Por hacerte feliz.
Notas: Bien, como ya lo dije, el fic en realidad era un gran Oneshot, pero como hay partes que casi borré por completo y tuve que diagramarlo entero otra vez, bien… Lo fui seccionando para no perderme. Así es como va quedando.
Fecha: 11/04/2009
Beta Reader: Pleasy Stay.
Disclaimer: Todo lo referente a Saint Seiya pertenece a MasamiKurumada y a la Toei.
Por hacerte feliz.
Capítulo 01.
Ahora estoy parado frente a una puerta que en realidad no estaba dispuesto a tocar, por más que por dentro me muriera por hacerlo.
La campanilla tocacon su estridente sonido, y espero… Sin tener noticias de que hubiera alguien dentro. Podría estar ocupado, o muy dormido, por más que fuera casi medio día… Tal vez estaba con alguien y no podría atenderme por más que quisiera. ¡Y yo parado aquí, como un imbécil!
Sin embargo no me voy. Vuelvo a tocar una y otra vez, hasta que oigo algo del otro lado de la puerta.
«¿Quién es?...»
La voz de Hyoga suena como si hubiese despertado después de dormir durante una semana entera…
«¿Quién es?...»
… Y para colmo, el japonés no se le entiende cuando recién despierta.
—Hyoga, soy yo… Ikki.
—¿Ikki… qué haces aquí? Aún es de día.
Sonrío y trato de hacer que no me molesta su comentario. Sé muy bien por qué lo dice, y Hyoga no es de esas personas que tienen tacto al decir las cosas. Lo mejor es no hacerle caso.
—Lo sé. Es que necesitaba hablar contigo…
—Entonces, entra… Estás en tu casa. Sólo patea las cosas que se muevan de manera sospechosa.
—No te preocupes, nada másentraré a decirte por qué vine… y me iré.
Hace casi un mes que no vengo a verlo, el mes en que me di cuenta de mi estado… Creo que es normal que lo que me haya movido a visitarlo sean las ganas de sexo… No, gracias, no quiero… Aunque sé que lo necesito. ¡Pero no por mí!
—¿Cómo está Shun?
—Bien, cada vez se siente más pesado, aunque su vientre apenas se nota.
—Sí, curiosa reacción la del cosmo en ese sentido. Quien pudiera haber dicho que un Santo fuese capaz de concebir vida…
—Bueno, no me parece raro…— Ahora, por supuesto —… El regalo de Athena a sus Santos, recuerda que antes no había mujeres en el Santuario.
Lo oigo hablar, tan calmadamente; preguntar por mi hermano con esa dulzura que quizás sólo a él le dedica, aceptando algo que muy pocos ajenos a este mundo de cosmo y batallas aceptaría… ¿Pero, cuál será su reacción al oír que yo…?
De golpe siento ganas de presionar mi vientre mientras habla… Es como si me diera cuenta sólo frente a él de aquel maravilloso regalo que llevo dentro.
Y tan repentinamente surge aquella idea en mi mente, que… Aunque diga lo que diga o haga lo que haga, haré todo lo que esté a mi alcance para que este niño nazca… Aunque tarde o temprano, acabara perdiendo este niño si su respuesta lleva un 'NO' en sus labios.
—Por suerte para Shun, está Leda… Se ha convertido en su sombra, no lo deja ni un minuto.
—Sí, hacen muy linda pareja. Como siempre él tan calladito e inocente… Y se lo tenía bien guardado. Me alegro por él; por los dos… ¡Shun se lo merece!
Puedo reconocer la tristeza en los ojos celestes, casi inexpresivos. Pero yo sé que está triste, Y el por qué… Y eso me quita las ganas de decírselo, de contarle lo que está pasando. Lo único que quiero es besarlo y acabar enredados en la cama, como en aquella primera vez.
—¡Creo que todos merecemos ser felices, Hyoga!
—Sí, pero por ahora mi felicidad se limita a un par de copas por noche.
Sus comisuras se extienden en una mueca burlesca. Está bromeando, con algo de esfuerzo, pero bromea; aunque no tenga ganas de hacerlo. Hyoga siempre sería abstemio, por mucho que lo azuzaran o que le insistieran… No brindaba con alcohol ni siquiera en una celebración importante. Yo lo sé, lo conozco muy bien.
—Encontré un empleo, no es mucho… Pero me gusta. Estoy de barman en un club por las noches.
—¿Por eso duermes a estas horas?... Me parece bien, así al menos no dirán que vives de la herencia del viejo Kido.
Su risa inunda la pequeña cocina. Levanta una taza en señal de ofrecimiento, pero niego con algo de asco. Es increíble lo que el café le hace a mi estómago en este estado… Y odio la acidez.
Lo veo volver. Ahora su rostro tiene un semblante serio otra vez.
—Y bien… ¿De qué querías hablar?
Sus ojos fijos me dan la pauta de que ha llegado el momento preciso para poner a prueba mi determinación; el momento de demostrarme a mí mismo cuán hombre era, al enfrentarme directamente a Hyoga, diciéndole…
—Te extrañé…
… Me cago en la virgen. ¡No puedo con esto!
—Sí, yo también…— Sonrie luego de un largo sorbo a su taza. —Ya estaba pensando que no nos encontrábamos por lo caótico de mis horarios. Pero bueno, no importa… Hoy dormí mucho, si quieres… tú sabes…
—Sí, está bien.
Jamás entenderé cómo es que, desde que empezamos con esto, Hyoga puede con sólo una mirada hacerme sentir de esa forma… tan desvalido y vulnerable, y al mismo tiempo, tan fuerte y seguro de mí mismo; como para que todo mi ser esté dispuesto a protegerlo de todo. Nunca encontré esa respuesta… Quizás porque jamás me formulé esa pregunta.
—¿Me quieres arriba o abajo?
—Como siempre…— Contesto. —… arriba. Te quiero… arriba.
Así yo siempre le decía; no sólo las posiciones que tomaríamos una vez los dos estuviéramos en la cama; así yo le decía entre líneas lo que sentía… Que lo quería. Que para mí esto no era sólo una 'calentura', como quise hacerle creer a Shun. Yo realmente amaba a Hyoga. Y no únicamente como una posesión, como estaba acostumbrado a pedírselo, no… Mi entrega era el más claro signo de ello. Así era como decía que lo dejaba todo por él, para que sólo él fuera feliz si yo lo conseguía; que no buscaba nada más sexo; no mi propia satisfacción al menos.
¡Es el deseo de hacerlo sentir bien… aunque sea unas horas!
—Respira profundo Ikki y relájate… No queda más lubricante. Sólo dime cuando quieras que pare.
—No te preocupes, continúa…
Adoro su risa, por más burlona que pudiera sonar. Me encanta oírlo reír, y compruebo que no soy el único que se deleita con su cercanía, con la energía que Hyoga desprende al rozar su cuerpo con el mío.
—Oye, Ikki, si gimes lo suficientemente alto, tal vez te deje acabar primero… Pero debes excitarme, ¿Qué dices?
Lo oigo gemir, muy cerca de mi oído, y por un segundo pienso en reprender su manera de hablar, en decirle que no estamos solos como él cree, que ahora debe cuidar su lenguaje. Ruego que nuestro bebé sea lo suficientemente pequeño como para oírnos. Y aunque no quiero arriesgarme, mi instinto puede más, y ante el semejante estimulo que son sus manos, me pierdo en su juego de lujuria y sexo, regalándole aquellos gemidos que tanto pide. Vuelvo a sentir sus dientes en mi hombro, antes de que un nuevo camino de besos lo lleve hacia mi pecho.
Incluso es más intenso que otras veces, tan hermoso. Y en ese momento en el que lo siento como parte de mí, puedo darme cuenta de lo que tanto Shun quería hacerme consciente. De la energía, aquella que se unió para darle vida a nuestro bebé, y como reaccionaba al cosmo latente de los dos… Es tan sublime y maravillosa al mismo tiempo.
Y no puedo evitar preguntarme si Hyoga no lo siente como lo siento yo…
Pero el momento del clímax pasa, y el abrazo casi vacío queda en lugar del placer desbordado, algo que deja un sabor agridulce en mis labios, con su último beso dado. Y sólo intenta recuperar algo de aire mientras descansa su cuerpo sobre mi pecho.
—Vamos, no es necesario que ya te vayas… aún es temprano. ¡Quédate Ikki!
Siento una punzada profunda en el pecho, pues la sensación es horrible, ya que siendo esta la primera vez que me invita a quedarme, quizás lo más sano que pudo hacer es declinar talinvitación. Y no porque yo desee irme, pero sé que será muy difícil, por no decir imposible, que estando los dos en una cama, pueda hablar seriamente con él.
—No, gracias… Pero aun debo decirte algo, ¿recuerdas?
—Oh… Si, lo siento, lo había olvidado; pensé que eso había sido…
—¿Una excusa?
—Bueno sí… No te lo tomes a mal, es que pensé que querías lo mismo que yo…
—Sí: Sexo… Y no hay problema, no me lo tomo a mal.
En realidad no me molesta, él puede pensar que quizás es eso, me basta con eso; además, si fuese algo más, quizás a estas alturas no estaríamos aún juntos.
—Es que debí decírtelo antes de acabar en la cama… otra vez.
—¿Por qué, tienes una enfermedad de la que no sé nada?
Niego sin problema, no es tiempo para que distienda el ambiente con una de sus bromas sin tacto. Y creo que me seriedad lo convence rápidamente de ello.
—¿Es grave, verdad?
—No. Por lo menos no tiene por qué serlo… Pero es algo serio.
—Te escucho.
Bien, hora del discurso programado y tantas veces repasado, algo que me niego a repetir tal y como Shun me lo dictó. Bastará con decirle solamente la verdad.
—La única fuente de información que tengo de esto es Shun… Pues él mismo lo está viviendo. Creo que es evidente que estoy encinta.
—¿Tú?...
Más allá del asombro que puedo ver en sus ojos, no parece tomárselo demasiado mal. Aunque con Hyoga, todo es posible.
—Sí, y no es que sea algo fácil de asimilar a primera instancia… Creo que aún no me hago a la idea.
—Ya puedo imaginármelo… Pero, ¿hace cuánto tiempo?
—Quizás unos meses… No lo sé con seguridad.
De golpe su rostro se vuelve demasiado pálido, tal vez al comprender las implicaciones de lo que acaba de decir. Y tal vez, Shun tenía razón, debí usar aquel monologo interminable de términos que ninguno de los dos terminaría entendiendo.
—¿Y aún… no se lo has dicho al padre?
¿Perdón?
—Hyoga… eso es justamente lo que estoy tratando de hacer.
O por lo menos eso pensé que estaba haciendo. Pero por lo visto no era exactamente eso… No con la mirada aterrada que Hyoga tiene. Esto no está saliendo bien, y ya no sé qué esperar de él.
Continuará.
