Aquí os dejo el segundo capítulo. Su llegada a la isla y lo que encontrarán en su interior.
CAPITULO 2 – La llegada a la isla
Nami bajó del barco con su mochila al hombro, cargada con los materiales para hacer mapas. Ojalá en aquel momento alguno de sus nakamas se ofreciera en llevarle la mochila, que pesaba lo suyo, pero parecía que todos estaban demasiado impresionados con la isla. Incluso Sanji, que normalmente estaría haciendo lo imposible para llamar su atención, se dedicaba a inspeccionar los alrededores pasando totalmente de Nami. Y Luffy… bueno… Luffy ya tenía las estrellitas brillantes alrededor de los ojos y con una cara de pasmarote total, sin saber realmente por dónde empezar a investigar.
- Esta isla me da muy mala espina – se escuchó decir a Usopp con un terrible temblor de piernas que malamente le hacían mantenerse en pie.
- Venga, Usopp – lo animó Luffy dando saltitos de un lado para otro, impaciente por entrar en el interior de la isla.
- Es… es… que… eh… ¡es casi idéntica a Skypiea! – logró decir finalmente mientras comenzaba a sudar a mares al recordar a los sacerdotes y al dios Ener.
- Si tanto miedo tienes, ¿por qué no te quedas en el barco? – le dijo Zoro mientras se desperezaba a espaldas del barco.
- Yo no tengo miedo – protestó - ¡Yo soy el gran capitán Usopp!, ¡el valiente guerrero de los mares! – e hizo su clásica postura alzando un brazo hacia el cielo.
- Vale, vale – Zoro hizo un gesto con la mano y se alejó de su nakama, acercándose junto a Robin.
Mientras todos se reunían cerca del barco, Nami no podía quitar los ojos de encima de su capitán, que parecía que tenía 10 años de lo emocionado que estaba… ¡si ni siquiera sabían qué había en la isla!
- Nos dividiremos en grupos – dijo Sanji mirando a Nami y a Robin antes que al resto. No le hacía ni pizca de gracia que su bella morena estuviera saliendo con el espadachín, pero se consolaba con saber que aún le quedaba su bella pelirroja… o eso creía él, porque los pensamientos de la navegante no iban precisamente en esa dirección.
- Yo voy con Zoro – se apuntó rápidamente Usopp, sabiendo que con lo fuerte que era el espadachín iba a estar a salvo.
Robin sonreía divertida. No acababa de acostumbrarse al carácter del artillero de la tripulación… tan pronto era el rey de los mares como al segundo estaba escondido tras Franky, Zoro o cualquiera que fuese más fuerte que él.
- ¡Nami-swaaaannnn! – revoloteó el cocinero alrededor de la pelirroja – Yo seré tu caballero.
- Sí, sí, vale – le dijo sin prestarle atención, la cual seguía puesta sobre Luffy, el cual no hacía ningún caso a su tripulación. - ¡Luffyyyyy! – lo llamó Nami al ver que se adentraba él solo en lo que parecía un frondoso bosque.
- ¡Espéranos, idiota! – le gritó Sanji yendo tras él.
Nami se acercó a Robin y Zoro, que charlaban en voz baja. La navegante aún estaba intrigada de cómo dos personas tan distintas podían llevarse tan bien. A ella le daría algo si tenía que estar con alguien que se pasaba el día durmiendo en cualquier lado.
Al final los grupos quedaron decididos por casualidad. Nami iría con Sanji y Luffy. Usopp se había unido a Zoro y Robin. Y Franky y Chopper habían hecho el tercer grupo. Ya se había decidido que Brook quedara de vigía en el Sunny.
- Si vemos que anochece nos volvemos al Sunny – comentó Nami clavando la mirada en la frondosa vegetación que se extendía justo ante ella. – No quiero pasar la noche ahí dentro.
- Yo te protegeré, mi bella Nami – la alabó Sanji dando un paso hacia ella, algo que no pasó desapercibido por el capitán de los Mugiwara.
Por primera vez en su vida, Luffy sintió celos. No le gustaba que Sanji anduviera siempre tras Nami, sobretodo porque era evidente que ella no le hacía caso, aunque tampoco se lo hacía él. Prefería seguir en silencio y no declararse a hacer el ridículo como hacía su nakama casi todos los días. Incluso, a veces, le apetecía que Nami lo golpeara, sólo porque así era una manera de que ella le prestase atención.
- Vamos a buscar de comer – intervino Luffy desechando aquellos pensamientos y los celos. Su estómago era lo primero.
Y colocándose bien su sombrero de paja se adentró con paso decidido en la vegetación.
Nami no pudo evitar no observarlo. Aquel chaleco rojo le sentaba de vicio al igual que aquellos pantalones piratas que dejaban al descubierto unas bonitas piernas tostadas por el sol. La suave brisa marina revolvía ligeramente aquel cabello negro que sobresalía por debajo del sombrero.
Robin había estado observando a su nakama. Era algo que no podía evitar, llevaba demasiados años con esa costumbre para poder quitarla de repente. Le dio un suave codazo a Zoro para que prestase atención y señaló con un leve movimiento de cabeza a la pelirroja, que seguía embobada mirando a Luffy.
- Ja – soltó el espadachín, ya pensando en la manera de sobornarla para que le rebajara la deuda.
Y con una media sonrisa se adentró en el bosque tras su capitán, seguido por los demás.
Era una zona muy boscosa y llena de pájaros, que callaban al oir a los piratas caminar. Parecía que habían entrado en una especie de selva. Los árboles crecían gigantescos hasta que no les veías sus copas, había toda clase de vegetación por el suelo y los insectos… bueno, casi no hablar de ellos.
Sanji iba con el corazón en un puño porque el cocinero de los mugiwara sentía una pequeña aversión hacia esos bichejos. Y Nami también iba cerca de su nakama, a ella también le daban algo de asco. Luffy, al contrario que los otros dos, iba muy feliz al ser un fanático de los insectos y correteaba detrás de ellos como un niño pequeño.
- Eso es un camino – le dijo Nami a sus nakamas en voz baja al distinguir un estrecho sendero medio borrado por la vegetación que se adentraba aún más en el bosque.
- ¿Eh? – Luffy dejó el bicho al que estaba examinando y se dirigió, expectante, hacia dónde señalaba Nami. - ¡Un camino! – soltó una risotada.
- Ni se te ocurra, Luffy – le dijo la pelirroja. – No sabemos a dónde lleva. Sigamos por el bosque.
- ¡Seguro que hay comida! – y sin esperar respuesta de sus compañeros echó a correr por el sendero.
- ¡Luffy! – gritaron Sanji y Nami a la vez.
No tuvieron más remedio que seguir a su capitán, mientras Nami no hacía otra cosa que despotricar contra él. Era su manera de quitarse los nervios de encima. Tenía un mal presentimiento, algo que le hacía helar la sangre en las venas, pero decidió permanecer callada porque al fin y al cabo sólo era un presentimiento y no quería ver cómo se burlaban de ella después, sobre todo cuando el resto de la tripulación lo supiera.
Enseguida perdieron de vista a Luffy, y Nami y Sanji no tuvieron más remedio que echar una carrerita sin fijarse en el camino ni lo que había a su alrededor porque en caso de que lo hubieran hecho seguramente habrían dado la vuelta sin pensarlo ni un segundo.
A los lados del camino y colgados de las ramas de los gigantescos árboles había objetos hechos a mano con hueso, madera… eran una especie de fetiches, objetos de protección, quizá. Clavados en palos de madera, algo alejados del camino, había calaveras, evidentemente humanas.
Y ninguno de los mugiwara había reparado en eso.
Nami, Sanji y Luffy estaban en silencio, parados delante de una pequeña casa de madera de aspecto algo destartalado, observándola. De la chimenea media derruida salía humo. ¿Quién vivía allí? Y antes de que nadie pudiera evitarlo Luffy se acercó a la puerta.
Continuará…
Espero que os haya gustado. Este ya me ha quedado un poquitín más largo… jajaja
Gracias a Nemo Robin, a Gabe, Kaizoku ou16 (¡menudo nombre te has puesto XD!) y a Dragonazul por los reviews.
Y siento la tardanza.
Nos vemos.
