Disclaimer: Algunos personajes no son míos, son de la grandiosa Stephenie Meyer. La trama y el resto, son totalmente de mi dominio. :)
Antes no, ¡Ahora, largo!
Charlie Swan fue el heredero universal de la constructora de la cual mi abuelo era dueño. Cuando tenía diez, Thomas Swan murió dejando un enorme vacío y ¿Por qué mentir? Una enorme fortuna. Pero más que beneficiarnos, nos afectó en sobremanera. O al menos a mí. Si, definitivamente, sólo a mí. A los diez dividía mi tiempo entre la escuela y sus fáciles deberes y la academia de arte a la que asistía. Lo favorito del día era ir a tal academia por lo cual no me quejaba si apenas me quedaba tiempo para jugar como las niñas de mi edad. Charlie había estado viajando mucho pues la sede de la constructora Swan&Co, se encontraba en Inglaterra. Iba y venía, lo que ocasionó que Charlie y Renee tuviesen constantes peleas debido al tiempo que le dedicaba él a su familia. Emmett por otro lado, no se veía del todo afectado. A veces, solía viajar con Charlie y se alucinaba de todo lo que veía. Desde los doce, Emmett soñaba con ser un gran arquitecto como Charlie y Thomas Swan. En ese entonces, a los dieciséis recién cumplidos del que "era" mi hermano, no podía verle el lado malo a esto. Tenía los medios suficientes para alcanzar su sueño.
Un día, Charlie llegó a la casa con la "estupenda" noticia de que nos iríamos a vivir a Inglaterra para estar todos más tiempo juntos. Emmett se alegró bastante, Renee un poco más y yo, aunque veía como toda mi reciente vida se iba por el inodoro, también estaba alegre. Podría pasar más tiempo con ellos, incluso, extrañaba a Emmett dado que viajaba constantemente y apenas lo veía. Estaría más tiempo con ellos, eso era todo lo que pensaba.
Pero no fue así.
Charlie tomó la decisión de irse, de irse con Renee y con Emmett. Yo lloré, le rogué, le grité que no me dejara. Charlie y Renee hablaron conmigo y me dijeron que era lo mejor, que irme con ellos, sólo implicaría dificultades y no cumpliría mi sueño. Que Inglaterra no era para mí y que mi reciente ingreso a la academia St. Meyer era más importante. Sin embargo, aquella opresión en el pecho, de pura impotencia, no se iba. Yo tenía miedo de quedarme sola, de quedarme sin un padre, sin una madre y sin un hermano. ¡Al diablo la academia!, ¡Yo quería a mi familia! Charlie y Renee me aseguraron que no me quedaría sola, que me quedaría con el personal que habían contratado exclusivamente para mí, y que eran de fiar. Más no era suficiente. Tenía diez años, me valía una mierda mi sueño, yo sólo pensaba que mi familia me quería abandonar. Porque, ¿También podría cumplir mi sueño en Inglaterra, no es así? Aquí o en China, ¡En dónde fuese! Lloré, lloré a mares esa noche, le conté a Emmett mis miedos de niña de diez años. Le rogué que no se fuera, que no me dejara y él… él me lo prometió.
Sin embargo al otro día me desperté y no había nadie en casa.
Estuve encerrada en mi cuarto por días, apenas salía pues mi confianza en el personal de mi casa, era nula. Ellos en cambio, se comportaban de una manera amorosa y paciente. Tardé mucho en dirigirles si quiera la palabra.
Con el tiempo lo acepté. Con el tiempo me di cuenta de que tal vez, fue lo mejor. Que no podría amar a alguien que deja atrás a uno de los suyos. Que no podría amar a alguien a quien si quiera se le cruza por la mente aquello.
Llamaba a Emmett casi todos los días, dejando a un lado el orgullo y la sensación de sentirme traicionada. Sin embargo él solo respondía una de cada cinco. Igual Charlie. Igual Renee.
Podía ver a Charlie demasiado ocupado, a Emmett demasiado embelesado y a Renee demasiado distraída con el nuevo mundo, como para preocuparse por mí. ¿Era lo mejor? A la larga, supe que lo era. Tal vez, se fueron sin despedirse porque una despedida sería más difícil. Se los agradecí en su momento. Pero después de eso, nada fue igual.
Ni una navidad, ni un recital, ni acción de gracias, ni el verano. Ellos hicieron su vida aparte. Yo… hice la mía.
A los catorce les dejé de llamar. Les dejé de insistir una visita, les dejé de extrañar. Y comencé a aceptar todos los regalos de "consuelo" que me enviaban. Me hice de una familia con Jasper y sus padres. Con Jacob y sus hermanos, ¡Y hasta con Billy Black, su padre! Con Amanda, Charlotte y su madre. Y hasta con su serio padre. Con Ethan y con Andrew, con Jared y con Paul. Con Sam y con Emily.
Y con Susan, la encargada de la Mansión Swan.
En realidad, con todos los empleados de la Mansión. Que más que empleados, eran una familia completa.
Amaba los domingos, cuando venían mis amigos y todos en la Mansión comíamos lo que Susan había preparado, para después emprender el viaje de regreso a la academia. También estaban Peter y Frederick, el chofer y el jardinero. Junto con otras personas que se encargaban de mantener la casa en buen estado. A veces, Susan llevaba a sus hijas, estas ya eran mayores e incluso Julia, la mayor, ya tenía una pequeña hija, Sophie. Otras veces, todos, junto con los hijos y nietos de Peter y Fred, nos reuníamos. Como en los cumpleaños o en navidad. La Mansión Swan era la sede de nuestras reuniones familiares, más que nada, por la cantidad de personas que podía albergar su comedor.
Con el tiempo, me olvidé de Charlie y Renee, y a veces llamaban. Y nuestras conversaciones se limitaban a un saludo y a un momento incómodo seguido del típico: "¿Cómo has estado?" ¿Quién pretendían que era? ¿Una extraña? ¿Una vieja amiga? ¡Por Dios! Era su hija.
Me resigné y le saqué provecho a mi apellido.
Todo lo demás, me valía tres cominos.
Mis recuerdos pasaron frente a mí en ¿Cinco?, ¿Seis minutos? Lo que sea hasta que Charlie se resignó a pararse del sillón y mirarme con los ojos entrecerrados.
— ¿Mierda? —fue lo único que dijo. Podía sentirse la tensión, incluso Jasper estaba tenso.
Lo capté, Charlie pretendía reprenderme por mi leguaje. Genial.
— Si, mierda… ya sabes, —me encogí de hombros y comencé a hacer señas con las manos— cuando algo va mal, y no sabes que decir dices mierda, porque todo es una mier…
— ¡Ya deja de decir eso! —Espetó Renee algo exasperada— ¿Qué no ves que tenemos visitas y tú te la pasas diciendo esa palabra? —reprendió. Ay no, otra que quiere reprenderme.
— ¿Mierda? —repetí, era una palabra, no entendía porque Renee no la "podía" pronunciar si quería.
— ¡Isabella! —elevó la voz, Charlie.
— Bien, bien, —alcé ambas manos frente a mí, en son de paz— no diré la palabra —remarqué mi voz mirando a Renee— más. Ahora, respondiendo a mi pregunta, ¿Qué hacen aquí? —cuestioné con una ceja enarcada.
— ¿No serás amable y te presentarás ante las visitas? —dijo la voz severa de Emmett. Le miré. Estaba segura que mi mirada hacía él ya no era de admiración ni de cariño. Era de simple indiferencia, sin rastro de sentimiento alguno.
— Oh, claro, claro, —mi sarcasmo rebasaba mis límites y es que no quería ser mal educada pero en ese instante me importaba un comino quienes eran ellos y que hacían ahí. Me giré para inspeccionar a las visitas. Una mujer muy guapa de cabello caramelo y ojos claros. No podía distinguir el color, pero no podía negar que a simple vista, se veían muy bonitos. Un hombre que destilaba paz, así como Jasper. De cabello rubio y ojos azules, los podía distinguir debido a su pálida piel. Estos contrastaban con esta. Una chica que parecía que en cualquier momento saltaría de su lugar, con cabello color azabache y sus puntas mirando a lados distintos. Demasiado moderno para mi gusto, pero no por eso, era feo. De hecho le sentaba muy bien. Sus ojos parecían ser del mismo tono que los de la mujer. La chica parecía amigable, más no por eso ablandé mi mirada. La otra chica, era de una escultural figura que se podía apreciar gracias a su ceñido vestido violeta, no me pasó desapercibido que Emmett la tenía agarrada firmemente de la cintura. Eran pareja. ¿Me importó? No. No realmente. La chica era de un rubio natural y de unos ojos azules que parecían ser dos pedazos de hielo. No por el color, por la frialdad con la que me miraban. Bufé por lo bajo. ¿Ahora venía ella a hacerse la ofendida? ¡Claro! Y por último, un chico, al parecer un poco más joven que Emmett. De cabello cobrizo y de penetrantes y hermosos ojos verdes. Se distinguían así como los del señor rubio, gracias a que estos contrastaban con su nívea piel. No me desvíe, ni me embobé mirándolo. Sólo reconocí lo guapo que era. Aparte de ese despeinado cabello que incitaba a tocarlo. Era alto, estaba parado detrás del sillón en dónde estaban sentados los señores mayores… que no se veían tan mayores pero supuse que serían mayores. Me despabilé con una cachetada mental, creo. — Bella. —dije fingiendo una sonrisa. Al menos no había sonado tan forzado, me felicité por mi corta y casi perfecta presentación.
Antes si quiera de que alguien hablara o se presentase de vuelta, Charlie habló.
— Linda forma de presentarse, ¿Acaso no te enseñan modales? —preguntó.
— ¿Acaso siempre estás a la defensiva? —Dije frunciendo el ceño— ¡Relájate! —reí un poco. Probablemente lo estaba sacando de sus casillas, no lo sabía, no me interesaba. No lo conocía— Ahora sí, ¿Qué hacen aquí? —insistí.
— Es nuestra casa también. —contestó Emmett. Yo enarqué una ceja y mi rostro adquirió una cara que decía "¿Me estás jodiendo?"
Negué con la cabeza, con una sonrisa irónica bailando en mi rostro.
— Oh, vale, entonces… que disfruten de su estancia.
— Isabella, tu sarcasmo deja mucho que desear. —Dijo Renee. Ese afán, ese afán de querer reprender y corregir. ¡Ellos no tenían derecho!
— Espero que no estés deseando más, es todo lo que habrá. —Le miré secamente. Ella hizo un gesto extraño… Oh, no, ahora estaba ofendida. ¡Dios! Esta mujer es imposible.
— Isabella, pídele disculpas a tu madre. —sentenció Charlie.
— ¡Deja de llamarme Isabella! —respondí desesperada— Y no, no le pediré disculpas a Renee. No le he hecho nada.
— ¡Is…
Más Charlie calló abruptamente. Le fulminé con la mirada, ¿Cómo se atrevía?, ¿En serio se atrevía? Pasé ambas manos por mi cabello, apartándolo de mi rostro. Como caída del cielo, Susan apareció en la habitación, entrando tímidamente en esta. A pasos lentos y pausados, llegó a mi lado y saludó a todos con una mirada amable. No me pasó por alto su repentino cambio, mientras a mi me trataba de una manera, estaba segura que a mis padres los trataría de otra muy diferente. Probablemente para ellos era una empleada más, no para mí. No permitiría que la tratasen así.
— Siento mucho no haberte avisado antes, llegaron y yo… —titubeó un poco, disculpándose en voz baja a mi lado.
Yo negué con la cabeza, sabía que ella no tenía la culpa de nada.
— No, Su… todo, está bien. —Miré a Jasper que seguía fiel atrás de mí. Regresé mí vista a Susan— Susan por favor, déjanos solos y llévate a Jasper, los veré en unos minutos. —Pedí.
Ella asintió, más Jasper dudó por unos segundos. Después de todo, Jazz sabía que no necesitaba de eso, necesitaba estar a solas con ellos, así que salió de la habitación justo detrás de Susan. Emmett se adelantó situándose a un lado de Charlie.
— Espero que no vayamos a interferir con tus planes este verano, —murmuró casi con ironía— ¿Qué pretendías tatuarte? Ya no nos lo dijiste. —rió un poco mientras que me miraba desafiante.
En ese momento me pregunté, ¿Qué jodidos había ocurrido con mi hermano?, ¿Tanto había cambiado?, ¿Tan déspota se había vuelto? Dolía, dolía no porque lo extrañase, no porque lo quisiese de nuevo a mi lado. Dolía porque el Emmett de antes era una extraordinaria persona y al parecer ahora, ya no había rastros de él.
— No, no interferirán… al menos espero que ustedes cumplan sus expectativas sobre un verano fuera de Europa. —Respondí arisca. — Y uh… prefiero que el tatuaje sea una sorpresa.
No sé qué fue lo que cambió en su rostro. Posiblemente no se esperaba aquella respuesta. Tal vez, esperaba que me saliese de mis casillas una vez mandados a fuera Jasper y Susan. Tal vez, pensaba que me derrumbaría, o que simplemente no respondería. Esta vez dolió el darse cuenta lo poco que tu familia te conocía.
Un silencio sepulcral tomó lugar en la sala. Yo sólo tenía la mirada fija en aquellas tres personas. De pronto, una voz algo dulce me sacó de mis pensamientos.
— Soy Esme. —Dijo aquella voz. Volví mi mirada hacia dónde estaban los "invitados" y me topé casi de frente con la mujer de cabello caramelo. Le miré por unos segundos, pero sabía que ni ella ni el resto, tenían la culpa de lo que pasaba ahora y que probablemente esto fuese más incómodo para ellos que para nosotros.
Le sonreí un poco, solo un poco.
— Mucho gusto, Esme. —aseguré, bajando un poco las barreras. Esme sonrió de manera maternal. Más a pesar de su muy dulce carácter, pronto no supe que más decir. — Siento el… pequeño espectáculo. —musité algo apenada. Sin embargo no lo estaba del todo, era mi casa, en ese momento, ellos eran los intrusos, no yo.
— No… —se aventuró a decir el señor de cabellos rubios, más no lo escuché del todo ni el terminó de hablar pues algo más captó nuestra atención.
— Sí, claro. —dijo la rubia a la cual Emmett tenía tomada de la cintura hace unos momentos. Su voz era filosa y su tono era irónico.
— ¿Disculpa? —le enfrenté.
— ¿Lo sientes?, ¡Claro que no lo sientes! No trates de ser educada solo por agradar, no trates de…
— ¡Basta Rosalie! —le reprendió el señor del cual… aún no sabía su nombre. Al menos ahora sabía que la rubia no era sólo "la rubia", se llamaba Rosalie. Le miré desafiante y simplemente no pude más al ver que Emmett ni se inmutaba. ¡Mierda! Era su hermana, ¿No?
Solías serlo.
— ¿¡Y quien te crees tú para decirlo!? ¡Dime! —respiré pesado y estaba segura que mis ojos eran más fríos que los de ella. Que mi voz era más filosa que la de ella. Me felicité por no derrumbarme ahí mismo. Sin embargo toda la rabia que había acumulado a través de los años, salió a flote— ¿Estás en mis zapatos? —Cada promesa rota— ¿Sientes lo que yo? —Cada lágrima derramada— ¿Tus padres te han dejado? —Cada vez que los extrañé— ¿Tu hermano te ha olvidado? —Cada vez que los necesité— Si me comprendes y si sabes de lo que hablo, dilo, ¡Sino, calla! No eres nadie…
— ¡Basta, Bella! —gritó Emmett. Aquello me crispó.
¿Por qué la defendía a ella y a mi no?
Porque para él no eres nadie.
— ¡No! —grité con impotencia. Un nudo en la garganta comenzaba a formarse en mí. La rabia, el dolor, el querer gritarles hasta quedarme sin voz. Todo. — ¡No, Emmett, no! ¡Ella no sabe nada! ¡No tiene derecho alguno! ¡Nada!
Bufé internamente al encontrarme llorando. Llorando del coraje. Llorando por todo lo que sentía, por todo lo que me faltó sentir. Con toda la dignidad sobrante, limpié mis lágrimas y respiré hondo.
— Bella… —dijo Susan con voz suave. Giré sobre mis talones y la encontré en el marco de la puerta que daba a la cocina, con Jasper detrás. Tuve que anclar mis pies el piso para no salir corriendo a los brazos de mi amigo y llorar el resto de la tarde.
— Susan, saldré con Jasper, no nos esperes. —Dije con voz calmada. Mi voz de hace unos minutos y esta, parecían de personas diferentes. Regresé mi mirada a Esme y al señor rubio. — Con permiso Esme y —miré a la nombrada para llevar mi vista al señor rubio.
— Carlisle. —Dijo su nombre captando lo que quería saber. Asentí en forma de saludo.
— Y Carlisle… y el resto. —Y salí de ahí sin mirar a nadie más. Supe que Jasper me seguía porque solo aquellos ligeros pasos detrás de mí podrían pertenecer a él. Bajé los escalones del porche y me dirigí directamente a su auto color negro.
Llegué a la puerta del copiloto y jalé la manija. Más el auto estaba cerrado. Sin embargo no me importó, jalé, jalé y jalé con impotencia como si la manija tuviese la culpa de mis problemas. Y puede que hubiese jalado hasta que la manija se zafara de su lugar, a no ser de esas manos que se posaron en mis brazos y me apartaron de ahí cariñosamente. Yo me limité a girar sobre mis talones y enterrar mi rostro en su pecho.
— Arruinar el lado del copiloto de mi auto no va a solucionar nada, cariño. —Me "reprendió" Jasper en voz baja y con ese cariño que tanto le caracterizaba entre sus amigos.
Yo me solté a llorar.
Por todo, por todos.
— Sácame de aquí. —Le pedí en un momento de lucidez.
Escuché como los seguros del auto eran sacados. Sentí como me depositaba en el asiento y como me ponía el cinturón de seguridad. Escuché como cerraba la puerta. Escuché como abría la suya y subía al auto. Se puso el cinturón de seguridad y salió de ahí pisando el acelerador a fondo.
¡Hola! Bueno, aquí el segundo capitulo. :)
Como sabrán y notarán, apenas comienzo con los fanfics y no sé ni que onda con esto o con lo otro. Tengo que confesar que estoy teniendo problemas con la cuenta pues apenas se usarla jajaja:c. Quiero agradecer los reviews. Sé que no son muchos, pero bueno, repito, es mi primer fanfic y se siente taaaaaaan bonito cuando los lees y se siente mejor saber que aunque pocos, les agrada tu idea a algunas personas. ¡Mil gracias! Me pondré a trabajar en el capitulo siguiente y esas cosas. Aún no puedo contestar a los reviews pues mi cuenta es nueva y tienen que pasar 24hrs, pero muchas muchas gracias a: ksts, Sere Cullen, y KATE AMY J. Anoche estaba husmeando en mi celular y estaba nerviosa pues era la primera vez que alguien leía mis historias aparte de mis amigas y realmente me hicieron el día y la noche:').
Sugerencias, comentarios o esas cosas... ¡Review! jaja:D.
— Ivy.
