2) Huntbastian/Sirenas


Todos conocían la leyenda del ser que vivía en la oscura caverna junto a los corales. Algunos habían jurado verlo devorando los huesos de seres humanos que se aventuraban debajo del mar. Otros decían haber sido atacados por su sombra, cuando nadaban pacíficamente cerca de aquellos corales.

Lo llamaban "una abominación", nacido de una sirena y un tiburón. Rechazado al nacer por su propia madre, las leyendas decían que un día saldría de las profundidades en busca de venganza.

Sebastian no creía nada de aquello, pero después de todo, era un tritón joven y sin conciencia de los peligros del mundo. Le aposto a sus amigos que entraría en aquella cueva y no encontraría nada allí. Nick intentó detenerlo, tomándolo de la cola y rogándole que no fuese un idiota, que si los ancianos les advertían era por algo.

Pero Sebastian no era el tipo de persona que hacía caso a las advertencias. Es más, ellas lo provocaban aún más a desafiarlas.

Se aventuro a la caverna sin que nadie lo siguiera, llevando una larga lanza en una de sus manos que Nick le había obligado a llevar consigo por si acaso.

El interior de la cueva era oscuro y húmedo, y Sebastian no entendía como era que creían que alguna criatura viviente podía conformarse con vivir en este lugar. Se adentro unos cuantos metros, pero sin alejarse demasiado… y confirmo que en efecto no había nada. O si lo había, se perdía completamente en la oscuridad de la cueva.

- Que pérdida de tiempo. - Murmuro dandosela vuelta, y arrojo la lanza al suelo en una gesto de molestia. No lo admitiría frente a nadie, pero en realidad, dentro suyo, si estaba esperando encontrar a alguien allí adentro.

Alguien, que como él, no se sintiera parte del mundo en el que habían nacido.
Sebastian nunca había estado feliz de vivir entre los tritones y las sirenas, y su monótona monarquía bajo el mar. Quería salir al mundo y explorar, conocer los secretos de los siete mares, y quién sabe, tal vez también el mundo humano.
Pero su padre, un noble entre la gente del mar, jamás se lo permitiría. Encerraría a su hijo en una jaula antes de permitirle alejarse de su pacífica comunidad, y entregarlo a los horrores del mar profundo.

Sebastian suspiraba desganado, a punto de salir de la caverna, cuando algo lo detuvo en seco. Una fría respiración tras su nuca.

Se dio vuelta con el corazón en la garganta, y se topo con un rostro lleno de cicatrices, y mandíbula repleta de colmillos afilados. El miedo ahogó su grito.

- ¿¡HAS VENIDO A ASESINARME!? - Exclamo el ser, y sus garras largas tomaron a Sebastian de los brazos agitándolo con una fuerza desmesurada.

Sebastian lo contemplo paralizado por el pánico. Parecía un tritón como cualquier otro a primera vista, pero su cuerpo estaba cubierto de cicatrices, y además de las garras y los colmillos que sobresalían de su boca, su cola era más parecida a la de un tiburón blanco.

- N-no…y-yo… - Intento decir algo, tartamudeando aterrado.

Y de repente, en un arrebato de ira, el tiburón lo arrojo contra las piedras del suelo de la caverna, y Sebastian perdió el conocimiento.

Despertó horas después, tendido sobre una rocas en un lugar oscuro que no reconocía. Vio a lo lejos al hombre tiburón, sentado sobre otro montículo, dándole la espalda. Sebastian tragó aire recordándolo todo…. y esta vez, en vez de tener terror, pensó: "era verdad, el realmente existe".

No estuvo seguro de que delato que se había despertado, pero de pronto el tiburón estaba hablándole sin voltear a verlo.

- Puedes irte, no te haré nada. - Su tono era rudo, pero extrañamente melancólico.

Sebastian observó las cicatrices en su espalda que se extendían hacia su cola, y se pregunto quién las habría hecho. Se preguntó si realmente este ser de las leyendas era tan cruel como decían, o solo había sido llevado hacia el extremo por personas que no podían tolerar lo diferente.

- Yo… soy Sebastian. - Dijo, levantando la voz, y comenzó a acerarse con cautela. - ¿Cómo te llamas? -

- ¿Para qué quieres saberlo? -

Sebastian le toco el hombro, y el tiburón corrió la mano bruscamente. Tras ello se dio vuelta para verlo con una expresión que claramente decía que creía que Sebastian era un demente. Pero muy, muy dentro de sus ojos, Sebastian vio un destello de esperanza iluminarse.

- Quiero ser tu amigo, para eso vine hasta aquí…y bueno, por una tonta apuesta, pero realmente no creía que fueses de verdad, ya sabes, todos hablan del gran come hombres que un día acabara con la sociedad como la conocemos… ¿Quién se puede creer todo eso? -

Al tiburón se le escapo una pequeña risa. Sebastian lo vio, y noto lo joven que era, seguramente solo un par de años mayor que él. Y también guapo…

(Algo en eso de desterrado fuera de la ley lleno de cicatrices le atraía mucho).

- Hunter. - Dijo el tiburón, sacandolo de sus pensamientos.

- ¿Perdona…? -

- Hunter… ese es mi nombre. -