Desafiando su propio destino

Notas: Por fin terminé el segundo capítulo.

Fecha: 20/05/2011.

Beta Reader: Pleasy Stay.

Disclaimer:Todo lo referente a Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada y a la Toei.

Desafiando su propio destino.

Capítulo 02.

Contuvieron el aliento, cuando las puertas del templo de Athena se abrieron lentamente.

—Lo sabía…—. La voz de Saga apenas se escuchó, se había ahogado en un gemido que tampoco alcanzo a salir de su garganta.

Lo que tenían en frente, era la figura del peor de sus enemigos.

—¡Hades!—. Sahori murmuró para sí, viendo como Seiya se apresuraba a cubrir su cuerpo con el suyo.

La Diosa tragó saliva, sin demostrar lo nerviosa y preocupada que estaba en esos momentos. No podía exponer a sus Santos a un nueva batalla contra el Dios de los muertos, pero tampoco… ¿Cómo había sido que Hades estaba en el corazón mismo del Santuario?.

Los pasos del Dios parecían pesados, cansados; su figura altiva no era la misma que ellos recordaban. Con solemnidad y respeto, el Dios de los muertos se postró ante Athena.

—Pido perdón por irrumpir en tu Templo, Athena… Pero es importante para mí saber cómo están ellos.

Hades se veía realmente nervioso, y no era por la postura de defensa de los Santos a su alrededor, no. Algo le tenía al borde, al límite…

—¿Ellos?... ¿Te refieres a…?

El Dios no siguió escuchándola, buscó por sí mismo la presencia que ya había sentido antes de llegar al Santuario. De todo los lugares que había tenido Shun para ocultarse, ¿Por qué había elegido el Santuario de Athena?.

Los encontró muy cerca, tanto que se extrañó no verlos directamente cuando entro.

—¡Hipnos, Thanatos!—. Murmuró apenas, al ponerse de pie nuevamente.

Shun sintió un extraño estremecimiento al sentir cuando los gemelos abandonaban sus manos para ir al encuentro de Hades.

—¿Se encuentran bien?

El abrazo fue rudo, pero en verdad sentido. Aferró a ambos niños de los hombros, las lágrimas de dejaban de caer de los ojos verdes, ni siquiera Not podía decirle por qué era que estaban llorando.

—¿Qué sucedió?—. Insistió una vez más, ya que raramente los gemelos lloraban, mucho menos de esa forma.

—Papá… él murió. ¡Ellos lo mataron!.

Hades abrió sus ojos al escuchar tales palabras, mientras Thanatos volvía a romper en llanto nuevamente. Levantó sus ojos, cruzando su mirada con otra, idéntica a la de sus hijos; pero no era él, estaba seguro de ello, no sólo por lo joven que parecía… era su interior el que se lo gritaba.

Sahori supo sentir el nerviosismo de Shun ante la mirada fija del Dios, e intentó hacer algo para que…

—¡¿Dónde está?!.

Athena entendió por lo que Hades preguntaba, y sin mediar una palabra señaló el lugar donde el cuerpo de Shun descansaba sin vida detrás de las puertas.

Hades desapareció por ellas, y una sola exclamación se escuchó dentro. Sahori apretó los puños, al sentir el latigazo de cosmoenergía que el Dios desplegó al hallarse frente al cuerpo. Salió siendo repentinamente otro, alguien a quien le habían cambiado los ojos en tan sólo unos segundos; pues aquel hombre que había entrado al Templo de Athena pidiendo perdón, no era el mismo que ahora salía de aquella sala. Llevaba tanta furia encima que su cosmo parecía vibrar de forma errática.

Incluso Saga retrocedió, incapáz de permanecer cerca del despliegue de poder. Era el centro de las miradas, pero ninguno, ni siquiera Athena se animaba a preguntar. ¿Con qué palabras podía referirse a lo que había pasado hasta ese momento?.

—Athena—. Hades suspiró, tratando de calmarse un poco. —Sé que esto es extraño, pero debo pedirte que cuides de mis hijos, no puedo arriesgarlos más.

—¿Sucede algo?.

—Sí, una gran batalla… tan inmensa que hasta estamos del mismo bando—. Hades observó a la Diosa, su expresión de incredulidad no escapaba de sí.

Athena sólo asintió, no sabía por qué, pero estaba más que segura de que Hades no le mentía, algo realmente malo estaba pasando, y si ella podía cuidar de… los gemelos, de seguro lo haría.

—Estarán a salvo, hasta que regreses.

Hades inclinó su cabeza, como muestra de respeto. Se giró sobre sus talones, quizás no debía contarles mucho acerca de ese futuro, pero debían entender su posición.

—No, vuelvan aquí—. Oyó la voz de Shun, al llamar a los gemelos, intentando detener que lo siguieran.

Volvió a cruzar sus ojos con los verdes de Shun, aquel muchacho joven que aún no…

¡Qué más daba ahora!... ¿De qué le valía ponerse a pensar en las decisiones tomadas?. Si quería seguir cuidando lo que amaba, debía ganar aquella batalla.

Salió del salón materializando su espada en su mano antes de desaparecer.

Lo último que vieron los Santos de Athena fue la gran mancha negra que creó su capa al ingresar en aquel portal.

2

Las puertas del Templo volvieron a cerrarse luego de la partida de Hades. Y el lugar quedó en un silencio incómodo que nadie podía romper. Incluso Ikki necesitó dejarse deslizar hasta el suelo, simplemente para poder asimilar las cosas que no se dijeron.

—Son Hipnos y Thanatos…—. Susurró suavemente. —Los dioses del sueño y la muerte… los hijos de Hades.

Nat se giró a verlo al escuchar sus palabras, aunque bajas, audibles. Su rostro parecía estar compungido, y permanecía expectante a la siguiente reacción del hombre que era su tío.

Cuántas veces su padre les había hablado de aquellos que eran sus parientes, su familiares en el reino de Athena, aunque los hubieran visto pocas veces en su vida, ellos eran una familia. ¿No?.

—Todo está bien, aunque estemos un poco más nerviosos… volveremos a sentarnos. ¡Niisan!—. Shun tomó a ambos gemelos de las manos, guiándolos nuevamente al diván. —Levántate del suelo, o te enfermarás.

—Sí, lo siento.

Ikki asintió al pedido de su hermano, qué estúpido había sido, no podía dudar de lo que veían sus ojos, de lo que sentía su interior, y en cada fibra de sus cuerpo se manifestaba… esos niños, eran sus sobrinos. Hijos de Shun, no importara quien fuera su otro padre.

Busco los ojos de Shun, mientras Sahori y los demás de alejaban de allí a estudiar la situación sin que los niños los oyeran, también debía saber que era lo que su hermano menor estaba pensando ahora, en ese instante.

Nada, o tal vez demasiado al mismo tiempo… pero nada, era lo que estaba demostrando esos momentos. Quizás porque estaba por demás abocado a los gemelos; sí, ellos eran muy jóvenes aun, y ya habían perdido a su padre en una batalla, y frente a sus ojos; ellos necesitaban más de su apoyo.

—Shun, debo ir a ver a los muchachos. Vendré en unos minutos.

Shun solo asintió a sus palabras, su niisan simplemente le informo lo que haría, pero lo conocía lo bastante bien para saber que lo que Ikki necesitaba era aire fresco, enfriar su mente y poder abordar todo desde otro Angulo, ya que de seguro, en esos momentos no entendía nada.

¡Él tampoco lo estaba haciendo! Pero esperaba que cuando Hades regresara por los niños, quizás les despejara un par de dudas.

Lejos de allí, Seiya y Sahori no despegaban sus ojos de Shun, ni de los gemelos. A pesar de la negativa de la diosa, Saga había salido para avisar al Patriarca. Po otro lado, ambos podían ver el cuerpo inerte de Shun en la otra sala; lánguido, como si no estuviera mas que relajado y dormido. La gran herida de su pecho había sido cerrada, pero aun así la sangre había manchado el lino blanco con el cual habían cubierto su cuerpo.

Seiya intento imaginarse la gran batalla de la cual Hades les había hablado, él y Athena tratando de… ¿proteger algo en común?. Y sus ojos se dieron cuenta de una cosa, si Shun también era el padre de los gemelos, su Diosa y el Dios de los Infiernos si tenían algo en común.

Sahori se acercó a Shun, al igual que Seiya, pensando en aquello que lo unía a Hades además de sus hijos. Acaricio los cabellos castaños sonriendo, no le resultaba extraño que Shun consiguiera perdonar al Dios que osó apoderarse de su cuerpo puro para despertar; Shun era así.

—Qué es lo que haremos con su cuerpo, Sahori. ¿Lo cremaremos?.

Seiya pregunto a media vos, recordando que luego de la batalle de Hades las reglas habían cambiado bastante, ya no había un cementerio, y todos los cuerpos de los Santos caídos se cremaban, sin excepción.

—Aun no lo he decidido, tal vez deberíamos esperar a…

—¡No pueden quemarlo!

—Nat, espera.

A pesar de la insistencia de Shun, Nat consiguió escapar de su agarre, llegando hasta donde Seiya y Sahori estaban frente al altar de su padre. No sabían cómo los había oído, pero de seguro lo había hecho.

—Hades lo hará, él le devolverá la vida a mi padre, no pueden dañar su cuerpo.

Los ojos de Nat estaban otra vez inundados de lágrimas, mientras Nos parado detrás suyo veía a Seiya de manera amenazante. Shun contuvo el aliento cuando el brillo de la daga volvió a aparecer en la mano pequeña de Nos, e inmediatamente se puso de pie.

—Tranquilo, nadie le hará daño a su cuerpo. Seguro que Hades le devolverá la vida cuando acabe esta batalla.

Athena misma los tranquilizo antes de que Shun llegara a su lado.

No era descabellado al pensar en eso, Hades tenía el poder para hacerlo, él era el gobernante del averno. Aun así, Nos y Nat creyeron mejor montar guardia cerca de su padre.

Y aunque Shun había tomado sus dagas, él también sabía que si los gemelos las invocaban ellas desaparecerían de su lado, volviendo a aparecer en las blancas manos.

3

Ikki volvió al salón luego de una hora, Shun mismo había cronometrado su ausencia, a pesar de no despegar sus ojos de los niñ Fenix había lidiado con las preguntas de sus alumnos, y luego de haberse distendido un poco, volvió al lado de Shun; apenas entro, reconoció a Nat parado junto al altar de su padre. No lloraba, pero su semblante era serio y sombrío.

Busco a Shun con la mirada y lo encontró junto a Nos, ambos abrazados y en silencio.

El fuego danzante de las antorchas daba una atmosfera irreal al lugar, moviendo los objetos entre los tonos rojizos. Sahori y Seiya no estaban, pero en su reemplazo Saga había traído a Shaka y a Mu, para hacer guardia. No sabía si ellos estaban enterados de los últimos acontecimientos, pero lo más probable era que Saga se hubiese encargado de contarles hasta el mínimo detalle. Lo extraño es que no haya metido a toda la orden dentro del Templo de Athena, para esperar el regreso de Hades.

Nos llamo su atención al bostezar, lo que fue suficiente para que su hermano abandonara el regazo de Shun para relevarlo.

—¿No quieres dormir Nos?—. Shun pregunto al verlo rodear su cintura con sus brazos. Se notaba el cansancio en sus ojos verdes, pero a pesar de lo que Shun podía ver a simple vista, Nos negó a su pregunta.

Se acomodó tal y como su hermano había estado sobre el regazo del joven Santo de Andrómeda. Al menos descansaría un poco, ya que la sensación de seguridad era la misma que sentía con su padre, pero al mismo tiempo no era su padre… aun.

—¿Tienes hambre, verdad?— Shun sonrió al oír el gruñido en el estómago del pequeño. —Sahori traerá algo para comer en unos minutos.

Esa ya era la tercera vez que Sahori abandonaba el recinto, no solo por un poco de aire, sino también para preparar un poco de té y refrigerios. Aunque las veces anteriores los niños habían desistido de probar bocado.

—Niisan, ven—. Shun llamo a Ikki suavemente, acariciando los cabellos de Nos con su mano, pero el niño se negaba a dejarse vencer por el sueño. —Mira lo que encontré—. Dijo, entregándole un sobre de cuero marrón.

Era la billetera de Shun, pero no exactamente la de su Otouto. Abrió el objeto buscando alguna información importante, pero lo único que hallo era una vieja credencial de conducir de Shun, vencida; donde rezaba que tenía 28 años de edad, y tres fotos de Shun y los gemelos de bebés.

—También están sus credenciales—. Informo Andrómeda, para que su hermano siguiera buscando.

Allí estaban, ambas con nombres japonés y el apellido Kido, de seguro no más que por una mera formalidad. Tenían exactamente ocho años cumplidos hacia muy poco, lo cual era mucho menos de lo que Ikki les había dado en un principio; primero por que aparentaban ser más grandes de lo que en verdad eran, y segundo...

—Tienen mí mismo factor sanguíneo—. La frase hizo a Ikki voltear hasta clavar sus ojos en los verdes de su hermano.

—Shun, Ikki… ¡Está llegando!.

Sahori irrumpió en el salón con sus manos llenas, mientras Seiya la seguía de cerca ayudándola con las bandejas.

—¿Tan rápido?... ¿Segura que es él, Sahori?.

—Sí, siento su cormo muy cerca, no tardara en estar aquí—. La diosa sonrió a Saga y a sus demás Santos.

Los niños sonrieron y suspiraron al mismo tiempo, Hades por fin reviviría a su padre, y Shun volvería a estar a su lado.

4

Las puertas del salón se abrieron lentamente, tras estas todos esperaban que esa historia tuviera un final… no tan trágico. Además de querer saber un poco más acerca de aquella gran batalla.

Hades camino lentamente, esta vez, acompañado de Lune y Radamanthis, ambos vistiendo su Sapuris negros; en los cuales estaba revelada la agitada pelea que habían librado.

Hades presento sus respetos ante la diosa y sus Santos, al igual que sus Espectros.

—Athena, nuevamente te pido perdón por irrumpir la tranquilidad de tu Templo.

Athena negó apenas, presentando sus respetos al Dios de los Avernos.

—No te preocupes… estoy segura que la situación lo ameritaba.

Hades asintió, señalándole a sus espectros que podían adelantarse. Lune se dirigió directamente hacia los gemelos y los tomo de la mano, bajo la atenta mirada de Shun, mientras Radamanthis lo seguía de cerca en dirección donde Shun, el padre de los gemelos estaba tendido en el altar.

El dios del infierno lo observo por un corto instante, con tal mirada, que ninguno en la sala quiso romper el silencio y la solemnidad que había en el aire. Pero se obligó a sí mismo a desviar la mirada, buscando a quien más cerca tenía a su lado; sus ojos azules se cruzaron con los marrones de Seiya, y este trago saliva antes de preguntarle por la batalla.

—¡Ganamos, Pegaso!—. Informo con aplomo y voz neutral. —La tierra por otros milenios más, seguirá perteneciéndole a Poseidón, Athena y a mi… ¡Zeus no pudo con los tres!.

Sahori, miro a cada uno de sus Santos antes de detenerse en los ojos del Dios.

—Tu padre, Athena… y mi hermano, creyó que ninguno de nosotros tres era lo suficientemente apto para seguir en esta tierra. Por ello, nos tocó pelear juntos.

—¿En contra del padre de los dioses?...—. De golpe, Ikki se había puesto pálido, realmente no se veía batallando contra Zeus.

Hades solo lo miro para asentir positivamente a sus palabras. Aquel guerrero no era otro que el hermano del hombre que había traído a sus hijos de vuelta. Quizás más joven… pero el mismo y excepcional guerrero.

—Quizás ahora no lo comprendas, pero la muerte de tu hermano, fue un precio a pagar por los largos años de paz que vendrán—. Hades comento con mirada seria y triste, que remitía a un sentimiento profundo… casi secreto. Ikki solo lo miro sin entender sus palabras.

No quería seguir estirando la situación, ya le costaría mucho lidiar con sus hijos. Encendió su cosmo mientras se acercaba al altar, su voz grave lleno el recinto por completo, con palabras tan antiguas que casi nadie en el Santuario entendería su rezo.

El cosmo del Dios, rodeo el cuerpo sin vida de Shun, mientras trocaba las vendas y el lino por una túnica tan negra como la misma noche.

—¡No lo hagas!... ¡Detente!.

Nat grito, tratando de llegar junto a su padre, pero Lune estaba allí para impedírselo… aunque allí también estuvo Shun.

—¡Lune suéltalo, lo lastimas!—. Fue un acto reflejo, que en verdad no pensó, solo salió de sus labios la orden, con la convicción suficiente, que hizo a Lune soltar a los gemelos. El espectro se lo quedo mirando, confundido.

—¿Qué haces?... No tienes que velarlo. ¡Tienes que revivirlo!

La voz joven tomo un tono que hasta eso momento no habían escuchado, mientras Nos se limitaba a tirar de la túnica del Dios, ya que no tenía la misma posibilidad que su hermano. Su padre tenía que devolverles a Shun, eso era lo que ellos querían.

—¡NO!.

Hades grito, deteniendo su rezo, cuando el llanto de los gemelos ya había acabado con su pocopaciencia,y estabilidad emocional.

5

—¿Qué sucede, Hades?... ¿No puedes revivirlo?—. Sahori se adelantó casi al mismo instante en que los gemelos retrocedían asustados.

Solo se limitó a negar, dejando caer su cabeza entre sus hombros abatido.

—Puedo, soy el Dios de los muertos. Y aunque quiera hacerlo… hice una promesa que no puedo romper. Esta es su decisión no la mía.

Radamanthis a su lado, bajo la cabeza al oír tales palabras, conocía a Shun y aquello que le había hecho prometer a su Dios, por eso sabia la tristeza que embargaba a Hades en esos momentos.

Lentamente y sin mirar a nadie a su alrededor, acabo su rezo, no importaba cuantas lagrimas derramaran sus hijos, el alma de Shun descansaría en los Elíseos, por más que su cuerpo se pudriera en la tierra o lo consumiera el fuego, estaría en el cielo de los Dioses.

—¿Por qué?—. Fue lo único que pudo articular Ikki, al ver a su hermano, vestido totalmente de negro, lo cual resaltaba lo pálido de su piel.

—Porque así lo quiso tu hermano, quizás sea lo único que me hiso prometer…—. Miro el altar con tranquilidad, con sentimientos realmente encontrados gritando sucesivamente dentrosuyo, pero sin más que hacer, que aparentar frialdad.

Sus últimas palabras en griego antiguo, hicieron destellar una diadema de cristal plata, en la frente de Shun.

—El hace años que ya no es un Santo… no importa donde descanse su cuerpo sin vida, su alma tendrá descanso en los Campos Elíseos.

Ikki lo observo, y al mismo tiempo seguía el sollozar de los que eran sus sobrinos, pero no tenía palabras para contraer a las del Dios, todo aquello ya se había ido muy lejos de su entendimiento.

Fue el juez de Hades, el que tomo el cuerpo de Shun del altar, entre sus brazos Shun, aun parecía muy pequeño. Lune se acercó a ellos, volviendo a tomar las manos de los gemelos entre las suyas.

—Athena… no hay palabras que expliquen bien todo lo que paso. Lamento que hayas tenido que ver la muerte de uno de tus gurreros más fieles. Y no es un consuelo, pero debes saber que nuestra unión trajo una alianza venturosa.

Los ojos del dios se veían cansados, incluso su postura se veía menos rígida, más débil de cuando entro la primera vez en el no supo más que hacer, pero asintió, agradecida por la información. Y en su interior el saber que era lo que ataba a su más grande rival con uno de sus Santos, era…

—¿Hades, tú y Shun…?

Quería salir de allí, llevar a Shun a su última velada, así sus hijos podrían despedirse de él de la manera adecuada, pero no podía hacerlo así de fácil. Ignoro la pregunta de Sahori, cuando sus ojos buscaron los verdes de un Shun mucho más joven que el que Radamanthis llevaba en brazos.

Con una sutil reverenciapresentó sus respetos al joven.

—Andrómeda, tal vez no debas olvidar lo que hoy vieron tus ojos… y aunque mi cariño y mi admiración por ti es inmensa, este no tiene que ser tu final… ¡No tiene que ser tu destino! Solo recuérdalo.

Lo observo hasta que Shun asintió inconsciente. Apenas una media sonrisa se formó en sus labios, cuando ya nada más podía ser dicho, y todos ellos desaparecieron envueltos en el cosmo del Dios, cubiertos por la negrura de la noche.

6

Shun sintió que sus piernas le temblaban, si Ikki no se hubiera acercado a él para darle apoyo, quizás hubiera acabado en el suelo.

—Increíble…—. Susurro Saga, creyendo que en cualquier momento despertaría de algún sueño.

—Hades hablo de paz… de una alianza ventajosa para ambos, Athena—. Shaka abrió su boca por primera vez desde que había llegado.

Sahori pareció meditar sus palabras. Shun había muertos frente a sus ojos, y Hades se había marchado sin contestar muchas preguntas. Pero no podían mentirle, ni la devoción ni el sentimiento que Hades parecía profesar al joven que una vez había sido su Santo.

Shun era una persona increíble en muchos sentidos, su alma y corazón eran realmente puros; y así como era incapaz de odiar a alguien o hacer daño a una persona, incluso si este era su enemigo. Quizás por ello, y a pesar de la forma en la que Hades lo había utilizado, él…

—Hades siempre fue un enemigo poderoso, alguien a quien se respeta… una alianza con él seríaconveniente. Aunque no se puede asegurar sin saber en qué términos se realizara.

Mu parecía realmente pensativo, él al igual que Shaka se había mantenido a distancia y sin emitir palabra, era mejor escuchar y analizar la situación. Su seriedad y objetividad le daban a Sahori la idea del porque Shion lo había escogido para ser su sucesor, y como nuevo Patriarca, Mu debía de pensar por todo el Santuario.

Sahori vio a Shun junto a Ikki, quien le hablaba suavemente, mientras le ofrecía su apoyo. No podía pensar en el futuro de todo eso, sin pensar que Shun estaba en medio… así como su muerte. El Santuario entero había cambiado en esos años, y por lo que parecía, todavía faltaban muchos cambios más por venir.

Seiya creyó poder leer los pensamientos de su Diosa, así que también busco a su amigo y compañero con la vista, sintiendo algo que no podría exteriorizar, por suerte para Shun, Ikki estaba con él.

—Sahori, si ya no hay más… será mejor que nos retiremos—. Ikki anuncio, comenzando a caminar sin esperar una respuesta, y no lo aria; en esos momentos su prioridad era Shun, y ya había tenido demasiado con tener que verlo morir sin poder hacer nada por él.

Caminaron en silencio, luego de salir del recinto de Athena, bajo la atenta mirada de todos. Ikki pensaba que se daría un día libre de entrenamientos, lo cual sus alumnos de seguro disfrutarían, mientras podía pasar el día junto a su hermano menor. ¡Lo necesitaba!.

Por suerte su cama era grande y podrían dormir juntos, tal y cuando eran pequeños; e Ikki se escabullía de un cuarto al otro, para hacer frente a los temores de su pequeño hermanos.

Ikki solo se aseguró de que sus tres alumnos estuvieran en sus respectivos lugares, antes de abrazarse a Shun.

—Usabi.

—Mañana… Mañana hablamos, Niisan—. Shun se adelantó a sus palabras, informándole que ya no teníamás fuerzas para una charla, con respecto a lo que había pasado. En realidad quería estar solo… pero agradecía la compañía de Ikki.

7

Despertó pasando el mediodía, aunque no se podía decir que durmió algo en las horas de la madrugada, sintió cuando Ikki despertó, y cuando les informaba a sus alumnos acerca del día de descanso que tendrían.

Lo oyó preparar el almuerzo, a pesar de que no era bueno en ello, de seguro él tampoco quería ir a los comedores del Santuario. Sintió que el olor de la comida le terminaba de sacar el apetito, y lo único que Ikki tenía cocinando eran papas hervidas.

—Niichan… buenos días—. Saludo desde el umbral de la habitación de su hermano.

Ikki lo miro al girarse, el temor a perderlo se había hecho más grande durante la noche, pues él tampoco había podido conciliar el sueño.

—Shun—. Olvido lo que estaba cociendo, para acercarse a su Otouto, tomándolo fuertemente de los hombros. —Shun, necesito que me prometas algo… ¡Por favor!. Si Hades se vuelve a cruzar en tu camino…

—Niisan, no hace falta que lo digas—. Shun tomo las manos morenas entre las suyas. —De verdad, no tienes que preocuparte por ello.

Ikki lo observo unos instantes, creyendo que Shun le mentía para dejar las cosas allí, pero noto que no había rastros de titubeo en su rostro y se sintió seguro de dejarlo sin decir más.

—No tengo apetito, solo quiero un poco aire fresco—. Fue lo único que dijo antes de dejar la cabaña para salir a caminar un poco.

No entendí como era lo que había podido hacerlo, pero obviamente lo había hecho. Primero le había mentido a su hermano, y segundo, había hecho un juramente que no sabía si iba a poder cumplir.

Pensó en los gemelos, quizás aun llorando la muerte de su padre. En sus ojos verdes, que no eran más que los suyos. También pensó en Hades, quien tenía que cumplir una promesa que lo entristecía y lo hería. No podía dejar de pensar y de preguntarsecómo fue que él, un simple Santo había llegado a ocupar la posición que parecía haber tenido.

Los espectros parecían cumplir sus órdenes, al igual que cumplían las de Hades. Y estaba curioso y deseoso de saber más; de pensar en que después de todo tenía una posibilidad de acunar a Nos y a Nat por igual, sin la necesidad de pensar que eran los dioses hijos de Hades, la Muerte y el Sueño.

Quizás nada sería tan fácil… él seguía siendo un Santo de Athena y como tal le debía servicio y fidelidad a su Diosa. Y su fuerza siempre serviría para luchar por esa tierra hermosa que Athena protegía.

Yours ever

Susurró al aire, recordando la inscripción del colgante de Hades; casi premonitorio e ineludible le resultaba la frase.

Pero Hades le había dicho que era solo su decisión, y nada más. Su destino estaba aún en sus manos, y solo él mismo sería capaz de influir en su futuro.

Permaneció disfrutando del viento en su rostro, quizás estaba adelantándose mucho a cosas que aún no ocurrirían… tal vez.

Continuará.

Notas finales del capítulo:

Lo leí varias veces, pero si llegan a leer NOT en vez de NOS me avisan. Me está pasando que me equivoco el nombre del gemelo.

Besos.