¡Holiwi! :33
Bueno, antes que nada un grandísimo y especial agradecimiento a todos aquellos que dejaron review, siguieron la historia y quienes la agregaron a su lista de favoritos, de verdad, ¡muchísimas gracias! ¡Hacen de mi existencia una más feliz y completa!
No sé si Luffy tenga un camarote todo para él, creo que no, creo que los chicos comparten camarote… pero aquí hagamos de cuenta que Luffy tiene un camarote para sí solo, ¿vale? :3
Ah, otra cosa que me gustaría también aclarar, y no me habría dado cuenta si no hubiese sido por la ayuda de kona kana lee (¡gracias! :3), es que, la historia se sitúa en el Nuevo Mundo, léase Shin Sekai, aunque pues… entre qué sagas, supongo que después de la isla Gyojin… .3.
Disclaimer: Los personajes de One Piece, ni One Piece me pertenecen, sino al genialísimo Eiichiro Oda.
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Capítulo 2
Todos estaban haciendo sus actividades cotidianas, aunque de vez en cuando caía un silencio bastante pesado. La navegante a penas y los quería llevar a la siguiente isla, no daba órdenes ni regañaba a nadie, no había golpes o gritos de su parte. Solo silencio. Era lógico que se sintieran un poco fuera de lugar, viendo cómo su navegante se sentaba en el suelo de la cubierta del Sunny mirando hacia la infinidad del mar.
Para no errar en el curso del barco, Luffy le preguntaba de vez en cuando si iban bien, ya que no le contestaría a nadie más, y a pesar de eso, ella solo asentía sin interés y sin despegar la mirada de lo que sea que estuviese mirando. Sanji le llevaba bebidas, bocadillos y postres, pero ella ni se inmutaba, no le miraba y menos le dirigía la palabra. El rubio se limitaba a llorar en una esquina por lo fría que Nami se había vuelto.
Pasando la hora del almuerzo, Luffy se acercó al lado de Nami, quien no se había movido para nada, perdiéndose el desayuno y la comida.
— ¿Tienes hambre? —Le preguntó, buscando su achocolatada mirada. Negó con la cabeza —, Naaamii —lloriqueó el capitán bajo la atenta mirada de todos —, hagamos algo divertido~ —le propuso con una brillante sonrisa. La pelirroja sólo soltó un suspiro.
La sonrisa de Luffy se desvaneció mirando el perfil de la joven con mucho detenimiento y calló. Se acomodó a su lado, pasó un brazo alrededor de sus hombros y contempló el mar con ella, poco después sintió cómo la cabeza de su navegante fue depositada sobre su hombro lentamente. Permanecieron en esa posición durante varias horas, sin decir nada, escuchando las olas, las aves y los lloriqueos del cocinero que murmuraba maldiciones sin cesar. Nami estaba tan quieta, su posición no había cambiado para nada, apenas podía sentirse cómo sus hombros subían y bajaban al compás de su respiración, que, por un momento, Luffy pensó que estaba durmiendo.
— ¿Qué les parece si paramos aquí esta noche? —Se acercó la arqueóloga hacia ambos, mirándolos con una sonrisa. La noche comenzaba a caer y era muy difícil navegar así, su navegante, una de las mejores en todo el mundo, parecía simplemente no querer cooperar y tampoco podían forzarla.
Luffy levantó la mirada viendo a Robin con ganas de rechazar la oferta, pero su mirada se posó nuevamente en la mujer entre sus brazos. No era el momento para caprichos, lo sabía bien.
—De acuerdo —terminó aceptando —, ¿ya es hora de cenar? —Robin rio por lo bajo. Por lo menos su capitán no había cambiado.
—Sí, ya es hora. Venía a decirles también —con un par de señas que Luffy no comprendió, se alejó de la pareja.
—Nami —despegó a la pelirroja de sí mismo para mirarle el rostro —, vamos a cenar —sin embargo, la navegante se limitó a sentarse en la posición que tenía antes de que Luffy llegase.
— ¡Luffy! —El aludido volteó a ver quién lo llamaba, era Zoro, mirándolo desde la entrada de la cocina —, no importa si no quiere, tráela aun así —y se metió a la cocina sin esperar respuesta de su capitán.
Reflexionó un poco. Quizá Zoro tenía razón, es decir, quizá al ver la deliciosa comida de Sanji el apetito se le abriría. Se levantó con Nami en brazos, a la pelirroja realmente no le importó, se dejó llevar.
El barullo de la cocina podía escucharse desde fuera, pero al ver la puerta abrirse y ver entrar al par de jóvenes, callaron un poco.
— ¡Sanji! ¡Yo también quiero un poco de eso! —Le gritaba Usopp quitándole importancia a lo que pasaba a su alrededor. Señalando la comida de Robin y reclamándole al cocinero —, ¡no me ignores, te digo que no es justo! —Pero el rubio estaba más ocupado viendo a la pelirroja, y a Luffy depositándola con cuidado en el lugar contiguo al que siempre se sienta él.
—Nami-san, me alegra mucho que nos acompañes —el rubio le decía con gran ansiedad. Quería que ella lo viese a él, quería que se dejase tratar como Luffy la trataba. A pesar de saber la respuesta, aún se cuestionaba ¿por qué el idiota de su capitán? —, ¿quieres algo en especial para cenar? Puedo intentar cocinar algo nuevo sí es eso lo que deseáis —le insistía a pesar de ver a la navegante desviar su mirada hacia su capitán.
—Me parece que eso es un no, Sanji —el carpintero lo miró con poco de lástima. Y, quizá también comprendía un poco su sentimiento, no solo él, también los demás; ese sentimiento de impotencia, de no poder ayudar a su navegante quien siempre hacía lo mejor por llevarlos a salvo a su próximo destino.
—Creo que debería tocar una canción —Brook tomó su violín y comenzó a interpretar una de sus muchas canciones —, Nami-san, sonría pronto por favor.
Pero la joven lo ignoró, su mirada perdida en nadie sabe dónde le preocupó a todos.
Sin realmente esfuerzo, Nami fue arrastrada por Luffy lo suficiente para que esta quedase más cerca de él y entonces un trozo de carne se asomó en el rango de visión de la pelirroja, levantó la mirada siguiendo el brazo de Luffy que la miraba sonriente.
Por alguna razón, las mejillas de la navegante ardían en un increíble rojo mientras se dejaba alimentar por su capitán.
—Shishishishi —sonreía más y más con cada bocado que la pelirroja le aceptaba —, así está mucho mejor Nami. No queremos que algo te pase.
La cena terminó, esta vez el ambiente se veía un poco más animado viendo cómo la navegante no correría ningún peligro mientras estuviese con su capitán, claro, eso tampoco era algo nuevo.
(=゚ω゚)ノ
A la mitad de la noche, el llanto de la pelirroja, que comenzaron con pequeños, callados y ahogados sollozos, se hacía cada vez mayor, cada vez más ruidoso.
Robin se había despertado desde los primeros gemidos de la pelirroja, pero sin realmente saber qué hacer, se quedó en silencio sobre su cama sin mover un solo pelo, pero, al ver cómo el llanto se hacía mayor, decidió salir de la misma, y de igual forma intentar consolar a la navegante como la noche anterior. Giró silenciosamente su cuerpo para encarar la cama de su compañera y al hacerlo visualizó la figura de Nami levantándose abrazada de su almohada, Robin no se esperaba ver a la navegante salir de su camarote compartido y con su habilidad, miró hacia donde se dirigía su compañera. Se sintió más tranquila cuando supo dónde fue a parar la misma y volvió a dormir.
( ̄Д ̄)ノ
Se deslizó cuidadosamente dentro del camarote, abriendo y cerrando la puerta sin hacer ruido. Se recargó sobre la misma aún con lágrimas corriendo por sus mejillas y miró por un buen rato la persona dormida en frente de ella.
—… carne… —murmuró entre sueños.
—Luffy —la primera palabra que salió de los labios de la navegante desde el día de anterior, palabra que llegó a los oídos del capitán.
—Nami —se incorporó lentamente tallándose un ojo —, ¿qué pasa Nami? —prendió la lámpara que se encontraba en el buró al lado de la cama. Se levantó y se acercó a la pelirroja tomando uno de sus mechones rebeldes y jugando con él —, ¿no puedes dormir?
Nami asintió, cualquiera diría que aquél Luffy no era su Luffy, pues su semblante era serio y sin ningún comentario más la cargó estilo princesa y la depositó con cuidado sobre la cama, arropándola junto con él. La navegante sin darse cuenta, dejó la almohada en alguna parte de la cama y se aferró a su pecho desnudo, ya que, Luffy sólo usaba bóxers al dormir.
Su capitán la abrasó de vuelta aspirando su esencia, era raro, olía a la Nami de siempre, pero había algo en su olor que difería un poco del habitual. Las manos de la navegante recorrieron la cicatriz del pecho del joven de goma, con sumo cuidado.
— ¿Dolió? —Le preguntó de la nada la navegante. Era extraño hablar de ello, nadie en la banda se había animado a preguntarle algo respecto a ello.
¿Qué si dolió? ¡Por supuesto que dolió! Eso le respondería a cualquiera que le preguntase, pero no a Nami, él sabía perfectamente a qué se refería con la pregunta. No iba dirigida a su herida, sino a la pérdida de su hermano.
—Dolió —afirmó —, mucho —Luffy la miraba con muchísima calma, recargado en la palma de su mano y que a su vez, su brazo, descansaba sobre la almohada y su otra mano se encontraba recorriendo con cariño de arriba a bajó la espalda de la pelirroja.
—Lamento no haber estado allí —le susurró abrasándolo con fuerza —, por no haber podido ayudarte —hundía más su cara en el pecho de su capitán, su olor tan masculino, delicioso, le calmaba su ser. Lágrimas amenazaban con caer de sus orbes chocolate nuevamente.
—No fue algo que ni tú ni yo decidiéramos —Luffy dejó de acariciar su espalda para apretarla más a sí mismo —, nadie lo quiso así —le susurró —, Nami ¿qué es lo que sientes? —Miró su reacción con detenimiento.
La pelirroja hizo una mueca de desagrado y levantó la mirada hacia su capitán —, no lo sé —admitió —, sólo siento un terrible vacío en mi interior —y hundió nuevamente su rostro en el pecho de Luffy.
Después de la corta plática, Nami se durmió profundamente, aún sin haber comido la waramiri, hacía mucho que no dormía tan bien, desde el día que Luffy había derrotado a Arlong.
Por otra parte, Luffy admiró a Nami un rato más. Comenzaba a sentir una extraña sensación, algo parecido al hambre, pero a la vez muy diferente, el mismo sentimiento se esparció hasta su pecho, mirar a su navegante entre sus brazos, nunca la había visto tan indefensa como lo había estado desde que comió aquella fruta. Verla así, sus ganas de protegerla crecían aún más, la necesidad de estar a su lado se hacía mayor, oh, cuánto la quería.
¿Cómo?
¿Querer? Era muy extraño, porque, de pronto, sintió que no tenía importancia el cómo era eso posible y antes de que pudiese sacar una conclusión. El sueño se apoderó de él.
La mañana siguiente, todos esperaban ansiosos la aparición del capitán y la navegante. Se morían de hambre y ellos no aparecían. Era increíblemente raro que Luffy no hubiese hecho su aparición, todos los días se levantaba inclusive antes que el cocinero y llegaba mucho antes que cualquiera de la tripulación al comedor, pero ese día, no había señales de vida por parte de ninguno.
— Robin, ¿por qué Nami no viene? —el inocente reno le preguntó mirándola expectativo. La pelinegra sólo sonrió y dio por terminada la conversación.
—Iré a despertar a ese idiota —se decidió el rubio. Suficiente tenía con que Nami no apareciese por ningún lado y sin su capitán tampoco presente, le traía un mal presentimiento.
—Yo los dejaría dormir un rato más —le sugirió la arqueóloga, mirándolo divertida aún con su sonrisa en el rostro.
Pero Sanji no quiso escuchar, salió directo de la cocina al camarote del capitán.
— ¿Deberíamos detenerlo? —Preguntó Usopp mirándolo preocupado. Él no era tonto y con sólo escuchar la sugerencia de Robin se dio cuenta de lo que pasaba y también estaba consciente del cómo reaccionaría su cocinero.
—Déjalo —intervino Zoro —, que lo descubra solo —una sonrisa surcó sus labios. Vaya que disfrutaría aquella escena y sabiendo esto, salió para poder apreciar mejor todo lo que pasaba, los demás lo imitaron curiosos.
El rubio daba grandes zancadas hacia el camarote de Luffy y tal parecía mala costumbre, abrió la puerta de una patada —, ¡levántate vago! —le gritó mientras se abría pasó al interior.
Tres, dos, uno… Zoro contaba de forma regresiva dentro de su cabeza.
Un grito desgarrador salió de la boca del rubio, golpes, gritos, y cosas rompiéndose podían escucharse desde afuera.
— ¡Sanji! ¡Espera un minuto! —Un Luffy con el pantalón a medio poner salió del interior, llevando a Nami entre sus brazos, Nami estaba usando el short de su pijama con una playera gris que, obviamente, era de su capitán —, ¡¿qué diablos te pasa?! —Le gritaba aún conmocionado cubriendo a Nami consigo mismo, como si Sanji fuere un enemigo mortal.
Zoro y Robin sonreían viendo la escena, Usopp y Chopper los miraban con temor, mientras que Brook tomaba su té mañanero y Fanky los miraba con indiferencia.
— ¡¿Por-Por-Por qué?! —Le gritaba el rubio asomándose por el camarote. Su cara rojísima de la ira. A estas alturas no sabía qué le molestaba más, el saber que la navegante y su capitán pasaron la noche juntos o ver como la pelirroja se apoyaba en Luffy, tallándose un ojo, de lo más natural y tranquila.
—Qué molesto —susurró la navegante. Pero aquel susurro llegó perfectamente a los oídos de todos, la sangre del cocinero dejó su cara, la ira que sentía unos momentos antes se disipó completamente. Que Nami le dijera eso le dolió. Él sólo quería protegerla, pero ella parecía estar bien con su capitán.
— ¿Sanji? —Luffy le miraba curioso.
—Olvídate de él, Luffy —Zoro llamó la atención de la pareja —, el desayuno está servido —y esas fueron las palabras mágicas que hicieron que todo el mundo olvidase el incidente.
Animadamente dejaron la cubierta para por fin desayunar, abandonando a Sanji hecho bolita, llorando y susurrando cosas para mantener su equilibrio mental.
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¡Waaa! Cierto, cierto, este fanfic se me ocurrió así de la nada escuchando la sexy canción de Avril Lavinge que fungió como soundtrack en la última película de One Piece: Film Z, llamada How you remain me. Cómo amo esa canción.
Bueno, estoy tan deprimida. Aquella persona especial que yo pensé que jamás me dejaría me dejó :C así que, no estoy muy segura cuándo subiré el siguiente capítulo, pensaba actualizar cada semana, pero… ¡en fin! Esto no es el psiquiatra, ¿verdad?
De verdad espero que el capítulo haya sido de su agrado y que no los haya decepcionado.
¿Saben? Si gustan dejar una sugerencia, crítica y/o comentario me harían muy, muy feliz. Díganme qué les pareció, ¿sí? Muchas gracias :)
Vale los leo (esperemos) pronto ;3
¡Muchísimas gracias por darse el tiempo de leer!
