Capítulo 2: Charla.
-Zeno ha vuelto – se escuchó la voz cantarina del rubio procedente de la entrada de la cueva.
Yun no pudo evitar maldecir por lo bajo. Perfecto, justo aquel al que no quería ver ahora. Tenía que tranquilizarse, tranquilizarse. Se limpió las lágrimas con la manga rápidamente, para ocultar el hecho de que había estado llorando, y retomó su tarea de despiezar los conejos tratando de aparentar normalidad.
-¿Has traído todo lo que te he pedido? – preguntó Yun al recién llegado, teniendo éxito en sonar escéptico.
Había encargado a Zeno la tarea de recoger hierbas, y la verdad era que le había mandado buscar más de las necesarias en un intento por mantenerle ocupado y lejos de él el mayor tiempo posible. No podía creerse que ya hubiera terminado.
-Sí. Absolutamente todas – aseguró el rubio aún con su tono entusiasta sentándose a su lado con un saltito.
Yun apartó un segundo la mirada de su tarea para mirar el montón de hierbas que Zeno estaba sosteniendo en sus brazos, evitando deliberadamente mirarle al rostro, sabiendo que tendría su habitual sonrisa feliz y no quería verla.
-Sí, parece que está todo – reconoció el muchacho a regañadientes.
-¿Verdad que sí? – habló el dragón con tono orgulloso -. Zeno se ha esforzado en su tarea, y lo ha hecho rápido para demostrar a todos que Zeno está perfectamente -. Yun apretó fuertemente el cuchillo que sostenía, su rabia volvió a emerger ante sus palabras. ¿Por qué tenía que seguir repitiendo una y otra vez que se encontraba bien? Por su parte Zeno siguió hablando tranquilamente -: Además Zeno quería venir a ayudar al muchacho con la comida. Hoy tendrás mucha tarea porque somos más gente que de costumbre, ¿verdad?
"¡No te he pedido ayuda! ¡Solo lárgate a otra parte y déjame solo!" Yun se quedó con ganas de gritar eso, pero suspiró para contenerse y en vez de eso señaló hacia el otro lado de la hoguera.
-En ese caso vete ahí a cortar las verduras. Necesito espacio y me estás distrayendo. Eres molesto – se quejó entre dientes.
-Sí. Ahora mismo – accedió poniéndose de pie de un salto para irse también dando saltitos al lugar que le había indicado, arreglándoselas de alguna forma para que no se le callera ninguna de las hierbas que sostenía. ¿Por qué tenía que ser tan hábil en esas cosas tontas y tan desastre para otras? Por otra parte parecía que ahora mismo cualquier cosa que hiciera Zeno conseguía aumentar la ira de Yun de alguna forma. Eso era malo si iba a tener que estar a solas con él hasta que alguien más apareciera, cosa que dudaba que sucediera pronto. Tan solo le quedaba ignorarle y tratar de olvidarse de que estaba ahí con él, pero que el rubio estuviera tarareando una melodía feliz despreocupadamente no ayudaba. Si tan solo se callara…
-Esos tres tipos son interesantes, ¿no te parece, muchacho? – habló Zeno, arruinando los esfuerzos de Yun por ignorarle, aunque de todos modos él se limitó a fruncir el ceño y hacer caso omiso a su pregunta -. El señor nyan es divertido. Nunca nadie había llamado Zeno-nyan a Zeno. Sorprendió a Zeno, pero las experiencias nuevas son refrescantes, ¿verdad? – le volvió a preguntar con una risita, pero Yun siguió sin responderle. Esperaba que así el rubio captara el mensaje y entendiera que no quería hablar. Pero no tuvo esa suerte porque el rubio siguió hablando animosamente poco después sin parecer darle importancia a su mutismo -. La princesa de Xing es linda, parece una frágil muñequita de porcelana. Pero a pesar de eso quiere proteger a su pueblo de la guerra. Eso la honra. Incluso se preocupa por nosotros, unos desconocidos, pidiéndonos que nos mantengamos al margen. Aunque dudo que nuestra señorita simplemente vaya a ignorar a toda esta gente y dejarles a su suerte. Seguramente querrá que hagamos algo al respecto. Aunque la situación es algo complicada. Si las cosas siguen así probablemente se tengan que preocupar más de evitar una guerra civil entre las princesas que de una posible guerra con Kouka. ¿No lo crees así, muchacho?
Esta vez Yun tuvo que morderse la lengua para no hablar. La verdad era que también le había estado dando muchas vueltas al asunto desde que fueron puestos al día de la actual situación de Xing. Se le habían ocurrido varias hipótesis al respecto y las consiguientes formas en las que podrían ayudar, anticipando que Yona querría hacer algo al respecto. La verdad era que ya había pensado antes en comentar el asunto con Zeno, ya que muy probablemente el dragón anciano habría presenciado muchas guerras y conflictos y pudiera sugerir algunas posibles vías de acción para paliar la situación.
Pero era obvio que el dragón amarillo había previsto que el joven genio estaría interesado en ese asunto y lo estaba utilizando como cebo para hacerle hablar, y él no iba a picar en algo tan obvio, por muchas ganas que tuviera de hacerlo. Además de que para abordar un tema tan grave necesitaba tener la mente fría, y ahora mismo no la tenía.
El silencio reinó entre los dos chicos durante unos minutos. Solo eran audibles los sonidos de los cuchillos de ambos cortando, cada uno en su lugar correspondiente. Por un momento Yun se sintió aliviado de que al parecer finalmente el dragón hubiera captado el mensaje y se hubiera rendido en intentar hacer conversación.
-El muchacho está molesto con Zeno, ¿verdad? – preguntó el rubio, dejando de lado su tono jovial para mostrar uno más serio.
Yun perdió el ritmo de sus cortes, sorprendido por su repentina pregunta y cambio de actitud, para luego chasquear la lengua levemente, mostrando su molestia.
Había cantado victoria demasiado pronto. En vez de rendirse, el dragón se había dejado de rodeos y había decidido ir al grano. No debería haber subestimado la paciencia de alguien que había vivido durante siglos.
-Te equivocas – se limitó a responder Yun con tono neutro a la vez que retomaba su tarea.
Después de lo que se había esforzado en ocultarlo no lo iba a admitir tan fácilmente, aunque a estas alturas ya resultara obvio. Yun era obstinado por naturaleza. Aun así Zeno hizo caso omiso de su rotunda negación y siguió hablando.
-¿Es porque Zeno ha arruinado su ropa, aunque prometió que tendría cuidado con ella? Zeno tenía intención de cumplir su palabra porque se trataba de un regalo, pero las circunstancias… - el rubio se interrumpió en esa parte, como si estuviera luchando por tener tacto con sus palabras y no supiera cómo expresarse correctamente. Pero solo esas palabras fueron suficientes para que a Yun le viniera a la mente una imagen del estado irreconocible en el que había quedado su ropa, y sus ojos volvieron a picarle por las ganas de llorar. Algo de su angustia debió reflejarse en su rostro porque el dragón inmediatamente añadió -: Zeno realmente lo siente. La próxima vez tendrá más cuidado. Aunque el muchacho dijo que no quería volver a remendar o limpiar de sangre la ropa de Zeno…
-Tampoco es como si esta vez hubiera quedado nada para remendar o limpiar – le interrumpió Yun sin poder evitarlo. Pretendía que su tono fuera acusatorio, pero en vez de eso su voz sonó más como un sollozo ahogado. El muchacho maldijo en voz baja por ello, y también porque estaba bastante seguro de que se le había escapado alguna lágrima traicionera.
-Zeno lo siente, lo siente. Realmente lo siente – reiteró el rubio. Su tono parecía sincero; pero, sin saber por qué, Yun en vez de apaciguarse con sus disculpas, estas solo estaban aumentando su ira -. La próxima vez Zeno será más cuidadoso, lo promete. Intentará quitarse algo de ropa antes de…
-La ropa es lo de menos, idiota – le volvió a interrumpir el muchacho, esta vez sollozando claramente.
La ropa. Zeno se estaba disculpando por la ropa. Solo por eso. No por haber sido imprudente, ni por haberles preocupado, ni ninguna cosa similar. Este idiota le cabreaba tanto…
-¿Qué? – inquirió el rubio, obviamente desconcertado y confundido. Como si no pudiera ocurrírsele ningún otro motivo para la actitud del muchacho si no se trataba de la ropa. Eso solo cabreó aún más a Yun, pero también se sintió agotado.
-Te lo hemos dicho muchas veces – comenzó a explicar Yun con tono cansino, mientras se limpiaba las lágrimas que se le habían escapado, como quien esta cansado de repetir una y otra vez lo mismo -. De lo que se trata, es de que tengas más cuidado contigo mismo, de tu propia integridad. ¿Entiendes?
Zeno parpadeó varias veces, claramente sorprendido, y luego volvió a esbozar una de sus sonrisas tontas y despreocupadas.
No, no lo había entendido. Obviamente no lo había entendido. Yun lo supo sin ningún atisbo de duda y se sintió tan frustrado. ¿Por qué este tipo con siglos de vida, que debería ser tan sabio, no podía entender algo tan obvio? Le cabreaba tanto, pero a la vez le entristecía. ¿Cómo podía hacerle entender?
-Ah, se trata de eso. El muchacho es tan lindo por preocuparse por Zeno – la sonrisa del rubio era de genuina felicidad, pero parecía una de esas sonrisas que les dirigían los padres a sus hijos cuando les decían alguna ocurrencia que les parecía graciosa. Le cabreaba tanto… -. Pero el muchacho no tiene que preocuparse por Zeno, ¿ves? – le preguntó a la vez que se remangaba una manga para dejar a la vista su brazo -. La piel de Zeno vuelve a estar lisa y suave como la de un bebé. Zeno está bien.
"Zeno estará bien pase lo que pase".
Esta vez no dijo concretamente esas palabras, pero de todos modos Yun volvió a oírlas en el interior de su mente. Recordó la sonrisa que mostró el rubio esa vez mientras lo decía. Había sido tranquilizadora, pero a la vez nostálgica, y había habido otra emoción más que el muchacho había percibido pero no había sido capaz de identificar y se había sentido extrañamente frustrado por ello.
La imagen del Zeno del pasado se desvaneció de su mente y sintió la necesidad de girarse para ver la expresión que estaba haciendo Zeno ahora, en el presente. El muchacho levantó la vista de su ya olvidada tarea y ahí estaba, tal y como había previsto, esa misma sonrisa agridulce en el rostro de su anciano compañero. Aunque esta vez, como si se tratara de una revelación, Yun supo cuál era la emoción que había sido incapaz de nombrar en el pasado. Era resignación. Total y completa resignación, aunque sin amargura. Simplemente la aceptación de algo que había demostrado ser irrefutable. Era la resignación de alguien que ya se había rendido ante lo inevitable y simplemente lo aceptaba.
De alguna forma esa certeza rompió algo en el interior de Yun, porque perdió completamente el autocontrol y toda la rabia que había estado conteniendo se desbordó sin remedio.
-¡Mentira! – gritó el joven genio con todas sus fuerzas, fulminando a Zeno con la mirada con fuego en los ojos, como si le estuviera retando a rebatirle.
-¿Muchacho? – inquirió Zeno preocupado y desconcertado al mismo tiempo por su repentino arrebato. Solo acertó a alzar sus manos frente a él, en un gesto que llamaba a la tranquilidad, pero Yun ya no podía callarse. Diría todo lo que le había estado quemando por dentro.
-¡Es mentira! – reiteró el joven con igual determinación -. ¡Tú no estás bien! ¡Esto no está bien! ¡Nada está bien! ¡No hay manera de que nada esté bien! ¡Así que deja de repetir que estás bien porque es mentira! ¡MENTIRA!
-Muchacho, calma…
-¡No me digas que me calme! ¡No voy a calmarme! ¡Ya es hora de que meta algo de sentido común esa cabeza hueca tuya! – el muchacho clavó el cuchillo que sostenía en la tabla de madera para cortar con un golpe contundente y seco, que sobresaltó al dragón, y se levantó para ir dando fuertes pasos hasta quedar de pie en frente del rubio, el cual ya parecía realmente preocupado. Sin embargo a Yun no le importó ese hecho en este momento, solo quería hacerle entender de una vez -. Escúchame bien. No importa que puedas sanarte de cualquier herida o que nada pueda destruirte. Eso da igual porque de todos modos sufres, ¿verdad? Te sigue doliendo cuando te hieres. Y no te atrevas a negarlo porque pude verlo. Pude ver tu sufrimiento en tu rostro cuando parecías más un trozo de carbón que un guerrero dragón. Te estaba doliendo tanto que se desmoronó esa máscara feliz que te empeñas en mantener siempre. ¡Así que no te atrevas a negarlo ni a quitarle importancia con esa sonrisa tonta tuya! ¡ES MOLESTO!
-Muchacho, espera – le volvió a llamar Zeno, esta vez con voz y expresión seria, después de haberse levantado también de su sitio para encararle y agarrarle del hombro.
Sin embargo Yun se deshizo bruscamente de su agarre y continuó impasible.
-¡Entérate de una vez! No está bien que sufras, no está bien que sientas dolor, ni que dejes que te hieran tan gravemente solo porque no puedes morir. ¿Por qué no puedes entenderlo sin importar cómo te lo digamos? ¡No está bien! ¡De ninguna manera está bien! ¡Y no solo por nosotros tú…!
-¡Yun! – gritó Zeno con tono autoritario, a la vez que agarraba al otro chico fuertemente por los hombros y se echaba había delante para golpear su frente con la suya.
La diatriba del muchacho finalmente se detuvo, tal fue su desconcierto al oír su nombre de labios del dragón amarillo y también por su repentina irrupción en su espacio personal. Los serenos ojos azules de Zeno ocupaban todo su campo visual, le atravesaban y parecía que podían ver directamente dentro de él. De alguna manera tuvo la sensación de que era la primera vez que el dragón amarillo le miraba a los ojos de verdad, sin máscaras, y eso también le impactó.
-Zeno escuchará todo lo que tienes que decirle, lo promete – comenzó a hablar el rubio con un tono sereno y extrañamente calmante -. Pero antes tienes que calmarte. Relájate y respira. Zeno no se irá a ninguna parte. Solo respira.
En un primer momento a Yun le confundieron las palabras de Zeno, pero luego fue consciente de que casi estaba hiperventilando, podía sentir el acelerado latido de su corazón en sus orejas y había lágrimas cayendo descontroladamente por sus mejillas. ¿En qué momento había comenzado a llorar otra vez? ¿Cómo había podido estar tan perdido en su propia ira y frustración que ni se había dado cuenta de su propio estado de histeria? Se sentía tan patético. Ahora que su adrenalina estaba decreciendo incluso sintió su equilibrio inestable y los bordes de su visión se volvieron borrosos. Tenía la desagradable sensación de que no le llegaba suficiente oxígeno a los pulmones por muchas bocanadas de aire que tomara. Sin duda había sacado de golpe demasiadas emociones que había mantenido retenidas en su interior y eso le estaba pasando factura.
El rubio le sostuvo con el agarre que aún mantenía sobre sus hombros cuando este comenzó a tambalearse y le animó a sentarse. Este le hizo caso y solo se esforzó en intentar normalizar su respiración.
-Muy bien, muchacho. Solo respira. Todo está bien – murmuró Zeno, seguramente tratando de sonar reconfortante, pero solo consiguió que el joven genio le lanzara una mirada fulminante. El rubio se apresuró a corregirse -. De acuerdo, de acuerdo. No está todo bien. Zeno y el muchacho tienen cosas de las que hablar y asuntos que resolver. Zeno promete que se esforzara en escuchar todo lo que el muchacho le diga. Pero por ahora solo respira, ¿de acuerdo? Respira.
Esas palabras sí que cumplieron el objetivo de apaciguar al joven, que tardó poco tiempo más en normalizar su respiración y así frenar los acelerados latidos de su corazón. Sus lágrimas también se detuvieron. Zeno acercó la mano para limpiar las mejillas húmedas del chico con su manga. Yun se lo permitió sin oponer resistencia, algo agotado ahora por su anterior arrebato.
-¿Mejor? – le preguntó el rubio, después de haberle quitado las lágrimas de las mejillas. El joven asintió y Zeno sonrió feliz en respuesta. Por esta vez a Yun no le irritó su gesto despreocupado -. Entonces, ahora mamá puede seguir con su regañina. Zeno es todo oídos – añadió con tono burlón. Esto ya sí que irritó al muchacho.
-No soy la madre de nadie, y mucho menos de un anciano como tú – le contradijo cabreado mientras que el rubio solo reía divertido -. Y deja de hacer el tonto. Esto es serio.
-Zeno lo sabe. Lo siento, lo siento. Zeno solo quería distender un poco el ambiente – se explicó el dragón rascándose la cabeza y soltando una última risa, pero luego se cruzó de brazos y adoptó una expresión mucho más seria -. El muchacho puede empezar cuando quiera. Zeno le prestará toda su atención.
Yun suspiró pesadamente, inseguro sobre qué decir o cómo empezar ahora que había perdido el impulso de su ira. Pero el rubio esperó en silencio pacientemente hasta que el joven ordenó sus ideas, cosa que agradeció. Quería transmitirle lo que quería hacerle entender correctamente.
-Antes de nada, aunque pueda sonar obvio, creo no equivocarme al decir que todos ya somos perfectamente conscientes de tus poderes de dragón y de lo que implican. Después de todo lo que hemos visto, podemos afirmar que es muy improbable que algo pueda matarte.
-Improbable no, imposible – le corrigió el rubio con una leve sonrisa, esta vez claramente de resignación.
-No puedes estar completamente seguro.
-Zeno está seguro. No tiene ninguna duda de ello – reiteró, esta vez con una oscuridad en el fondo de sus ojos azules que hizo que el otro chico sintiera un escalofrío, pero se obligó a ignorarlo por ahora.
-Por mucho que hayas vivido, es imposible que lo hayas probado todo. La otra vez, cuando Shin-Ah fue poseído, dijiste que era la primera vez que utilizaban el poder de Seiryuu contra ti, ¿no?
-Sí, pero…
-Entonces seguro que hay muchas otras formas que aún no has probado. Como venenos, por ejemplo. La ciencia ha avanzado mucho en los últimos tiempos. Así que no me contradigas y deja de interrumpirme. Estoy hablando yo y dijiste que me escucharías ¿no?
Zeno esbozó otra leve sonrisa divertida, aunque claramente escéptica. Pero no porfió más y le hizo un gesto al otro para que continuara.
-Como estaba diciendo. Es muy improbable que mueras, al menos por métodos más o menos convencionales. Por eso entiendo que quieras utilizar tu poder para servirnos de escudo, evitándonos daños y heridas que para nosotros habrían significado la muerte.
-Ese es el deber de Zeno, ser vuestro escudo – aseguró con una sonrisa brillante, aunque con un indudable tono solemne.
Yun le fulminó con la mirada por su nueva interrupción, y el rubio alzó las manos en gesto de paz.
-Sin embargo, aunque no vayas a morir, el hecho de utilizar tu poder no es algo que se pueda tomar a la ligera, y tú lo haces -. Zeno abrió la boca para decir algo, pero el joven genio siguió hablando antes de que le diera tiempo a añadir nada -. Voy a reconocerte que hasta ahora solo has hecho uso de tu poder cuando ha sido necesario, dejando de lado la caída libre desde la espalda de Jae-Ha que considero que podrías haberte evitado.
-La señorita estaba…
-Aún así no puedo aceptar la actitud que adoptas cuando utilizas tu poder. Como si estuviera bien recibir heridas, que te desmiembren, te decapiten e incluso de calcinen. Todo eso no esta bien, porque a pesar de todo sigues sintiendo dolor. Y no está bien que consideres tu propio sufrimiento como algo sin importancia o algo que pueda ser tomado a la ligera. Sigues siendo una persona. Por mucho que quieras ser nuestro escudo, no eres un objeto o una herramienta de usar y tirar. No debes pensar de esa forma. Esas emociones son dañinas. Son autodestructivas. No está bien que te sientas así, que pienses así de ti mismo. Debes valorarte más, a ti mismo y tu propia integridad y bienestar. ¿Entiendes?
Zeno le miraba con una expresión de claro desconcierto y confusión. Casi como si Yun acabara de hablarle en una lengua extrajera de la que no entendiera ni una palabra.
Yun suspiró frustrado y angustiado, pero también resignado. La verdad era que la reacción de Zeno era predecible. Después de todos los siglos que debía llevar con esos pensamientos erróneos y autodestructivos, estos no podían ser borrados de un plumazo solo con unas pocas palabras de un muchacho, que a sus antiguos ojos debía parecer casi un ignorante mocoso que acababa de llegar al mundo y aún no sabía bien cómo funcionaba la vida. Por muy inteligente y maduro que se considerara Yun para su edad, eso no debía significar nada para un dragón inmortal de siglos, o más bien milenios, de vida. Corregir la actitud de alguien como él llevaría tiempo, mucho tiempo, seguramente más del que viviría Yun. Pero no por eso iba a renunciar. Todo se comienza con el primer paso, ¿no? Y él iba a asegurarse de que Zeno diera por lo menos ese primer paso. Un primer paso en la dirección correcta después de siglos dando tumbos en soledad.
Yun estiró la mano y le dio a Zeno un leve golpecito en la cabeza. Con esto el rubio finalmente reaccionó, saliendo de su desconcierto parpadeando repetidamente y llevándose una mano a la cabeza para posarla encima de la que Yun aún tenía sobre su cabellera dorada.
-Está bien si no lo comprendes ahora – comenzó Yun con tono paciente -. Luces como si tu cabeza fuera a explotar si sigues pensando en ello, y no quiero que te vuelvas más cabeza hueca de lo que ya eres. Nos arriesgaríamos a que se quedara la cabeza vacía – añadió con tono de broma y revolviéndole el pelo rubio cariñosamente. Zeno se limitó a sonreír, a pesar de la puya, y disfrutó del toque cálido de su compañero -. Solo no olvides lo que te he dicho, ¿de acuerdo? Aunque ahora no lo creas, es algo importante. Medita sobre ello de vez en cuando, y seguro que algún día llegarás a entenderlo, con el tiempo.
-Si se trata de tiempo, Zeno tiene tiempo de sobra – aseguró el rubio con tono jovial -. Además, la paciencia es uno de los puntos fuertes de Zeno. Si el muchacho dice que es importante, Zeno seguirá pensando en ello por mucho tiempo que pase.
-Entonces, te lo encargo – habló Yun con tono satisfecho, dándole una última palmadita en la cabeza antes de apartar finalmente la mano de la cabellera rubia. Sin embargo Zeno siguió tocándose el lugar en el que el joven le había tocado, como si quisiera conservar la sensación -. Pero por ahora, aunque no lo entiendas, por lo menos piensa un poco en nuestros sentimientos. Cuando te vemos sufrir daño innecesario, cuando te oímos hablar despreocupadamente sobre tu propia integridad, nosotros sufrimos. Así que abstente de hacerlo de ahora en adelante, ¿entendido? Esfuérzate por ser prudente y no verte a ti mismo solo como nuestro escudo. Si no, todos nos preocuparemos aún más por ti. Ya nos has hecho llorar a todos lo suficiente, ¿sabes? Así que deja de intentar cargar con todo el dolor tú solo y deja que los demás también te protejamos, ¿entendido?
Zeno parpadeó sorprendido por sus últimas palabras, como si no pudiera creerse lo que acababa de oír. Al instante después su mirada azulada se nubló y se volvió distante y melancólica.
Yun supo, sin ningún atisbo de duda, que aunque sus ojos estaban dirigidos en su dirección ya no le estaba mirando a él. Seguramente estaba recordando algo, ¿o quizás a alguien? No le dio tiempo a especular mucho más, porque poco después Zeno comenzó a hablar con un tono tan melancólico como su mirada.
-El Rey Hiryuu solía decirle a Zeno algo parecido – reveló, haciendo que Yun parpadeara sorprendido. Era muy raro que él hablara de su pasado, y más aún de Hiryuu, pero el rubio siguió hablando como si nada en tono monótono -. Aunque ahora Zeno está seguro de que él sabía sobre la verdadera naturaleza y finalidad del poder de Zeno, siempre intentaba alejar a Zeno del campo de batalla. Siempre le decía a Zeno: "No pelees, quédate detrás de mí. No dejaré que resultes herido." Tal y como dijo, protegió a Zeno, incluso de la terrible verdad de su poder, trató de mantener a Zeno en la ignorancia hasta el final. Zeno lo entiende, pero a la vez no puede aceptarlo – el rubio se llevó las manos a la cabeza y se tiró de su pelo dorado, como si necesitara sentir algo de dolor o aferrarse a algo para atarse al presente y no ser engullido completamente por sus recuerdos, obviamente estaba angustiado. Yun nunca le había visto así, quiso hacer algo para aliviarle, pero antes de que tuviera tiempo de reaccionar el dragón ya estaba hablando otra vez -. ¿De verdad estuvo bien lo que hizo Hiryuu? Se supone que Zeno es un guerrero dragón, tendría que haber peleado junto al resto, pero en vez de eso fue dejado atrás. Zeno fue considerado el raro de los guerreros dragones, el único dragón que en vez de luchar por su maestro se escondía detrás de él mientras veía a los demás sufrir, incluso a aquel que se supone que había jurado proteger. Tantos murieron, tantos sufrieron, y Zeno no hizo nada para evitarlo. Si Zeno hubiera sabido sobre su poder, ¿habría cambiado algo? Zeno cree que sí, pero en realidad nunca sabrá la respuesta. Porque Zeno no hizo nada hasta que ya fue demasiado tarde, hasta que ya no le quedaba nadie a quien proteger – el rubio se encogió sobre sí mismo, y por un momento pareció que ahora era él el que iba a echarse a llorar, aunque no derramó ni una sola lágrima -. Zeno aceptó beber la sangre de dragón para poder proteger a la gente, para convertir el mundo en un lugar mejor. Pero a pesar de que el poder de Zeno es ser un escudo, en ese entonces no pudo proteger a nadie. Zeno se sintió tan inútil, tan frustrado, que se prometió que la próxima vez no sería así. Durante todos estos siglos, Zeno estuvo esperando a tener otra oportunidad. Otra oportunidad para demostrar que puede ser útil, otra oportunidad para proteger a sus seres queridos, otra oportunidad para convertirse en un autentico guerrero dragón que lucha por su maestro. Zeno siguió adelante con la esperanza de que ese momento llegara. Y finalmente, después de tanto tiempo que incluso había perdido la cuenta, Zeno vio descender la estrella roja. Hiryuu regresó – una leve sonrisa iluminó el rostro angustiado del rubio -. Aunque tuviera otro cuerpo y fuera una persona distinta, la señorita sigue teniendo la misma alma bondadosa que el dragón rojo, su mismo deseo de proteger a los demás. Hakuryuu, Ryokuryuu y Seiryuu también son guerreros buenos y honorables, como los hermanos de Zeno en su tiempo. Así que Zeno decidió que no se arrepentiría esta vez, que no dejaría lugar para los remordimientos. Si Zeno falla otra vez en ser un escudo, si Zeno vuelve a consentir que sus seres queridos sufran, entonces ¿qué sentido tendría que Zeno haya esperado durante tanto tiempo para volver a estar junto a todos? ¿Qué sentido tendría esta maldición de la inmortalidad? – el rubio alzó sus ojos para mirar a Yun fijamente. Este se estremeció, porque nunca había visto los ojos del risueño dragón tan vacíos y fríos como ahora, y el tono de sus siguientes palabras le transmitió exactamente ese mismo sentimiento -. Así que esta vez Zeno no fallara. Sin importar el dolor, el sufrimiento, la muerte… Este cuerpo monstruoso no perecerá. Zeno seguirá adelante pase lo que pase, estará bien pase lo que pase. Así que Zeno no vacilará. Con este cuerpo inmortal, Zeno tomará todo lo malo con él eternamente, sin límites. Zeno será el escudo inquebrantable que siempre debió ser, que estaba destinado a ser, porque ese es el poder que Ouryuu le concedió a Zeno – el dragón anciano esbozó otra sonrisa, aunque esta fue la más vacía que Yun le había visto mostrar nunca -. Además, después de todo, eso era lo que deseaba Zeno cuando bebió la sangre de dragón siglos atrás. Poder para proteger a todos a pesar de ser débil, para que puedan ser felices. Ouryuu cumplió el deseo de Zeno dándole este cuerpo inmortal a un inútil como yo; así que, aunque haya habido algunas épocas difíciles, Zeno en realidad debería sentirse muy agradecido con Ouryuu, ¿no? Al final, Zeno es afortunado por poder seguir aquí para proteger a todos.
Gracias a ese discurso, Yun sintió que podía entender a Zeno un poco mejor. Al menos, se hacía una idea de cómo había llegado a perder su humanidad y por qué se veía a si mismo como un arma. También por qué no le importaba desechar su propia integridad a favor de otros. También podía llegar a entenderlo, pero de ninguna manera podía aceptarlo. Porque esos pensamientos eran enfermizos. No estaba bien que él sufriera eternamente por el bien de otros. Debía entender que él también era alguien que debía ser protegido y merecía ser feliz. Le daba tanta rabia ver su forzada sonrisa resignada que no pudo evitar volver a explotar.
-¡Idiota! – gritó Yun a la vez que le daba al rubio un fuerte golpe en la cabeza, este se quejó de dolor y le miró confundido y sorprendido, saliendo por fin de sus pensamientos y recuerdos -. Por supuesto que no debes estar agradecido por esto, idiota. Si deseas proteger a la gente, hay otras formas mejores y más eficientes de hacerlo que sufriendo eternamente con un macabro cuerpo inmortal. ¿Quién podría ser feliz con eso? Tú no deseaste esto, idiota -. Fue entonces cuando Yun lo entendió. Como si se tratara de una revelación descubrió cuál era el verdadero motivo por el que sentía rabia antes, cuando vio sufrir a Zeno por culpa de su poder. Aquel que no había podido identificar. En realidad era tan obvio. Quien más merecía su ira era… -. ¡Ouryuu es el que tiene la culpa de todo esto! ¡Ese dios dragón idiota! -. El rubio abrió ampliamente los ojos y la boca, obviamente impactado por sus palabras, pero Yun continuó impasible -. Ouryuu es el que tiene la culpa de que seas así, de que te hayas convertido en un cabeza hueca. Cuando me le eche a la cara le voy a decir unas cuantas verdades. ¿Quién se cree que es para aprovecharse de los bondadosos deseos de la gente en su beneficio, por mucho que sea un dios? Es de lo peor. A él también le golpearé por no pararse a pensar en las consecuencias de sus actos egoístas. ¿Por qué todos los dragones tienen que ser tan estúpidos, incluidos los dioses? ¡Qué molesto!
Repentinamente Zeno estalló en carcajadas.
ooooooooooooooooooooooooooo
Hasta aquí este capítulo, que creo que es el más largo que he llegado a publicar en mi vida. La conclusión será en el siguiente, en el que también saldrá el resto del grupo.
Lo mire como lo mire, el párrafo en el que Zeno habla de su pasado me sigue pareciendo demasiado largo, de hecho extremadamente largo. Disculpadme por eso, pero no veía la forma de acortarlo, dividirlo o dejar nada fuera. Espero que no os haya resultado pesado o complicado de leer.
El próximo capítulo ya será más ameno y con algo de humor con el Feliz Grupo de Hambrientos. Porque después de tanto drama y seriedad hace falta un poco de humor para alegrar el espíritu, ¿no?
Por último darle las gracias a CharlotteScarlet por su review. Me alegro de que te esté gustando este fanfic y gracias a ti por estar al pendiente de mis actualizaciones, me animas a seguir trabajando en ello.
De todos modos espero que os haya gustado a todos, y nos vemos el próximo domingo con el último capítulo de este fanfic.
