Toda la semana dio vueltas por mi cabeza aquella idea de que Serena sabía mi nombre, y yo nunca me había atrevido a dirigirle la palabra, ni a presentarme, pero ella tenía en cuenta quien era yo, y no se había avergonzado de hablarme, una sonrisa estúpida se dibujo en mi rostro, su imagen apareció en mis pensamientos. Hotaru se coloco frente a mi tratando de llamar mi atención, sin mucho éxito me grito muy cerca del oído.

-Deja de pensar en "la rubia" Tsukino, Diamante, de verdad, tienes cara de idiota, y me estas comenzado a asustar, nunca en toda tu vida te habías comportado así, menos por una niña estúpida, además, ten en cuenta de que no te hará caso, Diamante, tu y yo sabemos eso, ¡por Dios!, es amiga de Mina Aino, ¡Mina Aino!, la chica más estúpida sobre Tokio, y eso convierte automáticamente a Serena en una idiota también, ahora…¿puedes seguir explicándome esto?

Le hice caso a Hotaru solo para que dejara de decirme que Serena nunca pondría los ojos en mí, yo sabía eso perfectamente, pero no podía dejar de pensar en ella, ni podía quitármela de la cabeza, yo sabía que ella era inalcanzable pero aun así la quería, la quería a pesar de no conocerla en lo absoluto, la deseaba.

Pero lo que paso ese día me convenció de que yo no debía de desistir, que debía seguir esperando y esperando por ella. La hora de la salida llego, yo debía quedarme a las clases extracurriculares y me despedí de Hotaru para después ir en busca del profesor Tomoe, el padre de mi mejor amiga, al doblar la esquina escuche que alguien lloraba, me pareció algo extraño, ¿Quién podría estar llorando tanto en la escuela?, me preocupe mucho por saber quien era, así que seguí el sonido del llanto, me sorprendí por lo que vi.

Serena lloraba acurrucada contra la pared, completamente sola, miraba hacía la nada, su mirada estaba perdida, sus ojos desbordaban lágrimas, al verla así, débil, sola, me partió el corazón, aunque nunca había cruzado palabra con ella quise correr a consolarla, a decirle que todo estaba bien, que yo estaba a su lado, pero los nervios me consumían, tampoco debía dejarla ahí, sola, rápidamente dentro de mi se desato un debate de si debía acercarme o simplemente alejarme de ahí cuanto antes. No, debía hacerlo, debía acercarme y expresarle mi preocupación, era insoportable verla derramar lágrimas, mis piernas comenzaron a moverse inconcientemente hasta llegar frente a ella, Serena pareció percatarse de mi presencia y me miro, avergonzada se limpio las lágrimas y estuvo a punto de incorporarse e irse, pero algo dentro de mi la hizo detenerse, la tome de los hombros, mi ritmo cardiaco incrementaba con el paso de los segundos, intente hablar, pero solo logre balbucear.

-Yo…yo…yo…Serena…

Serena se volvió a sentar y miro hacía otro lado, tome una bocanada de aire para poder tranquilizarme y poder hablar correctamente, no debía arruinarlo, tenía que lograr hablarle bien, por lo que me llene de valor y al fin pude dirigirme a ella sin tartamudear.

-Serena…no quisiera ser un entrometido, solo te vi y…me preocupe, ¿sucede algo malo?-dije sentándome junto a ella, con los nervios a flor de piel.

Serena me miro, desconcertada, primero dudo de responderme, me miro durante un largo rato, pensando en si debía contestarme o no, pero al final si lo hizo, lo cual me tranquilizo.

-¿De verdad te preocupa, Diamante?, ¿De verdad puedo confiar en ti y contarte lo que me sucede?, me siento muy mal y…desearía tanto hablar con alguien.

-Puedes confiar en mi, no quisiera verte…triste…dímelo, Serena, ¿qué sucede?-respondí por primera vez mirándola de frente, directamente en sus ojos, las lágrimas habían hinchado sus ojos y los habían vueltos brillantes, no importo que sus ojos estuvieran arruinados por el llanto, a mi me parecieron los ojos más hermosos que vi nunca.

Serena de inmediato sin dudarlo comenzó a hablarme sobre los problemas que la abrumaban, sus padres, tenía muchos problemas con ellos, su madre parecía no defenderla de su padre, quien creía que no estaba siendo muy atenta en la escuela, y en efecto así era, pero se empeñaban en castigarla y en privarla de cosas, la habían cambiado de escuela para que pudiera concentrarse más y para que mejorara sus calificaciones, pero Serena sufría de falta de concentración, por mas que quisiera no lograba poner toda su atención en una sola cosa, pero fuera de todos esos pequeños problemas, lo que la tenía así, tan triste, era que su padre no confiaba en ella, que su padre la creía una niña torpe y tonta, incapaz de hacer algo bueno, eso era lo que le dolía, que no la tomaran en cuenta, que no creyeran en ella, y justamente hacía unos minutos su padre acababa de gritarle por teléfono que debía mejorar su condición en la escuela o que simplemente dejarían de preocuparse por su ecuación, y que ella tendría que arreglárselas sola.

Escucharla me partió el corazón, comprendí de inmediato el enorme dolor que debía de estar sintiendo, cuando termino de hablar ya casi no brotaban lágrimas de sus ojos, al parecer haber hablado la había aliviado.

Trate de buscar las palabras correctas para decirle, no quería quedar como un idiota frente a ella, quería hacerle saber que podía contar conmigo en cualquier momento y situación, pero su linda voz me había hipnotizado por un instante, escucharla por aquellos largos cinco minutos me había convertido en su esclavo, su voz me había llevado a viajar por los aires sin prestar atención a nada más.

-Me parece que no deberías tomar mucho en cuenta las palabras de tu padre, si realmente quieres mejorar y seguir adelante, solo es cuestión de buscar ayuda, de querer superarte y salir adelante, estoy seguro de que si insistes y lo logras tus padres se sentirán muy orgullosos de ti, no todo esta perdido, nada es imposible, yo creo que eres muy capaz de tener buenas calificaciones.

Serena se quedo sopesando mi respuesta, después de un rato me miro y luego miro el reloj y se puso de pie.

-Diamante, gracias por escucharme y por estar aquí en este momento, es hora de irme, lamento si te quite tu tiempo, y gracias por el consejo, supongo que puedo mejorar mis calificaciones, ya veré como me las arreglo, buscare la manera, por ahora debo irme, es tarde.

Serena comenzó a alejarse y yo no podía dejarla ir, no quería que esa fuera nuestra última conversación, debía encontrar alguna otra manera de tenerla cerca de mí, así que sin pensarlo dos veces la llame.

-¡Serena!-grité.-Serena se detuvo y se giro para verme, sonriendo se acerco nuevamente a donde yo me encontraba, a esas alturas las lágrimas habían desaparecido y esa alegría que adornaba su rostro parecía iluminarla de nuevo.-Tal vez no fui de mucha ayuda, pero realmente me preocupas y quisiera ayudarte…quizá todo sería más fácil si me presentara contigo, se que nunca lo he hecho, mi nombre es Diamante Blackmoon, y puedo ayudarte, yo…puedo ayudarte a mejorar tus calificaciones.

Serena me miro y sonrió aun mas, supe que de momento no sabía que contestarme, pero al final se decidió.

-Diamante, se quien eres, hemos pasado algún tiempo en el mismo salón de clases, y agradezco tu ayuda, fue mucho que me escucharas, realmente necesitaba hablar con alguien, y fuiste tu, pero no quisiera meterte en asuntos que no te corresponden, ni atribuirte compromisos inútiles, ya encontraré la manera de superarme.

-Pero…te aseguro que no es ninguna molestia, yo estaría encantado de…ayudarte.

-Gracias, Diamante, mira…me tengo que ir pero…si necesito tu ayuda te lo haré saber, ¿de acuerdo?

Y así fue como todo se fue desarrollando lentamente, la vi alejarse corriendo, mientras su cabello se agitaba con el viento, mire mi reloj y me sobresalte al darme cuenta de que ya había perdido más de diez minutos de mi clase y de que seguramente el profesor Tomoe estaría muy enfadado por lo sucedido, así que yo también corrí al salón.

Todo aquel asunto de cierta manera me hizo sentir un poco mal, me sentí un gran tonto tiempo después al percatarme de que Serena no pediría por mi ayuda, ella tenía muchos amigos a los cuales acudir, ¿Por qué habría de acercarse a mi?, yo era un Don Nadie, me sentí estúpido por haberme expuesto así, pero de cualquier manera todo eso valía el que hubiera podido hablar con ella, y el que hubiera podido pasar diez minutos de mi tiempo con ella. De camino a casa no pude dejar de pensar en lo sucedido, ¿Qué pensaría ahora Serena Tsukino de mí?, me sentí nervioso, me sumí en la incertidumbre, el sol se ocultaba poco a poco, y sin embargo, a pesar de la preocupación, una parte de mi se sentía muy bien, ahora conocía un poquito a Serena, sabía algo muy importante de ella que quizá sus amigas no lo supieran, llegue a la puerta de mi casa y antes de entrar solté un suspiro.

En la habitación contigua se encontraba mi hermano, jugando videojuegos y al verme me invito a jugar con el, yo no me negué, deje mis cosas en mi habitación y baje a jugar con Zafiro.

Al día siguiente, Hotaru me miraba con preguntas en los ojos, esperaba impacientemente sentada junto a mi en nuestro rincón, yo dudaba de si decirle o no lo sucedido.

-No me lo ocultes, mi padre dijo que llegaste diez minutos tarde.

-No te agradara la razón por la cual me retrasé.

Me lanzo una mirada inquisitiva, para insistirme en que de una vez le dijera lo que me había retrazado.

En ese momento a unos cuantos metros más allá, Rei Hino caminaba junto con Serena, yo no pude evitar mirarla y quedarme embobado por su presencia, la seguí con la mirada hasta que desapareció de mi vista y luego volví a mirar a Hotaru, quien lucía más molesta que antes.

-No me digas que tiene que ver con Tsukino.

Agache la mirada para poder huir de aquel incomodo interrogatorio, no me gustaba ocultarle las cosas a Hotaru, pero con respecto a ese tema, me resultaba más difícil hablar. Sus ojos morados me estrujaron y al fin hable.

-Fue ella.-Hotaru rodó los ojos y me indico que prosiguiera.-La encontré llorando y…me vi en la necesidad de acercarme a ella y preguntarle que sucedía.

-¿Tu…qué?-preguntó sorprendida.- ¿Hablaste con Serena Tsukino?

Asentí con la cabeza, sonreí por haberlo dicho en voz alta, Hotaru no podía creerlo, y a decir verdad yo tampoco, pero eso me hacía sentir bien. No quise entrar en detalles, y Hotaru tampoco me los pregunto, pero no dejaba de repetir que no lo podía creer.

De regreso en el salón, mi mente aun divagaba, la prefecta se encontraba en el salón, esperando a que todos tomáramos nuestros asientos, Hotaru se sentó a mi lado como de costumbre. Al estar todos en el salón, cerró la puerta y nos miro a todos silenciosamente.

-El profesor Tomoe no vendrá en las próximas dos horas, por lo que serán libres, mas no pueden salir del colegio, así que pueden hacer lo que deseen sin hacer mucho desorden, ahora pueden salir. Señorita Tomoe, acompáñeme a la dirección por favor.

Hotaru se puso de pie, tomo sus cosas y siguió a la prefecta. Los demás chicos hicieron los mismo y salieron al patio, mientras yo me quede sentado mirando como salían uno por uno del salón, visualicé a Serena reír sobre algo con Mina, parecían muy divertidas, al verla así, tan feliz, parecía que nada la abrumaba ni la hacía sentir triste, parecía no tener problemas, sin embargo yo sabía que eso no era cierto, sabía que ella por dentro sufría, y no me agrado el verla fingir junto a los demás. Cuando todos salieron del salón, tome mis cosas y salí yo también, y me senté en la banca mas próxima que encontré, saque mi libreta de notas y me dedique a escribir unas cuantas cosas, como lo hacía siempre en mi tiempo libre.

Mi pluma se deslizaba por el papel, rápidamente, como si de un rayo se tratara, nada más de pensar en el primer día en que mis ojos la habían visto, las palabras surgían de mi cabeza una tras otra sin parar, para después ser plasmadas en el papel.

Del otro lado del patio, Serena y Amy me observaban, Serena no apartaba la vista de mí, Serena apreciaba los momentos a solas con Amy, pues ella no era escandalosa como las demás, así que los agradecía mucho.

-Amy, ¿él siempre es así?-dijo Serena sin dejar de mirarme.

-Normalmente, casi no habla, es inteligente y muy centrado, tiene amigos, si, Hotaru es su mejor amiga de toda la vida, algunos otros también son sus amigos, aunque como Diamante no es muy social, casi no le hablan aquí, en la escuela.

-¿Por qué es tan serio?, es decir, no creo que tenga motivos para serlo.

-Cada quien tenemos nuestra forma de ser, Serena, yo tampoco soy muy social, no sé si te has dado cuenta.

-Pero al menos a ti te agrada la gente, te juntas con nosotras, hablas con los chicos, él ni siquiera se acerca a ellos, y no se atreve a mirar a las chicas, mas que a Hotaru Tomoe.

-Bueno, no sabría decirte por que es así, no lo conozco del todo bien, tan solo lo poco que hemos hablado y lo que yo misma he observado, siempre tendrá ese misterio que lo caracteriza, él nunca se abre con nadie, estoy segura que ni siquiera del todo con Hotaru, ellos se hablan y se entienden, pero, como ya dije, estoy segura de que ni con ella se abre del todo.

-Quisiera saber que tanto escribe en esa libreta.

-Pierdes el tiempo, nunca se la ha mostrado a nadie.

-¿Ni a Hotaru?

Amy negó con la cabeza, y se dedico a terminar su almuerzo, mientras Serena se quedo pensando en la conversación. Yo deje de escribir por que sentí una mirada sobre mí, mire a mí alrededor y mi mirada se tropezó con la de Serena, quien me miraba atentamente, parecía que estaba observándome desde hacía algún tiempo, mi corazón se detuvo por un momento, mis ojos se abrieron como platos, ella me miraba, y yo no supe que hacer, de pronto vi que su mano se alzaba y me saludaba mientras la agitaba de un lado a otro, mis mejillas se encendieron y tímidamente también la salude, pero aparte mi vista de ella rápidamente al ver que Amy observaba lo que sucedía.

Serena soltó una risita discreta y Amy la miro con sorpresa.

-Serena, no hagas eso, mira como lo has dejado, el pobre es tan pálido que es imposible no ver sus mejillas sonrojadas.

-No lo hago adrede, es solo que…bueno, no sé, no se atreve a mirarme por mucho tiempo.

-¿Por qué no vamos con las chicas?, escuche la voz de Mina junto a la cafetería.

Serena y Amy se pusieron de pie y caminaron juntas hacía donde se encontraban las chicas, aunque Serena dejo que Amy se adelantara y ella se fue acercando a mi sigilosamente, hasta que estuvo frente a mi, yo note su presencia y lentamente levante mi vista hacía ella.

-Hola, Diamante.-dijo sonriendo.

Su sonrisa me hipnotizo como solía hacerlo siempre, los nervios me trababan la lengua, me resultaba muy difícil articular palabra alguna, ella era una hechicera, una bruja, con su magia me robaba el aliento, me quitaba la vida., pero antes de que pudiera hablar Mina llego y la llamo, mirándola extrañada.

-Serena, ¿qué haces aquí?, ven con nosotros.

Serena asintió y cuando Mina desapareció me miro de nuevo y luego se alejo dándome la espalda. ¿Por qué me dejaba torturar de esa manera?, tal vez yo estaba siendo muy imbécil por dejarme persuadir, por dejarme hechizar, estaba siendo un tonto por bajar la guardia frente a ella, pero había cometido un error en acercarme a ella cuando la vi llorando días atrás, pero al recordarla así, tan débil, de nuevo me invadía aquella sensación de intranquilidad, aun así, yo había comenzado a desarrollar un inmenso cariño, que poco a poco me consumía sin darme cuenta, que poco a poco me carcomía el corazón.

Lo único de lo que estaba seguro era de que cada día que pasaba era cada vez mas difícil estar tan cerca de ella, y a la vez tan lejos, era tan difícil evitar mirarla y notarla, su frescura me invadía el alma, su voz me contagiaba el corazón, su hermosura me llenaba el vacío.