VICEVERSA

Capítulo 2: Kushina y el Descubrimiento de la Biblia Negra

Fugaku estaba dos cosas: molesto y conmovido. En su fuero interno, no sabía qué estaba más. Si lo uno y lo otro, pero ¿cómo es que a Kushina se le ocurrió aceptar semejante tontería? ¡Fingir salir con Minato Namikaze! ¡Con él de todas las personas!

—¿De verdad harás eso por mí? —preguntó Uchiha por vez número catorce. Sí, era literal. Kushina las iba contando.

—Sí. Ya te he dicho. Lo haré, así tú podrás ser feliz y comer perdices con Mikoto 'ttebane. ¿Algún problema?

¿Algún problema? ¿La descarada se atrevía a preguntar si había algún problema? Había muchos problemas, carajo. O sea, ¿cómo pensó siquiera que iba a estar de acuerdo en que ella saliera con Minato por su causa? Vale, él conocía al Rayo Amarillo de Konoha. Le constaba que era un excelente shinobi, inteligente, brillante, despierto, capaz, habilidoso y un montón de otros adjetivos que le pesaban pronunciar y que, ahora, no venían al caso, porque, el más importante era que el chico era todo respeto con las damas. Por eso mismo no tenía ganas de destriparlo (tanto) cuando lo veía revoloteando cual abeja a la miel con Mikoto. Pero una cosa es que le dejara rondar a Mikoto (derecho de antigüedad, decían) y otra es que le cediera también a Kushina.

Fugaku era un hombre celoso, egoísta y tacaño. De esos que las cosas que son suyas son suyas y no las comparten con nadie más y, aunque Kushina no era ni la consideraba un objeto de su propiedad, sí velaba por su seguridad y se preocupaba por ella. Venga, muchas veces hacían apuestas estúpidas, como esa con Inoichi, pero él la había retado porque sabía que si alguien iba a acabar sufriendo de los dos sería el chico y no la chica. Salir con Minato, aunque fuera por una buena causa, ya era harina de otro costal. Era como regalar a su amiga en bandeja de plata. Hombre, desde su perspectiva, equivalía a prostituirla siendo él el proxeneta.

—Ni hablar, Kushina. Te he dejado hacer muchas cosas estúpidas a lo largo de tu vida y hay un par de las que me arrepiento. Esta no quiero que sea una de ellas.

—Si no estoy haciendo caridad —disidió la chica—. Voy a obtener una buena recompensa.

Y las palabras "proxeneta" y "prostituta" se hicieron eco nuevamente en la cabeza de Fugaku.

—¿Quién va a pagarte? ¿Él?

Kushina soltó una carcajada.

—Debería, pero no. Me la vas a dar tú. Pero, más que una recompensa, es un buen trato.

Por un momento, el joven policía se olvidó del asuntillo de las mujeres de la vida galante y los padrotes esclavizadores para centrar su atención en las barbaridades que decía su mejor amiga. Seguramente lo estafaría de nuevo.

—¿Buen trato? ¿Me pedirás que firme un contrato sobre donarte mis riñones cuando los tuyos no funcionen de tanto beber?

—¡No bebo tanto, 'ttebane! Además, los tuyos estarían peor que los mismos para esas fechas.

—No confío tanto en tu palabra, Uzumaki. Dime ahora, ¿qué es lo que quieres entonces?

Kushina sonrió brillantemente. De esas sonrisas grandes, casi animalescas, que muestran todos los dientes.

—Serás mi aval.

—¿Aval?

—Solicitaré un préstamo para comprar un mejor departamento. Me he cansado de vivir en esa caja de zapatos desde ¡toda la vida! —exageró. Ella había llegado a Konoha a los siete—. Además, tendré más cerca Ichiraku de esa manera.

—¿Desde cuándo has pensado en eso?

—Desde siempre. He estado ahorrando desde hace un montón de tiempo 'ttebane. Mi casa no es un desorden lleno de vejestorios sin ningún motivo —presumió. Fugaku creyó que ese no era ningún motivo para presumir—. Pero la zona a la que quiero mudarme es un poco cara, así que no cubro la cantidad total ni de broma. Pediré un préstamo al banco. Tú serás mi aval.

—¿Estás segura de que pagarás puntual?

—He pagado puntual a todas las instituciones legales desde que tengo memoria. Que seas mi aval no cambiará mi forma de ser, ya sabes.

—Lo sé.

Ambos amigos se quedaron callados unos momentos. Kushina esperaba que Fugaku dijera que sí y Fugaku recordaba los hábitos monetarios de la pelirroja. Sí, ella siempre había sido responsable y calculadora con el dinero. No creía que lo defraudaría en ese sentido.

—Puedo ser tu aval —sentenció—. Cumplirás dieciocho este año y será tu regalo. Pero no apruebo que salgas con Minato Namikaze.

Kushina abrió los ojos un par de centímetros. Una expresión adorablemente desconcertada que desencajaba con sus rasgos fieros y exóticos lucía fuera de lugar en su cara. ¿No quería?

—No entiendo —dijo con un tono de voz menos enérgico que el que acostumbraba—. No es como que yo quiera salir con Minato, ya sabes. Lo hago por ti, no por mí. No habrá otra manera de engatusar a Mikoto, por lo que parece.

—Eres mi mejor amiga, Kushina —dijo Uchiha con tono de explicación. Algo cansado de que ella no notara lo obvio—. Dejar que salgas con Minato es como ofrecerte con cualquiera para mis propios beneficios. Desde mi punto de vista, es un acto rastrero.

—Pero no importa. Quiero hacerlo por ti. A este paso, quedarás más solo que pájaro enjaulado 'ttebane. No es por el aval, tampoco. Simplemente que esta fue la mejor manera de proponértelo.

—No creo que sea buena idea.

—Fugaku… ¿quieres salir con Mikoto o no?

—Que quiera no signifi…

—Sí quieres —interrumpió—. Fin de la conversación. Haré el sacrificio por ti. Unos días en lo que tu relación va por buen camino.

—¿Sabes que las mujeres de Konoha te odiarán?

—Ya me odian. Bueno, por lo menos les caigo lo suficientemente mal para que me eviten como la paste. Esta es una buena idea para hacerlas rechinar los dientes y que se les reviente el hígado 'ttebane.

—De acuerdo. Pero prométeme que le patearás el culo a Minato si trata de hacerte algo.

—Eso que ni qué —sonrió la chica—. Lo prometo. Una patada bien fuerte en las bolas, dattebane.

Fugaku suspiró aliviado.

OoOoOoOoOoOoO

Minato esperaba a Kushina sentado en una banca con vista privilegiada a los columpios del parque. Faltaban unos cuantos minutos para la hora acordada pero, como era su costumbre, él había llegado más temprano de lo esperado. Prefería esperar a hacerle esperar a alguien. Claro que las misiones shinobi eran harina de otro costal y todo dependía de ciertos factores y variables que no venían al caso es ese momento. Quince minutos después, la chica pareció. No parecía apurada, ni emocionada ni nada. Solamente caminaba a su encuentro.

—¿Qué hay? —saludó casualmente.

—Buenas tardes —dijo Minato, aunque sabía que no iba a obtener un saludo de ese tipo de vuelta—. ¿Le has dicho a Fugaku?

—Le he dicho, sí.

—¿Ha aceptado? —preguntó el Rayo Amarillo, genuinamente curioso.

—De mala gana, pero lo ha hecho.

Minato se ahorró el "lo sabía", porque decir ese tipo de frases no iba con su personalidad.

—¿Entonces qué haremos 'ttebane?

—Nada —respondió sencillamente él.

—¿Nada?

—Nada. No tenemos que hacer nada. Las personas se encargarán de hacerlo. Simplemente tendremos que pasar frente a ellas juntos.

—Bastante aburrido, si me lo preguntas a mí. Ya sabes. Esperaba hacer algo divertido.

—No sé qué quieras decir con divertido, pero no creo que me agrade del todo.

OoOoOoOoOoOoO

—Hoy te ves hermosa.

Kushina no se ruborizó ni se alarmó por el halago, en su lugar, miró a su alrededor, buscando quién pudo haberlos escuchado. Se encontró con la chica por la que la plantó Inoichi mirando con los ojos salidos casi de sus orbitas y la mandíbula desencajada. Ni siquiera hacía el intento por fingir que miraba hacia otro lugar. No. Tenía los ojos clavados en ellos, como si fueran seres de otro planeta.

—Y tú luces muy guapo —esta vez, la pelirroja no tuvo que morder su lengua y sentir que moría desangrada en el intento al pronunciar tales palabras. Era su cita número seis. Dos más y llegaría la hora de la verdad. Se estaba acostumbrando a su papel de novia falsa más rápido de lo que creyó, pues, para empezar, ni siquiera creía que iba a acostumbrarse de ninguna manera.

Uzumaki enroscó su brazo al de Minato y se dejó guiar por él, como una buena y sumisa mujer. No le gustaba mucho eso de tener que pasear agarrada pero, joder, sería raro si nunca se tocaran. Asimismo, jamás sobrepasarían ese límite. Ambos lo tenían muy claro. Llegar a tal acuerdo les había costado, por lo menos, unas tres horas de discusión. Ella se había quedado sin saliva y él había perdido su paciencia, desmintiendo el mito de que era infinita. Firmaron un espontáneo contrato en un rancho a las afueras de Konoha (Kushina quería aprender a montar a caballo, Minato sabía y tenían tiempo libre que debían gastar obligatoriamente juntos ¿por qué no habrían de ir?) marcando la línea de lo que podían o no hacer con el que ambos quedaron satisfechos.

—¿Hoy adónde iremos? Ayer te llevé a un bar, te toca elegir a ti, ya sabes.

—Hoy habrá un concierto; tengo entradas desde hace tres semanas. Pensé ir con Mikoto, pero creo que iremos juntos ahora. ¿Te parece bien?

—Lo que digas —respondió Kushina. Ya, era oficial. Siempre que Minato elegía lugar, tenía que ser un sitio extremadamente público. Y sí, su objetivo era ser vistos, pero a ella le desagradaban de vez en cuando tantas miradas fijas en ella, como si fuera un bicho. Aunque claro, también le divertía ver cómo aquellas mujeres que babeaban por el Rayo Amarillo la miraban como si estuvieran retorciéndose o muriendo por su propio veneno. Si había que admitir, seguiría saliendo con Minato solamente para seguirlas viendo retorcer.

Llegaron al sitio del concierto: el escenario improvisado y los lugares también. No se podía pedir más de una aldea Ninja. Kushina observó el boleto que le había entregado el chico. No conocía de nada el nombre del grupo. Y de repente sintió curiosidad: ¿qué tipo de música le gustaba a Minato? ¿Qué encajaba con "perfecto" (debido a que era el adjetivo con el que se referían a él en la mayoría de las ocasiones)? ¿Música clásica, tal vez? No que ella fuera una ignorante, pero seguramente se aburriría como ostra después de tres canciones seguidas.

—¿Qué tipo de música tocan?

—Espera a escuchar.

Avanzaron en la fila, no muy larga, para poder entrar. La gente no dejaba de empujar. Kushina miró a las personas a su alrededor, tratando de descifrar qué tipo de gente iba allí. Nadie lucía muy formal, por lo que, probablemente, no era ni ópera ni piano. Por lo demás, todos lucían muy normales. Ni muy de negro ni muy de colores brillantes y ropa ostentosa. ¿Qué mierda iba a escuchar?

Entraron al recinto buscando sus lugares. ¿Ahora qué venía? Kushina estaba ansiosa; podía notar que las demás personas lo estaban también, incluso Minato lucía algo desesperado porque comenzara. Kushina comenzó a mecerse sobre sus talones, algo desesperada porque la banda no salía. Era mala esperando, pero no quería quejarse y montar un alboroto al lado de todos esos fans. Tal vez la matarían por quejarse o así. Estaba en su territorio, mejor no invocar a las bestias que llevaban dentro.

Pasaron más de quince minutos y Kushina ya llevaba dos cervezas encima cuando comenzó. No que ella fuera una borracha, pero gustaba tomar de vez en cuando, asimismo, Minato iniciaba su segundo vaso. No pudo evitar compararlo con Fugaku; su mejor amigo ya la hubiera reprimido por tomar en un lugar público (que él era policía y tenía que hacerlo a escondidas o arruinaría su imagen), como el aguafiestas que era. La música comenzó inmediatamente animada, con esos ritmos que te suben el ánimo solamente con escucharlos. Kushina sonrió emocionada al instante y, después de la primera canción, ya se había enamorado del grupo. ¡Joder eran tan magníficos! ¿Cómo había podido vivir ignorante de ellos tanto tiempo? Gritó, brincó y agitó las manos como loca. Se tomó otras cuatro cervezas más y, cuando menos se dio cuenta, estaba ansiosa por treparse al escenario y saludar a alguno de ellos.

—Nos van a sacar, Kushina —dijo Minato a su oído cuando ella estaba a punto de salir corriendo en el mar de gente que se había juntado—. Pidieron a los ninjas que se abstuvieran de utilizar sus habilidades. No volverán si vas y te desaparecer con el vocalista por medio de un shunshin.

La Habanera Sangrienta rió un poco, tontamente. La novena cerveza corría por sus venas y ella estaba ya un poco tonta, pues Kushina era una borracha alegre. Ella siguió brincando y cantando las canciones como si se las supiera, aunque en realidad ella simplemente tarareaba y movía la cabeza siguiendo el ritmo. Minato tuvo que tomarle la mano para evitar que se desapareciera. Tenían que volver juntos. Ella le sonrió nuevamente cuando él la colocó cerca suyo nuevamente. Se giró ciento ochenta grados y restregó su cara en el pecho de él.

—Gracias por traerme —le dijo con las mejillas arreboladas por causa del alcohol—. No me voy a perder. Lo prometo 'ttebane —y, para demostrar su punto, entrelazó sus dedos con los suyos y alzó la mano para que él la viera. Volvió a reír tontamente y regresó su atención al escenario, divirtiéndose con todos los desconocidos como una niña pequeña.

Tres cervezas más vinieron para cada uno y Minato se hizo la nota mental de evitar que Kushina obtuviera una sola más. Aunque coordinaba sus movimientos correctamente y sus palabras no salían enredadas (no mucho más de lo que lo hacían cuando estaba sobria), hacía estupideces cada tanto, como abrazar a su compañero de al lado y cantar a todo pulmón el coro de la canción en turno en el momento en que ya se lo había aprendido; eso por poner lo menos.

Kushina se alzó de puntitas y tapó con sus manos los ojos de Minato. Con aliento alcohólico y aún sus pies siguiendo en movimiento al ritmo de la música, le preguntó:

—¿Adivina quién soy?

El Rayo Amarillo casi se carcajeó. Sí ya estaba muy tomada, pero, para seguirle la corriente, fingió estar perdido y se quejó porque las luces "se habían apagado" hasta que la pelirroja decidió liberar sus ojos de la prisión de sus manos para jalar sus mejillas, como una tía a sus pequeños sobrinos. Hombre, Kushina estaba loca.

Y Minato pensó que, si hubiera llevado a Mikoto, no podría haberse divertido tanto.

OoOoOoOoOoOoO

Fugaku pensó que ya era bastante. Kushina llevaba alrededor de sesenta minutos cantando la misma canción. No podía concentrarse en los informes que llegaban a su mesa. ¿Es que nunca se iba a callar?

—Cierra el pico.

—Oh, Fugaku. No seas amargado —y volvió a cantar otra vez.

Uchiha rodó los ojos y le quitó el lapicero con el que estaba rayando su bloc de notas. Ya iba siendo hora de correrla. Solamente entorpecía su trabajo y no planeaba quedarse horas extras en la estación.

—¿A qué has venido?

Súbitamente, la Habanera Sangrienta dejó de cantar. Anda, ¿ahora tenía que tener un propósito para visitar a Fugaku? ¿Es que su dulce y fresca presencia no lo reconfortaba? ¿Ahora tenían ese tipo de relación? ¡Ni porque ella estaba fingiendo por su culpa! ¡Qué hombre tan cruel era!

—Quería verte, ya sabes. Cancelaron mi misión de este miércoles y quería recordar que existen cosas peores en el mundo; tu cara, por ejemplo 'ttebane —se burló. Fugaku frunció el ceño y notó de soslayo como algunos de sus parientes y compañero de trabajo se reían bajito del comentario de la pelirroja.

—Márchate. No tengo tu tiempo —dijo con el mejor tono desdeñoso que poseía. Claro que Kushina no se amedrentaría por ello ni nada por el estilo. Fugaku solamente quería demostrarle a sus compañeros policías que aún podía dar miedo; y mucho.

—Bien, bien. Me voy. Pero —lo siguiente lo dijo en un susurro— mañana a las ocho en el Da Noi. Ya sabes para qué —y desapareció como un susurro.

OoOoOoOoOoOoO

Bien, Kushina estaba muerta de la vergüenza. Bueno, no muerta, agonizante por lo menos. Había estado fresca como una lechuga hasta que se quedó sin fideos instantáneos y tuvo que ir al súper a comprar más de su preciada sopita empaquetada. Había estado jugando con su carrito de la compra un rato hasta que se decidió a ir a pagar. Entonces fue cuando encontró el mal hecho una publicación quincenal con portada a colores y chismes de figuras públicas del País de Fuego. Había un artículo acerca de moda y citas, y ella, en su torpe ingenuidad, le había echado un vistazo mientras esperaba a que le tocara pagar sus comestibles. Ese había sido el mayor error de su vida, pues la hizo entrar en pánico.

No estando segura de si era un pasajero estado mental, Kushina compró la publicación y se marchó a su casa cuatro niveles menos feliz que cuando entró al supermercado. Se leyó de cabo a rabo la biblia adolescente en un lapso de dos horas al llegar a su sintió algo estafada y el miedo corrió por sus venas: pudo haber cometido más de treinta errores el día siguiente si no hubiera tomado la maldita revista de los anaqueles cuando fue al supermercado; errores que Mikoto, siendo el tipo de chica que parecía ser por su exterior y comentarios de Minato, notaría inmediatamente disparando ese sexto sentido que Kushina tenía subdesarrollado.

En "Chica Adolescente (como se llamaba la revista)" venía un nutrido artículo de siete páginas llenas de texto y fotografías que le mostraba qué debía y qué no debía hacer en la primera cita con los padres de su pareja (en este caso Mikoto). Desde el vestuario y el maquillaje, pasando por la forma de hablar y caminar, para culminar con la manera de comer. Si fuera una cita como la que tuvo con Inoichi (o más bien, como la que no tuvo), ella hubiera actuado como siempre. Sin embargo, esto era algo así como Seguridad Nacional y Kushina se tomaba las cosas con mucho profesionalismo. Evitar que Fugaku se quedara solterón para el resto de su vida era, para ella, tan importante como una misión Clase A.

Por eso, por el resto del día, Chica Adolescente fue tanto como la madre y la archienemiga de Kushina (junto con el libro de técnicas de actuación que sacó de la biblioteca esa misma tarde), la cual tuvo, con ayuda de una peluca castaña y unos lentes oscuros, que comprar un vestido que fuera "lo suficientemente formal para conocer a los padres (Mikoto) de su pareja pero que también luciera lo suficientemente casual para que no pareciera que se estaba sobre esforzando", maquillaje en tonos que "no fueran colores de antro, combinaran con su vestido y le dieran una gracia y elegancia natural". Eso sin mencionar los zapatos torturadores de diez centímetros que eligió, la bolsa "amiga de toda mujer" y la de productos capilares que embolsó para el peinado que se realizaría mañana (¡más le valía a Fugaku no cagarla en la cita… y pagarle su dinero invertido!).

Con toda la preparación que estaba haciendo parecía que la interesada en la cita fuera ella y no Fugaku. Lo único que la consolaba era que, al menos, él estaba más nervioso, ansioso y desesperado que ella. Su sufrimiento siempre la hacía un poco más feliz… siempre y cuando ella fuera quien se lo infringía, ya fuera directa o indirectamente.

Y así, sintiéndose actriz de método, Kushina esperó por el próximo día.


Yo estaba escuchando a Los Daniels mientras escribía la parte del concierto, pero ustedes pueden poner el grupo que les apetezca.

En el próximo capítulo se viene la cita (para que vean que soy buena, les adelanto que va a ser de tres partes: la conjunta, la de Mikoto y Fugaku, y la de Kushina y Minato). Así que, emociónense, que la todapoderosa madre de Itachi y Sasuke-ku~n va a aparecer pisando fuerte en el próximo capítulo.

Mañana la versión corregida de este capítulo. Hoy lo subo para los ansiosos.

Gracias y respuestas a los reviews:

Stefany BM: La cita doble va a ser un bombazo xD esa Mikoto va a hacer de las suyas y Kushina va a estar de los más extraña gracias a la biblia negra jajaja. Con respecto a RtN: pues sí, fue bastante sentimental. Yo estaba que echaba espuma por la boca cuando mi Naruto se quedó huérfano nuevamente :S

LightDanica: Para que veas, te complaceré. En el próximo capítulo habrá fragmentos de la fallida cita de Kushina y Fugaku :)

Marcia Andrea:Me disculpo porque la pobre de Mikoto no ha salido, pero aún no es tiempo de que haga su misteriosa y gran entrada destructora de actuaciones y falsas relaciones. Y sí, lo hice de esta manera también porque dije: si Naruto y Sasuke pueden ser íntis, ¿por qué Kushina y Fugaku no? D:

nova por siempre: Aquí la actualización y gracias por los cumplidos ;)

Seba20: Yo me la vi en coreano porque quería saber si decían "Gumiho" en lugar de Kyubi. Fue un fiasco porque no pasó xD pero aún así valió la pena. Eso sí, el audio estaba desfasado, la calidad de video casi tanto como pésima y el ancho del fotograma cambiaba cada dos por tres.

rita uchiha namikaze: No sé por qué dicen qué es original, yo siento que es la misma weada que escribo siempre xD pero igual gracias :3

Sakuita 01: Fuga la pasarámal en el próximo capítulo. ¡Esa malvada Mikoto! La peli, pues yono me la imaginaba diferente, pero siento que con tanto teaser, trailer, escenas y cosas que se filtraron por allí yo ya me sabía la película entera xD Yo igual no le he perdonado funerales a Kishimoto... bueno, sí porque mi suegro ya está saliendo otra vez en el manga :3 Mi sueño orgásmico hecho realidad.

Laguidai: A mí me molestaron las voces de Ino, Naruto y Minato, fuera de ello, las demás me parecieron pasables. Como no es mi idioma... Y te prometo más estúpideces para el próximo capítulo n.n

CCPHyuga: D: Stalker a la vista! xD Asuu! Un placer leerte entonces, señora que me acosa :3, y yo creo que Kushina te oyó decir que Minato es perfecto y por eso pensó que la música clásica era su estilo u-u jajaja

Espero les haya gustado el capítulo y se viene mi eslogan:

¡Besos embarrados de Nutella para todos!

:*

PD: Cierto, ¿qué estilo de música escuchará una persona "perfecta"? Por lo menos desde su objetiva perfección. Según yo sería, como se vio reflejado en el capítulo, la clásica.