Parte 1: El Deseo Prohibido

Pareja: Kagome/Akito Sohma

Series: Inuyasha/Fruits Basket

Resumen: ¿Puede el tiempo hacer desaparecer un sentimiento? ¿Puede un rostro idéntico resurgir esas emociones que desbordaban antes por otra persona? No lo sabía, Akito Sohma nunca intento entender las estupidas emociones… hasta que una demonio llamada Kagome lo llamo Yamato, y ahora la verdadera cuestión ¿Cómo demostrarle que era una persona completamente aparte?

Una gran ciudad antigua de Japón parecía estar en una lucha horrorosa, las casas estaban en llamas juntos a varios samuráis y guerreros de un gran señor feudal esparcidos muertos en el suelo, pero estos no estaban siendo atacados… sino que su señor estaba aguerridamente en busca de algo…

Saciar la codicia en su corazón.

Ahora este y unos monjes a su disposición tenían acorralada a una hermosa y a la vez tan distinguida figura de una muchacha… solo que ella era totalmente diferente de los seres humanos.

Ella era un demonio.

- Será mejor que me entregues la perla de Shikon, o lo lamentaras – dio una sonrisa sanguinaria en su apuesto rostro aquel hombre y señor.

La muchacha solo mantenía un rostro impasible, tocando la joya que mantenía en su colgada en su cuello la apretó levemente con sus manos.

- ¿De verdad crees que te la daré? – los monjes y soldados retrocedieron al ver una sonrisa maliciosa y escalofriante manchando su tranquilidad – esta joya maldita esta bajo mi cuidado… y solo puede obtener un deseó puro, algo que dudo de un ser inferior y codicioso como tú… - este dio un gruñido de ira en el insulto.

Mando inmediatamente a todos contra ella, ella esquivaba con facilidad los ataques de los soldados, solo haciéndole heridas superficiales para impedir que luchasen… sabía que estos hombres no eran culpables.

Solo que el jefe de su familia era un hombre realmente egoísta y lleno de odio y ambición que los utilizaba.

Más sus ojos se ampliaron levemente cuando los monjes tiraron collares de perlas a su alrededor separándose y apretándose en su contra, ella dio un silbido de dolor cuando causaban cortes en sus brazos y piernas.

Ella miro ferozmente a ellos, oyendo los antiguos rezos que estos colocaban y sintiendo como sus fuerzas se debilitaban inmediatamente… dirigió su mirada a su jefe que sonreía socarronamente a ella.

- Te maldigo… te maldigo Sohma, puede que haya perdido hoy pero me asegurare de que jamás tengas esta perla… - ella invoco todo el poder que poseía.

Causando que las perlas se quebrasen por las olas de poder de youki que poseía - ¡¿Qué demonios pretendes? – grito el hombre al ver como dos muros formaron al alrededor de un circulo como un campo de protección.

La muchacha dio una sonrisa maliciosa, su respiración irregular y sumamente agotada al utilizar sus fuerzas casi al extremo de morir.

Ella se recostó bruscamente sobre la corteza de un gran árbol allí, - No te dejare la Shikon… y aunque quede atrapada aquí… te prometo – ella cerro sus ojos serenamente aflojando todo su cuerpo al sentir el sueño ensordecedor tomándola, solo dio un ultimo susurro… suave y oscuro.

- Te prometo que te matare, matare a todos -

Luego, todos quedaron paralizados, aquellas palabras horrorosas zumbando en sus mentes una y otra vez, un brillo se hizo eco desde el cielo en ese momento.

"Tú Sohma, te has atrevido a traicionar y corromper a la portadora de Kami de cuidar aquella joya maldita… te dará una maldición a ti y tu familia…"

"Aquellos serán maldecidos con los doce animales del zodiaco chino, hasta que tú… el jefe del clan Sohma, logres romperlo… más será casi imposible, ya que morirás antes de los treinta años… al igual que todos los que te sucediesen"

"Viviendo una vida miserable y enferma por la misma ambición que llevabas en tu corazón…" se desvaneció aquella voz, dejando al jefe de la familia ampliar sus ojos de horror y caer de rodillas sin poder sostener su fuerza.

Mirando con odio la figura tranquila de la muchacha durmiendo en aquel sitió apartados de todo mal del mundo. Y como todos temían… un año tirano después el jefe Sohma murió.

Quedando su único hijo a cargo de la casa, más este mantenía la enfermedad desde su tierna infancia junto a sus tíos que fueron legando la maldición Zodiacal en sus descendientes.

Algunos habían creado un templo donde residía la demonio durmiendo, rezando y rogando para calmar su ira al temor de morir todos por la promesa que esta había hecho…

Pero con el paso de los muchos siglos… todos fueron olvidándose de ella y la joya que protegía.

Incluso obligándose a jamás volver a nombrar que siquiera llegaron a existir.

En la actualidad

Un muchacho joven, tal vez de unos diecinueve años se hallaba dentro de una clásica y delicada habitación japonesa, más este solo se encontraba acostado… su respiración siendo horriblemente irregular mientras tosía fuertemente salpicando sangre…

Un hombre bien parecido de cabellos negros y ojos verdes trataba frenéticamente de calmar la fiebre que consumía al joven jefe y además velozmente colocarle una inyección en su pálida piel.

Dio un suspiro muy aliviado al notar como su malestar y la fiebre parecían bajar un poco tras de eso – Por favor, permanezca en cama… de esa manera lograra que su salud vuelva estable – aconsejo con una voz respetuosa y fría.

Dando una profunda reverencia se marcho a un paso apacible tras de si, cerrando tras de si la puerta corrediza de madera.

El medico de la familia solo miro fríamente al otro individuo visiblemente preocupado que esperaba afuera – No paso a nada peor, ahora lo que necesita es descansar… Shigure – dijo cerrando su ojo visible.

Este dio un suspiro, era un hombre adulto con el cabello negro azulado y ojos del mismo color, con la piel un poco más tostada – Hatori, Estos ataques son cada vez peores… no recuerdo que el antiguo jefe haya sufrido tanto hasta más avanzada su edad – susurro con seriedad dando un hondo suspiro.

Hatori asintió, - Parece que la maldición es peor cuando más pasan las generaciones… - ambos se marchaban por los pasillos, dispuestos a seguir conversando en la casa de el pelinegro, que también se encontraba dentro de la gran residencia Sohma.

Sin que lo supiesen, el muchacho dentro solo se mantenía sentado mirando por la única ventana disponible en aquella oscura habitación… sus ojos violetas siendo huecos y fríos ante las palabras que había escuchado.

No veía el porque morir sería algo catastrófico… no había tenido más descendencia, por lo que si lo hacía lo más seguro la maldición desaparecería con él ¿verdad?, pensaba con una diminuta sonrisa cruel.

Después de todo… la maldición en la familia Sohma, comenzó en su cabeza.

A la mañana siguiente, el sol brillaba felizmente en la cima iluminando con sus rayos dorados toda cosa viviente a su paso… más el jefe, no era alguien que pudiera posarse debajo de su resplandor.

Hotori revisaba la temperatura del joven, para luego medir su pulso, asintiendo a si mismo – Usted esta mejorando, solo debe dar un poco de reposo más… - miro de reojo como el joven ni siquiera se dignaba a mirarlo sino que permanecía con sus ojos cerrados.

Dio un suspiro mental – Con su permiso me retiro – se inclino hacía el para marcharse. Estaba preocupado… este joven parecía ser un cuerpo andante sin alma.

Y no importa todos los dolores que haya causado a el y su familia, con Tohru había aprendido a saber perdonar y ver el dolor de los demás en vez de concentrarse en el suyo… y es por ello que se había obligado a tratar de perdonarle, al igual que los demás.

Pero no encontraba una manera de ayudarle a recuperar su espíritu, solo parecía que estaba muriendo lentamente sin tratar de luchar. Era desgarrador.

El joven no sabía cuantas horas había permanecido en la misma posición, mirando la nada, de pronto vio un pequeño pájaro revoloteando alegremente a su alrededor, tirando su dedo este se poso con cuidado en él dando un pequeño canto que causo un pequeño brillo en sus ojos muertos.

Unos segundos después este vio como la pequeña ave salio volando de su mano, ingresando hacía el bosque… el siguió con su vista aquello.

De pronto estrecho sus ojos y apretó sus labios, no era idiota… sabía que no tenía mucho tiempo. Ajustando sus brazos temblorosos se coloco de pie.

Mirando el bosque frente suyo salio al patio, ocultando su rostro con su mano para que los rayos del sol no dañaran sus ojos… y si lo iba a hacer ¿Qué importaba si salía fuera?

Comenzó a caminar a un paso tranquilo por donde aquella pequeña ave fue, nunca fue capaz de salir fuera de aquel negrusco cuarto, desde que tenía memoria siempre había sido alguien muy enfermo.

Al menos si moría, iba a recorrer por completo la residencia Sohma, no importa las estupidas recomendaciones de Hatori que hiciese reposo.

Escucho cantar nuevamente aquella codorniz, curiosa lo vio mirándole para luego seguir volando hacía adelante… frunció su ceño, si el pensaba mucho en ello… podría creer que el pequeño pájaro le pedía que le siguiese.

Amplio un poco sus ojos al encontrarse en un hermoso jardín que parecía abandonada, que solo les separaban un viejo portón de hierro, sus ojos entraron en reconocimiento.

Cuando era niño, una vez escucho de su padre hablar que jamás se debía cruzar la segunda parte del bosque en el recinto… que todos tenían prohibido el hacerlo bajo un severo castigo.

Y al preguntar el porque… solo había dicho, que desde los comienzos del clan se decía, que allí dentro solo se ocultaba a la muerte para ellos.

Bajo su vista ocultando sus ojos, riendo entre dientes, siempre lo creyó la estupidez más grande que había escuchado. Pero no obstante, nunca llamo realmente su atención.

Pero el era el jefe en esta familia. El señor y dueño de todo este lugar… podía ir donde gustase sin que nadie pudiera impedirlo.

Con ese pensamiento, deslizo el portón siendo fácilmente abierto con un chirrido de los hierros debido a la antigüedad que dejaron de darle mantenimiento.

Amplio sus ojos al ver el hermoso bosque que había dentro, todo era muy brillante además de las diversas pequeñas criaturas y las aves bajo el sol… siguió hacía adelante hasta que el bosque terminaba, divisándose una pradera y más allá el principio de un gran árbol.

Estando realmente cerca, miro con extrañeza un antiguo y casi desecho templo, con un cartel en kanji muy antiguo y casi en desuso.

"Aquí duerme, la protectora de la maldita joya cumple deseos"

Frunció el ceño, era lo más raro que había escuchado antes… brevemente se pregunto a quien se referiría, ¿Qué clase de dios habría sido?

Negó con su cabeza, llegando mucho más cerca quedo aun más sorprendido por la vista de aquel valle y aun más el enorme y frondoso árbol que este contenía en su centro, parecía irradiar vida… y un sentimiento extraño y melancólico a la vez.

Dando un paso a él, de pronto sus ojos se ampliaron en shock al divisar la figura que estaba durmiendo, recostada en su tronco… era una muchacha.

Él la detallo, tenía su cabello negro muy largo que se esparcían sobre el verde césped, su piel era pálida, su rostro poseía una pequeña media luna azul en su frente y sus orejas eran puntiagudas… pero sin duda lo que más cautivaría era la belleza y serenidad que su rostro dormido transmitía.

Con ropas finas y tradicionales blancas con sakuras azules oscuros, aunque sus mangas y lo largo de la falda poseía cortes a sus largos… era lo más bello y etéreo que había sido capaz de contemplar.

Nunca sintió irradiar tanta tranquilidad de alguien.

Pero, quien era esa chica… porque vestía aquellas ropas tan extrañas y antiguas… y que hacía allí dormida… - ¿Quién eres?... – no pudo evitar susurrar, había tantas preguntas que ansiaba saber sobre ella.

Pero no sabía que con su simple susurro… desataría el infierno.

Su cuerpo se tenso cuando una energía incomoda procedió a desprenderse de ella, algo que era sofocante.

- Aquella voz… - una suave y femenina voz susurro en el aire, el la miro… ¿podría ser ella? Pero ni siquiera se había despertado…

Fue en ese momento que dio un paso atrás de la sorpresa cuando ella abrió sus ojos repentinamente, sintió su aliento perderse ante aquellos ojos plata tan fríos e inhumanos.

Los pájaros enseguida volaron lejos al sentir el aura oscura que aquella muchacha desprendía, ella solo miraba fijamente a aquel humano aturdido. Ninguno sin desviar sus ojos del otro.

El joven dio un paso hacía atrás cuando vio a la hermosa muchacha comenzar a ponerse de pie con aquella elegancia sobrenatural – Eres mucho más idiota de lo que pensaba… - su voz era tan insensible – venir hasta mí y despertarme… Yamato – ella le mostró las garras que poseía en sus manos, haciendo que sus nudillos suenen severamente.

Ella coloco una sonrisa tan cruel que envió un horrible escalofrío en su columna vertebral – Ahora… ¡voy a matarte! – alzo su voz con un gruñido mortal yendo a una velocidad sobrenatural contra él.

Sintió su cuerpo congelarse en el miedo al verla de esa manera, mentalmente se gritaba para correr de ella… que si no lo hacía le mataría, pero su cuerpo no reaccionaba.

Solo dio un paso hacía atrás, para luego caer de rodillas. Quizás ya había llegado la hora de su muerte… que encontraran su cuerpo destrozado por las garras de esta criatura, pensaba cerrando sus ojos fuertemente.

Abrió sus ojos ampliamente al sentir como no le pasaba nada, solo vio pasmado como la niña no pudo atravesar una especie de campo que solo largaba electricidad hacía ella al intentar atravesarlo con su mano.

La muchacha dio un paso hacía atrás, un gruñido rondo en su garganta, más luego coloco nuevamente su expresión fría – Realmente tienes fortuna Yamato, este campo de fuerza logro salvar tu patética vida – se refirió a el con frialdad.

Allí el dio cuenta de algo, que causo que reaccionara - ¿Qué dices? – dio gracias que su voz no saliera tan perturbada como en realidad se sentía – mi nombre no es Yamato… soy Akito – le espeto viendo como ella levemente sintió confusión en sus palabras.

- ¿Tratas de engañarme Yamato? – cuestiono con molestia, pero el solo dio un gruñido pequeño, que levemente la divirtió… podría querer asemejarse a un demonio.

- Te he dicho que mi nombre no es ese… mi nombre es Akito, soy Akito el jefe principal de la familia Sohma – dijo ahora con fuerza y estrechando sus ojos en ella.

La demonio solo estrecho sus ojos en él, ¿quería engañarla?, se acerco levemente a él observando sus características y sus ojos se ampliaron levemente en la realización.

- Es verdad, tu no eres él… el poseía sus ojos azules, en cambio los tuyos son violetas… además su aroma – pensó esto ultimo para ella, ¿Cómo podía ser posible que no fuera el? Había dicho que era el jefe Sohma… su corazón latió ante la verdad del porque habría sido.

Akito solo se mantenía inmóvil, viendo como aquella muchacha feroz y fría ahora demostraba perturbación en sus inusuales ojos plata.

Ella al dar cuenta de su atención escondió su preocupación – Es cierto, tú no eres esa persona… Yamato era mucho más maduro que tú – se burlo cruelmente de él, obteniendo un frunciendo su cejo al no entender quien era ese hombre que nombraba.

- Voy a aclararte el asunto… Yamato, era un jefe en el clan Sohma – vio como sus ojos se ampliaron – eso habrá sido muchos siglos de antigüedad, si no me equivoco… - cerro los suyos propios refrescando sus memorias.

- El y yo luchamos hasta la muerte por una pequeña joya… pero tuve que encerrarme aquí muy debilitada para impedir que lo obtuviera… - su voz era tan lejana.

- Debes saber esto, pues tienes derecho al estar vinculado con aquel hombre… - ella abrió sus ojos fríos – yo soy un demonio, mi nombre es Kagome… y fui la peor enemiga de tu familia, el clan Sohma… - se presento sin tener el mínimo interés en su incredulidad ante sus palabras.

Akito sintió un escalofrío al ver los plateados directamente a él – Por eso ten esto en cuenta Akito Sohma… tomare mi venganza… - vio inmovilizado como ella estiro una de sus garras hacía él – cuando recupere mis fuerzas cruzare sin falta esta barrera -

Ignoro como los rayos volvían a reaccionar violentamente hacía ella – y cuando lo haga… - tomo de sus ropas bruscamente saboreando el miedo y terror que su aura desprendía, sin hacer caso a como su piel se quemaba en el abuso.

- Te matare… los matare a todos -

El muchacho se levanto bruscamente de su cama, su respiración totalmente acelerada mientras una fina gota de sudor bajaba por su cuello, bajo su cabeza tapando sus ojos con una mano.

Aquella pesadilla… aquella demonio, - Kagome – susurro su nombre inconcientemente, fueron dos días desde que había ocurrido todo aquello… aun no podía creer que fuera real.

Desde entonces había mandado a buscar información en la biblioteca antigua sobre ella… pero aun no obtenía nada. No podía entender el odio o el rencor de su voz al nombrar a su antepasado.

Negó lentamente su cabeza, cerrando sus ojos violetas se apoyo contra el marco del cuarto, cerrando sus ojos del mundo… no quería nada más que el tiempo pasase con rapidez y olvidar todo lo que había visto.

Unos ojos fríos y crueles plata pasaron fugazmente por su mente, haciendo que frunciera el ceño de enfado… "Yamato tenía sus ojos azules…", "Yamato era mucho más maduro…" su ceja ahora comenzó a temblar violentamente, soltando un gruñido de su garganta.

Se irguió de pie en un instante, tirando su cabello hacía atrás en perturbación, ¿Por qué le comparaba de aquella manera con aquel antiguo jefe?... ¿y porque demonios debía de importarle lo que ella pensaba?

Volviendo a girar inconcientemente sus ojos hacía el bosque, sabiendo perfectamente que era el camino para llegar donde se encontraba…

No sabía que le impulso a seguir aquel sendero del que el día anterior había corrido fuera del temor… pero aquí estaba, y solo podía tener sus pupilas dilatadas ante la imagen que se presentaba frente suyo.

Solo podía observar como aquella muchacha demonio, estaba nuevamente estaba sentada sobre el tronco de aquel enorme árbol, más ahora solo mantenía sus ojos hacía el cielo, aquella paz… serenidad contenida nuevamente en sus delicados rasgos.

Vio como una pequeña ave voló hasta quedar en su mano y cantaba para ella, amplio sus ojos… por un segundo creyó que sus plata insensibles se habían suavizado a la vista de la pequeña criatura.

Dio un paso hacía adelante a aquella escena, de alguna manera algo le atraía hacía allí.

Más solo sirvió para dar a conocer su presencia a la muchacha, haciendo que la ave volase de su lado al sentir que su aura calmante se iba, - ¿Se puede saber a que vienes humano?… ¿acaso quieres morir? – se evito de saltar al sentir su voz siendo tan fría nuevamente.

Akito solo permanecía tenso en aquel lugar sin decir una sola palabra, ella sentía una ligera sonrisa divertida queriendo llegar a sus labios – No seas tan ingenuo… aun no voy a matarte – cerro sus ojos tranquilamente en aquel sitió.

El joven recupero al instante sus fuerzas, estrechando sus ojos en su figura tan relajada… pero recordando como le había tratado al instante sintió un gruñido quedar en su garganta.

– No me hables tan irrespetuosamente… ¡yo soy Akito Sohma! El jefe del clan y el dueño de todo aquí incluido el sitió donde estas sentada! – le recrimino con su voz siendo casi tan fría y mortal como la suya mientras apretaba fuertemente sus puños.

Nunca se había sentido tan ofendido en toda su vida. Aunque se tratara de un demonio… solo se dedicaba a rebajar su status como si fuera solo polvo a su alrededor. Le era totalmente insoportable.

Kagome dirigió nuevamente sus ojos hacía él, sintiendo aquella esencia picante que el desprendía en su enojo, y para su sorpresa ella dio una sonrisa divertida – Ya me parecía que tendrías que mostrarme tu verdadera personalidad – dijo de pronto.

Él la miro confundido ¿Qué le probo? ¿Qué quería decir? – Viéndote realmente no podía creer que fueras esa patética excusa escurridiza que me mostrabas… - su aliento se perdió a la sonrisa salvaje que mostró – tú realmente eres como ahora ¿no? – se burlo nuevamente de él.

Akito Sohma no comprendía lo que esta muchacha buscaba sacar de él, pero sin duda sus próximas palabras fueron las que más le afectaron, - y déjame decirte algo… el respeto no es algo que puedas exigir… - miro ahora nuevamente seria – si lo quieres de mí deberás ganártelo, humano -

Luego ella solo volvió su vista a las nubes, al parecer la conversación había terminado por completo, él simplemente apretó aun más sus puños… una mirada rencorosa hacía ella al mencionar aquello. ¿Qué ganara el respeto?

Mirando hacía abajo con lentitud se recostó contra el templo antiguo que se encontraba allí, cerro sus ojos, ¿Quién podía respetar a un hombre tan enfermizo como él?... el jefe de la familia del que todos poseían aquella maldición y además debían de obedecer…

Si no fuera por la crueldad y la frialdad que había mostrado… seguramente ya le habrían abandonado hace muchos años, y aun así todos le dejaron… al ver a aquella Tohru Honda, ya no pudo retener a ninguno a su lado. Estaba solo en este mundo…

Pensaba con tristeza y melancolía, sin saberlo llamando la atención de la muchacha de cabellos negros, ella sintió como su aura se volvía sumamente entristecido como jamás pudo sentirlo…

¿Qué le habría causado tal cambio?, ni siquiera conocía al joven que estaba en aquel lugar con ella… y no debía preocuparse para nada, ella iba a matarle, es lo que estaba destinado a pasar. Por lo tanto, su sufrimiento no le consentía y mucho menos debía interesarle.

Pero fue algo que realmente la sorprendió, aquel muchacho aun con aquel aura melancólica también tenía una especie de paz a su alrededor que causo a ampliar un milímetro sus ojos en el impacto al verlo.

Un pequeño pajarito había caído en su mano procediendo a cantar alegremente para él y luego mirarlo con curiosidad, haciendo a Kagome ver el pequeño brillo que los ojos de este mostraban al verle para luego volar siendo seguido por sus ojos violetas.

Kagome entendió perfectamente esa mirada, anhelar la libertad… pensaba siguiendo también con sus propios ojos su gracioso volar. Pero… ese sueño, lo había olvidado hace mucho tiempo, no hay libertad para ella.

Lo único que ella tenía… salio de sus pensamientos viendo fríamente al muchacho ponerse de pie, parecía dispuesto a marcharse, y su voz salía antes que lo quisiera.

- Tú aura… - el joven paro sus pasos girando su atención un poco sorprendido que ella quisiera hablar con él – puede llegar a ser muy tranquila y apacible, es por eso que las aves te estiman de aquella manera… y te dan las gracias con su compañía y sus cantos… - no podía apartar la vista de la mujer bella y amable que parecía ser en este momento.

- El agradecimiento… Akito – murmuro mirando ahora hacía el con fijeza, para luego dar por una razón una rara sonrisa un poco entretenida para luego cerrar sus ojos como si nada.

Este quedo sumamente aturdido, aun ahora en su habitación seguía repasando sus palabras una y otra vez, queriendo encontrar la razón por la que se lo dijo… además de sus ojos plata y aquella voz tan suave.

Y nunca le habían dicho algo como aquello, sería el elogio más extraño y… bello que le habían dicho, coloco una mano tapando su boca mientras un tono carmín cubría sus mejillas levemente.

De esa manera fue como le encontró Hatori, desde que llego para realizar su chequeo personal del muchacho… solo podía mirarle aisladamente de reojo mientras veía como miraba hacía un punto inespecífico muy profundo en el pensamiento.

Le parecía… más extraño que nunca. Diferente de alguna manera.

- Eso es todo por hoy Akito sama – comenzó a guardar nuevamente sus cosas en su maletín de medico, pero antes de despedirse la voz del cabeza le detuvo.

- Gracias – murmuro el joven aun sin mirarle, Hatori por primera vez en su vida quedo solo allí parado sin saber como reaccionar más que para parpadear como búho.

Akito bajo un poco su cabeza de enojo, haciendo a este salir de su shock - ¿Qué?.. no, no es nada… - el hombre mayor envió una pequeña sonrisa hacía él.

- Cuídese Akito sama, me retiro – respondió con educación, saliendo con su actitud fresca, pero afuera fue que quedo un momento más inmóvil.

No podía creer que de verdad Akito agradeciese los cuidados médicos que le dio… ¿será que estaba ocurriendo algo mal?, o quizás… realmente estuviere teniendo un cambio.

Adentro, el cabeza de los Sohma, solo cerró sus ojos, no tenía idea el porque había agradecido a Hatori solo por hacer su trabajo… pero algo le impulso a hacerlo, desde que sabía el hombre cuido de él casi más que nadie.

Y aunque hasta a él le resulto muy extraño y vergonzoso… no le pareció que se estuviese rebajando ante él.

Además pudiera ser también la influencia de aquella demonio… y su comportamiento confuso, pensaba frunciendo el ceño. Negó con su cabeza, mañana se tomaría un paseo en auto por la ciudad y despejaría las ridículas dudas que tenía en este momento.

Por lo que a la mañana siguiente, fue que ordeno a Hatori para salir del recinto en un paseo, este al instante pensó que tenía planeado haber visitas a Yuki y los demás Sohma en el colegio… más se sorprendió cuando solo pidió que diera un paseo y se mantenía observando atentamente por la ventanilla, como queriendo distraer su mente…

Akito levemente amplio sus ojos al ver un local en particular, ordenando que pararan allí fue que observaban un antiguo venta de antigüedades, ambos entraron allí viendo las distintas antigüedades que este poseía.

Un hombre mayor salio unos minutos después para atenderles, - Disculpen, ¿puedo ayudarles? – pidió con una sonrisa amable el hombre.

Hatori dio una inclinación irrespetuosa, mirando de reojo a su jefe por el motivo que pudieron haber entrado… más luego que el muchacho observara su alrededor fue que se acerco – Si, estaba buscando libros antiguos… o algo referente a una perla que pudiera cumplir deseos – pidió en una voz indiferente.

El pelinegro Sohma, miraba cuestionablemente a su dirección, tampoco podía saber cual era su creciente curiosidad por aquello… luego que pidió que buscase en la biblioteca de la familia Sohma no había nada referente a ello… es más…

Es como si jamás existiera. Que llego a pensar si no eran solamente imaginaciones de Akito.

El anciano coloco muy pensativo una mano en su barbilla, - De hecho hay muchas leyendas mágicas o mitos sobre objetos que cumplen deseos… - comenzó haciendo al muchacho bajar ligeramente su vista – pero sin duda la más conocida… es la Shikon no Tama – fue buscando en un bibliotecario.

Trayendo un libro muy antiguo, soplo el polvo que había en ellos: La leyenda de la perla Shikon, - Sin duda esto es lo que busca ¿verdad joven? – sonrió nuevamente en él.

Los ojos de Akito brillaron en leve emoción – Si, esto es perfecto – sostuvo el libro con sus manos, dispuesto a dar un cheque al hombre… fue que algo más llamo su atención.

Un hermoso instrumento a cuerdas, con adornos en plata en su delicada estructura, el viejo dio una carcajada al notar su interés – Sin duda es una de las arpas más antiguas de Japón, se dice que su dueño fue un autentico demonio!... – ante esto el muchacho amplio sus ojos.

- ¿Un… demonio? – pidió ahora más interesado que nunca, el hombre asintió.

- Si, se lo dio en obsequio a alguien de suma importancia para él… pero solo es la leyenda que tiene – lo desestimo en su mano con una mirada de que ni el mismo creía que realmente sea de un demonio.

Akito dio una sonrisa misteriosa observando aquel instrumento – Claro… - nadie sabría que realmente los demonios existían, ni menos que él conocía a una en persona – lo quiero también, envuelva ambos por favor –

Hatori miraba más confundido que nunca a Akito, no solo no podía imaginar el porque el habría comprado aquel instrumento musical cuando nunca había tenido interés en ello… y solo podía observar por el espejo el brillo extraño en sus ojos… ¿podía ser de anticipación?

Ya era de tarde cuando regresaron dentro… Akito se cambio nuevamente por sus ropas finas y tradicionales. Simplemente se sentó contra la pared y abrió aquel relicario antiguo… dando una leve tos en el polvo que contenía.

Desde el principio se sumergió en su épica historia, como aquella pequeña perla poseía esencia demoníaca y de una sacerdotisa, juntando las cuatro almas: amor, amistad, valor, sabiduría… que podía cumplir cualquier deseo… y solo uno puro podía llegar a hacer que desapareciera.

Casi dio una sonrisa hueca, ¿un deseó puro?... no podía imaginar ninguno, no debía de existir ninguno. No importa el que… siempre sería tras un deseo egoísta. Y estaba seguro que aquel demonio pensaba lo mismo.

Luego mencionaba que fue encomendado a una persona, por los dioses para ser custodiado. Debía de cuidar con su vida que nadie oscuro de corazón lo obtuviera y menos la utilizara… sino sería el fin de todo.

Amplio levemente sus ojos, ¡ahora lo entendía! Es por ello que había ocurrido aquella pelea… ¿quizás ella se lo negó a su antepasado? Aquel Yamato que a veces mencionaba…

Perdido en sus pensamientos, no pudo dar cuenta de cuan rápido fue pasando las horas… hasta que mirando por fuera pudo ver lo tarde que realmente se había hecho.

Mirando el otro paquete en su habitación frunció levemente su ceja en la decepción, para luego negar su cabeza… bueno, tendría que esperar hasta mañana…

Sin duda sería un día muy interesante.

A la mañana siguiente

Kagome miro un poco curiosa al muchacho viniendo con un considerable paquete en sus manos, primeramente no había llegado el día anterior… y luego esto. Era tan raro.

Akito solo permaneció allí, una pequeña sonrisa misteriosa en sus lados al ver como la niña le miraba de reojo y casi podía sentir la curiosidad de ella. Ahora quería impresionarle con algo… sacar aquella facha segura y fría de su rostro.

Conservando la diversión para si mismo, solo tomo asiento con tranquilidad y coloco el paquete delicado a su lado sin apartar sus ojos de ella.

La demonio estrecho levemente sus ojos en él, ¿acaso esperaba que le preguntara? Pasaban unos minutos y ninguno de ellos desviaba la vista… ni mucho menos daba el brazo a torcer.

La muchacha sentía cada vez mayor curiosidad, era su naturaleza el siempre ser muy curiosa y querer saberlo todo, miraba esos ojos violetas y luego el paquete cerrado a su lado. Bueno, no pasaría nada si preguntaba ¿no?

- Que… ¿Qué es lo que tienes allí? – cuestiono sin poder evitarlo un tanto apenada, sin atreverse a mirar sus ojos sino solo aquel paquete.

Akito al verla de aquella manera, solo podía amanecer en el pensarlo en una forma tierna, sacudió levemente su cabeza queriendo despejar el calor en sus mejillas que amenazaba con cubrirlo.

En cambio solo coloco una sonrisa… que muy extrañamente hizo acordar a Kagome al de un astuto zorro, - Es un extraño objeto musical… de hecho me había preguntado si tu podrías llegar a conocerlo – decía con misterios observando el paquete.

Quería sentir su curiosidad hacía él aun mucho más.

Más cuando dirigió su vista a donde se encontraría, no pudo evitar ampliar sus ojos en shock al ver que ahora se hallaba arrodillada frente suyo… solo aquella barrera separándole. Sintió su cuerpo tensarse cuando inconcientemente llego a su mente la primera vez que la conoció.

Ella fácilmente fue capaz de poder sentir aquella emoción de él, y sonrió cruelmente hacía él – Te lo dije, aun… no llega el momento para matarte – hablo sin emociones para luego girar su vista a aquella envoltura.

- ¿Qué es? – volvió a cuestionar ahora con una pizca de impaciencia.

Akito miraba con sorpresa, que no intentaría hacerle daño… más luego negó con su cabeza aunque sus palabras rondaban en su mente, - Te lo dije, es un instrumento musical – con paciencia fue apartando la envoltura plata a su alrededor.

Pero no pudo evitar observar con profundidad la reacción que tendría ella al verlo, y Kagome solo amplio sus ojos aturdida, mirando aquello las memorias parecían refrescarse en su mente… antiguos recuerdos que pensaba ya perdidos.

Kagome solo miraba encismada – Realmente… es un arpa – murmuro sin apartarle la vista.

Akito observaba como su bello rostro poseía nuevamente aquella melancolía, - Entonces tenía razón, ya has visto antes este instrumento ¿verdad? – ella le miro un momento para luego cerrar sus ojos.

- Así es pero… ¿Por qué lo has traído? – cuestiono con tranquilidad sin abrir sus ojos para mirarlo, él aparto la vista avergonzado.

- Solo lo he hecho, no hay ningún motivo en especial… Kagome – dijo por ultimo su nombre queriendo probar su reacción y cuando vio que abrió sus ojos impactada por aquello solo pudo esconder una sonrisa.

- Yo no te he dado el permiso de llamarme tan familiarmente… - resoplo un poco infantil desviando bruscamente su rostro, casi con timidez. Hace tanto nadie… nadie la trataba tan familiarmente, nadie tampoco nunca lo quiso.

Al sentir la diversión desde el muchacho, ella soporto un gruñido en su garganta, era un tarado.

- Tsk, ¿es un obsequio verdad? – cambio sutilmente la conversación, ella estiro la mano hacía la barrera nuevamente.

El Sohma vio atentamente como al traspasar su mano por la barrera… nuevamente aquella pequeña electricidad salía contra ella, pero esta vez su rostro quedo contrariado y un tanto confundido como ella dio un pequeño gesto de daño… y sus ojos… reflejaban dolor.

Entonces, ¿de verdad tocar esta barrera le producía tal sufrimiento? Sintió un apretón en su pecho… totalmente distinto al dolor debido a su enfermedad. ¿Qué era este sentimiento? ¿Por qué le afecto tanto el ver el dolor en ella?

Ajena a toda la confusión interna de él, Kagome logro alcanzar el paquete para luego meterlo dentro junto a ella. Sus ojos tenían brillo al verle, no podía creer que aun existiese. Valla.

Se levanto con su habitual elegancia, observando más atenta sus detalles y sacando con lentitud el papel de plata que le envolvía.

- También… he encontrado un libro, que hablaba sobre la Shikon no Tama – sus palabras detuvieron la atmósfera curiosa de ella, girando de reojo sus ojos nuevamente tensos hacía él.

- ¿No me digas? Tsk, pero no creo que hayas podido saber mucho – ella conocía la básica historia de aquella perla que siempre escribían, pero era solo una muy pequeña parte de lo que en realidad significaba.

Akito coloco un rostro muy serio y frío – Quiero que me digas toda la verdad sobre ti y los Sohma… como has dicho, tengo derecho a saberlo -

Ella cerró un momento sus ojos – Si, no tengo motivos para querer ocultarlo… -

- Como sabrás, soy la guardiana de esta perla… - mostró una pequeña perla celeste claro que colgaba de un collar en su cuello – la única capaz de protegerle, tanto que para asegurarse de ello los dioses han decidido que debía de ser un demonio… terminando con el problema de la corta existencia de los seres humanos… -

Sohma amplio en shock sus ojos, apoyándose en sus manos evito caer de la impresión que sus palabras calaron en él, ¿entonces le habían vuelto un demonio? Ella antes… era humana.

- Después de muchos siglos de vagar y protegerle fue que había llegado a una ciudad… pero al llegar allí era atacada por demonios yasha, seres inferiores -

/Flash Back/

Kagome quedo mirando con un rostro en blanco aquella ciudad siendo destruida por aquellas apariciones, los soldados luchando inútilmente contra ellos…

De pronto empezaron a girar su atención hacía ella – Tú demonio… eres la portadora de Shikon ¿verdad? ¡entrégamela! – chillaban abalanzándose contra ella.

Kagome coloco una sonrisa sanguinaria – Intenten quitármela – murmuro con entretenimiento morboso.

Un joven hombre se detuvo de luchar, amplio sus ojos celestes viendo a aquella mujer destruir como si fuera simplemente nada a cientos de demonios al mismo tiempo… al final solo quedando sangre en su ropa y en su rostro.

Sintió su respiración acelerarse, viendo fijamente y detallando su figura… era lo mortalmente más hermoso y peligroso que había visto en su vida… y también noto que ella no era una humana.

El tiempo pareció detenerse, todos ahora observaban con el doble de terror a aquella hermosa mujer - ¿Qué hará? ¿ese demonio nos matara? – se murmuraban derrotados, jamás podrían sobrevivir a algo como ella.

Ella sintió de inmediato las olas de miedo por su presencia, bajando su rostro dio una sonrisa que quito el aliento de la mayoría. Pero no podían moverse.

Aquel hombre miro incrédulo… como la demonio simplemente levanto su rostro con orgullo pasando apaciblemente por aquella aldea en una línea recta, cada paso con gracia y tal elegancia que solo parecía poner mayor énfasis a la inferioridad de ellos comparados a ella.

Finalmente solo podía ver su cabello largo y sedoso siendo movido por un viento invisible hasta que desapareció totalmente. Nunca siquiera dio una mirada hacía atrás.

Los minutos corrían y la mayoría no sabía como reaccionar, - Dono…? – un samurai pregunto confundido a su señor, recibiendo un asentimiento un tanto dudoso de su parte.

Todos estallaron en alegría y gritos de felicidad, las mujeres llorando junto a sus pequeños y los soldados blandiendo sus espadas. Nadie sabia que ocurrió… quizás solo fue un milagro de Kami sama… pero lo único en sus mentes, era que estaban vivos.

Menos el de uno, aquel señor solo se quedo observando aquel punto donde había visto por ultima vez a aquel misterioso demonio.

Al día siguiente este se arreglaba su kimono, ajustando su espada en su cintura, - Dono sama, ¿esta seguro de esto? – exclamo uno de sus generales, preocupado por su seguridad.

Este solo mantuvo un rostro inexpresivo – Sabes que odio que me cuestionen – dijo con frialdad obteniendo con rapidez una reverencia del hombre.

Dio un suspiro interno, ni siquiera el tenía idea de lo que hacía… pero en toda la noche pudo sacar de su mente el rostro bello de aquel demonio, entonces el iría a buscarle.

Recorriendo el bosque a su alrededor, aun cuando envió soldados para buscarle nadie obtuvo ni siquiera una pista. Fue como si nunca hubiera existido.

Apoyo débilmente su espalda en un tronco con resignación… pero una voz suave y helada lo saco de sus pensamientos.

- ¿Por qué me buscas? – amplio sus ojos en shock, mirando hacía arriba se encontró con la muchacha mirando hacía él con sus ojos fríos azules, acostada con tranquilidad en la rama de un árbol.

Al instante sus samurai se colocaron en su protección, pero el los detuvo con su mano – Quería darle las gracias… nos ha salvado a todos youkai san – fue interrumpido por una sonrisa fría de su parte.

- Te equivocas humano… esos seres estaban en mi camino, solo por ello merecían morir – declaro con una voz sin emociones, poniendo a todos furiosos en su actitud irrespetuosas, más se sorprendieron al escuchar la risa de su señor.

- Entonces no le deberé nada… - dijo con diversión – pero no soy un simple humano, mi nombre es Yamato y soy el actual jefe del clan Sohma – se inclino en una reverencia a ella intentando impresionarla.

La demonio dio un salto del árbol con agilidad, dándole la espalda – Tsk… soy Kagome – luego de ello simplemente desapareció… dejando aturdido a los hombres.

"Kagome… la demonio" pensó con una sonrisa misteriosa el señor Yamato.

Desde entonces en ocasiones iba en su búsqueda, encontrándola descansando… se sorprendió que aun siguiera en los alrededores - ¿Por qué no te has ido? Siempre pensé que los demonios no quedaban mucho tiempo en un lugar – cuestiono confundido.

Ella miro aburrida, haciendo un calor en su rostro por su belleza – No es tu problema – giro su rostro bruscamente, haciendo a este mirar enfadado – pero… este lugar, estuve aquí hace mucho tiempo – murmuro cerrando sus ojos en él.

Yamato miro sorprendido cuando ella igualmente le contesto, dando una sonrisa un poco precavido se arrodillo en un tronco. Ambos quedando en un silencio cómodo.

Desde ese día, las visitas fueron más seguidas… hasta que se extendieron todos los días. El señor Sohma había llegado a querer a la demonio para sí, sintiendo que aquella perfecta criatura solo debía ser suya…

- Lo siento Yamato… pero no puedo corresponderte – ella giro su rostro de él, una tristeza de tener que rechazarle.

- ¿Por qué no puedes Kagome? – apretaba sus puños impotente, no podía creer que lo rechace… estaba furioso. Estaba seguro que ella le aceptaría.

Cerro sus ojos, debatiendo si decirlo o no – Yo… soy la protectora de una joya… la Shikon no Tama… - vio como sus ojos se ampliaron en realización – mi deber es cuidar de ella para siempre, además… yo aunque te respeto como amigo, aun no soy capaz de quererte de la manera que deseas… lo siento – desapareció nuevamente de aquel sitió sin dejar rastro.

Sin saber como los ojos de aquel hombre se oscurecieron, todas las emociones corriendo por él, el rencor, la traición, la ambición… y el odio.

/fin del Flash Back/

- Luego, todo paso demasiado rápido… lo único que se, es que jamás debí de confiar… aun menos en él… - cuando creyó que había encontrado a alguien para volver a confiar… alguien que sabría apreciarle por ser solo ella. Fue que todo acabo así.

/flash back/

- Será mejor que me entregues la perla de Shikon, o lo lamentaras Kagome –

- ¿De verdad crees que te la daré? -…

- Te maldigo Yamato, te maldigo Sohma, puede que haya perdido hoy pero me asegurare de que jamás tengas esta perla… -

- ¡¿Qué demonios pretendes?

- No te dejare la Shikon… y aunque quede atrapada aquí… te prometo… -

- Te prometo que te matare, matare a todos -

/fin del Flash Back/

Él miraba con completo shock, luego de escuchar toda su historia… - Ya sabrás lo que vino después de ello… - Kagome miraba con frialdad nuevamente hacía él – todo el clan Sohma obtuvo aquel castigo, aun más su jefe por la avaricia que aquel hombre había demostrado -

Apretó sus puños de furia, sus ojos siendo sumamente rencorosos, toda la tristeza y la rabia reprimida subiendo rápidamente y sin poder contenerse. Lo soltó.

- ¿Cómo puedes decir aquello con tanta facilidad? – su voz tan fría y rencorosa llamo la atención de ella – Tú no sabes nada… ¡no tienes idea de nada! – se levanto bruscamente enfrentando sus ojos con los suyos.

- ¡Como es que al nacer ya estuvieras predestinado a estar enfermo y saber que tu vida sería corta y sin sentido! ¡que los demás solo te den lastima y desprecio nadie se atreva a querer acercarte a ti!... ¡que al morir absolutamente nadie sentirá nada por ti! -

- Ah… pero tú… - dio una risa vacía hacía ella – tú jamás sentirías nada de eso, un demonio jamás podría llegar a imaginarlo ¿no es así? – dio una sonrisa cruel para ella tratando de herirla lo más que podía.

A Kagome se nublo sus ojos en sus palabras, todo rastro de emoción se esfumo en su rostro - ¿Es lo que piensas?... no, es cierto, eso es lo que piensan todos los humanos ¿no? - ¿Cuántas veces escucho las mismas palabras?

- La vida de un demonio es extremadamente larga, tanto que la vida de un humano… es un suspiro, pero nadie entiende lo que ello acarrea ¿verdad? – el trato de no confundirse en sus palabras.

- Yo obtuve esta perla maldita desde mi nacimiento… pase mucha sangre y sufrimiento para llegar a sobrevivir, ¿acaso pueden imaginar… puedes imaginar lo que es ver pasar la muerte de todos frente a tu rostro? – sus ojos se encendieron en ira hacía a él.

- ¿Acaso puedes imaginarte lo que es vivir mientras todo el mundo cambia y se desvanece a tu alrededor? ¡No creo que alguien como tú lo sepas! – dio un paso hacía adelante haciendo que el se tensase.

- ¡Cállate! ¡tu no sabes nada de mí! – grito hacía ella sin dar un paso atrás a pesar del temor reverente que sentía al ver la ira manchando su apacible rostro.

- No me digas, solo vives lamentándote que te queda poco tiempo de vida ¿pero intentas cambiarlo? ¿acaso intentaste dar un sentido a tu vida? – vio el shock que causo en él por sus palabras haciendo que diera una sonrisa cruel.

- Eres patético, si tanto temor le tienes a la muerte solo será deshonroso… ¿Por qué no tratas de cambiar la situación?... tsk, no tienes idea de lo que tienes… eres un idiota – ella dio un gruñido enojado hacía él dándose la vuelta bruscamente.

Estaba demasiado enfadada con este tonto para tolerar su presencia - ¿Y que me dices tú? ¡solo piensas en la venganza! ¡aun cuando aquel tipo que quieres matar murió muchos siglos atrás! – la reto viendo parar sus pasos y quedar quieta.

Kagome apretó sus puños conteniendo su misma rabia – Esa es mi venganza… ahora es lo único que tengo y no lo perderé… - se dio la vuelta bruscamente mientras apretaba el papel de regalo en su mano evaporándolo - ¡si fueras como Yamato lo entenderías! – reclamo con crueldad.

Akito amplio sus ojos en shock dando un paso atrás no podía dejar de mirar impactado por lo que le había dicho, ella desvió su rostro de la de él tan sorprendida como él en lo que dijo.

- Vete, tu presencia solo logra perturbarme – con frialdad le dio la espalda, regresando hasta la corteza del gran árbol, sintiendo como el muchacho con rapidez se marchaba de allí.

Ella se recostó en su tronco con pesadez, mirando con sus ojos vacíos el arpa a su lado, los desvió tercamente mirando ahora el cielo nublado y frió.

Una emoción indeseada y que no había sentido hace tanto tiempo jalo su corazón, la culpa y la tristeza.

Akito llego hasta la residencia, moviendo la puerta corrediza quedo unos segundos extático… oculto sus ojos violetas mientras recorría en su mente todo lo que había pasado.

De pronto dio un gruñido lleno de ira, apretando fuertemente sus puños solo atino a patear con todas sus fuerzas la mesa que se encontraba allí rompiéndola en mil pedazos, junto a la tetera y sus tazas de te.

Tal ruido hizo que rápidamente Shigure y Hatori ingresaran con preocupación en su habitación - ¡Akito ¿Qué sucede? – más solo miraron los ojos llenos de rabia que este poseía.

- ¡Váyanse! ¡no quiero que nadie me moleste! – grito a ambos con sus ojos perdidos, obteniendo una reverencia un tanto temerosa ambos se retiraron de inmediato.

*Fin de la 1º Parte*

A/N: ¡Como un regalo por haberme esperado tanto traje un nuevo oneshot! Pero al ver que era demasiado largo tuve que cortarlo en dos partes… la próxima vez traeré la segunda que es el final.

¡Esta vez es un Akito/Kagome! Me encanto cuando escribía de esta pareja, quise que Akito fuera esta vez el receptor de amenazas y ¿Por qué no? Hacerle vez que no siempre consigue completa obediencia solo por ser "el cabeza Sohma" je, je, je… cualquier duda o ¿Por qué escribí eso? ¡pueden hacérmelo saber y con gusto lo explico.

Ahora los agradecimientos!

"Myrna Elva" ¡ah lo siento mucho! Aun no puedo cumplir tu petición, aunque estuve buscando un poquito de Yu yu hakusho en Internet para saber un poquito más de Kurama, aun no me imagino como debería hacer la historia (aunque tengo unas ideas) pero me esforzare en cumplirlo. Igual espero que te gustara este… y muchas gracias por acompañarme ¡te mando mil besos amiga!

"Lila-sama" ¡yo creo firmemente lo mismo! Por eso quiero esforzarme en las cosas que hago… porque sino lo hago y fracaso la desilusión es muchísima! Y muchas gracias, me gusta cambiar un poco a Kagome chan ya que también creo que a veces la hacen muy dulce que hasta empalaga… ¡te mando muchísimos besos y muchas gracias!

"Iosi e Iuki" ¡muchas gracias Iosi chan! Espero que también te guste este nuevo ¡y es que me gusto mucho Fruits Basket! (aunque solo vi el anime) ¡ah mando también besos a Iuki chan! Y espero que nos veamos muy pronto amigas! ¡muchos besos!

Bueno, aquí fue el segundo oneshot aunque no este completo para mi es un gran avance en estorias cortas (mis finc son de demasiados capitulos) ¡nos vemos en la proxima!

Kagome-hime10