-¡mama!- dijo feliz mi pequeña y corrió con alegría a mis brazos

Recuerdo la primera vez que me llamo así, ni siquiera había cumplido un añito de vida y ya nos había llenado de alegría a todos con sus pequeñas risitas y su suave llanto, al verla dormir tan tranquila y preciosa como el alba nos llenaba de paz y esa vez con su pequeño balbuceo me lleno de alegría ¡me reconocía como su madre! Me veía a MI como el responsable de velar por ella y quererla sin importar que ¡y ya lo hacía! Ella era mi tesoro, nuestro tesoro, a mi Endo y a mí nos llenaba de una alegría inmensa verla y oírla. Tenerla

Aun que también tuvimos miedo, ese día en el hospital estaba aterrado y aun que Endo intentaba tranquilizarme se que el también lo sentía, faltaban unas horas para ser padres oficiales, para tomar en nuestras manos una responsabilidad inmensa y preciosa, para sabes si ella estaba sana y salva como se suponía que estaba, para saber cómo era y llamarla por su nombre al verla

Debo admitir que al momento del parto ya estaba más tranquilo, dolía, cierto, pero sabía que valdría la pena ¡estaba naciendo mi bebe! Además, Endo me daba seguridad, el tomaba mi mano con cariño y dulzura, diciéndome las frases más hermosas que me han dicho… y después de unos minutos… escuche su tierno llanto

Por fin puede ver a mi bebe ¡y era tan linda! Tenía unos adorables mechoncitos azules como los míos y hermosos ojos castaños como su padre, Endo tenía una mirada llena de amor y una sonrisa que no se le quitaba, desde ese momento supe que la felicidad de mi niña seria mi más grande sueño.