelantarse, papá. Pero yo no estoy pensando en el futuro. No voy a pensar en el futuro, voy a vivir el presente.

Los ojos de mi padre se pusieron blancos. Una cosa es segura, papá no está dispuesto a entregarme la dirección de mi vida. Más yo había decidido que interpondría mis anhelos, no renunciaría a ello. Él me miraba desafiante y yo intenté mirarle firmemente.

Sensación de culpa.

Los ojos oscuros de papá. Tras ellos, las huellas de la frustración. Esa sensación de remordimiento me destrozaba, mi mirada fue cayendo despacio.

Impotencia.

Había algo que no podía cumplirle, por mucho que quisiera no iba a poder seguir con esta hipocresía.

―Claro, hijo, te entendemos, ocúpate del colegio y nosotros vamos a pensar en tu futuro. Vamos, Fugaku, Sasuke tiene que cambiarse y dormir ―afirmó Mikoto y antes de que se vayan, ella me regaló una sonrisa suave.

No sé que es más doloroso, si mamá intercediendo por mí o mamá llorando sobre mi ataúd. No podía soportarlo, tenía tantas ganas de llorar hasta secarme… pero no podía bajar la guardia. ¿De qué futuro me hablan? Para mí no hay un futuro. Es la verdad, en mi caso sólo importa este instante, ni siquiera puedo pensar qué haré mañana.

Y es que es posible… que en el trascurso de mi sueño, muera.

Tomé todos los papeles y los tiré al tacho de basura.

Todas las cosas que nunca dije, ¿habrá tiempo para decirlas? Todas las cosas que no sentí ¿tendré tiempo para sentirlas? Todas las cosas que no conocí ¿podré conocerlas antes de que mis ojos se cierren? Las palabras que permanecerán desconocidas para mí… qué será de esas palabras… Mi voz va a apagarse… antes de que se apague quisiera cantar hasta el final.

Esa noche no dormí, era imposible. La razón me decía que posiblemente contaba con más de un mes, pero temía cerrar los ojos y nunca volver a ver el rostro de mis padres y de mi hermano mayor. No quería perderlos, a pesar de todo… de mi rabia de ayer, no quería perder a mis padres. Tampoco quería irme sin haber visto por última vez a Itachi.

Tan grande era la angustia, que comencé a pensar en cómo distribuir mi tiempo. Cada cosa que hacía significaba un desperdicio de tiempo. "Dormir y comer", he ahí los dos actos que consumen mi vida. ¿Cuántas horas dormía? Ocho horas. Comía en dos horas. Entonces ahí perdía diez horas de las veinticuatro que tenía el día ¿Qué hacía con las restantes catorce horas? Diez horas eran para el colegio y mis actividades de tenis. Una hora para estar con mis amigos luego de clases y la restantes eran para actividades extraescolares (cursos de idioma)… parte del fin de semana era dedicado a mi familia, reuniones, fiestas y toda variedad de eventos.

¿De ese modo actuaba?

Todo estaba programado.

Un ruido me aturdió, era el despertador que sonaba a las siete porque hoy no tenía entrenamiento. Sin descansar, me levanté y decidí mover los engranajes de todos los días: ir al colegio. Mis ojos lucían rojos, sin embargo no me sentía cansado.

Tenía un tablero frente a mi escritorio con el horario del día martes:

Tenis de 7:00 a 8.30 hs.

Clases de 9:00 a 15:30 hs.

Tenis de 16:00 a 18:00 hs.

Nota: Sin actividades del club de tenis, Gai-sensei está de licencia.

¿Sin actividades? Era como si lamentara tener tiempo libre. Tenía que cambiar esa faceta. En adelante, cada uno de mis momentos será aprovechado y vivido al máximo. Yo voy a dirigir mi vida. Los días, las semanas, y si contara con meses, serán solamente míos.

"No es el final, no es el final" me convencí durante el recreo.

―Sasuke, ¿podemos hablar? ―Karin estaba seria. Nosotros no solíamos hablar y me sorprendió su solicitud.

Asentí con la cabeza. Karin me llevó bajo la sombra de un árbol. Esperé por lo que quería decirme. Ella dio un suspiro profundo y se acomodó sus lentes. Me miró directamente y yo también la miré ¿Será que hoy ella…?

―Tú me gustas… Sasuke.

Me

Gustas

Sasuke

Levanté un poco mis párpados, los cerré. Así que pasó. Lo que siempre supe, ella se animó a declararse. ¿Y ahora qué? ¿Debía decir "Bien por ti" o un tonto "yo también"? Por un momento pensé cómo sería amar a alguien ¿Tendré tiempo de enamorarme de una persona? Ocupado con el colegio y las clases extra, nunca me interesé en iniciar una relación sentimental menos en buscar eso que llaman "tu otra mitad". Algo que a la vista es normal en los chicos de mi edad, no tuvo mi atención.

"La mejor compañía es el conocimiento (libros)" me decía papá.

Creo que tiré mi vida a la basura.

Mi vida es tan programática ¿Por qué ella amaría un alma vacía? ¿Por qué ella se encantaría por una mera proyección (mi vida inventada)? Eso era como querer un programa de computadora. Me indigné al pensarlo y enojé con ella por no ver la simpleza de sus sentimientos. ¿Qué era lo que amaba de mí? ¿Esta invención de perfección? Pero al ver sus ojos seguros…

Ella seguía mirándome, estaba nerviosa… Pero seguía mirándome.

Había que admitirlo. Comprendía que ella tenía algo que yo no tenía y mucho menos poseería.

Karin, tú sientes, te envidio por ello. Creo que por mucho que lo desee, yo no tendré tiempo para sentir…

―Karin, no me gustan las rosas ―declaré, tratando de ocultar un dolor que amenazaba con salir―. Si vas a visitarme, no lleves rosas. Piensa en una flor distinta.

Ella se quedó quieta, no esperaba que le dijera eso. Estaba de piedra y yo la dejé allí, bajo el árbol. No sé si me entiendo. No es necesario que lo entienda ahora, porque seguramente lo entenderá cuando ya no esté aquí. Me pregunto con qué flores me visitara Karin. Aunque no quiera, sé que no todos sino al menos alguno de mis conocidos me llevaran rosas. Sin embargo, tengo la esperanza de que Karin no lo haga, confío en que ella no va a hacerlo.

Regresé al aula, intenté concentrarme en la clase de historia para alejar esos pensamientos negros de mi mente. Sin embargo volvían a cada rato, no pude ni tomar nota de nada de lo que decía la profesora. Por suerte, no me hizo ninguna pregunta… Ella interrogó a los chicos del fondo, y agradecí ser el preferido de su clase. Porque de no serlo, estoy seguro que hubiera notado mi desconcentración.

La vuelta a casa fue un procedimiento tortuoso. Avanzaba unos pasos, y me detenía para mirar atrás. Luego, tristemente, observaba lo que me falta por recorrer… ¿Qué pasa si a mitad de camino la muerte me envuelve en sus brazos? ¿Qué sucedería si al doblar la esquina me aguarda la muerte?

No importa. No importaba. Seré más fuerte que La muerte. Soy fuerte, soy valeroso… Superé tantos obstáculos en los torneos.

No tengo miedo.

"Tengo miedo…"

¡No tengo Miedo!

Apreté mis puños, lo tenía claro. Iba a vivir al límite cada emoción perdida. Y mi primer paso era verificar por mí mismo esas falencias que habría que esconder. No lloré por el análisis de sangre, no demostré dolor con el médico. Porque en ese instante decidí que mi orgullo quedaría intacto, no voy a permitir que nadie tenga lástima de mí.

Por eso apenas llegué a casa, me encerré en mi cuarto y me animé a desnudarme. Me miré en el largo espejo de pared, esas manchitas rojas de mi cuerpo me condenaban. Las hijas de puta estaban en mi espalda, en parte de mi entrepierna e incluso en mi pecho… Pero no eran muchas. Traté de contarlas, y pensé en cómo debería ocultarlas en el verano, eso sí pasaba la primavera. Al menos no tenía de que preocuparme, por el momento no hacía mucho calor y podría seguir haciendo deportes tranquilamente. Los puntos rojos de las piernas podían esconderse en el pantalón corto, ¿pero si aparecen más? En todo caso, ya cuando sea verano vendrá el verdadero problema, porque Naruto insistirá en ir a la playa y ahí no habría forma de disimular esas horribles manchas, ¿para qué pensar en el verano si no sabes si habrá un verano?

Suspiré varias veces, debía serenarme. Por ahora no eran la gran cosa, solo eran algunas manchitas que antes no estaban en mi cuerpo. Precisamente por eso, no les había prestado atención. Pensé que era normal.

Decidí ponerme el pijama. Antes de dormir tenía que lavarme los dientes. Creo que éste es uno de esos hábitos autoimpuestos queno dejare por nada del mundo. Entré al baño y cogí mi cepillo. Amaba esa frescura de los dientes limpios, siempre quise mantener mi boca con esa frescura de la menta. Mientras pensaba en ello, escupí en el lavadero, cuando quise enjuagar mi boca me encontré con los restos de mi lavado. Jamás debí hacerlo. Lo que veía era la representación de mi destino. La espuma blanca estaba manchada con un color rojo descolorido. El mismo carmín que me obligó a ir corriendo con el médico, el mismo color que es mi condena.

"No puede ser… Esto no… Esto no…" Mis ojos no distinguían bien los objetos, quería salir corriendo, a dónde sea… "No… no puede ser".

Retrocedí un paso. "No…"

―Tengo que bañarme, ¿ya terminaste, Sasuke?

El cepillo se resbaló de mis dedos, cayó al suelo.

¿Niisan? Me paralicé. Mi corazón se detuvo, mi cuerpo estaba repentinamente rígido ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué él…? ¿Por qué tiene que estar aquí? Kami-sama, si aún te acuerdas de mí, no permitas que mi hermano vea esto.

Lo miré por sobre mi hombro. Itachi cerró la puerta del baño y se acercó tres pasos. Él… él… ¿Si se da cuenta? Asustado, abrí el grifo y metí las manos en el lavadero para mover cualquier rastro que quedara. Ese momento fue aterrador, yo tratando de ocultar mis miedos e Itachi acercándose a mí. Desesperado por esconder mi enfermedad, comencé a agitarme. El aire se estancó en mis pulmones. La sangre tiene que irse, tiene que desaparecer. Itachi estaba detrás. No, Itachi no debe mirar esto. Esos segundos fueron los más largos de mi existencia, y la sangre seguía ahí, desafiándome. Esa fricción desesperada hizo que mis nudillos se golpearan ¿Por qué tengo que sangrar?

― ¿Terminaste? ―volvió a preguntarme, cuando cerré el grifo, tras barrer la marca de mi enfermedad.

Estaba tan asustado de abrir mi boca, qué tal si mi hermano veía mis lamentables encías. No es probable, pero ¿y si al hablar, la sangre salía violentamente? ¿Qué iba a ocurrir? ¿Olvidaríamos que somos hombres, nos permitiríamos derramar aunque sea una sola lágrima? ¿Itachi lloraría conmigo? Tuve tanto miedo que ni me animé a balbucear un "sí". Despacio, volteé hacia él, lo enfrenté e incliné muchas veces la cabeza. No era mi mejor respuesta, debía verme tonto y rogué para que Itachi se conformara con mis pobres mímicas.

Itachi tomó mi rostro con su mano izquierda, obligándome a que lo mirara directamente. ¡Dios! Si veía que actuaba demasiado extraño.

―Voy a salir. No toques mi cuarto ―me pidió, en su boca se delineó una sonrisa ligera.

Y yo por ver su sonrisa, dejé que levantara mi rostro. Comencé a temblar por lo siguiente que haría, ¿es que acaso quería que le dijera "claro"? Yo tragué mi saliva, ni pude repetir el extraño gesto de hace un rato. Sus ojos… miraban solamente hacia mí. Como si me estuviera forzando a hablar. Entonces sentí su dedo pulgar rozando parte de mi boca. Suspiré con muchos nervios e Itachi volvió a sonreír. Pese a la tortura de esos segundos, si hubiera podido, habría congelado ese pequeño instante, que ya es un recuerdo valioso. Su sonrisa borrosa, me confortó… Como si nada más que él importara. También sonreí pero débilmente, y no quité su mano.

Con mi tenue sonrisa, parte de mi angustia se aligeró. Como si estar junto a mi hermano, me pusiera a salvo… Alejado de esta espeluznante Realidad.

La tranquilidad que necesitaba era con él, eso lo supe cuando retiró su mano. Itachi me revolvió los cabellos.

Entonces recordé que le debía una respuesta. Yo como un bobo, volví a inclinarme. "Kami-sama, te acordaste…"

Salí de ahí y corrí hacia mi habitación, con mi corazón latiendo a mil. Quería irme antes de que sonara la campana de medianoche, que pusiera un final al hechizo de la hada madrina. Porque es la pura verdad, no iba a resistir mucho… con esa opresión que tenía en el pecho, por tener su mirada sobre mí.

Despacio me acerqué al espejo pegado en la pared. Tenía que verlo, pero temor en mí. "Vamos, no seas cobarde. Abre la boca, Uchiha Sasuke" El espejo se burlaba de mí "Abre la maldita boca" El espejo se ría de mí. "¡Ábrela!" Es fácil, muy sencillo. Sólo hay que hacer un movimiento. "¿Eres gallina? ¡Ábrela!" Despacio, retardando cada segundo fui separando mis labios, suspiré varias veces y de a poco comencé a ver mis dientes "Ahora las encías… pero… ¿qué es?..." No fue necesario hacerlo, no fue necesario mirar las encías porque en los bordes de mis dientes veía un líquido color rojo. Un temblor corrió por mi espalda. No me está pasando… No a mí… "Sí, a ti sí" Imposible… "¿Qué necesitas para creerlo?" De ninguna forma…"Si te está pasando. Es tan Real, estás sangrando, Sasuke Uchiha" No por favor, no.

Abrumadora y cruel realidad.

Todo mi cuerpo flaqueaba, yo simplemente no quería aceptarlo. Terminé cayendo en la alfombra, ya vencido, ya rendido, ya derrotado, ya perdido… Totalmente destruido, cepillé mi cara contra esa rustica superficie. No era una ficción, era mi dolorosa verdad. Esa enfermedad estaba conmigo. Seguía con vida ¿pero hasta cuándo?

Esta vez si había razones para llorar. Quería convencerme de que era fuerte, los hombres jamás lloran. Pero quién les negó el llanto a los Hombres. Las lágrimas estaban permitidas… Pero quería seguir escondiendo este dolor.

Puedo esconderlo, puedo esconderlo…

Había tantos temores en mi cabeza. Quedé tendido en la alfombra, boca arriba. La pregunta que me asesaba no me permitía descansar ¿Seguirá saliendo sangre de mis encías hasta que me muera? Tenía tanto temor de comprobarlo mañana.

Sentía al viento golpear contra la ventana de mi oscura habitación, oía unos pasos afuera… Lo sabía. Alguien rondaba en el jardín, la muerte estaba esperándome.

Esa noche no hubo sueños, esa noche la cobardía invadió mi ser, esa noche la desazón se estacionó en mi corazón y sabía que ésta no se iría. La muerte vino por mí y sólo se marcharía conmigo.

"Siempre admiré las proyecciones arquitectónicas… Era como poseer una parte del futuro

Los arquitectos, en mi visión, eran el canal de la que vendría… Y todos alguna vez jugamos a ser proyectistas…

En mi universo, tuve mi futuro:

Estudiaré en la Universidad de Tokio

Me casaré con una persona inteligente, reservada y definitivamente que no sea escandalosa ni un paño de lágrimas… Y de ser posible que sea emocionalmente más fuerte que yo. Sobre su aspecto físico… Definitivamente, nada de pelos rojizos ni de un color llamativo… que no tenga la rebeldía de mis hebras, un cabello oscuro largo y sedoso.

La idea inicial era esperar por esa persona con esas características, o bien dedicarme a su búsqueda una vez que me hubiera graduado de Ingeniero

Pero aunque mañana encuentre a esa persona…

¿Imaginaría un Futuro Conmigo?"

+++Meses después…+++

Durante toda la caminata Karin lloró, la noticia le llegó esa mañana cuando ella estaba en el colegio y desde entonces no dejó de llorar. La directora suspendió las clases por duelo. Varios de los amigos de Sasuke volvieron a casa para cambiarse e ir luego al velorio, pero ella no dudó en irse del instituto a la casa de los Uchiha. Mientras pasaba por las calles fue recordando al chico que amaba, quería llevarle unas flores. "¿Rosas blancas o rojas?" pensó. Justo cuando se decidía a comprar un ramo de las dos, se acordó del día en que ella le declaró su amor a Sasuke. Él no la rechazó pero tampoco la aceptó, en lugar de contestarle, Sasuke dijo: "No me gustan las rosas". Con ese breve recuerdo, Karin decidió que no iba a llevar rosas.

Allí estaba con unas sencillas margaritas, esperando su turno para despedirse de Sasuke. Karin vio al padre de Sasuke sentado en una silla, su cabeza estaba inclinada y parecía mirar las cajas de cigarrillo que se había fumado. Fugaku debía haberse acabado unos seis paquetes. Al lado de él, estaba un hombre que trataba de hacerle compañía, aunque Fugaku cada tanto le da daba empujones violentos.

―Leucemia, ¿eh? ―Fugaku había guardado silencio durante todo el velorio, por lo que su voz sorprendió a varios ― ¿ME ESTÁN JODIENDO? ¡¿NO?! ¡LA PUTA MADRE! ¡COJUDA ENFERMEDAD QUE SE LLEVÓ A MI HIJO! ¡MALDITA ENFERMEDAD QUE SE ROBÓ NUESTROS SUEÑOS! ¡DÉJAME, MADARA!... ―chilló el hombre que rechazaba el abrazo con que Madara quería darle consuelo ―. ¡NO ME TOQUES! ¡DÉJAME TE DIJE! ¡DÉJAME, MADARA…! ―ladró, saliendo hacia el jardín y Madara lo siguió por detrás.

Si había algo más que decir, nadie lo dijo. Fugaku ya dijo lo que todos pensaban. Mikoto que no podía decir nada, se abalanzó sobre los restos de su hijo menor. Karin seguía sin creerlo, no creía que Sasuke estaba durmiendo en un cajón de roble. Era cierto que la cara de Sasuke se veía cada vez más pálida, al punto de parecer una perfecta geisha. Karin no lo sabía y no lo supo sino en ese momento en que Fugaku aulló como un animal herido. La razón por la que Sasuke lucía más enclenque, era porque estaba condenado a la muerte.

"Si vas a visitarme, no lleves rosas"

Kushina con mucho esfuerzo pudo quitar a Mikoto del ataúd y junto con Anko la sacaron de la sala. Cuando la madre fue separada, Karin corrió al centro.

Ella lo contempló. Su cuerpo no reaccionaba, Sasuke en verdad se había ido.

"Si vas a visitarme, no lleves rosas"

"¿Sasuke tú…?" se lamentó Karin. Ella nunca fue a visitarlo, de todas las cosas que ella podría darle ¿por qué Sasuke pensaba que ella le regalaría rosas? Había que razonarlo, ahora el motivo era más claro. Esa visita de la que hablaba Sasuke, era la visita a su tumba.

Fue tal como lo pensó Sasuke, en ese momento Karin entendió lo que él le había dicho. Apretó sus ojos con dolor. Era como si tratara de serenarse. Cuando lo logró, su vista corrió de la derecha a la izquierda, en ese recinto había varias de esas flores.

― ¡No! Esto, no ¡Saquen las malditas rosas! ―gritó enfurecida Karin.

Fuera de sus cabales, Karin hizo lo que muchos calificarían como una escena. Sin dudarlo y decidida tomó todas las rosas que encontró, inclusive las del florero de Mikoto, y las tiró por la ventana. Muchos de los presentes se quedaron boquiabiertos por la reacción repentina de la chica, hubo murmullos de desaprobación. Karin, por el contrario, creía que su acción fue acertada.

―No querías rosas, Sasuke. Yo no sé si elegí bien, pero mira, Sasuke. No son rosas, no son rosas… ―lloró Karin, agitando el ramito de flores que sostenía en sus manos―. ¿Lo ves? Míralas ¡No son rosas!

Esa fue la única vez que Suigetsu no se rió de Karin, y sólo la miró dar el último homenaje a Uchiha Sasuke.

"No habrá un mañana en mi vida, por eso viviré cada día de mi presente y así cuidaré de mi pasado y todos estos recuerdos acerca de mí se quedarán contigo… A través de esas remembranzas, sabrás que yo existí"

¿Continuará…?

Ayer volví a tener un insomnio y debido a mi (permanente) estado EMOcional, decidí escribir. Todavía no tengo ese brillo que me llevó a narrar cosas románticas y graciosas, así que seguiré escribiendo alguno de mis fics melancólicos. Espero retomar los otros cuando comiencen mis amadas vacaciones. Y ya estoy preparando algo para navidad (fic que espero terminar), en compensación a aquellas personas que pacientemente esperan que publique.

Tuve ganas de incluir a una chica en este capítulo, quise mostrar uno de los sentimientos que Sasuke se perderá o no llegará a vivir (Amor). Por eso elegí a Karin, de a poquito, paso a paso, comencé a quererla y ahora está entre mis personajes femeninos favoritos. Aunque Tayuya y Temari serán siempre mis preferidas. Agradezco sus comentarios. Sobre si emparejar a Sasuke con alguien no lo sé… no empecé a escribir con esa idea, en todo caso esto dependerá de las sensaciones que tenga al narrar y de ser positivos los sentimientos que tenga, ¿con quién creen que conocerá el Amor? ¿Qué pregunta, no? Me parece que ya todas/os saben la respuesta!

ItaSasu es sinónimo de Amor Verdadero

SasoDei es un Amor Eternamente Explosivo

Oyasumi, matta ashita.