Hola! He vuelto con el segundo capitulo de esta serie de drabbles. Espero que les guste esta historia tan simple, pero que escribo con todo el amor que le tengo a esta pareja.

Ojalá lo disfruten o les saque una sonrisa :D


Habían pasado dos meses desde el inicio de clases y Arthur había conversado con Kiku en contadas ocasiones, y ninguna de ellas era memorable, solo cosas casuales como preguntar fechas o direcciones. El inglés comenzaba a sentirse un tanto ansioso, quería poder acercársele tal como el gordinflón lo hacía, pero para su desgracia él no era así. Cada vez que estaban cerca Arthur pasaba tanto tiempo pensando en qué decir y en cómo decirlo, que perdía su oportunidad.

Sin perder las esperanzas cada mañana se decía a sí mismo "hoy lograré hablar con él" y aunque cada día la suerte no estaba de su lado, lo repetía como parte de su rutina. Extrañamente ese día la suerte le sonrío.

Estaban ya en junio y la época de lluvias apenas comenzaba. La noche del día martes había azotado a la ciudad una llovizna tan fuerte, que el techo de la sala comenzó a gotear sin cesar durante toda la jornada. Cuando llegó la clase junto al japonés, Arthur temía que no se realizara la clase y eso era algo que no podría soportar, pues era el único momento que disfrutaba de la semana.

-Atención alumnos, como la sala está prácticamente inundada haremos la clase en unos de los salones del primer piso.

Todos los alumnos hicieron un gesto de desagrado al unísono, pues aquellos salones eran conocidos por ser pequeñísimos con bancos tan estrechos que apenas podían poner sus cuadernos sobre ellos. Aun así Arthur sonrío como un niño pequeño, al menos podría tener la clase junto a Kiku y eso era lo único que importaba.

Llegando a los salones el inglés se sentó en uno de los puestos del medio hacia la pared, y se sorprendió gratamente al ver que el japonés se sentaba a su lado, puesto que ya no quedaban más asientos disponibles.

Comenzada ya la clase Arthur sonreía como un idiota enamorado, mirando de reojo al castaño a su lado discretamente, sin embargo al poco rato un movimiento brusco de su parte hizo que tirara su lápiz al suelo, cerca del asiento de Kiku.

-Aquí tienes- sonrió tímidamente el menor.

-Lo lamento- respondió nerviosamente.

Trató de evitar lo más posible el contacto visual y rápidamente trató de prestar atención a la clase para distraerse de lo idiota que se sentía, a pesar de ser su oportunidad de hablar, el miedo lo invadió. Tanto seguía pensando en aquello que volvió a mover bruscamente su brazo para volver a tirar al suelo su lápiz, y siendo tan generoso Kiku volvió a levantarlo.

-Ah, lo lamento otra vez- sonrió nerviosamente Arthur.

-No hay problema- le devolvió la sonrisa.

¡Dios! No podía sentirse más estúpido aunque quisiera, ya completamente rojo de la vergüenza volvió su mirada hacía la pared para tranquilizarse.

-Queda exactamente media hora de clase, por lo que es el momento perfecto para un examen sorpresa- exclamó malévolamente el profesor. Seguido de otro gesto de disgusto sincronizado de parte de la clase. –Solo dejen un lápiz en la mesa-

Arthur, que acostumbraba tener varias cosas sobre el banco, tenía problemas para acomodar todo, pues era realmente estrecho el espacio, por lo que al querer guardar todo apresuradamente esta vez botó todo al suelo. Ya completamente exaltado comenzó a recoger todo. Kiku que en su mente le parecía graciosa toda la escena se agachó para ayudarlo.

-Gracias, estos bancos son molestos- trató de sonreír el inglés, a pesar de la vergüenza.

-Lo sé, he estado a punto de botar mis lápices-

-Al menos no has botado todo- comentó burlándose un poco de sí mismo.

El japonés esbozo una pequeña sonrisa y con eso el día de Arthur estuvo completo.