No tardé tanto como creía!! Bueno, aquí está. Tomando en cuenta los comentarios de kami-sama (quien me escribió, no el señor e allá arriba ¬.¬) decidí separar verano en dos partes, así actualizo antes y tengo tiempo de escribir y terminar la segunda parte y una tercera entrega a la que no me pude resistir. Muchas pero que muchas gracias a los que leyeron, sobre todo a Dark-ein, kami-sama, Xxkao-chanxX (a quin recuerdo de otros R&R que muy amablemente me ha dejado), kennich y akari-kaze. Siéntanse en la libertad de agregarme al msn, que están escritos en mi profiel. Gracias de nuevo! Disfruten!!

Verano (I)

-¿En serio hizo eso, Kakashi-sensei? –preguntó entusiasmada Sakura.

-Es cierto. Eso fue lo que pasó. La verdad no me lo esperaba –se encogió de hombros y sus alumnos prorrumpieron en risas. Kakashi se detuvo un momento para ver su reloj y lazó un silbido elevando las cejas. Bajó de su asiento en el escritorio frente a la interesada y divertida clase y tomó su maletín-. Quedan cinco minutos, chicos, recojan sus cosas y aparenten estar tranquilos. Si saben que en vez de darles clases hablamos toda la hora me meteré en problemas. Sakura, por favor.

-Hai. De pie –tras ponerse de pie Haruno Sakura, el resto de sus compañeros hicieron lo mismo-. Saluden.

-¡Que pase un buen verano, Kakashi-sensei! –dijeron a coro-. ¡Muchas gracias!

-Les deseo un buen verano a ustedes también. Regresen con cuidado a casa y usen condón.

-Kakashi-sensei! –chillaron las chicas, la mayoría de los chicos reían a carcajadas.

-Sumai sumai (Lo siento, lo siento). No me pude resistir –se carcajeó jocosamente. La mayoría de las chicas seguían mirándolo de manera asesina. Decidió que lo mejor era irse en buenos términos-. Como decía, les deseo unas buenas vacaciones. Aprovéchenlas y no olviden los deberes. Hasta aquí, pueden irse en cuanto suene la campana. Hasta luego.

-¡Muchas gracias!

-Yatta! –gritó Kiba con los puños en alto, en la entrada del instituto. Estaba con sus amigos, con los uniformes desordenados. Ya no importaba, hasta Sakura se libró del pañuelo de su blusa para celebrar las escasas pero merecidas vacaciones de verano-. ¡Por fin, el verano!

-Ya era hora –asintió Ino, escribiendo en su móvil a toda prisa-. Los exámenes finales estuvieron especialmente difíciles este año, ¿no creen?

-No realmente –dijeron a coro Sasuke, Shino y Hinata. El resto los fulminaron con la mirada.

-Los ignoraremos –masculló Kiba, que seguía resentido por su nota en matemáticas-. ¿Dónde quedé...? ¡Ah, sí: El verano! Iremos al mar como acordamos, ¿no?

-Yo paso.

-Es cierto, Ino-cerda, tú y Hanako-san visitarán a tu padre en Tokio.

-Es una lástima que no puedas venir –se lamentó Chouji. Ino le guiñó un ojo haciendo el signo de la victoria con los dedos.

-Prometo traerles algo. De todas formas, hace tiempo que no veo a tou-chan. ¡Y no me digas así, frentuda!

-Seguro vas a vaciarle la cartera –adivinó Naruto con un suspiro, la rubia rió con fuerza y falsa inocencia.

-¡Por supuesto!

Varios de los allí presentes se golearon la frente con las palmas de las manos. Ino nunca cambiaría.

-Yo llegaré a la playa una semana más tarde –habló tranquilamente Sai-. En casa quieren visitar las termas.

-Igual yo –Hinata levantó la mano-. Mi familia organizó un viaje a China. Chichiue (Padre) piensa que es una buena manera de pasar las vacaciones pero oka-sama logró convencerlo de que me dejara ir de todas formas.

-Por eso estabas tan feliz –comentó Shino-. Yo dormiré en tu casa la noche anterior, Kiba, lo sabes.

-Mi hermana está de acuerdo. ¿Y ustedes, Shikamaru, Naruto, Sasuke? Sakura confirmó conmigo esta mañana.

-Sí, yo iré –dijo Sasuke.

-Iré junto con Sai. Nos invitó a ir con él a las aguas termales. Tsunade-obaachan dice que le hará bien a tou-san.

-Eso está bien. En mi caso, iré con Chouji –respondió Shikamaru, en el mismo plan de Ino con el celular-. Maldición, Temari es muy problemática.

-¿No pasarás las vacaciones con ella?

-Su familia también irá allí. Su hermano menor sigue en el instituto, como nosotros y en la universidad ella y Kankurou, su otro hermano, coincidieron con el tiempo.

-¿Veremos a Gaara-kun? –preguntó sonrosada Hinata. Escucharon un crack. Vieron a Kiba, que parecía de piedra.

-Sigue sin superarlo –suspiró Shino, sacando de la nada un abanico y soplando a Kiba con él.

-Parece que están muy animados por aquí –dijo una melodiosa voz. Se giraron para ver el rostro sonriente, dulce y adorable de un chico que sujetaba unas bolsas con víveres entre sus brazos. Sus uñas resaltaban con la pintura azul cromo en sus dedos largos y finos.

-¡Haku-san! –corearon varios, Kiba sorprendentemente repuesto y muy animado, así como las chicas.

Ladeó la cabeza, ensanchando la sonrisa que curvaba los tiernos y rosados labios. Su cabello liso y delgado color ébano caía con delicadeza a los lados de su bonito rostro, el resto estaba sujeto en una coleta larga que llegaba a su cintura.

-Haku-niisama –Sai se acercó y le ayudó a con las bolsas.

-Arigatou, Sai-chan –y su sonrisa hizo suspirar a más de uno... o una. -Genki desu ka, minna-san? (¿Cómo están, chicos?)

-¡Muy bien, gracias!

-Oh, Hinata-chan, Sasuke-kun, Shikamaru-kun, Sakura-kun, felicidades por haber obtenido tan buenas notas –bajó la cabeza un segundo, los nombrados se apresuraron a regresar el gesto, incluso Sasuke, con una sonrisa tonta asomándose en su boca-. Los demás, los felicito con su esfuerzo, por favor continúen así.

-¡Claro!

Ya nadie parecía tan enojado por las notas de los exámenes. Haku se dirigió directamente a Naruto esa vez, preguntando por su padre. Naruto, con torpeza y un divertido gesto zorruno, dijo que desde Febrero se había mantenido muy estable y que esperaba ansioso poder ir a las termas.

-Me complace que puedan ir. Sai-chan, es hora de irnos, hay que preparar una gran cena, esta noche Yamato-san traerá a un invitado.

-Si no los asusta, los adula –la sonrisa tranquila (cabe destacar que falsa) de Sai alarmó a todos. Haku negó con la cabeza, dirigiéndole una mirada resignada, daba la impresión de que todavía no se acostumbraba.

-No debes decir eso de Yamato-san. Dijo que si todo iba bien, podría pagarte un viaje a Francia, para que visitaras el Louvre.

Sai hizo un notable esfuerzo por mantener el rostro tranquilo. Hasta Sasuke tuvo que reírse por las gotitas de sudor que bajaron por la cara del chico. Era increíble, pero Sai estaba avergonzado.

-Es hora de irnos. Espero verlos pronto. Ike (Vamos), Sai-chan.

-¡Estás invitado a venir con nosotros a la playa! –la mayoría secundaron a Sakura en seguida. Haku les lanzó una sonrisa de un millón de yenes, con sus labios llenitos pero delgados y sus dientes brillantes. Fue difícil para Shino mantenerse impasible.

-Gracias, si el horario de la universidad me lo permite, asistiré con gusto.

-Adiós... –murmuró Sai, apretando con demasiada fuerza las bolsas en sus brazos.

-Dobe –Naruto escuchó su voz aun por sobre el alboroto causado por sus amigos-. Voy a buscar a Ai. ¿Vienes?

-¡Seguro! Chicos, nos vemos esta noche, Sasuke y yo ya nos vamos –se despidieron de los demás y se fueron, Naruto con los brazos tras la nuca hablando de lo bien que le caía Haku mientras que Sasuke sólo escuchaba, asintiendo a casi todo-. Ano sa, ano sa, Sasuke (Oye, oye).

-¿Qué? –preguntó tranquilamente doblando en una esquina. Caminaron hacia una reja abierta de par en par para entrar a un gran patio, donde muchos estudiantes iban y venían, hablando entre ellos o dirigiéndose a algún lado muy apurados, vistiendo uniformes de primaria.

-¿Te quedas a dormir hoy? Ya sabes, después de la fiesta.

-No creo que sea una fiesta propiamente dicha... ¿A Minato-san no le importará?

-¡Oh, vamos, claro que no! –le sonrió Naruto, ambos ignorantes de las miradas de adoración que las niñas les lanzaban-. Él mismo me lo preguntó. Ha estado muy ocupado en la oficina estos días y se siente culpable, así que pensó que sería bueno invitarte. Dice que prefiere mil veces saber que discutimos a que estoy solo en casa.

-¿Solo? –Sasuke se detuvo, mirando a los lados antes de dirigirse a uno de los edificios de la primaria Konoha, donde él y Naruto habían estudiado de pequeños-. Es cierto, Itachi tampoco tiene mucho tiempo libre con esta nueva exposición. Obito se la pasa diciendo que los explotan mucho pero estos días han sido muy tranquilos, he podido estudiar con más calma. Es una lástima que termine mañana.

-Qué cruel eres, parece que los odiaras –se mofó Naruto, compartiendo con él una sonrisa conspiradora, que desapareció al detenerse frente al edificio cuyos salones eran ocupados por los clubes. Naruto recordó con nostalgia cuando pertenecía al club de natación, luego de vestirse iba a este mismo lugar para esperar a Sasuke, que estaba en el club de lectura.

-Omatase (Lamento llegar tarde) –se excusó Sasuke, acercándose a la menuda figura sentada en las escaleras de entrada al edificio.

-Iie, dayobu desu (No, está bien). –Una niña de piel extremadamente pálida, aún más que la de Sasuke, les miraba fijamente con unos enormes ojos rojos. El finísimo y lacio cabello caía como cascada por su espalda y hombros, un flequillo corto y otro un poco más largo, parecido a los peinados tradicionales de las mujeres del Edo, cubrían su carita delicada y hermosa, pero sobre todo, inexpresiva. Sus rosados labios hicieron amago de curvarse hacia arriba, pero hizo una inclinación con la cabeza a modo de saludo, por lo que Naruto no pudo ver. Estaba pulcramente sentada, con la falda plisada negra del instituto alisada sobre sus piernas delgadas-. Gracias por venir por mí, Sasuke-onii-sama, Naruto-niisama.

-¿Cómo estuvo tu día, Ai-chan? –preguntó animadamente Naruto, acostumbrado a esa actitud. Tenía un master luego de tantos años conociendo a Sasuke.

-Ha estado bien, gracias. ¿Qué hay de ustedes?

-¡Muy bien! Finalmente terminamos las clases. ¿No estás feliz? –Ai asintió, sin despegar los labios ni parpadear. Naruto tuvo la necesidad de suspirar pero se contuvo y mantuvo su gesto intacto-. ¿Te gustaría venir a mi hogar con Sasuke-baka? Veremos alguna película que te guste y podrás jugar con Kyuubi y Gamakichi.

Los grandes ojos escarlatas se posaron en Sasuke, en muda interrogación. El chico pareció pensárselo pero finalmente asintió, echándose la mochila al hombro.

-Andando, Ai –Ai tomó su maletín de la escuela, que estaba a un lado de ella, en el piso y se levantó con la espalda recta de forma grácil, con la propiedad de una geisha. Sasuke se giró y caminó hacia la salida del instituto, reanudando su charla con Naruto, pero se detuvo tras dar unos cinco pasos para mirar sobre su hombro. Ai seguía inmóvil, apretando con demasiada fuerza el asidero de su mochila, dudosa de dar un paso-. ¿Qué ocurre?

-Nandemonai desu –Avanzó con la cabeza erguida, tan digna como su andar torpe se lo permitía. Sasuke supo entonces que estaba mintiendo y se giró por completo, con el ceño fruncido en reproche. Ai intentó esquivarlo y seguir pero Naruto se interpuso y la mano de Sasuke sobre su hombro la detuvo por completo.

-¿Por qué mientes? –Sasuke se agachó frente a ella, dejando el maletín a un lado, y bajó con delicadeza el calcetín izquierdo hasta el tobillo. Se achicaron sus párpados y se juntaron sus cejas. Ai permanecía impasible, a pesar de que Naruto le observara consternado-. ¿Por qué no me lo dijiste?

-Estoy perfectamente, Sasuke-niisama –musitó evadiendo su mirada. El parecido con Itachi de ambos era asombroso, pensó Naruto, quien se acercó para posar una mano en su cabeza.

-¿Quién te hizo eso, Ai-chan? –por primera vez el rostro estoico de la chica mutó en espanto, aunque fuera por una fracción de segundos. Apartó el rostro, avergonzada, huyendo de la mirada de ambos.

Sasuke tuvo ganas de golpear a alguien con suma urgencia, pero se contuvo e hizo sentar a Ai en las escaleras otra vez. Le quitó el zapato y la media negra, dejando a la vista su tobillo hinchado y rojo. Se veía doloroso y no tan reciente. Con un sabor amargo en la boca Sasuke desató en pañuelo rojo en el cuello de Ai, que formaba parte de su uniforme, y vendó con torpeza el tobillo de ella, pensando que no había ido a la enfermería en todo el día.

-Sumimasen (Lo lamento) –Naruto acercó su rostro al de ella, sonriendo dulcemente.

-No fue tu culpa, no tienes porqué disculparte. En cambio, esos chicos sí.

-¿Cómo lo has podido saber, Naruto-niisama?

-Adiviné –contestó simplemente. Ai tenía problemas con sus otros compañeros por su belleza y su forma tan cerrada de ser, además de que era la mejor del salón en notas. Naruto sabía que los niños, ya sea llevados por los celos o sólo por el miedo hacia lo diferente, podían ser mucho más crueles que cualquier adulto. Se apartó para dejar a Sasuke moverse y le quitó a Ai su mochila. La niña los miraba curiosa y extrañada, sobre todo a Sasuke, que le daba la espalda, todavía de cuclillas.

-Sube –dijo él. Ella sólo hizo lo que le indicó, dudosa y torpe. Naruto guardó lo que Sasuke le había quitado a la pequeña, sintiendo una oleada de ternura cuando los bracitos rodearon el cuello de Sasuke, quien aseguró las piernas de Ai en su cintura y se levantó. Los pies de Ai se agitaron lánguidos por el rápido movimiento, la venda improvisada inmovilizando el izquierdo-. ¿Tienes vendas, Naruto?

-Sí, también medicina para la hinchazón –Sasuke asintió y, con Ai en la espalda y Naruto a su lado, se dirigió hacia la salida.

-No le digas a Chichiue (Padre) –pidió Ai en un susurro que los dos pudieron escuchar. Un gruñido gutural escapó de la garganta de Sasuke.

-Lo sabrá de una manera u otra, tarde o temprano. ¿Por qué no has ido a la enfermería? –Ai escondió el rostro en la espalda de Sasuke.

-¿Cómo es que Iruka-sensei no te llevó? –preguntó a su vez Naruto.

-Lo oculté –dijo su vocecita ahogada-. No se lo digan. Chichiue se enojará.

-Claro que se molestará. Esos malditos mocosos...

-Sasuke tiene razón, Ai-chan, debes decírselo Itachi-san, él se preocupa mucho por ti –Ai se irguió para verlo, ignorando las blasfemias que salían de la boca del otro sin cesar. Volvió a arrimarse contra Sasuke, tensando la espalda.

-Se enojará...

-Maldición. No ha querido decir nada... Esos malditos mocosos –Sasuke apuró su bebida con furia, ante la graciosa cara de nerviosismo de Naruto.

La pequeña Ai estaba sentada en el engawa que conectaba la cocina de los Namikaze con el patio, las puertas de vidrio corredizas abiertas dejando entrar un poco de aire para apaciguar el calor. Mimaba a un ronroneante Kyuubi, que se restregaba a sus anchas contra ella, buscando más caricias en la pancita y las orejas. Una ligera y casi imperceptible sonrisa tironeaba las comisuras de los labios de Ai, que mecía distraídamente las piernas, con la falda desarreglada y una venda en el tobillo.

-Entiéndela, no ha de ser fácil para ella. Claro, Itachi-san no estará muy feliz –Naruto volteó las croquetas de pescado que freía, con un mandil que le daba un toque gracioso-. Ai-chan, la comida ya va a estar lista. Suelta a ese zorro y ve a lavarte las manos.

Kyuubi fulminó a Naruto con la mirada, lamió el rostro de Ai y saltó ágilmente de sus piernas a el suelo al tiempo que Sasuke se acercaba a la niña. Era tan liviana como aparentaba y Sasuke pudo cargarla fácilmente en sus brazos para dejarla en el lavabo, donde ambos se lavaron las manos.

El rubio los esperaba con un plato de bolas de arroz, croquetas y galletas de arroz frito en la estancia, frente al televisor. Sasuke depositó con delicadeza el cuerpecito de Ai y se sentó a su lado. Naruto presionó un par de botones y el DVD reprodujo la película "Memories of a Geisha" que Ai había elegido entre una amplia colección. Lucía muy emocionada (en lo que cabía) y no apartaba la vista por nada del mundo. A veinte minutos del final, cayó dormida sobre las piernas de Sasuke, que acarició distraídamente sus cabellos lacios.

-¿Puedo dejarla en tu habitación? –preguntó cuando los créditos finales aparecieron en la pantalla.

-Seguro. Puedes dejarla aquí esta noche, no creo que a otou-san le importe cuidarla. –Se levantaron a la vez, Sasuke con Ai en brazos y Naruto con los platos y vasos sucios.

-Itachi querrá estar con ella, pero gracias. Esperemos a que despierte para preguntarle.

Aquella noche, Chouji los invitó a todos al restaurante de su familia para celebrar que acababan las clases. Deidara se apareció también, alegando ser el que llevaría a Sasuke y Naruto a casa después. Los muchachos le dieron la bienvenida de buena gana pero Naruto no dejó de fulminarlo cada vez que llenaba su copa de sake y brindaba junto a los padres de Shikamaru y Chouji.

Sasuke, que agradecía a Hinata por servirle té a la manera tradicional en esos momentos, se mostró reticente a ir. Dijo que era mucho más entretenido besarlo y hacerlo rabiar que comer barbacoa.

Se sonrojó al recordarlo y tuvo que lanzar una excusa estúpida para que Kiba dejara de golpearle las costillas con su hombro y soltara risotadas estridentes. Le agradeció a Shino por ayudarle, su amigo se encogió de hombros, ambos ignorando los balbuceos de Kiba, que se ahogaba por un trozo de carne demasiado grande y crudo.

Itachi había ido junto a Deidara a su casa, en busca de Ai, que despertó tras escuchar la voz de su padre. Como predijo Sasuke, se molestó de sobre manera pero cargó a Ai con cariño en brazos y le reprendió diciendo que debía contarle esas cosas y preocuparse más por su salud. La llevó a casa, mientras Deidara los apuraba para irse ellos a la reunión en el restaurante de los Akimichi.

Shikamaru les habló de la mejor manera de tomar sake, su novia contradiciendo cada comentario. Deidara se unió enseguida a la discusión. Al principio fue bastante entretenido, pero cuando Sabaku Temari, una rubia despampanante de carácter duro, empezó a ganar cada round (Kiba volvía a estar despierto), el asunto perdió la gracia.

-Temari-san es una mujer de cuidado –masculló Naruto, comiendo una bola de arroz.

-Deberías verlos en casa. Es horrible –Kankurou, el hermano mayor de Temari, bostezó-. ¿Irás al mar?

-Eso espero. Sai nos ha invitado a mí y a mi familia a las termas con Haku y Yamato-taichou.

-¿Taichou?

-Historia larga, mucho sake. Cómo sea, es por eso que sólo estaremos para el final. Tsunade-baba consintió de buena gana que otou-san fuera a las aguas termales, dice que será un gran tratamiento y el aire de montaña le hará bien. En cuanto a él –señaló con desdeño al rubio que discutía a gritos con Temari-, simplemente alegó que no se quedaría solo en casa si nosotros nos íbamos a un viaje de placer. De todas formas estaba invitado.

-Gaara se entusiasmó mucho cuando supo que irías. Oye, no me mires así, sabes que no es capaz de saltar en júbilo pero fue él quien eligió a dónde iríamos este verano. Te aprecia mucho, aunque no lo admita.

Naruto buscó el cabello pelirrojo de Gaara entre los demás. Lo encontró charlando con Sai, que le mostraba su cuaderno de dibujos. Cabía destacar que eso era sorprendente, pues Gaara era aún más propenso al silencio que Sasuke. No pudo evitar sonreír, contento de verlo más animado ésa vez.

-Es gracias a ti, Naruto –se mostró genuinamente sorprendido, por lo que Kankurou rió, elevando la copa con sake en su dirección-. ¿No lo sabes? Valla que eres distraído.

-¿De qué rallos hablas?

-De nada, de nada. Vamos con ellos, esa amiga tuya, Sakura, parece estar haciendo algo interesante.

Naruto se encogió de hombros, no dándole más importancia para ir con él a la mesa de Sakura, que con Ino cantaban a dueto, haciendo una graciosa coreografía.

-Naruto-kun.

-¿Sai?

El canto de los pájaros y el susurro del viento en los árboles generaba una agradable sensación de tranquilidad que amenazaba con quebrarse de un momento a otro. Naruto acomodó mejor en su hombro la mochila con sus cosas, parado junto a Sai en la parada de autobús. Eran aproximadamente las diez de la mañana y ya sentía mucho calor bajo sus pantalones cortos por debajo de las rodillas y su camiseta de mangas cortas.

Se obligó a cortar sus recuerdos de dos noches atrás, en la improvisada fiesta con sus amigos para escuchar al chico. Utilizó una mano como visera para protegerse del sol.

-Me alegra mucho que pudieras venir, pero... –dijo Sai con una sonrisa no tan falsa, que al siguiente instante era desplazada por una expresión ceñuda-. ¿Qué hace él aquí?

Naruto ya se lo esperaba.

-Me preguntó si estaba bien que viniera con nosotros, porque quería estar conmigo, así que le dije que sí. Espero que esté bien –Naruto era un chico simple y esa respuesta era lo suficientemente válida para él. Sai estuvo a punto de caer bajo su influjo.

A punto.

-Si tienes objeciones, copia barata, ahórratelas, no me iré –soltó Sasuke con suficiencia, del otro lado de Naruto. Eso también se lo esperaba. Se fulminaron con la mirada. Naruto sintió la necesidad de salir de en medio de ellos dos, seguro de que de un momento a otro sus ojos lanzarían rayos o algo así.

-Minato-sama, es bueno verlo en tan buenas condiciones –decía Yamato, ignorando por completo a los más muchachos.

-Gracias, Yamato-kun. Estoy agradecido de que nos invitaras.

-Para mí fue un placer. Sai los aprecia mucho y el viaje se disfruta mucho más en compañía.

-Naruto-kun.

-¿Sai?

-Estoy contento de que pudieras venir, pero... –la mueca hecha sonrisa desapareció, Sai miró con fastidio más allá de Yamato-san y Minato-sama-. ¿Qué hace él aquí?

Itachi miraba a la nada fijamente, sin hablar pero su semblante adusto y sus ojos fríos bastaban para helar los ánimos... o hacer huir despavorido a cualquiera. Naruto rió avergonzado, rascándose la nuca.

-Itachi-san pidió vacaciones, dijo que las termas le sentarían bien y quería pasar tiempo con Sasuke.

-Eso no te importa, copia barata.

-¿Sigues aquí?

-Y aquí me quedo.

-No tienes que irte, basta con que te atravieses en el camino del autobús –de nuevo la sonrisa falsa.

-Eso puedes hacerlo tú y nos harás feliz a todos –pausa para que intentaran matarse con la mirada y Naruto temblara.

-Haku, ten –Deidara le dio a Haku una lata de bebida. Haku la acercó a su rostro y suspiró por el agradable frío que despedía.

-Muchas gracias, Dei-kun –le sonrió maravillosamente.

-Sabes que puedes dejar de decirme kun –le recordó el rubio. Itachi rodó los ojos a la velocidad de la luz hacia esa dirección. Entrecerró los párpados, afilando su mirada en un instante. ¿A qué venían tantas sonrisas?

-Sí, eso me lo dijiste, sin embargo, ¿no crees que suena bien?

Itachi tuvo un destello fugaz de la muerte (sangrienta, dolorosa, lenta) de Deidara y el aire alrededor de él se hizo más pesado.

-Itachi-san, ¿ocurre algo malo? –preguntó tranquilamente Haku, dándose cuenta de ello. Itachi se relajó al ver que le sonreía.

-No... nada –Deidara suspiró. ¡Qué lento!

-Naruto-kun.

-Sai.

-Es (por lo que veo... y por ahora) inevitable que Sasuke-bastardo esté aquí. También puedo soportar a Itachi-san, pero... –Naruto adivinaba sus siguientes palabras-. ¿Qué demonios hacen esos dos aquí?

Sai tenía razón para hacer esa pregunta, el mismo Naruto seguía sin entenderlo.

A la derecha de su padre y Yamato, después del dulce (y perfecto) Haku, Itachi y Deidara (el cual parecía querer matar a alguien), estaban otras dos personas.

-Bien... Kakashi-sensei es muy cercano a Sasuke y su familia, así como también a mi to-san.

-Creo que no es toda la verdad. –Sai sonreía más falsamente que nunca, lo que alertó a Naruto.

-No pudimos hacer nada para que desistieran de venir con nosotros, son como unas sanguijuelas –respondió Sasuke encogiéndose de hombros y, sin previo aviso, entrelazando sus dedos con Naruto. La ceja de Sai tembló un instante.

-Kakashi-sensei dijo que ya que nosotros teníamos vacaciones él haría lo mismo, en cuanto a Obito...

-Se propuso seguir a Kakashi, todavía no sabe a dónde vamos –Sasuke sentía que la cabeza le iba a estallar de un momento a otro-. Y sigue siendo mi familia... aunque intentara alterar los resultados del examen de ADN.

-Pensé que habías desistirlo de hacerlo.

-No estaba dispuesto a aceptar que semejante idiota tuviera relaciones consanguíneas conmigo.

-Es raro, sigo pensando que el más idiota eres tú, Sasuke-bastardo.

-Pero estoy aquí, ¿no? –Naruto sintió un escalofrío, que Sai sonriera de esa forma era escalofriante.

-Ne, Kakashi –llamó Obito contento, con una mochila a rebosar de cosas en la espalda y sus lentes de snowboarding mal puestos en su cabeza.

-¿Qué ocurre, Obito? –Kakashi no despegó la vista de su libro titulado "Icha Iicha Paradise V", su rostro en calma pero ligeramente tenso por lo que leía.

-¿Debimos invitar a Rin?

-No quiere vernos las caras, ¿lo recuerdas?

-¡Es cierto! Dijo que si nos pasábamos por su consultorio de nuevo nos castraría.

Deidara, Minato y Yamato le dirigieron una mirada de desconcierto y espanto a aquel par. Itachi agradeció para sus adentros no haber traído a su hija, Ai.

-Oji-san, ¿cómo hiciste para involucrarte con esas personas? –susurró Deidara a su tío con un tic en la ceja. Minato se rascó la mejilla, no sabiendo cómo responder, pues él mismo se lo estaba preguntando.

Naruto compuso una cara bastante graciosa de desagrado. Obito, o Tobi, que era su pseudónimo artístico, era uno de los compañeros de Deidara, el más extraño, cabía destacar. Tenía una extraña relación de amistad-romance con la doctora Rin y el profesor de literatura de la academia de Naruto. Según tenía entendido, se conocían desde chicos y estudiaron la primaria, segundaria y preparatoria juntos. A parte de dar clases, Kakashi era un conocido editor de libros, de allí su amor por la literatura.

Sin embargo, eran polos opuestos: Kakashi era tranquilo, relajado, un depravado (gracias a él, el abuelo de Naruto pudo vender sus libros pervertidos) e iba a su propio ritmo, le gustara o no a las personas. Obito, por el contrario, era explosivo, animado, gritaba con frecuencia y a veces parecía excesivamente inocente, lo cual quizá ayudara a su fama de fotógrafo. Muchos lo requerían y era bastante reconocido, no por lo inocente, sino por su energía al trabajar. Sus trabajos estaban llenos de energía y vida.

Tenía entendido que algunas de sus obras terminaban en la portada de los libros que Kakashi se encargaba de publicar.

En cuanto a Rin, una hermosa mujer joven, jovial, inteligente y dedicada, se quejaba constantemente de su mala suerte por haber terminado en semejante triángulo amoroso.

-Naruto-kun.

-Sai.

-Por Dios... –resopló Sasuke, un poco harto.

-¿Alguna otra sorpresa?

-No que yo sepa.

-Eso no me tranquiliza mucho.

-Hmmf...

-Si mueres, descansarás en paz –siseó Sasuke. Sai lo fulminó con la mirada.

-No, viviré todo el tiempo que sea necesario para presenciar tu muerte. Luego de eso, podré morir tranquilo.

-Tsunade sugirió que tomara caminatas estando en la posada –recordó Minato.

-Conozco muy bien los alrededores. Hay un templo en la misma montaña que le recomiendo que visite –comentó Yamato, ignorando a los demás.

-Itachi-san, es una sorpresa verte aquí. Disfrutemos de este viaje todos juntos –Deidara casi le echa una ojeada a su cerebro por el viro de ojos tan brusco que hizo al ver el patético intento de Itachi por sonreír.

-Ne, Kakashi. ¿A dónde vamos?

-A las termas, Obito. Oh, perdón, Tobi.

-Tobi es un buen chico.

-¡Regresa a tu estado de siempre! –chilló Deidara ante el comentario de Obito, arrojando la máscara naranja lejos.

-No importa, aquí tengo otra –y de ningún lugar, Obito sacó otra máscara.

-¡También me desharé de ella y de todas las que escondas! ¡No permitiré que Tobi arruine mi fin de semana!

-¡Pero Tobi es un buen chico!

Naruto empezaba a ver el circo en el que estaba y casi se arrepintió de haber venido.

-Shimatta –las conversaciones cesaron de golpe. Todos vieron a Haku, que sujetaba su dedo índice contra los labios. Un hilillo de sangre bajaba por su inmaculada piel nívea, perdiéndose en la manga larga de su camisa.

-¿Qué ocurrió? –saltó Deidara. Haku señaló la lata, de la que bebía anteriormente, en el piso-. Oh, te has cortado. ¿Duele mucho?

-Un poco pero no para de sangrar.

-¡Haku-kun, yo me ocuparé de tu herida!

Tres pies y tres puños se enterraron en la cara y estómago de Kakashi en cuanto se acercó a Haku a demasiada velocidad con los ojos demasiado brillantes y las manos demasiado sospechosas. Obito se agachó junto al desfalleciente hombre y lo picó con el dedo repetidas veces.

-Ahora sí ya se murió.

-Se lo merece –mascullaron Minato, indignado por la actuación de su amigo al que creía más maduro; Sai, que ya no sonreía ni un poco; Sasuke, cabreado por donde se viera; Naruto, empezando a alarmarse en serio; Deidara, sintiéndose insultado; y... Itachi, para sorpresa de todos.

-¿Se encuentra bien, Kakashi-san? –Kakashi murmuró algo. Obito estiró el cuello, asintió un par de veces y se volvió a Haku.

-Dice que se pondrá bien. ¿Tú cómo estás?

-Estoy bien, sólo es un pequeño corte. Me sorprendió, es todo. ¿Itachi-san?

-Tu mano –dijo siempre serio.

-¿No tendrá otra cara? –siseó entre dientes Deidara.

-Qué tonto es mi nii-san –musitó Sasuke por lo bajo. Sai asintió y Naruto los miró a los dos, la verdad no entendía nada ni cómo era posible de que esos dos estuvieran de acuerdo.

Itachi sacó un pañuelo de su bolsillo, rasgó un trozo y envolvió con este la pequeña pero sangrante herida del muchacho. Haku parpadeó un par de veces y le dirigió una sonrisa encantadora que hizo suspirar a más de uno. Kakashi y Naruto estuvieron a punto de tener una hemorragia nasal. Sasuke no había tenido tanta suerte y sí la tuvo.

-Muchas gracias, Itachi-san.

-Hn.

-¡Me volveré loco! –estalló Deidara.

-Allí viene el autobús –anunció Yamato, bastante aturdido. Vivir con personas tan silenciosas como Haku y Sai no lo preparó para afrontar semejante...

-¡Pido la ventana!

-¡Olvídalo, hum!

-Naruto-kun, me sentaré a tu lado.

-¡Ni lo sueñes, copia barata!

-Ve a pasear, Sasuke-bastardo.

-¡Minato-sensei, sentémonos juntos!

-Obito, pesas.

-Yo me sentaré con Haku.

-¡Ni lo pienses, pervertido, hum!

-¡Quita las manos de ahí!

...Semejante infierno.

-Vaya vacaciones... –se lamentó Yamato, deseando a todos los Dioses y demás deidades que lo ayudaran a soportar su paseo por el infierno... Sin ofenderlos.

La posada de aguas termales Heiwa (Paz) tenía tres pisos y una extensión amplia muy hermosa. La rodeaba un frondoso bosque que se extendía kilómetros a la redonda, las montañas se alzaban detrás haciendo del paisaje algo inolvidable. Obito sacó varias fotografías de los alrededores y la misma posada. Yamato sólo esperaba que la paz reciente en el grupo no se perdiera.

El viaje había sido medianamente tranquilo luego de que Minato, con su mirada dura y su voz mandataria les recordara a todos que ya no tenían cinco años... Tomando en cuenta de que niños de esa edad eran más tranquilos, apuntó acusadoramente.

Namikaze Minato organizó las parejas, dejando a la mayoría satisfechos con su decisión, quedando Sasuke junto a Naruto (el rubio contento de poder estar junto a la ventana); Sai y Haku en su pacífica atmósfera, Obito con Itachi y Deidara junto a Kakashi, terminando todos en una apacible charla sobre intereses comunes.

Yamato estaba impresionado de ver el poder que ejercía casi de forma omnipotente sobre Obito y Kakashi, que aceptaron sus palabras sin chistar. Recordaba que, en la universidad, Minato les había dado clases a los tres de comercio. Kakashi metió esa clase por mero ocio (eso decía él), Obito y Yamato debían verla por obligación.

Minato era un profesor increíble que sólo quería probar la experiencia de enseñar. Se enteró con el tiempo de lo apegados que estaban los otros dos de Minato-sama, quien los conocía desde la adolescencia y resultaba algo así como un padre para ellos dos. Desconocía los detalles del asunto, sólo estaba claro que Minato era una especie de guía y amigo demasiado valioso para no tratarlo de otra forma.

No pudo evitar pensar en Sai y Haku, que habían sido dejados bajo su cargo. Las palabras de cariño y admiración de Obito en conjunto con el silencioso pero palpable afecto de Kakashi hacia Minato le hicieron reconsiderar su actuación como tutor. No era el más cariñoso, Haku realmente era reservado y Sai jamás había abrazado a nadie que no fuera a Naruto o Sakura (y a Haku en su cumpleaños).

Su relación distaba de ser mala. Sin embargo, era inevitable preguntarse qué tan buena era.

Haku hacía la comida casi siempre para los tres, pues era un as en la cocina, iba a la universidad, con notas impecables, al trabajo que compartía con Sai tres veces a la semana, hacía las compras cuando era su turno y mantenía su habitación y el jardín inmaculados, perfectos para una revista.

Sai cocinaba también y ayudaba al otro chico, era sorprendentemente autosuficiente, alcanzando puntajes en la escuela envidiables, dedicaba su tiempo a la sana tarea de pintar (la mayoría de los cuadros en la casa eran de él y todo el que llegaba los alababa, preguntando por su origen). A parte del hecho que un día se apareció con el ombligo perforado con un llamativa esfera de plata, no tenía vicios y respetaba, igual que Haku, las reglas y horarios impuestos para evitar (demasiados) quebraderos de cabeza.

Los proyectos arquitectónicos consumían gran parte de su tiempo y solía pensar que les dedicaba poca atención a los muchachos. Por ello, cuando Sai hablaba de que sus pinturas y materiales se acababan, él compraba los mejores que hubiera en la tienda. Si Haku mencionaba algún libro que llamara su atención, se lo obsequiaba días después. Los llevaba a comer cada vez que tuviera tiempo y después de recibir los resultados de los exámenes, que no podían ser mejores.

Yamato era hijo único y no conocía eso de cuidar de alguien más en un ámbito que fuera más allá del compañerismo y la prudente amistad. Sus padres estuvieron ocupados durante su infancia así que no sabía cómo comportarse con esos niños. Sí, niños, al fin y al cabo eso seguían siendo.

-Se ve como un lugar costoso, Yamato-taichou –exclamó Naruto, usando el mote gracioso surgido de una noche con demasiado refresco y un exceso de películas de humor en casa de Sai-. ¿De verdad está bien que nos quedemos aquí?

-Por eso no te preocupes, Naruto-kun.

-Los Uchiha y yo hemos hecho reservaciones y pagaremos nuestra propia cuenta –se adelantó Kakashi, con una mano en el hombro de Naruto-. ¿Verdad, Yamato-kun?

-Hai. Ellos ya habían hablado conmigo acerca de venir.

-A mí no me dijeron nada –masculló Sai en tono herido.

-Sabes lo que dice Yamato-san, Sai-chan –intervino Haku-. Mientras más personas, el viaje es más divertido.

-Cuando viajemos a Hokkaido no se te ocurra invitar a tanta gente. –Definitivamente, pensó Naruto con vergüenza, Sai hablaba de más en cualquier circunstancia. Sasuke no tenía razón para quejarse de él.

Por dentro, la posada tenía un ambiente pacífico y cálido que los envolvió enseguida. Deidara y Naruto se animaron más que tranquilizaron. Tobi empezó a sacar fotos como desquiciado (Deidara tenía su propia forma de expresarse) a la vez que Kakashi y Yamato hablaban con la recepcionista para pedir sus habitaciones.

Cada habitación era para tres personas pero los Uchiha y Kakashi dormirían en una, junto a la que ocuparía Naruto con los otros dos rubios. Era temprano y decidieron darse un paseo por los alrededores. Tobi ya iba por su segundo rollo de película, hablando de lo bueno que era y lo hermoso del lugar.

Naruto se subió a un árbol y aspiró el aire fresco y limpio de la montaña. Suspiró hondamente con los pies balanceándose con lentitud, repentinamente feliz. Minato le pidió que tuvieran cuidado desde el suelo, entonces se percató de que había hablado en plural cuando la rama en la que se sentaba sufrió una violenta sacudida.

Sasuke le sonrió burlonamente, sujetando una rama más alta con su brazo para poder permanecer de pie frente a Naruto. Caminó dos pasos hacia él y se agachó, dejando sus rostros muy cerca, una sonrisa tironeando sus labios hacia arriba.

-Ni se te ocurra frente a mi padre... ¿Por qué no ha venido Ai? –Sasuke puso una mueca graciosa al ver sus intentos frustrados. Resopló y se sentó mejor frente a Naruto, observando hacia la distancia.

-Itachi consideró el hecho de que no hubiera ninguna mujer con nosotros como un inconveniente. Si fuera otro tipo de paseo, hubiera venido con nosotros. Pein-san ha accedido a cuidarla mientras tanto. Es un irresponsable.

-Si lo piensas bien, tiene razón –reconoció Naruto, asintiendo varias veces con la cabeza y los brazos cruzados sobre el pecho. Aprovechando la guardia baja, Uchiha se adelantó y plantó un beso en los labios del otro, que gritó rojo como una cereza, agitando los puños hacia él-. Teme!

-¡Espera, Naruto, estate quieto! Nos caere-- ¡Ah!

-Les dije que tuvieran cuidado –suspiró Minato, observando junto a un nervioso Yamato el desorden de miembros e insultos que eran Sasuke y Naruto, retorciéndose en el suelo-. ¡Nada de morder, escucharon!

-Válgame el cielo...

-Se nota que tienen mucha energía, ¿verdad, Yamato-san?

-¡Haku, no creo que sea así! –saltó alarmado. Sai se encogió de hombros cerca de ellos, diciendo algo de que era una lástima que Sasuke no se hubiera roto el cuello.

Ukeda Yamato, con su juvenil apariencia a pesar de tener ya los treinta, era el tutor de Sai y Haku, ni eran familia pero el desagradable (de nuevo, no eran las palabras de Naruto) abuelo de Sai le había pedido que lo cuidara, en vista de que él ya no podía. Kurosaki Danzou era un veterano de la guerra, con graves secuelas físicas y un estricto sistema de enseñanza. Sai no tenía padres ni hermanos, por lo que sabía Naruto, era la primera vez que Sai tenía una verdadera familia.

Yamato y Sai se llevaban bien por su gusto por el arte, Yamato era arquitecto, uno muy bueno cabía destacar, el chico sentía respeto y admiración. También, en el fondo percibía Naruto, agradecimiento. Supo que al principio había mucha tensión entre ellos pero ahora se la llevaban de maravilla. Sai obedecía las reglas del hombre y Yamato respetaba su forma de ser, dándole libertad para ser él mismo, tan raro como era.

Momochi Haku vivía con ellos por lo mismo. Su madre le había enviado con Yamato para que pudiera estudiar en la universidad. Era originario de Hokkaido, por lo cual sus costumbres eran más sencillas, arraigadas a las tradiciones típicas del país y los ainu, de donde su madre, Yukiko, una hermosa mujer idéntica a él, era originaria.

Haku ayudó en la granja de su familia, siendo el único hombre de la casa, por lo tanto el encargado, tras la temprana muerte de su padre. Naruto sabía que, tras ese aspecto delicado, sumiso, que rallaba en lo femenino, se escondía una fuerza física abrumadora y un temple de hierro. Haku había noqueado a varios tipos que confundían su aspecto e intentaban sobrepasarse con él. Siempre tras una sonrisa tranquila que ponía los nervios de punta. Sakura y Rock Lee, practicantes de artes marciales desde la infancia, aún más que Naruto y los demás, lo reconocían como el más fuerte y rápido.

-Déjense de tonterías y vámonos –Kakashi se inclinó hacia los chicos que seguían discutiendo en el piso-. Los demás están esperando.

Quejándose en voz alta y coloridamente, se pusieron en pie y se adelantaron con Kakashi. Minato le soltó un golpe a Naruto en la nuca, riñéndolo por decir palabras mal sonantes con Deidara riendo de fondo. Minato le recordó amablemente a su sobrino que era preferible no usar ese tipo de expresiones bajo su techo. Deidara se calló en un instante.

Continuaron con su paseo, encontrando estatuas religiosas al borde del camino, árboles tan altos que dolía el cuello de mirarlo por mucho tiempo y pequeños riachuelos, que emitían una relajante y armónica melodía en medio del silencio roto apenas por sus voces y las de los pájaros.

-Podría acostumbrarme a venir aquí –comentó Minato, sentándose en una roca del claro donde se habían detenido. Había un lago en el centro y Sai les explicaba que seguramente estaría lleno de luciérnagas por la noche-. Dime, Itachi, ¿Ai se encuentra bien?

-Hai. Ha estado mucho mejor. Tsunade-sama es una gran doctora –Minato asintió-. Pero después de su accidentado nacimiento no es de esperar que tenga recaídas de vez en cuando.

-Eres un gran padre y Sasuke un excelente hermano mayor –la mano del rubio se posó discreta y brevemente en el hombro del muchacho-. También están Obito y Kakashi. Es por ustedes que Ai puede estar tranquila.

-¿Usted lo cree? –los ojos negros de Itachi estaban fijos en Sasuke, que discutía con Sai y Naruto como niños pequeños. Entrecerró los párpados, recordando cuando su hermano era un niño.

-¿Te parezco un buen padre? –el joven tuvo la decencia de lucir asombrado, asintió lentamente con la cabeza.

-Sí.

-Lo creo –la conversación quedó zanjada. Kakashi no tardó en molestar a Itachi, de vuelta a la posada, acerca de su precaria sonrisa.

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"La pluma es el lenguaje del escritor"