Advertencias: Descripción de Violencia. Diálogos largos. Especulaciones bíblicas increíblemente erróneas, retorcidas para conveniencia de la trama.
II. Lilith.
En el pesado candor de la agonía roja te sumerges en un grito agudo y desgarrador que calienta tu cabeza a niveles casi insoportables. Sólo quisieras que acabara ya, el dolor es constante y no piensa dejarte escapar a la inconsciencia; está ahí desbaratando tu rostro en una fuente de carmesí.
La canción de cuna sonaba como un himno al dios de los avernos. El dolor era tan intenso que no podías ya distinguir el idioma en el que se entonaba tan encantadora y tormentosa melodía. Su rostro, dulce y sonrosado como un durazno sonrió con malicia y sus pequeños dedos trazaron sobre la carne viva, encendiendo nervios como fósforos.
La niña sacó un espejo de mango de madera y te mostró tu propio rostro, maquillado en tu propia sangre, la parte izquierda cubierta de cortes imprecisos y toscos que despellejaban tu mejilla:— ¿No te agrada tu nueva cicatriz?
—No, por favor… Me duele. —La sal de tus lágrimas está quemando tus heridas.
Y otra vez, sacó la condenada lima de metal. Era un pequeño pero afilado utensilio para el cuidado de las uñas, pero ésta niña le encontró un nuevo uso. Dio los toques finales cortando sobre tu sien; durante este proceso llegaste a desmayarte unas dos veces. No comprendías de dónde salía este masoquismo tuyo para recuperar la consciencia de nuevo.
—No soy muy buena trazando, pero creo que ahora se parece un poco… Debe de arder mucho —Su voz era la nefasta parodia de una niña inocente y juguetona, pero sus acciones eran dictadas por un ser inhumano. No podías soportar mirar esos ojos llenos de dulzura, su boquita acercándose a tu ojo izquierdo inundado de sangre—. Le daré un besito para que mejore.
Quemaba. El pañuelo que usó fue para absorber el exceso de líquido en tu hinchado párpado, luego plantó un beso de mariposa en la carne abierta. Temblabas llena de impotencia. Sentías tanto dolor y vergüenza que apenas podías soportarlo.
Alguien irrumpió en la habitación, permitiendo que un espectro de luz naranja entrara. Pensabas en la palabra Salvación de sólo intentar asimilarlo. Tu salvador te libera de las ataduras y zarandea tus hombros urgentemente:— ¡Ellen! ¡Responde, Ellen!
Es increíble, apenas puedes reaccionar— La… Lavi-i… No puedo…— Todos los gritos habían gastado tu voz hasta el límite. Te encontrabas en un estado de gran fragilidad, pero sentías un inmenso alivio de tener a este amigo aquí, contigo.
—¿Qué le has hecho?— exclamó él, dirigiendo un ademán agresivo contra la niña, escapando de vuelta a su pequeño mundo.
—Un recuerdo. Así, no importa qué pase, Allen Walker jamás olvidará quién es.
Él sacó un arma mientras aún usaba su propio cuerpo para protegerte, lo cual era bastante valiente de su parte… y también irreflexivo. Necesitaba ser detenido. Pero tú no tenías fuerzas para hacer algo.
No hubo riña en lo absoluto, pero sí fueron dejados con palabras que marcaron tu mente tanto como la cicatriz que te abrumaría por las siguientes semanas.
—Jamás olvidarás quién fue Allen Walker —Entonces ella se fue, y jamás volviste a oír de ella.
Hubieras imaginado lo difícil que sería esto si lo hubieras hecho en una época más caótica, cuando la Guerra Santa tenía a todos entre la espada y la pared. Con tus años de servicio a la Orden has ganado ciertas libertades y grandes círculos de confianza. Jeryy, quien aún era Jefe Chef de los Cuarteles Generales, te hizo el amable favor de preparar unos bocadillos sin que te molestara con preguntas privadas.
Los Portales del Arca seguían activos aún después de que Allen escapara de la Orden, ya que eran demasiado convenientes para la transportación de exorcistas a varias partes del mundo sin las molestas y lentas transiciones. Uno de los portales se abría en una iglesia en Londres. Ir y venir no era la gran cosa.
Volviste al mismo hostal de la primera vez, intuitivamente preguntas en la administración si había llegado algo para el cuarto que reservaste hacía poco. Y en efecto, había algo para ti: un memo.
‹‹Plaza Mitre. 12:40. Bufanda Roja.››
Sin duda ahí te esperaría. Aunque honestamente dudabas que se quedarían charlando en ese mismo lugar, siendo tan popular como tú sospechabas. ¿No había ocurrido ahí hace tiempo un famoso asesinato que salió en todos los periódicos? No recordabas bien, suponías que no importaba. ¿Qué hora era…? ¡Te quedaban quince minutos! Y aquella plaza no estaba precisamente cerca de este hostal.
Dependes un poco en tu habilidad con las Botas Oscuras para pasar entre la gente londinense, prácticamente desapercibida porque puedes superar la velocidad del sonido sin mucha dificultad. Convenientemente te detienes justo en la Plaza Mitre, donde transitan varias personas sin orden aparente. Quieres solamente pretender que eres uno de ellos, pero estás demasiado concentrada en buscar una bufanda roja que no puedes evitar parecer entrometida.
Veías gente abrigada caminando de un lugar a otro, bufandas cafés, grises, verdes… hasta que detectaste un sobresaliente color rojo. Viste que su mano se sacudió, dirigiendo un saludo a ti, y nada más que a ti. Difícilmente podías reconocerle el rostro, pero sus precauciones estaban perfectamente justificadas. Tú sonríes y mueves la cabeza mientras muestras la bolsa de papel que trajiste, haciéndole asumir que tenías algo para él… es decir, Ella.
No puedes todavía hacerte a la idea de que ahora Allen es una Ellen, que es el cuerpo de otra persona y solamente eran vestigios de la personalidad de tu antiguo amigo. Pero forzabas a tu mente a asumir que todavía seguía siendo aquel noble chico de tu juventud perdida.
Muy discretamente le seguiste el paso hasta llegar a la siguiente esquina, y con la mayor casualidad la miraste a los ojos y sonreíste. Con señas indicaste que no habías traído contigo comunicador alguno.
—¿Puedo llamarte Allen?
—Estamos solos, así que está bien… Pero si estuviéramos entre otras personas deberías de llamarme Ellen —respondió la voz suave. Parecía sonreír de igual manera. Vuelven a caminar juntos por las calles, sin demostrar ninguna peculiaridad que llame la atención.
—Bueno, pero si quieres que te llame como chica mientras te vistes como hombre, ¿no crees que es algo contradictorio?
—Hay hombres que se pueden llamar como chica, pero no sé, no creo que importe. Si deseas pretender formalidad conmmigo, sólo llámame McGee. Lo importante es mantener oculta mi identidad lo mejor posible.
—Entiendo —Aprovechas para entregarle la bolsa de comida que con mucho detalle encargaste de Jeryy—. Mira lo que traje para ti.
Cuando Ellen abre la bolsa y comprueba que adentro se encuentra una generosa cantidad de mitarashi dango, sus brillantes ojos se llenan de emoción, haciendo que sueltes una risita espontánea. Ellen tenía un rostro muy tierno cuando se emocionaba.
—Hace mucho que no comía de éstos. Gracias—Pese a su evidente felicidad, te sorprendiste de la modestia con la que cerró la bolsa de dangos, porque sabías que normalmente no dudaría en dar tan siquiera un primer bocado—. Pero, como no tengo Inocencia, no necesito comer demasiado para conservar mis energías. Creo que podríamos compartir un poco mientras caminamos, ¿te parece bien?
Accediste y tomaste uno de los palillos con tres dangos ensartados. Ocasionalmente convidabas una mordida a la chica, que escogía la bolita de en medio mientras tú comías la primera. Era tan extraño compartir comida, pero si su apetito no era tan voraz, esto sin duda era nuevo y agradable. Normalmente, Allen Walker era codicioso al momento de comer.
—Lo había olvidado —Dan vuelta a la calle y parece menos transitada que antes—. Allen, tengo todavía muchas preguntas, acerca de tu fuga, acerca del Primer Allen del que me hablaste y de Decimocuarto. También quiero saber todo lo que sabes acerca de Kanda.
—Kanda… —se mordió el labio inferior y desvió la mirada un poco— Todavía lo que ocurrió con él, te soy honesto. Yo estaba inconsciente cuando él desapareció, y ni siquiera Johnny supo cómo explicármelo todo con detalle, él también está confundido acerca de ello; y de antemano te advierto que esto será un poco duro de escuchar, Lenalee… Cuando estábamos de fuga, hubo un momento en el que fuimos atacados por nuestro perseguidor. Johnny dijo que vio señales alarmantes en la espada de Kanda. Él cree que, debido a que se forzó a una situación que comprometía su posición y lealtad como exorcista, estaba comenzando a convertirse en Caído… —Sientes que algo dentro de tu cabeza te golpea, pero lo ignoras— pero si se convirtió o no, eso no lo sabemos. Lo último que Johnny vio, fue una luz que cubrió a Kanda y ahuyentó a nuestro perseguidor, luego se esfumó, llevándoselo consigo. Johnny buscó por todos lados, pero Kanda simplemente se fue sin dejar rastro. Lo único que podemos esperar con seguridad es que él siga vivo en algún lugar, lejos del aquí.
Sentías tu sangre congelarse, pero sabías que seguir preguntando acerca del tema sería inútil. Debías intentar con otro cabo suelto.
—¿Quién era este perseguidor?
Ellen dio otra mordida al dango de en medio y masticó un poco.— Le conocemos como Apocryphos. Y hasta donde sé, él no es humano, es… como una Inocencia con voluntad propia. Puede actuar y pelear por sí solo, y eso no es todo; también tenía control sobre el Crown Clown. No había forma en la cual yo pudiera hacerle daño. Ni siquiera los Noah que vinieron por mí a la Orden pudieron hacerle pelea.
Esto te inquietaba bastante; jamás te hubieras atrevido a imaginar monstruosidad similar, y tan sólo escucharlo de Allen te ponía la piel de punta.— ¿Y qué tenía que ver él con los Noah? No me digas que eso podría ser…
—No es el Corazón. Eso es definitivo —irrumpió casi con brusquedad. Gracias a dios que no te hacía saltar a conclusiones desagradables—. Pero sin duda él tenía una conexión vital con el Corazón y los Noah deseaban sacarlo de su escondite mientras me usaban como cebo. Aunque yo mismo dudo que los Noah estuvieran lo suficientemente conscientes de las capacidades de Apocryphos… Él es extremadamente poderoso e inteligente; demasiado, diría yo.
—Entonces, si es tan fuerte como dices, ¿crees que tendría el poder de matar a un Noah… matar al Conde Milenario, quizás?
—Es una posibilidad. Pero, honestamente, no es la mejor opción dejar que algo como eso se encargue de hacer ese trabajo. No podemos dejar que la derrota de los Noah quede en manos de una criatura tan siniestra como el Apocryphos; eso sólo podría empeorar las cosas. Mientras tanto, yo y Neah hemos resultado piezas clave para inclinar la balanza de esta guerra de un lado u otro.
—Siempre quise saber cuál era el propósito de Decimocuarto. Pero si dices que hubo un Allen antes del que conocí, una persona que sacrificó su ego por alguien como un Noah, me sugieres que pudimos haber visto toda la historia desde una perspectiva errónea. Además, él traicionó al Conde Milenario… pero, ¿por qué? ¿Qué papel juega él en todo este conflicto?
—Todavía no lo sé todo por completo, pero Neah tiene una especie de enlace con el Corazón, pese a que él es un Noah. Suena un poco loco, pero estoy totalmente convencido de que así es.
—¿Cómo podría ser eso posible?
Ellen te miró por unos largos segundos, parecía esbozar una sutil sonrisa, pero no sabías con certeza si de verdad él sonreía o hacía una mueca incómoda. Te daba el presentimiento que estaba a punto de revelar algo grande. Muy grande.
—Lenalee, probablemente el Vaticano y parte de la Orden ya sabe de esto, pero supongo que encuentran conveniente ocultar esta información de los exorcistas por el bien de su deber. Los Noah son, básicamente, la fundación de la propia civilización moderna. De tomar los escritos bíblicos como hechos, podemos decir que tras el Gran Diluvio, la familia de Noah se encargó de sembrar las raíces de la nueva humanidad… Eso, técnicamente, nos hace a todos los humanos de hoy descendientes de Noah, ¿entiendes a dónde voy?—tenía sentido, hasta donde podías seguir.
Se notaba demasiado cuán bien informado estaba ahora. Esta última década no la invirtió mal. No estabas segura si saber tanto debía necesariamente ser algo bueno.
—Si los humanos por naturaleza son rechazados por la Inocencia, es por tener la sangre de sus enemigos. Entonces los que somos compatibles… ¿qué somos?
—Conoces la historia de Adán y Eva, ¿verdad? ¿Has oído de la mujer original? ¿La mujer antes de Eva?—ahora guiaba tu mente a conocimientos más oscuros y perdidos, cosas que por ser exorcista llegabas a leer y escuchar, pero sólo vagamente.
—Lilith. Según entiendo, abandonó el Jardín del Edén… se convirtió en un demonio, ¿quieres decirme que ella tiene algo que ver con la Inocencia? Pero, Allen… Adán y Eva tuvieron que haber existido mucho antes que el diluvio.
—... O eso es lo que nos han hecho creer. Hemos recabado mucha información gracias a los escritos apócrifos robados del Vaticano—esto sonaba ya demasiado loco, pero creías que era mejor idea seguir escuchando. Allen había investigado y tú no—. Adán y Eva existieron después del diluvio, pero antes de Eva, Lilith fue pareja de Adán.
››Lilith, se dice, desafiaba las reglas de Dios, y prometía que el conflicto que él crearía terminaría destruyendo al culto que ciegamente lo alababa. Lilith fue entonces maldecida por Dios y la obligó a dejar atrás su humanidad. Pero incluso después de ser desterrada por todos los descendientes de Noah, ella tomó diversos disfraces, yen una de esas farsas logró engañar a Eva, invitándola a comer un fruto brillante, una manzana que Lilith cosechó de sus propias entrañas. La manzana reveló nuevos poderes a Eva y la llenó de conocimientos… pero poco a poco comenzó a convertirla en un demonio enfermo que al final pereció porque la manzana estaba llena de un veneno que los humanos no podían tolerar. Lilith, quien jamás fue capturada por su crimen, usó sus propios medios para copular con varios hombres y mujeres… Los descendientes de Lilith son bendecidos con el jugo de la misma fruta que dio a probar a Eva, la primera Caída. Gracias a ese jugo de poder y conocimientos, sus descendientes tienen la posibilidad de utilizar los fragmentos del poder de Lilith, aquella que amenaza al Dios de Noah. Los exorcistas somos en realidad descendientes de Lilith.››
Tu mano temblaba tanto que dejó caer el palito con bolitas de dango. Pero Ellen comprendió, quizás no habías estaba del todo preparada para escuchar toda esa información. Noah, Adán, Eva… Lilith. ¿La Inocencia provenía de una figura maligna de las escrituras, y de Dios? Tú misma te sentiste por un largo tiempo recelosa a la existencia de un Dios, tal como la Iglesia Cristiana profesaba, pero después de tantas batallas concluiste que definitivamente existía algo más allá de lo que podías compreder. Pero después de todo este tiempo... la Inocencia había sido asimilada con el lado opuesto al que pertenecía. Tal vez esta siempre fue la razón por la cual era casi imposible hallar nuevos exorcistas... si es que podías seguir llamándolos "exorcistas".
Ellen tomó tu mano, con esperanzas de tranquilizarte. Su calidez te resultaba reconfortante. Suspiraste y volviste a mirarle a los ojos.—¿… Qué pasó con Adán? Supuestamente Eva compartió ése fruto con él.—ella sacudió sus hombros.
—No lo sé. Los escritos no divagan mucho acerca de Adán. Pero podemos asumir que Eva mató a Adán... Tampoco sé qué clase de origen tienen los poderes de la familia de Noah. Me temo que aún no hemos podido resolver eso.
Tomaron asiento en una banca. Habían caminado hasta un parque más tranquilo. Te tomaste tu tiempo en juntas todas las piezas del rompecabezas.
—… Veamos, si Lilith es en realidad el Corazón, si los exorcistas somos sus descendientes… ¿entonces qué es Apocryphos?
—No tengo la más remota idea. Y no me siento muy dispuesto a averiguarlo pronto.
Era un razonamiento lógico, suponías.
—Neah tiene una conexión con Lilith, pero no termino de comprender cómo es eso posible. Me imagino que ésa es la razón que lo llevó a traicionar a la familia Noah, ¿verdad? ¿Cómo podría él encontrar a Lilith?
—Él mismo no sabe mucho de cómo funciona. Neah me ha contado que siempre termina contactándola por accidente, y siempre termina muy mal. Pero sí, hubo ocasiones en las que él fue ayudado por Lilith, lo cual todavía es más raro.
—¿Crees que hubiera tenido un mejor contacto con ella cuando tuviste a Crown Clown?
—No lo sé. No creo que podamos asumir que todo exorcista compatible podría tener la misma oportunidad… Apocryphos quería a Crown Clown por alguna razón, y tengo el presentimiento que está estrechamente conectado a todo lo que acabamos de discutir… Tendré que pedir a Bookman que investigue al respecto…
—¿… Quién?
—Oh… Cierto…—no pareció algo particular, pero parecía que Ellen acallaba algo más, y tú misma te convenciste que no debía ser algo importante, a pesar que cierto término te sonaba con extraña familiaridad.—Bueno, como sea, tenemos a algunos contactos que nos han ayudado a Johnny y a mí en estos últimos años de investigación. Tal vez tú también podrías investigar un poco los documentos disponibles en la Orden. Ya sabes que yo no era muy adepto a ir a la biblioteca. Si encuentras algo relevante a lo que acabamos de discutir, no dudes en compartirlo.
—Está bien, lo haré.—revisaste e reloj que tenías en tu muñeca. No podías quedarte demasiado tiempo, o podrían sospechar.—Tengo que irme ahora. Envíame un memo a la misma habitación dentro de cuatro días, Allen.
—Seguro. Cuídate bien, Lenalee.
Saliste caminando aprisa. Debías de fabricar un plan para aclarar cualquier sospecha que pudiera caer sobre ti. Comprarías un par de vestidos y eso serviría para cubrir tu visita. Dirías que te entretuviste con los problemas de otras personas, lo cual no carecería de credibilidad. Te sentías tentada a ir en búsqueda del actual escondite de Allen, pero terminarías metiéndolos en problemas si llegaban a descubrirte.
Mientras veías con rapidez algunos vestidos preciosos no muy lejos del hostal, regresaron a ti las palabras de la conversación con Ellen… las palabras que murmuró aparentemente por accidente. ¿Cuál era la palabra que llamó tu atención…?
—Book-man…—susurras a ti misma, saboreando el nombre con curiosidad. Intentas recordar, pero sólo evoca una sensación débil que no reconoces.—¿Bookman…? ¿Dónde… lo he escuchado? Bookman…
Te detienes en tu divagación. Probablemente no significa algo especial. Si no recordabas, seguro no era importante.
El anciano te miró a través de las negras sombras de sus arrugados párpados, retiró brevemente el cigarrillo de su seca boca, así como si hubiera descifrado algo en tu rostro tras tanto escrutinio.
—¿Sabes porqué el Apocryphos estaba tras tu Inocencia, Allen Walker?
—… No lo sé. Crown Clown era muy poderoso, pero… también lo son los otros generales. ¿Por qué me buscaba a mí, entre todos?
—¿Recuerdas la profecía de Hevlaska?—te muerdes el labio en contemplación; no sueles pensar mucho en aquella profecía, porque sientes que es algo desagradable.
—Ella había dicho algo sobre un Destructor del Tiempo, ¿verdad? Está relacionado con Crown Clown, y también con el Conde Milenario…
El Bookman suspiró y volvió a succionar del cigarrillo, dejando salir una buena cantidad de humo por su nariz.— Me ha tomado un tiempo poner las piezas en su lugar, pero finalmente comienzo a comprender el significado de ésa profecía. El Destructor del Tiempo no es un evento, tampoco es una persona. Es el poder que podría activarsea partir de ésa Inocencia.
—Entonces es un poder especialmente diseñado para destruir al Conde Milenario, ¿verdad? ¿O… no estarás diciendo que de verdad pudiera destruir el Tiempo, literalmente?
—Es una simple interpretación y puedo estar desacertando en ciertos puntos, pero te puedo asegurar que estoy cerca de la verdad… Lo que intento explicar es que ésa Inocencia puede que tenga el poder de romper ciertas reglas en el espacio. El Reloj de Miranda Lotto puede hacer algo similar. Ella puede retroceder en el tiempo ciertos objetos, detener su tiempo y manipular ciertas barreras temporales. Pero Crown Clown todavía podría hacer más que eso. Hay muchas posibilidades que no podemos descartar…
Te sientes inquieta, no sabes cómo digerir esto, pero finalmente encuentras sentido en los eventos que precedieron a esta plática. Era momento de desprenderse de la ignorancia que habías abrazado por mucho tiempo.
—Eso podría explicar cómo pude... encerrar al Conde. He podido retrasar la Guerra, pero sólo momentáneamente. Con los otros familiares de Noah descarriados, sin guía, y con la producción de Akumas detenida, podría haber dado la ventaja a la Orden para ganar la Guerra Santa… ¿verdad?
—Puede ser. No es necesariamente algo bueno, como bien te recuerdo.
—Bookman, ¿cuál es el propósito de Apocryphos? ¿Qué busca hacer con Crown Clown?
—Espacio y Tiempo son dos aspectos que se llevan de la mano. Podemos asumir que combinando el verdadero poder del Crown Clown con el Reloj de la señorita Lotto, el Destructor del Tiempo podría ser posible... Aunque no hay forma de perdonar la masacre que cometió la familia de Noah, eliminarlos completamente del mapa sería un error fatal. Cada ser humano en este planeta carga consigo el gen de los descendientes de Noah. Y con el odio religioso e irracional de una criatura como Apocryphos, es posible que intente usar el Destructor del Tiempo para arrancar el problema desde la raíz.
—¿Matar a los descendientes de Noah originales?
—Aquello podría significar el final de la raza humana tal y como la conocemos. Por eso es importante tener armas con las cuales debamos combatir a Apocryphos. Lo único que puede romper la Inocencia es la Materia Oscura que reside en los Noah.
—Por eso necesitamos de Neah. Es el único quien está dispuesto a usar ése poder para salvar a los humanos, ¿cierto?
Tus manos se ceñían muy fuerte de tus rodillas, y el temblor de tus nudillos era casi insoportable, pero decidiste calmarte. Odiabas a Neah, no importaba lo que hubiera significado él para ti en el pasado, no te agradaba aceptar que él había genuinamente ganado parte de tu confianza y sobre sus hombros caían todas las esperanzas para ganar la batalla final.
—… Podemos confiar en el Noah que hizo la diferencia, ¿verdad?
—Neah no es como los otros Noah, eso es cierto, pero tampoco sabemos con seguridad las cosas que él es capaz de hacer. Hay que actuar con precaución al estar con él.
—Lo sé.
El anciano de pequeño tamaño se levantó. Año con año parecía evidenciar más su dificultad para moverse y tu preocupación crecía más. Últimamente lo habías visto más como un amigo que como un viejo camarada, y eso era mucho decir; Bookman había hecho demasiado por ti y jamás serías capaz de pagarle todas sus molestias.
—Lavi y yo partiremos mañana al Vaticano. Debemos de investigar más a fondo el asunto de Lilith.
Te asustaba pensar en cómo podrían entrar al territorio más peligroso del mundo después de Japón. Te asustaba pensar que Apocryphos podría matarlos al primer encuentro… pero bueno, no es como si tú fueras más capaz de hacer aquel trabajo mejor que ellos.
A la mañana siguiente te despediste del viejo y de su aprendiz. ¿Podía ser esta la última vez que se verían? No titubeaste en envolver a tu amigo con tus brazos. Él prometió que volverían, y con un gran botín. Era increíble que no perdiera su sentido del humor en una situación como esta.
Te devolvió el abrazo y fraternalmente revolvió tu cabellera pálida. Era como en los viejos tiempos. Todavía te quería tratar como un chiquillo, y eso, aunque fuera molesto, te hacía volver a tiempos menos tensos.
N/A: Espero que este capítulo enganche suficientes lectores. Quisiera creer que mi fanfiction tiene verdadero potencial.
