Ouija Game
Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer yo solo juego con ellos.
Chapter I
— ¿¡Piensas que vamos a jugar a eso!— exclamó Alice, señalando con el dedo el tablero.
—No me digas que tienes miedo, duende— se burló Emmet soltando carcajadas mientras que Alice era sostenida por Jasper para que no se fuera encima de su hermano.
— ¡Idiota, no está bien jugar con esas cosas!— masculló Rosalie para luego pegarle a su esposo fuertemente en la nuca.
— ¡Auch, Rose!— se quejó Emmet, masajeándose la nuca por el golpe—. Sólo quiero saber si todo esto es cierto— siguió mirándonos con un lamentable puchero.
—Emmet, definitivamente yo no quiero saber si es verdad, así que conmigo no cuentes— musité apoyando mi cabeza en el pecho de Edward.
— ¿Me abandonarás Human Girl? Con tu hermano el oso, no te va a pasar absolutamente nada. Promesa de vampiro— dijo mientras se colocaba su mano derecha sobre el costado izquierdo de su pecho y me observaba con ojos brillantes.
—Ni pienses que con eso vas a comprar a Bella, no dejaré que juegue a esa cosa— saltó Edward a defenderme y rodeó mi cintura con sus fríos pero fuertes brazos.
—Bells, vas a dejar que Edward tome tus decisiones, pensé que eras más lista hermanita.
Suspiré al entender qué era lo que intentaba Emmet.
—No lograras que cambie de opinión— terminé por decir y Emmet me miró tristemente.
—Nosotros tampoco pensamos jugar, así que, idiota, ya puedes ir guardando todo eso— mencionó Jasper tomando la mano de Alice entre las suyas y observando mal a Emmet.
—Me avergüenzan, sólo serán unos minutos y ya— intentó convencernos nuevamente.
—Emmet, ya dijimos que no— continuó Rosalie, observándose las uñas con aburrimiento.
10 minutos mas tarde…
— ¡Estúpido!— gritó Alice, arrojando furiosamente la revista que tenía en sus manos a su hermano.
—Emmet, puedes dejar de asustar a Alice, ¿por favor?— pidió por cuarta vez Jasper con cansancio.
— ¿Acaso no puedo hacer sonidos sin que ella chille como maniática?— masculló molesto.
Yo suspiré. Emmett se encontraba insoportable. Desde que su perfecta idea de jugar a ese… juego había sido rechazada por todos, él había dedicado su tiempo en molestar a Alice quien parecía estar a punto de asesinarlo.
—Emmett— gruñó Edward a mi lado.
Alcé la mirada sin comprender pero sabía que el vampiro estaba sacando de quicio a mi novio con sus pensamientos. Al parecer, ésta noche sería interminable. Al menos con Esme o Carlisle la situación hubiera sido diferente y ninguno de nosotros tendría que estar sufriendo el estado de idiotez agudo de Emmett, pero ellos no estaban aquí y quién sabe a qué hora volverían.
Recorrí rápidamente con mi mirada a cada uno de los Cullen. Rosalie mantenía una expresión de total irritación por las actitudes de su esposo y no era la única. Jasper estaba sentado en uno de los sillones de la sala, completamente rígido a causa de todas las emociones que llevaba recibiendo por parte de la familia y sentí pena por él, yo me volvería loca en su lugar y es que, con sólo tener a Alice a mi lado atenta a cada sonido y movimiento en la sala, ya estaba nerviosa, no quería ni imaginarme lo que el pobre estaba pasando.
Y luego estaba Edward. Lo conocía perfectamente como para saber que se podía dar la mano con Jasper, ya que los dos eran bombardeados constantemente por las emociones y pensamientos en el lugar, mas la única diferencia era que mi novio parecía estar aguantando todo con una paciencia que no me explicaba de dónde la había sacado, mientras que Jasper ya demostraba tics nerviosos, como comenzar a mover su pierna derecha con alteración.
Bufé irritada. Sino hubiese sido por esa estúpida tormenta, Emmett estaría feliz cazando ciervos como desquiciado en vez de estar aquí, junto a nosotros, con la idea descabellada de jugar a ese maldito juego. ¿De dónde rayos había sacado la idea? O mejor, ¿de dónde sacó tanta inteligencia como para mover a Edward y Alice del camino?
Jamás, en éste último tiempo, había deseado tanto estar en mi casa como ahora. Al menos allí me hubiera encerrado en mi cuarto, leyendo algún libro o escuchando música y no teniendo que analizar internamente el estado anémico de cinco vampiros.
—Alice— la llamó Emmett.
Ella murmuró unas cuantas maldiciones a una velocidad lejos de la normal antes de entrecerrar los ojos.
— ¿Qué diablos quieres?— preguntó con fastidio.
—Sabes, se dice que a unos pocos kilómetros de aquí asesinaron hace muchos años a una joven y que su fantasma aparece en las noches de tormenta— mencionó con una sonrisa maliciosa.
Alice comenzó a temblar con descontrol y yo inmediatamente me acurruqué aún más contra Edward. No sabía si ella estaba así por las ganas de matar a su hermano o por el susto, pero si algo sabía perfectamente era que alguien terminaría torturado y esperaba con ansias que fuera Emmett.
— ¡Jasper!— chilló Alice histérica luego de subirse sobre el sillón.
Su terrible grito hizo que mis oídos comenzaran a zumbar y sin evitarlo, llevé mis manos a ellos para no quedar sorda.
Observé a Jasper y no me sorprendí al verlo agarrarse su rostro con las manos, como si quisiera desaparecer del lugar.
—Emmet, te lo ruego, no la hagas gritar más— rogó Jasper a su hermano.
No necesitaba mirarlo para saber que ya ni siquiera intentaba calmar a Alice o Emmett con sus poderes.
— ¡Jasper, para qué rayos fuiste militar!— exclamó Alice con furia, aún parada en el asiento—. ¡Oblígalo a callarse o juro que te pido el maldito divorcio!
Todos nos helamos.
Mis ojos se abrieron como platos al escuchar aquello. Alice realmente debía estar fuera de sí misma para decir tales palabras. El rostro de Jasper se había tornado pálido, mucho más pálido de lo que ya era, y su boca estaba abierta con sorpresa. Creo que él y ni siquiera nosotros hubiéramos pensado que Alice saldría con una amenaza como esa ya que su Jazz era lo más importante en su vida.
Yo dirigí mis ojos a Emmett. Él corrió la mirada de su hermana y la posó en mí para luego sonreírme ligeramente con misterio, sin casi formar una sonrisa. De pronto, todas las piezas se acomodaron a la perfección en mi mente y lo fulminé con la mirada.
Él había planeado todo esto para que…
—Emmett, hago lo que quieras con tal que dejes de molestar a Alice.
Suspiré hondamente. Jasper jamás tendría que haber dicho eso. Los ojos de Emmett brillaron con triunfo.
—Bueno… — comenzó—. Para empezar pueden ir formando una ronda alrededor de la mesa— explicó emocionado y clavé mis ojos en la caja que estaba en medio de la misma.
Emmett podía ser un idiota pero nunca había que subestimarlo.
…
— ¿Pueden explicarme otra vez cómo es que terminamos haciendo esto?— siseó Edward, cruzándose de brazos.
—Emmett manipuló a Jasper y él a nosotros— comenté acomodándome mejor sobre el pequeño almohadón en el que me encontraba sentada en el suelo.
Los estremecedores truenos y relámpagos continuaban llenando el cielo mientras que el fuerte sonido de la lluvia golpeando la casa me hacía poner los pelos de punta. Odiaba a Emmett, gracias a él ahora todos nos encontrábamos a punto de comenzar a jugar ese maldito juego espiritista.
Cada uno se encontraba sentado frente a la pequeña mesa de té de Esme y el juego ya estaba preparado sobre ella. Por alguna extraña razón, Rosalie se había colocado a mi lado, algo raro ya que ella amaba estar a más de diez metros de distancia lejos de mí, pero lo que me preocupaba mucho más era Edward. Estaba tensó, mas de lo que yo consideraba normal y no creía que se debía a estar a punto de, supuestamente, charlar con los muertos.
Tomé su mano entre las mías, y él bajó su mirada dorada para posarla en mí. Sentí la respiración agitada y el maldito sonrió satisfecho por causar aquello.
— ¿Bella, quieres ir mañana de compras? Acaba de salir un nuevo bolso Gucci y lo tienes que tener— habló Alice con rapidez e inmediatamente comprendí que ella se encontraba aterrada.
Sabía que luego me arrepentiría pero verla en un estado en que jamás la había visto sólo por un juego, hizo que por dentro sintiera pena y asentí lentamente, aceptando la invitación al infierno. Ella me sonrió feliz, haciendo a un lado sus temores y Jasper, quien la tenía sujeta por la cintura, me agradeció el gesto con una pequeña sonrisa.
— ¿Emmet, siquiera sabes cómo se juega?— bufó Edward, observando la pequeña plataforma triangular en centro del tablero.
— Suicida, no necesitamos tu negatividad— respondió rodando los ojos mientras leía las instrucciones que venían al reverso de la caja.
—Es una perdida de tiempo— soltó Rosalie, contemplando sus uñas como si fueran lo mas interesante del Universo.
Emmet ignoró olímpicamente a su esposa y continuó leyendo las explicaciones. Por mi parte nunca lo había visto tan concentrado en algo mas que no sean las esculturales piernas de Rose.
—Esto es aburrido— murmuré sabiendo que, por mas bajo que lo dijera, ellos lo oirían.
Edward rió suavemente y colocó un casto beso en mi sien.
—Que tiernos, ahora podrían atender— interrumpió Emmett—. Todos toquen el marcador y no lo muevan.
Miré a Alice que parecía ser la única que estaba peor que yo, y le sonreí para reconfortarla antes de mover mi mano derecha y poner dos dedos sobre la plataforma. Ya todos lo habían hecho y ahora solo quedaba comenzar a jugar.
Un escalofrío recorrió mi columna al oír como un espantoso trueno caía del cielo y Edward, al notarlo, me abrazó con su brazo libre, manteniéndome pegada junto a él.
Emmett rió entre dientes emocionado y sin un atisbe de miedo.
— ¿No es genial?— preguntó sonriente y observándonos.
Rosalie gruñó molesta.
—O comienzas o me largo— avisó frunciendo los labios.
La sonrisa de Emmett se agrandó.
— ¿Listos?
Asentimos y pude ver como Jasper murmuraba algo en el oído de Alice.
— ¿Hay alguna presencia aquí?— inquirió Emmett lentamente y contuve la respiración.
OOO
¡Hola! ¿Todo bien?
Bueno, como verán me agarró la locura y en menos de lo que esperaba subí éste cap. ¿Qué les pareció? Por lo menos a mí parecer, quedó bonitamente freaky. ¿No es lindo?
Si quieren saber cómo seguirá todo esto, si alguien terminará con el diablo adentro o, aparecerá Chucky, doy adelantos en mi mundo cibernético.
Sin anda más que agregar… me largo.
Cambio y fuera.
