He aquí mi nuevo fic después de varios meses sin publicar. Antes de seguir leyendo, algunas consideraciones al respecto:
-Este fic es un Universo Alternativo. Comienza después del final de Las Reliquias de la Muerte (después de la muerte de Voldemort) y a partir de ahí no sigue ya la continuidad oficial, por lo que me tomaré unas cuantas licencias en lo que respecta al canon, pero que no afectarán a las características de los personajes.
-El prólogo que habéis leído es, obviamente, una interpretación libre de "Historia de Hogwarts".
-El fic está basado en una idea de "El Fin de la Eternidad" de Isaac Asimov. Ya sé que el título es el mismo que otra de sus obras, pero francamente, no se me ocurría otro. Ahora bien, el argumento de este fic no tiene nada que ver con alguno de los argumentos de la Saga de la Fundación.
-Ya sé que tengo otros fics que debería continuar, pero por el momento necesitan un replanteamiento y no descarto borrarlos hasta tener claro que hacer con ellos. Sin más que decir, espero que disfrutéis de este.
1
—¡Corre! ¡Vamos, no te pares!
Los dos hombres corrían por entre los árboles como si la vida les llevase en ello. Tan sólo hacía unas horas que habían visto cómo su señor caía derrotado, muerto. Tan sólo habían bastado unos segundos para que el menor de los dos hombres, el menor de los dos hermanos, agarrase al mayor y lo obligase a huir de allí.
—Espera… Espera —el hermano mayor estaba agotado. Paró un momento y se apoyó contra el tronco de un viejo árbol para tomar aire. El otro hermano se volvió hacia él.
—Rodolphus, no tenemos tiempo. ¿Acaso no lo oyes? Los aurores no se quedarán a celebrar la victoria. Seguramente se habrán dado cuenta ya de que ni tú ni yo estamos entre los cadáveres.
A lo lejos podían oírse gritos y explosiones. Los estaban buscando. Rodolphus Lestrange hizo caso y remprendió la marcha. Pronto estarían fuera de los límites de Hogwarts y podrían desaparecerse.
Mientras tanto, en la linde del Bosque Prohibido, varios aurores y demás personas que habían luchado en la batalla se encontraban reunidas. Una partida de cuatro aurores acababa de llegar.
—¿Qué habéis encontrado? —preguntó Kingsley Shackelbolt, por el momento jefe de los Aurores y Ministro de Magia en funciones.
—Cuatro, posiblemente cinco —anunció uno —. Algunos se han ayudado mutuamente o se han defendido con uñas y dientes.
—¿Sabéis quiénes eran?
—Uno de ellos era Yaxley, el resto tenían el rostro cubierto, aunque juraría que Travers estaba entre ellos. Llegaron a los límites de Hogwarts y se desaparecieron.
—Con tanta confusión era de esperar que muchos mortífagos desapareciesen. Son una amenaza hasta que demos con ellos, pero por supuesto sus intenciones son en vano. Su señor ha caído al fin —sentenció Kingsley.
—Pero aun así, algunos de ellos podrían reunir al resto y organizarse. No serían Voldemort, pero sí un problema —dijo Harry Potter, quien también estaba allí, a pesar de que hacía un par de horas había derrotado al Señor Tenebroso.
—¡Señor! —un auror se acercó corriendo —. Tenemos noticias, los hermanos Lestrange también están entre los mortífagos fugados.
Kingsley no dijo nada, pero miró a Harry. En el semblante del joven se pudo ver una creciente preocupación.
Al fin, consiguieron desaparecerse y llegar hasta un callejón de Londres. Los dos hermanos se sentaron en el suelo y descansaron. Al final del callejón podían ver a decenas de muggles caminando por la calle principal, sin reparar para nada en ellos.
—No te pongas demasiado cómodo, nos espera una buena temporada de huida —comentó Rabastan.
—La han matado… —se lamentaba Rodolphus.
—¿A quién? Muchos de los nuestros han muerto.
—¿A quién va a ser, idiota? A Bellatrix.
Rabastan soltó una risotada.
—Vaya, no me dirás ahora que las querías, ¿verdad? —Rodolphus miró a su hermano. Su expresión en el rostro era de total sinceridad —. No puede ser… La querías de verdad. Por favor, Rodolphus, si era una zorra. Esa Weasley te ha un gran favor, a pesar de todo.
—La quería de verdad. Sí, puede que fuese una zorra… Pero aprendí a amarla.
—No digas tonterías, Rodolphus. Tú no querías casarte con ella, pero nuestro amado padre, que en paz descanse, quería formar alianzas y fuertes lazos familiares. Y francamente, pude entenderlo por aquel entonces. Los Black eran una de las familias mágicas de sangre pura más ricas.
—Sí, sé que aquello fue un matrimonio de conveniencia, pero con el tiempo aprendí a quererla. Teníamos mucho en común y ella era cruel y sádica…
Rabastan se levantó de improviso.
—Conmovedor, no te enfades si no aparezco por el funeral. Oye, puede que al final lo vuestro acabase siendo una historia de amor, pero ahora ella está muerta y si nosotros no hacemos algo pronto, acabaremos igual. Deberíamos reunirnos, vi a muchos de los nuestros huir. Podríamos convocarlos con la Marca Tenebrosa, podríamos hacer algo…
—Tonterías, no servirá de nada. Todo se ha perdido.
—O podríamos dar un último golpe. Salgamos ahí fuera y matemos a cuantos se crucen en nuestro camino. Si van a atraparnos, que sea al menos de esa manera.
Rodolphus se levantó bruscamente y le soltó un puñetazo a su hermano, que cayó al suelo.
—Desde luego siempre fuiste el más idiota, Rabastan —se acuclilló frente a su hermano mientras este se limpiaba la sangre que manaba de su nariz rota —. Te lo voy a explicar punto por punto para que puedas entenderlo. Aunar fuerzas no nos servirá de nada. Ninguno de nosotros, mortífagos, podría llegar a ser Señor Oscuro. ¿Cómo crees que actuará el mundo mágico ante un grupo de magos tenebrosos si su señor, el mayor de los magos tenebrosos que ha visto el mundo, está muerto? No nos tendrán miedo, no se esconderán, sino que nos harán frente. Y ya no nos llevarán a Azkaban para que nos pudramos por el resto de nuestras vidas… si no que nos matarán —se levantó de nuevo y miró hacia la calle principal —. ¿Y la Marca Tenebrosa? Muchos de los nuestros han sido ya apresados. En cuanto vean que nos están llamando, o que les llamamos, vendrán a por nosotros, o bien nos engañaran para que vayamos a dónde ellos quieran.
—¿Y qué sugieres? —preguntó Rabastan con sorna.
Rodolphus se volvió hacia él y lo enfrentó.
—Sígueme.
Acto seguido se desapareció. Rabastan, por su parte, hizo lo mismo. Enseguida, los dos aparecieron frente a una vieja casa de madera carcomida y ventanas rotas.
—¿Qué sitio es este? —preguntó Rabastan.
—Es mi refugio. Verás, desde que el Señor Tenebroso supo de la existencia de ese… niño que iba a suponer su caída, yo me puse en marcha. El Señor Tenebroso daba por sentado que acabaría por matar a Harry Potter, pero desde el primer momento sabía que estaba perdido, porque las profecías siempre se cumplen, por mucho que intentemos impedirlo. Cuando volvió después de trece años intenté disuadirlo, decirle que dejase en paz al chico, así él a lo mejor le dejaba en paz a él. Pero el Señor Tenebroso era… en fin, no atendía a razones. Y al final, ha caído.
—¿A dónde quieres llegar?
—Cuando supo de esa profecía, yo me puse en marcha y empecé a construir un refugio. Este refugio. Naturalmente se lo oculté a todo el mundo. A ti, a Bellatrix… y por supuesto a Él. Cuando nos liberó de Azkaban tras su regreso, continué trabajando, al ver que mis intentos por apartarle de su principal preocupación no prosperaron. Apliqué numerosos hechizos defensivos a la casa así como disuasorios. Sólo falta un hechizo Fidelio del que, confió, tú seas el Guardián.
—¿Esta casa es… tu refugio? Podrías haberte esforzado un poco más.
—Esto sólo es la apariencia, hermano. Lo importante es su interior… y lo que le rodea. ¿No es acaso Hogwarts unas simples ruinas para los muggles que alcanzan a verlo? Pues esto es igual. Sé el Guardián de mi refugio y te garantizo que estarás a salvo… durante un tiempo.
Rabastan miró por un momento hasta que accedió. Tras eso ambos entraron en la casa y, como era de esperar, el interior no era acorde con el exterior, dando paso las ventanas rotas a una gran sala repleta de muebles. Rabastan se sentó en un sofá.
—Bueno, veo que te lo montaste bien. ¿Vas a decirme ahora qué tienes en mente?
Rodolphus abrió una botella de vino de Elfo y sirvió dos copas, pasándole una a su hermano.
—Venganza. Simple y llanamente eso. Venganza por la muerte de Bellatrix.
—¿Porque la querías? Si hubieras dicho que querías venganza por el Señor Tenebroso te habría creído.
—¡Sí, la quería! Así que estoy dispuesto a arriesgar mi vida para cobrarme la vida de algunos de esos malnacidos.
Rabastan miró a su hermano largamente mientras degustaba el vino.
—¿De quiénes estamos hablando?
—Qué más da… De esos Weasley, de la sangre sucia Granger… De Potter. Da igual, matemos a unos cuantos o acabemos con todos esos héroes de la guerra. Será un duro golpe para la sociedad mágica. Y si salimos indemnes, podríamos seguir con la labor del Señor Tenebroso.
—Parece que al final la venganza por Bellatrix no tiene demasiada importancia —se levantó y caminó hasta su hermano —. Lo que quieres es muerte, acabar con unas cuantas vidas antes de que acaben con las nuestras. ¿Y quiénes mejor para ser asesinados que Potter y sus amigos? Conseguiremos lo que ni el Señor Tenebroso logró. Y si sale bien, reuniremos a todos los mortífagos y los tendremos bajo nuestro mando.
Rodolphus contempló a su hermano mientras pensaba en lo que acababa de decir. Sí, ¿por qué no? Tanto él como su hermano formaron parte del círculo de seguidores más cercano al Señor Tenebroso y su fidelidad había quedado probada tras trece años encerrados en Azkaban junto a Bellatrix y Barty Crouch Jr. Y ahora ellos estaban muertos y los Malfoy habían perdido la confianza del Señor Tenebroso hacía unos años. Aunque estaba seguro de que ni Lucius ni Narcissa tendrían intención alguna de aunar fuerzas con el resto de mortífagos.
—De acuerdo, veo que los dos tenemos objetivos a los que podemos llegar juntos. Yo quiero venganza y tú matar gente. ¿Cómo lo hacemos?
—De momento tendremos que esperar unos meses, pero creo que el comienzo del nuevo curso escolar será el momento propicio. Hasta entonces podemos ir preparando el plan. Brindo por él.
Y los dos hermanos alzaron sus copas, brindando por el plan que estaban empezando a planear.
