Luz
Sabe que tiene la tarde libre y que generalmente esos días los aprovecha para tumbarse en el grueso cesped que crece al borde del lago. Lo sabe porque la ha observado (aunque Remus diga que el término correcto es espiar) lo suficiente para aprenderse su rutina de memoria. Es iluminada por el débil sol y a James le parece que a ella le encanta exponer su rostro a los tenues rayos que logran acentuar las pequeñas pecas que adornan su nariz. Ella lee algún libro desconocido para James y desparrama su cabellera como un sangriento abanico que relampaguea contra el verde claro de la hierba nueva.
Lily Evans es la chica más hermosa que James ha visto (con todas las gafas que ha probado) y por si no fuera poco, es una chica dulce e inteligente que hace reír a sus compañeros cuando les ayuda a hacer aquellos deberes que no entienden.
Y James cree que esa ocasión es la oportunidad que ha estado esperando. Se acerca a ella, sigiloso, como un león se acerca a su presa. Se sienta a su lado, sin que ella le invite y toma algunas pequeñas flores silvestres que crecen a su alrededor.
- Entonces, ¿Saldrás conmigo el sábado? -Y trata de invocar su voz más profunda y marca cada silaba con un falso tono casual. Y aunque lo ha planificado durante semanas, la respuesta es la misma de siempre.
- No, muchas gracias, Potter.
Abre la boca, la cierra abruptamente pero sólo para volverla a abrir mientras la mira con el ceño fruncido.
- ¿Qué le pasa a Lily Evans que no quiere salir conmigo? No, en serio. ¡¿Está loca?!
Y mientras sus pupilas se vuelven más estrechas y serias, pregunta con su real voz profunda.
- ¿Por qué?
- No querrás saberlo.
- Sí, si quiero.
- Porque no tiene sentido. Tú sólo estás encaprichado conmigo y además... No me gustas. -Y aunque se ha dado cuenta que las mejillas de Lily se han teñido de rojo, James cree que eso no es nada en comparación con lo colorada que se le ha puesto la cara a él. Respira profundo, mientras piensa algo que decir, cierra los puños con fuerza, transformando aquel manojo de flores silvestres en pequeños trozos de pétalos estrujados. Los deja caer y se levanta sin mirar siquiera a Lily.
- Tú te lo pierdes, Evans.
Y camina, con largas zancadas, en dirección opuesta a ella, se quiere alejar tanto como le sea posible porque no quiere ser tan evidente ni hacerle entender a gritos las cosas que le pasan cada vez que la ve o que está cerca. Sabe que ese no es el método. Y también quiere huir de ese lugar por otras razones que James jamás admitirá.
Arrastrando los pies por el irregular césped se encuentra con Sirius, y una parte de James se alegra pero otra se entristece porque le gustaría estar solo y poder pensar, tranquilo, con el sonido sordo de su respiración como compañía.
- ¡Estás llorando, Jimmy! ¿Qué te pasó?
- No estoy llorando, ¡cómo se te ocurre, Pulgoso! -contesta, y tan digno como puede se seca aquella única gotita que rueda a través de su cara. Tiene los ojos rojos y la lengua anudada. -No pasó nada. Es sólo la luz del sol que me molesta y me hace lagrimear -Miente.
Y lo hace porque James Potter jamás admitirá lo mucho que le duelen las palabras de Lily Evans, y que se siente pequeño e impotente en la más triste oscuridad.
Nota de Autora: Muchas gracias por el apoyo que le han dado a esta historia, a la noche contesto sus comentarios porque me tengo que ir volando a la Universidad. (sí, sí, si. La gente se molesta en dejarme un comentario y yo soy una bitch que promete responder a la noche)
Esta viñeta es un poco triste, pero supongo que forma parte de las fases necesarias por las que debe pasar James. Please, no me odien.
Besos y comanse toda la comida (porque yo no puedo)
maite
