Ya en casa de Gilbert, los dos hermanos no pudieron dormir, pasaron toda la noche platicando y bebiendo chocolate; cuarenta y cuatro años no se dicen con simpleza:

-... Por culpa de nuestro jefe loco tuviste que ir a declarar en los juicios de Nuremberg. Debe ser difícil enterarte de las atrocidades que hizo ese loco

-Más bien nuestro jefe idiota, por cierto ¿cómo te enteraste?

-Iván me lo contó todo, fue el primero en ver esas "infames granjas", luego me dijo que no me dejaría salir. Me cuidaba el trío Báltico...

-¿Sabes? Una parte de mí quiere negarlo e incluso sigue sin creerlo pero en realidad quiero enmendar todo el daño...

-Ja, lo más irónico es que los héroes del cuarenta y cinco ahora son los nuevos villanos y no me refiero a Francis o Arthur...

-... De hecho Alfred ya no me está molestando, aunque sigue vigilándome. ¿Y cómo ha sido Rusia contigo?

-Ganz gut, pensé que me iba a torturar como lo hace con Lituania y a los otros dos, su casa era demasiado grande y casi no me dejaba hacer nada. Nos visitaba Cuba y China... ah, y volví a ver a Elizabetha...

-Ja, und dann?

-Pues antes de que Cuba se hiciera socio de Rusia, Elizabetha se fue de la casa, el jefe Krushev ordenó a Iván que fuera por ella pero él no quiso porque ella era una dama y llevaba un sartén como arma. Al día siguiente regresó golpeada y cuando Iván la vio se asustó repitiendo miles de veces "yo no lo hice"... Creo que se acordó de 1918.

-Entonces es cierto que cuando Iván ve a una mujer golpeada o herida se asusta y quiere llorar. Sobre todo si él no fue quien la golpeó...

-Es ahí cuando Iván me ordenó que me la llevara de allí... und dann creo que recibió una llamada de Alfred...

-Y entonces te reubicó aquí...

-Ja, desde entonces no me dejaba salir e hizo un maniquí nada asombroso del "Grandioso" Gilbert para hacerlo pasar por mí en las olimpiadas y otros eventos deportivos.

-¿Ese monigote regordete de pelo negro?

-Ja, pero Rusia me dejaba hacer lo que quisiera; me prestaba sus artefactos como aeronaves o cámaras cinematográficas, me contaba de sus viajes al espacio o de los juegos olímpicos a los que iba...una vez me contó qué le tocaba hacer las olimpiadas y muchos no quisieron ir por lo de Afganistán...

-Creo que debo irme- decía Ludwig mientras miraba su reloj ¿Por qué no me acompañas a Bonn? Le vas a caer bien a mi jefe, sólo necesitas el pasaporte.

-No puedo... no te ofendas West, no es nada personal.

-Was?!, Warum nicht Gilbert? ¿Por fin te veo y no quieres ir conmigo? Dímelo, si es por trabajo buscamos otro día.

-Nein, no es por trabajo

-Es por Iván ¿verdad?

-Nein, de hecho hace 5 años que se fue.

-Si ya no te vigila, ¿Entonces por qué no quieres ir conmigo?

- Porque si salgo de Berlín, corro el riesgo de desaparecer.

==============/==================

Estando en Bonn, Ludwig se encontraba muy preocupado... Tenía tantas ganas de enseñarle el otro lado del mundo y contarle lo mucho que había madurado, pero no quería perder a su hermano. De repente se escucha el chillido de la puerta:

-Pasa Roderick, se que eres tú.

-Te noto preocupado, ¿Acaso no estás feliz de volver a ver a tu hermano?

-Ja, pero tengo miedo de que desaparezca, recuerda que desde el cuarenta y siete Prusia se disolvió.

-Ya veo, tiene miedo de salir...

-Nein, no es eso. No puede salir de Berlín, Gilbert sigue vivo gracias a Iván... ¡Quiero mostrarle lo mucho que cambió el mundo! ¿Pero Cómo?.

-Si sirve de algo, ¿por qué no sigues al pie de la letra aquella frase?

-Welches Satz?

-"Si la montaña no va a Mahoma..."

-¡Danke schön Roderick, ya sé lo que tengo que hacer!- se despedía del austriaco

-Und deine werk?...

-Seguro me habrá dado el día libre.