Los personajes no me pertenecen. La historia es fruto de mi imaginación... Capítulo modificado


CAPITULO II

Hacía calor. Era una de estas mañanas calurosas de principios de julio. Había una gran polvareda provocada por los carros que realizaban su rutinario abastecimiento diario de la ciudad, proporcionando a las calles un aspecto de caótico hormiguero. Los vendedores abrían sus tiendas mientras iban recibiendo la mercancía del día para que los más madrugadores pudiesen realizar sus comprar matutinas.

Sakura se paró frente a la floristería de Ino y miró hacia el interior. Su amiga estaba atendiendo a un chico; "se le notaba nervioso, quizás sea la primera vez que le regala flores a una chica", pensó Sakura. El joven al final se decantó por unos tulipanes rojos, salió de la tienda contento y sonrojado; "pensaría en la reacción de la muchacha cuando recibiera las flores". Sakura no pudo evitar sentir envidia. Deseaba que alguien le regalara flores. Ino la vio desde el mostrador. Le hizo un ademán con la mano y Sakura entró en la tienda.; en su interior se mezclaban una gran variedad de olores: jazmín, margarita, rosas, cerezo... era difícil distinguir los aromas por separado, salvo para aquellos que tuvieran un olfato prodigioso capaz de identificar una a una las fragancias.

— ¡Cuánto tiempo sin verte! —exclamó animosa Ino. Se quitó los guantes, depositándolos en la mesa junto a las tijeras, y se sacudió las manos, quitándose un poco la suciedad.

Le dio un abrazo y un par de besos que fueron correspondidos por Sakura.

— ¿Ahora trabajas aquí? ¿Has dejado de ser ninja para dedicarte al negocio familiar? —preguntó irónica la chuunin.

—Hay que reconocerlo: no valgo para ser una buena ninja. No tengo muchas técnicas y la única que tengo no dio resultado en ti.

—Estuviste a punto de ganarme. Fue gracias a Naruto que no perdí contra ti —reconoció.

—No, además hubiera ganado con trampa.

Sakura escrutó a su amiga. No había ni una chispa de humor en sus ojos azules. Evocó aquel último combate, y lo cierto es que el azar le favoreció. Si Naruto no le hubiera dado ánimos y su subconsciente no hubiera reaccionado a la voz de su amigo, habría sido derrotada. La técnica especial de Ino era bastante buena. Recordó como Ino se introdujo perfectamente en su cuerpo, llegando a controlarlo y anulando su voluntad. Cierto es que todo lo que hizo para ganar fue recuperar el control de su mente el escuchar los gritos de Naruto le trajo de vuelta a la realidad; era consciente de que Ino había ocupado su cuerpo y estaba intentando hablar por ella. Puso toda su fuerza en derrotarla, que no era mucha, pero si la suficiente para terminar en empate. Jamás pensó que le tocaría luchar con su amiga, antes enemiga por el mutuo amor que sentían por Sasuke, y menos en un combate a muerte.

Ino fue la primera que le tendió una mano cuando lo necesitó. Rememoró el día en que la conoció. Sakura lloraba por tener una frente tan grande, o al menos, eso decían los niños de la escuela. Siempre se hallaba solitaria, marginada, y veía con envidia como las demás niñas disfrutaban jugando y eran felices. Esa era su pena y el motivo de sus lágrimas. A su corta edad experimentó las burlas, pero a diferencia de Naruto, éstas eran por su físico. La única persona que se le acercó fue Ino. El primer regalo que recibió fue de ella: una cinta para el pelo, que no se quitó hasta el día en que se convirtió en gennin; se la obsequió con una sonrisa, creyendo que se la colocaría en la frente para disimularla, pero fue todo lo contrario; se la puso en forma de diadema, como actualmente llevaba su bandana. Ino le hizo darse cuenta de que debía valorarse más, que no por tener una cosa u otra eras mejor que los demás. Esa lección la empezó a aprender con Ino y la terminó con Naruto.

Jamás tomó en cuenta a Naruto. No se tomó la molestia de preocuparse por él. Lo veía como un estorbo. Eso pertenecía al pasado, todo eso había quedado atrás. Ahora valoraba a Naruto como persona, como su amigo, como un confidente con el que revelar sus temores. ¿Acaso Naruto no había demostrado ser un amigo excepcional? La respuesta era clara: si. El joven se lo había ganado a pulso, al contrario que ella, que no había hecho nada para merecer su amistad. ¿Cómo pudo considerarla una buena compañera cuando ella lo había menospreciado en todo momento? Una de las cosas que aprendió en ese año fue a ponerse en la piel de la otra persona.

—No hay que darle más vueltas Ino —sonrió —. Las dos ganamos y nos debemos sentir orgullosas por ello. Además, la cuestión no es hacer trampas, sino engañar a tu oponente y tú lo conseguiste.

Sakura contempló unos lirios amarillos. Estaba dudosa, no sabía si llevarle flores a Hinata o no. Sería un bonito detalle. Ino siguió la mirada de Sakura.

— ¿Acaso piensas regalarle esas flores a alguien? ¿Quieres que te ayude? —se ofreció. Sakura asintió —. Los lirios se consideran la flor de la dulzura, pureza e inocencia. Es una flor bastante respetada en todo el mundo y es utilizada como símbolo de realeza. La que estás mirando significa amistad, el comienzo de una tierna amistad.

—Creo que es la flor más adecuada para regalársela a Hinata. La veo tan pura e inocente —antes de que Ino preguntara prosiguió —. Tengo la intención de ir a visitarla hoy y querría llevarle un pequeño detalle. Me gustaría ser su amiga.

—Siempre ha sido una chica muy solitaria. Sus únicos amigos son Kiba, Shino y Kurenai. ¿Sabías que su padre renegó de ella?

Sakura negó con la cabeza. No sabía mucho sobre el clan Hyuuga y lo único que conocía era la extraña relación de Neji con el resto de su familia. Nunca se llegó a interesar por la vida de los demás, los chismorreos no iban con ella, y pensaba que había que respetar la intimidad de las personas. Algo había percibido el otro día en la casa Hyuuga y no le dio mayor importancia. No eran asuntos suyos, y por lo tanto, no le incumbía.

—Si, como oyes —continúo. Sakura se sentía como una entrometida enterándose de la vida de los Hyuuga, pero quería seguir indagando —. Por lo visto, Hyuuga Hiashi considera a su hija como a una inútil. No quiso saber nada de ella y se la dio a Kurenai para que la cuidara.

— ¡Qué...! ¡No tengo palabras para describir mi irritación con ese hombre! —exclamó Sakura.

— ¡Calma! —intentó tranquilizar a su amiga —. Lo mejor viene ahora. Entrena a la hermana menor de Hinata como si fuera la heredera del clan... Creo que quiere eliminar a Hinata para que Hanabi sea la heredera.

— ¡No especules! —dijo escéptica.

—No lo hago. Seguro que esas son sus intenciones. ¿Acaso ves normal la actitud que tiene Hyuuga Hiashi con su hija? Si no fuera ese su propósito, ¿para qué tomarse tantas molestias entrenando a Hanabi cuando tiene que enseñar a Hinata? —conjeturó.

—Pero Hinata es su hija —contestó airada Sakura —. Puede que no sea tan poderosa como a su padre le gustaría, pero esa no es razón para despreciar a tu familia. Además, el Sr. Hyuuga no parece cruel

Sakura se negaba a creer en lo que Ino le estaba contando. ¿Cómo podía ser tan cruel el padre de Hinata? Su clan era uno de los más poderosos de Konoha, así que probablemente querría mantener esa supremacía sobre el resto, pero no concebía el hecho de que un padre pudiera tratar así a su hija por una cuestión de poder. Un sentimiento de pena empezó a invadir a Sakura: Hinata no se merecía esto. El imaginar la vida que habría llevado una chica tan dulce hizo que sintiera una profunda compasión por ella.

—Quizás si Hinata se hubiera tomado su entrenamiento más en serio, su padre habría obrado de otra forma. —Dijo Ino, interrumpiendo los pensamientos de Sakura.

— ¡No digas eso! ¿Acaso nosotras nos tomamos en serio nuestros entrenamientos? Hinata tiene más potencial que nosotras. Estoy segura —prorrumpió Sakura.

— ¿Lo dices por su byakugan?

—Pues si. No hay ninguna técnica ninja que se pueda comparar a esos ojos, al igual que el sharingan. No debemos conjeturar sobre los demás, no creo nada de lo que me estás diciendo —contestó firme y segura. Agarró con suavidad los lirios y se despidió de Ino.

Camino a la casa de los Hyuuga, meditó sobre el origen de esta familia. Prácticamente no tenía ni idea de la procedencia de ésta, sólo lo que Ino le había contado. Ni siquiera sabía las generaciones que llevaban en Konoha y todas las leyendas que podía albergar. Su interés se había incrementado a raíz de la conversación con Ino. Se sentía indignada y frustrada: por saber la clase de hombre que era Hiashi y por no haber podido evitar la tristeza de la joven.

No todo era justo y las cosas no son como parecen. No tiene que existir una razón para actuar de esa forma. No quería creer que las especulaciones de Ino eran verdaderas. No quería ser una intrusa en la vida de los Hyuuga, pero tenía intenciones de serlo y averiguar que parte de razón llevaba su amiga. No, no podía permitir que le sucediera algo terrible a Hinata.

Deambulaba por las calles y por andar tan sumergida en sus pensamientos: se había desviado del camino sin darse cuenta. Decidió acortar el camino subiéndose en los tejados de las casas, asimismo podría avanzar más rápido y no tendría pérdida. Normalmente, prefería pasear en ver de ir corriendo, no era como Rock Lee o Gai que siempre iban presurosos.

Escuchó una voz gritar su nombre, se paró y giró la cabeza. A la lejanía distinguió a Lee que, saltando de tejado en tejado, traía la pierna izquierda atada junto con su mano derecha, y la saludaba con la mano que le quedaba libre.

Esperó a que el joven la alcanzara; no tardó demasiado. Le explicó que había perdido con Naruto a: piedra, papel o tijeras. Y el perdedor daría cincuenta vueltas por Konoha con el único obstáculo de tener que amarrarse una pierna y la mano. La relación que mantenía con Naruto era muy parecida a la que tenía Gai con Kakashi, siempre quería ser el ganador y si no era así se auto imponía un castigo, puesto que esos extraños "combates" lo solían realizar los cuatro al mismo tiempo y lugar.

Le preguntó por Gai. Lee le contó que su maestro le había pedido a Kakashi una revancha y después de mucho insistir, éste acepto. Lee hizo hincapié en la palabra insistir, era una anomalía que Kakashi se negara y al ver la tenacidad de Gai aceptara. Kakashi era pasota con Gai, pero a pesar de eso, le gustaba mantener un pique continuo con Gai; la rivalidad de ellos no era mala, sino todo lo contrario. Y otra anormalidad fue el hecho de que perdiera Kakashi.

Eso último se lo dijo antes de marcharse, ambos tenían cosas que hacer. Seguramente, Kakashi estaría deseoso de terminar de leer su libro; tenía que ser erótico, eso era algo obvio, porque estaba escrito por Jiraiya, un pervertido allá donde los haya, como Naruto y Kakashi.

Esas eran las suposiciones que Sakura se planteaba, siempre tendía a pensar mal de esos tres. Aunque Kakashi estaba extraño desde hacia unas semanas, prácticamente desde que los volvió a entrenar. Le preocupaba su maestro y el interés por él se acrecentaba a medida que pasaban los días, pero no conseguía tener la confianza que tenía con Tsunade o con Naruto, era una relación maestro-alumna. Le apenaba que él no fuera franco con ellos, pero eso no quería decir que no fuera sincero. La sinceridad era una cosa y la franqueza otra. Atesoraba contarle a Kakashi que sabía parte de su pasado, sin querer averiguó lo de su padre y lo de su amigo Obito; fue inintencionadamente que halló esos documentos, porque se encontraba buscando información acerca de Sasuke y esos papeles cayeron desde lo alto de la estantería. Quería ser confidente de él y hacerle ver que lamentaba haberlo sabido de esa forma, aunque eso implicaba reconocer delante de él que husmeó en el despacho de Tsunade —cosa que le daba vergüenza admitir — y leyó el libro de las técnicas prohibidas; Tsunade lo sabía y también comprendía que tenía que guardar silencio, pero si alguien que no fuera de confianza llegara a enterarse... Si ese libro cayera en manos inapropiadas muchas villas desaparecerían... Orochimaru ansía ese conocimiento y parte de su interés en atacar Konoha es ese.

Cuando se encontraba frente a la puerta de los Hyuuga se le acercó alguien por detrás. Lo reconoció al instante. Era fácil. Su aspecto no era vulgar y se le distinguiría entre un gentío; su rostro se mostraba sereno y daba muestras de identificarla como la alumna de la Hokage. Sakura se avergonzó por no haber cumplido con el protocolo, que descortesía por su parte y que falta de educación. Sus mejillas blanquecinas se tiñeron de rojo y de sus labios salió una disculpa, a la vez que se inclinaba: tocando con la frente el suelo, esperando un gesto o una palabra por parte del señor de la casa. Esta vez tendría que ser otra persona el que encontrara divertida la situación, al no venir acompañada de Tsunade perdía todo su aire de grandeza y se veía reducida a una simple chuunin, sin ningún tipo de privilegio puesto que su familia no pertenecía a ningún clan poderoso.

Hiashi no sonrió ni se mostró tan agradable con ella como en la ocasión anterior. Maldijo en su interior el no tener a la Hokage a su lado y sobretodo, la clase de hombre que era el señor Hyuuga. Pasó de largo y cuando Sakura creía que la iba a dejar allí inclinada en el suelo, le dijo:

—Pasa. Tsunade me dijo que pensabas venir a visitar a mi hija —Al ver la sorpresa en el rostro de ella, Hiashi contrajo su cuerpo con fuerza y su boca formó un rictus profundo —. Quédate aquí mientras algún criado te atiende. Discúlpame, tengo un asunto que tratar y es urgente.

Suponía que la casa tendría decenas de criados, debido a su inmensidad, y alguno que otro no tardaría en presentarse a la sala en que la había dejado Hiashi. Observó todos los detalles del tatami, que tenía dieciocho piezas y era en tonos verdosos. Ella no serviría para llevar una casa. No tenía ni la menor idea del feng shui: crear armonía en una casa, no sabría decir que color y dependiendo de su colocación traería mayor o menor suerte. Jamás se tomó las molestias de aprenderlo y mucho menos de llevarlo a cabo; no, su indiferencia radicaba en el hecho de que el mejorar las técnicas ninjas era más importante que eso, al menos, actualmente. A pesar de que tengan criados y les hagan la mayoría de las tareas del hogar, eso no significa que la señora Hyuuga no sepa hacer estas cosas. Es el deber como mujer del señor Hyuuga el saber bien ese arte y el llevar una casa; además de tener que atender personalmente a su esposo: tanto coserle la ropa como prepararle los baños. Eran las tradiciones, arraigadas de muchas generaciones, que debían acarrear todos los clanes de un alto nivel social y sobretodo aquellos clanes que no poseen ningún ninja.

Permanecía de pie. Los minutos pasaban y, le parecían horas, a medida que éstos transcurrían, crecía la desesperación de Sakura. Se sentía impaciente por hablar con Hinata y salir de ese hogar.

Una sombra se introdujo en la habitación. Sus ojos, desesperados, buscaban a la persona a la que le pertenecía aquella silueta. Intentaba identificar quién era: no tenía aspecto de criado y mucho menos de invitado. Sin darse cuenta su mano fue a su bolsillo y, sintiendo seguridad al tocar los shurikens y kunais, estaba a la expectativa de los movimientos del intruso. Sus facciones estaban cubiertas por un sombrero de paja y por su túnica, roja y negra, reconoció que se trataba de alguien de la Akatsuki.

La cara de Sakura era de desconcierto. " ¿Qué hace aquí un miembro de la Akatsuki? Es extraño que se atrevan a entrar en una de las casas más poderosas de Konoha. Tengo que guardar la calma, si me pongo nerviosa estaré muerta en menos de dos segundos. Sé que puedo vencerle, lo que me falta es la experiencia en combates como éste. Por lo que he escuchado decir a Jiraiya en esta organización sólo entran aquellos que se pueden igualar a los legendarios sannin. ¿Estarán los demás bien? Tengo que intentar escapar y buscar a Hinata. Debo asegurarme que no está herida", pensó.

Le tiró un kunai que esquivó sin dificultad. Se iba acercando a ella lentamente. El pulso de Sakura se aceleró, no podía moverse, estaba paralizada; lo peor era que el miedo se iba extendiendo por todo su cuerpo, dejándola en desventaja contra su oponente. Lo tenía a escasos centímetros de su rostro, a pesar de la corta distancia, aún no podía identificar a ese miembro de la Akatsuki. Sin esperarse a que el individuo se aproximara más a ella, su puño se estrelló contra el pecho del miembro de la Akatsuki; el sujeto se estampó en la pared y tiró los cuadros.

El talante de Sakura cambió al ver que lo había golpeado y lo había dejado inconsciente, pero en ese mismo momento se fijó que había usado una técnica de sustitución, y el miembro de la Akatsuki le amenazaba con un kunai al cuello.

"Ahora estoy en un buen problema" se dijo a si misma. Su corazón latía fuerte y veloz, mientras que un hilillo de sangre descendía por su pecho. La fuerza con la que apretaba el kunai le había provocado un pequeño corte en el pescuezo. Se tranquilizó al dejar de sentir la presión del cuchillo en su garganta. Había pasado por situaciones similares, pero esta vez era distinto, no tenía a nadie que le fuera a salvar; el sudor le resbalaba por la frente y su mano ágilmente cogía otro kunai.

Apresuradamente contraatacó, deshaciéndose del contacto frío del metal en su cuello, y se giró poniéndose frente a frente con él.

Los ojos de Sakura estaban alerta de cualquier movimiento por parte del extraño. No sabía que estrategia llevar a cabo, aunque en su mente repasaba todo lo que Tsunade y Kakashi le habían enseñado. Deseaba tener a su lado a alguno de ellos: Tsunade, Kakashi o Naruto. Lo que si tenía claro era que debía estar segura de si misma y no perder la concentración.

Ambos se miraban, pero Sakura sólo veía una sombra en los ojos porque el sombrero lo tapaba completamente y la sala estaba casi a oscuras. Él tenía el cuerpo relajado y observaba las reacciones de la joven; analizando el momento de atacar y sobretodo esperando una imprudencia como la de antes.

Sakura no se lo esperó dos veces y se abalanzó sobre él. Se había puesto el guante para no hacerse daño en los puños.

Al principio luchaban con shurikens, que cada uno rehusó sin dificultad; luego, atacaban con los kunais; y más tarde, fue un cuerpo a cuerpo. Uno y otro rehuían los ataques, los dos eran ágiles y eso hacía que Sakura se inquietara más. Iba a formar los sellos para hacer una de las técnicas que había desarrollado, no quería mostrarla todavía, pero su inquietud se incrementaba por segundos.

—Ya es suficiente —interrumpió una voz. Al mirar hacia atrás, de donde provenía la voz, bajó la guardia y un puño se impactó en su estómago. La fuerza del golpe la arrastró varios metros hacia detrás. Alguien la cogió antes de estrellarse contra la pared, para evitar que se estrellara y se hiciera más daño.

Pudo ver a Hiashi, que era el que había dado la orden de detenerse y por su culpa se había llevado ese puñetazo. Al que no veía era al miembro de la Akatsuki. Rápidamente se volteó para ver que quien la estaba sujetando. Su rostro no mostró sorpresa, sino ira. Violentamente se separó del sujeto y se puso en posición de atacar.

Sakura no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Todavía no sabía que estaba ocurriendo, y sobretodo, porque Hiashi se mostraba tan tranquilo teniendo a un miembro de la Akatsuki en su casa. " ¿Hiashi forma parte de esa organización? Estoy empezando a creer a Ino, ya la idea de que Hiashi asesine a su hija no me parece tan descabellada. ¿En qué momento y cuándo se volvió del otro bando?", estas preguntas pasaban por su mente, mientras observaba a ambas personas.

— ¿No te has enterado Sakura? He dicho que ya es suficiente —volvió a repetir. Su voz era firme y pronunciaba cada palabra con lentitud; se notaba que estaba acostumbrado a dar órdenes y a imponerse a los demás. Ante el desconcierto de la chica se puso a explicar —: No es lo que crees. —Miró como Sakura abría los ojos recelosos y a la vez anhelantes de saber todo, y continúo —. Esto ha sido planeado por Tsunade hace varios días.

Sakura no daba crédito a lo que escuchaba. Antes tenía mucho miedo y ahora esta jubilosa. No tenía un término medio. Estaba a la expectativa de saber todo y, sobretodo, de averiguar con quien luchó.

—Necesitamos tu ayuda. La misión te la explicaremos cuando tu entrenamiento haya finalizado. Es de alto secreto —intervino Tsunade. Sakura no la había visto aparecer.

— ¿Quién eres entonces? —dijo dirigiéndose a su oponente. Su mirada se dirigió hacia Hiashi, al ver que éste asentía se quitó el sombrero, revelando su identidad. Sakura se sorprendió un poco, pero se sentía orgullosa de no haber sido vencida tan fácilmente. Él era un genio y eso significaba mucho: su nivel estaba muy por encima de lo que ella creía.

Enfrente de ella se encontraba un Neji muy distinto al que ella recordaba. Dentro de la seriedad que lo caracterizaba, se le veía divertido por la situación y tenía cierta complicidad con su tío; cosa que antes no era así. Su melena negra caía grácil y elegante, enmarcando sus facciones varoniles y sus labios formaban una mueca burlesca. No había dudas: era un joven apuesto y guapo, cualquier chica se sentiría atraída hacia él.

El silencio estaba presente en la sala, incluso el piar de los pájaros había dejado de sonar, sólo se escuchaba el sonido de la respiración en los presentes.

"Tengo que decir algo. Este mutismo por parte de los presentes me está poniendo nerviosa. ¿Qué esperan por mi parte? Me he asombrado bastante".

Sakura rodeó con sus brazos su barriga, calmándose la punzada de dolor en un abrazo tranquilizador y ajena a la cara de preocupación que mostró Neji en un instante. La potencia del puñetazo no fue demasiado fuerte para herirla, además estaba acostumbrada a recibir golpes más fuertes; sin embargo, tenía una herida sin cicatrizar donde había recibido el golpe.

En un instante se acordó cuando se hizo esa lesión. Fue luchando, el otro día, con Naruto que quería demostrarle las habilidades que había desarrollado. Llevaban un rato haciendo exhibiciones de las nuevas técnicas que habían desarrollado. Se sentían cansados a pesar de que sus respectivos chakras habían aumentado con los años y con los duros entrenamientos a los que se vieron sometidos por parte de sus maestros. Sakura fue al río a enjuagarse la cara, contempló el reflejo de su rostro en el agua, y admiró el bosque; fue a tumbarse en la hierba junto con Naruto y descansar un rato. Estaban agotados y soñolientos. Varios shurikens se dirigieron hacia ellos y uno de ellos se clavó en el estómago de Sakura al proteger a su compañero. Naruto eliminó a los bandidos en un instante; se encontraba irritado y enfurecido consigo mismo, por haber sido tan descuidado y haber permitido que hirieran a su amiga. Los shurikens estaban envenenados y, hubiera estado muerta sino fuera por sus jutsus curativos. Todavía quedaban secuelas del veneno porque era difícil recuperarse en tan poco tiempo, necesitaba guardar reposo durante varios días y evitar cualquier golpe en el vientre.

Por algún motivo, que ella no acababa de comprender pues la situación seguía siendo bastante incómoda y no le habían explicado nada de la misión; Hiashi y Tsunade se ausentaron de la habitación alegando tener que resolver un asunto importante en la villa. La atmósfera se volvió tensa a medida que los dos jóvenes se miraban y no pronunciaban ninguna palabra; sin embargo, fue Neji quien rompió el silencio.

—Siento si te he lastimado —dijo alto y claro. La miró a los ojos directamente, esperando alguna reacción por parte de la joven; ésta sostuvo la mirada indignada con la disculpa del joven.

"No puedo permitir que se crea que soy una débil. Tengo que fingir que no me duele..."

—No me gusta pegar por sorpresa, pero te lo tienes merecido por distraerte en un combate. —Ante el mutis de ella, prosiguió —: Nunca debes bajar la guardia, eso podría costarte la vida.

Por cada palabra que el joven decía, la irritación de Sakura crecía y apretaba más fuerte su puño. Odiaba que le hablaran de ese modo, ¡cómo si no supiera esas cosas!, y sobretodo cuando un genio como él le daba lecciones.

"Cálmate. Todos saben que clase de persona es Neji, siempre riéndose de los demás... sólo tengo que ver como trata a Lee y ni siquiera se relaciona con los demás. Tengo ganas de darle un buen puñetazo y hacer que se calle. No lo soporto", pensó.

—Creo que esto es tuyo.

Recogió los lirios amarillos y se los entregó. Sakura no se percató en qué momento dejó de estar a su lado para recoger las flores de Hinata. Su ira cesó al acordarse del motivo que le había traído hasta esta casa.

—Sí. ¡Ya ni me acordaba! —exclamó. El recelo que Neji le infundía lo suprimió por un sentimiento de confianza —. ¿Sabes dónde se encuentra Hinata? Es que quería regalarle...

No la dejó continuar. Salió de la habitación velozmente, dejándola con la palabra en la boca. Estaba aturdida por la extraña situación; sin embargo, se enojó con Tsunade, Hiashi y Neji por dejarla allí sola y a la espera de alguna explicación.

Un alboroto se oía desde el exterior de la casa. Sakura fue a tientas por la casa hasta encontrar el origen de aquel ruido, el jardín de la de última vez. Allí, a los lejos, se encontraba una Hinata que estaba siendo atendida por dos criados y su primo. No se movía y la sangre salía a borbotones por las múltiples heridas que tenía en todo el cuerpo. Se paralizó al ver aquella imagen, pero enseguida recobró el juicio y fue corriendo a examinarla.

Neji apartó a los criados. Dirigió una rápida mirada a la chuunin y volvió a mirar a su prima que estaba malherida.

— ¿Cómo se ha hecho esto? Necesito preparar un calmante, pero antes voy a cerrarle las heridas; sin embargo, cuando se despierte le dolerá un poco...

Neji asintió.

Sakura concentró su chakra en la palma de su mano y empezó a extenderlo por el cuerpo de la joven. Hinata permanecía quieta, no obstante, reaccionaba cuando una herida se estaba cerrando. Tenía demasiado dañado los brazos y las piernas. Sakura intentaba cerrar con mucho cuidado todas las heridas para que no quedasen cicatrices. Le cortó un mechón de pelo, para así garantizar su recuperación en dos o tres días, aunque esa técnica sólo se la habían aplicado a Neji, cuando estaba a punto de morir y era difícil de usar, pero ella ya la había aprendido gracias a su maestra. Consiguió estabilizarla y corrió a preparar el ungüento.

Al regresar se encontró una escena que la enterneció y la llenó de felicidad. Neji sostenía celosamente a su prima, como si de un tesoro se tratase, y le acunaba en sus brazos tiernamente, en un gesto fraternal. Levantó la vista, la vio observándole, y, a pesar de eso, no la soltó.

Se acuclilló delante de ellos sonriendo a Neji. Abrió un frasco, con sus dedos empezó a extender el ungüento verde por el cuerpo de la Hyuuga; el olor era desagradable, pero los resultados eran efectivos.

—Gracias —pronunció lentamente Neji. Acarició la mejilla pálida de Hinata, la cogió suavemente y con un gesto pidió a Sakura que lo siguiera.

Neji se introdujo hacia el interior de la casa. Lo siguió cabizbaja. Iba dos o tres pasos más atrás que los de él, pensando qué le habría ocurrido a Hinata y, si era cierto que su padre tenía algo que ver. Estos pensamientos le atormentaban, no veía a Hiashi como una amenaza para Hinata, mas era extraño, que algo así hubiese sucedido en su propia casa. Era irrefutable que, momentos antes, llegó a asumir que el señor Hyuuga era un impúdico, capaz de hacer cualquier cosa por ver a su clan predominar ante los demás; aunque eso significara suplir a su hija.

Sus pupilas se agrandaron debido a la oscuridad. Sólo se distinguía un futón blanco en la sombría habitación; se movía con dificultad, apenas visualizaba a Neji e Hinata, y sus pies tropezaron, con un baúl, cayéndose al suelo.

Allí, delante de sus ojos, pudo contemplar algo realmente bello, digno de una casa como esa. No, no podía ser verdad. Advirtió que colgada de la pared descansaba la legendaria katana que perteneció a algún Dios mitológico; era un kami. Esa katana debía estar bendecida por el espíritu del río, y, aquello no era una habitación normal. Ese lugar estaba envuelto por un aura mística, más allá del propio entendimiento humano. Se respiraba un aire de misticismo.

Neji depositó cuidadosamente a su prima en el futón; encendió una vela, lo suficiente para alumbrar aquel espacio. Sakura no dio crédito a lo que veía. En un principio pensó que se trataba del cuarto de la joven Hyuuga; más tarde, creyó que era una sala para que ésta descansara y se repusiera; y, ahora, evidenció que se encontraba en un estrecho y antiguo templo sintoísta de los Hyuuga. Enseguida lo comprendió, sólo había que remontarse a años atrás...

Algunos clanes antiguos tenían una fe ciega en los Dioses, en especial, en la Diosa del Sol. Creían que Ésta curaba a todo aquel puro de alma e, incluso se decía que concedía la victoria en las batallas que se libraban en aquella época. Muchos devotos, de clanes prestigiosos, mandaron construir un pequeño templo en todas las casas señoriales y, así, adorar a la Diosa; en un momento dado, podría servir como refugio en caso que el enemigo consiguiera invadir la villa, ya que nadie se atreve a profanar un lugar sagrado.

Cuando se pudo acostumbrar a la débil luz de la vela, reparó en que el techo estaba bien conservado a pesar de los años. No era una techumbre de madera. Aquel armazón estaba ensamblado por medio de ramas de sauce para estar en constante armonía con la naturaleza, a pesar de eso, se apreciaba una reconstrucción del mismo. El suelo de madera crujía, pero su conservación era excelente; no tenía ni una grieta a pesar de los años.

Sakura disfrutaba de la tranquilidad que emanaba aquel lugar. Luchaba contra Morfeo, contra sus párpados, y sobretodo, contra su cansancio. Abrigaba la esperanza de mantenerse en pie, no rendirse ante el sueño, no dejarse en evidencia delante de él... Él. ¡Qué extraño sonaba! ¿Acaso podía permitirse el lujo de dormir relajada, sabiendo que él estaba? ¿Acaso no se sentía coartada con él o habría perdido la timidez...? ¿Acaso todo era producto de su imaginación y...? ¿O quizás esto no era tan verosímil como ella creía, todo era tan irreal...?

Agotada, exhausta, fatigada, así se sentía. Sus fuerzas le iban abandonando, facilitándole la victoria a Morfeo, inclusive pensar le costaba. Su mente hastía no era congruente. ¿Cuándo perdió la coherencia? No lo sabía. Lo último que supo, antes de caer rendida, fue que Neji la tumbó al lado de Hinata.

Y así, dormida plácidamente a la luz de una vela, transcurrieron las horas.

Sudor, frío... un grito, de ese modo despertó. Fue su propio clamor el que rompió la quietud, sobresaltada y con algún que otro espasmo, se incorporó. A su lado seguía Hinata, su respiración era lenta y pausada, al contrario que la de ella, que era veloz. La Hyuuga seguiría soñando hasta el amanecer, sin que sus sueños se convirtieran en pesadilla.

Inmediatamente buscó a Neji con la mirada. No lo vio. Se percató que su traje estaba manchado de sangre, sospechando que gran parte sería de Hinata y el resto de ella. Se estremeció al sentir una punzada de dolor en el vientre, ocasionándole fatiga y un malestar que se iba extendiendo por todo su cuerpo. Necesitaba salir de ahí. Corrió hasta el jardín, ya era de noche, y sin poder aguantar por más tiempo las ganas de vomitar, vomitó. Su garganta se resentía, echó bilis, las lágrimas le dejaban un sabor salado contrarrestando el sabor ácido, y resbalaban por su rostro, tragando con dificultad.

Debía irse de allí, sus heridas no podían esperar por más tiempo, y no sabía por dónde salir. La casa era un laberinto, imposible para ella de retornar por el mismo camino por el que llegó, y no quería llamar a ningún criado a esas horas de la noche. Quizás atravesando el jardín y saltando el muro. Si, esa era la solución.

El resplandor de la luz de la luna era precioso, pero al mismo tiempo hacia que los árboles tuvieran un aspecto de lo más terrorífico; el viento los mecía al compás de una melodía, bailaban al vaivén de un violín, acechando a cualquiera que osara interrumpirles. Era una visión siniestra. Casi a tientas consiguió llegar a la muralla, que no era muy alta. De un salto se colocó en el camino de ronda y descendió hasta tocar de nuevo el suelo exterior.

Quería aletargarse y no advertir que esos mismos ojos la observaban en la nocturnidad. Esa extraña sensación la acompañaba desde que Naruto volvió a Konoha. No temía enfrentarse a esa persona y averiguar la verdad de todo, pero no podía evitar sentirse vigilada. Si fuese algún enemigo ya la habría atacado, suponía que era alguien de Konoha y asimismo tenía que ser ninja. Muchas veces había intentado descubrirle, mas en vano, no lo consiguió. Además ese extraño, pavorosa y a la vez deseosa de saber quién era, se estaba convirtiendo en alguien cercano a ella; sabía con notable exactitud que la seguía hasta que llegaba a su morada, a su hogar. Al principio le alarmaba sentirse observada, pero a medida que los días avanzaban se daba cuenta que esa persona velaba por su seguridad; a pesar de que por muy surrealista que pareciera, a ella le encantaba estar acechada por unos ojos misteriosos, como un cazador a la espera de la presa.

Transitaba las calles, agazapada y exhausta, ansiosa de llegar a su casa para encontrar cobijo en su cama, sintiéndose protegida con el dulce tacto de las sábanas. Había perdido la noción del tiempo, a raíz de que entró en la casa de los Hyuuga, sólo apreciaba que era de noche, por la envolvente oscuridad y las estrellas brillantes en el cielo.


Notas de la autora: Segundo capitulo modificado. He comprobado que no haya ninguna falta de ortografía, sin alguien las encuentra que me avise. He modificado unas pequeñas cosas, vamos un par de frases para que la historia tenga más sentido. Siento la tardanza.