Beats Hunter
Capítulo II
– Isabella... –
Conozco esa voz. Podría reconocerla en cualquier parte; una voz profunda, varonil, áspera y muy tenebrosa. Es la voz de mi salvador, pero también es mi verdugo.
– Si de verdad quisieras hacerlo, ya habrías saltado –
No puedo evitar la mueca de dolor que atraviesa mi rostro. De cierto modo, y muy en el fondo se que tiene razón. Suspiro y me alejo un paso de la orilla... del límite de mi vida, o más bien el de mi muerte. Me doy la vuelta para encararlo.
– James –
Mi voz no demuestra nada. Ni alegría, ni enojo, tampoco tristeza. Ni siquiera denota reconocimiento. Nada... justo como siempre.
– Tenemos trabajo nena – no me muevo. El suspira – Bella escúchame, se cómo te sientes. Tú sabes que ella también me lastimó, y tú más que nadie sabes cuánto quiero encontrarla y matarla –
Siento un latigazo de euforia azotarme la columna, puedo sentir como me recorre poco a poco el cuerpo entero. Pensar en matarla, en cumplir mi promesa. Simplemente perfecto.
– Pero mientras no la encontremos debemos cumplir nuestro trabajo. Encontramos un grupo pequeño, no será problema –
– ¿Me veo con ánimos de cazar James? – no me contesta, ambos sabemos que aún cuando proteste lo haré. Suspiro, molesta con él y conmigo – ¿dónde? –
James sonríe, a pesar de lo que hizo y sigue haciendo por mí, todavía me da escalofríos esa sonrisa.
– A unos kilómetros del río cerca del bosque. Al que casi nadie va, aunque supongo que no te sorprende – me da la espalda mientras avanza de vuelta a la casa. Al hogar de los cazadores.
– No... No me sorprende – susurro, mirando por última vez mi tercera oportunidad de acabar con mi vida.
. . . . . . . . . .
Llego hasta mi moto y veo a James alejarse en la suya de camino a la gran casa. Me subo a la máquina y comienzo el corto camino, casi sin ser consciente de lo que hago. Siento el viento azotarme el rostro y los brazos desnudos.
Llego al gran edificio, antes era una escuela o algo parecido. Ahora lo es, sólo que no aprendemos de biología, idiomas o literatura. Después de lo que yo viví, me parece que lo que aprendemos aquí es mucho más importante que lo que enseñan en las escuelas comunes.
El edificio es un lugar enorme, o al menos a mi me lo parece. Tiene dos plantas: en el segundo piso sólo hay habitaciones, aunque hay más de las que podría contar, nunca las he visto todas ocupadas. En el primer piso esta la gran sala, una enorme cocina, el cuarto de armas y la habitación de entrenamiento. Es un lugar extraño: elegante y aterrador al mismo tiempo, todo sombras y grandes pilares, anguloso y con una personalidad lúgubre. Si tuviera que describirlo en una palabra seria tétrico, simple y sencillamente tétrico.
Dejo la moto fuera y entro a paso lento, disfrutando un poco de la sensación de la tierra y piedras destrozarse debajo de mis zapatos.
Atravieso la gran sala, camino por el pasillo en donde están las puertas del cuarto de entrenamiento y enfrente el de armas. Escucho ruidos, jadeos, risas y el chocar de cuerpos contra las paredes; no veo quien entrena, pero no me detengo para averiguarlo. Si no estoy de humor para cazar, mucho menos para ayudar con los entrenamientos.
Llego a las escaleras y subo pensando en cazar. Tengo que concentrarme y alejar de mi mente todo lo demás si quiero que todo salga bien. Así me entreno James y hasta ahora soy la mejor cazadora después de él. Llego a la puerta de mi habitación, escucho pasos acercándose a mí.
Nunca he entendido como soy tan diferente. Porque tengo un oído tan agudo, porque soy más fuerte y rápida que las otras chicas, incluso antes de todo esto siempre he sido... diferente.
James dice que simplemente llevo sangre de cazadora, y que con cada latido de mi corazón se hace más fuerte. No le creo. Sé que esconde algo sobre mí, algo muy importante.
– Bella – se por su tono que está molesto y preocupado. No volteo, sólo abro la puerta y entro a mi habitación, sabiendo que me sigue.
Todas las habitaciones son iguales: una cama de tamaño mediano pegada a una de las paredes, un pequeño ropero en la pared contraria y junto a la cabecera de la cama hay una puerta que da a un pequeño baño. Es justo lo que traen todas las habitaciones cuando llegas aquí, después de eso cada persona puede incluirle lo que le venga en gana. La mía permanece justo como me la dieron, excepto por mi ropa y algunas pertenencias, cualquiera diría que nadie vive aquí.
– Tienes que prepararte para la cacería Jake –
– ¿Dónde estabas? Vine a buscarte temprano pero te habías ido –
No le contesto, ambos sabemos dónde estaba.
Jake es lo más parecido que tengo a un amigo. Me conoce mejor que nadie y aún así no sabe nada sobre mí. Ambos llegamos aquí el mismo día, ambos con historias diferentes. Ambos... solos.
– ¿Porqué lo sigues intentando Bella? ¿No eres... – no termina la pregunta.
Siento como empieza a hervir mi sangre.
– ¿No eres feliz? Es eso lo que ibas a decir – arrojo violentamente mi ropa sobre la cama y volteo para encararlo – ¿Parezco feliz Jacob? Me despierto todas las noches gritando, llorando y temblando porque la veo a ella descuartizando feliz a mi familia frente a mis ojos. Me levanto todos los días rogando porque esto sea solo una maldita pesadilla. Deseo que todo sea como antes, y que yo vuelva a ser una hija... una hermana. Me voy a la cama cada noche deseando morir para poder acabar con este dolor. Vivo todos los días como una cazadora de esos monstruos pero no importa a cuantos mate, no importa lo buena que sea en esto... nada me devolverá mi vida, nada –
Veo como su mirada se suaviza. Me enfurezco aún más.
– ¡NO TE ATREVAS A SENTIR LÁSTIMA POR MI JACOB BLACK! – me lanzo hacia el tirando golpes con mis manos, en un vano intento por lastimarlo.
Me toma fuerte de las muñecas para detenerme y de pronto me las suelta y me abraza. Dejo mis brazos a mis costados, no le devuelvo el abrazo simplemente porque no había tenido la intención de abrazarlo.
– Lo siento Bells. Lamento si te hice sentir mal y lamento que te sientas así siempre. Pero no eres la única a la que le destrozaron la vida ¿sabes? –
Entonces le respondo el abrazo porque sé que tiene razón. A todos los que estamos aquí nos quitaron lo que más amábamos. Nos robaron la vida.
Aún abrazados comienzo a llorar de modo silencioso, siento las gruesas lágrimas correr por mi rostro, pero no me rompo. Jake me abraza más fuerte, sabiendo que no sollozare, gritare o me pondré histérica delante de él o de nadie; sólo lloro, para sacar un poco del dolor que siento con esas lágrimas.
Nos separamos después de un momento. Me sonríe abiertamente y con sus pulgares limpia los restos de mis lágrimas, mientras yo sólo sonrío un poco. Sólo un pequeño movimiento en una esquina de mis labios. Un vestigio de sonrisa falto de alegría que nunca llega a mis ojos. Es lo más parecido a una sonrisa que cualquiera me haya visto... al menos cualquiera que aún esté con vida.
Jake me deja sola y no necesito seguirlo para saber que estará en su habitación, preparándose para nuestra cacería. Tomo un conjunto de ropa interior y entro a mi baño para darme una ducha rápida, intento dejar de nuevo mi mente en blanco.
– Cazar y matar – me repito en voz baja, saliendo del baño – sólo cazar y matar. Nada más importa, cazar y matar, sólo eso –
Para mi cazar es como estar en trance, no debo pensar o sentir. Sólo me dejo llevar, con la única idea de encontrar a esos monstruos y matarlos.
Me pongo el uniforme, por llamarlo de algún modo: un pantalón ajustado a la cadera, una playera de mangas cortas y cuello V, y una chaqueta encima. El pantalón y la chaqueta son de un material extraño, parecido al cuero pero mucho más resistente. Y para acabar el conjunto, unas botas largas, hasta la rodilla. Todo el conjunto es color negro y muy ajustado, si no fuera tan flexible resultaría incómodo.
Me paro frente al espejo, parezco otra persona. En realidad soy otra persona, no soy la Bella que vivía con su familia y sonreía en todo momento. Ahora soy alguien a quien yo misma no reconozco.
Aun frente al espejo recuerdo un día en que James me dijo que me veía sexy con mi uniforme de cazadora; supongo que tiene razón, la ropa ajustada marca mis curvas a la perfección, pero la falta de vida en mis ojos hace que toda apariencia de belleza en mí desaparezca. Además, el que James me dijera aquello me hizo sentir extrañamente incómoda y asqueada.
Me reprendo mentalmente, no debería estar pensando en esto. Salgo de mi habitación aún revisando que no olvide nada, no puedo llevar encima armas demasiado evidentes… Yo soy el arma.
– ¿Estas lista? –
– Supongo Jake – me encojo de hombros restándole importancia.
– Vamos entonces –
Bajamos las escaleras a paso normal. Quienes nos ven pasar nos sonríen o desean serte.
Salimos, ya está un poco oscuro, pero no tanto como para perderlos de vista mientras los cazamos.
James, Ian, Laurent, Jared, Natalie, Jake y yo; si somos tan pocos deduzco que de verdad es un grupo pequeño.
– ¿Están listos? – "si James" responden. Yo no contesto, ni siquiera lo estoy viendo. Permanezco con el grupo pero mi mente está muy lejos de aquí.
– Bien – continua – el grupo es sólo de tres: un hombre y dos mujeres. Bella será la carnada –
– Qué novedad – murmuro, James me ve de mal modo, sólo lo ignoro.
– Quiero que te acerques y nos dejes emboscarlos. Hazles creer que estas perdida y necesitas que te ayuden, o tal vez... –
– No es la primera vez que hago esto James – se queda callado y me ve como esperando que diga algo más. Suspiro – ¿Heridas? – el sonríe de modo cruel y asiente – Súper – contesto sarcásticamente.
Cada uno se sube en una moto, excepto Jake y yo que vamos juntos. Todos sabemos que si habrá heridas de por medio, no podré conducir yo sola de vuelta.
Jake sube y yo lo hago detrás de él.
– ¡No deberías dejar que te tome de carnada siempre! – me grita, para poder escucharlo a través del viento que nos azota mientras conduce.
– ¡No importa Jake! – grito de vuelta.
– ¡Debería! – se queda callado. No digo nada, se que aún no termina – ¡Ya perdí la cuenta de las heridas que te has hecho en el cuerpo siendo la carnada! –
Sonrío un poco, esta vez con genuina diversión.
– ¡No sabía que llevaras la cuenta! – siento su espalda pegada a mi pecho relajarse un poco – ¡Eso sueno un poco depravado Jake! –
Siento como su espalda tiembla suavemente debido a la risa. Sin ser muy consciente rio un poco junto con él.
Nos detenemos más o menos a medio kilómetro de donde supongo están ellos. Nuestras risas se acaban y de nuevo veo como Jake aprieta la mandíbula y se tensan los músculos de su espalda y también sus hombros.
James se acerca a mí.
– ¿Lista nena? – evito una mueca de repugnancia para que no se lo tome a mal. Simplemente inicio.
Me quito la chaqueta y la arrojo sobre la tierra, cerca de mis pies.
Saco de una de mis botas un cuchillo de tamaño mediano. El mango esta forrado de cuero negro y en la hoja tiene grabado Bella. Es el primer cuchillo que James me dio... El primer cuchillo con el que maté a uno de ellos.
Escucho un ruido extraño, algo entre un gruñido y un quejido; volteo y veo a Jake con la vista fija en James, como esperando a que me detenga. A estas alturas ya debería saber que James no me detendrá, al contrario.
Hago un corte en la cara interna de mi antebrazo izquierdo; no tan profundo como para morir en segundos, pero lo suficiente como para sangrar notoriamente. Siento la característica y muy conocida textura del metal adentrarse en mi piel, puedo sentir el dolor conforme la hoja va deslizándose en mí, incluso siento como mi piel sede y se abre poco a poco. Siento el calor de la sangre comenzar a recorrer mis manos, y su olor metálico y salado adentrarse en mis fosas nasales.
Un pequeño hormigueo me recorre el brazo, pero sé que es normal, es un indicio de que me estoy desangrando.
James se para frente a mí, toma mi cuchillo y limpia la sangre con un trozo de tela, para después poner el arma de vuelta en mi bota.
– Déjame ver – es Ian.
– Una herida perfecta – me alaga Laurent.
– Definitivamente. Cada día eres mejor Isabella – tercia Natalie con orgullo ajeno en la voz.
– Como sea ¿Podemos acabar esto de una maldita vez? No lo tomen a mal, pero no es cómodo hablar mientras te desangras ¿saben? – hago una mueca. El brazo está comenzando a molestarme en serio.
James me toma de los hombros y me hace ver en cierta dirección... Hacia lo profundo del bosque.
– Justo en esa dirección nena, encontrarás una cabaña, ese es el lugar –
– Bien –
No espero nada más y corro hacia el lugar que me indica. Mantengo mi herida semi-cubierta con el pedazo de tela que James usó para limpiar mi cuchillo.
Aún siendo rápida, no puedo evitar que mis pulmones ardan un poco por la falta total de aire. Siento la boca seca y el olor a sangre que es cada vez más fuerte, abarca todo el aire a mí alrededor.
No pasa mucho tiempo cuando ya puedo ver la cabaña; siento mi corazón latiendo a toda velocidad, probablemente ya saben que estoy aquí. Aún así no salen.
Aminoro el paso poco a poco hasta que me detengo a sólo unos metros de la cabaña. Me recargo en un árbol, en parte necesitándolo y en parte actuando. Muy, muy a lo lejos puedo escuchar vagamente el rugir de las motos, y aunque sé que ellos tienen un excelente oído, sé por experiencia que estarán tan distraídos conmigo que ni siquiera notaran al resto.
– ¡Ayuda! – medio grito, mi voz suena asfixiada y con un toque quebrado. Justo el tono que alguien tendría en mi supuesta situación.
Una de las mujeres sale, irrealmente hermosa como todos ellos. Sin intentar fingir me resbalo hasta caer al suelo, mientras el trozo de tela ensangrentado se cae junto a mí. Ahora lo sé, la caminata combinada con la herida no son la mejor idea del mundo.
La mujer se acerca dos pasos, debía tener unos 30 años cuando murió; tiene el cabello rubio y muy corto. Me ve y hace una mueca como de sorpresa y preocupación... o es mucho mejor actriz que yo, o de verdad está preocupada por mí.
Me maldigo mentalmente, son monstruos, jamás se preocuparán por nadie.
– ¡¿Qué te pasó querida? – su voz es dulce al grado de empalagosa.
– Tu-tuve un accidente mientras an-andaba en el bosque – agacho la mirada – estoy herida – suelto con voz queda, dulce e inocente.
Aún mantengo oculto mi brazo herido entre el árbol y mi cuerpo. No debo provocarlos demasiado, al menos hasta que escuche las motos más cerca.
La chica rubia se acerca un poco más a mí, yo levanto sólo un poco la vista a tiempo para ver a los otros dos salir, y es el momento preciso en el que escucho el ruido de las motos más fuerte... Es tiempo.
Me levanto del suelo con un poco de dificultad. Mantengo mi brazo relajado, lo estiro un poco al frente, como señalando en alguna dirección. Siento de nuevo ese hormigueo recorrerme desde el hombro hasta la punta de los dedos cuando le doy la vuelta a mi brazo, de modo que la herida quede expuesta, a la vista de todos.
Escucho tres gruñidos profundos, parte lamento y parte exigencia por mi sangre; veo tres pares de ojos fijos no en mi rostro, sino en mi herida abierta y latente.
Sonrío de modo siniestro.
Siento nuevamente mi sangre recorrer libremente mi piel; desde mi herida, a la muñeca, entre mis dedos, hasta verla cayendo en el suelo en grandes y constantes gotas.
La chica que está más cerca de mí intenta atacarme, es entonces cuando mi cuerpo se pone alerta y reacciono. Ella se lanza sobre mí, en un rápido movimiento la empujo hasta que acaba en el suelo; saco el cuchillo de mi bota y antes de que algo más ocurra, corto su cuello. En menos de lo que dura un parpadeo su cuerpo permanece inerte en la tierra y, al contrario de cómo ocurre en las películas que antes me gustaban, su cuerpo comienza a desintegrarse a un ritmo normal... con calma.
Volteo aún con el cuchillo en mi mano.
– ¿La quieren? – les pregunto a los dos que aún están vivos, mientras agito mi brazo herido en su dirección – La casa invita – susurro de modo macabro.
El hombre corre hacia mí justo cuando Jake lo intercepta montado en su vehículo. Mi amigo lanza su cuchillo estilo espada hacia el hombre, el arma le atraviesa el pecho y se encaja en un árbol, dejándolo inmóvil sobre él. Su cuerpo permanece entre la hoja del arma y el grueso tronco del árbol.
Echo una mirada rápida a la cabaña, los demás se encargan rápidamente de la otra mujer.
Troto con un poco de dificultad hasta estar cerca del monstruo, él intenta quitar la espada de su cuerpo, su mano se quema cuando toca el instrumento. Baja la mirada y ve como la piel entorno a la filosa hoja comienza su dulce y tortuoso proceso de eliminación.
– ¡Maldición!... – ruge molesto.
– Todo lo contrario parasito – inclino un poco mi cabeza, como si estuviera hablándole a un animalillo moribundo – Tengo una pregunta para ti. Si contestas tal vez te deje vivir...Mas bien, tal vez te mate de modo más rápido y menos doloroso –
– ¡MUERETE PERRA! – sonrío por su comentario y contemplo con cierta alegría como sus ojos se agrandan por la sorpresa.
– Respuesta equivocada sangsue – levanto el cuchillo que aún tengo en mi mano y lo encajo en su cuerpo, muy cerca del arma de Jake.
– ¡ZORRA! – no contesto. No importa lo que él diga; no me interesa o importa nunca lo que ellos digan. A menos que sea algo que yo pregunte.
Me acerco a su oído con cierta repugnancia y susurro la misma cosa que he preguntado todos estos años a los de su especie.
Su ceño se frunce debido a la confusión, no necesito que hable para saber lo que responderá.
– No. Pero t... –
No termina de hablar cuando su cabeza ya no permanece unida a su cuerpo. James está junto al inmóvil cuerpo, con su enorme cuchillo estilo guillotina en su mano izquierda.
– Terminamos – suelta con voz serena pero firme.
– Intentaba sacarle información – aprieto los puños con fuerza, invadida por la furia.
– Creo que no sabía nada nena. Terminamos, hay que volver a casa – con eso finaliza la discusión. Toma del cuerpo degollado mi cuchillo y me lo tiende.
Se lo arrebato de un manotazo y comienzo a caminar en dirección contraria al grupo, me voy adentrando más al bosque.
– ¡Bella! – escucho como Jake me llama, comienzo a correr más rápido.
–...volverá...– es lo último que escucho decir a James.
Sigo caminando, veo grandes árboles, plantas, pasto, hojas caídas por doquier.
. . . . . . . . . .
Llevo más de dos horas caminando, doy un paso tras otro cada vez más lentamente. Aún tengo la herida en el antebrazo, desangrándome y matándome poco a poco pero de forma constante.
Me siento muy débil, y a pesar de que el brazo me duele horrible, duele más mi corazón. Cada que cazo a esos monstruos recuerdo el momento en que la conocí. Recuerdo a mi difunta familia, como era tan feliz con ellos... recuerdo cuando todo mi mundo acabó. Y sin poder evitarlo, cada que los cazo, me siento como si fuera una de ellos, un monstruo... una asesina.
Mis ojos se llenan de lágrimas. No me preocupo mucho por eso, nadie me puede ver romperme como lo estoy haciendo justo ahora; tal como me rompo siempre después de una cacería.
Las lágrimas borran por completo mi visión, hasta que tropieza con una piedra grande. Me caigo de rodillas al suelo; no hay sonido alguno, excepto mis quedos y bajos sollozos.
La única iluminación que hay es la tenue y plateada luz de la luna llena, que se filtra en rendijas a través de las ramas de los árboles y las hojas en ellos. Me quedo callada y muy quieta por un momento, tomando apenas consciencia de lo silencioso y quieto que esta todo en el bosque desde hace un momento.
Algo anda mal, en los bosques hay ruidos o movimientos a cada momento... no es normal tanto silencio. Escucho de pronto un ruido, como el sonido del quebrar de ramas y hojas al pisarlos.
Levanto la vista y entonces lo veo...
[...Don't punish me for being myself,
Don't blame me for who I am,
You always knew...
That I'm just a Beats Hunter...]
* Sangsue: Sanguijuela (en francés).
Son lo máximo, las amo, las adoro y ¡Soy su Fan!
¡Espero nos leamos pronto!
¡Besos de vampiro... de lobito y abrazos de Emmett para todos!
Atte:
..dayaaBlack...
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