¡Holaaa! C:

Bueeeno... para empezar, recibí seis reviews pidiéndome que continúe la historia, así que eso haré. Gracias a ésas personitas hermosas que se animaron a comentar, ustedes son grandiosos. :D

Por otro lado, como creo ya había mencionado antes, y sino lo hago ahora, ésta historia ya está planeada, por lo que quizá algunos capítulos sean largos y otros cortos. Todo puede pasar. Pero de igual manera ténganme paciencia. Tengo algunos trabajos pesadones en la escuela, y un examen para mañana del cual aún no estudio nada. u.u

Y no he dormido mis horas, ¡oh, Dios! Me desvelé haciendo una tarea. D:

Así que por ésa razón estoy viendo borroso, ¿eh? xD

Ok, ok. Los dejo con el capítulo. ¡A leer! ¡Reviews porfitas! x3


Black Drops

Chap. 2

Después de las largas vacaciones, un nuevo año escolar iniciaba en la Academia Fairy.

En la entrada todo mundo se saludaba y contaba con ánimos lo que había hecho en esos días de descanso. Otros preferían correr rápido para ganar las mejores bancas. Y algunos más iniciaban una de las características y absorbentes peleas de Fairy Tail.

Juvia cruzó con desanimo las puertas de su escuela, había aguantado bien el resto de las vacaciones sin saber nada de Gray ni contar lo de su frustrada cita, pero saber que lo vería en el salón al lado del suyo la ponía nerviosa. No sabía si él le daría alguna explicación, así como tampoco sabía si Gajeel cumpliría su promesa de no molerle la cara a golpes apenas lo viera.

Un pesado suspiro se escapó de sus labios.

–¡Juvia! –le gritaron.

Ella se dio la vuelta encontrándose con Lisanna Strauss, su compañera de clases, que de inmediato se le echó a los brazos.

–Lisanna-san –le sonrió animada–, buenos días.

–¿Cómo has estado? –preguntó la peliblanca separándose–, desde que me fui de vacaciones con Elf-niichan y Mira-nee al extranjero no supe de ti –añadió haciendo puchero.

–Juvia está muy bien –respondió–, aunque no salió de la ciudad ni hizo cosas interesantes –explicó.

–Pero seguro saliste a muchas citas co-…

–Si no se apuran llegarán tarde a clase –interrumpió la voz de Gajeel pasando por un lado de ellas.

Juvia respiró aliviada con la intervención de su amigo, porque bien sabía no era tanta casualidad que pasara por allí justo cuando Lisanna iba a decir el nombre tabú de su vida. La albina en cambio miró el reloj de su celular pegando un gritito angustiado.

–¡Se nos hace tarde! –exclamó jalando a Juvia de la muñeca.

O-o-O

Juvia se asomó tímidamente al salón, dejando a Lisanna que entró apurada a apartar dos asientos cerca del de Cana. Los ojos azules de la peliceleste inspeccionaron impacientes el lugar. Había tenido la esperanza de que Gray fuera a buscarla, pero sólo veía a los demás estudiantes de Fairy con los que tenía un trato cordial. Lentamente se dirigió a su asiento mientras Gajeel bufaba molesto.

–Buenos días –saludó Macao perezosamente entrando al aula–. ¡Cana, no tomes en clase!

–¡Es agua!

Un par de minutos después, justo cuando Macao-sensei, el primer maestro del día, iba a iniciar la clase, una pequeña de larguísimo cabello rubio entró dando brincos por todas partes.

–¡Buenos días a todos –canturreó emocionada–, bienvenidos a su nuevo año en Fairy Tail! –añadió aventando un poco de confeti sacado de entre sus ropas.

–"Ya veo porqué ésta es una escuela de locos" –pensó Gajeel inevitablemente.

–¡Directora Mavis! –chilló el Conbolt poniéndose recto.

–Hoy les traigo una sorpresa… ¡un estudiante nuevo! –anunció mirando con sus verdes ojos hacia la puerta.

Inmediatamente un muchacho de cabello negro entró vistiendo el uniforme de invierno de Fairy. Los ojos de Juvia no pudieron evitar ensancharse al mirarlo fijamente. Ya habían pasado días desde ésa dramática noche, pero aún tenía un pequeño recuerdo en su cabeza.

–Él es Rogue Cheney –lo presentó Mavis–. Háganlo sentir de la familia, ¿entendido?

–¡Sí!

–Oye, como que es lindo, ¿no? –le susurró Lisanna a Juvia en tono divertido.

–¿Eh? Umm, sí –respondió apenada.

La Strauss pestañeó confundida con la afirmación de su amiga, Juvia no decía que alguien era lindo sin antes decir que Gray era la maravilla más grande que Dios pudo crear. Lentamente se dio la vuelta para volver a mirar al frente, pensando que necesitaba hablar con Mirajane.

–Entonces, Rogue –habló el sensei mirando las bancas disponibles–, siéntate por donde está Gajeel, el gamberro con montón de piercings que está al fondo –le señaló.

El Cheney ubicó a su compañero de trabajo en una esquina murmurando cosas, posiblemente quejas e insultos para Macao. En silencio caminó hasta su lugar, justamente a un lado de Gajeel y detrás de Juvia.

–Gamberro –le dijo tranquilo.

–Ryos –respondió en automático el Redfox.

Rogue frunció ligeramente el ceño, torciendo un poco la boca. No le gustaba que le dijeran así. Luego volvió la mirada al frente, a donde Macao anotaba unas cosas en la pizarra. Suspiró en silencio, maldiciendo a Sting al que escuchaba armando jaleo en el salón de al lado.

–Tan ruidoso como siempre –habló Gajeel.

–Sí.

Un destello azul frente a él le llamó la atención, era la cabellera de una chica. El recuerdo de la noche que conoció a una mujer con el mismo color de cabello pasó por su cabeza, ignorándolo después de unos cuantos segundos. Habían pasado días de eso, así que dudaba que fuera la misma.

Juvia en cambio estaba inquieta, preguntándose si era el mismo chico con el que había chocado. Ésa noche su vista estuvo empañada por las lágrimas mezcladas con la lluvia, por lo que quizá no había prestado tanta atención a sus rasgos, no más allá de sus ojos rojos. Pero incluso aunque ése color fuera raro, tampoco era único, Gajeel también tenía ojos rojos.

Un sonoro suspiro se escapó de sus labios, captando la atención de sus compañeros.

–"El chico con el que Juvia chocó… ¿tenía una cicatriz en el rostro?" –pensó.

–Oye Juvia, ¿estás bien? –le preguntó Cana.

–¿Eh? –preguntó notando que la miraban–, ¡sí, sí! Perdón –se apuró a decir.

–Deja de estar de rara, mujer –la regañó el metalero lanzándole una bola de papel en la cabeza.

–Juvia dijo que lo siente, Gajeel-kun –se quejó ella volteándose a verlo.

Rogue sonrió imperceptiblemente al ver los cachetes inflados de la peliazul. No podría ser la misma mujer triste.

O-o-O

Luego de finalizada la clase de "Economía de los peces", que era básicamente economía mezclada con ejemplos de peces, Macao salió del salón, preguntándose quién había aprobado que una clase se llamara así. La carita de Mavis Varmillion y la del sub-director Makarov aparecieron rápidamente en su cabeza, sacándole una hinchada venita en la frente.

En el salón, Cana y Lisanna habían salido para el almuerzo con Lucy y las demás, dejando a Juvia, que había prometido alcanzarlas apenas terminar un ejercicio, con Gajeel y Rogue que no parecían tener ganas de moverse.

–Oye Ryos –le habló Gajeel–, ¿por qué están aquí?

–¿Qué parte de "no me digas Ryos" no entiendes? –se quejó el moreno suspirando–. Sting se enteró de la popularidad de un Natsu Dragneel, e insistió tanto en venir a conocerlo.

–¡¿Sólo por Salamander?! –chilló Redfox incrédulo–. ¿Tu amigo está bien de la cabeza?

–Azorado.

–¡Rogue, Gajeel-san! ¡Batalla doble! –gritó el rubio mencionado entrando abruptamente al salón.

Juvia alzó la mirada instintivamente, no eran nada raras las peleas en Fairy Tail, eran como el pan de cada día. Ella y Gajeel habían entrado a la Academia Fairy justo después de una pelea callejera con ellos, en los viejos tiempos cuando era parte de una pandilla llamada los Element 4. Pero la voz que había escuchado no la reconocía del todo.

–Justo ahora estaba pensando en darte una paliza –rió Gajeel tronándose los nudillos.

–No –se limitó a responder Rogue a su amigo.

–¡Vamos, no seas gallina! –intervino una cuarta cabeza pelirosada cacareando.

–¿Ga-Gallina? –repitió con una ceja temblando.

–¡Rogue! No podemos dejar que se burlen de alguien de Sabertooth –se quejó enérgicamente el rubio–, nosotros somos los Dragones Gemelos, enseñémosles quiénes son los más fuertes.

–Si lo pones así –sonrió desafiante mientras se quitaba el suéter amarillento del uniforme.

–¿Sabertooth? –repitió la peliceleste mirando al dúo–, entonces Rogue-san y ése Sting-san son los de QC –murmuró.

Por la cabecita de Juvia pasó la imagen "Pista uno: Rogue-san es el guitarrista de Sabertooth". Luego una repentina nube de polvo de la cual salían brazos, piernas y cabezas se formó al centro del aula, seguida de una lluvia de sillas voladoras.

–¡Tomen esto, malditos! –gritaba Natsu que era el que aventaba las sillas.

Una de las sillas, fuera de control porque Natsu se había emocionado, voló en dirección de Juvia, obligándola a arrojarse al piso. Con unas lagrimitas se sentó en el suelo, resguardándose detrás de su mesa, mientras se sobaba sus rodillas rojas. Casi de inmediato los pasos calmados de alguien se acercaron a ella.

–¿Te heriste? –preguntó Rogue.

–No, Juvia está bien –asintió levantándose algo avergonzada–, gracias.

A unos cuantos metros de ellos, Gajeel y Sting golpeaban, zarandeaban y pateaban a Natsu mientras lo reprendían por haber desordenado todo el salón.

O-o-O

Por la noche, la Lockser se acomodó un gorro blanco y un suéter celeste con nubecitas, saliendo a prisa de su casa. Rápidamente hizo señas a un taxi, llegando en pocos minutos a Quatro Cerberus. Luego de cruzar la puerta, se acercó a la barra, buscando con la mirada a Gajeel.

–¿Juvia? –la reconoció él–, ¿qué haces aquí?

–Ah… el edificio estaba algo solo… y Juvia no quería –balbuceó apenada.

–Está bien, está bien –la cortó algo confundido–. Ve a sentarte, te llevo algo –le indicó.

–Gracias, Gajeel-kun –le sonrió sentándose en una de las pocas mesas vacías.

La peliceleste miró a su alrededor, los otros chicos de Quatro Cerberus ya estaban ebrios, cantando y gritando cosas sin sentido; y los demás clientes bebían conversando con sus acompañantes. En otra mesa, una chica de cabello plateado meneaba la pajilla de su soda con aburrimiento.

–Yo no soy un hombre cualquiera –hablaba Bacchus–, soy un caballero –añadió después.

–WILD! –chillaban con lagrimitas en los ojos.

Unos minutos después, Rogue salió al escenario con una guitarra acústica en la mano. Ya era la hora de que Sabertooth saliera a tocar, pero nunca les faltaban los problemas, ni las "exigencias de diva" de Sting, como él se refería a esos incidentes. Por eso lo habían mandado a adelantarse mientras Rufus y Orga ayudaban a Sting a buscar su pendiente de cristal, que según él era de la suerte. Se sentó en un banquito, comenzando a tocar unos suaves acordes para amenizar el ambiente.

Juvia lo miró ensimismándose en sus pensamientos, por alguna razón la guitarra de Rogue lograba calmar sus ansias, dudas y nervios. La tranquilizaba tanto, que la hacía olvidar el hecho de que aún no había visto a Gray, y que sus problemas con él no estaban resueltos.