— ¡Oh Dios, no puedo creer que estaremos juntos en el Grand Prix de este año!— chilló emocionado mi amigo Phichit del otro lado del teléfono — ¡Debo ya mismo sacar selfies de mi contento y subirlas al Instagram; aparte que también tengo que hacerlo contigo!— negué divertido con la cabeza mientras sacaba el jugo de la heladera.
Phichit Chulanont había sido uno de los pocos en acercarse y apoyarme cuando salí corriendo de la pista en el torneo de invierno de hace tres años; realmente admiraba su personalidad servicial y predispuesta a cualquier situación poco corriente que llegase a surgir sin que él estuviera del todo metido. Tampoco descartaba el hábil patinador que era, con su reluciente tez morena, ojos oscuros como su mismo cabello, su viva sonrisa, su afición (más bien adicción) a las redes sociales y su peculiar manera de presentarse ante las personas, hacían de él un ser totalmente único entre millones más.
Y hasta a veces actuaba como la hermana menor que nunca había querido tener.
—... y entonces Leo me preguntó si estaba dentro de los seleccionados para el Grand Prix a lo que yo desde luego le dije: "¡Claro que estaré allí maldito idiota!" y él quedó muy "wow" y, bueno, después me clavó el visto— suspiró cansado —Me gusta demasiado, Seung, y me duele que sea feliz con esa chica que obviamente es mucho más linda y talentosa que yo— mamá estaba durmiendo en mi habitación, apenas pisó el suelo de casa y se desplomó totalmente cansada, así que lo menos que pude hacer fue recostarla en mi cama y que la sala de estar quedase exclusivamente para mí. Con el vaso lleno me dirigí al sofá donde apenas me recosté y así continué oyendo la dolorosa complicación amorosa de mi amigo —Ojalá mi vida fuera tan maravillosa como la tuya sin que te guste nadie o alguien que guste de ti o ninguna de las dos y pudiera enfocarme en los programas como tú lo haces pero para mi desgracia salí así— bufó molesto.
—No se trata de que mi vida sea la mejor por no estar pendiente de una persona, simplemente no me interesa nadie en general, en especial de una mujer— respondí bebiendo mi jugo —Aparte si me enfoco más en mis programas es para demostrarle al mundo sobre mis valores artísticos, de soy capaz de mostrar y ser y principalmente para conseguir el logro que papá siempre quiso ver— apoyé el vaso sobre la mesa ratona y retomé a recostarme en el sofá.
Ya habían pasado tres años de la muerte de mi papá en base del cáncer de páncreas que padeció, luchó y luego perdió. No iba a negar que el dolor aún persistiera creando un hondo hueco dentro de mis recuerdos pero debía ser más que fuerte en todo momento y aspecto por bien mío y el de mi mamá, quien había perdido al hombre más genial que consideraba su primer y único amor.
Era inevitable en mí no ponerme a pensar en un instante lo que era despertarme y no ver a papá por ningún lado, tampoco cuando solía acompañarme a la pista de patinaje que había cerca de mi casa para practicar cuando mi entrenadora no estaba disponible. Y ni hablar de la incomodidad que me causaba estar presentando un leve programa frente a las personas sin sentir el orgullo de su mirada sobre mi esbelta persona.
—Seung, sabes que tu padre va estar siempre orgulloso del fantástico hijo que le tocó tener y criar; no sientas que salir primero en el próximo Grand Prix hará que esa admiración de él hacia ti incremente más de lo que ya hay instalado entre ambos. Piensa solamente que te presentarás porque tu padre esperó hacerlo y no porque debieras conseguir el primer puesto— Phichit podía actuar como una perra quejosa de vez en tanto pero cuando algo lo decía de verdad cualquiera podría percibir un grado enorme de seriedad y madurez según por las palabras que de su boca salían. Y odiaba el simple hecho de nunca antes haberlo tomado en cuenta —Patina por él y porque realmente amas hacerlo, Seung, el primer puesto cualquiera puede conseguirlo pero nadie podrá ganar el título a la eterna admiración y felicidad que a tu padre pudiste causarle y seguir causándole por más que él ya no esté aquí contigo de manera física, ¿sí?— mis mejillas rápidamente se humedecieron, de nuevo tenía esos momentos de los cuales volvía a quebrarme en un imparable llanto aunque a diferencia de otros esta vez sonreía, Phichit sabía cómo decir las palabras justas según la situación por el cual el otro estuviera pasando —No quiero incomodarte más de lo que ya debes estar con este tema... ¿Quieres que hablemos sobre el resto de los que estarán en el Grand Prix?— su sensibilidad era indescriptible.
¿Cómo Leo no le mostraba interés alguno a Phichit? Todos sabían que Leo realmente era bisexual al igual que mi amigo y que su relación con aquella modelo australiana era demasiado fría y sin emoción alguna. Y para nada obligaría a alguien estar con otra persona de la cual no siente absolutamente nada pero esto me molestaba porque Phichit merecía a alguien sencillo como Leo y Leo merecía a alguien romántico y servicial como Phichit.
Muy en el fondo sabía que algo podría surgir algo pero mejor era escuchar los lamentos de mi amigo a ilusionarlo más de lo que ya estaba.
—Estarán el modelo suizo de Christophe, J.J., el OTP del cual pido que su boda llegue lo más rápido posible, el punk ruso y su príncipe kazajo, los gemelos amantes de la pizza, Emil, mi futuro marido, la escoria de Nuuro, Thomas el inglés y... Bruno Volpini— mi corazón se detuvo en aquél mismo entonces —Oh, estará Minami por primera vez con nosotros y Huang me acabó de avisar que no lo llamaron pero que nos verá allí, siento que esté será el mejor año de todos, ¿Y tú?— no podía salir de mi asombro.
La sensación de estar rodeado entre sus brazos, sus imponentes ojos verdes, su corto cabello castaño y la bondad que rodeaba su invisible aura volvía a presentarse en mi mente como veloces flashes.
Recuerdo que en ese momento sentía que nada iba a estar bien, que todo estaba perdido pero cuando abrió la puerta del cubículo donde estaba, me jaló del brazo y me atrapó entre los suyos y su duro pecho, repitiéndome al oído que no estaba solo, que todo iba a tener una fiable solución, que él estaría allí cuando más lo necesitase... Dios mío, era tan real el recuerdo que me causaban hartos escalofríos a lo largo de mi espalda, perforando todos mis sentidos.
— ¿Qué no fue él quién te buscó en el baño? Demonios, si que ha cambiado— se rió Phichit.
— ¿C-cambiado? ¿A qué te refieres?—.
—El color blanco y el corte de su cabello no le sientan nada mal, aparte de las pequeñas arrugas que se notan a los costados de sus ojos, espera... ¿Realmente no lo has visto durante estos tres años?— me removí nervioso en mi sofá.
La verdad es que estuve evadiéndolo desde la última vez que nos vimos en el aeropuerto (y no sólo con él, estuve prácticamente un año evitando a cualquier persona, amigos, familiares, etc., comenzando con el cierre de mis redes sociales y dejando el patinaje a un lado; la situación de mi padre no era nada fácil que digamos) cuando él ya se estaba despidiendo de todos para así regresar a la Argentina en su tiempo de descanso; aquella noche él volvió a capturarme entre sus brazos susurrándome al oído que cuando necesitase algo que él siempre estaría dispuesto a ayudarme y que esperaba que papá pudiera salir para delante de toda esa mierda, cosa que no fue tan así como quise que fuera.
No tenía un registro profundo sobre su historial de vida pero en ese corto lapso de tiempo en cual pude hablar con él supe que no era una persona ambiciosa y con hambre de ganar; al contrario, era sencillo, consejero, buen oyente y cariñoso, tan así como mi padre.
—Ahí te he enviado una foto— con las manos temblorosas me dirigí a abrir Whatsapp y cuando la imagen se terminó de descargar, la sensación de la falta de aire fue inmediata. Su cabello castaño había dejado de ser corto: era totalmente blanco, dejándose apropósito que un largo mechón le cubriera uno de sus ojos; parecía más alto y con el cuerpo más marcado, fino y con más gracia.
—Te diría que si no estuviera tan enamorado de Leo definitivamente arrasaría con Bruno Volpini pero algo me dice que él no tiene vista para nadie. Bien, iré a dormir que estoy jodidamente muerto— Phichit bostezó fuertemente —Te hablaré mañana, ¿vale? Te quiero mucho Seung y por favor cuídate—.
—Vale, vale— no dije nada más, me cortó la llamada y decidí pasar el resto de la noche durmiendo en el sofá junto a mi perro que ante mi cansada apariencia se vino a acostar conmigo. Mirando el techo y con los brazos detrás de mi cabeza pensé: Bruno Volpini... ¿aún te acordarás de mí?
