Este es mi segundo fic impublicable. Lo escribí hace añales y desde entonces me había negado a publicarlo porque no me gustaba el tipo de relación que aparece aquí. Pero ahora que andaba de nostálgica buscando mis viejos fics, me encontré con esto. Releí la historia y me dije: ahora puedo dejar salir estas letras prohibidas en Los Impublicables.

El fic tiene lemon explícito, relaciones inesperadas, malas palabras... es para mayores de 18 años.

Si eres de mente sensible no lo leas.

.Ojeras de placer.

By CieloCriss.

Con sus ojeras profundas y su media sonrisa sin significado, abrió la puerta de su casa con el mayor desgane posible. El semblante del joven era cansado, como si hubiera laborado 20 horas seguidas.

Aventó la mochila inmediatamente, sin el cuidado requerido, y se escuchó un ruido seco, como si dicho objeto tuviera adentro algo importante. Se rascó el cráneo y suspiró levemente, dejándose caer en el sofá como quien pretende desplomarse para siempre.

"¿Ya llegaste...?", escuchó a sus espaldas. Como era su costumbre, inmediatamente se puso de pie y volteó hacia su interlocutora olvidando todo: sus ojeras, su cansancio, su media sonrisa y sus ganas de perecer en un sueño.

"Sí", respondió cortésmente, sintiéndose algo incómodo.

La mujer le sonrió de manera seductora, y tomó la mano del muchacho.

"Te estaba esperando" le susurró con un tono excitado, pujando en cada frase.

"¿Y él no está?", indagó rápidamente, al sentirse acosado, al presentir el peligro que podía gestarse si él estaba en casa.

"Va a llegar tarde, tenemos tiempo..." avisó la madura dama, mientras se aferraba a los brazos delgados de él.

¿Tenía que hacerle el amor ahora, estando tan cansado?, ¿Por qué no rebelarse de ese yugo?, ¿Cómo había caído en esas garras pintadas de carmín?; pero a pesar de todas esas cuestiones, él sabía que ella era a la única que no podía negarle nada. Volvería a hacer todo lo que esa mujer le pidiera... se excitaría, besaría sus senos, gemiría contento, aunque estuviera cansado.

Sintió un espasmo cuando ella le metió las manos bajo la camisa. El contacto era suave, y él no quería sentir placer, porque dejaba de ser la víctima... aunque poco a poco, ocasión tras ocasión, le ayudaban a aprender a fornicar a una mujer y a encontrarle el gusto. Recordó fugazmente cómo había comenzado todo, y un susurró insinuante hizo que se olvidara de eso, para ponerse a desabrochar la corbata de su uniforme de secundaria.

¿Qué diría él si lo viera acostándose con ella?

"¿Segura... segura que no viene?"

"No... saldrá tarde del trabajo..."

Sintió que le pellizcaban los pezones, y suspiró enajenado, dejándose llevar. Con una ternura maternal fue despojado de su saco y camisa, su fino abdomen quedó al descubierto. Estaba blanco y liso, como la piel de un bebé.

"Me encantas..." musitó la mujer, mientras terminaba de encuerarlo.

Se dejó quitar toda la ropa, incluyendo la interior. Su joven miembro estaba ahí, estimulándose cada segundo más para que quedara erecto.

Otra vez se sintió ultrajado, violado y miserable. Frente a él estaba ella, admirando con lujuria cada una de sus partes como si fuera una escultura. El muchacho se sonrojó al sentir que su compañera no perdía tiempo y le tomaba su sexo, para comenzarlo a masajear.

Le gustaba sentir ese contacto, ella frotaba de tal manera, que se iba endureciendo y creciendo de manera inmediata. Al mismo tiempo del goce, seguía con esa inquietud, con esa culpa, con ese odio, y con ese cansancio. Se sentía un patán por disfrutar eso.

"Siéntate" ordenó, y el muchacho obedeció.

La mujer se alzó el vestido y bajó sus bragas, por un momento él pudo verle esa parte rosada y rasurada, pero desvió la vista, con la mayor seguridad que pudo. Caminó hacia su amante, que estaba esperándolo en el sillón, abrió las piernas y se sentó en él, haciendo que su entrada fuera penetrada por el adolescente miembro.

Ella gemía de forma escandalosa, mientras se retorcía en movimientos de forma desesperada.

El de 15 años atascó sus uñas en el mueble y cerró los ojos apretando las cejas, sintiendo todo en silencio. Su amante le ordenó que la abrazara, así que ni siquiera pudo seguir sacando todo eso atascando las uñas en el cojín, a ella no podía causarle ningún tipo de dolor, no quería ser malagradecido.

"Más... mmh, así" pedía la mujer, revolcándose sobre él, controlando dos cuerpos en uno "¿Te gusta, verdad?".

Asintió al borde de un colapso y bramó por primera vez.

"Me... me vengo".

"¿Tan pronto?" renegó ella.

"No... puedo... postergarlo...".

Desalojó su semen mordiéndose los labios, la experimentada mujer siguió dentro de él, moviéndose cada vez más rápido. El joven comenzó a convulsionar de dolor y placer desbordado... rogaba al cielo que ella tuviera su orgasmo y saliera de él... porque estaba sufriendo.

Ella gritó jalando los cabellos del chico, que sudaba amarillo, con la sangre acumulaba en la entrepierna. Salió de él, sentándose a su lado.

"Fue maravilloso", comentó, acariciándole la mejilla sin considerar que le había hecho daño a su compañero.

El muchacho quedó estático y descontrolado, casi en shock; cuando pudo moverse quiso levantar su calzoncillo, pero ella lo frenó.

"Todavía no te vistas, ya te dije que va a llegar tarde".

"Ya lo hicimos" respondió, seco por primera vez, "No me siento bien".

"Ven", rogó, atrayéndolo a un abrazo "Y no me mires así, yo no quería lastimarte... pero tienes que entender que..."

"No importa" cortó él, tocando el cuerpo ajeno que a veces era suyo.

"Dame un beso".

"Sí" respondió, besándole la mejilla.

"Ahí no, en la boca"

A pesar de tantos encuentros, jamás la había besado en la boca. Para él eso era más difícil que meter su sexo en ella, significaba más amor, más sentimentalismo, y no sólo un acto de ansiedad.

Sin embargo, otra vez no pudo desobedecerla, se acomodó en sus brazos e inclinó la cabeza, hasta rozar esos labios ya besados desde muchos años atrás. Se separó con rapidez por la turbación que lo acogió, tembló, el calor se fue y le dio frío al oír el timbre.

"Cálmate y vístete" mandó ella, sin sentirse en in fraganti, "le puse llave interna, no podrá entrar".

El jovencito cogió su ropa y corrió hacia su alcoba. La mujer se puso sus bragas con calma, se chupó los dedos y gritó que ya iba.

Abrió y se encontró con su marido, le besó los labios, que aún tenían el sabor de alguien más.

"Querido, pensé que llegarías tarde", dijo mientras sonreía con amabilidad, como si fuera la más pura de las mujeres "Pasa, debes estar cansado, ¿ya quieres que sirva la cena?".

"Eso estaría bien, querida" dijo el señor, acomodándose las gafas "Llámale a Koushiro para que nos acompañe".

"¡Koushiro, ha llegado tu padre, ven a cenar!" exclamó desde la cocina la señora Izumi.

Koushiro Izumi terminó de ponerse el pantalón y se tocó el bulto, que había dejado atrás su erección. Suspiró como idiota y se golpeó varias veces –"Eres escoria, te acuestas con ella en sus narices..." – pensó, y en voz alta gritó:

"Ya voy, mamá".

Notas:

No tengo nada que decir salvo que estoy casi segura que no se esperaban a esos personajes inmersos en ese tipo de relación tan prohibida e infeliz.

Advertí que el fic era fuerte y quizá algunos piensan que mi mente está mal por idear este tipo de tramas prohibidas, pero yo siempre me digo a mí misma que me encanta escribir de todo, sobre todo cuando hay un reto de por medio.

Espero sus comentarios y críticas, mas no sus ofensas.

Ah, y admito que no está demasiado bien escrito, pero no me culpen, este escrito tiene siglos.

Gracias por leer.

Tengan por seguro que pronto me animaré a publicar o escribir otro fic impublicable.