Capítulo 2: La Familia Hiiragizawa
"Siguiendo Las Pistas En Busca De Los Recuerdos Del Pasado"
Un muchacho de 15 años estaba sentado frente a su escritorio revisando una pila de papeles dentro de un modesto departamento en el quinto piso de un edificio. A través de la ventana se podían divisar los túneles traslúcidos, por los que transitaban pequeños vehículos que funcionaban con energía solar y se separaban ligeramente del suelo. A su alrededor había algunas cajas de cartón cerradas con cinta canela y letreros en inglés pintarrajeados con marcador negro para poder identificarlas unas de otras, algunas de ellas también estaban abiertas con objetos personales sobresaliendo por algunos de los bordes.
De una en particular se asomaba una oscura fotografía, demasiado antigua, aparentemente de unos cien años atrás en la que aparecía una joven de unos 20 años de edad sonriendo amablemente pero cuyo rostro estaba parcialmente cubierto por las sombras que dibujaba la tenue luz de la lámpara de mesa que iluminaba la habitación.
El chico se estiró y se levantó de su asiento para prender la luz mientras bostezaba y se tallaba los ojos, había estado tan ocupado que ni siquiera notó en qué momento había oscurecido. El repentino cambio de luminosidad lo hizo entrecerrar los ojos, resintiéndolo en sus dilatadas pupilas. El teléfono comenzó a sonar y él caminó hacia el punto en el suelo en el que éste se encontraba, su visión aún ajustándose a la nueva claridad.
- Wolfy… ¿Eres tú? –una voz femenina distorsionada por el auricular llegó a sus oídos en cuanto hubo contestado, hablando en un inglés británico de lo más puro- ¿Dónde has estado? ¡He tratado de localizarte toda la mañana!
- Lo siento, tuve que ir a la escuela –respondió él con el mismo acento sofisticado arqueando una ceja, ahora que la habitación estaba iluminada se podía apreciar el color castaño de su cabello ligeramente revuelto y el color café rojizo de sus ojos que actualmente estaban enmarcados por unas tenues ojeras- No vine a Hong Kong a pasear ¿Sabes?
- Sí, lo sé y por eso me preocupas aún más –el tono dulce de la voz cambió de modo que se notaba visiblemente la intención de reprenderlo más que expresar preocupación- Conociéndote seguramente no has dormido nada en estos últimos días –el chico se sonrojó por lo previsible de su personalidad.
- Estoy bien –afirmó en tono cortante tratando de ocultar su incomodidad- He descubierto muchas cosas aquí –agregó dejando escapar un bostezo descuidadamente.
- Pues yo te aconsejaría que no te acostumbres demasiado al lugar –continuó ella con su sermón, ignorando el último enunciado de su interlocutor- Sabes bien lo que ellos piensan de este asunto y creo que ya abusaste demasiado de su confianza como para seguir con tus cosas…
- Sí, entiendo –interrumpió aburrido, casi podía recitar de memoria lo que venía a continuación pues lo tenía grabado en el subconsciente a fuerza de repeticiones- Tengo bien claro lo que vine a hacer, no te preocupes –se pasó una mano por el cabello mientras resoplaba frustrado.
Tras intercambiar unas palabras más con la otra persona, finalmente, el chico colgó el auricular y la fotografía que sobresalía de la caja llamó su atención. La tomó entre sus manos para apreciarla por un momento, de pronto esos ojos se le habían hecho tan familiares y sin embargo no sabía dónde más los había visto, volvió a dejarla en el mismo sito de donde la había recogido pero ahora asegurándose de cerrar bien la caja en la que la había guardado.
Habían pasado un par de días desde que había viajado desde Japón para instalarse en Hong Kong, no es que fuera originario de las tierras niponas, en realidad era oriundo de Inglaterra pero su familia se había mudado a la tierra del sol naciente por asuntos personales. Su madre se fue desde que él era muy pequeño por lo que durante los primeros cinco años de su vida, fue criado por su padre de una forma muy severa para que pudiera ser su sucesor en el negocio que dirigía.
Mucho tiempo después, cuando ya todos estuvieron establecidos en una colonia de Tokio llamada Tomoeda, ciertos acontecimientos extraños de los que ni él mismo estaba seguro, lo impulsaron a trasladarse repentinamente a un programa de movilidad estudiantil, haciendo creer a sus padres que lo hacía por motivos académicos
Se inclinó ante otra de las cajas y comenzó a sacar un cambio de ropa, dispuesto a tomar un baño, no era que le gustara ser desordenado en absoluto, al contrario, toda su vida la había conducido con estricta rigidez. Pero eso no quitaba el hecho de que no tenía mobiliario para acomodar su ropa y tampoco había tenido tiempo para preocuparse por su instalación en la nueva residencia, centrando toda su atención de manera casi obsesiva en las investigaciones que había ido a hacer.
Entró al baño con la toalla colgando de un hombro y se metió bajo la regadera mecánicamente, abrió la llave del agua fría esperando que el cambio brusco de temperatura pudiese hacer algo para despertarlo pues comenzaba a sucumbir ante la tentadora idea de quedarse dormido aunque fuera sobre los papeles que tenía apilados en el escritorio.
Volvió a la habitación secándose la cabeza con la toalla, ligeramente decepcionado del poco éxito que había tenido y finalmente se dejó caer rendido sobre los edredones que había tendido sobre el suelo. Estuvo algunos minutos con los ojos cerrados pero su mente no dejaba de repasar una y otra vez los datos que poco a poco iba recopilando, se incorporó de nuevo y sentado sobre las cobijas se dispuso a seguir revisando los libros y papeles que había estado consultando toda la mañana, suspiró mientras retomaba la lectura, esa iba a ser otra larga noche.
Los primeros rayos del sol lo encontraron tendido boca abajo y completamente dormido sobre algunos manuscritos antiguos plasmados sobre papel amarillento pero su sueño fue interrumpido bruscamente por la alarma del reloj despertador y su mano buscó a tientas el ruidoso aparato mientras con la otra apartaba las sábanas que lo habían estado cubriendo parcialmente. Se estiró nuevamente, encaminándose al baño para lavarse la cara y cepillarse los dientes, decidiendo hacer a un lado aunque fuera por un momento, todo este asunto que le hacía permanecer en vela toda la noche.
Recogió sus útiles escolares sin preocuparse demasiado por si los mezclaba con los documentos que había estado analizando tan detalladamente a pesar de tener la firme determinación de dedicarse también de lleno a la escuela, la había descuidado demasiado durante un par de semanas por causas de los trámites que había tenido que hacer para que lo aceptaran en Hong Kong a pesar de ser en fechas poco propicias para el ingreso de nuevos estudiantes, además de que estaba hundido hasta el cuello en sus investigaciones.
Pero a pesar de todas esas desventajas, también había notado que el idoma chino era algo que se le había dado desde un principio y al poco tiempo de haberlo comenzado a estudiar ya se encontraba hablándolo como si fuese su propia lengua natal y ésa era una ventaja que pensaba aprovechar. Sin preocuparse demasiado por llevar algo para comer durante el receso, había salido del departamento rumbo a la secundaria, con el portafolios negro agarrado en una mano y el uniforme escolar prolijamente colocado.
Iba caminando por la calle cuando alcanzó a ver una figura color azul cielo flotando entre las ramas de los árboles y saltando de uno a otro como si estuviera buscando algo. No daba crédito a lo que veían sus ojos hasta que, al acercarse un poco, comprobó que se trataba de una niña pequeña, con un corte tan estrafalario como su ropaje y que, por si esto no fuera lo suficientemente extraño, cargaba un arco con forma de un par de alas de ave y una flecha luminosa.
Al pasar frente a él, le dirigió una mirada indescifrable pero después pasó de largo con una leve sonrisa. Ökami encogió los hombros y siguió su camino dándose cuenta de que las demás personas parecían no darse cuenta o no ver a la niña, le pareció ilógico pero decidió pasarlo por alto, dando por entendido que las personas extravagantes simplemente eran algo que existía. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por el grito de una chica a sus espaldas. Al girar, se encontró con que la chica estaba tirada en el piso, aparentemente sin percatarse de que la niña color cian le apuntaba con su arco desde lo alto de una de las bardas.
- ¿Estás bien? –preguntó el muchacho de cabello castaño después de haber cargado a la chica para ponerla a salvo en un salto de último momento.
- S-sí… eso creo –balbuceó ella asiéndose fuertemente al cuello del joven, acababa de darse cuenta de lo musculoso que era ya que el uniforme le había impedido ver los bien definidos brazos con los que estaba dotado y eso la estaba poniendo muy nerviosa.
- Bien –dijo él por toda respuesta depositándola suavemente en el piso, de no ser porque llevaba puesto el uniforme, no la hubiera podido identificar como su compañera de escuela.
- ¿Y tú eres…? –comenzó a hablar la joven, llevándose la mano a uno de los negros mechones que le colgaban por delante de cada oreja para enroscarlo en su dedo coquetamente pero fue interrumpida por otro movimiento del chico, quien volvió a levantarla para mantenerla fuera del alcance de las flechas.
- ¿Qué está pasando aquí? –cuestionó confundido sin saber qué pensar- "¿Por qué está tan tranquila si esta niña desconocida no parece tener intenciones de dejar de atacar? Y de todos modos ¡¿Por qué rayos la está atacando?!" –se preguntó a sí mismo sin quitar los ojos del cráter que la aludida había hecho sobre el pavimento con sus lanzamientos.
- ¡No lo sé! –exclamó la joven asustándose ante lo que estaba viendo, a pesar de que ella no podía ver a la causante, el hueco de la calle era perfectamente visible para ella- ¡De pronto sentí que algo me rozó el hombro y vi estas flechas volando desde la nada, después apareciste tú y este hoyo apareció en la tierra!
- ¿Estás queriendo decir que…? –Ökami ya no podía soltarla porque ella estaba aferrada a él con todas sus fuerzas- "No entiendo nada ¿Es que acaso no puede ver a la niña azul?"
La extraña criatura del arco apuntó hacia ellos una vez más aunque sus místicas pupilas estaban fijas sobre la muchacha de cabello azabache y casi podría decirse que ni siquiera se había detenido a observar a su salvador. Frunció el ceño preparándose para disparar cuando, en un veloz movimiento, el muchacho soltó a la chica y se aproximó a la arquera dándole un golpe en la muñeca para obligarla a soltar sus armas.
Fue entonces, al estar tan cerca de ella, cuando se dio cuenta de la extraña textura de su piel azulada, de sus cabellos traslúcidos y sus ojos carentes de esa sustancia terrenal que caracteriza a los humanos, no se trataba de una niña normal y eso lo sobresaltó. El arco se desvaneció en el aire antes de tocar el piso aunque la flecha fue disparada en dirección a donde había estado la otra chica. La niña del arco aprovechó el desconcierto del muchacho para tomar una forma líquida y fluir en el aire en dirección opuesta a donde estaban aquellos dos.
- ¿Estás bien? –volvió a preguntar el muchacho de ojos marrones, aún con el ceño fruncido y parpadeando confundido, bajó de la cerca de un salto y caminó hacia sus cosas sin aparentes intenciones de acercarse de nuevo a la chica.
- C-creo, q-que sí… –gimió ella apretándose el brazo con fuerza, sentada sobre el suelo donde él la había dejado.
- Déjame ver eso –ordenó al percatarse de que la mano de la chica estaba teñida por un líquido rojo, ella obedeció quejándose un poco cuando él la tomó del brazo para limpiar la sangre con un pañuelo que sacó de su mochila- Esto te va a doler un poco… –advirtió mientras quebraba la flecha que ella tenía atravesada debajo del hombro.
- Estoy acostumbrada al dolor –fanfarroneó con una tímida sonrisa a pesar de que en su mirada rubí se detectaba un poco de miedo y sus ojos comenzaban a verse vidriosos- Pero por lo menos hazme plática para distraerme, soy Li Meiling ¿Y tú?
- Hiiragizawa Ökami –respondió abriendo la carne para sacar la punta de la flecha haciendo el menor daño posible, una vez que la parte ancha de ésta se asomó por encima de la piel, jaló lo más rápido que pudo para luego aplicar presión sobre la herida para evitar que sangrara demasiado, la chica ahogó un grito.
- ¿Qué estás haciendo? –demandó otra chica de ojos verdes que había aparecido de pronto, sólo alcanzaba a ver la espalda del individuo pero al estar de frente a su prima, logró reconocer el rostro de ésta- ¡Más te vale que no le estés haciendo daño a Mei o te las verás conmigo! –amenazó tratando de sonar agresiva a pesar de que en realidad sentía miedo.
- Ella estará bien ahora –se limitó a responder sin darse la vuelta y de esta misma forma se levantó, con la mirada fija en el piso, tomó sus cosas y comenzó a caminar rumbo a la escuela- Nos vemos
Ying Fa hizo un ademán de seguirlo pero la imagen de su prima la hizo detenerse y correr a arrodillarse frente a ella, después de comprobar que se encontraba bien, prosiguió a interrogarla acerca de lo que había sucedido. La chica de ojos color carmesí le explicó detalladamente todo lo que pudo ver y entender debido a su carencia de poderes mágicos pero a su prima de cabello castaño claro, le fue suficiente para más o menos deducir que se había tratado de algún ataque enemigo o simplemente alguna criatura mística que se había salido del control de sus amos.
Se sintió un poco culpable por haberle hablado así al muchacho pero se dijo a sí misma que lo buscaría en la escuela y se disculparía con él, pensando en esto, levantó a su prima abrazándola por la cintura mientras ésta le pasaba su brazo sano por encima de los hombros. Como si de un acto reflejo se tratase, levantó la vista hacia el cielo y sus ojos se encontraron con la copa floreciente de un árbol de cerezo que se reflejó en ellos, sus ramas se mecían tenuemente con el viento que le desprendió algunos pétalos rosados.
Dejó salir un suspiro sin entender bien el por qué de todo aquello y mientras veía uno de ellos caer sobre su palma extendida. Bajó la vista y siguió caminando con la otra joven apoyada sobre ella.
A pesar de todas las quejas de Meiling, su prima insistió en llevarla directo a la enfermería antes de empezar las clases y para mala suerte de la primera, ésta se empezó a marear un poco por la pérdida de sangre por lo que el médico insistió en que volviera a su casa a guardar reposo. Ying Fa estaba esperando en la dirección a que fueran a buscar a su prima, quien estaba sentada a su lado aún mirando con curiosidad la herida de su brazo, ahora vendada correctamente por el doctor de la escuela.
En la otra mano sostenía un trapo blanco teñido de sangre que ya comenzaba a tomar un leve tono chocolate. La de cabello castaño tenía la mirada fija sobre su regazo, preguntándose quién poseía ese tipo de magia y por qué querría utilizarla contra su prima de esa manera, había visto una de las flechas mágicas en el centro del agujero que ésta había hecho sobre el asfalto y se arrepentía en ese momento de no haberse acercado a inspeccionarla.
En el lugar donde estaban reinaba un silencio muy frívolo, a pesar de estar plasmado de los sutiles sonidos de los teclados de las computadoras, el colgar y descolgar teléfonos, la fricción de los bolígrafos con el papel y los pasos de los zapatos de tacón de las secretarias. Levantó la mirada para ver al chofer que había ido a buscar a la chica de chonguitos azabaches y la acompañó hacia la limosina, contenta de haber salido de ese ambiente que comenzaba a desesperarla.
Al cabo de unas cuantas horas de clase durante las cuales no acontecieron sucesos demasiado relevantes, la joven de cabello castaño claro se encontró con que sus mejillas habían adoptado un gracioso y adorable color escarlata en cuanto escuchó el sonido del timbre que anunciaba el inicio del receso. Alcanzó a ver a su amiga Kuei Fei salir disparada del aula rumbo al área de teléfonos públicos.
Ying Fa sonrió, después de todo parecía que sus afirmaciones acerca del buen estado de salud de Meiling no habían sido suficientes para su mejor amiga de cabello zanahoria y ésta ahora se encontraba dispuesta a escucharlo de su misma voz aunque fuera por vía telefónica. Suspiró dispuesta a encontrar a aquel extraño que había rescatado a su prima en la mañana, para disculparse por su rudeza y a la vez con la esperanza de que él pudiera ayudarla a entender mejor lo que había sucedido realmente.
Lo encontró en el primer lugar en el que decidió buscar, de alguna manera supo que lo volvería a ver ahí, en la biblioteca, a pesar de que ahora estaba rodeado por pequeños grupitos de chicas que cuchicheaban en voz baja y le lanzaban miradas furtivas desde sus escondites.
- Disculpa… ¿Puedo hablar contigo? –se lanzó sacándolo de su lectura de un ligero sobresalto y ganándose que algunas de las otras muchachitas que se ocultaban entre los estantes le lanzaran miradas recelosas- Es acerca de lo de esta mañana, yo no quise…
- Esta bien –la interrumpió dándole la espalda, se había sonrojado tanto por la sorpresa como por la naturalidad con la que ella se había dirigido hacia él y ahora intentaba en vano disimular su nerviosismo, el verla directamente a los ojos no ayudaba en nada- No tienes por qué disculparte, entiendo que estabas protegiendo a la señorita Li –intentó volver a hundirse en la lectura sin mucho éxito.
- ¿Buscas algo en especial? Tal vez pueda ayudarte –se ofreció antes de detenerse a pensar bien lo que estaba haciendo- "¿Por qué de pronto siento esta necesidad de establecer una plática con él? esta necesidad de… ser su amiga" –pensó mientras no podía evitar una sonrisa ante la mirada de sorpresa, casi horror, del chico.
El chico bajó la vista tratando de ocultar su ya demasiado ruborizado rostro y se quedó en silencio sin saber que decir, de alguna forma esta chica le inspiraba un cierto grado de confianza que sobrepasaba por mucho a la que le tenía a cualquier persona desconocida, pero aún así no estaba seguro de si era correcto compartir con ella lo que pensaba que había descubierto, el corazón le estaba latiendo aceleradamente.
- ¡Oh, lo siento! –se apresuró a completar la chica, sintiendo un calor en las mejillas que le indicaba que ella también se estaba poniendo roja- No quise molestarte… lo siento mucho, de verdad –prosiguió retrocediendo unos cuantos pasos para alejarse de él y después se dio la media vuelta y salió corriendo antes de que él pudiera reaccionar.
En los extensos y verdes jardines de la secundaria, lejos del edificio de la biblioteca y apoyada en un frondoso árbol de cerezo, una chica de ojos verdes respiraba agitadamente, recargando todo el peso de su cuerpo sobre el brazo que tenía apoyado sobre el grueso tronco. Se preguntaba qué era lo que a había hecho actuar así y se imaginaba que el chico debió haberse sentido sumamente incómodo.
Se dejó caer deslizándose sobre el tronco hacia el césped y fue ahí donde la encontró su amiga de ojos aguamarina, quien sigilosamente se sentó junto a ella, sin tener ni la más mínima idea de todo lo que ocupaba la mente de Ying Fa en esos momentos. Estuvieron un rato en silencio, observando cómo se mecía la sombra que el sol proyectaba sobre el césped, como bailaban alegremente las pequeñas áreas de luz que se filtraban a través de la fronda del árbol.
Al poco rato comenzaron a platicar amenamente hasta que escucharon el timbre que indicaba el fin del receso. A través del rabillo del ojo, la joven Li pudo distinguir una figura masculina cruzando el área verde camino a uno de los edificios de aulas, bajó la vista nuevamente avergonzada esperando que su amiga no notara el rubor de sus mejillas.
El muchacho caminaba distraídamente sin notar ni por equivocación las curiosas miradas femeninas que lo seguían insistentemente, en su cabeza rondaban miles de dudas acerca de todo lo que había vivido esa misma mañana, la misteriosa niña azul, la encantadora jovencita que se le apareció en la biblioteca, los recientes descubrimientos en Japón… su inexplicable facilidad para aprender un idioma extranjero, todo era nuevo e increíble… casi como si se tratara de… magia.
Sacudió la cabeza enérgicamente e incluso se hubiera podido reír de sí mismo si no tuviera un carácter tan serio, caminó al aula de clases mirando el piso pensativamente. Inconscientemente, su mano apretó con fuerza los dos pesados libros que llevaba bajo el brazo, ansioso por seguir indagando en el tema que había motivado su viaje a Hong Kong. A pesar de su emoción, poseía una determinación estoica y esto fue lo que lo ayudó a concentrar toda su atención en las lecciones, dispuesto a no dejar que el trabajo escolar atrasado se le siguiera acumulando.
- Hola, mi nombre es Ts'ing Zetian –lo interceptó una atractiva muchachita, mientras intentaba abrirse paso entre la multitud a la hora de la salida- ¿Eres tú el joven Hiiragizawa?
El aludido asintió en silencio, disimulando muy bien su sorpresa mientras aceptaba el sobre que la chica de ojos color chocolate y cabello azulado le estaba ofreciendo. Después de tomarlo, observó su nombre escrito con caracteres chinos y al darle la vuelta, vio que estaba sellado con el escudo de una de las familias más antiguas de la civilización oriental.
- Es una invitación… –se apresuró a decir la joven en cuanto el chico le hizo una reverencia, para evitar que se fuera sin dirigirle la palabra- Espero verte ahí –concluyó coquetamente guiñándole el ojo, segura de que él le respondería de alguna manera.
Zetian se alejó con un ligero trote, esperando oír la voz del chico de ojos marrones pero ésta nunca llegó. Demasiado orgullosa como para voltear a ver qué había ocurrido, prosiguió su camino preguntándose en silencio qué era lo que falló, pero, segura de sí misma como siempre, acabó pensando que simplemente era cuestión de tiempo que el nuevo estudiante descubriera una inexplicable fascinación por ella.
Ökami guardó el sobre sin abrir dentro de su portafolios, repasando en su mente la dirección que había encontrado esa misma mañana en el directorio telefónico, una mezcla de nerviosismo y entusiasmo se revolvió en su estómago como si llevara algún tipo de animalito inquieto, preguntándose si estaba yendo por el camino correcto. Salió del edificio y se encaminó hacia la estación del monorriel, tras un largo recorrido en el transporte público y otro a pie, finalmente se encontraba frente a una elegante mansión de estilo tradicional.
Se acercó a la puerta con paso firme y fue recibido por un mayordomo vestido con un traje formal occidental. El contraste entre la extrema ortodoxia del edificio y la moderna apariencia del empleado hizo que el chico se sorprendiera ligeramente, pero sin poner demasiada atención al detalle, se apresuró a proseguir con el plan que había estado trazando en su mente durante el periodo de descanso de clases.
- Buenas tardes, mi nombre es Hiiragizawa Ökami –se presentó educadamente haciendo una reverencia, lo cual extrañó al hombre que lo observaba con curiosidad- ¿Puedo hablar con la señora Li?
- La señora está ocupada… –comenzó a hablar el mayordomo sin cambiar la expresión tranquila y casi inanimada de su rostro.
- ¿Qué pasa?, ¿Quién vino? –una voz jovial lo interrumpió al tiempo que una alocada jovencita de cabello negro se abría paso empujando al mayordomo- ¡¿Joven Hiiragizawa?! –exclamó sorprendida y sonrojándose levemente mientras que al aludido le aparecía una gran gota de sudor en la frente- ¡Qué bueno que viniste!
La emocionada jovencita lo tomó de un brazo y lo introdujo a la residencia de un jalón por lo que el sirviente se limitó a alzar los hombros y hacerse a un lado para dejar pasar a los dos chicos. La chica de mirada rubí lo arrastró literalmente con su brazo sano a la sala de estar y antes de que el chico pudiese reaccionar, ordenó a una de sus doncellas que les llevara una bandeja con dos tazas de té.
Se sentó alegremente en uno de los sillones y le hizo una seña a su compañero de clases para que hiciera lo mismo, él obedeció rígidamente, sentándose frente a ella y sin saber bien el por qué de su forma de comportarse. No pudo dejar de notar que ella tenía vendado el brazo desde donde termina el hombro y llegando casi hasta el codo, bajó la vista al suelo sin saber por qué se sentía responsable por su herida.
- Me alegra mucho que hayas venido –comenzó a hablar ella, acercándole al muchacho su taza de té- Y también que me hayas visto esta mañana… no sé qué hubiera pasado si no hubieses estado ahí –agregó acariciándose el brazo vendado.
- Eh… sí… ¿Cómo sigue tu herida? –preguntó él siguiéndole la corriente, aunque en realidad, en un principio ni siquiera sabía que ella vivía en esa casa- ¿Estás mejor?
- Sí, muchas gracias –sonrió sin haber notado el balbuceo dudoso de su interlocutor- Supongo que estabas preocupado porque no entré a las clases –rió ella mientras él asentía, a pesar de que tampoco había notado su ausencia esa mañana- No pasa nada, es que Ying es un poco sobre protectora conmigo y me hizo volver a casa, es todo –levantó su taza con elegancia y le dio un pequeño sorbo.
El chico se quedó inmóvil en su asiento, incómodo por el silencio que se estaba formando y sin saber cómo conducir la conversación hacia donde él quería llegar. Optó por disculparse y dirigirse al baño a intentar aclarar su mente. Se miró al espejo tratando de recuperar el control, ahora que estaba metido en una situación que no había podido prever, no encontraba ninguna posible salida, abrió la llave del agua y se mojó la cara, observando cómo los delgados hilillos de líquido resbalaban por su piel, empezó a sentir que el nerviosismo se apoderaba de él.
No se esperaba en absoluto encontrarse con aquella chica exactamente en ese lugar, aunque tenía que aceptar que resultó algo positivo pues le facilitó el acceso a la residencia, una frase que había leído en alguno de los libros que estaba revisando llegó a su mente "En este mundo no existen las coincidencias, sólo existe lo inevitable". Levantó una ceja en señal de incredulidad, preguntándose cómo zafarse de la jovencita de ojos escarlata, finalmente salió del baño decidido a ser sincero con ella y a aceptar las bofetadas que esto le hiciera merecer.
Una extraña sensación invadió su cuerpo en cuanto hubo cerrado la puerta, de algún modo se le hacía familiar. La sangre se le congeló por un instante cuando volteó a un lado y se encontró con un pasillo que ya había visto numerosas veces en un sueño que se repetía con frecuencia, después de un rápido vistazo para asegurarse de que nadie lo veía, caminó hacia una puerta que de algún modo parecía estarlo llamando.
Nunca había estado ahí, ni siquiera en su sueño, había visto ese lugar como si estuviera pasando a gran velocidad a través de un pasillo perpendicular, que ahora que lo pensaba, era precisamente aquel que había utilizado para llegar al baño. Se detuvo frente al enorme portón de madera y observó dudoso, la dorada perilla bajo la cual estaba el agujero de una antigua cerradura, probablemente necesitaba una llave para abrirla.
Resopló preguntándose si realmente era correcto entrar así en una casa ajena o si acaso la chica de odangos azabaches se impacientaría e iría a buscarlo, cerró los ojos concentrándose en recordar el sueño, quizá ahí encontraría algo que pudiera ayudarlo a decidir qué hacer.
Está corriendo por un oscuro pasillo de piso de madera, aparentemente es de noche y las luces están apagadas. Una angustia inexplicable le invade el pecho y tiene un leve recuerdo de un sueño que acaba de tener, ve de reojo otro pasillo y sigue adelante sin prestarle demasiada atención… todo se vuelve borroso… la escena ahora es distinta, tiene en sus manos un papel rectangular en el que están escritos unos antiguos caracteres chinos, trae puesto un traje de color verde que nunca en su vida había visto antes, su voz es la misma pero le suena extraña… todo se llena de luz… la escena ha vuelto a cambiar, ahora está en un jardín oriental y de una de sus manos cuelga un amuleto de hilo rojo con una esfera negra, frente a él hay un estanque en el que su reflejo le devuelve una mirada fría… observa la luna… ahora hay oscuridad… mucha oscuridad, la silueta de un ángel y un león alado como objetos luminosos en medio de la penumbra… una llave con forma de estrella…
El chico abrió de golpe los ojos color terracota, pensando en la última imagen que había aparecido en su mente, la llave que de alguna forma sabía que debía encontrar. Se dio cuenta súbitamente que el haber encontrado el pasillo era un claro indicio de que estaba en el lugar correcto, estrujó la perilla con fuerza, dudando por última vez si era lo correcto hasta que tras un suspiro la giró. Le llevó un rato acostumbrar sus ojos a la iluminación del lugar pero enseguida se dio cuenta de que se trataba de la biblioteca familiar.
Un gran ventanal de forma circular dejaba pasar la luz natural y a la vez mostraba una hermosa y tranquilizante vista del jardín. El lugar perfecto para entregarse de lleno a la lectura, aunque sabía bien que no podía permanecer demasiado tiempo ahí si no quería ser descubierto, deseó tener una buena excusa para acceder a los volúmenes que se encontraban ordenados en los estantes.
Sin poder detener sus impulsos se acercó y pasó su dedo rozando el lomo de un grueso libro de pasta negra, realmente le encantaba leer, le interesaba mucho la historia y estos libros eran como un enorme imán que ejercía una atracción irresistible sobre él. A pesar de vivir en una época en la que la información se almacenaba de forma digital en pequeños dispositivos, él siempre había preferido las letras impresas a las que se desplegaban en una pantalla de plasma.
- ¿Qué estás haciendo aquí? –una voz femenina hizo que se detuviera en seco como si se hubiera petrificado de repente.
- Lo siento –se apresuró a hacer una reverencia en dirección a la entrada de la biblioteca pero se quedó sin habla cuando la persona que estaba ahí dio un paso hacia el frente.
El ambiente se volvió más pesado y su pensamiento se nubló por completo. Ahí, frente a él, observándolo con los ojos abiertos desmesuradamente, estaba la chica de mirada esmeralda y cabello castaño claro.
"En este mundo no existen las coincidencias, sólo existe lo inevitable."
Notas de la autora
Sin comentarios, si ustedes los tienen, favor de hacérmelos llegar. Agradecimiento especial a Syao-kun lovers por la corrección de las comillas y los guiones.
LunaGitana
