– JA-JARV…IS…

– ¿Si señor? – la respiración entre cortada no le permitía a Tony darle indicaciones precisas a su IA, bueno, eso y el hecho de que no pudiera mantener su boca separada de la de Steve por más de 3 segundos. Ambos caballeros luchaban por entrar al mismo tiempo por el umbral de la puerta de la habitación de Tony, se escuchaban algunos golpes por aquí y por allá debido al gran desastre que suele tener el inventor dentro de su habitación que por cierto seguía en obscuridad total.

Sin quererlo totalmente decidió separarse medio minuto de Steve para poder dar un poco de orden a la situación en la que se encontraba ahora mismo.

─ JARVIS, luces… – ambos son deslumbrados por el súbito flash que provoca esa orden, como puede y de la manera mas impaciente Steve desalojó la cama de Tony para sólo dejar un par de almohadas y una sábana. Tony decidió ir rápidamente al sanitario sin dar aviso al rubio…

– JARVIS – dijo en voz baja, casi susurrando

»– ¿Estoy soñando?

– Me temo que no señor, sus lecturas cerebrales solamente indican un leve mareo debido a los niveles de alcohol en su sistema, se recomienda un buen descanso para eliminar cualquier malestar.

"Perfecto, aunque esta noche no tengo planeado de ninguna manera descansar." se dijo a sí mismo mientras se observa en el espejo para sonreír como sólo un idiota enamorado podría hacerlo.

– Así es como va a ser esto, JARVIS, desactiva toda la vigilancia de mi habitación hasta próximo aviso, por vigilancia me refiero a todo: grabaciones, sonido, registros térmicos, absolutamente TODO. Además quiero que actives el recubrimiento aprueba de ruido en las paredes – podría sonar exagerado que Stark tuviera este tipo de medidas en su habitación, sin embargo recordemos que el genio suele tener horarios muy poco ortodoxos; mientras los demás duermen él inventa, y mientras los otros inician su día él se prepara para terminar el suyo, así que un recubrimiento de este tipo es justamente lo que necesita para no ser interrumpido en sus pocas horas de sueño.

– Listo señor, sus indicaciones han sido implementadas – comunicó JARVIS a Tony.

– Excelente. Por último ¿JARVIS?

– ¿Dígame señor?

– No necesito espías, así que por favor también desactívate de mi habitación hasta el día de mañana a la alarma programada.

–Claro señor, descanse – respondió JARVIS para después simplemente desconectarse como se le había indicado.

Tony se refrescó rápidamente en el lavamanos y volvió a la habitación principal un tanto entusiasmado para encontrarse con un Steve Rogers curioso que desde la cama trataba de espiarlo, ya que aunque Tony no lo notó hizo esperar a su ansioso invitado por 5 largos minutos.

– ¿Y bien, en que estábamos? – Preguntó Tony al casi exasperado Steve Rogers que lo esperaba sentado en una orilla de la cama.

– ¿Te importa si… comienzo a desvestirme? ─Tony no esperó por una respuesta, él sabía de antemano cuál era, así que comenzó a acercarse a Steve de manera muy lenta al mismo tiempo que se desabotonaba su chaleco y camisa para dejarlos caer al piso.

Steve no resistió la tentación de unirse a su compañero así que se levantó de su asiento lo que provocó que Tony se detuviera para apreciar el delicioso espectáculo que estaba apunto de ocurrir frente a sus narices. Steve se despojó de su chamarra de piel y la arrojó lejos, derribando una lámpara en su camino.

–Hey, vas a tener que pagar eso – dijo Tony con una mueca burlona, a lo que Steve sólo respondió viéndolo intensamente a los ojos mientras comenzaba a quitarse la ajustada playera negra que traía esa noche, Tony no pudo evitar ver lo perfecto del cuerpo del Capitán: un abdomen liso sin embargo firme a casi nada de estar marcado con un six-pack asesino, unos bíceps y pectorales tremendamente tersos y trabajados resultado de las largas sesiones de entrenamiento a las que se ha sometido el soldado y un ratio de hombros/espalda/cintura para volverse loco.

Stark nunca se había preguntado a sí mismo como sería su hombre ideal, para ser honestos nunca se había planteado siquiera el tener un hombre ideal, sin embargo lo sabía, sabía perfectamente que Steve Rogers era SU hombre ideal, esto se lo dejo saber al súper soldado mordiéndose lujuriosamente el labio inferior instintivamente.

Tony no pudo con él mismo, por un momento sus más bajos instintos tomaron control de él y lo empujaron hacia los brazos de Steve quien sin dudarlo un segundo le dio la bienvenida recibiéndolo con un abrazo de tal magnitud que Tony no pudo evitar sino sentirse en casa, completo, seguro, amado… fue ahí cuando Tony de verdad entendió lo que estaba pasando: no se encontraba en una noche más donde lo único importante era satisfacer sus bajos instintos, no se trataba de una señorita cuyo nombre no se molestaría en recordar a la mañana siguiente, se encontraba justamente con su otra mitad, con aquel que había robado sus sueños y detalles desde ya hace mucho tiempo, a aquel al que quería dedicarse en cuerpo y alma de ahora en adelante.

El calor del cuerpo de Steve no hizo más que provocar aún más a Tony, el cual habiéndose decidido completamente a lo que estaba por ocurrir retomó la sesión de besos y caricias a la que ya se había vuelto adicto, Steve no hizo más que seguir esa corriente eléctrica que lo llevaba a desear que nunca terminara esa velada. Sin darse cuenta del todo el Capitán empezó a perder la delicadeza con la que hasta el momento había tratado a su homologo vengador, a medida que su lengua probaba a Tony no podía sino desear más y más de él, un poco más fuerte, un poco más intenso, deseaba tener el control total de cada uno de los gemidos de su compañero.

Tony dio cuenta inmediatamente de este cambio, sin embargo algo dentro del él se encendió aún más, jamás había sido tratado así, jamás se había sentido tan cachondo como en ese momento; con cada caricia por parte de Steve en su espalda desnuda, con cada beso que el rubio repartía por su cuello, con cada apretón en sus glúteos por parte de las manos impacientes del soldado, Tony sentía que llegaba al éxtasis.

Difícilmente las cosas iban a poder seguir así por mucho tiempo, ambos hombres estaban embriagados con la compañía del otro, sus instintos les decían que aún había mucho más camino por recorrer así que la iniciativa la tuvo Steve; tomó a Tony de la cintura y lo levantó con facilidad para recostarlo en la cama, acto seguido recobró su postura y comenzó a desabrocharse el pantalón, primero removió el seguro de su hebilla con algo de impaciencia, después desabrochó el botón de sus jeans y bajó completamente el cierre de los mismos, lo que Tony presenciaría lo dejaría marcado de por vida: al bajarse los jeans hasta el suelo Steve dejó ver un perfecto trasero blanco y redondo remarcado por un suspensorio de color azul rey que contrastaba perfectamente con lo blanco de su piel y lo rosado de sus pezones, sin embargo algo que saltó también inmediatamente a la vista del filántropo fue la erección que luchaba fervientemente contra el suspensorio, si bien Tony nunca había tenido complejos con relación al tamaño de su pene, Steve Rogers ponía en tela de juicio cualquier breve momento de orgullo.

Tony había fantaseado durante meses con lo que estaba oculto por debajo de los pantalones de Steve y sólo dios sabe cuantas noches Tony dedicó sus masturbaciones a la fantasía de poner presenciar lo que justo en estos momentos estaba contemplando.

─ ¿Qué te parece Stark? ¿Quieres probar un poco de la capipaleta? ─ Tony estuvo a punto de arruinar el momento con una risa burlona por el mal juego de palabras que Steve acababa de hacer, sin embargo sabía en el fondo que eso era precisamente lo que había estado pidiéndole al universo desde que le dio el primer beso a su Capitán América.

Ni lento ni perezoso Tony se reclinó completamente sobre la cama para quitarse sus pantalones propios, ni siquiera Pietro Maximoff hubiera realizado tal hazaña a la velocidad en la que Tony lo hizo, posteriormente se hincó a manera de que quedaría a la orilla de la cama con sólo un objetivo en la mira, pobre ingenuo él que pensó que las cosas saldrían a pedir de su boca.

Justo a dos centímetros de liberar el miembro de Steve de su prisión de tela deportiva Tony fue detenido por las manos fuertes y rudas de su ahora amante quién de una manera autoritaria le dijo:

─ Aún no te has ganado tu premio, primero quiero que te des la vuelta ─ Tony no sabía del todo que era lo que estaba pasando ¿acaso era ese el mismo tierno y caballeroso Steve del cuál todos habían escuchado hablar? Aún no estaba seguro de la respuesta pero si estaba seguro de algo, le gustaba esa fase de su cómplice y no estaba dispuesto a increparlo de ninguna manera.

Tony se limitó a obedecer y le dio la espalda a Steve quien de un movimiento brusco pero certero lo acercó hasta el filo de la cama para después colocarle el rostro pegado al colchón a la vez que lo acomodaba de la cintura para dejar su trasero bien alzado de manera que Tony tuvo que apoyarse con ambas manos sobre el colchón si no quería terminar con una torticolis que lo atormentaría durante algunas semanas,

─ Vaya, vaya ¿qué tenemos aquí? ─ preguntó Steve inquisitivo y sarcástico al mismo tiempo.

─ ¿En verdad necesitas preguntarlo? Si quieres puedo dibujarte un ma… ─ intentó contestar Tony sólo para ser detenido al final de su oración por las ásperas manos de Steve que ya estaban explorando lo que había por debajo del ajustado brief de Stark, Tony solamente pudo temblar ante la sensación de ser tocado por aquel par de manos tan pervertidas que lo recorrían como si se tratara de un exquisito manjar de uno de los restaurantes más caros del mundo.

Tony intentaba desesperadamente abandonar la posición tan poco práctica en la que Steve lo había acomodado sin éxito alguno, ya que cada que quería hacerlo el adonis interrumpía su jugueteo para volverlo a acomodar, Tony sentía como cada forcejeo lo volvía más y más sumiso ante la dominancia de Steve, cada masaje que recibía su pene por parte de las manos del soldado lo hacían liberar líquido pre seminal al punto de morderse los labios para no correrse.

─ Creo que llegó la hora.

─ ¿Llegó la hora de qué? ─ preguntó Tony en voz baja, sólo para ser respondido por el sonido de su brief siendo roto por la parte trasera a manos del rubio.

─ La hora de que seas completamente mío ─ respondió Steve en un tono que provocó en Tony un escalofrío que lo recorrió desde la nuca hasta el trasero. Stark no sabía lo que le esperaba y en realidad jamás estaría listo para lo que iba a pasar, lo siguiente que supo al sonido de su brief siendo destruido por Steve era que su lengua se encontraba recorriendo todo su trasero, subiendo y bajando a ritmos impredecibles, succionando y dilatando su entrada poco a poco.

Tony jamás había experimentado algo así antes, por su mente revoloteó sólo por un instante la interrogante de cómo es que Steve sabría esas técnicas, no obstante ese pensamiento se fue completamente al olvido mientras el patriota seguía con su labor, a la par que tenia que lidiar con la hábil lengua que en esos momentos lo estaba haciendo gemir como un virgen, comenzaba a sentir los arrebatos de las ahora ocupadas manos de Steve que lo tomaban firmemente de los glúteos para estrujarlos o simplemente para darle unas nalgadas.

Inconscientemente Tony comenzaba a mover la cadera con más y más ritmo, quería provocar a Steve de maneras que jamás pensó él podría hacerlo, comprobó su éxito cuando sintió como la lengua de Steve dejaba de explorar la zona externa de su trasero para comenzarlo a preparar internamente, sentía como su ano era humedecido con la saliva del grandulón, cada embestida de esa lengua significaba un placer indescriptible. Lo que más estremecía a Tony era la habilidad de Steve para estimularlo de esa manera sin olvidarse de su pene y sus testículos, que jamás dejaron de recibir atención por parte de Rogers, la técnica empleada para estimular cada parte era perfecta. Tony siempre tenía cuidado de mantener su vello púbico al ras ya que el consideraba que era la manera más atractiva de que sus parejas sexuales lo disfrutaran, y estaba agradecido con la vida de tener esas ideas ya que gracias a eso el masaje y caricias que recibía eran completamente percibidas hasta lo mas profundo de su sistema nervioso.

Por su parte Steve no quería perder detalle de lo que estaba haciendo; sólo en sus sueños húmedos más salvajes había realizado tales acciones, no quería olvidar cada ángulo, cada rincón, cada sensación. Estaba explotando al máximo el punto más débil de Tony y no iba a dejar pasar una oportunidad como esa.

Fin del Capítulo 2.