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Capitulo II

Entro a la casa, dejo su mochila roja sobre la mesa y se dirigió a la cocina. Estaba muy hambrienta después de su primer día en el nuevo instituto.

Corto tres rodajas de pan fresco, en tanto el agua hervía para hacerse un té de frutilla. Busco en la heladera la mermelada de durazno y unto un poco en su pan. Salio de la cocina con la escoba y barrió todo el comedor, sala de estar y hall, esperando que el agua hirviese. Al sentir la pava de metal silbar, dejo su tarea y vertió el agua caliente en su taza.

Cuando hubo terminado su merienda, subió con lo necesario para limpiar las habitaciones. Entro primero a la de su hermano pero se encontraba muy organizado, cosa que no le sorprendió mucho. Paso el baño y su habitación la ordenaría al último, entonces entro al cuarto de Inuyasha. El lugar era muy amplio y agradable, pero lo seria más si estuviese ordenado. Comenzó a juntar la ropa en el suelo separando la sucia, al cesto, de la limpia al ropero. Tiro el envoltorio de papas fritas que estaba sobre el escritorio en el cesto de la basura y limpio algunas migas. Abrió las ventanas para que entrase el aire fresco y se dirigió hacia la cama para tenderla.

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Entro a la casa con cansancio. Se había quedado una hora más en la empresa para explicarle a Miroku todo con respecto a su trabajo ya que él debía supervisar las cosas en su ausencia. Subió las espaleras mientras se quitaba la remera de color rosa claro dejando su muy ejercitado torso al descubierto, cubierto con una delgada capa de sudor. Abrió la puerta y sonrió ante la imagen que descubrió. Kagome estaba sentada sobre su cama acomodando los almohadones azul Francia sobre esta.

Al sentir la puerta cerrarse miro hacia atrás. Inuyasha había llegado ya y la encontró sentada en su cama.

- Por favor, que no se haya dado cuenta que estaba oliendo el perfume de sus almohadones- pensó nerviosa.

- No te preocupes- le dijo caminando hasta quedar a su lado- Tu sigue limpiando tranquila.

Trago saliva mientras su respiración se agitaba un poco. No podía verse más sexy con esa apariencia bronceada que develaba su piel, sobre sus músculos tan ejercitados. Mordió su labio inconcientemente. Aquel era demasiada testosterona pura para poder resistirse a perderse en las marcas de su abdomen.

El también la observo. ¡Como le gustaba el uniforme de aquel instituto! Kagome se encontraba con una camisa blanca ceñida al cuerpo, un chaleco negro con detalles en blanco en el cuello y ruedo, corbata rojo escarlata y una pollera muy corta haciendo juego con el chaleco. Unas media blancas que dejaban diez centímetros entre estas y la pollera, y zapatos negros. Su cabello caía onduladamente en una cola de caballo muy larga, atado con un listón rojo. Todo eso, más aquellas mejillas algo rosadas y esa incontenible mordida del labio inferior hacían más difícil la tarea de controlarse. Cada vez se sentía más como un naufrago observar un trozo de carne suculenta y sin poder tocarlo.

- No- respondió luego de unos minutos levantándose- Tú seguramente quieres estar en tu habitación. Cuando quieras ver televisión aprovechare para subir de nuevo.

- No hay necesidad Kagome- le sonrió de tal manera que aumento su sonrojo- Yo estaré en el baño dándome una ducha. Seguramente no te falta mucho para terminar ¿o no?

Ella negó sin darse cuenta. Cuando estaba al frente de este hombre muchas cosas florecían en ella, resultándole difícil razonar. Sobre todo una sensación de calor abrazante.

Inuyasha tomo la toalla que estaba en la silla y se fue de la habitación sin decir nada más.

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Ya había terminado y la habitación no podía verse de mejor manera, pensó. En su mente comenzó a enumerar las cosas para cerciorarse que no le faltara nada.

- El ropero, ordenado. El escritorio, limpio. La cama, tendida. La alfombra, aspirada- contó con los dedos- ¿Algo me falta? Creo que no. Esas pesas de mano no se donde irán y tampoco puedo levantarlas.

Sintió unos brazos envolver su cuerpo con suma facilidad y una respiración asomarse hasta su cuello, asustándola. Inuyasha rió un poco al sentir como se tensaba su pequeño cuerpo.

Ella podía sentir aquel sólido pecho y abdomen frescos ya que aun recorrían gotas de agua por el.

- Haz hecho una esplendido trabajo- le susurro al oído. Suavemente le deposito un beso en la mejilla, habiéndola sentir como su húmedo cabello corto despedía olor a manzana y pequeñas gotas caían en su piel blanca.

La soltó y entro a su cuatro, dedicándole una amplia sonrisa al ver su rubor. Sin decir nada, ella se fue del lugar para entrar a su cuarto. Al cerrar la puerta, se recostó sobre ella dejándose desliar suavemente.

- Debo hacer la comida- suspiro tratando de sacar al muchacho de su cabeza.

Se quito la ropa que llevaba hasta quedar casi desnuda. Busco en sus cajones ropa cómoda y bajo sin ni siguiera mirar hacia la habitación de la par.

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Sentada bajo la sombra de un árbol se encontraba sola comiendo agradablemente. Todavía no tenía amigas pero no le molestaba mucho aquel hecho, el tiempo le diría más tarde que ocurriría.

Sintió un ruido. Vio como una pelota de fútbol rodaba hasta quedar al lado de sus glúteos y a los pocos segundos apareció quien aparentemente era el responsable. El muchacho se toco la nuca avergonzado al encontrarla, ya que estaba muy metida entre los árboles.

- Hola- dijo sonriendo ampliamente.

- ¿Esto es tuyo?- pregunto tomando la pelota con ambas manos y poniéndose de pie.

- Si te ha golpeado, no- rieron y ambos caminaron para encontrarse. Le entregó la pelota.

El joven era muy guapo. Tenía una cabellera chocolate muy brillaza, corta y muy caótica. En su rostro se hallaban dos zafiros como el profundo océano y una sonrisa ganadora de cualquier muchacha. Llevaba una remera, short y zapatillas blancas.

- Me llamo Kouga- le extendió la mano- ¿Tú eres nueva no? Nunca te vi en el instituto.

- Así es- sonrió estrechándola- Soy Kagome.

Ambos sintieron como llamaban al sudado muchacho para que continuaran el partido que se encontraban disputando.

- Bueno- se toco la nuca con su mano- Lamentablemente debo irme.

- Esta bien- sonrió simpática- Nos vemos en otro momento.

El joven partió por donde había llegado muy veloz. Ella volvió a su lugar y termino su almuerzo para ir yendo a su salón más tarde.

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A la salida, camino tranquila por el largo pasillo lleno de ansiosas personas que ansiaban abandonar el lugar. Cruzo la puerta principal con tranquilidad y pudo apreciar como la tarde se encontraba de un tono rojizo. Siguió caminando distraída hasta sentir que alguien gritaba su nombre. Miro y se encontró con Kouga, quien ahora llevaba el uniformo un poco desprolijo. Más de uno miro atónito como el joven más popular había dejado por unos segundos al grupo de muchachas que solía rodearlo rutinariamente. Aunque al ver lo linda que era Kagome entendían un poco.

- ¿Vas a tu casa?- consulto simpáticamente.

- Primero debo ir al supermercado a comprar las cosas para la cena- admitió y miro su reloj- Si me disculpas, debo apresúrame.

- Pero…- intento contrariarla pero fue interrumpido.

- Otro día me acompañas a mi casa- le sonrió y se puso en puntas de pie para alcanzar su mejilla dejando un calido beso.

Sin decir más se fue veloz dejando al joven parado estáticamente sonriendo por aquel estremecedor beso mientras admiraba el vaivén de su perfecto cuerpo al caminar.

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En medio del camino se percato que llevaba poco dinero. Así que decidió ir hasta el trabajo de su hermano para pedirle a él. No tuvo problemas al llegar al lugar al ver aquel imponente edificio vidriado que llevaba el cartel de "Taisho Corporation"

Pregunto a la recepcionista por su hermano y ella le indico el piso número veintitrés. Tomo el elevador y las puertas se abrieron solas, para mostrarle un hall con sillones y una mesa de recepción al estilo minimalista donde se encontraba una joven de cabellera castaña clara muy hermosa.

- Para hablar con el Sr. Higurashi- pidió tímidamente.

- ¿De parte de?- sonrió al ver a aquella muchacha tan respetuosa.

- Su hermana- respondió ya mas relajada al ver que era simpática. Pensaba que la tratarían algo mal.

La puerta del despacho se abrió dejando ver a Inuyasha y Miroku conversando de unos papeles que llevaban en sus manos.

- Esto debes hablarlo con Sesshomaru- le explico entregándoselos- El te sacara de apuros si no me encuentro presente.

Ambos hombres observaron a Kagome quien también los miraba en silencio. Sin esperar, se acercaron hacia ella.

- ¿Qué haces aquí?- consulto Miroku cuando estuvo a su lado.

- Vine a pedirte dinero para que compre las cosas para la cena- respondió simplemente.

Miroku busco su billetera en su bolsillo pero se percato que la había dejado descuidadamente en su despacho. Intento volver pero sintió la mano de Inuyasha que lo detenía por el antebrazo.

- Deja- dijo Inuyasha- Iremos con Kagome al supermercado y lo sacaré con la tarjeta de crédito. Además, la despensa esta casi vacía.

Este asintió y con una breve despedida se marcharon los dos juntos hacia el elegante ascensor que los aguardaba.

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Kagome subió impresionada al Brabus Mercedes McLaren SLR Roadster negro del joven y emprendieron marcha hacia el supermercado más cercano. Para su sorpresa, Inuyasha no había hecho ni dicho nada pero eso, en cierta manera, la tenia más nerviosa. El joven le recordaba a un depredador que podía atacar en cualquier momento, prefiriendo tomando a su presa desprevenida.

Llegaron al gran supermercado, tomaron un carrito y buscaron entre las amplias góndolas todo lo que recordaba que hacia falta. Inuyasha le indico que no se abstuviera por los costos.

- ¿Cómo ha sido tu día?- consulto distraído en los miles de productos expuestos.

- Supongo que bien- respondió colocando tres envases de salsa de tomates en el interior del carrito- ¿y el tuyo?

- Fue uno más de mis días rutinarios- confeso mirándola.

No pasaron al segundo pasillo cuando una mujer pelirroja sumamente provocativa se acerco a Inuyasha a paso decidido. No perdió tiempo luego de su saludo para pegarse contra su cuerpo y ronronearle que le extrañaba. Sin embargo él permanecía quieto, sin ponerle un dedo encima y una mirada seria sin expresión, como si no le interesara toda esa actuación. Luego miro a su costado y vio a la atónita Kagome, quien parecía una hermosa estatua.

- ¿Quién es ella?- consulto casi ignorándola.

- La hermanita de Miroku- le explico sin inmutarse.

Radicalmente cambió de actitud saludándola dulcemente y diciéndole que conocía a Miroku desde hacia unos años. Inuyasha le explico que estaban con prisa y la despidió de una manera seca, sin interés mientras ella le pedía que la llamara uno de esos días.

Distrayéndose en su deber ya que sentía una inexplicable rabia, dejo de prestarle atención al inquieto Inuyasha que miraba diversos productos sin alejarse demasiado de ella. Sentía deseos de gritarle, pero no tenía motivos y él era completamente libre de abrazarse con la resbalosa que deseara.

Pero este no le perdía de vista y más aun cuando noto que otro sujeto la miraba con deseo. Era un hombre de unos treinta años aproximadamente pero lo más repulsivo es que estaba con su esposa quien le hablaba distraída mientras dudaba que producto llevar. En tres zancadas estuvo detrás de ella y sin importarle nada, le abrazo la cintura y coloco su mentón en su hombro derecho. Ante esto sintió su cuerpo un poco más tenso.

- ¿Ya terminaste?- consulto al oído.

La muchacha lo miro sorprendida y muy sonrojada pero el solo le devolvió una sonrisa picara.

- Me falta poco- respondió ya sin mirarlo- ¿No se molestará tu amiga si te ve así?

- ¿Celosa?- consulto satisfecho- No te preocupes, ella no me interesa.

Riendo un poco, dejo de abrazarla para solo colocar una mano en la cintura, para que supieran los otros que ella no estaba sola. Aquella mano estremecía todo su cuerpo pero debió controlarse muy bien ya que lo que ultimo que deseaba mostrarle al joven engreído.

* * * * *

Miroku revisaba unos papeles cuando sintió que la puerta se abría. Como se lo había pedido, Sango le traía un café. No pudo evitar mirar disimuladamente sus largas piernas, perfectas. La secretaria de Inuyasha era sin duda alguna una joven excepcionalmente hermosa y su cerebro le pedía a gritos que hiciera un avance. Pero no quería ir sobre un territorio ocupado, y no sabia si Inuyasha ya había iniciado acciones contra la muchacha.

- Debería preguntárselo esta noche- pensó mientras Sango hacia un espacio entre los papeles y colocaba la taza.

- Gracias- le dijo por fin cuando esta aguardaba por si necesitaba algo.

Ella solo sonrió y se fue de la oficina para continuar con sus otras tareas.

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Estaba cansado de tan duro trabajo. Tomo su saco, observo de no olvidarse nada y salio del despacho. Se sorprendió al ver que Sango continuaba guardando unos archivos.

- ¿Qué haces aun aquí?- consulto acercándosele.

- Termino de archivar los papeles que se firmaron en la reunión de esta mañana- le explico notablemente cansada.

- ¿Te falta mucho?- miro su reloj. Ya eran pasada de la medianoche.

Sango le mostró cuatro carpetas. Miroku las tomo y reviso de qué se trataban. No eran demasiado urgentes, podían esperar un día sin dificultad.

- Junta tus cosas- le ordeno dejándolas en una esquina de pendientes- Si alguien te pregunta, tu te fuiste antes de que te las pudiera pasar.

- Gracias- sonrío agradecida.

Guardo velozmente todo lo que le partencia en su cartera y caminaron juntos hasta el ascensor. A Sango ya le dolían los pies de tanto caminar con aquellos elegantes zapatos y sentía un leve dolor en la cintura por estar sentada. Saco su celular de su bolso y reviso no tener ningún mensaje.

- ¿Vas a tu casa?- trato de comenzar una charla.

Ella asintió con una sonrisa. El señor Higurashi le caía muy bien, tenía un carácter más constante que los Taisho. Además siempre se mostraba respetuoso y caballeroso con ella cuando le pedía que hiciera cosas.

- ¿Vives sola?

- No- aseguro suspirando- Vivo con mi hermano menor, Kojaku. De seguro estará molesto porque no sabe cocinar más que sopas instantáneas y yo estoy regresando a estas horas.

Mas rápido de lo que imagino, se encontraron en la salida del edificio. Miroku se dirigió al estacionamiento pero se detuvo al ver que ella permanecía parada en la vereda.

- ¿Qué te ocurre?

- Estoy esperando un taxi- le explico extrañada por su pregunta.

El joven volvió hacia donde se encontraba ella y colocando una mano en su cintura la obligo a avanzar.

- Nada de eso- decidió serio- La calle es insegura. Yo te llevo en mi automóvil, no me molestaría.

Sango acepto alegando que solo lo hacia porque tenia razón y le daba miedo regresar sola a casa. Miroku saludo al guardia del estacionamiento y caminaron hacia su Megane II color plateado.

* * * * *

Ambos comían en silencio. Inuyasha dejo su tenedor al dejar su plato desprovisto de la sabrosa comida. Se dejo recostar contra el respaldo y la miro fijamente.

- En verdad tienes mano para la gastronomía- la elogio.

- Gracias- dijo tomando ambos platos y dirigiéndose hacia la cocina.

Cuando regreso y estaba por sentarse en su silla, Inuyasha tiro se su brazo acercándola para hacerla sentarse en sus piernas. Kagome no tardo en sonrojarse y quedarse quieta.

- Me gusta tu rostro- comenzó a decir mientras tomaba su mentón con delicadeza- Me recuerdas mucho a alguien que quise mucho.

No dijo nada. No le agradaba las comparaciones, pero la mirada de Inuyasha eran dulce y tierna, como si recordara momentos felices en algún lugar perdido en el tiempo. Cuando regreso a la realidad no pudo resistirse mirar sus labios rosados y desear probarlos.

Kagome trago saliva ante la mirada determinada de Inuyasha. Sintió como el muchacho comenzaba a cortar el espacio entre ambos. No podía, más bien no quería moverse. Solo lo miraba hipnotizada a esos ojos tan espectaculares.

Su aroma lo acaricio a solo milímetros de sus labios, solo debía avanzar un poco mas… pero sintió el ruido de que alguien buscaba sus llaves. Sin mas remedio se alejo de ella y se paro para dejarla parada a su lado.

Miroku entro a la casa y les pregunto si ya habían cenado. Kagome le dijo que le serviría de inmediato y se fue corriendo hacia la cocina. Se sentía frustrado pero un pensamiento de que pronto tendrá otra oportunidad le tranquilizo. Decidió que transformaría esa frustración en ejercicio físico.

- Inuyasha- lo detuvo cuando estaba al pie de la escalera- Quería hacerte una pregunta.

Su mejor amigo regreso hacia donde estaba antes y lo miro en la expectativa que hablara.

- Quería saber si estabas detrás de Sango- fue directamente al grano.

- No- respondió automáticamente.

- ¿Por qué?- consulto sin entender.

- No lo sé- se encogió de hombros- es una muy linda mujer, pero no me llamo demasiado la atención.

Decidió callarse ya que temía que Miroku descubriera que estaba detrás de otra mujer. Más aun si descubriera que era su virginal hermana menor.

Continuará…


Holis!

Gracias por sus comentarios a:

Sesshiria, Paula :D!, Kirarany, Skuld Dark, Angelnegromty, Jane Black, Tatihime!, Sumiko, Maritza, Tefisanchez, Love-sesho-kun, Candilu.

Espero les guste el segundo capitulo!

Besos y cuídense!

Miko Fleur