¡Gracias por sus comentarios! Por ellos continuó con esta historia así que espero que los sigan dejando. Ains, me mata de amor escribir de este par estando chibis ¡son tan monos joer! Mas porque Nezumi era una cucada y estaba chiquitito jajaja, me pregunto que comió para ponerse como se puso (?) anyways, espero que les guste el cap.

Capítulo II: Ayudando a la dami… al joven en apuros

El pequeño príncipe se encontraba un tanto aturdido y asustado por la posición en la que se encontraba en esos momentos, sin embargo, su corazón era tan puro y gentil que lo que más le preocupaba en aquel instante eran las heridas del otro muchacho ¡tenía que hacer algo por él! Seguro su reacción precipitada era causada por el temor, así que ahora corría por su cuenta demostrarle que podía confiar en él.

Se quedó quieto, sorprendido por la fuerza que demostraba a pesar de verse tan frágil y sus evidentes heridas, quizás esa era la mejor forma de empezar.

- ¿Te encuentras bien? –aquella pregunta descoloco a su agresor ¿no se supone que una persona normal en una situación así rogaría por su vida?

- Claro ¿no ves que estoy de maravillas? –la daga que estaba en su mano se hundió suavemente sobre la piel del cuello del príncipe, haciendo simplemente un rasguño –parece que no puedo decir lo mismo de ti

- No soy tu enemigo, mi estimado joven, por favor déjeme hablar con usted – las palabras salieron seguras de sus labios, se podía notar un ligero titubeo en su voz, pero eso era normal dadas las circunstancias. El contrario no estaba seguro si confiar en él era buena opción o no, sin embargo bajo un poco el arma, dejando el cuello del príncipe libre de peligro, de inmediato el otro sonrió - ¡Pero que hábil eres! Wow ¿Cómo hiciste para bloquearme tan rápido? Nunca había visto nada así – de esa manera el chico de cabello azulado ladeó la cabeza ¿pero en que estaba pensando?

- No creo que por eso debas adular a un desconocido… para ser de la realeza tienes la cabeza bastante hueca –acabada la frase, la herida en su brazo se vio más sangrante y el dolor le provoco sostenerla con una mano, ante eso el príncipe se alarmó

- ¿Qué te paso en el brazo? ¿alguien te atacó? ¿intentaron robarte? – esperaba que no fuera el caso ¡ladrones en su reino, que calamidad! Aunque claro, no podría permitirlo, aunque dudaba que con su edad sus padres le dejaran hacer gran cosa al respecto, luego el otro negó

- Yo… no tengo porque contarte nada, no te interesa – apenas lo dijo, se retiró de encima del príncipe, y empezó a caminar en dirección contraria

Cualquier persona con sentido común habría dejado que el chico se fuera por donde vino. Sin embargo, nuestro pequeño príncipe (quien era un tanto carente de dicho sentido) era tan benévolo que sufría de incapacidad de dejarle solo así, por lo que de inmediato se levantó del suelo, con toda la intención de insistir cuanto fuese necesario.

- ¡Espera! ¿Dónde vives? ¡no puedes irte así, estas herido! Déjame ayudarte – exclamó yendo detrás de él, lo que el otro encontró muy extraño

- ¿Para qué quieres ayudarme? De todas formas mi casa está muy lejos de aquí… ni se cuánto, y no necesito ayuda –acabada la frase una puntada de dolor hizo que se sostuviera la herida, a lo que no pudo más que refunfuñar – joder…

- ¡Claro que necesitas ayuda! - y si, a los ojos del albino el muchacho se veía terriblemente frágil, como si al más leve golpe pudiera romperse… que estaba seguro no era cierto, pero aun así le parecía que era de ese modo – permíteme curar esa herida ¿sí? – el muchacho contrario, entrando en un estado de resignación, simplemente suspiro

- ¿Y cómo piensa su majestad hacer eso?

- Eh… ¡ya sé! Acompáñame al castillo, ahí yo mismo te cuidaré –la ceja que adornaba las profundas pupilas grises del contrario se alzaron en una muestra de incredulidad – anda, por favor no seas testarudo

- Parece que no me dejaras en paz si no lo hago ¿no es así? –el príncipe negó con la cabeza – supongo que no tengo nada que perder

¡Qué alegría! Estaba feliz de que no tendría que insistir de nuevo, así que lo tomo de la mano para llevarlo consigo al castillo. No que el otro se encontrase muy feliz dicho sea de paso, pero lo habían dejado sin mucha opción, sin mencionar que la idea de que le curasen en su mente aun infantil sonaba de lo más prometedora.

Llegando al lugar se encontraron con la sorpresa de que los padres del pequeño no se encontraban, seguramente habrían viajado al reino vecino como lo hacían de vez en cuando. Al entrar Shion entregó las plantas a uno de los sirvientes quien de inmediato se encargaría de llevárselos a la señorita Safu, mientras el príncipe llevaba al… ¡que descortesía, no había preguntado su nombre! En fin, llevaba al chico misterioso a su habitación.

Se deshizo de su capa y guantes, y del depósito trajo consigo trazos de tela y agua tibia, el chico nuevamente estaba sorprendido ¿sería él mismo quien trataría con sus heridas? Pensaba que simplemente enviaría a uno de sus guardias. Ni corto ni perezoso el príncipe empezó a limpiar la herida, sabiendo en su interior que lo hacía más que nada porque ver ese rostro tan hermoso con aquella expresión afligida no le gustaba en lo más mínimo.

- ¿Te arde? – el contrario asintió –lo siento…

- No te disculpes, estas ayudando a un completo desconocido

- Cierto… creo – envolvió la herida con la tela para luego apretar fuerte –creo que eso bastara por ahora

- Oye ¿me escuchaste? Ni siquiera sabes mi nombre

- ¡Es verdad, cuanta descortesía! Soy Shion, tu puedes llamarme así simplemente – sonrió de lado a lado con completa naturalidad ¿y tú?

- … Nezumi

- ¿Ah? ¿en serio?

- Lo quieras o no, ahí está, supongo que gracias –de inmediato se levantó caminando hacia la puerta – supongo que es todo

- ¡Espera, no puedes irte! Tus ropas están hechas un desastre… por favor quédate –de inmediato, el príncipe le ofreció un camisón, una capa y uno de sus pantalones viejos, y eso solo porque era más pequeño que él y dudaba mucho de que uno nuevo le quedase – ya casi es la hora de la cena, la nana la traerá aquí… y puedes comer en la cama si quieres

- ¿Por qué eres tan bueno conmigo? – el otro estaba extrañadísimo ¡en la vida había conocido a nadie así! El príncipe simplemente sonrió

- No puedo dejar que un invitado mío la pase mal ¿no es así? Y tú no me harías daño, lo veo en tus ojos – eso y que aun así le parecía muy frágil, pero eso no lo vociferaría en voz alta, el otro medio asintió

- No deberías estar tan seguro de eso, no deberías confiar de esa forma en la gente, después de todo ni siquiera me conoces como para afirmar que quiero o no… pero si insistes, le expreso mi gratitud – de inmediato, con gesto fino y elegante el cual Shion jamás había visto, observó cómo el contrario se inclinó ligeramente en una pequeña muestra de respeto, lo cual hizo que las mejillas del otro se sonrojasen un como si fueran cerezas ¿estaría bien pensar que era hermoso? Porque a sus ojos lo era, y mucho

- Por favor no es necesario eso… er… iré a preguntar por la cena, aquí te dejo la ropa – y de inmediato, lo dejo con el cambio y salió de la habitación ¡tenía que concentrarse un poco!

Al menos ahora conocía su nombre… o algo así, ahora solo esperaría que mejorase pronto, aun había muchas cosas que necesitaba preguntarle.