Era un día normal en el bar. Había más ebrios que de costumbre.

-Tony ¿Dónde pongo estos vasos?

-Déjalos en la cocina. Y lávalos un poco- le dije a mi empleada, Pepper.

Entre tantos disparates que hablaba la gente, hubo algo que me llamó mucho la atención.

-…Y vienen de Midgard.

-¿Quiénes?

-¿Acaso eres sordo? La princesa de Midgard viene hoy, para legalizar su compromiso con el mayor de los hermanos.

-¿Thor?- lloró una mujer que también escuchaba lo que no le importaba- Y yo que quería ser su esposa.

-Sí, ya te va a hacer caso- soplé- eres solo una prostituta.

La verdad era que había amanecido con esa mujer ese día. Y no era que me fastidiaba esa vida de fiestero, la verdad era que no era tan mala después de todo, pero en el reino me conocían por eso y otras cosas más…

-Bueno, cuerda de ebrios. Es hora de que vuelvan a ver la luz del día. Cerraré por un par de horas.

La mayoría se quejó y mientras iba recogiendo el dinero, Pepper recogía el desastre. Cerré con llave la puerta de la entrada en la cara de la última persona que quedaba en el bar. Me senté a contar las ganancias detrás del mostrador.

-Y tú… ¿Piensas sentarte a contar todas esas monedas mientras me tienes como una criada?

La miré de reojo.

-Para eso te pago ¿no?

-¡Hace un mes que no veo ni una sola moneda en mi mano!

-Tuviste una semana de vacaciones.

-¡Estaba enferma!

Me levanté de la silla, le di diez monedas de oro y caminé hasta la cocina.

-Espero que te vayas a casa y tomes algo para que no te vuelvas a 'enfermar'. Tienes el día libre.

-Eres… insoportable.

-Que linda. Gracias.

Ella se mofó y se fue del negocio. Luego me acordé de la conversación de los ebrios.

El príncipe Thor… ¿en matrimonio?

Eso hubiera sido algo que nadie pensaría en lo absoluto, a pesar de ya tener la edad para hacerse cargo del trono ¿Con una princesa de un Reino tan lejano?

Esto me suena a problema entre reyes.

Alguien tocó la puerta de atrás, la abrí y para mi sorpresa…

-¿Príncipe Loki?- susurré- ¿Qué lo trae por acá?- le di paso para que pudiera entrar. Venía abrigado, como en cubierto, se quitó la capa.

-Vengo por dos cositas, nada más.

Asentí con la cabeza mientras me servía un trago.

-Necesito, una lágrima de sirena. Y la segunda, saliva de una mujer virgen.

¿Ahora qué se inventaré este príncipe Loko? Mmm… Saliva de una mujer virgen…

-Necesito esto para dentro de una hora. Espero que…- dijo sacando una bolsa de tela llena de dinero-… esto sirva por tu ayuda.

-Gracias por confiar en mí, su alteza.

Loki sonrió.

-Gracias Tony- y en un abrir y cerrar de ojos se había ido.

-.-.-.-.-

-¡Pepper!- grité- ¡Abre la puerta!

-¿Sabes que se puede tocar la puerta?- me miró molesta.

Entré a su casa, sin pedir permiso, saqué un frasco de vidrio y la miré serio.

-Escupe en el frasco.

-¡¿Qué?!

-Anda, vamos. No tengo todo el día.

-¿Para que necesitas mi saliva?

-¡Solo hazlo y ya!

Ella iba a tomas el frasco, pero antes…

-¿Eres virgen, verdad?

A Pepper se le subió el color rojo. Estaba algo furiosa y apenada.

-Si…- dijo a media voz.

-Te diría el porqué pero, no quiero meterme en problemas. Luego te explico todo lo que quieras.

Ella me arrebató el frasco, lo llenó como por la mitad, lo tapó y me lo entregó.

-¿Feliz, Tony?

-Sí, gracias.

¿Era tan difícil hacer eso?

Caminé hacia la puerta, me devolví y le dije.

-Trabajarás esta noche, tengo como cinco ebrios afuera del negocio… Sin peros.

Suspiró.

-Está bien.

Llegué al bar a buscar esas lágrimas de sirena, las usaba en casos especiales y las colocaba en las bebidas. Secretos de cantinero. Saqué todos los frascos que tenía.

-¿Tienes todo lo que te pedí?- dijo la voz del príncipe a mis espaldas.

-Claro- señalé el tope del bar. El sonrió, se acercó hacia ese montón de frascos de vidrio y los metió todos en un saco.

-Gracias por todo, Tony. Si llegara a necesitar algo…

-No se preocupe, su alteza. Siempre a la orden.

Al volver a darle la espalda, había desaparecido, otra vez.