Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de twistedsistersRB, yo solo la traduzco.


Holaaa, ya estoy aquí, qué ilusión me ha hecho ver que tengo ¡94 comentarios! solo en el primer capítulo, muchísimas graciassss :D

Os dejo con el segundo :)


Capítulo 2

BPOV

— ¿Aquí? —Charlie preguntó con voz ronca. Cuando el alcalde asintió con la cabeza, él firmó lo que parecía mi vida.

Edward me apretó la mano antes de inclinarse para firmar el papel también, y entonces me ofreció la pluma. Mi mano tembló mucho cuando escribí mi nombre en la línea deseada. ¡Ya no tenía ni siquiera una firma!

El único pensamiento feliz fue que sólo había unas pocas personas presentes. Charlie, Rosalie, Jasper, Carmen y Eleazar, su marido, quien trabajaba en el hospital con Edward.

Parecía más fácil llamarlo Edward en mi cabeza que en voz alta.

Tan nerviosa como estaba, todo pareció ir muy rápidamente. Nos casamos y entonces llegó el beso. No habíamos hablado de eso. Edward me acarició la mejilla con su palma grande —buscaba mis ojos para algo— y tenía la mandíbula apretada mientras inclinaba su cabeza más cerca, presionando sus suaves labios en la esquina de mi boca. No fue exactamente un beso.

Mi primer casi beso.

La recepción —si se podía llamar así— se encontraba en la casa, y sólo sus hermanos, junto con Carmen y Eleazar, estuvieron presentes. Él no sabía la verdadera historia, así que tratamos de mantener la farsa. Lo bueno era que fue fácil estar alrededor de Edward y no fue incómodo ni delicado.

Después de la cena nos sentamos alrededor de la sala y hablamos, haciendo que se viera como cualquier otra noche. Solo que esta vez, teníamos invitados.

—Entonces, ¿dónde la llevarás para la luna de miel? —Eleazar preguntó después de unos minutos de silencio.

—Eso es una sorpresa. No me gustaría arruinarla —respondió Edward con suavidad, apretando mi mano izquierda, la cual no había soltado en toda la noche. Estaba sudorosa y caliente, pero me encantaba cómo se sentía su pulgar frotando círculos en mi muñeca.

—Será mejor que te asegures de que no trabaje mucho tiempo —me dijo en tono de broma.

Edward se rió y me abrazó a su lado, frotando una mano sobre mi brazo.

—Ely, estaré bien. Gracias por tu preocupación —le dijo de la misma manera—. Oh, eso me recuerda, algo. Carmen, a partir del uno de Septiembre no quiero volver a verte hasta después de que nazca el bebé, y solo si realmente hay necesidad de algo.

— ¿Qué hay de la casa? —preguntó ella preocupada.

—No te preocupes. Ya se me ocurrirá algo. Estoy seguro de que entre Bella y yo nos encargamos de eso.

Ella le lanzó una mirada dudosa, pero estuvo de acuerdo. Después de un rato, decidieron irse.

—Será mejor que nosotros nos retiremos también. Tenemos un largo día mañana —Edward me dijo después de cerrar la puerta principal.

— ¿Lo tenemos? —le pregunté sorprendida.

—Sí. Va a ser una luna de miel, aunque me gustaría llamarlo un viaje o unas vacaciones muy necesarias —él se rió entre dientes, poniendo su brazo alrededor de mi cintura y guiándome por las escaleras.

… …

La mañana llegó demasiado pronto para mi gusto. Tal vez fue porque yo no era una persona que viviera por las mañanas, pero, en mi defensa, estaba amaneciendo. Edward me despertó para decirme que me duchara, me vistiera con ropa cómoda pero caliente, y empaquetara una maleta con artículos de primera necesidad como el cepillo de dientes, una muda de ropa, champú, gel de ducha... y cosas así.

Después de prepararme, cogí la maleta y bajé las escaleras, siguiendo el pasillo que conducía a la cocina. Allí estaba él, vestido y listo para irnos, con el pelo todavía húmedo por la ducha y una expresión muy descansada y entusiasta en su rostro. ¿Quién sabía que él podría parecer tan caliente por la mañana mientras yo le miraba como si hubiera sido golpeada por un tornado?

Teníamos un gran desayuno, cortesía de Carmen.

—El desayuno es la comida más importante del día, chiquita hermosa. Además, tenéis un largo camino por delante. ¿Quién sabe cuándo vais a estar comiendo de nuevo hoy? —dijo.

Eso me recordó que yo no sabía a dónde íbamos a nuestra 'luna de miel' o muy merecidas vacaciones, como él decía. Con eso en mente, cuando nos subimos en el coche —el mismo Volvo plateado que vino a rescatarme— lo acosé con una pregunta tras otra.

—Ya sabes, Edward, no tienes que decirme a dónde vamos... por lo que me he enterado estamos yendo a algún lugar frío, porque me has hecho coger ropa de abrigo y un vestido caliente, Carmen dijo que teníamos un camino muy largo, por lo que debe estar muy lejos, pero lo que no entiendo es cómo ella sabe a dónde vamos, y yo, tu esposa, no lo sé. Y en segundo lugar, si vamos a estar fuera de casa durante varios días, ¿por qué no hemos traído más cosas?

—Bella, se supone que este viaje va a ser algo divertido para los dos, así que no vayas haciendo hincapié con tonterías. Y sí, tengo que pedirte perdón por no hablarte acerca de nuestro destino, pero yo quería que fuera una sorpresa —dijo con una voz suave y aterciopelada que me hizo sentir un hormigueo en todas partes, y entonces me besó en la frente, deteniéndose un poco más de lo habitual.

— ¿Y cuándo exactamente vas a decírmelo, eh? ¿Cuando lleguemos al sitio? Ni siquiera sé si esto es un viaje por carretera o no —divagué como una loca—. Y para que lo sepas, realmente no me gustan las sorpresas... la última que tuve realmente no fue agradable —le dije, hablando de lo que dio lugar a este matrimonio.

Con aquello su expresión cambió de estar calmada a estar llena de tristeza y angustia.

—Lo siento, ha sido egoísta por mi parte hacer eso, pero por favor, créeme cuando te digo que vas a disfrutar de esta sorpresa. Y no hemos traído más cosas porque vamos a tener que comprar mucho cuando lleguemos allí, y en realidad podrás disfrutar de ello, porque vamos a ir a tu ritmo —terminó con un guiño, tratando de parecer tan alegre como fuera posible.

Empecé a sentir la esperanza de que este asunto del matrimonio no era tan malo como pensé por primera vez.

… …

No pasó mucho tiempo antes de que llegáramos al aeropuerto. Con ansiedad pensé que iba a conocer nuestro destino a tiempo, mientras Edward me ayudaba a salir del coche. Hmm, un verdadero caballero.

Después de eso, todo pareció moverse a cámara rápida. Sacamos nuestras maletas, él aparcó el coche en el estacionamiento del aeropuerto, pasamos por el registro de entrada y abordamos el avión con destino a Alaska. Sí, me enteré del destino de mi 'luna de miel', y dejadme deciros que no estaba muy contenta con ello, pero decidí darle a mi marido el beneficio de la duda y ver hacia dónde se dirigía.

Al aterrizar pude sentir la razón por la que estaba vestida como un esquimal, porque el aire frío de Alaska se sentía como si pudiera congelarme el culo y transformarme en un cubito. Salimos del aeropuerto y fuimos a buscar un coche de alquiler porque necesitábamos uno, al parecer nos íbamos a quedar por un tiempo, una semana más o menos, siempre y cuando Edward no tuviera guardia en el hospital. Luego nos dirigimos a la cabaña o chalet, o donde tuviéramos la vivienda durante ese periodo de tiempo.

Hubo un percance, porque teniendo en cuenta que éramos el 'Dr. y la Sra. Masen', nos colocaron en una de esas cabañas de alquiler que yo no sabía que existían, salvo en las películas. Y adivinad qué, esa cabaña sólo tenía una habitación, una pequeña cocina, un baño pequeño pero práctico y una sala de estar... creí que podría vivir con eso, el único problema parecía estar en los arreglos para dormir: teníamos que compartir una cama. Gracias a Dios era una gigante.

Bueno, mientras la tarde se convirtió en noche con nosotros tomando una siesta muy necesaria —por separado— decidimos que era hora de darnos una ducha e ir a comprar la comida a pesar de mi insistencia, porque yo quería cocinar, no salir para cada comida.

En el supermercado tuvimos que comprar todo... desde el pan hasta sartenes y otros utensilios para la cabaña porque sólo tenía unos cuantos platos, tenedores, cucharas y cuchillos, algunos vasos, una olla y algunas tazas. Cuando llegamos a la caja para pagar nuestras compras, la cajera —una chica rubia con una etiqueta que ponía Jenna, como la estrella de la pornografía... ella realmente parecía una, aunque no es que me importara— empezó a coquetear con mi Edward… esperad, ¿mi Edward? Mi mente parecía jugarme malas pasadas últimamente, pero por suerte, no les hacía caso.

—Eso serán $280 —dijo la perra con una sonrisa coqueta—. ¿Quiere algo más? —ella continuó como si no me hubiera visto.

—No, gracias, eso es todo, ¿verdad, cariño? —él dijo con una tierna mirada hacia mí, por lo que los ojos de la perra se abrieron cuando vio los anillos de boda en nuestros dedos.

—Sí, eso es todo lo que necesito, cariño —le dije tocándolo y tratando de sofocar la risa. Ella pilló el mensaje y afortunadamente no hizo ningún comentario que coincidiera con la mirada que me estaba dando.

Al salir de la tienda de comestibles no pude contener mi risa y, al parecer, ya no podía ni Edward. Nos reímos por lo que parecieron horas y luego decidimos que para nuestra primera noche allí, debíamos ir a celebrar nuestra nueva vida, así que nos fuimos a un restaurante.

Afortunadamente, no necesitamos ningún tipo de reserva cuando llegamos allí, así que nos dieron nuestra mesa y nuestros menús muy rápido. Nos sentamos en silencio, reflexionando sobre nuestras opciones hasta que el camarero interrumpió el silencio pacífico en la mesa.

—Buenas tardes, mi nombre es Vladimir y yo seré su camarero esta noche —dijo con un acento ruso—. ¿Les gustaría pedir ahora, o les gustaría algo de beber primero? —continuó.

—Me gustaría una copa de champán y a mi esposa también, si eso está bien contigo —Edward me miró dudosamente.

—Sí, eso está bien, gracias —le dije, me alegré de que no me estuviera mimando.

—Bien entonces, estaré de vuelta enseguida —el camarero nos dijo cuando salía de nuestra mesa.

Después de unas horas, éramos Bella y Edward, dos personas normales en una cita, aprendiendo más el uno del otro. Por ejemplo, yo había aprendido que, a pesar de nuestra diferencia de edad, teníamos los mismos gustos en la música y en algunas películas, a los dos nos gustaba relajarnos con un buen libro y nos perdíamos en ellos, sobre todo él después de ocuparse de los niños con enfermedades terminales o incluso perder a un paciente, así era como él hacía frente... me enteré de que sus colores favoritos eran el azul y el marrón, y él se enteró de los míos: negro, azul, verde, rojo oscuro, violeta, gris, blanco... y así sucesivamente. También se enteró que yo odiaba el rosa porque era realmente repulsivo, por alguna razón, me daba ganas de vomitar, pero sólo en las cosas inanimadas, por ejemplo no me parecía que tuviera un problema con la carne rosada. Mi mente era tan rara a veces.

A lo largo del día seguí descubriendo cosas nuevas sobre mi marido, y él sobre mí. Por alguna razón, cuanto más sabía de él, más me gustaba y más quería descubrir, y ese pensamiento me asustó porque se suponía que no me tenía que gustar esa situación, pero estaba empezando a gustarme. Eso fue lo que me hizo tomar la siguiente decisión: iba a tener mi primer beso esa noche.

Mientras nos dirigíamos a la cabaña, empecé a sentir un cambio en el aire; el estado de ánimo jovial en el que estábamos fue reemplazado por la aprensión. Tal vez no sería tan fácil tener mi primer beso con él.

Entramos, guardamos en su sitio todo lo que habíamos comprado, y nos fuimos al dormitorio. Ahora el problema era que los dos teníamos que lidiar con la falta de pijama o con cualquier tipo de ropa de dormir, porque los dos pensamos que íbamos a dormir en habitaciones separadas como en casa. Todo resultó incómodo, pero aún así trabajamos en ello.

Decidimos que íbamos a ducharnos por separado y yo me pondría una camiseta de él porque me quedaba como un vestido largo, y el dormiría en bóxers, ya que no tenía otra opción, pero se comprometió a mantener su distancia para no hacerme sentir incómoda.

Una vez que nos acomodamos, decidimos que era un buen momento para sacar el tema.

—Umm... ¿Edward? —comencé tímidamente.

—Sí. ¿Qué pasa? ¿Qué te tiene tan ruborizada? —preguntó preocupado. Me quedé en silencio durante unos segundos, tratando de ordenar mis pensamientos, pero él lo tomó como una mala señal porque se alarmó y se sentó tratando de medir mi expresión, con la esperanza de encontrar el problema.

Pero eso me puso más nerviosa porque su pecho estaba a mi vista... ¡y qué vista!

—Yo, um… quieroquemedesmiprimerbeso —solté todo en un solo aliento y levanté la mirada para ver sus ojos. ¿Parecía… confundido? ¿Acaso no había escuchado lo que le acababa de decir?

—Bella ¿qué has dicho? Realmente no he entendido nada —dijo, confirmando mi pensamiento anterior.

—He dicho que quiero que me des mi primer beso —volví los ojos hacia abajo, mis mejillas estaban de un rojo brillante.

Él me levantó la barbilla, obligándome a mirarlo a los ojos y dijo:

—Bella, no puedo hacer eso. No es que yo realmente no quiera, es que... no estamos juntos, debes compartir esa experiencia con alguien que ames o al menos con quien te sientas atraída, no porque sientas que tienes que hacerlo —y con eso se me soltó la barbilla, me dio la espalda y se durmió.

Me quedé en estado de shock, con lágrimas en mis ojos. No pude evitar sentirme rechazada. ¿Es que no lo entendía? Yo quería que me besara porque me sentía atraída por él. Supuse que me había gafado cuando le dije que estaba contenta de que no me mimara. Esa fue la segunda noche que lloré mientras me dormía desde que me dieron la noticia de mi matrimonio.

Cuando llegó la mañana, fui la primera en despertar. Mi vejiga me despertó, para ser más específica. Me levanté de la cama y salí de puntillas de la habitación para hacer mis necesidades, alcancé a ver el reloj y vi que eran las 8:26 AM. Supuse que no tenía sentido para mí estar despierta a esa hora, pero dadas las circunstancias, decidí que lo mejor sería que fuera a hacer el desayuno. Por una vez, yo era la madrugadora mientras Edward era el dormilón. Después de que terminara de hacer el desayuno —el cual consistía en unos pocos creps, tocino, huevos y zumo fresco— arreglé todo en la mesa y me dirigí al dormitorio para despertar a Edward.

Mis ojos le vieron extendido sobre la cama, boca arriba, con su pecho esculpido subiendo y bajando con cada aliento que tomaba. Parecía que no era un ser humano imperfecto, fuerte pero vulnerable, e incluso un poco inocente, pero yo sabía que era cualquier cosa menos eso. Edward era un hombre de 35 años de edad y seguramente tenía algunas muescas en su cinturón. Aparté esa idea y me arrastré por la cama hasta su lado y entonces me di a mi misma lo que quería anoche: le di un beso. Y bueno, a pesar de que fue un error hacerlo mientras dormía, sus labios se sintieron suaves y simplemente perfectos. Entonces sucedió lo impensable. De alguna manera, durante el beso, Edward empezó a besarme de nuevo. El beso se volvió inseguro en un segundo, hasta que él despertó y me empujó lejos, pareciendo molesto.

Después de esa caliente sesión entre Edward y yo, decidimos que deberíamos hablar de ello durante el desayuno, así que entre bocado y bocado de comida y tragos de zumo y café, él insistió en que no se debería repetir. Estaba prohibiéndome que le besara. No estábamos exactamente enamorados, no nos conocíamos tan bien, y yo todavía no sabía qué tenía reservado para mí el futuro, así que tuvimos eso en mente y no haríamos nada imprudente que pudiera hacernos sufrir a los dos.

—Así que, Bella, ¿qué hacemos después de limpiar por aquí, vamos a comprar un poco más de ropa para los dos, tal vez algunos recuerdos y regalos para la gente de casa? Ah, y quién sabe... tal vez podríamos alquilar esquís o tablas de snowboard, si te apetece, o podríamos hacer turismo, ir en trineo tirado por caballos... —Edward dijo sugerencias como si estuviera recitando un folleto de vacaciones.

—Está bien, está bien, para —detuve sus divagaciones—. Creo que deberíamos ir a una cosa cada día... y poco a poco haremos todas esas cosas que has estado balbuceando hace un momento, ¿de acuerdo? —le dije demasiado enérgica y luego me disculpé más tranquila—. Es que yo no soy una gran fan de lo frío y húmedo, y hay un montón de eso aquí. ¿Podríamos hacer cosas más de interior? —le pregunté tímidamente, mirándole con ojos de cachorro.

—Está bien, si eso es lo que quieres. Cualquier manera va a ser relajante para mí, así que vamos a hacer, como he dicho, todo lo que te apetezca. Pero, ¿y la ropa? Necesitamos ropa —insistió con una mirada curiosa e infantil.

—Está bien, vamos a ir a por la ropa, no es necesario que se repita lo de anoche. Me vendría bien un pijama, y algunas otras cosas —le dije preparándome para el viaje de compras.

No compramos mucha ropa, exactamente lo que necesitábamos.

En el tercer día allí decidimos ir a las tiendas de souvenirs.

—Deberíamos ir a ver esas tiendas de souvenirs. Ayer vi algo realmente bonito, podríamos comprarlo para Carmen, es más para el bebé, pero es bonito. ¿Qué te parece, eh? —le pregunté a Edward.

—Bueno, si vamos a comprar algo para Carmen, deberíamos comprar algo por Eleazar, Rosalie, Jasper y algunos otros buenos amigos míos que te presentaré algún día.

—Bueno, supongo que eso es lo que vamos a hacer hoy —le dije y le di un abrazo por ser tan considerado.

En el cuarto día hubo una tormenta de nieve y planeamos quedarnos en casa.

—Yo no creo que esté de humor para nada hoy, Edward —dije mientras descansaba en el sofá con los pies posados sobre su regazo.

—Mmmm, sí... tienes razón. Me siento un poco perezoso yo también. Vamos a permanecer dentro, apuesto a que podemos encontrar algo aquí para entretenernos que no sea la televisión —dijo mientras trataba de sofocar un bostezo enorme.

Terminamos viendo películas, y él me permitió abrazarle en el sofá. Fue muy agradable, por fin me sentía cuidada, y ese pensamiento me calentó el corazón.

En el quinto día decidimos dar ese paseo en trineo, y para mi sorpresa, fue la sensación más mágica. No quería dejar ir ese cuento de hadas en el que estaba viviendo.

— ¡Oh Dios mío, Edward! Este paisaje es tan hermoso, sobre todo porque sigue nevando. Sin embargo, tengo algo que confesar —dije haciendo que sonara como si fuera realmente serio.

— ¿Qué pasa, Bella? —bueno, él se pensó eso.

—Al principio dudaba que tú pudieras hacerme sentir bien y divertirme en estas vacaciones... —hice una pausa para darle un efecto dramático—... pero entonces decidí darte el beneficio de la duda y esa ha sido la mejor decisión de mi vida —le dije con los ojos brillantes—. Charlie nunca tenía tiempo para mí. Nosotros no hicimos ninguna excursión en familia.

Al ver las lágrimas en mis ojos, Edward me tomó en sus brazos y me besó en la frente con suavidad.

—Me alegro de que me dieras la oportunidad, pero no tienes que llorar por ello, pequeña. Estoy aquí por el tiempo que me quieras tener.

—Vamos a volver a la cabaña, por favor. Quiero estar abrazada a ti. —De hecho, yo estuve encantada con el abrazo que nos dimos porque así era como terminábamos todas las noches. Pero no era siempre delante del televisor viendo algunas películas, a veces estábamos en frente de la chimenea con un buen libro. Todo estaba tranquilo y agradable y yo temía el día en el que tuviéramos que volver a la vida real donde la gente juzgaría sin importar la razón por la que tenía que hacerlo.

El día seis fue el punto de inflexión y el fin de nuestra 'luna de miel'.

— ¿Vamos a probar las pistas hoy, pequeña? —Edward preguntó en el desayuno.

—Claro, pero espero que tengas el kit de primeros auxilios alrededor porque estoy bastante segura de que mi naturaleza torpe hará una aparición hoy. Gracias a Dios que me casé con un médico —bromeé y golpeé mis pestañas hacia él.

Una vez en las pistas, mis temores crecieron. Tuve un mal presentimiento sobre eso.

—Está bien, señorita, mantenga las piernas así y luego... —el instructor no llegó a terminar la frase y yo ya estaba con mi culo en el suelo y sintiéndome patética porque ni siquiera había tenido la oportunidad de ir por la pendiente sin lastimarme. Y sí, me dolía porque yo estaba bastante segura de que mi tobillo se había torcido o incluso roto, no lo sabía. Me dolía mucho.

— ¡Ay! ¡Owwwww! ¡Esto es realmente ridículo! —grité con los dientes apretados.

—Bella, cariño, ¿estás bien? ¿Puedes mover la pierna? —Edward preguntó con pánico en su voz—. Siento mucho que te hayas lesionado, cariño. Todo es por mi culpa —una expresión de auto-odio se apoderó de su rostro.

—No, ¿de qué estás hablando? Tú te has ocupado de mí, asegurándote de que tuviera un instructor. No podías saber que iba a caerme antes de caer por la ladera. Ahora ayúdame, mi culo está congelado —murmuré.

Ni que decir que eso fue el final de nuestro viaje. Tuvimos que acabarlo a causa de mi estúpida lesión. Al parecer, un esguince de tobillo puso a Edward en el modo doctor y antes de darme cuenta teníamos a un helicóptero esperándonos para llevarnos a casa tan pronto como todo estuviera listo. ¿Drástico? Mucho.

Edward se encargó de todo: empaquetar nuestras cosas, pagar el alquiler, hacer llamada tras llamada para que nos atendieran bien en casa. Yo no estaba tan segura de que su hermana fuera a arreglar mi habitación —mi cama específicamente— como dijo Edward.

— ¿Estás seguro de que es una buena idea? Ella me odia. Podría poner una bomba debajo de mi cama —le susurré mientras tomábamos nuestros asientos en el helicóptero.

—No te preocupes por Rose. Se tarda algún tiempo en llevarse bien con ella. Ella no es tan mala.

Le di una mirada de sorpresa, pero él no hizo ningún comentario al respecto. Envolvió mi tobillo con una venda y lo mantuvo en su regazo todo el viaje hasta casa.


Bueno, quería aclararos una cosita sobre las edades:

Cuando se conocen Bella tiene 16 años y Edward 35, lo que no cuadra es que en el primer capi digan que hay una diferencia de 18 años en vez de 19, eso es porque desde el momento en el que se casan, apenas falta un mes para que Bella haga los 17 y Edward acaba de hacer los 35, por eso directamente ponen esos 18 años de diferencia y no 19, porque prácticamente Bella tiene ya 17 años.

Parece un trabalenguas, pero espero habéroslo aclarado ;)

¡Nos vemos el viernes! :D


Muchas gracias por seguirme y comentarme:

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Si me dejo a alguien que me envie un privado y le añado :)