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Habían pasado tres semanas desde esa madrugada en la cual mis sentimientos me acorralaron y me hicieron huir de él. Jen no había hecho ningún intento de comunicarse conmigo, muy por el contrario de Ryo, que a veces llegaba a ser demasiado insistente, pero aquello me causaba gracia más que molestia.
Akiyama seguía pidiendo que saliéramos y aunque me sentía físicamente atraída hacia él, no era lo que yo estaba buscando, me sentía más culpable y vacía que antes y yo lo sabía, estaba intentando tapar el sol con un dedo. Cerré los ojos fuertemente y traté de concentrarme en el beso que Akiyama me estaba dando, pero todos mis intentos fueron infructuosos, porque yo seguía pensando en Jen, pero no quería ceder ante ese sentimiento, pero fui muy clara con Ryo cuando me pidió algo más formal, lo que él no se tomó demasiado bien.
El cumpleaños de Takato se acercaba peligrosamente y junto con eso el día en que no habría manera de poder evitar el encuentro con Jen, y el sentimiento que aquello me provocaba era dudoso, porque quería verlo y también quería evitar aquella reunión todo el tiempo que fuese posible. El día finalmente llegó y tuve que ir más temprano por solicitud de Juri y cada vez que oía que llegaba alguien mi corazón se detenía ante la anticipación. Takato comentó de paso que Ryo no podría venir, pero que había enviado sus saludos y aquello apaciguó mi ansiedad de cierta manera. No se me antojaba demasiado tener a Akiyama y a Jen rondando en el mismo lugar. Comenzaba a hacerse tarde e internamente no paraba de cuestionarme si acaso él vendría, ya que ya que estaba ahí, me había hecho ya la idea y quería verlo. En el único momento en el que me distraje, de pronto me paralicé al oír su voz y me forcé a mi misma a no mirar hacia el lugar en el cuál yo sabía que él estaba. Comencé a sentir que el lugar se hacía pequeño a medida que escuchaba sus pasos acercarse hacia donde yo me encontraba. Me estremecí cuando lo vi de reojo a mi lado y me faltó el aire cuando me saludó, se acercó y tomó un vaso que estaba a mi lado, volviendo con Takato una vez que llenó el recipiente de un contenido del cuál no estaba segura de lo que era, pero oí perfectamente que Hirokazu lo molestaba por haber llegado tarde y que mencionaba además el un nombre de una chica que yo desconocía, y yo no quise seguir escuchando más y me alejé de ellos hasta donde no pudiera oírlos. No conocía demasiado bien las reglas sociales y no estaba segura en qué momento mi visita podía llegar a su fin sin que se prestara para comentarios, pero yo ya no quería estar ahí, no con él tan cerca y tan distante a la vez. Le avisé a Juri que me marchaba, y parece que ella se dio cuenta de cuánto quería irme, porque no me cuestionó la decisión. Extraño viniendo de ella. Sin que nadie se diera cuenta ella me entregó mi chaqueta y me acompaño a la puerta dándome un abrazo a raíz de nada que ella no supo cuanto necesitaba en ese preciso momento, ni cuán confortable fue recibirlo.
Comencé a caminar para dirigirme a mi casa y sentía que no estaba en esa ruta sola. Una añoranza del pasado se hizo presente y se me hizo un nudo en el estómago al pensar en ella, que siempre velaba por mí. Desvié mis pensamientos, no porque quisiera olvidarla, sino porque era aún era demasiado reciente y recordarla dolía. La extrañaba tan intensamente como el día en el que se tuvo que ir. Empecé a caminar más rápido y los pasos atrás de mí se escuchaban más cerca. Me armé de valor y miré sin poder creer lo que veía; Jenrya dirigiéndose hacia mi dirección. Él comenzó a caminar a mi lado en silencio. Me preguntaba hasta donde me acompañaría, pero cada vez que pensaba que él me dejaría, seguía justo a mi lado, hasta que comprendí que él me acompañaría hasta que llegara a casa. Quería decirle algo, lo que fuera, pero antes de notarlo ya nos encontrábamos frente a mi casa. Él no se despidió y siguió su camino y yo observé cómo se alejaba. Un sentimiento de pérdida se apoderó de mi y no pude evitar rememorar a mi padre, con el cual nunca volvió a ser la misma clase de relación una vez que se fue… y luego estaba Renamon… no obstante la gran diferencia era que yo aún veía a Jen, que estaba casi doblando la esquina, y fue cuando comencé a correr en su dirección. Lo único que pensé en ese momento era que a él si lo podía alcanzar, si era lo que realmente quería. Lo abracé por atrás y él se liberó de mi abrazo, pero segundos después me atrajo hacia él y me rodeó tal como lo había hecho yo con él antes. Busqué su boca y sin demorarme demasiado la encontré, y fue cuando voluntariamente apagué mi cerebro y me dejé llevar por lo que realmente quería, y era estar con él sin pensar en que tal vez mañana pudiera salir lastimada. Su respiración agitada, su ansiedad y su inseguridad acerca de dónde podía o no tocarme la pude adivinar, al intentar posar sus manos en distintos lugares y no detenerse en ninguno. Lo incité a que se apoyara en el muro, empujándolo hacia el y él lo hizo, en ese momento fue cuando él pudo bajar a mi altura sin que le fuera necesario esforzarse agachándose. Ninguno se animaba a hablar, pero creo que estábamos tan juntos que no había espacio ni siquiera para las palabras. Jen volvió a erguirse y me dejó a mi apoyándome en el muro en esa oportunidad y me levantó bruscamente, separando mis piernas e instalándose él en el medio. Me puso nerviosa la posición, porque sentía el peligro en ella, pero a la vez me gustaba más de lo que me asustaba. Jenrya me besaba demandantemente y los besos ya no estaban siendo suficientes para apagar lo que se estaba comenzando a despertar en mi interior, y sospechaba que en el de él tampoco, pero me incomodaba estar exhibiendo nuestro arranque de pasión en plena vía pública, aunque ya era de noche y en ese sector ni siquiera las almas penaban luego de cierta hora, temía que él pudiera interpretar mi repentina inhibición con rechazo o disgusto. No obstante me sobresalté al escuchar el sonido de mi móvil y observé la posición en la que nos encontrábamos. Él se separó lentamente de mí, sin quitar sus ojos de los míos, hasta que pude poner mis piernas en tierra nuevamente. El celular no paraba de sonar, sin embargo yo no quería contestar. Podía darme una idea de quién podía ser; nadie más tendría tan poco criterio como para llamar a esas horas, excepto Akiyama. El aparato finalmente se silenció, pero el momento se había roto.
Jen se acercó nuevamente a mí y creí – y lo deseé – que retomaríamos en dónde habíamos quedado, pero muy por el contrario Jen me miró de una forma extraña y salió corriendo y no tuve el valor ni la fuerza para impedirlo.
Una vez que llegué a mi habitación no podía evitar pensar en qué hubiese pasado si el móvil no hubiese sonado… si no hubiésemos estado en un lugar tan abierto. Sentí mis mejillas arder al darme cuenta de que si esa situación se hubiese dado en otro lugar era muy probable que las cosas hubiesen llegado a mayores… pero ¿por qué Jenrya huyó así? ¿Lo obligué de alguna forma? ¿Lo asusté? ¿Qué pensaba ahora de mí? Estaba enfrentándome a demasiadas cosas nuevas en lapsos muy cortos de tiempo y no sabía muy bien cómo debía actuar o qué se hacía en ciertas situaciones.
Desperté muy tarde esa mañana y por el olor que llegaba, mi abuela debía estar ya preparando el almuerzo. Salí a buscarla para protestar por no haberme despertado antes y la encontré en la cocina, tras reclamarle y ella ignorar mis alegatos, me volteé y me encontré a Jen sentado muy confortablemente y sus ojos me recorrieron entera y de pronto lo encontré mirándome embelesado justo a la altura de mi pecho, y noté que tenía el pijama corrido y se me veía un poco de piel que él nunca había visto, con lo que yo me sonrojé y traté de cubrirme instante. Lo miré y él desvió la mirada y yo aproveché para dejar el lugar. ¿Qué hacía él ahí? Sin embargo más que eso no podía quitarme de la cabeza la manera en cómo él se había quedado mirándome y una vez más sentí la peligrosidad de ese acto, pero volvía a tener la misma reacción ambivalente, y me vi a mi misma admitiendo que aquello me había gustado... y mucho.
Una vez ya bañada y vestida volví a la cocina y busqué a Jen con la mirada pero él no estaba y me decepcioné al no encontrarlo, aunque no quería verbalizar mis dudas porque no quería dejarme a mi misma en evidencia, pero mi abuela una vez más se encontraba un paso delante de mí y me respondió sin que se lo preguntara que él estaba en el baño. Al menos no se había ido y me costó trabajo aplacar la dicha interna que se apropio de mi ser en ese momento.
Terminamos de comer y sin que la esperáramos llegó mi madre de su última sesión de fotos en el extranjero, no sabía por qué pero cada vez que mi madre aparecía Jen se quedaba mudo. Suponía que él no era la excepción y le chocaba ver a una famosa modelo que aparecía en muchas portadas, publicidad y catálogos. Ya sabía yo que mi madre tenía ese efecto. Después de conversar un rato con ella mi abuela nos dijo que éramos libre de irnos si lo queríamos. Yo me levanté y Jenrya me siguió, y caminamos hacia estanque Koi.
—Cada vez que mi madre aparece te quedas mudo… ¿hay alguna razón?
—Tu madre es hermosa.
—Eso ya lo sabía.
—Cuando la miro solo pienso en cuánto te parecerás a ella en unos años.
Aquello no lo dijo mirándome a los ojos como me lo había dicho Ryo, no, de hecho ni siquiera me lo había dicho directamente como él, pero yo capté el cumplido escondido tras el mensaje y me sentí maravillosamente bien. Busqué su mano y la encontré, y él se acercó más a mí. Ya sabía lo que venía, se olía en el aire que nos besaríamos, ahí, en el jardín de mi casa, con mi madre y mi abuela no demasiado lejos y sin embargo yo solo quería volver a sentir su húmeda lengua acompasándose con la mía, deseo que no tardó más que un breve instante en volverse realidad. Mi cuerpo reaccionaba al suyo en cosa de segundos y nuevamente comenzó a originarse ese deseo que no se aplacaba con besos, sino que estos eran lo que combustible es para el fuego, porque lo que hacían era aumentar mi anhelo de más y más. Jen se inclinó más sobre mí y yo terminé recostada en el piso con él no encima, pero al lado y con una posición dominante, aún besándome sentí su mano izquierda en mi estómago, contacto nada extraño, hasta que su mano se coló por debajo de mi camiseta y sentí su mano directamente sobre mi piel. Abrí mis ojos un poco atribulada por la situación pero él se acercó más a mí y con su cercanía no dejó espacio para esos pensamientos cobardes que cada vez que estaba con él salían a relucir. Comencé a sentir su mano subir y recorrió mi cintura pausadamente a veces y otras menos reprimidas, y ahí se detuvo, no subió más, para mi desilusión. Dejamos de besarnos porque oímos unas maderas crujir como lo hacían cuando alguien caminaba sobre ellas y nos separamos como si alguno de los dos en esos segundos hubiese adquirido inesperadamente la lepra.
Después de componernos y de estar conscientes que lo mejor era mantener una distancia prudente, él me invitó a su casa. Jen era asiduo a mi casa, o lo era cuando no teníamos alguna discusión, pero la verdad a él no le gustaba invitar gente a la suya y a mí eso no me molestaba; siempre cabía la posibilidad de encontrarme con su padre y a mí no se me daba demasiado bien disimular. Comprendía que al padre de Jen no le quedó de otra y que él mismo había sufrido por lo que había hecho, sin embargo en mi infantil deseo de culpar a alguien por lo que había pasado, no podía evitar poner el rostro de ese señor al hecho de que Renamon, Guilmon, Terriermon y los demás ya no estuvieran con nosotros. Nunca se lo había dicho directamente, pero él no era bobo, y lo sabía sin necesidad de que se lo dijera.
—Voy a estar solo…
Tragué saliva. Esa era una invitación abierta que se prestaba para muchas interpretaciones… Si difícilmente podíamos controlarnos habiendo gente en los alrededores ¿Qué iba a pasar si nos encontrábamos completamente solos? Sentí una sensación extraña en la parte baja de mi cuerpo, no me molestaba, pero no dejaba de parecerme peculiar y me di cuenta de que estaba muy dispuesta a descubrir qué era. Estaba por responderle que sí, que quería ir con él, pero antes de poder manifestar mi aceptación, ese móvil endemoniado volvió a sonar y me dije a mi misma que debía recordar ponerlo en silencio… para siempre. No parecía una mala idea después de todo. Desganada fui a contestar y al mirar la pantalla, el identificador de llamadas revelaba un número que no esperaba. Contesté con un hilillo de voz, no podía evitar la timidez cuando hablaba con él. Medía y cuidaba cada una de las palabras que le eran dirigidas, no quería cometer errores que hicieran la ya frágil relación que teníamos terminara por romperse. Él quería verme, esa tarde, en una hora más para ser exacta y no pude evitar subir el tono de mi voz al querer rectificar el horario. Miré a Jen que desvió su vista y pude apreciar su enojo, pero no había nada que hacer, yo no quería declinar su invitación pero no sentí que tuviera otra opción. Dejé de mirarlo y seguí hablando para acordar bien la hora y el lugar y cuando corté la llamada y me volteé hacia Jenrya, le quería explicar que quien me había llamado era mi padre pero él ya no se encontraba ahí. Lo busqué pero no lo veía y cuando les pregunté a mi madre y a la abuela por Jen, y ellas me dijeron que él se despidió de ellas diciendo que había olvidado algo y que debía marcharse.
Estar con mi padre era lo menos natural del mundo. El silencio siempre nos rodeaba, a veces cuando empezábamos a hablar nos atropellábamos con las palabras porque comenzábamos a hablar al mismo tiempo y después ninguno hablaba. Quería a mi padre y yo sabía que él me quería, tenía lindos recuerdos de él antes de que mis padres se separaran, luego de eso la relación comenzó a estancarse hasta que dejó de fluir. Él no sabía cómo tratarme y yo no sabía cómo lidiar con él tampoco. Notaba como daba rodeos acerca de algo y yo quería decirle que no era necesario conmigo, pero después comprendí por qué. Él iba a tener un hijo con su nueva pareja y este iba a ser niño. Aquello fue una puñalada en mi corazón. Había algo acerca de la relación con mi padre que había sido un tópico sensible toda la vida; mi madre y él esperaban un niño y finalmente nací yo. Mi madre estaba feliz porque sería una chica finalmente, pero mi padre por otro lado nunca se repuso a la decepción. No supe en qué momento preciso fue que lo noté, pero fue cuando comencé a rechazar todos los vestidos que mi madre me regalaba, no me gustaban las muñecas y el rosado era literalmente el diablo. Después cuando veía a mi madre llorar tras la separación empecé a relacionar la emocionalidad con lo femenino y fue cuando terminé por desconectarme de mis propios sentimientos y llenando los vacíos obsesionándome con ser la mejor en algo. Algo que volví a recuperar y con mucho trabajo con Renamon. Yo me identificaba como chica, me sentía bien con mi cuerpo biológico… sin embargo me molestaba que esperaran de mi una conducta determinada o gustos específicos solo por pertenecer a un género. ¿Quién determinó que el rosado debía ser de las mujeres y el azul el color de los hombres? Mi padre esperaba mi respuesta, mientras yo divagaba en mi interior y solo lo felicité aún cuando pensaba que tan infértil había sido cuidar aquel frágil nexo y se terminaría por romper de todos modos. No mucho después nos separamos y tomó cada uno su propio camino.
Caminé sin saber a dónde ir. A casa ni hablar, mi abuela me conocía demasiado bien como para obviar mi comportamiento. Juri había dejado de ser opción y finalmente fui honesta conmigo misma y fui a casa de Jen, a quien quería ver realmente era a él. Lo necesitaba a él.
Me abrió la puerta la puerta aún cuando yo sabía que él no se había ido en buenos términos de mi casa, pero en ese momento no me importaba. Él relajó su expresión seria y distante cuando me vio y la cambió por una de preocupación. Sin mirarlo le conté todo, desde quién había sido quien había llamado, mis conflictos con la feminidad hasta de mi hermano nonato. Jen era un buen oyente, en ningún momento me interrumpió lo que agradecí porque así no perdí el hilo de la historia y las lágrimas comenzaron a surcar mis mejillas cuando terminé de contarle. Él se acercó y con sus cálidos labios emprendió una ruta por todo mi rostro, secándome las lágrimas. Eso me dio cosquillas y me provoco una risa entre nerviosa y de agrado y él me sonrió. Las lágrimas ya no salieron más, pero por otro lado la sensación extraña en mi zona íntima volvió a aparecer. No sé de dónde tomé el valor para hacer lo que hice, pero me quité la sudadera y la camiseta y quedé delante de él sólo en sostén. Él estaba atónito, pero no opuso resistencia alguna cuando le quité a él la delgada camiseta que estaba usando y me recosté sobre él, en el sofá de su living room. Sentir las manos de Jen tocándome la piel desnuda era maravilloso. Dejaba un rastro de calor por donde pasaba que los lados que no eran atendidos por él clamaban por tu delicado tacto, por otro lado me encantó el sabor de su cuello y me turnaba entre su boca y ese templado espacio que quedaba entre su cabeza y su pecho. No obstante cuando Jen finalmente me tocó los senos no fui capaz de hacer nada que no fuera concentrarme en sentir su toque. Él me tocaba tímidamente, inseguro de qué hacer o cómo debía proceder, pero el que solo me estuviera masajeando los pechos era ya muy placentero para mí. Quise desabrocharme el sostén, tuve el deseo loco y casi irrefrenable de sentir su húmeda lengua en mis pezones, pero él me detuvo en mi proceder. Me enojé, no quería limitaciones y menos de su parte, por lo que me levanté bruscamente e intenté colocarme la ropa que me había quitado para irme, pero él me detuvo, recogió mi ropa y la suya que estaban botadas en el suelo, se acercó a la entrada, tomó mis zapatillas y me guió a su habitación, puso el seguro y se cercioró que este estuviera bien puesto. Me invitó a su cama, pero antes me desabrochó y quitó el pantalón y él hizo lo mismo con el suyo, soltó mi pelo de su amarre también. Yo pensé que terminaríamos en lo que parecía evidente, pero me sorprendió al abrazarme y comenzó a hacerme cariño de una manera inocente, que distaba años luz de lo que habíamos compartido tan solo minutos antes. No era su intención excitarme, aunque de todas formas con sólo respirar por encima de mi nuca lo conseguía, pero comprendí lo que él quería, y era dormir, él quería consolarme y aunque me hubiese gustado haberlo hecho ese día, en ese momento, yo sabía – y él también- que no era la opción más adecuada. Cuando finalmente comencé a caer en el sopor del sueño, lo escuché decirme al oído algo que sanaría todos mis conflictos al respecto y nunca más serían un problema:
—Yo soy el más feliz con el que seas mujer, Ruki. Me encanta que no te guste el rosado y que aprecies las cosas que han sido determinadas como para ser utilizadas por hombres… si no fuera así, no te habría conocido.
Me quedé dormida ceñida a su cuerpo, relajadamente mientras el ritmo de su respiración me pareció un mantra.
No supe cuanto tiempo pasó pero desperté sola en una cama que claramente no era la mía. Estaba rodeada de computadores y lucecitas. Busqué a Jen y él no estaba. Miré el velador y observé que mi móvil se encontraba ahí y no recordaba haberlo puesto ahí, pero no pensé demasiado en eso. Con la mirada busqué mi camiseta y me la puse y no mucho después volvió Jen y su expresión no era la que recordaba y tuve un mal presentimiento.
—Ruki… no era mi intención revisar tu celular, pero al ver que no despertabas decidí escribirle un mensaje a tu abuela para avisarle que te estabas quedando con Juri… comprenderás que no podía llamarla pero no pude evitar ver que todos los mensajes que habían ahí eran de Ryo…
—¿Los leíste?
—No, nunca haría eso. Pero dime la verdad por favor ¿Sigues en contacto con él?
—Si.
—Además de las veces que presencié… ¿lo has besado otras veces?
—Si.
Jen bajó la cabeza. Mis respuestas lo estaban lastimando y para empeorar la situación, en el peor momento, mi celular comenzó a vibrar y prender su luz; Akiyama hacía su desatinada llamada nocturna en ese preciso instante. Yo no sabía dónde meterme y cuando observé la mirada furiosa de Jenrya dirigida hacia mí y poco después abriendo la ventana y lanzando mi celular por esta supe que estaba a poco de conocer su lado B.
Espero saber que opinan hasta ahora, me daría mucho gusto saberlo
Me encanta Ruki, es por lejos el mejor personaje femino de Digimon (sólo he visto las 4 primeras y en eso me baso)
