Algunos Personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.

Vieille Ville

Por Jane.Camui

Segundo Capítulo: Manos Torpes.

Se levantó de la cama y caminó por la habitación sin mirar a la mujer desnuda que yacía plácidamente con su pelirrojo cabello cayendo de forma delicada sobre su espalda y los ojos completamente cerrados. Ayumi se acomodó con lentitud. Eran cerca de las cuatro de la madrugada e Inuyasha tomó sus cosas y se metió en el baño. Se duchó disfrutando del agua cayendo sobre su bien formado cuerpo. Agua fría, para despertar bien sus sentidos.

Se había descargado de dos semanas de duro trabajo. Se había reconfortado con las caricias de una mujer que estaba contenta de compartir su cama con él. Se había satisfecho con los labios de una mujer que lo anhelaba con infinita ternura mientras que él insistía en darle tiempo al tiempo y mentir. Ayumi no era más que otra de las muchas mujeres que Inuyasha tenía, pero lo mejor de todo, según él, es que cada una pensaba que era la única y especial, pues todas desconocían de todas, convenciéndolas de que la relación debía ser un tierno secreto que sería develado en el mejor momento. Una mentira.

No podía evitarlo. Sus negocios lo consumían y la única fuente de escape que había encontrado había sido en brazos de mujeres. Partiendo por actrices, modelos e incluso escritoras...

-También cantantes-pensó con una leve sonrisa en el rostro mientras cerraba el agua y se envolvía desde la cintura con una toalla.

No podía decir que era la mujer perfecta, de hecho Inuyasha creía que ni siquiera se le acercaba un poco, pero el cuerpo que tenía y la forma en que ella lo movía lo volvía loco. Adoraba los momentos en que podía tomarla por la cintura y besarla con especial fuerza, arrancando todo el deseo de ella.

Por común acuerdo, ya que ambos eran personas muy conocidas, decidieron mantener la relación en secreto, algo que a él le había caído muy bien. Podía estar con todas las mujeres que quisiera, pues estás no sabían que mantenía una relación con una cantante. Y estaba seguro de que ella también tenía amantes y no se lo reprochaba. Los viajes y giras la dejaban caer en tentaciones que estaba seguro, la chica no alejaba.

"En el fondo somos iguales" pensó al tiempo que se ponía la chaqueta ya completamente vestido. Él en su mundo de acciones y firmas, y ella en el mundo de las melodías y letras, acompañado en buena parte por la fama y el dinero. Lo único que Inuyasha hacía por ella era darle la libertad que deseaba. No ataduras, de ninguna forma.

Salió la habitación sin despedirse. Buscó su celular en el bolsillo de su chaqueta. Tenía treinta y tres llamadas perdidas y un mensaje de voz.

-Toshiro-dijo frunciendo el entrecejo al escuchar el número que la grabadora recitaba.

-Inuyasha, te he tratado de ubicar pero tienes el teléfono en silencio, por lo que parece. En tu casa me han dicho que has salido. Llámame lo antes posible. Hubo una emergencia-y el pitido al finalizar el mensaje.

Miró la hora en su reloj. Era demasiado tarde, o muy temprano, para devolver el llamado. Tendría que esperar hasta la mañana.

o.o.o.o

Kagome disfrutaba del primer té de la mañana cuando su hermana Kikyo irrumpió en su cocina haciendo sonar sus tacones negros. Generalmente se alegraba de ver a la pelinegra, pero luego de lo ocurrido el día anterior y las palabras que le había dedicado, sintió una pequeña molestia en su interior.

-No es muy temprano para volver a regañarme? Por qué Koda te deja entrar sin preguntarme?-se quejó mirándola desde la mesa de diario.

-Buenos días, Kagome-dijo Kikyo sonriendo-primero, no es temprano. Son cerca de las doce del día. Segundo, no vengo a regarte de regaños, así que no seas dramática. No al menos que me des una buena razón-la miró de forma algo amenazadora-y tercero, me deja entrar porque somos familia-y la besó en la mejilla.

-Eso quiere decir que se te pasó todo el enojo que tenías conmigo?-preguntó algo sorprendida la castaña dejando su taza de té sobre la mesa.

-He decidido verle el lado positivo. Tsubaki es demasiado molesta y reclama por todo. Además, creo que he encontrado a una mujer que es mucho más agradable, más simpática y realmente más adorable, que es lo que nuestra marca quiere proyectar, que la señorita cantante...

-Así?-preguntó Kagome con una sonrisa-y quien es?

-Sango Taisho! Es justo lo que necesitábamos.

-Pero los de Corea y China no la conocen!-se quejó la castaña-Sabes perfectamente que debemos fortalecer la publicidad en esas partes y no en Japón, donde ya tenemos consolidado el mercado.

-Será un trato compartido. Nosotros mismos le abriremos las puestas a aquel mercado y ella sonríe y usa, exclusivamente, nuestros modelos y accesorios.

-Es demasiado arriesgado, deberías saberlo.

-Pues tu deberías saber que no tenemos otra opción. Ya hablé ayer con su representante y hoy quedó de darme una respuesta.

-Está bien, me alegro por ti y te felicito. Has logrado solucionar el problema antes de matarme.

-Vendrás conmigo. Debes estar allí, eres la dueña de la marca.

-Kikyo-dijo Kagome entre indignada y sorprendida-yo jamás me hago cargo de estás cosas. Se supone que te di el poder para que te hicieras cargo de Sweets.

-Entonces tómalo como un castigo por ser tan irresponsable. Además no te haría mal comenzar a familiarizarte con la empresa. Supe que Miroku te contó todo.

-No creas que he renunciado al Viñedo. Aun no tengo muy claro lo que haré, pero una cosa si sé con infinita certeza: No voy a dejar que me quiten Vieille Ville.

-Me alegro que tengas esa revitalizadora fuerza. Realmente espero que lo consigas-Aunque en si interior estaba segura de que Kagome no podría recuperar esas tierras, aunque vendiera todas las acciones que poseía, que por cierto, no eran pocas.

-Por eso-continuó Kagome volviendo a tomar su taza-no puedo ir, estaré muy ocupada planeando una estrategia para no perder el Viñedo.

-Me lo debes-dijo Kikyo poniendo su mano en la cintura y frunciendo el entrecejo-quiero que estés lista en media hora. Tenemos un almuerzo en casa de Sango-dijo finalizando la conversación proclamándose como vencedora.

-Es sábado!!-gritó Kagome cuando su hermana ya había salido de la cocina.

o.o.o.o

Sango estaba molesta. Furiosa. Con ganas de golpear todo a su alrededor. Su representante la había obligado a recibir a las dueñas de Sweets aún cuando ella se había negado a trabajar como modelo para la casa de moda. Estaba decidida a negarse totalmente, incluso si le proponían el mejor contrato de su vida.

-Deseas que preparemos un aperitivo?-preguntó la cocinera cuando entró en el comedor. Era una mujer regordeta con el pelo siempre tomado en un fuerte rodete y anteojos. Sango estaba segura de que si la señora Claus, esposa de papa Noel, existiera sería como esa mujer. Siempre sonriente y buscándole el lado positivo a todo.

-Sí, con un poco de veneno para Hoyo-respondió Sango observando molesta los platos y los servicios que unas criadas ponían sobre la mesa.

-Mi querida niña, solo será un almuerzo, luego puede olvidarse por completo de este tema-la trató de consolar la mujer.

-Lo sé, pero es que no respeta las decisiones que tomo...-exclamó molesta. Durante un momento recordó como el hombre de pelo negro tampoco había cedido a ella cuando le rogó que se quedara-Inuyasha ya ha bajado?

-No, creo que ha llegado tarde. Cerca de las cinco de la madrugada-respondió la mujer tomando una bandeja y llevándola a la cocina. Sango la siguió.

-Crees que él estaba...?

-Con una de las mujeres?-terminó la pregunta la cocinera-Por su puesto! Inuyasha vive para dos cosas, para su trabajo y las noches que comparte con sus amiguitas.

-Detesto que tenga ese tipo de vida!-exclamó Sango aumentando su molestia-Le he dicho una y otra vez que debe sentar cabeza, pero parece que los consejos los guarda en el mismo lugar que su hermandad con Sesshomaru.

-Has hablando con él?-preguntó la regordeta mujer. Sango negó con la cabeza-Esos dos no pueden estar peleados el resto de su vida!

-Ayer quería hablar con Inuyasha, pero él apenas llegó, se marchó...-dijo apenada.

-Bueno, ten-dijo alcanzándole una bandeja con una taza de café, un vaso con jugo, unas tostadas con mantequilla y una plato con queso y jamón, más un posillo de mermelada-llévale el desayuno y aprovechas de hablar con él. Son hermanos, de seguro te dice algo.

Con la bandeja en la mano y contenta de tener la oportunidad de conversar con su Inuyasha, Sango subió las escaleras cuidando de que nada se le cayera. Caminó por el pasillo con lentitud y cuando llegó a la habitación principal de la casa, una con puerta doble, dejó la bandeja sobre una mesa con un florero. Golpeó tres veces y abrió.

-Pero...?-Entró frunciendo el entrecejo.

La habitación estaba desierta. La cama desecha y la ropa del día anterior sobre una silla. Las cortinas, color azul, no dejaban entrar la luz, pero una lámpara encendida alumbraba a duras penas la extensa habitación.

-Dónde está?-preguntó poniendo sus manos en la cintura y recorriendo la habitación con la mirada.

o.o.o.o

-Cómo es eso de que a Tsubaki la chocaron?!

-Lo que escuchaste, Inuyasha. Ayer en la tarde, una loca casi me mató.

-No seas exagerada, pero sí. La chocó.

-Tendré que estar con está cosa por lo menos un mes.

Tsubaki lo miró indignada con un feo moretón en parte del rostro y un yeso de plástico. Se sentía pasada a llevar y humillda. No tenía cara para salir a la calle, ni presentarse en público. Le daba mucha vergüenza que algún fotógrafo pudiera sacarle una foto con ella estando en ese estado, tan poco glamoroso.

-Tienes que hacer algo Inuyasha-dijo la mujer-Yo los quiero demandar, pero Toshiro insiste en que acepte la indemnización que esa loca y su familia me quieren pagar. Esta cosa-dijo apuntando su brazo-me va a impedir hacer los conciertos en Seúl y Beijín!

Inuyasha pensó durante un momento, sin soltar sonido alguno. Estaba en la casa de Tsubaki desde que eran las ocho de la mañana y apenes había dormido. Se sentó en una silla al lado de la cama de la cantante y la contempló. Ocultó un amago de sonrisa. Le hacía gracia. Ella siempre tan preocupada de su imagen, de su físico y de un momento para otro estaba con una mancha morada que la ridicularizaba ante todo aquel que la mirara. Conciente de que si se reía de forma burlesca ella armaría un escándalo se levantó y le dio la espalda.

-Es decisión tuya-dijo finalmente-Aunque te advierto de los pros y los contra. Si la demandas, harás pública tu desgracia y saldrás en las portadas de todas las revistas luciendo esa "linda" contusión. Los periodistas te devorarán, pero por otra parte, puedes conseguir mucho más dinero del que ellos te están ofreciendo.

Tsubaki estaba espantada. Lo que le decía Inuyasha era cierto. Podía ser el hazmerreír de la prensa durante lo que durara el juicio.

-El moretón se puede ocultar-dijo ella.

-No, pues sería como ocultar pruebas-respondió Toshiro-Además, la mujer que te chocó no es cualquier persona. Acabas de perder un contrato millonario que hubiese ayudado en el lanzamiento de tu carrera a Europa. No me pareció lo más "inteligente" eso de amenazarlas con una demanda.

-Quien fue la que los chocó?-preguntó Inuyasha frunciendo el entrecejo.

-Kagome Higurashi, es la dueña de la casa de modas Sweets, con la que Tsubaki iba a firmar la semana que viene.

-Y qué esperabas que hiciera?!-preguntó algo escandalizada la pelinegra-Qué sonriera y le dijera "Ya que estamos las dos en el mismo hospital, por qué no aprovechamos de firmar ahora?". No seas imbécil Toshiro! Esa mujer casi me mató.

-Pero de todas formas, podrías haber buscado la forma de no romper con ella! Sabes lo mucho que me costó fijar las condiciones del contrato? Ellos realmente estaban interesados en ti!

-Me ha dejado inhabilitada por un buen tiempo, idiota!-gritó Tsubaki furiosa-Pero claro, lo que a ti te importa es la plata que te caiga encima. Supongo que la parte que te correspondía era más que generosa... ¿No?

-Ya basta!-dijo Inuyasha cansado de la discusión-No me interesan sus conflictos laborales y ya que veo que estás bien, por lo fuerte que hablas, me iré-el pelinegro se giró, dejando de mirar la fotografía de cuerpo entero de su novia-Mi hermana me está esperando.

-Sanguito está en Tokio?-el tono de Tsubaki era burlesco, enojada porque Inuyasha la iba a dejar por Sango-No anda de gira por algunos pueblitos del norte?-preguntó de forma irónica.

Inuyasha frunció el entrecejo, pero logró evitar mirarla.

-Sí, está en Tokio, con un ojo en perfecto estado y preciosa como siempre-respondió dirigiéndose a la puerta-Lamento que tengas que humillarte en público, Tsubaki. Tu y tus escándalos van a terminar por matar tu carrera. Ya se te nota en el rostro-dijo antes de salir de la habitación.

Tsubaki apretó las manos molesta. Inuyasha estaba siendo muy duro con ella cuando estaba acostada en una cama con diversos golpes en el cuerpo.

-Si algo no puedes hacer con Inuyasha, es meterte con Sango. Creo que es la única mujer a la que le tiene respeto, pero sobretodo a la única que realmente quiere.

-Ya veremos durante cuanto tiempo-susurró Tsubaki ardiendo de rabia-Esa Sango, además de ser mi competencia, es un bicho molesto entre Taisho y yo. No dejaré que esa mocosa me quite al hombre más poderoso de todo Japón... No lo hará.

o.o.o.o

-Por favor, no lo arruines esta vez ¿si?.

-Kikyo, si me sigues molestando de esta forma, te prometo que harás la temporada de Primavera-Verano con tu rostro de figura principal.

Kikyo rió con ironía mientras estacionaba su automóvil delante de la perfecta vivienda de Sango Taisho. Más que una casa parecía una mansión. Kagome se sintió sobrecogida ante tal imagen. Ella estaba acostumbrada a las casas grandes, pero aquella superaba definitivamente las que había habitado en algún momento de su vida. Pintada de color rojo oscuro, que a Kagome le agradó bastante, y con sendos ventanales con preciosas cortinas blanco perlado la imagen de la casa era acogedora.

-Que preciosa!-dijo Kagome.

-Vamos, nos están esperando-la apremió su hermana.

No fue necesario tocar la puerta. Se abrió cuando ellas iban subiendo la pequeña escalinata delante de esta. Un hombre, con un impecable traje negro las invitó a pasar extendiendo su brazo hacia el interior. Las dos mujeres entraron y fueron guiadas hasta la sala principal.

-La señorita Taisho viene enseguida-informó el hombre.

-Esto me recuerda tu casa-susurró Kagome en son de burla mirando a su hermana luego de que el mayordomo hiciera una reverencia y se marchara.

-Disculpa si me gusta lo distinguido y perfecto-respondió la aludida-realmente, Kagome, aun no entiendo como es que estás a la cabeza de Vieille Ville.

Kagome estaba apunto de responder, cuando unos pasos avecinaron la entrada de la mujer que ellas estaban esperando. Sango, ataviada con las ropas más normales que encontró en su ropero las saludó con la mano extendida a cada una y una extraña sonrisa en el rostro. Entre perturbada y divertida.

-Kikyo Higurashi, directora de la casa de modas "Sweets" y gerente general de relaciones públicas-dijo Kikyo con su típico acento de la alta sociedad.

-Kagome Higurashi, dueña de Sweets. Nos complace mucho el que haya aceptado recibirnos.

-Sango Taisho, el placer es todo mío-respondió de forma algo forzada-Pero, tomen asiento, por favor-pidió al tiempo que una criada entraba con una bandeja y cuatro aperitivos-Mi representante, Ayumaki, vendrá en un momento.

-Tienes una muy linda casa!-dijo Kagome contemplando los muebles y en especial un antiguo baúl que seguramente era un reliquia familiar.

-Sí, aunque debo admitir que yo jamás la habría decorado de esta forma. Es el gusto de mi hermano, para mí esto es demasiado anticuado. A él le encanta todo lo relacionado con las épocas antiguas.

Kikyo miró de forma significativa a su hermana, cuando esta se horrorizó por un momento ante el comentario de "anticuado" cuando ella decoraba de la misma forma su casa.

-Su hermano tiene un gusto extraño-apoyó Kikyo.

-Sí, piense que le llama la atención esa época donde los monstruos y bestias paseaban por allí junto con Sacerdotisas!

Desde un principio Kykio y Sango se llevaron muy bien criticando el estilo del hermano de la cantante. A pesar de Sango se veía notablemente incómoda, la conversación fluyó amistosamente entre las tres mujeres. Más de una vez Kagome se tragó los reclamos cuando su hermana encontraba una oportunidad para molestarla, pero realmente disfrutaba de la plática.

Kagome estuvo de acuerdo con su hermana. Sango era encantadora, muy agradable y mostraba una sonrisa tierna que iba perfecta con la marca, aunque a la castaña no se le escapó que en los ojos de la cantante había un evidente dejo de tristeza.

-Me pregunto que habrá pasado con Hoyo-preguntó Sango, luego de reírse con Kagome sobre una broma especialmente mala que había hecho Kikyo-generalmente es muy puntual.

Pero el hombre no se presentó sino media hora más tarde. Vestido de forma informal, entró casi corriendo a la casa buscando por todas partes la reunión. Cuando se encontró con las tres mujeres charlando plácidamente, respiró aliviado.

-Siento mucho mi retraso. Había un tráfico terrible...-pero se cayó repentinamente al ver a la mujer de largo pelo castaño y ojos color chocolate-Kagome?...

La joven lo observó confundida al tiempo que asistía con la cabeza. Aquel hombre sabía su nombre y nunca en su vida lo había visto.

-Nos conocemos?-preguntó al tiempo que el chico, de pelo negro y brillante se acercaba a ella con una mirada maravillada.

-No me reconoces?-preguntó algo extrañado-No sabes quien soy?-Kagome negó con la cabeza retorciéndose el cerebro-Soy Hoyo, nos conocimos en un campamento de verano!

Un vago recuerdo llegó a la mente de Kagome al escuchar esas palabras.

-El chico que me ayudó con el Zorrillo?-preguntó con una expresión en la cara que la delataba ante su esfuerzo por recordar.

-Sí, bueno...-por un momento pareció avergonzado. Sango había soltado un pequeña risa, pero que había reprimido al instante-Supongo que sí, yo fui el que se sacrificó por ti ante aquel asqueroso animal.

Kagome soltó una risotada que al instante fue acompañada de una discreta de Sango. Ya recordaba a la perfección. Fue hace unos seis años atrás cuando ella fue a un campamento que su prima le había invitado. La habían mandando a buscar leña y ella cometió la torpeza de molestar a un animalito creyendo que se trataba de una ardilla. Tal fue su horror cuando descubrió su error, que gritó y soltó todas las ramitas que había logrado encontrar recolectar. Su grito atrajo a algunos chicos que estaban por allí cerca y Hoyo fue, precisamente, él que se interpuso delante de Kagome justo en el momento en que el animal lanzaba su asqueroso líquido en defensa de su integridad. Kagome se había pasado gran parte de la noche pidiendo disculpas y rogando para que aquel chico no se molestara con ella.

-Nunca pensé que te volvería a ver!-exclamó Kagome.

-Bueno, no fue un buen comienzo, supongo.

-Un zorrillo te orinó?!-preguntó Sango aguantando las carcajadas.

-No sé como lo hace Kagome, pero siempre logra armar escándalos-repuso Kikyo muy asombrada-es increíble!

o.o.o.o

-Almorzarás o te quedarás aquí, consumiéndote en tu trabajo?

Sesshomaru levantó la cabeza del documento que estaba revisando y contempló a la mujer que, apoyada en el marco de la puerta con los brazos cruzados y vestida con un elegante kimono, lo miraba con algo de desprecio.

-Tengo que terminar esto-dijo como fin de la conversación y volvió a fijar la vista en el papel.

Escuchó un resoplido y un fuerte portazo. Kagura era su mujer desde hace dos años y no entendía por qué razón seguía casado con ella. Kagura era una mujer hecha para la sociedad. La mitad del tiempo se la pasaba planeando fiestas y reuniones, pero no era ni la sombra de la mujer de la cual él se había enamorado. Cuando la conoció, Kagura trabaja en un hospital en el área de pediatría. Recordaba, con algo de nostalgia, como sus ojos brillaban cada vez que acomodaba a un bebé en su pequeña cuna de plástico."y yo que pensé que sería una madre ejemplar" pensó soltando una risa de desprecio "Pero hasta el momento, lo único que tenemos es un consejero matrimonial".

Volvió a tomar el documento. Su padre se lo había enviado por fax con una nota que rezaba la palabra que jamás había escuchado de él "Urgente". Y ahora sabía por qué...

Su padre había guardado el origina del documento que él revisaba con especial cuidado esperando el día en que pudiera hacer ejercer lo que allí se declaraba, y aquel día había llegado.

Sesshomaru sabía que aquel tema no lo incumbía a él, si no a su medio hermano, pero como abogado de la familia y tragándose el orgullo, debía respaldar a su hermano legalmente ahora que su padre había decidido reclamar lo que le pertenece al menor de sus hijos.

Unas tierras cercanas a Tokio donde se desarrollaba el viñedo más importante de Japón resultaban ser realmente de Inuyasha Taisho por un trato que el abuelo de la madre de su medio hermano había hecho con una mujer llamada Kaede.

Cogió el teléfono y marco el numero que lo comunicaba con la casa de su hermano.

-Residencia Taisho-contestó la voz del mayordomo.

-Es Sesshomaru, comunícame con Inuyasha-dijo con aquella voz calmada que lo caracterizaba.

-El señor Inuyasha no se encuentra.

El hombre de pelo plateado lo pensó durante un momento.

-Sango está?-preguntó finalmente.

-Sí, le comunico enseguida-y el silencio al otro lado del aparato.

Sango no era su hermana, no tenían ningún lazo sanguíneo. La madre de Inuyasha se había casado con otro hombre luego de terminar la relación, extramarital que mantenía con el empresario InuTaisho, su padre. Sango había nacido de esa unión, aunque había durado poco. El hombre resultó ser un alcohólico que maltrataba a las mujeres. InuTaisho, aun enamorado de su ex amante y ardiente de rabia, rescató a Izayoi del infierno en el que vivía y la casó con él. Acogió a la pequeña Sango como si fuera si hija y la crió sin diferenciarla de sus otros dos hijos. Sango, muy agradecida por lo que había hecho su padrastro y viendo a su madre tan feliz luego de años de miedo, decidió cambiarse el apellido asumiendo a InuTaisho como su legítimo padre.

-Sesshomaru!-dijo la voz de una mujer al otro lado del teléfono.

-Sango, todo bien?-preguntó.

-Sí, aunque no he podido hacer lo que me pediste. Inuyasha casi no está en casa.

-Eso noté. No te preocupes. Creo que tendré que ir y hablar con él directamente.

-Van a arreglar sus problemas?.

-Debemos, aunque no queramos...

-Sabes? No me gusta cuando hablas así, somos hermanos, deberíamos llevarnos bien y pasar tiempo juntos-Sesshomaru rió fríamente.

-Sango, yo e Inuyasha somos medios hermanos, tú e Inuyasha son medios hermanos. Tú y yo no somos nada. No somos hermanos.

-Para mí si lo eres Sesshomaru, aunque acabo de descubrir que...-pero se calló, herida-Le diré a Inuyasha que llamaste. Que tengas un buen día-y cortó.

Sesshomaru se quedó por un par de segundos más con el teléfono junto a su oído. ¿Por qué le había dicho eso?.

Lo colgó molesto consigo mismo. Él si consideraba a Sango como una hermana, es más, la creía más hermana que Inuyasha. ¿Cuántas veces la había acompañado por la calle cuando era pequeña¿Cuántas veces le había comprado dulces solo para verla sonreír¿Cuántas veces la había regañado cuando ella andaba bajo la lluvia sin paraguas?. Le debía tanto a ella que a veces se preguntaba porqué razón no se había terminado enamorando de esa joven. La conocía a la perfección. Sabía todas sus mañas, todas sus costumbres. Sabía que antes de dormir se daba diez vueltas por la habitación. Sabía que guardaba bajo siete llaves un oso de peluche que su madre le había regalado cuando tenía tres años. Sabía que detestaba el color morado y que no soportaba ver a Inuyasha comprando reliquias. El único defecto que le encontraba era lo que la unía a Izayoi.

Se fijó en una fotografía sobre un estante repleto de libros. Allí estaban los tres. Inuyasha sonriendo como pocas veces con ropa deportiva llena de barro pues habían estado jugando fútbol. Encima de él, abrazándolo con una resplandeciente sonrisa, Sango con un gorro de Sesshomaru saludaba a la cama y afirmándola, pues había estado apunto de caer, el mismo también con ropa deportiva con cara de cansancio, pero se notaba alegre.

Se levantó y observó más de cerca la fotografía con las manos metidas en los bolsillos. Sango e Inuyasha. Paseó la vista por el resto de las fotografías, InuTaisho con su madre recién casados, Sesshomaru de niño con un bate de baseball, Inuyasha y Sesshomarus vestidos para el colegio, Sesshomaru y Kagura el día de su boda. Se detuvo en esa fotografía.

Kagura lucía tan distinta. Sus ojos realmente parecían lucir radiantes y sus mejillas levemente sonrojadas le daban un aspecto natural que Sesshomaru ya no lograba encontrar en su esposa. Demasiado maquillada, demasiado ataviada, demasiado erguida.

-Aun estoy esperando que dejes de ver esas fotografías-dijo Kagura sobresaltando al peliblanco.

-No te escuché entrar-le dijo.

-Seguramente estabas demasiado ocupado pensando en quien sabe que cosa. ¿Almuerzas o no?

-No logro entenderte...-repuso el hombre luego de asistir con la cabeza y seguir a su esposa.

o.o.o.o

-Quien está en casa?

-Dos mujeres muy elegantes que vienen de una empresa que hace ropa. Quieren que nuestra Sango sea la figura de la nueva temporada!

Inuyasha había entrado por la puerta de la cocina. Había visto un auto que no conocía y decidió aparecer por un lugar donde nadie lo viera. Estaba de mal humor y las visitas sorpresivas lo empeoraban. La cocinera, una mujer que lo conocía desde que tenía uso de la memoria, parecía muy atenta a cada palabra de la reunión.

-No puedo creer que seas tan chismosa-repuso Inuyasha abriendo el refrigerador y sacando una botella con agua-por qué mejor no vas y te sientas a la mesa?

-Ay, Inuyasha-dijo la mujer mirándolo con reproche-que molesto eres. Solo me aseguro de que no se traten de aprovechar de Sango.

-Si lo llegan a hacer avísame...

-Aunque no creo que llegue a pasar-Continuó la cocinera-Kikyo y Kagome Higurashi parecen personas de muy buena clase.

Inuyasha se detuvo a medio camino. ¿Kagome Higurashi? Ese nombre le sonaba tremendamente. Se giró cuando estaba a punto de salir de la cocina y observó a la mujer regordeta que preparaba los platos del postre. ¿Dónde había escuchado ese nombre?...

-Sango está muy preocupada por ti-Dijo la mujer al tiempo que ponía un poco de salsa de frambuesa sobre los panqueques-Tu sabes que a tu hermana no le gusta que salgas tanto con tus amigas. La verdad creí que pasarías más tiempo con ella... Esta mañana te marchaste sin avisar muy temprano...

-Estaba donde Tsuba...-y lo recordó.

"-Quien fue la que los chocó?-preguntó Inuyasha frunciendo el entrecejo.

-Kagome Higurashi, es la dueña de la casa de modas Sweets, con la que Tsubaki iba a firmar la semana que viene."

Inuyasha dejó la botella de agua abierta sobre la mesa ataviada de platos y salió hacia el comedor. Su repentina aparición sorprendió a todos. Sango a la cabeza y a su lado derecho dos mujeres que giraron la cabeza en su dirección casi con sincronización.

-Inuyasha!-dijo encantada Sango- Que bueno que llegaste! Deja que te presente a las dueñas de Sweets.

Kagome se quedó casi sin aire. Era un hombre alto, con una figura imponente. Se sintió sobrecogida no muy segura si era por su porte o por lo que le provocaba su mirada. Tenía unos ojos dorados. Unos ojos que jamás en la vida había visto.

-Ella es Kikyo Higurashi-la mayor de las hermanas se levantó y le tendió una mano, la que Inuyasha estrechó con demasiada fuerza-y ella es Kagome Higurashi.

Inuyasha se fijó especialmente en ella. La había imaginado totalmente distinta. Con mucha más edad y con un rostro ni cerca del que realmente tenía. La piel blanca de la joven lo asombró y los ojos profundos color chocolate le fascinaron.

Kagome extendió la mano e Inuyasha se le estrechó, con mucha menos fuerza que a Kikyo. La imagen que la castaña proyectaba era de mucha fragilidad. Inuyasha estuvo seguro que de haberla apretado como a la mujer de su lado, habría soltado un gemido de dolor.

Kagome sintió un pequeño mareo dentro de ella. Fue una sensación extraña. Se puso tan nerviosa que cuando Inuyasha la soltó, retiró su mano con precipitación y pasó a llevar una jarra con jugo de naranja natural.

-Ay! Dios!-exclamó cuando sintió la bebida caer sobre su falda.

Kikyo puso los ojos en blanco y se sentó sin borrar la sonrisa del rostro. Kagome se había demorado en provocar una situación embarazosa, pero finalmente había ocurrido.

Inuyasha tomó una de las servilletas de género y la ayudó a cercarse, mientras la castaña se reprimía a si misma por ser tan torpe. Por un momento la castaña se sintió atontada viendo como él, con su figura tan varonil la ayudaba. "Debe pensar que soy una imbécil... Pero, Dios! Qué me importa lo que ese hombre piense?!".

-No se preocupe, puedo sola-dijo quitándole la servilleta y limpiándose con torpeza. Inuyasha se irguió.

Hoyo, también queriendo ser de ayuda, se levantó y rodeó la mesa. Sango llamó a una criada para que limpiara todo el desastre.

-Lo siento mucho!-se disculpó con una respiración delatadoramente agitada. Inuyasha la observó al rostro, estaba muy sonrojada y parecía hablar consigo misma.

-Descuida, estamos acostumbrados a estas cosas-dijo Inuyasha.

-Sí, Inuyasha está acostumbrado a que las mujeres boten cosas cuando el pasa-repuso Hoyo.

Kagome alzó la cabeza y lo miró directo a los ojos. Por un leve momento la mirada de ambos se cruzó. Kagome corrió la vista hacia su falda nuevamente mordiéndose el labio inferior.

-Ven Kagome-le dijo Sango sin perder el humor-te pasaré algo para que te puedas cambiar.

-Oh! No es necesario-Pero Sango no la escuchó.

La guió hacia el piso superior y la adentró en una habitación. Kagome no recordaba haber sentido tanta vergüenza en su vida. Cuando salía del comedor sintió la vista del hombre de espeso pelo negro pegada en ella y su vergüenza incrementó notablemente.

-Realmente Sango, lo lamento mucho-se disculpó una vez más.

-Créeme que no es problema. La mitad de mis amigas pasó por lo mismo. No sé que tiene Inuyasha, pero todas terminaban derribando algo.

Aquello no ayudó a la castaña a sentirse mejor. Ahora se sentía como una colegiala atolondrada. Observó su falda toda empapada y pegajosa. El blanco de su falda se había perdido siendo reemplazado por un poco estético color naranja.

-Ten-le dijo Sango tendiéndole un pantalón de jeans-Harán juego con tu blusa-ironizó Sango.

-Gracias-contestó sinceramente Kagome. Tomó el pantalón y se metió en el baño.

-Te espero abajo-informó Sango a través de la puerta-Baja tu falda para que veamos que hacer con ella.

Luego se escuchó un suave golpe en la puerta de la habitación, Sango había salido. Con cuidado de no manchar nada, ni dejar pegajoso se quitó la falda y la tiró al lavabo. Se puso el jeans que para alegría de ella le quedó mucho mejor que los que ella tenía. Aunque su aspecto no era el mejor, pues la blusa definitivamente no hacía juego con lo informal de su pantalón.

-Cómo lo haces Kagome?-se reprochó a si misma-Ayer le gritaste a tu padre, chocaste a una mujer a la que estabas a punto de contratar, terminaste en un hospital, te dijeron que el viñedo no era tuyo, y ahora, actúas como una niña nerviosa frente a un hombre!

Se puso los zapatos, que por suerte eran de tacones bajos y salió a la habitación. Llevó su falda desde una punta y giró el pomo de la puerta mirando enfada su falda, como si esta tuviera la culpa de todas sus desgracias.

-Auch!-dijo cuando chocaba con algo-Oh...

Nuevamente sintió como el aire se escapaba de sus pulmones a una velocidad impresionante. Se hizo un poco hacia atrás abrumada por la presencia delante de ella. Inuyasha Taisho con una ceja levantada, la miraba de forma evaluadora. La observó de arriba a hacia abajo fijándose con claridad en sus manos que había levantado levemente en un reflejo de defensa. Pasó la vista por su blusa y se fijó que esta también se había manchado levemente con unas cuantas gotas de jugo. Kagome estuvo segura, que por un segundo, se fijó muy en especial en una parte particular de su pecho.

-Qué tanto estás mirando?!-preguntó molesta pero notablemente avergonzada.

Inuyasha la fulminó con la mirada. Estuvo tentado de irse de inmediato pero no podía. Estaba estupefacto con aquella chica. No debía de tener más de veintitrés años. De hecho, algunas de sus facciones le hacían parecer de mucha menos edad. Levantó la mano y le tendió una manta blanca.

-Sango dijo que te trajera esto.

Kagome observó no muy segura si debía sostenerlo, pero finalmente, pensando que sería descortés no recibirlo, levantó la mano. Ante su nerviosismo rozó levemente la mano de él. Asustada por el tacto, retiró la mano con la toalla con brusquedad.

-Qué te pasa?!-preguntó Inuyasha molesto. Esa mujer parecía tenerle miedo.

-Nada...-susurró Kagome bajando la vista hasta sus manos-Gracias-dijo finalmente y le dio la espalda, entrando nuevamente en la habitación.

Cerró la puerta y se apoyó en ella tratando de regular su respiración. Recordó sus ojos, fijos en ella con aquel dejo de molesta. "Son dorados" pensó maravillada. Jamás había visto unos como aquellos. Inconcientemente tocó la mano que había rozado la piel del hombre y la puso cerca de su rostro. Mirando al horizonte, perdida en algún punto de la habitación y pensando en lo hermoso que eran esos ojos dorados.

-Pero que tonta soy-dijo apoyando la cabeza y cerrando los ojos. Sintió una leve brisa en su rostro. Estaba actuando como una niña. Soltó una risa que trataba ser desinteresada.

Entró en el baño y mojó levemente la toalla en una punta. Se frotó con fuerza la parte de su blusa que estaba salpicada de gotitas de jugo y logró quitar un poco de la mancha.

-Tengo que enfocarme!-se dijo si misma-Dónde dejé mí...??

Observó su alrededor mordiéndose el labio. Ella había salido con la falda, pero ahora ya no la tenía. Lo recordaba muy bien. La iba a bajar como Sango le dijo para que alguien pudiera quitarle las manchas, pero ¿Dónde estaba ahora?.

-No será qué...-Abrió la puerta mirando hacia el suelo-No está. ¿Dónde la..?

Unos zapatos negros. Sintiendo un peso muy fuerte en su estómago levantó su cabeza con lentitud al tiempo que sus mejillas adquirían un color carmín. Subió la mirada por los pantalones, que por sus estudios le revelaron que eran muy costosos pero informales de color café, pasó la vista por su camisa que a ella le pareció le quedaba muy bien y siguió fijándose en su cabello negro que caía a un costado de su hombro.

-Por qué sigues aquí?!-preguntó sin poder evitarlo.

-Esta es mi casa-puntualizó-se te perdió esto?

Inuyasha, con una sonrisa burlesca, le tendió su falda la cual sostenía desde una punta. Kagome nunca había decidido como en ese momento que se la tragara la tierra. Además de haber botado el jugo en su falda, de haber chocado con él, tenía que pasar por la vergonzosa situación de que él encontrara su ropa tirada.

-Sí...-susurró y la cogió tirando con brusquedad-lo siento.

-Siempre eres tan descuidada?-preguntó poniéndose las manos en los bolsillos.

-No-respondió secamente la mujer y con cierta dificultad pasó por su lado.

-Supongo que...-Kagome se detuvo pidiendo por favor que no fuera a pasar otra vergüenza frente a él-... Irás a compensar debidamente a Tsubaki.

Kagome se giró con brusquedad haciendo que su largo cabello cayera sobre su hombro en su lado izquierdo. Lo miró con mirada interrogativa mientras aferraba la falda y la toalla.

-Cómo... cómo sabe eso?-preguntó. Estaba segura de que Miroku se había encargado de que los medios de comunicación no publicaran la noticia. ¿Cómo el lo sabía?-Mi hermana y Sango le dijeron.

-No, me enteré por otra fuente-el hombre se acercó hasta ella y la miró con una profundidad que hizo que las piernas de Kagome tiritaran ¿Qué estaba sintiendo¿Miedo, desconfianza?

-Bueno, sea como sea-dijo Kagome tratando de parecer muy normal-Aquel tema no le concierne.

Y bajó la escalera haciendo sonar sus tacones más de lo necesario.

Inuyasha sonrió con arrogancia e ironía. Le parecía exquisitamente entretenido jugar con esa mujer. Sus reacciones eran particularmente cómicas y, de cierta forma, le hacía bien a su ego, que por cierto, estaba bastante alto.

o.o.o.o

-Dónde te habías metido?-le reprochó Kykio cuando se reunió con ella. La comida había terminado y la pelinegra estaba esperándola en el salón mientras Sango y su representante conversaban en privado-Están a punto de darnos la respuesta.

-Lo siento-se disculpó la mujer. Una mucama entró y con una reverencia le pidió la falda sucia y la toalla. Kagome se la pasó agradeciéndoselo y la mujer salió silenciosamente.

-Creo que la he convencido. Le he dicho la plata que ganará, y las posibilidades que tendrá. Tiene que admitir que al menos es un buen negocio.

-Realmente quiero que ella acepte-admitió Kagome-Así dejarás de torturarme por haber chocado a Tsubaki.

-Eso te lo reprocharé toda la vida, cariño-le dijo con dulzura.

Unos pasos le avisaron de que la conversación privada entre Hoyo y Sango había terminado. Entraron los dos con cara sin expresión. Las dos mujeres los miraron expectantes. Necesitaban que ella aceptara. Era la única solución que tenían ¿Qué iba a pasar si ella se negaba a participar en la temporada?.

La mirada de las dos personas no les tranquilizó. Kikyo podía saber cuando alguien estaba apunto de hacer un buen negocio con ella por la forma en que la observaba, y Sango tenía la típica mirada de "me parece genial, pero no gracias" mientras que Hoyo observó a Kagome con la mirada de "No logré convencerla, lo siento". Kikyo soltó un suspiro ya sabiendo a qué debía atenerse.

-Nos permites un par de días para dar la respuesta definitiva?-preguntó Sango.

Kikyo asistió con la cabeza dedicándole una sonrisa tranquilizadora.

-Te parece si nos juntamos este miércoles a almorzar?-le preguntó.

Sango miró de forma interrogativa a Hojo. El hombre lo pensó durante un momento al tiempo que sacaba su celular. Vio unas cuantas cosas y finalmente asistió con la cabeza.

-Será un placer-respondió Sango.

-De acuerdo!-Kikyo busco en su pequeña cartera y sacó dos tarjetas de presentación. Le tendió una a cada uno al tiempo que hacia una leve inclinación de cabeza-Los espero entonces. Haré reservaciones en el mejor restaurante de Tokio-Miró su reloj de pulsera-Debo irme, tengo que ver unos documentos para enviarlos antes de que acabe la tarde.

o.o.o.o

Muchas gracias por los Reviews del capítulo anterior.

setsuna17, DabuRu-Tamashi, tezka,

PaauLaa, yuiren3, Isabel, Zandy

Espero, realmente, que este primer encuentro entre Inuyasha y Kagome, sea de su agrado.

((Si eres fanático o fanática de Harry Potter, revisa mis otros fan fic. 100 por ciento, mereodeadores!))