Advertencia:

La historia presentada aquí es de mi autoría, algunos capítulos contendrán lenguaje y escenas no adecuadas para menores.

Personajes e historia original de Kyoko Mizuki.

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Capítulo 2. Sorpresas.

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Sentí los ojos de Neil clavados en nosotros, ¡demonios! ¿Era tan obvia? Claro que lo era, todos me lo decían, no podía mentir, no podía fingir porque mi rostro y sobre todo mi mirada, siempre me delataba. Mi mamá y mi abuela Pony, me decían que era una cualidad que indicaba lo puro que era mi corazón, pero para mí, era una debilidad, una gran e impertinente debilidad.

- Que tal, dijo Neil levantando su cabeza a modo de saludo, mirándolo con recelo.

Él sonrió y asintió para corresponderle, pero en ningún momento dejó de mirarme. ¡Dios, me quería morir de felicidad y de vergüenza!

- ¿Qué estudiaban? Preguntó, mientras tomaba asiento a mi lado. Podía sentir su mirada aun clavada en mí, pero en realidad lo que observaba era el libro que tenía sobre mis piernas.

Neil sólo me miraba, quizás esperando que respondiera algo. Pero no podía, mi lengua se trababa cada vez que intentaba hablar, y eso hacía que mi rostro cada vez se encendiera más.

- Fisiopatología, respondió Neil al fin. Y yo sonreí tímidamente, en afirmación.

¡Gracias Neil! Grité en mi mente, aliviada y un suspiro escapó de mí. Sin verlo, pude sentir como una nueva sonrisa se formaba en el rostro del hombre que me tenía así.

Me sentía como una verdadera estúpida, ¿qué me pasaba?, se que había perdido mucho de la confianza que tenía en mi misma después de todo lo que viví en ese último tiempo, pero de ahí a sentirme como una planta, incapaz de decir una sola palabra, era algo muy distinto. Pero… lo que sentía en su presencia, era algo muy distinto. Eran sensaciones fuertes, extrañas, como una corriente que viajaba por mi cuerpo y me llenaba de éxtasis, si, me excitaba, hasta ese momento pensé que lo que narraban en esas novelas que Anne ama leer eran solo palabrerías, pero ahora lo podía sentir, todo mi cuerpo respondía a su presencia, pero no era lo mismo que se describía en aquellas historias, porque para mí no era un completo desconocido, de alguna extraña y loca manera lo conocía, y lo conocía muy bien… muy, pero muy bien.

- El nuevo profesor aparentemente hace pruebas cada clase, añadió Neil con un bufido. -¿¡A quién demonios se le ocurre comenzar las clases con un quiz!? Exclamó molesto. Sabía que su súbita molestia no era precisamente por el quiz, pero no entendía que le había sucedido. A veces no lo entendía, podía explotar enojado por situaciones y expresar al macho que llevaba dentro, y al momento siguiente, era totalmente opuesto, cariñoso, atento, preocupado, y divertido, era como un montón de testosterona nadando en una laguna de estrógeno.

Lo miré extrañada por su reacción, y el hombre misterioso, arqueó una ceja y sonrió encantadoramente.

- Así que vienen a la clase del Doctor Ardley, dijo mirándome, a lo que solo pude responder con un suave - Sip.

- Mm hm, asintió con un gesto de decepción. - Será mejor que se apuren, dijo al ver la hora. - He escuchado que el Doctor Ardley, deja afuera a todos los alumnos que llegan después que él, dijo guiñándome un ojo, ¡dios!, era tan sexy.

Neil lo miró incrédulo.

- Es en serio, el doctor Ardley no toma sus clases a la ligera, vayan si no quieren quedar afuera en su primer día de clases, sonrió.

- ¿Es en serio? Pregunté asustada, saliendo de pronto de ese estado vegetal que me tenía atrapada. Si algo odiaba era llegar tarde a clases y empezar mal con el maestro de turno. No podía correr riesgos de reprobar solo por un capricho del profesor, sabía que era algo poco ético, y que solo eran rumores, pero había escuchado de tantos casos de ese tipo que mejor no aventurarme.

- Neil ¡vamos!, dije apurada, tomándolo de las muñecas para correr al salón.

- ¡Eres tan boba Can! Exclamó mientras sonreía con ironía, y se encaminaba junto a mí.

El hombre, nos observó por un momento, sacudió su cabeza y rió. ¡Era exquisito!

- Gracias por el aviso, logré decirle mirándolo al fin. Él me respondió con otra sonrisa que desbocó mi corazón, de seguir así pronto necesitaría un trasplante.

El salón estaba casi lleno, y todos los asientos disponibles eran en las primeras filas frente al pizarrón. Sonreí a Neil al elegir nuestros asientos… en la primera hilera.

- ¡Eres una nerd! dijo dándome un abrazo juguetón.

Tomamos nuestros asientos y miramos alrededor, ninguna cara era conocida excepto por Liz y Mark, que fueron nuestros compañeros en el semestre anterior y estaban sentados al final del salón, los miré algo sorprendida de verlos tan juntos, hace un mes no podían ni siquiera verse, suspiré, supongo que el amor es impredecible. Neil me miró extrañado, pero hice como si nada, o al menos lo intenté, y saludé a los chicos, para luego dirigir la vista al frente.

De pronto el salón quedó en relativo silencio, y los únicos sonidos que sobresalían eran las quejas de un grupo de chicos.

- ¡Pero si llegamos junto con usted!, reclamó uno de ellos.

- Lo siento, la clase comienza a las 15 horas, eso significa que a las 15 horas ustedes deben estar sentados en el salón,dijo con firmeza, cerrando la puerta detrás de él.

Suspiré con alivio - Si nos hubiésemos quedado más tiempo sentados afuera ¡no hubiésemos entrado!. Pero a la vez estaba contrariada y sorprendida con la actitud de este nuevo maestro. ¿Era necesario ser así? Pensé, cuando al mirar al frente, quedé helada. ¡Mierda! ¡Rayos! ¡Demonios!

- ¿Qué te pasa Can? Me preguntó Neil con exasperación. - Sabía que el acento europeo volvía loca a las mujeres, pero a ti parece que te aturde.

- ¿Ah?, eso fue todo lo que salió de mi boca.

- Ay Can, el acento escocés de ese tipo te tiene vuelta loca desde que lo vimos afuera.

Me tomó un momento procesar lo que me decía, la verdad es que no había reparado en ello. - ¿Escocés?

- Si Can, escocés, me respondió algo irritado.

- ¿Cómo lo sabes? Pregunté sin poder aun, registrar en mi mente lo que estaba pasando.

- Mi familia es mitad irlandesa y mitad escocesa, ¿recuerdas?

- Mm hm, asentí sin saber qué cosa me dijo. Cuando el maestro tomó su lugar, miró hacia la sala, no sé si me vio, al parecer no lo había hecho, hizo un barrido rápido por el salón y juntó las palmas de sus manos para dar inicio a la clase.

- Bueno chicos, me presento, soy el Doctor William Albert Ardley. Soy biólogo, y doctor en fisiología y patología humana. También tengo un doctorado en biotecnología. Me gradué en la Universidad de Edimburgo, como podrán notar soy Escocés, dijo sonriendo, provocando sonoros suspiros de las chicas y de un par de chicos.

Sacudió su cabeza sonriendo, como si no pudiese creer lo que acababa de escuchar, y continuó.

- Como se habrán dado cuenta, algunos de sus compañeros no entraron al salón y se perderán su primera clase de esta materia.

Las reglas son simples, deben estar en el salón a la hora de la clase, es decir, no pueden llegar después de mí, si eso sucede, no entran. Este ramo es muy importante para sus carreras ya sean científicos, biólogos, o médicos.

Mi reloj está sincronizado con el reloj del edificio central, así que no hay excusas.

Cualquier duda deben levantar la mano y hacer sus consultas, así todos podrán escuchar la explicación y no habrá desorden. Si no lo hacen, se les pedirá retirarse de la sala.

Algunos chicos pifiaron.

- Regla adicional, nada de pifias, mi clase, mis reglas, sentenció.

Y por último, como ya algunos han escuchado, dijo ahora mirándome fijamente y sonriendo. - Haré un quiz clase a clase, comenzando hoy.

Un coro de quejas se tomó el lugar, mientras yo solo luchaba por ocultar el rubor que comenzaba a aparecer en mi rostro.

- Es la única forma de que estudien y comprendan bien la materia. No deberían tener problemas con el quiz de hoy, todos ustedes aprobaron fisiología el semestre anterior y tienen las nociones básicas para responder correctamente sus pruebas. Así que Regla adicional número dos, no más quejas. ¿Dudas? Preguntó.

- Usted, indicó a una chica del fondo, una hermosa chica que estaba al fondo levantando su mano. - ¿Su nombre?.

- Kate Jones, respondió coqueta. Doctor Ardley, me preguntaba, digo, nos preguntábamos, en pro de nuestra educación por supuesto, dijo jugando con su cabello, tal como la rubia de piernas kilométricas lo había hecho con Neil una hora antes. - ¿Qué edad tiene? Sonrió aun coqueta y satisfecha por hacer la pregunta que todas parecía se estaban haciendo, incluso yo.

Una media sonrisa se dibujó en su rostro y miró a Kate. - Esa es una pregunta personal, pero para su tranquilidad, tengo 30 años, me gradué de la universidad a los 18 y terminé mi primer doctorado a los 20, tengo diez años de experiencia en el campo y seis de ellos haciendo clases en la universidad de Edimburgo, hasta ahora que llegué a los Estados Unidos… hizo una pausa, - y ninguno de mis alumnos se ha quejado de que soy un mal profesor, de hecho soy bastante bueno, dijo con una sonrisa de superioridad.

- Oh estoy muy segura de que es muy, muy bueno, respondió Kate, resaltando lo último, provocando algunas risitas de los chicos.

Dios, yo también estoy segura de que es muy, muy bueno, suspiré.

- ¿Alguien más tiene dudas? Relacionadas al curso, remarcó.

- Usted, ¿Neil verdad? indicó sorprendiéndome.

- Así es, Neil Leagan.

- Leagan, de Irlanda, ¿no es así?

Neil, asintió.

- Quizás seamos parientes, dijo. Ahora vamos con su consulta.

- ¿Se graduó a los 18 años? Preguntó Neil incrédulo.

Él asintió, - Quizás los sorprenda, pero iba bastante avanzado en mis estudios, pero me temo su consulta no tiene relación con este curso.

- ¡Que se vaya del salón! se escuchó una voz bromeando.

- Me temo que eso no está en las reglas, pero haré una nueva regla adicional, nada de interrupciones, así que señor, puede retirarse del salón, dijo indicándole la salida.

Hubo un murmullo de risas ahogadas, cuando el chico salió frustrado del salón.

- Ahora chicos entraremos en materia, pero antes, necesito algún alumno o alumna con buenas calificaciones, tiempo disponible y sobre todo que sea muy responsable y de confianza, para que sea mi ayudante.

Sus funciones serán simples, pero necesita comprometerse en ello. Primero, me ayudará con la corrección de sus pruebas. Segundo, me ayudará a preparar y a asistir en las tutorías adicionales que son los días viernes de 20 a 22 horas, y los sábados a las 11 de la mañana hasta el mediodía.

Sí chicos, las tutorías serán esos días y en esos horarios, advirtió. - Y los alumnos con problemas en sus calificaciones están obligados a asistir, si faltan a alguna sin un justificativo realmente válido, reprobarán el ramo y tendrán que hacer el curso de verano, conmigo y con aun más reglas, sonrió entretenido al ver las caras de la gente.

Y finalmente, mi ayudante se encargará de hacerles llegar todas las guías y apuntes necesarios para sus clases. Si tienen dudas respecto a las guías, mi ayudante se encargará de hacerme llegar sus dudas a tiempo.

¿Voluntarios? Preguntó.

Casi se podía sentir como una bola de paja rodaba por el salón y los grillos cantaban.

- En serio ¿nadie? Preguntó decepcionado. - Bueno veremos por sus calificaciones en fisiología, dijo sacando una lista desde su portafolio.

- Veamos, Neil Leagan, tienes las calificaciones más altas, dijo mirándolo con una pequeña sonrisa, - seguido por Candice White, Karen Roger y Michael Chang.

Cuando me nombró, sentí como mi estómago se volcó y millones de mariposas asesinas se enfrentaron en él.

- Por favor levanten sus manos Candice, Karen y Michael para conocerlos, dijo sin dejar de mirar la lista.

Con indecisión levanté mi mano, ¡Dios, me ponía nerviosa! Mis palmas comenzaban a sudar, y mis mejillas se ruborizaron inevitablemente.

Me miró con cierta sorpresa, y me sonrió sutilmente. - Veamos, Neil, ¿puedes ser mi ayudante?

- Lo siento Dr. Ardley, el sábado tengo práctica de Football, estoy en el equipo de la universidad.

El profesor, asintió. - ¿Michael?

- Práctica de baseball, respondió escueto.

- ¿Alguna de las señoritas?

Karen levantó su mano nuevamente.

- Usted es…

- Karen, doctor Ardley, yo trabajo los viernes en las noches, no puedo ser su ayudante, dijo.

Él suspiró con ¿alivio? y dirigió su mirada a mí, podía sentir como sus ojos azul cielo, estudiaban cada rincón de mi cuerpo, cuando me dijo en una sutil interrogación. - Me imagino que usted no puede porque tiene que reunirse con ¿su novio?

Nerviosa negué con la cabeza.

- Bien, dijo él sonriendo con su mirada.

- ¿Podría ser mi ayudante?, preguntó con una mirada, que me parecía buscaba mas allá de una simple respuesta a su petición.

Qué podía decir, mi vida era aburrida, todavía no me atrevía a salir con los chicos a los bares de la zona, no me sentía cómoda entre tanta gente, tampoco tenía novio, y los viernes y sábados los usaba para estudiar. No tenía una excusa para negarme, ¿quería realmente negarme?

- Candice él es tu profesor, las relaciones maestro-alumno están prohibidas, repetí en mi mente, cuando finalmente asentí. ¿¡En qué lío me metí!?

- Bien Candice, usted entonces será mi nueva ayudante, y tutora de este curso. Como tal, tendrá mi correo electrónico personal y número de teléfono, para poder comunicarnos y organizar las actividades del curso. Eso sí, esos datos serán, en exclusiva para usted, dijo enfatizando la palabra exclusivo. Algo me decía que un mensaje oculto iba en aquello, o quizás solo me estaba volviendo loca. Si, seguro era eso, tenía frente a mí al hombre con el que he soñado, literalmente soñado durante años, y es mi profesor, si eso no es locura, no sé lo que es.

- ¡Suertuda!, se pudo escuchar entre murmullos, y él sonrió.

- Serás lacaya del escocés, me dijo Neil en un susurro y yo le respondí con un codazo.

- ¡Cállate! Le dije, cuando me di cuenta de que yo no podía parar de sonreír.

- Bueno chicos, ahora guarden sus cosas, solo dejen su papel y lápiz encima, comenzaremos con el quiz de hoy.

La prueba realmente fue fácil, aun así pude escuchar como muchos murmuraban intentando recordar la materia, o el golpeteo incesante de los lápices contra el escritorio. Y como nueva ayudante, tuve que ayudar a recogerlos.

Cuando me acerqué al profesor para entregarle los exámenes, nuestras manos se encontraron y una corriente invadió mi cuerpo, si creyera que es posible sentir un orgasmo sólo por un pequeño roce, diría que esto fue algo así. Suspiré, incapaz de romper el contacto, y no fue hasta que su gloriosa voz se escuchó, que pude recuperar la cordura.

- Gracias Candice, dijo, mirándome de una manera diferente. ¿Se habrá dado cuenta de lo que sentí?, tragué en seco ante la idea.

La clase pasó rápidamente, y seguirlo fue un deleite, no solo por él y ese físico maravilloso, si no por la forma de explicar todo, se podía notar la pasión que sentía por su profesión. ¿Cómo sería en la intimidad?, ¿sería igual de apasionado?, en mis sueños lo era, oh sí que lo era.

- ¿Candice?, su llamado me sacó de la ensoñación, junto al codazo que me dio Neil, ese seguro estaba vengándose por el golpe que le di yo antes. Cuando me di cuenta de que prácticamente estaba babeando frente a él mientras rememoraba mis sueños más atrevidos, el rubor se tomó mi rostro por completo.

- ¿Te pasa algo Can? Todo el día has estado poniéndote roja de la nada, me reclamó Neil

- Estoy bien, le respondí entre dientes.

- ¿Candice? Volvió a llamar, ¿puedes quedarte un momento después de clases?, me preguntó. No sé cómo me las arreglé para verlo una vez más a los ojos, y asentí.

- Genial.

- Bueno chicos, la clase ha llegado a su fin, espero hayan disfrutado y recuerden, la próxima clase tendrán un quiz. ¡La materia es acumulativa! Exclamó, provocando las quejas de la mayoría. Él rió. - si pueden quejarse ahora, de todas formas todos saldrán del salón.

Chicos antes que lo olvide, las tutorías comenzarán en dos semanas, Candice les hará llegar la información a sus correos de la universidad, ¡no olviden revisarlos!.

Ahora pueden retirarse, hasta la próxima clase.

- Adiós, se pudo escuchar en un coro de murmullos que salían del salón.

- Te esperaré afuera Can, suerte con el escocés, me dijo Neil antes de salir.

Mi corazón empezó a latir con fuerza, al darme cuenta de que estaba sola en el salón con él.

- ¿Candice? ¿Te puedes acercar?, preguntó desde su escritorio, sin alejar la vista de sus papeles.

Asentí, sin decir palabras, ¡no me salían! Y me acerqué temblorosa a su lado. ¿Qué te pasa Candice? Deja de comportarte como una estúpida, me reproché a mí misma.

- ¿Te estás regañando por haber aceptado ser mi ayudante? Me preguntó con una sonrisa mágica y mirándome fijamente.

¡Maldición, soy tan transparente! Me reté nuevamente haciendo una mueca, y el rió suavemente.

- De verdad, ¿no estás arrepentida por haber aceptado ser mi ayudante? Me preguntó serio. - Entiendo si no puedes, seguro tienes cosas que hacer y quizás algún enamorado con el que quieras pasar más tiempo, dijo bajando su mirada.

Respiré profundo y puse todo de mi parte para volver a mis cabales. - No, en serio, no hay nada, ni nadie que requiera de mi tiempo. Estaré encantada de ser su ayudante, le sonreí.

En serio, estaba encantada de serlo, nerviosa por lo que me provocaba, nerviosa porque no entendía cómo había sucedido aquella materialización de mi sueño, pero encantada.

- Magnífico. Mira es la lista del curso con sus correos para enviarles sus apuntes. Y éstos son mi correo electrónico y mis números, mi celular y el teléfono de mi apartamento. Puedes llamarme o escribirme cuando quieras, no importa la hora, me dijo clavando sus ojos color cielo en los míos, mientras me entregaba la lista y sus datos. Sólo el sonido de mi móvil nos hizo salir del trance.

- Supongo que Neil está aburrido de esperarte, dijo divertido.

- No lo creo, debe estar muy entretenido disfrutando de las atenciones de todas las chicas de la universidad, le respondí con una sonrisa. Porque la verdad era esa, a la salida de cada clase, Neil era asediado por varias chicas con la excusa de necesitar ayuda, porque además de extremadamente guapo, era extremadamente inteligente.

- ¿Qué harás mañana en la mañana? Me preguntó de pronto. Mil teorías se me ocurrieron ante su pregunta.

- Nada, no tengo clases hasta la tarde.

- ¿Vives en el campus?

- Eh nop, vivo en las afueras del campus, en Avenida St. Lawrence entre la calle E 60 y la E 61.

Él me sonrió sorprendido, y yo deseé retroceder el tiempo y cerrar mi bocota, casi le doy mi dirección y solo me preguntaba si vivía en el campus, ¡mierda!

- Hay un pequeño café, en la esquina de St. Rhode con la calle 61, ¿te parece si nos vemos allí a las 10?, me preguntó sonriente.

Su pregunta me pilló absolutamente desprevenida, y mi cara se ruborizó al instante, tirando por la borda todo mi poco autocontrol.

- ¡Eh! No te asustes, es para que me ayudes a corregir las pruebas de hoy, dijo intentando aliviar mi bochorno.

Suspiré. - Si está bien Dr. Ardley, mañana las 10 en el café, respondí avergonzada.

- Dime Albert, al menos cuando no estemos frente a otros alumnos, ya sabes, tienden a tomar demasiada confianza a veces, dijo algo nervioso, pero sin dejar de sonreír. - Mis amigos me llaman Albert y ya que tú y yo pasaremos mucho tiempo juntos… añadió mirándome de reojo, mientras ordenaba su maletín.

- Bueno Candice, no te retendré mas, debo correr a otra clase, me dijo mientras miraba su reloj.

Asentí, y me di la vuelta para salir. Antes de llegar a la puerta, algo hizo que me diera girara hacia él.

- ¿Albert?

Él me miró con una enorme sonrisa.

- Puedes llamarme Candy, dije y rápidamente retomé mi camino a la salida. Eso, ni siquiera yo lo esperaba.

Al salir del salón, Neil y Anne me estaban esperando, y sólo fue en ese momento que recordé lo que había hecho un par de horas antes.

- Anne lo lamento, lo siento tanto, dije abrazándola.

- Lo sé Candy, ya pasó, sólo prométeme que jamás volverás a llamarme así, sabes lo que eso significa para mí Candy… y lamento haberte hecho enojar, me dijo con sinceridad.

Le sonreí aliviada, yo nunca me perdonaría haberle traído tales recuerdos a mi amiga.

- Bueno, bueno, y ¿qué quería el escocés?, interrumpió Neil

- ¿Qué escocés? Preguntó Anne intrigada. Cuando su mirada se fijó en un lugar y exclamó en voz alta. - ¡Dios mío! el Dios del sexo está saliendo de tu salón.

Mi rostro se volvió cada vez más caliente y estaba segura de que el rubor podía iluminar el campus completo. Anne lo había hecho nuevamente, aunque esta vez sin intención.

Incapaz de mirarlo, pude sentir su risa… - Dios del sexo, murmuró divertido. - Hasta mañana Candy, dijo al pasar por mi lado, riéndose aun.

- ¿Hasta mañana? Neil y Anne preguntaron al unísono, mirándome con incredulidad.

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Bueno , espero que les haya gustado este capi, donde podemos conocer algo mas sobre este Dios del sexo, aventajado profesor y visitante continuo de los sueños de Candy.

Muchas gracias por su tiempo, lectura y palabras 3

Hasta un próximo capítulo, y como siempre extiendo la invitación a leer mis otras locuras. En mi profile podrán encontrarlas ;)

Un abrazo,

Dulce Ardley.